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sábado, 6 de marzo de 2021

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún


Sahagún leyendo dos poemas

Conocí a Carlos Sahagún en casa del poeta Manuel Molina. Allí habíamos quedado para una entrevista. Yo debía escribir un libro sobre su poesía para el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert; llevaba unas cincuenta o sesenta páginas cuando decidí que no me sentía capaz de darle la calidad y dimensión que deseaba y abandoné la escritura, a pesar de que su publicación estaba anunciada. Algunas de esas páginas antedichas salvé para la revista Algaria 0 (en un ensayo demasiado barroco que creo que titulé pomposamente Carlos Sahagún: la transgresión de una contumacia).
     No sé si Sahagún era tan autoexigente -aunque así parece indicarlo la brevedad de su obra-, pero sí tan introspectivo y huidizo de las masas y los círculos literarios. A finales de los 90 rechazó la invitación que le hice para que interviniese en el ciclo Alimentando lluvias.
     Había recogido el autor sus libros, salvo el último, en uno breve -si bueno...- titulado Memorial de la noche. Pero ya se sabe: quien no grita en medio de la multitud no es vociferado por ella. 
     Murió hace 6 años, tan silenciosamente como vivió.
     Aquí dejo un poema enjuto y limpio que me envió para Algaria 0 y que apareció en Primer y último oficio:


Invierno y barro

Sé que, por mucho fuego que ahora ponga,
la adolescencia transcurrió conmigo
y del fragor de sus mitologías,
frente a los altos muros combatidos,
sólo quedaron evidencias vagas,
ecos ahogados bajo el cielo efímero.
Mas removiendo a fondo estas cenizas
regresa a veces un fervor perdido
y unos focos alumbran a intervalos
el aguacero en el suburbio, al filo
de la honda madrugada. ¿Vuelves tú,
difuminada imagen de mí mismo,
vuelves apenas a entregarme sólo
la ambigüedad al fin, no el contenido
tenaz de aquellos años sin fronteras
en que íbamos descalzos, insumisos,
y era verdad la vida solidaria
aun con invierno y barro en los caminos?
Pues fracasó la realidad de entonces,
no sucumba el poema, no haya olvido.

Y aquí, con su voz, otro, también signado por la infancia; y como el anterior, en endecasílabos -este también con heptasílabos- arromanzados:

Voz de Sahagún

A imagen de la vida

Qué niño irá a caballo, pensativo
hacia el mar insondable,
para contarnos una dura historia
de despojos guerreros y de hambre
como aquel mediodía que revive
aún hoy bajo los cascos sollozantes.
Tal vez la vida sea para otros
asunto menos grave,
música que escuchamos desplegada
dulcemente en el aire,
o larga espera en la seguridad
de que el tren llegará temprano o tarde.
Mas para mí no puede ser sino 
dolor hecho a su imagen.
Mi porvenir y mi principio
son una misma escena inolvidable:
el mar que emerge eternamente
al fondo de una calle
y un niño y un caballo derribados,
tragados por el oleaje.

Carlos Sahagún (1938-2015)

viernes, 5 de marzo de 2021

El CANTARANO

LEER ORIGINAL

EL CANTARANO

MUJERES ENCENDIDAS

mujeres científicas conchita garcía

Autor: Antonio Gracia.

La historia de la mujer es la misma que la del hombre: la búsqueda de la libertad social e individual en un mundo adverso. Pero mientras el hombre se ha defendido de las hostilidades de la Naturaleza, la mujer ha tenido, además, como enemigos a los hombres. Buena cosa es que, ahora que hombres y mujeres empiezan a ser sólo personas en medio de una guerra de sexos a punto de extinguirse, la mujer se muestre más noble que el hombre y no devuelva las bofetadas recibidas, porque si no el feminismo sería, sin más, otro machismo. Y no es eso lo que pretendieron Mary Wollstonecraft ni Simone de Beauvoir, por ejemplo, ni, tampoco cuantas han luchado por los derechos humanos de todos los humanos, sea cual sea su condición.

