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miércoles, 7 de octubre de 2026

El poema y la glosa

Agradezco a Nuria P. Serrano el comentario que incluye en su blog sobre el poema publicado hace unos días, y cuyo texto añado: 


1.- El poema:


Consuélenme tus besos

Este mar que contemplo te observa en esa orilla
en la que tú contemplas que te miro
anhelante y lejano, como un lecho
de líquido esplendor en el que nos amamos.
No es este el mar de Ulises, pero es mar:
el alto cielo convertido en lluvia.
La transustanciación inicia el vértigo
de nuestros corazones trascendidos,
y el agua es como un pájaro que se posa en tu cuerpo
y lo inunda de besos, caracolas y brisas.
En él vuelo hasta ti, te abrazo y dejo
que vuelva con tu abrazo.
La lentitud sonora de sus olas
briza con su plumaje la tierna acometida
de tu amor y mi amor, mientras la noche
rutila con estrellas la frágil singladura
de nuestra mutua ausencia.
Sálvame del naufragio:
Consuélenme tus besos en la aurora.


2.- La glosa:

Si, además de escuchar el poema de Antonio Gracia, “Consuélenme tus besos”, lo analizáramos, podríamos decir que hay una sucesión de miradas encadenadas: el amado contempla el mar, que a su vez contempla a la amada. El amado mira a la amada que, desde otra orilla, mira al amado contemplándola. Pese a la lejanía que los separa, ella, anhelante y deseosa, se regocija al ser mirada.
      El mar es espejo y reflejo de amado y amada: el líquido esplendor que ambos contemplan para contemplar que se contemplan. El amado desearía que ese líquido fulgor en que los ojos de ambos se abrazan fuera el mar de Ulises. No obstante, consciente de que no lo es, se apacigua pensando que es mar, pese a todo. Es el alto cielo de Homero encrespado. Y su encendido oleaje es origen de la transustanciación de ambos: un vértigo mutuo trasciende y transforma sus corazones, logrando su unión más allá de la distancia: igual que el pan y el vino dejan de ser pan y vino, los amados se unen y divinizan al transustanciarse. Así, en la contemplación del mar, llega el amado a “ser amado en la amada transformado”: el mar rizado es un pájaro que vuela, rozando con su plumaje el cuerpo de la amada y llenándolo de “besos, caracolas y brisas”. El perpetuo vaivén, las olas lentas, y su suave desmemoria, los unen y transfiguran en el abrazo. Y en ese continuo viaje de miradas que miran que son miradas, la noche se llena de estrellas. Aun así, el amado, sabedor de la fragilidad del viaje, y temeroso del naufragio, pide a la amada la consolación de sus besos en la aurora, como un crepúsculo anhelante de la luz del alba.
      ¿Es esto, en todo o en parte, lo que quiso decir Antonio Gracia al escribir su poema? Quizá no. Quizá debemos pensar que, como toda interpretación, esta no es más que una digresión o incluso una destrucción de la belleza intrínseca de un poema que otro lector podría interpretar de otra manera. En toda exégesis nos alejamos de la esencia del poema: transmitir con palabras precisas, escogidas, certeras. En cualquier caso, si este poema emociona a los lectores de forma que estos puedan interpretarlo y hacerlo suyo es porque su música habla con sonidos y silencios que todos podemos sentir y entender, y que nos permiten “apropiarnos” de él, adaptándolo a nuestro propio mundo y vivencias. Esa es la fuerza de este poema. Y esta explicación solo son palabras para explicar lo inexplicable e inextinguible: la magia de la poesía que, en ocasiones, algunos poemas, si son poemas, revelan al tocar, con su plasticidad y su música, nuestras tres grandes heridas: “la del amor, la de la muerte, la de la vida”.
                                                                                            Nuria P. Serrano


Comentarios:

1. I. H.- Si te interesa saber más sobre cómo se 
construye un poema, puedes leer el último libro 
de Antonio Gracia: La construcción del poema.
 Encárgalo en tu librería habitual. 
O solicítalo por correo electrónico a Lorena Bernabéu: lbernabe@diputacionalicante.es. 
Precio: 10 euros, gastos de envío incluidos.
  1. 2.- Laura. M
    El mar ese misterio que siempre cautiva y enamora sólo con mirarlo...Siempre el mar.
    Razón tenía Khalil Gibran cuando dijo... "Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar".
    Precioso Nuria.
    Buen fin de semana.
    Besos.
  2. Magnífico poema, muy acertado.
    Abrazos.
    Responder
  3. 4.-  MPilaR
    Fuera la que fuere la intencionalidad de Antonio Gracia al construir este poema en concreto, certísimo es que en todo proceso amoroso, de toda índole, el elemento único que lo define es la absoluta comunión entre el amado y el amador. Hasta participar ambos de idéntica realidad aun 'a costa' de fundirse ambas partes en esencia.
    impecable, el poema
    Bss
  1. 5.- ReltiH
    UN POEMA MUY BONITO.
    ABRAZOS
    Responder

