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lunes, 30 de junio de 2025

Un lugar en el pasado

Camino de la Glorieta


Cuántas veces, caminando 

por la senda del recuerdo, 

he llegado al corazón 

y me he encontrado contigo, 

airecillo de los campos, 

pedregal de la montaña, 

mar disuelto en primaveras, 

castillo alzado hasta el cielo.

Cuántas veces te he abrazado

y no me he encontrado en ti, 

corazón entristecido 

que vas de mí hasta las cosas 

y no te quedas conmigo 

porque sueñas con ayeres 

y mañanas que no llegan

o hace mucho que murieron.

Cuántas veces te has dormido 

soñando que eras quien buscas

y al despertar eras otro 

conversando con tus sueños.


domingo, 29 de junio de 2025

Rebeldes sin pausa

"Viento, mucho viento... una galerna..." (Luces de bohemia)

.Beethoven: Wellington's Victory

....
Recibo en ocasiones preguntas que me exceden pero merecen un instante de reflexión:
     Yendo por un momento al tópico que me plantean en un correo: creo que todos los políticos son hombres de buena voluntad antes de ser políticos; en cuanto lo son no tienen más remedio que defender una verdad: la de su grupo; y esta, como todas, solo es, en todo caso, la creencia menos indigna y peligrosa de entre las que pueden escoger. 
Así, ocurre en política como al final de Rebelión en la granja, de Orwel: "miraba al hombre y miraba al cerdo; y ya no distinguía al uno del otro". 
(Tampoco estorba recordar el sanchesco cuento del rebuzno: "No rebuznaron en balde el uno y el  otro alcalde").

sábado, 28 de junio de 2025

La verdad invisible


R. Strauss: Zaratustra (Transcripción órgano)

     Quien no duda no busca la verdad. 
     Es cómodo instalarse en una creencia y edificar sobre ella nuestra vida. Pero si no estamos alertas a los cambios del paisaje humano nos estancaremos en un dogmatismo intolerante castrador de toda evolución.
     Porque siempre habrá una mente más sabia e inteligente que la nuestra que rebatirá nuestros argumentos. De manera que creer que lo que creemos es incuestionable solo significa que somos contumaces.
     Es preciso aceptar no solo que todo es relativo y que cultivamos la verdad que nos interesa -incluso inconscientemente-, sino que hay verdades sincrónicas o coyunturales y verdades diacrónicas. Estas implican la aceptación de que las otras son solamente válidas para un momento o una época. El "pienso, luego existo" ya es un principio fósil, válido solo para quien tiene voluntad de creer; pero creer es una dádiva de la naturaleza irracional y querer creer es un acto de racionalidad. Y la mente es más irracional que racionalista. 
     Tal escepticismo inevitable conduce a un sentimiento agónico de la vida, puesto que todos necesitamos un punto de apoyo desde el que partir. Sin embargo, quien supera esa agonía como la mayor de las indefensiones de la condición humana puede honrar sus pensamientos y sus obras, ya que no admite la infalibilidad y certifica la voluntad de acertar. Significa que huye de los dogmatismos fanáticos, como digo, causa de toda intolerancia y violencia. Siempre me he preguntado cómo es posible mantener por los siglos la creencia de que Jesucristo es el hombre ejemplar entre los hombres si precisamente sus creyentes admiten que formaba parte del triunvirato divino y, como tal divinidad, no sufría el mayor dolor del hombre, que es la duda ante la existencia de otra vida.
     Reconocer que nos equivocamos no es culparnos, sino superarnos: porque vivir es aprender a vivir mejor.
     Toda verdad es una perspectiva de la mente que la propia mente invalidará desde otra perspectiva.
      Solo busca la verdad quien duda de todas ellas. Quien no duda no busca la verdad sino justificar y atrincherarse en la suya.

viernes, 27 de junio de 2025

El abrazo indeciso



Elgar: Variaciones Enigma


La búsqueda de la perfección lleva implícita la rémora del temor a la imperfección, y esta la indecisión y la inacción. De modo que decídete a actuar proponiéndote acertar aunque temas cometer algún error.
Si dejas para mañana lo que la reflexión ya te aconseja que debes hacer hoy, tal vez llegues tarde a alcanzar lo que anhelas. No existe otro país como el "ahora".
Ejemplo:
Simón ama en silencio a Patricia desde hace mucho, y cree que es amado por ella. Indeciso, retrasa  una y otra vez el momento de hacérselo saber, y se va a una isla a pensarlo definitivamente durante tres meses.
Cuando finalmente vuelve para decírselo, ve a Patricia, quien -creyendo que el silencio y la ausencia de Simón significaban indiferencia- ha desembocado su amor en el atento Patricio, con el que ahora comparte su vida.  
Moraleja: 
No es de sabios comportarse como un necio.