Aunque el cerebro tiene sexo, está, también, sexualizado por la cultura o, mejor, la civilización milenaria, que fundamentó el concepto de sociedad en la ley de la fuerza —porque así lo exigía la agresión de la naturaleza—. Pero esta ley ya no tiene vigencia: ha sido derogada por la tecnología, además de por la ética de los derechos humanos. Por lo tanto, aceptada la igualdad de todos en lo que respecta a la dignidad, lo que debe imperar hoy es la sensibilidad, la inteligencia y la responsabilidad, vengan del cerebro que vengan, siempre que éste haya sido alimentado con los imprescindibles conocimientos, estudios, esfuerzos, deberes y derechos.

Muchas han sido las descalificaciones que ha sufrido la mujer. Eurípides la desterró a la cocina y al dormitorio: «Una mujer debiera ser útil para todo dentro de casa e inútil para todo fuera de ella». Alfonso el Sabio le prohibió el mundo laboral: «No es cosa honesta que la mujer tome oficio de varón». Chesterton la mutiló para la vida en igualdad social: «Tres cosas hay que la mujer jamás entenderá: libertad, igualdad, fraternidad». Unamuno, tan doméstico él, le escalpeló su capacidad intelectual: «El fin de la mujer es parir hombres, y para eso debe ser educada. Al hombre le basta con el cerebro». Otro él, más mundano y menos domesticado por el mundo, Oscar Wilde, ya había despreciado su intelecto: «Las mujeres están hechas para ser amadas, no para ser comprendidas». Tal vez por eso, Jack London sentenció que «de entre todas las especies animales, la humana es la única en la que el macho maltrata a su hembra». Quizá debamos quedarnos con el saber popular, que dicta —lo modifico para que sea válido tanto para hombres como para mujeres—: «No dudes de la inteligencia de tu cónyuge; piensa que se casó contigo».

Que la relación de mujeres determinantes de la historia sea mínima frente a la de los hombres es una consecuencia lógica de la relegación sufrida por la mujer. Pero por muy ligeramente que revisemos el pasado, enseguida encontramos nombres femeninos tan notables como los masculinos, en las ciencias y en las artes, lo que demuestra que la cantidad no es cuestión de capacidad, sino de postergación.

La primera gran novela de la historia fue escrita por una mujer, y también la segunda: Murasaki Shikibu Sei Shonagon; ellas rubricaron una fórmula que los hombres han seguido. Este hecho semioculto no debe avergonzar ni vanagloriar a nadie. Safo es una de las más antiguas, y vigentes, poetas. Los nombres de las hermanas BrontëEmily DickinsonGeorge EliotJane AustenVirginia Woolf… no desmerecen junto a Balzac Dickens. Y si pasamos de la literatura a la pintura, ¿por qué no recordar a Mary Cassatt? Y si a la música, inmediatamente aparecen Hildegard von Bilgen o Clara Wieck—sacrificada, como fiel esposa de Robert Schumann, a difundir las obras de su marido—, que fue envidiada, como pianista, por el mismo Liszt y admirada, como compositora, por el mismísimo Brahms.

Si dejamos el arte y acudimos a otras ciencias: Marie Curie revolucionó la física hace un siglo, al descubrir el radio. Y tan fervientes estadistas fueron Cleopatra Catalina la Grande como Julio César Napoleón.

No estoy haciendo una nómina, ni siquiera un esbozo, sino mostrando que la intolerancia ha sido —y no debe seguir siendo— la gran encubridora de la verdad, y la fatal humilladora del ser humano. Que los otros (mujer, hombre, vecino, extranjero, creyente, incrédulo, blanco, azul…) tienen la misma dignidad que nosotros. Y que solo la pierde quien se la niega o quita a los demás.

Difícil tarea, pues, la de los gobernantes y legisladores, que deben cambiar la mentalidad de sus gobernados desde sus mismas raíces culturales; pero urgente trabajo: porque mientras la sociedad y el individuo no se conciencien de que la desigualdad social es, simple y terriblemente, el fatal resultado de una determinada manera de pensar que desemboca en la sumisión, la rebeldía y la violencia, y que estas (violencia, desigualdad) deben ser sancionadas y extirpadas, todos seremos cómplices de quienes asesinan a su pareja o maltratan a sus hijos.

Este artículo fue publicado en marzo en 2019 en El Cuaderno

El cuaderno

https://elcuadernodigital.com/2019/03/06/mujeres-encendidas/ 

Agradecemos al autor, Antonio Gracia, que nos haya permitido su reproducción.