  2. Los que vivimos a la orilla del mar tenemos una indiscutible ventaja para entender la relación que se establece ente mar y observador. No sabríamos expresarlo tan bien como o hace Antonio Gracia pero ahora, mientras miro las olas, las reales, puedo comprenderlo un poco mejor.

    añiles
    · LMA · & · CR ·
    Responder
  3. Bonito poema e interesante explicación.

    Salud.
    Responder
  1. Sublime poesía, las últimas palabras son estremecedoras.
    Me arrullan el susurro del mar y las olas.
    Un abrazo.
    Responder
  2. Preciosas palabras, que bonito poema ,me encanta, espero todo vaya bien,saludos y feliz semana.
    Responder


Taty Cascada ha dejado un nuevo comentario en la entrada "Consuélenme tus besos, Antonio Gracia": 
Si algo resulta complejo en la escritura es: la interpretación y deducción de los mismos. En la vorágine de la llamada inspiración, se describen hechos y situaciones convenientemente sazonadas con imaginación, luego, viene el otro proceso- un tanto divertido para su autor- que es observar y disfrutar viendo como sus lectores entran a una suerte de laberinto de Creta; algunos -los más afortunados- encontrarán el hilo sagrado y saldrán airosos, otros, se enredarán en su madeja y no lograrán descifrar el camino. Si acontece así en una novela, cuento o relato, tanto mayor será el obstáculo en un poema donde el uso de recursos literarios profundiza aún más su dificultad. 
Creo o más bien pienso, que Antonio Gracia quedó más que satisfecho con tu admirable y, bien lograda exégesis de su hermoso poema. Itaca nos entrega tantos destinatarios, que después de todo, sea una mujer amada o un hijo, el fondo es el mismo: el amor en la distancia. 
Abrazos mi querida Nuria.
P.D.: Agradezco desde el alma, la inclusión de la portada de mi libro en tu Blog. Gracias por la deferencia y noble gesto. Abrazos desde y para siempre. 

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Publicado por Taty Cascada para IndigoHorizonte a las 28 de febrero de 2017, 23:20

(Un breve apunte: Poema de amor es este cuya génesis puede extrañar, pero que ilustra los laberintos del proceso creador. Al tener que callar el nombre de quien está al otro lado del océano y es destinatario, su identidad poemática va adquiriendo otra que acaba, en el texto, convirtiéndose en la amada, dentro de un poema de amor al uso. No obstante, el impulso creador original y su escritura -refundida para que el receptor sea una mujer- fueron determinados por la pulsión del autor al sentir a su hijo en la distancia). 

17217

martes, 22 de septiembre de 2026

Alejandro Hidalgo: Encuentro con Antonio Gracia

 