101020

jueves, 26 de junio de 2025

Un cuento de terror

 

R. Strauss: Zaratustra (Transcripción órgano)


Un cuento de terror


Se quejaba un poeta porque no encontraba en sus versos algo que lo dignificara y convirtiera en un autor necesario en la memoria de los hombres

Triste de mí, pues queriendo ser alguien seré nadie. Mi esfuerzo por saber no me ha enseñado la estrategia de la perennidad, y cuanto he aprendido solo me sirve para ser más sensible a mi derrota.

Invadido por la melancolía, se asomó a una ventana por la que vio un fragmento del presente y, por ello, del futuro. En él solo existían  Catálogos de Acrónimos y Academias de la Frivolidad. Las calles estaban adoquinadas con lo que él conocía con el nombre de libros -partituras, cuadros...-.

miércoles, 25 de junio de 2025

Antonio Gracia - Como un ciprés muriente

Como un ciprés muriente

Amanece y el alba trepa azul
tiñéndose de rosa, mientras pasa
por mi jardín un céfiro pequeño.
Canta un pájaro y llueve suavemente
sobre el jazmín. También mi corazón
trina al pensar en ti, teñida 
de rocío, allá lejos, 
tan lejos y tan cerca.
El ciprés centinela del recuerdo
se parece al bisel de tu figura.
Cuánto te quise y cuánto 
quiero quererte. Llega
el galope del tiempo y su canción
susurra entre las hojas mientras muere
la realidad cuanto más sueño. Un ángel 
disuelto en armonía enciende hogueras
en la mañana. Pero ya no estás.

martes, 24 de junio de 2025

Como un ciprés muriente


            Maurice Ravel - Bolero | Alondra de la Parra 


Amanece y el alba trepa azul
tiñéndose de rosa, mientras pasa
por mi jardín un céfiro pequeño.
Canta un pájaro y llueve suavemente
sobre el jazmín. También mi corazón
trina al pensar en ti, teñida 
de rocío, allá lejos, 
tan lejos y tan cerca.
El ciprés centinela del recuerdo
se parece al bisel de tu figura.
Cuánto te quise y cuánto 
quiero quererte. Llega
el galope del tiempo y su canción
susurra entre las hojas mientras muere
la realidad cuanto más sueño. Un ángel 
disuelto en armonía enciende hogueras
en la mañana. Pero ya no estás.

domingo, 22 de junio de 2025

ALBERT EINSTEIN | Su Historia Explicada

La Intrascendencia (suicidios, eutanasias)

 

                                            Holst: Júpiter

La Intrascendencia

La vida humana es un ingrediente de nuestro planeta, como la vida mineral o la vegetal. 

Otra cosa es el grado de conciencia de sí mismo y su alrededor que tenga cada uno de los ejemplares de este lugar planetoidal. 

¿Tiene un sentido, un significado, un propósito esa vida? ¿Brota, permanece y muere? ¿Es temporal o intemporal? 

¿Es un sinsentido nacer para morir, o solamente nos lo parece cuando lo aplicamos a cuanto nos afecta? ¿Qué hay de extraño o sin sentido en empezar, durar y acabar? ¿No es solo cuestión de que no cabe en nuestra lógica -diseñada por nosotros mismos- que seamos simplemente fungibles y carezcamos de trascendencia?

La heterodoxia y el existencialismo empiezan cuando admitimos esa probabilidad: la inexistencia de un Demiurgo Todopoderoso garante de la Perfección del Cosmos: la Innecesariedad de un Dios.

Que una vez conscientes de que somos dueños de nuestra existencia decidamos, o no, continuarla.


miércoles, 18 de junio de 2025

El abrazo imposible

 Hipótesis de un necio

Un hombre y una mujer miran el horizonte. Apenas les queda camino que recorrer. Uno de ellos dice:
- No le veo ningún porvenir a nuestro viaje. Por eso debemos separarnos.
-¿Por qué, si caminamos bien?
- Caminamos bien, pero alejados uno del otro; y eso dificulta que nos conozcamos y ayudemos. No sabemos compartir, convivir. En cuanto lo intentásemos fracasaríamos. Por eso debemos separarnos totalmente y buscar nuestro viajero ideal...
 - Yo no quiero perderte...
- Ni yo a ti. Pero nuestro pasado no existe porque no puede regresar como futuro, y por ello este tampoco existe ya. Cuanto antes encontremos a quien nos complemente y complementemos ...  
- Pero por qué...?
-Porque cuanto más continuemos juntos más nos encariñaremos y más ciegos estaremos para ver que ese mutuo bienestar nos acostumbra a no verlo como un malestar creciente...