La ilustración caligráfica sobre mujeres científicas es de Concepción García, Catedrática de Química.


jueves, 4 de marzo de 2021

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

 

O. Esplá: Sonata homenaje a Chopin



Vicente Valls (1957-2014). 
Autor de poemas de sobria arquitectura, en 1996 apareció su libro Treinta poemas, que yo le había pedido para la colección "Indicios", tras mi aventura con "Algaria O" y los pliegos para la antología "Alimentando lluvias", todo ello bajo el patrocinio del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert. 
     He aquí un poema que él mismo seleccionó, entre otros, para tal antología: una combinación de heptasílabos y endecasílabos, junto a un alejandrino, formulan una imagen del amor más como deseo que como satisfacción, como desengaño de una sensualidad a la que solo el tiempo pone el nombre de ternura.

Imagen del deseo

Te hubiera dado el mundo

al caer de la tarde, cuando octubre
sacudía el deseo y la memoria
con el oro irisado de los árboles.

Reflejo de tu imagen era el día

e ignoraba el dolor, la larga espera,
el precio que el amor
impone en sus dominios
como una lenta llama
que ciega cuando toca.

Entonces no sabía

la celada que guarda la imagen del deseo,
la imagen de la sombra cuando el viento
enciende el corazón entre las ruinas
y el ansia entre la noche
busca un cuerpo rendido en la ternura.

martes, 2 de marzo de 2021

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez

Marcello-Bach: Adagio

1) En una entrevista, hace años, dije que un blog es el único artilugio que puede publicar sin soberbia ni rubor cualquier poema que muestre el panorama de lo que se está escribiendo: porque no tiene la pretensión de ser definitivo, sino un texto en progresión, un borrador, mejorable hasta su edición final. 


En esta Era del Ocio, muchos son los que invaden el país portátil de Facebook -y similares- solo porque la ociosidad se ha extendido como una profesión cuyo trabajo es el descanso de aquella con cuyo sueldo el ciudadano pagaba -y paga- su existencia.


2) Sin embargo, no todos creen que cualquier palabra escrita es buena como poema publicable por esta imprenta internética y vocífera de estanterías falsas. No todos se autoproclaman poetas, o artistas, siguiendo el criterio del yo soy yo y digo lo que soy: il miglior fabbro. Pocos huyen de la integración en los grupúsculos endogámicos en los que el verbo alabar se conjuga sin motivo en primera persona desde la segunda: te halago porque me halagas y para que prosigamos halagándonos. No saben que un poema solo es digno cuando ha superado el interrogatorio del ¿"Si yo fuera Petrarca firmaría este texto"?


Por eso empiezo esta sección trayendo un poemilla que ha sabido minimizarse a lo esencial, huyendo de retóricas y falsos coqueteos con el verso, emancipándose de la anécdota prosífera. Un ritmo de sencillos heptasílabos y unas palabras claras y directas nos hablan de un momento de esplendor vital en el que el alma encuentra la dicha en un mundo de desdichas.


El nombre de su autora es M Carmen Ramírez, inédita hasta hoy en el libro de Gutenberg; fotógrafa, ha hecho una instantánea de sus ansias:


Hoy 


Amanece y las sombras
se van desdibujando,
mientras un dulce tedio
me invade suavemente.


Imagino un abrazo
y salto de la cama.


No me preocupa hoy
refugiarme en mí misma,
saber que huyo del mundo.
¡Duele tanto vivir!


Sin embargo, no importa
mientras diga mi nombre
aquel que me acompañe
todas las madrugadas.


El pasado no es nuestro
y tampoco el futuro;
pero el hoy es real. 


Estoy ebria de dicha.


Celos (Estos días, poesía, XXIX).


Tango Jalousie


¿Y de la cara jánica del amor que es el contramor: los celos, que llevan a las locuras de Otelo y Castel, Don José y Salomé, asesinos de sus amores?

1) Sor Juana Inés los ve como un mal que hay que atajar suavemente para que el amante no sufra y, al ver las lágrimas, se consuele o los disipe. 

2) García Lorca se siente dolido porque sus "sonetos del amor oscuro", como perseguido que estaba por entonces tal amor, no tienen contestación.

3) Góngora extrema sus latidos, harto de desengaños y estridente en su furia. 