                                                        Casi una epopeya
 
Alejandro Hidalgo: Encuentro con Antonio Gracia

El otro día, con el entusiasmo jovial de quien tiene ganas de ser mejor persona, recibí un correo de don Antonio Gracia. Me decía que tenía tiempo libre y podíamos vernos. Yo sentí de súbito una emoción que me recorrió la espina dorsal: una mezcla de nerviosismo y adrenalina.
    La distancia que me separaba del lugar de encuentro era considerable y, además, debía adecentarme. El principal motivo de aquella entrevista era, en apariencia, sencillo: un trabajo académico, la recopilación de materiales para una investigación y, quizá, la posibilidad de formar con ellos un futuro artículo.
Llegué un poco tarde, a pesar de haberme dado prisa. Ya había empezado con mal pie. Para colmo, pasé delante de él sin darme cuenta.
    Habíamos quedado en una cafetería. Entré y descubrí que no estaba dentro. Salí de nuevo y entonces vi a un hombre excelentemente acicalado: canas, alopecia madura, camisa blanca y pantalones a juego. Su presencia era impoluta. Frente a la mía, un simple conjunto azulino: camisa azul y pantalones vaqueros.
    —¿Es usted Antonio Gracia? —pregunté apresuradamente, con la seguridad de que sí lo era y sin saber demasiado bien cómo introducirme.
     —Sí —respondió de forma escueta.
    Me presenté nuevamente, aunque ya lo había hecho por correo. Saqué el portátil para consultar una interminable batería de preguntas. Lo primero que le pregunté fue cómo estaba. Una preocupación inicial, quizá dulce, para romper el hielo de una manera natural y que la pregunta no pareciera gratuita.
    Noté un súbito nerviosismo que fue diluyéndose conforme avanzaba la conversación. Poco a poco, aquella entrevista que yo había imaginado como una situación solemne se volvió bastante natural.
    El tema fue desarrollándose de manera lineal. Comenzamos hablando de su infancia. En determinados momentos tuve la impresión de que su inteligencia se adelantaba a la mía: recuperaba datos que yo había recabado antes de nuestro encuentro y los reformulaba, en ocasiones, utilizando la tercera persona. Yo escuchaba e intentaba seguir el hilo. Su cultura era amplísima y, por momentos, me sentía intelectualmente inferior ante alguien que llevaba décadas acumulando lecturas, experiencias y reflexiones.
    La conversación tenía algo hipnótico. Hablaba a media voz y el ruido del tráfico parecía acompasar su ritmo. Los chicos sentados a nuestro lado reían con una estridencia que contrastaba con su tono. Una madre caminaba cerca con su hijo y movía incesantemente un sonajero. Pensé en proponerle que entráramos en la cafetería, pero no quería interrumpirlo. Ni siquiera llegué a invitarle a nada: estábamos demasiado absorbidos por la conversación.
    Durante buena parte del encuentro tuve la sensación de no estar completamente a la altura de la situación, a pesar de encontrarme allí precisamente en calidad de investigador.
    Hablamos de Los ojos de la metáfora, un libro peculiar y difícil de abordar desde una lectura exclusivamente racional. Hice especial hincapié en él porque quería comprender cómo había nacido aquella escritura. Mi impresión, después de haber leído el libro y de escucharle hablar sobre él, era que allí confluían una experiencia de oscuridad, un lenguaje extraordinariamente alucinado y una búsqueda insistente del propio sujeto. También hablamos de su blog y de Reconstrucción de un diario. Allí apareció de nuevo la cuestión de la construcción del yo y de la posibilidad de escapar de una determinada identidad mediante la escritura. Yo había interpretado en sus textos la presencia de un desdoblamiento de la voz poética, de un posible alter ego, y quise contrastar esa lectura con él.
    La conversación derivó también hacia algunas experiencias de su trayectoria literaria, entre ellas sus problemas relacionados con el Premio Loewe y la repercusión pública que tuvieron. Escucharlo hablar de aquellas circunstancias me hizo pensar en la distancia que puede existir entre una persona y la imagen que de ella construyen los demás.
    En otro momento apareció una cuestión que me llamó especialmente la atención: su preocupación por transformar al ser humano y mejorar su condición. La idea me pareció ambiciosa y, al mismo tiempo, inevitablemente utópica. La conversación continuaba desplazándose de un asunto a otro, como era natural en un encuentro informal, pero cada desvío terminaba conduciendo a alguna de las cuestiones que me habían llevado hasta allí: identidad, escritura, vida, muerte. Finalmente apareció precisamente la muerte.
    Su concepción de ella me pareció marcada por el escepticismo y por una ausencia de respuestas religiosas tranquilizadoras. Me contó una imagen relacionada con su propia muerte que me impresionó especialmente: la representación de su cuerpo en un ataúd, ya en estado de putrefacción. No sé hasta qué punto comprendí exactamente lo que quiso decir con aquella imagen, pero la experiencia de escucharla me produjo una impresión difícil de olvidar.
    Al final nos dimos la mano y nos despedimos.
Y aquel gesto sencillo, casi doméstico, terminó de devolver la conversación —después de haber hablado de poesía, identidad, lenguaje y muerte— a la realidad inmediata de dos personas que, durante unas horas, habían compartido una mesa, unas palabras y una parte de sus vidas.
                                                Alejandro Hidalgo

                                                            Pulsar 


viernes, 1 de mayo de 2026

Agradecidamente ... (Un vídeo homenajeador)


      PULSAR >>     

           Vídeo HOMENAJE: ESCRIBIVIR

Gracias a cuantos diseñaron, dirigieron, imprimieron, intervinieron... y asistieron... un centenar de gracias -según me dicen-. Sin ellos no hubiera habido acto; sin cuantos, en mi adolescencia y juventud y madurez me persiguieron por su identidad levítica, tampoco: porque yo tal vez hubiera terminado siendo como ellos.

viernes, 24 de abril de 2026

Josemanuel Ferrández: Recuerdos de Antonio Gracia


                                                                    Sobre Antonio Gracia (Homenaje, 3)

ANTONIO GRACIA

Conocí a Antonio Gracia a través de mi hermano Antonio. Cuando regresé a mi casa después de una ausencia de varios años mi hermano se había convertido en poeta y él y Antonio Gracia eran grandes amigos, así como cómplices de correrías poéticas acompañadas de alguna absenta en honor de sus mentores Baudelaire y Rimbaud

Ellos por entonces querían parecerse a los poetas malditos y lo habían  conseguido hasta extremos bastante convincentes. A veces llegaban iluminados a altas horas de la noche después de quién sabe qué versos terribles y hermosos.