Nureyev As The Faun Debussy

lunes, 16 de junio de 2025

Cinco - Valerio Calabrés

 VALERIO CALABRÉS (1)

Wagner: Tristán e Isolda


           A la hora de pensar cómo sería mi libro me fue muy doloroso concretarlo. Tomé algunos apuntes:

       Capítulo primero.- En el principio, el hombre era un ser desorientado. Todo le sorprendía y asustaba. Se defendía -involuntariamente- huyendo. Estaba enfrente de lo que no entendía sin saber afrontarlo. La reacción instintiva ante los sucesos repetidos desencadenó comportamientos, conclusiones de premisas que ni siquiera su conciencia había predispuesto. Y la relación entre la realidad y su actitud ante ella empezó a depender de él en muchos casos. Apareció en su mente el concepto de problema y su previsión: circunstancia exterior o conflicto interior que precisaba una decisión, una elección, una reducción de posibilidades, un azar controlado. El automatismo de su comportamiento empezó a ser observación reflexiva y surgió el pensamiento, el encadenamiento de las causas a sus consecuencias y su variabilidad, la filosofía, y, por ello, la intervención del objeto paciente convertido en sujeto agente comprendedor y activador de los hechos. El arca de la experiencia se enriqueció y no bastó la tradición oral. Y se escribió para que el presente fuese un pasado aleccionador del futuro. Nació el libro como resultado de la cristalización del pensamiento, como legado de los empirismos para aprender a no tropezar dos veces en la misma piedra y para que ésta, asegurada por generaciones de confirmadores, fuese el primer peldaño de la torre de la sabiduría. Lo que el hombre había resuelto durante milenios de observación y reflexión podía conocerlo un solo hombre, cualquier hombre, leyendo su pasado. Para vivir era preciso pensar, y quien quisiera vivir evitando caminos sin salida o tortuosos podía acudir a los libros, resumen del ayer, semilla del mañana. Quien leía engranaba en cada instante de su pensamiento milenios de filosofías. 

        Capítulo segundo.- Se levantaron edificios, culturas, civilizaciones. Se combatieron las inclemencias de la naturaleza y se aprovecharon cuantos bienes ésta engendra. El destino feroz se sustituyó por un determinismo cuyo artífice era el propio hombre. Y el hombre creó la libertad.

          Capítulo tercero.- Puesto que el pensamiento es la causa que ennoblece la vida y la sabiduría se deposita en los libros, quien no lee desprecia a sus antecesores y no aprende a pensar idóneamente, con lo cual se equivoca o acierta menos en su vida. Quien no lee está más lejos que nadie para extraer conclusiones propias y es esclavo de las de los demás. Quien no lee es un suicida.

          Capítulo cuatro.- Hay otra causa por la que existen los libros y por la que deben existir. En aquella aurora de su inteligencia, el hombre sintió la inmensa soledad ante los firmamentos de la vida y la muerte. Escribiendo hablaba consigo mismo; y escuchaba, leyendo, a los mejores conversadores que pudieran hallarse. Se decía y oía cuantos problemas y sus soluciones se habían dado hasta entonces. La soledad, la incomprensión, la indefensión se exorcizaban con la escritura y la lectura. Así, escribir y leer se constituyen en el mayor acto de solidaridad y consuelo frente al inmenso abismo de la noche interior. De unas divinidades necesarias para combatir el miedo a las fieras, al viento y a las lluvias, al rayo, el hambre, el propio miedo, se pasó a divinizar el libro, el arte, la ciencia, los talismanes de la mente, las hábiles respuestas de cuanto le es posible responderse al hombre. Sin embargo, los últimos tramos de la carrera de la Historia están matando esos dioses al considerar que las tecnologías son panaceas. Y no es así. Los  libros no son, en verdad, dioses : pero son los seres más humanos de cuantos podemos encontrar en nuestras vidas.

           Capítulo cinco.-  ¿A dónde va una sociedad que destierra los libros (los cicerones de la libertad, las premisas para el autodeterminismo) y se atrinchera en los cientificismos deshumanizados (la aceptación robótica de lo que otros han concluido por nosotros)?

         Nota: crear un personaje que hilvane los contenidos antedichos como un héroe vive sus aventuras. Por ejemplo: ...



sábado, 14 de junio de 2025

Más esperanzas que...