1) Sor Juana

SATISFACE UN RECELO CON LA RETÓRICA DEL LLANTO

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, 
como en tu rostro y tus acciones vía 
que con palabras no te persuadía, 
que el corazón me vieses deseaba; 


y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía: 
pues entre el llanto, que el dolor vertía, 
el corazón deshecho destilaba. 

Baste ya de rigores, mi bien, baste; 
no te atormenten más celos tiranos, 
ni el vil recelo tu quietud contraste 

con sombras necias, con indicios vanos, 
pues ya en líquido humor viste y tocaste 
mi corazón deshecho entre tus manos.

2) Lorca

El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.


El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.


Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.


Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

3) 
Góngora

Celos


¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!


¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!


¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;


Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

                       Estos días, poesía (I): Boscán

Estos días, poesía (II): Garcilaso

Estos días, poesía (III): Hurtado de Mendoza...

Estos días, poesía (IV): Perdido ... entre la gente

Estos días, poesía: (V): Aldana

Estos días, poesía (VI): Cervantes

Soneto desde Azulinda (Estos días, poesía, VII)

Mentira disfrazada es la verdad (Estos días, poesía, VIII)

Definiendo el amor (Estos días, poesía. IX)

El rostro de la amada (Estos días, poesía. X)

El amor invisible (Estos días, poesía. XI)

La castidad del amor (Estos días, poesía, XII). Somoza

Miedo al amor (XIII) Góngora, Sor Juana Inés

Del ser y el parecer (Estos días, poesía, XIV). Iriarte

Dictaduras del amor (Estos días, poesía, XV). Iriarte

Carnavalandia (Estos días, poesía, XVII) Anónimo XVIII

Qué palabras decir para decir "te quiero" (Estos días, poesía, XVIII). Neruda

Tragedia del amor muerto (Estos días, poesía, XXVI). Gabriela MIstral  

El amor de los donjuanes (Estos días, poesía, XXVII) La Incaica

Un monarca, un imperio y una espada (Estos días, poesía, XXVIII). Nuñezarcismo

 

lunes, 1 de marzo de 2021

Un monarca, un imperio y una espada (Estos días, poesía, XXVIII). Nuñezarcismo

 

El oro del Rhin

El amor, el amor, el amor... Calixto y Melibea, Romeo y Julieta, Tristán e Isolda, los Amantes de Teruel, Laura, Beatriz, Penélope y Ulises, Jesucristo y Magdalena, Oniria y Trovadorius... 

Pero también existe el amor a los hijos, al arte, la patria, la matria... Qué hermoso y diáfano el soneto "A Córdoba" de Góngora.

Un poemador tan nuñearciano como Núñez de Arce no podía sino tener preocupaciones sociales, amóribus patrióticos, como demuestra en este "santiago y arriba españa", tan pretérito como facundioso. "No escribas versos más, por vida mía", podría hiperbatonizarle cualquier gerundiador quevedesqueño.

Aun así, pregona una verdad enhiesta por los siglos de los siglos hasta hoy: el desengaño ante la honestidad moral y la imposible libertad de un mundo que no sabría qué hacer con ella sino malversarla:

A España.

Roto el respeto, la obediencia rota,

de Dios y de la ley perdido el freno,

vas marchando entre lágrimas y cieno

y aire de tempestad tu rostro azota.

Ni causa oculta ni razón remota

busques al mal que te devora el seno:

tu iniquidad, como sutil veneno,

las fuerzas de tus músculos agota.

No esperes en revuelta sacudida

alcanzar el remedio por tu mano,

¡oh sociedad rebelde y corrompida!

Perseguirás la libertad en vano:

que cuando un pueblo la virtud olvida

lleva en sus propios vicios su tirano.

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                    A Córdoba

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

De honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

De arenas nobles, ya que no doradas!


¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

Que privilegia el cielo y dora el día!

¡Oh siempre glorïosa patria mía,

Tanto por plumas cuanto por espadas!


Si entre aquellas rüinas y despojos

Que enriquece Genil y Dauro baña

Tu memoria no fue alimento mío,


Nunca merezcan mis ausentes ojos

Ver tu muro, tus torres y tu río,

Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!         

                                   Estos días, poesía (I): Boscán

El amor de los donjuanes (Estos días, poesía, XXVII) La Incaica

Celos (Estos días, poesía, XXIX).