Antonio Gracia era profesor de literatura en Callosa de Segura, y como artista del verbo era una especie de líder de algunos que deseábamos encontrar el camino de la emoción lírica y artística con todas sus consecuencias. Pepe Aledo, Manuel Susarte, Blanca Andreu, Fernando Sánchez, Miguel Ruiz…

El pintor Guillermo Bellod  era también amigo y compatriota de dolores y pasiones artísticas. 

Esto sucedía a principio de los años 70 y en el ambiente había como una efervescencia vital y  un deseo de salirse de los límites habituales y monótonos de las cosas normales.

Antonio fue el guerrillero mayor de aquél escaso pero aguerrido ejército en busca de batallas con la vida, a favor y en contra al mismo tiempo.  Solíamos hacer reuniones en todas partes y de todo tipo. Una complicidad anónima nos hacía vibrar en ondas similares. También estaban los del teatro, Carmelo, Atanasio, Segura, Amado, mi propio hermano, Manuela, Rafael Lozano etc. Y las chicas, Dolores, Lola, Consuelo, Carmen…

Uno de los asuntos más importantes, al menos para Antonio, Blanca, mi hermano y yo, era la música en su versión clásica, ya que  el rock todavía no había penetrado en nuestras almas con la misma intensidad. Antonio tuvo siempre un oído musical extraordinario y amaba sobre todo el romanticismo del siglo XIX, Wagner, Beethoven, Schumann, Liszt…de los cuales hablábamos muchísimo, gastando millones de palabras.

Esa pasión musical es quizá una de las claves de la seducción rítmica de sus versos libres cuya cadencia lírica se halla sumergida en la oscuridad melódica de ciertas armonías que van más allá de todo intento de explicación racional.

Por entonces ya había publicado La Estatura del  Ansia, conjunto de doce poemas  en verso libre, y este breve pero genial opúsculo fue suficiente para situarlo muy por encima de nuestras propias aportaciones, y lo convertía en un gran poeta ante nuestros ojos asombrados.

Debido al hecho de que Antonio hubiera ganado dos veces el concurso Sijé, y su libro de poemas fuera premiado en Madrid en el año 1972  con el premio Anue, tras lo cual tuvo una entrevista en el telediario, el Ayuntamiento le propuso dar un recital, a pesar de que hasta ese momento dicha corporación había perseguido con saña la poesía de Antonio. (Tal vez lo hicieron porque no habían leído el libro, y se dejaron llevar por los rumores).

Él solía decir que entre todos formábamos la generación de la preguerra y organizó  el citado recital de poesía con los que estábamos intentando escribir algo. Se hizo en el salón de actos de la Caja de Ahorros de Monserrate. Cada cual leyó un breve texto poético o en prosa. A partir de entonces todo comenzó a funcionar mucho mejor. 

Franco murió. Se inauguraron muchos bares y antros comunistas, así como la librería Trilce, que dio mucha guerra, aunque por poco tiempo, un lugar sencillo pero lleno de fervor hacia los nuevos tiempos e ideas.

Antonio tenía alquilado en Callosa de Segura un pequeño piso bastante destartalado, donde íbamos a veces a hablar de literatura, a beber vino y a vivir la poesía de la manera más intensa posible, acompañados por nuestras amigas de entonces y compañeras de fatigas.

En aquélla época las mujeres no se atrevían o no sentían la necesidad de lanzarse a la arena del ruedo poético o intelectual, de arrojarse a las fauces del verso impuro. Eran otros tiempos

Durante años me obsesionaron cuatro escritores, Jonathan Swift, Borges, Cioran y Antonio Gracia.

Yo leía los poemas de La Estatura del Ansia solo en mi habitación hasta altas horas de la noche, ya que aquellos versos habían sido escritos para la noche y el resplandor de la luna.

Del resto de autores que admiraba podía disfrutar de su obra solamente, sus personas eran inaccesibles

Pero Antonio vivía cerca de mi casa y a veces nos hacía visitas, o nos veíamos en algún sitio para hablar de lo que fuera, teniendo así el privilegio de poder cultivar la amistad de la persona que había escrito aquellos poemas tan magníficos.

Durante mucho tiempo leí obsesivamente este libro en medio de un estado de intensa conmoción a la vez que una angustiosa conciencia de la imposibilidad de alcanzar tanta perfección y expresividad lírica.