 

Bartok: El mandarín maravilloso

Suelen decirme que tengo una visión pesimista de la existencia. Bien que lo siento, y contra ella he luchado. Pero desde el momento en que son innumerablemente más numerosas las filosofías pesimistas que optimistas, más las pinturas tenebrosas que las iluminativas, más las elegías que las odas, más las catedrales que los arcos de triunfo, más los hambrientos que los saciados, más los requiems que los cánticos, más los mesías que las jaujas, más las promesas que los hechos prometidos, más la impunidad que la sanción, más los desengaños que los sueños, más los creyentes que las utopías practicables, más los que quieren entontecer a la muchedumbre que los que se esfuerzan por educar al individuo, más los que pretenden triunfar incluso pisando a los caídos que quienes les ayudan a levantarse, menos las esperanzas que las aguirres... y más los muertos a consecuencia de las guerras en el último siglo que la suma de cadáveres en los dos milenios anteriores... me atrevo a decir que es el mundo el que ha creado ese autorretrato, y no yo tal visión. 

El hecho mismo de que la justicia necesite leyes y castigos para mantenerse en pie indica que es preciso corregir el mundo.

Este mundo es más un locus horribilis que un locus amoenus. Y la búsqueda del paraíso en la vida, en las ciencias y en el arte simplemente lo confirma.

Ahora bien: ¿dejaremos que a esa hecatombe del pensamiento emocional se sume la traición de los políticos?

(Ahora bien: como el ignorante ignora que ignora, tal vez yo sea un ignorante -y por eso me ignoran).


viernes, 13 de junio de 2025

Calabrés, Valerio - 4

 VALERIO CALABRÉS (1)



             La civilización en la que sobrevivimos ha engendrado una naturaleza reprimida y una cultura represora. Es sumamente difícil librarse de ese determinismo. Empezar desde cero, regresar al comienzo y estructurar el universo nuevamente, construir otra vez los peldaños para subir, al fin, a una escalera de la que no podemos asegurar que no sea igualmente un error paralelo al que intentamos subsanar, una torre babélica e inútil. Sería imprescindible filtrar toda la historia, reconstruir los hechos y los libros, pensar genuinamente como si la virginidad de pensamiento fuera posible aún. Y no lo es. Aunque hay que intentarlo, tratar, en todo caso, de equivocarse por sí mismo pretendiendo acertar antes que asumir el error conclusivo como premisa de nuestro futuro pensamiento. No hay que tener miedo a equivocarse, sino a empeñarse en tener razón. He ahí los fanatismos y, por contra, la búsqueda perenne. Significa leer, leer, leer, desenhebrar en lo posible las subjetividades o aceptarlas como un azar imprescindible para el hallazgo de la verdad sincera. El sabio no es el que tiene muchas ideas, sino el que estructura una capaz de integrar y conciliar todas las otras. Hay que buscar la lógica que admita que el absurdo es otra lógica en apariencia inadmisible. Tiempo para pensar, leer, reflexionar, barajar, concluir, escribir. ¿De dónde tanto tiempo?

           Mientras esperaba que acabase el sumario y concluyese el juicio, calculé desolado: “Es terrible. Aunque leyese diez horas diarias no podría sumar más de trescientos sesenta y cinco libros al año, y durante medio siglo de lectura sólo conocería menos de seis millones de páginas, es decir, ni siquiera veinte mil libros, o apenas un millón, dos millones, contando los que, nada más empezados, resolviese abandonar al advertir que son zarandajas. ¿Y cómo conseguiría quinientos millones de dineros para comprarlos? ¿Y de dónde sacaría las horas para escribir lo que aprendiese y dedujese de la vida de los libros y de mi propia existencia? Porque de nada sirve leer si no se sacan las propias conclusiones que eliminen las lecturas prescindibles y se suman las imprescindibles en otro nuevo libro. Tendría que abandonar el trabajo, toda tarea, para seguir leyendo, y dejar de leer para escribir. Y así, cuantos vengan detrás de mí con el mismo afán renovador. La vida es un libro interminable que vamos reescribiendo cada vez que leemos el que, existiendo, permanece siempre inacabado”.

               Esta consideración me abatió durante una semana. Hasta que decidí del mal el menos: obligué a mi abogado a que, puesto que veía imposible evitar que me condenaran, se las arreglase como fuera, mintiendo, comprando, como fuera, para que, en vez de a la cárcel, en donde las posibilidades de acceder a una biblioteca eran ningunas, me redujesen de por vida a un manicomio; yo me declararía loco y firmaría lo que fuese necesario, y aun más; y no sería difícil conseguirlo: porque en un mundo de cuerdos tan poco lúcidos cualquier asomo de lucidez se entiende como súbita o crónica locura. Y vendería mi historia al mismo Periódico que me enjaulaba -con la amenaza de venderla a otros y comprometer su versión de los hechos. Y así fue. Y aquí estoy.