Más adelante Antonio y los demás nos unimos a las dos revistas literarias, la Lucerna y Empireuma, que surgieron en Orihuela de la mano de Zerón, Piñeiro, Ada, José Manuel Ramón y José Antonio Muñoz Grau, así como el hábil pincel de Pepe Aledo que ilustró casi todos los números, y su hermano Antonio Aledo que escribió alguno de los mejores artículos de La Lucerna. Tales iniciativas removieron aún más las aguas de la actividad intelectual y artística hasta un nivel nunca visto desde los tiempos de Miguel Hernández y compañía.

Gracias a la influencia de Antonio, la Diputación de Alicante publicó libros de varios poetas de Orihuela, en concreto de Antonio Ferrández y José Luis Zerón, así como de Miguel Ruiz de Redován el cual mantuvo durante años una intensa relación con las revistas y poetas de aquí.

En el ámbito literario y poético Antonio aglutinó durante el tiempo que vivió en Orihuela, a muchos de los que intentábamos escribir poesía. Fue una especie de mentor espiritual de aquella generación. Después de marcharse continuó contribuyendo asiduamente con artículos y poemas en ambas publicaciones durante años. Actualmente continúa relacionándose con gente de aquí desde su domicilio en Alicante,  también con nuevas iniciativas surgidas posteriormente como Auralaria, de Luisa Pastor y Álvaro Giménez.

Por entonces nosotros empezábamos pero Antonio y Guillermo Bellod, que fueron muy amigos, ya habían llegado hasta el oscuro fondo de sí mismos.

jueves, 23 de abril de 2026

Manuela García Gómez: Sobre Antonio Gracia

Todo en él es poesía 

                                                           Sobre Antonio Gracia (Homenaje, 2)


Buenas tardes. Os damos la bienvenida al acto homenaje al escritor Antonio Gracia con el título Escribivir. Teatro Expresión de Orihuela da las gracias a la directora de la Biblioteca Fernando de Loazes, Pepi Ors, a todo su equipo técnico y al director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, por facilitar los medios para la celebración del homenaje, dentro de los encuentros literarios de la primavera hernandiana en este abril de 2026, durante la semana dedicada a los libros. 


“Un cuadro es un poema que nos mira. Un poema es un texto que nos calla. La música es un ruido que nos oye. El arte, en fin, es un poema que nos canta con imágenes físicas o psíquicas. No nos interesa el arte porque es arte, sino porque además, y sobre todo, el arte de averiguar al hombre, la mágica manera de poner los nombres exactos a la vida, la irrenunciable forma de hallarle geometría a la existencia.) Crear, ser artista es introducirse en sí mimo tan al fondo de nosotros que tocamos al otro, que nos convertimos en él, y por eso nos siente a fuerza de ofrecerle nuestro yo. Cuando esto ocurre el arte permanece porque un cuadro no lo ha pintado un pintor, sino un hombre cargado con todo el atavismo de la humanidad, descifrándose a sí mismo. El arte es el único cordón umbilical que une al hombre con su pasado y su futuro. El hombre no existe, existe el arte. El hombre es el arte”. 

La búsqueda infinita. Sobre Guillermo Bellod



Antonio Gracia se define a sí mismo con estas palabras: “De niño quería (…) formarme en un mundo en el que yo fuese como un dios (…(*). Quería elevar un templo, pero había construido un mausoleo, un laberinto, y me había apresado en él como un desaforado Minotauro. Destruirlo era destruirme; …Y me encontré el Silencio. Pasé de un infierno a otro.” 

Experiencias, sucesos de cada día, pequeños acontecimientos van dando sentido a ese despertar a la vida. Palabras nuevas venían a la mente del autor.  Sansatanás -que es como se llamaba a sí mismo- ocupaba un espacio y un tiempo de vida en pugna continua con su deseo más íntimo y su realidad. Le gustaba jugar trágicamente con aquel nombre de arcángel castigado en el abismo del infierno. Lo observaba todo con sorpresa, se preguntaba por todo, arrastraba tristeza en su mochila y nunca perdió la esperanza. En aquella infancia de pan y chocolate descubría aventuras y desventuras en un mundo de mujeres y hombres protagonistas de películas en la sesión doble del Oratorio Festivo de San Miguel. 

En plena adolescencia leía y leía y no dejaba de escribir. Pasaba muchas horas en la biblioteca Fernando de Loazes conociendo a los clásicos del Siglo de Oro. Entre los estantes repletos de libros de la antigua biblioteca en el Palacio de Tudemir pasaba la tarde leyendo, y miraba de reojo la escultura de la Diablesa de Nicolás de Bussy. En ocasiones compraba libros de segunda mano a aquel hombre que ponía su puesto frente al casino oriolano. Creció entre lecturas de grandes escritores. Sentado en un banco de la glorieta Gabriel Miró, y bajo un magnolio, anotaba en un cuaderno todo aquello que bullía en su interior. Dicen las gentes de aquel tiempo que guarda aquellos versos valientes, movido por una mística heterodoxa desbordante, en los que se preguntaba por lo divino y lo humano. 

Se marchó a Salamanca, y luego sería catedrático de literatura. Recorrió en autoestop mil caminos españoles. La música siempre acompañó el ritmo de su vida mientras leía y escribía. Como un eremita dejaba fluir sus ideas que muchas veces le llevaban a la autodestrucción. La irreverencia religiosa, el atrevimiento expresivo y el criterio polémico son rasgos del autor. Sufrió represalias por parte de los poderes fácticos de Orihuela y del extranjero. Fue premiado en muchos concursos literarios nacionales e internacionales, entre otros el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana y en dos ocasiones el premio Gabriel Sijé. No renunció nunca a sus escritos. Defendió cuanto hacía. Fue admirado por rebelde y al mismo tiempo denostado. Le consideraban el escritor maldito. Dice Antonio: “por educación respiré la atmósfera cristiana; por inconformista y vitalista, me repugnaba esa tenaza. Muchos de mis escritos son rompimientos de esas cárceles, chirridos de los fantasmas que siempre quedan en los castillos de la infancia”. Él siguió escribiendo y publicando. Mantuvo su actitud de rebeldía como necesidad vital. 

  Aquel hombre, después de una fuerte crisis existencial, encontró un estilo propio y escribía al amor, a la vida, a la muerte. No le gustaba el mundo, lo cuestionaba todo, dudaba de todo, lo criticaba todo. Bajó a los infiernos como los grandes autores de la literatura buscando su verdad. El vértigo, la angustia vital y la depresión lo inundaron todo. El erotismo, la pasión, la sensualidad, la metamorfosis de los grandes mitos brotaban en sus escritos continuamente. Resurgió de sus cenizas y se encontró entre los versos la urdimbre de imágenes, metáforas y palabras hermosas cargadas con su verdad más profunda. Encontró su ritmo interior y construyó el armazón de su poética publicando bellos poemas. He aquí un fragmento de La belleza del monstruo del libro Lejos de toda furia.


            ¿Por qué me llamas, di, fantasma enamorado?

            ¿No puedes olvidarme como yo no te olvido?

            ¿Por qué quieres hacer de mi cuerpo tu tumba

            sino porque yo hice de tu muerte mi vida?


Y de Fragmentos de inmensidad este otro poema La fuente en la ceniza:


Amo el temblor rosado de tu boca

y el crepúsculo azul de tu mirada.

Amo la luz carnal que te ilumina

cuando te arrojas como un puma alegre

sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.

Amo el sudor de miel que nos lubrica

y la erosión constante de la piel.

Amo tu desenfreno y mi arrebato

cuando, tendida, te abres como un libro

y esplendes como un saurio.

Amo tu lasitud y mi abandono

tras el fulgor robado a las estrellas.

Amo la ardiente búsqueda infinita

que late en nuestros sexos.


En 1976, Antonio, asistió al ensayo del grupo de Teatro Expresión. Autorizó la representación de los versos dedicados a su padre con el título “Casi un poema” incluido en la Antología de poetas oriolanos de José Guillén García. Alabó el trabajo escénico realizado en el recital Somos un pueblo que sueña creado por Atanasio Die Marín. El contacto con aquel hombre misterioso, respetuoso y sabio creció con el tiempo. Todos celebramos sus premios, conferencias, reconocimientos en universidades nacionales y extranjeras, la publicación de sus libros... Son muchos los defensores y otros tantos los detractores de su persona y de su obra. Es un hombre heterodoxo e irreverente en ocasiones, en otras iluminado, transgresor, maldito, incluso “hereje”. Es fiel a su identidad y manera de sentir, pensar y hacer; sigue aportando su verdad, honestidad y belleza en sus artículos, cuentos y poemas, tomando como motivo de reflexión las diferentes manifestaciones del arte.

 

Marisol González Felip dice de Antonio Gracia: “Nos hallamos ante una voz extraordinariamente transparente, con un oficio poético bien forjado, que es capaz de comunicarnos un microcosmos en el que, desde un principio, nos reconocemos y nos autoubicamos.” 