                Hay miles de libros en esta loquería, antiguo monasterio o castillo desvencijado por el tiempo a las afueras de la urbe. Los que necesito y no están me los hago comprar. Leo durante catorce o quince horas diarias, con lo que mis previsiones crecen un cincuenta por ciento. Los médicos me tratan con respeto y afecto, porque les he hecho creer que soy un Alonso Quijano de los tiempos modernos. Si no fuese porque entorpecería mi estudio con las pesquisas que ello comportaría, ya hubiese matado a algunos cuantos que no saben ni dónde tienen la cabeza, y mucho menos el cerebro. De vez en cuando, durante las sesiones de terapia, les permito llevar las riendas del diálogo hasta hacerles creer que saben mucho y que juegan con mi mente; y de pronto los sorprendo en medio de una frase, revuelvo sus argumentaciones y las convierto en juicios contra sí mismos, dejándolos caer por el precipicio de sus convencionalismos sicológicos y mostrándolos caídos y burlados por el loco de los libros. Sé que algunos me odian y que de buena gana me mandarían a la silla eléctrica de sus electrochoques; pero yo me planteo sus sesiones como partidas de ajedrez y les dejo ganar una sí y otra no para que vuelvan y discutan entre ellos quién pierde o quién le gana más partidas al “empaginado”. Son unos necios, ellos son los verdaderos locos, como todos cuantos se aferran a una vida que exige prescindir de sí mismos para ser admitidos por la sociedad. Sin embargo llaman “loco” a quien tiene tan arraigada la conciencia de su individualismo que deserta de la colectividad por considerarla una enajenación. Es la nueva ciencia: la ciencia de la amputación de la personalidad que proporciona la naturaleza, con sus avatares, aciertos y fracasos, pero sin condicionamientos predeterministas en aras de un bienestar consistente en talar los sentimientos, las alegrías y tristezas. Estos personajillos, médicos cuadriculantes de la mente, los jefes de partidos, sindicatos, gobernantes, directivos de Prensa y de los organismos económicos, curas y represores de todos los estratos, son cirujanos de la monstruosidad, profanan la sustancia del ser llamado hombre, cosifican la verdadera ciencia, la vuelven contra sí, hacen de la maquinalogía y la igualdad malentendida furiosos enemigos de la ciencia real. 


miércoles, 11 de junio de 2025

Autoplagios

                                            


A estas alturas del invierno Garcilaso sigue
cayendo desde aquella fortaleza 
moribundeando bajo el peso 
de una roca aterida hace milenios 
tal vez de otra galaxia.
                                        Entre tanto, 
Novalis, varios siglos después,
escribe cantos tristes en mitad de la noche, 
y Beethoven se esfuerza en transformar
sus ansias de suicidio en el más noble 
canto que puede tributarse al humanoide, 
Van Gogh muere despacio convertido en un cuadro 
y Schumann sueña alegre
que nadie ha rescatado su vida y su locura 
-ya cadáveres-
de las aguas del Rhin. 
Rodeado de todos -y muchos más-, yo miro
cómo llega la muerte mientras mi pluma traza
garabatos errátiles que quieren ser poemas, 
y le pido entre vértigos que me deje escribir
tan solo un verso más que justifique 
mi frágil existencia en esta inmensa 
roca estelar que hemos llamado Vida.

sábado, 7 de junio de 2025

Capítulo tres.- Valerio Calabrés



Wagner: Tristán e Isolda

Tres


            "Tuve que matarla porque ella era también mi amante". Eso dijeron los periódicos. Y la misma policía lo creyó. Todo parecía muy simple. Una cuestión de celos. Pero es falso. Sin duda, ese crimen se perpetró con la exclusiva intención de apartarme del mundo y librarse de mí igual que de tantos otros como yo.

             Las cosas ocurrieron de este modo: Yo había conocido a Mandorla en una fiesta de la Prensa. Todos los asistentes eran puras sonrisas desdentadas de alegría y espúreas de una felicidad estudiada como un gesto imprescindible para esas ocasiones. Estaba decidido a marcharme cuando vi a aquella mujer sola entre los babosos que acosaban su belleza y adulaban su juventud. Tenía una mirada lejana, oscura, densa, ajena a aquella tribu de odaliscas y faunos. Me acerqué y le tomé la mano arrastrando su cuerpo suavemente como si la salvase de los lobos. 


- Mandorla. Mi nombre es Mandorla.

- Furiosa la jauría. Claro, que eres hermosa presa.

- Y ahora me dirás que me has salvado para ti. 

- No soy un redentor. Odio a esos imbéciles. 

- Y tú crees que eres mejor que ellos. 

- No tienen derecho a devorarte.