Este hombre constante, audaz, generoso, con gran sentido del humor, que se dice “no-poeta”, nos deja un legado importantísimo en revistas especializadas, en clases magistrales, en conferencias, en entrevistas, en su extensa obra publicada y en su blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte. Hoy tomamos prestados retazos de su vida y de su poesía para acercarnos a su extensa obra. Antonio, como cuando era un niño, sigue escribiendo y regalando su pasión por el arte, la literatura, la música, el cine y la pintura en su mundo virtual con más de 5.000 páginas. Termino mi presentación con “Demostratio” versos de Lejos de toda furia:

 

            Si hubiera de buscar algún consuelo

            para este mundo en el que todo muere,

            lo hallaría en tus ojos constelados

            y en las fértiles obras de la pluma,

            el pentagrama y el pincel;

            cuatro milagros: prueba suficiente

            para que el hombre acepte la existencia

            de un Dios imponderable.     


Damos paso al grupo Teatro Expresión de Orihuela con una lectura dramatizada de El entremés de los sabios, versos entresacado de La lección inaugural impartida por Antonio Gracia en la Universidad de Zaragoza. Finalizado el acto se hará entrega del cuadernillo: Antonio Gracia – Escribivir, publicado por la Biblioteca Fernando de Loazes.


(*) Insiste en ello en Los ojos de la metáfora: "... crea un lenguaje, / Inventa un mundo donde ser un dios".

        Manuela García Gómez                                    


lunes, 30 de marzo de 2026

ESThER ABELLÁN: ANTONIO GRACIA La mística carnal

                                        

 Esther abellán

Antonio Gracia: La mística carnal

“Porque sabes que el mundo ya no espera

de ti sino tu muerte, dale vida.

Haz de esa sinrazón una razón

para seguir viviendo y crea

esos mundos que el mundo no conoce

y no conocerá

sin ti”.


Antonio Gracia ha publicado los ensayos literarios Pascual Pla y Beltrán. Vida y obra (Diputación de Alicante, 1983), Miguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo (IAC Juan Gil-Albert, 1998), Ensayos literarios. Apuntes sobre el amor (Diputación de Alicante, 1983), y La construcción del poema (IAC Juan Gil-Albert, 2016). Sobre su obra poética se han publicado las antologías: Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), ed. Ángel L. Prieto de Paula (Aguaclara, 1993), Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), ed. Luis Bagué Quílez, (Devenir, 2009), El mausoleo y los pájaros, ed. Ángel L. Prieto de Paula (Huerga y Fierro, 2012),Devastaciones, sueños (Antología), ed. Ángel L. Prieto de Paula (Vitruvio, 2012).

    Sus poemarios son: La estatura del ansia (Ayuntamiento de Orihuela, 1975), Palimpsesto (Sinhaya, 1980), Los ojos de la metáfora (IAC Juan Gil-Albert, 1987), Hacia la luz (Aguaclara, 1998), Libro de los anhelos(Aguaclara, 1999), Reconstrucción de un diario (Pre-Textos, 2001), La epopeya interior (Fernando Rielo, 2002), El himno en la elegía(Algaida, 2002), Por una elevada senda (Vitruvio, 2004), Devastaciones, sueños (Literaturas.com, 2005), rescatado por El Cuaderno Digital; La urdimbre luminosa (Aguaclara, 2007), Siete poemas y dos poemáticas (Huacamano, 2010), Hijos de Homero (Inst. Fernando el Católico, 2010),  La condición mortal (Vitruvio, 2010), La muerte universal (Huerga y Fierro, 2013), Bajo el signo de Eros(Olcades, 2013), Lejos de toda furia (Devenir, 2015) y Cántico Erótico (Huerga y Fierro, 2018). Para saber más sobre su obra se puede visitar el portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/antonio_gracia/ 


Acercarse a la obra de Antonio Gracia es dejarse caer por un abismo de sentimientos. Entregarse a la belleza de la lírica y flotar por las profundidades de la existencia y por todos aquellos impulsos ancestrales que nos hacen humanos. La intensidad íntima, el intento de explicarse a sí mismo y descubrirse, traspasa sus letras para impregnar al que observa e introducirlo en un laberinto lleno de cuestiones sin respuesta.


“De nada sirve hallar consuelo en dioses

o en transfiguraciones de esta vida,

pues todo es podredumbre tras la muerte.

Ruinas son las que fueron monumentos

de la memoria alzada a la belleza.

No existen paraísos, solo infiernos. 

Y la escritura es solo un mausoleo.

En el último instante, en todo instante,

el corazón se abraza a la existencia

y quiere seguir siendo

cuanto fue, cuanto es, cuanto no ha sido”.


Su erotismo crea un sentimiento sublime y espiritual, una elevación del acto amoroso. El deseo y el sexo conforman una base emocionante que activa los sentidos, que nos lleva de la mano hacia la plenitud del instante, a la propia fugacidad de la vida. Así, el tacto, la necesidad de lo físico, es parte de esta mística amorosa, de esta búsqueda del sentido de la existencia. El amante trasciende su propio yo para ser en el otro y ceder libre a la naturaleza de los cuerpos.


“AMARRADO a tu cuerpo, ¿quién podrá

decirme que la tierra no es de carne?

Miro pasar las aves como olas

diciéndonos adiós

y se van los crepúsculos, dejando

en tus ojos la luz de otra mañana. 

¿No he de sentir que el mundo es el regalo

de un caprichoso dios que me ha escogido

para ensayar en mí su omnipotencia?”.


La contemplación es un breve reposo ante la tormenta, el infierno y toda la incertidumbre que nos asedia. Por eso, Eros y Tánatos se dan la mano en un flujo que provoca a la conciencia llena de penumbras. Cansancio, dolor, sufrimiento, decepción y muerte acuden al poema en un ejercicio de reflexión continua, en ese inconformismo que provoca que la satisfacción no exista. Cada experiencia se queda en la memoria, en el corazón lleno de heridas que quiere trascender el fracaso y avanzar hacia el paraíso perdido. 


“Quisiera liberarme del dolor de existir,

y procuro mi muerte. Pero cuando el puñal

briza mi corazón, un manantial dormido

brota de no sé dónde y me impulsa a decir

cuanto de mí conozco, pues así hallo sosiego;

y acaso también sirva mi búsqueda del alma

para que otras criaturas presas de indefensión

encuentren una luz entre las sombras.

Tal vez en esa ofrenda halle yo algún consuelo

con el que mitigar la desolada ausencia

de una fe, una verdad, un paraíso”.


Bajo la fuerza y la notoriedad de las palabras, la fragilidad y el encuentro con el mundo interior se cubre de iconos, de contundentes metáforas que libran una batalla sin descanso; una combinación de versos y derrotas en el juego sin escapatoria de la “autodestrucción del soy”:


“asediado en el vértice del verso

antoniograciamuertemente hablando

poema es la eutanasia de su autor:

la búsqueda del códice del alma:

poema es una identificación:

descender al abismo de la mente

evitando el regreso profanar

el naufragio de todo autorretrato:

poema es una divinización:

la búsqueda el acoso el precipicio

como un bisturí lírico obsesivo

sajando trepanando masacrando

las vísceras el léxico la vida

de un hombre ecuacionándose en poema:

poema es una inmortalización:

un diamante tallado en el cerebro:”.


El silencio y la soledad cohabitan y perfilan un gran autorretrato que se fracciona en un mosaico literario. Así, Oniria aparece y desaparece, crea y destruye bajo el yugo de la fascinación, el anhelo, los sueños y el amor; el mito y la belleza de lo inalcanzable componen una sinfonía de fondo que agrede, a la vez que eleva el alma hacia un lugar apartado del ruido y las tentaciones. La luz parece revelarse, pero se esfuma antes de ser tocada.


“La soledad devasta. En ella, la tristeza

anida su dolor. Y la alegría

se convierte en fatal melancolía

que vuelve podredumbre la belleza.


El mundo se oscurece. Y cada día empieza

con una noche oculta.

                              Yo era joven.

                 Un día

ella murió; murieron mis anhelos; moría

la voluntad—el sueño, la firmeza.


Fueron tiempos de furia y de desolación.

Cada instante era en mí como una despedida; 

y cada amanecer un sol amortajado.


He vuelto a sembrar luz sobre mi corazón.

Las semillas arraigan. Reflorece la vida.

La primavera invade mi corazón helado”.


En este viaje pendular, entre el himno y la elegía, encontramos la sustancia del subconsciente. La necesidad compulsiva de preguntarse y no hallar más que el propio interrogante como respuesta. Las muertes sucesivas, el ocaso que se ilumina con la madurez, proclama la carne y la convierte en religión. 


“Mira

mi

sexo

anclado

entre

tus

ingles

y dime que no escuchas el fragor

del

cosmos

renaciendo

en

tus

entrañas”.


Antonio Gracia nos deja desnudos ante la poesía, ante el erotismo mágico que lo supera todo. Una matriz intensa y profunda, impregnada de sentimientos, que admira con sobriedad la tierra prometida. Dice el autor que “el tiempo es un espejo que repite un presente / de un mundo irrepetible”, que “el amor transfigura la materia / como el dolor transforma la sustancia”. Y es que “nacemos y morimos, y entretanto / se nos pasa la vida tratando de entenderla / en lugar de vivirla”. Busquemos en el ciberespacio “Mientras mi vida fluye hacia la muerte” (http://antoniograciaoniria.blogspot.com/) . Quizá solo encontremos preguntas. Leamos.

Esther Abellán Rodes