- Y tú sí. 

- En este mundo, quien no devora es devorado. Pero aún no me he comido a una mujer que no quisiera, también, comerme. Valerio. Mi nombre es Valerio.

         

           Durante semanas nos vimos a menudo. Ella revisaba el correo, leía mis originales, censaba las censuras, era furia en el lecho. Pero no me interesa demasiado esta historia; así que la acabaré enseguida. La primera vez que la encontré con el Director fue en un concierto. Me aburrían las notas salidas del foso de la orquesta, los violines zarpullían exangües, las flautas eran ramas fruncidas por un viento sin norte; tomé los prismáticos de una oronda que flateaba a mi derecha y miré alrededor los palcos y la escena. La soprano moría en ese instante de manera increíble, porque nadie se muere mientras canta ni canta mientras muere si no es en el teatro de la vida, donde todos se mienten y disfrazan. De la coloratura mortuoria giré hacia un palco situado a la izquierda y allí estaban los dos, penumbrosos y ocultos, moviéndose agitados entre los cortinajes. Subí temiendo lo peor, abrí lento y despacio y miré las medias ropas, los cuerpos medios y húmedos, penetrados y entablando un dueto estrambótico entre la voz muriente y el jadeo sexual vibrando entre las sombras, en la espiral erótica del coito. Amasijo de carne y de la música, mi estupor y su cópula, los días en mis brazos, el aquelarre aquél, todo como un torrente se me agolpó en la mano y quise allí matarlos, desangrarlos, derrengarlos y echarlos a las gradas de aquel circo sonoro para que hubiese algo de vida que anotar aquel día que no fuese tedioso. Pero qué estupidez: alimentar las páginas de cotilleo social con un crimen por celos; quizá incluso era el Director el ofendido, tal vez ella lo engañaba a él conmigo y no al revés; qué más daba: el desprecio fue lo único que sentí y abandoné el lugar dejando mi tarjeta. No volví a verla más.

           Hasta el día en que digo: Al abrir la puerta, el Director sudaba mientras quería aparentar tranquilidad. Fumaba y me ofreció un cigarro, y me acercó el encendedor de plata sobre soporte de alabastro, pesado como un mazo. Estaba como recién lavada su piedra veteada. (Es curioso: me gustaría quemar en este instante un buen tabaco). Alabó mis trabajos, lo mejor del Diario, decía entre fumarolas. Debo salir, sólo un instante, quiero que me aconsejes, dijo mientras salía. Y pasaron minutos; y yo, ante la sorpresa del halago, dudaba sobre mis conclusiones, tal vez precipitadas. Quizá él era ajeno a las censuras de mis escritos. Pasaban los minutos. Sentí que mis pies se mojaban y acudí tras el rastro del agua para cerrar el grifo del lavabo: allí encontré a Mandorla, con la cabeza rota y el cabello rojizo por la sangre. Salí despavorido y nadie me creyó. Naturalmente, mis huellas estaban en el encendedor, en el que se encontraron restos de sangre, hilazas de cabello. 

            ¿Qué podía decir en mi defensa? Todo me condenaba. Se supo mi aventura, se publicó nuestra desavenencia, se perpetró aquel crimen para apartarme de la pluma y arrancarme la lengua. Todo estaba previsto. Mi pasado me declaraba un insumiso de las normas, un transgresor social, un enemigo público. Y se me dio el hachazo. Pero todo era falso: las pistas, su engranaje. Aunque, en verdad: no es eso lo importante, carece de interés el que me condenaran. Piensen solamente un instante en lo que significa, en lo que puede deducirse de un hecho como éste: Las experiencias vividas determinan las experiencias por vivir; de modo que el pasado es el dueño del presente y, por ello, del futuro, tanto el individual como el colectivo. Yo no puedo librarme de mí mismo en cuanto que lo que fui influye en lo que soy y que seré. Pero si suplanto un documento del pasado éste reescribirá el presente y también su devenir. De manera que la historia es lo que propone el historiador. Y éste no tiene por qué ser fiel al pasado que hereda porque no tiene certeza de que éste no fuese ya alterado por quien se lo legó. Así que la verdad histórica no existe más que en la mente de quien quiere creerla. Estamos en la constatación del nihilismo. 

            Para qué seguir con esta historia. ¿Acaso quien me lea resolverá algún problema definitivo de su vida si le descubro algún misterio? Tal vez deba volver a ella más adelante. Pero ahora no me importa. Yo voy buscando en la memoria lo que sé que me busca y me define, aunque lo desconozco. Sé que entre las palabras que brotan sin nombrarlas hay una que se esconde y que, al cabo, saldrá de los sargazos de la mente: la reconoceré, ya no podrá escapar. Sabré quién soy. 


Continuará...

Valerio Calabrés (Dos)

Dos

¿Puede alguien nombrarme un solo hecho social que no haya supuesto más un regreso espiritual que un progreso tecnológico? Los griegos -algunos griegos- buscaron lo esencial; y después, aquí y allá, algunos disconformes que fueron perseguidos, otros ejecutados, todos exiliados de la colectividad para acabar con la semilla de la verdad menos embustera y embaucadora, la que no pone límites al ego más auténtico y respetuoso con los otros. Diré algo trivial: Desde los albores de la sociedad -no de la humanidad- existe un complot para que el hombre no se cumpla a sí mismo, sino para que obedezca los mandamientos de la colectividad regida por alienígenas de la cordura y expertos en la simulación, suplantación y perversión. Todo aquel que se aparta del prescrito decálogo es inmisericordemente destruido. No sé quién originó tal estrategia, si fue el azar o si en los mismos hombres hay una parte oscura que hermana a quienes no se conocen por estar separados por siglos y extenuantes geografías, pero que siguen la misma pauta devastadora y humillante. Me pondré como ejemplo: trabajo en un Diario, soy librepensador, no me gusta que me indiquen sobre qué debo escribir ni que retoquen mis palabras; pues bien: apenas hay un día que no mutilen lo más personal y heterodoxo de cuantas cosas digo; y si aparezco en una foto me suprimen de ella; es decir: la estrategia -del Periódico y de cualquier otra Entidad- consiste en permitir movernos como si fuésemos dueños de nuestros movimientos ocultando las clandestinas zancadillas para que no trasciendan nuestros pasos si se encaminan a un sendero que no sea el previamente trazado por el Artífice Escondido. Seguro estoy de que si leyeran estas líneas aquellos de quienes las oculto me echarían a la hoguera con la coartada de que sufro manía persecutoria, o me leprosearían hasta cualquier apartado rincón como un incauto enfermo terminal de un fatalismo desbocado. 
            A los emperadores sociales les importa mantener el equilibrio social, no el de cada persona. Los individuos son para ellos sumandos de los que se sirven para alcanzar la cifra que les permita seguir siendo emperadores. Es fácil manipular al ser humano, y más al ser gregario. Basta hacerle creer que opina libremente, que ejerce su albedrío, que elige entre dos cosas. Pero ser libre consiste precisamente en que no nos impongan elegir, en que no nos obliguen a seguir ningún tipo sutil y predeterminado de libertad. Ya sé que la convivencia necesita unas leyes: pero, como digo, se precisan leyes para los hombres y no hombres para las leyes, que a menudo bastardean la naturaleza humana y hacen de la solidaridad una complicidad y de la supervivencia una extinción de la existencia humanitaria. Así que me atrevo a decir que esos regidores de nuestros actos colectivos, los gobernantes, los egregios políticos, son los auténticos locos que fingen una cordura tan inteligente como estremecedora, porque han convertido la verdadera lucidez en una perversión. Se construye de este modo el conformismo como única revolución, haciendo creer que el criterio de “la mayoría” es lo que importa y que todo hombre independiente es un error o un anacronismo de la civilización moderna. 
            Y, efectivamente, cuando un hombre esgrime un voto y dice “esto quiero” debe respetársele por muy cretino que sea o parezca su deseo. Si no, no podríamos convivir y volvería a invadirnos la ley de la selva. Pero ya he dicho que hay muchas maneras de manipular la conciencia y hacer creer que lo que uno cree lo cree por sí mismo, que la propia creencia es un silogismo sin premisas ajenas, y que lo que deseamos es por nuestro bienestar y lo hemos escogido sin que nadie interfiera en nuestras ansias. Cualquiera que razone sabe que un niño educado en la autopista hacia la muerte sentiría el suicidio como la meta de la felicidad. Pues bien: nunca dejamos de ser niños para los mandatarios que se consideran padres perpetuos de nuestro destino. Cuando los esclavos aman su esclavitud es imposible erradicar la tiranía porque aquella la potencia. Enseñar, por ejemplo, que el hombre es limitado no es solamente una realidad práctica, sino que puede ser utilizada como una premisa para el esfuerzo de la autosuperación o el abandono del conformismo. Quien enseña a adaptarse en vez de a superarse está enseñando a conformarse, y quien se conforma empieza a ser esclavo de su propia indigencia mental y, por ello, de quienes ambicionan el poder. Para ser un buen dictador hay que ser permisivo con los libertinajes, porque éstos ahuyentan el fantasma de la libertad. 
             Claro: que si el hombre y su historia sólo son la realización del proyecto de sus genes y éstos una simple porción de la genética expandida en la explosión del universo, todos somos esclavos del determinismo y para nada sirve tener o no tener voluntad propia y ejercerla. Pero ésa es otra historia que se sale de nuestras posibilidades. En cualquier caso piénsese en esto: ¿Por qué se desprecian “las minorías” o se las atiende como un acto de condescendencia si, dada la manipulación social, “las mayorías” son simplemente las voces estridentemente mudas de unos pocos poderosos? Las únicas mayorías incuestionables son las que resultan de sumar las minorías sincrónicas que han sintonizado emocional y conceptualmente -no sólo por sus filosofías o ideologías- a lo largo del tiempo. Esas son las que reflejan y subrayan la verdadera identidad humana.

               En fin: Cierto día bajé a protestarle al Director y a renunciar a mi trabajo porque me habían censurado varias líneas de un artículo. Estaba furioso. Entré en su despacho sin llamar y lo sorprendí con su amante. Tuve que matarla: Ella era también mi amante.


viernes, 6 de junio de 2025

Valerio Calabrés


Tartini: Adagio

  Uno


Me llamo Valerio Calabrés. Naturalmente, es un nombre fingido. No hablo con muchos seres humanos porque a mi alrededor hay demasiados seres y casi todos inhumanos. Conozco bien a algunos, sobre todo a aquellos que aparentan ser otros. Observo que cada vez que aplauden o desprecian mis escritos es porque mi opinión coincide con la suya o la contradice, no porque mis argumentos o expresiones les parezcan razonables o bellas. Es como si al leerme escucharan: “tienes razón”, o “te equivocas”. Eso los alegra o los pone furiosos. Lo cual me lleva a pensar que a ninguno le interesa mi criterio, o la de cualquier otro, sino exclusivamente el suyo. No intentan contrastar puntos de vista para llegar a la conclusión menos incierta, sino que, autistamente, fortifican el propio, la propia, con las palabras que sintonizan y apoyan sus creencias. Son conformistas, han encerrado confortablemente el mundo en su cabeza y creen que su cabeza es el mundo y todo debe regirse según sus silogismos sin lógica y ebrios de contumacia. Son, éstos, los depredadores de las relaciones humanas, los mistificadores de la vida, los intolerantes, los dictatoriales. Y, no obstante, creen ser liberales y libres, porque, de tan fanatizados, no ven su fanatismo. Así es como he terminado por hablar sólo conmigo mismo; y con los libros.

            Tales ignorantes de la sabiduría y sabios de la incultura han conducido la existencia a tal degradación que, cada vez más, proyectan un tipo de hombre para su sociedad en vez de construir una sociedad para el hombre. Amputan la naturaleza y la socializan desde sus estrabismos mentales. Cuando un individuo se resiste a integrarse en esa cárcel lo llaman inadaptado y loco, lo empujan al circo de la cirujía mental y lo reconstruyen con siquiatras y drogas hasta convertirlo en uno más de sus huestes vandálicas cabalgadoras hacia los abismos del progreso sin futuro. Sin embargo, son ellos los locos constructores de este manicomio universal en que vivimos. Creen haber encontrado la panacea de la revolución humana esclavizando al hombre a un bienestar que contraviene su sensibilidad aunque, tal vez, acaricie y halague su intelecto, no su inteligencia sensorial. Han hecho una revolución desde fuera consistente en aplicar los beneficios de las máquinas al cuerpo: pero la auténtica revolución debe venir desde dentro hacia afuera, como una explosión o un estallido que contagie de corazón el firmamento.

jueves, 5 de junio de 2025

El amante vencido


Albinoni - L. Fabian: Adagio

El amante vencido 


Amor mío, amor mío: 

han pasado los años y te amo 

con la misma lujuria que hace treinta. 

Mis besos aún mantienen su esplendor; 

pero mi carne ya no me obedece 

y no logra saciar nuestro arrebato.

Tú sabes que te amo, y sé que me amas; 

pero la ley de la existencia ordena 

que el Cuerpo sea más frágil que el Espíritu; 

tal vez debiera comprender que el tiempo 

es el que manda sobre la existencia;

aunque temo que aquel amor furioso 

solo fuera expresión apasionada 

del ansia de vivir y este de ahora, 

tan silencioso y breve, sea la muerte 

la que me lo concede como una 

despedida o un acostumbramiento 

a los sepulcros de la eternidad. 

Perdóname si no puedo elevarte 

con mi fuego a la hoguera del placer.

Te quiero; pero el Dios está celoso

y castra mi pasión para que no haya

quien compita con él, pues te desea.

Envidio su potencia inextinguible

y maldigo su eterno priapismo.