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viernes, 31 de julio de 2026

El síndrome de Sancho.

Becket: Esperando a Godot

          He dejado de hablar con una persona emocionalmente muy allegada a mí. La razón es tan común como increíble que lo sea: cada tres palabras me interrumpe para farfullar lo que pasa por su mente; de manera que contesta, completa, digresiona, etcétera, a lo que y sobre lo que aún no he dicho pero cree que voy a decir. O sea: corta con insertos verbales lo que teme que va a oír pero no he dicho. Es decir: habla sola,  a ráfagas, como una metralleta; nuestra conversación, antaño tan amena y agradable, se ha convertido en un monólogo de décadas sobre dos o tres temas cíclicamente repetidos que acaban en disentería verborreica, disputa y semanas de enfadoso silencio. (Me pregunto si yo seré  también emisor y no solo receptor de tal marasmo). El diálogo resulta imposible y la crispación surge cada vez más a menudo, pareciendo odio, en vez de afecto, lo que existe entre ambos. Sin embargo, antes disfrutábamos hablando porque la palabra nos aproximaba en vez de alejarnos, nos unía y hacía inteligible o llevadera nuestra condición de seres humanos en medio del fragor de la existecia. 
          ¿Por qué ese cambio? Si cada uno ya conocemos lo que pensamos, ¿por qué no dejar que el otro nos complete lo que piensa para contrastar nuestros pareceres y enriquecernos con la distinta perspectiva? ¿Nos vamos aproximando a una persona porque nos gusta su carácter y luego intentamos cambiarla, convertirla en otra persona? 
          Ya Isabel la Católica se lamentaba -quizá influida por las enseñanzas de Beatriz Galindo- del mal hablar de los españoles, que no sabían expresarse a fuerza de excederse en su expresión continuada y enredosa. Y bien se representa ese tipo hablador, parlanchín y antidialogante en la figura de Sancho Panza, a quien Don Quijote amonesta más de una vez por decidor en demasía y sin porqué.
          Aunque creo que es la prisa, la enervación de la vida actual, la que impide el sosiego íntimo y, por ello, el reposo gestual y verbal. Es el desconcierto interior el que se traduce en desacierto exterior. Ya no se guarda turno de intervención: ni en la tele ni en las reuniones de amigos, ni en la intimidad. La ansiedad ha instalado un mecanismo de urgencia que nos autoriza a comportarnos con mala educación y sin respeto a quien nos habla. 
          ¿Cómo no sentirse incomunicado y solo si cuando se está acompañado se habla atropelladamente y cada uno impide al otro gozar de la mutua compañía, la recíproca comprensión? ¿Por qué terminamos gritando sobre lo que nos separa en vez de hablando de aquello que nos une? 
          La consecuencia es que, finalmente, solo nos une una distancia que ya no deseamos recorrer.

Canciones para después de una guerra

 


"Canciones para ayudarnos en la necesidad de soñar." 

"...Es un muerto escapado de la fosa."


jueves, 30 de julio de 2026

Siquiera un poco de paz

 

Murmullos en el bosque


Cuando anhelas morir porque la muerte
es el más eficaz medicamento
y la vida es vivir para sufrir.
Cuando el dolor es la única aventura
que volvemos a descubrir un día
tras otro para hallar la misma herida.
Cuando Dios es tan solo una palabra, 
una elegía sin himno...
Cuando nada se espera de la vida
algo debe esperarse de la muerte.

martes, 28 de julio de 2026

Paliativos

 

Sísifo


¿Es mejor soportar una muerte sin fin 

que ponerle final a la existencia?

¿Acopiar voluntad y decisión, 

sufrir y convertir el sufrimiento 

en ágil fortaleza o dejarse vencer 

por el dolor innumerable?

No existe sufrimiento como el de la conciencia; 

y el temor a sufrir anticipa el dolor.

¿Pero quién logrará trepanarse el pensamiento?

No hay dioses; y los hijos de los hombres 

sufren y mueren porque yacen vivos

en los sepulcros de sus mentes trágicas. 

¿No somos animales sujetos a las leyes 

de la vida, que es el aprendizaje 

y la preparación para la muerte?

Sin embargo, ¿rendirse es morir antes:

negar la voluntad de seguir vivo?

¿No es la muerte el mejor medicamento?

Vivir: ese horizonte sin final
cuyo principio es un desfiladero. 


La destrucción de las células


Mozart: Requiem

EL GRAN DICTADOR

Oh Dios, si te amo tanto y tanto me amas, 
¿por qué me tratas como si me odiases?
¿No te basta con ser en este mundo 
Capitán General de la Estrellas?
La vida que me diste me la quitas 
entre gritos y llantos de dolor.
¿Por qué me echaste a la Naturaleza 
para cazarme como a un animal?
¿También tú eres esclavo de otro dios 
que te obliga a ser presa de su juego?
Si maldecir fuese arma defensiva, 
sería tu más fiero Lucifer. 
¡Porque ya no me basta con decirme 
que sufres la absoluta soledad!
¿Por qué me tratas como si me odiases?
¿No te basta con ser en este mundo 
Capitán General de la Amargura?


lunes, 27 de julio de 2026

Mientras crece la noche


Mientras crece la noche


Contemplo el horizonte, las montañas 
azules bajo el cielo del ocaso.
A lo lejos el mar cuenta sus olas
y las gaviotas trazan despedidas. 
Matorrales, guijarros, esperanzas
en la quietud del páramo encendido.
Alrededor, mientras la noche crece,
yo me voy despidiendo de la vida.
Quisiera haber vivido la epopeya
de un héroe forjador de su utopía.
Pero soy solo un hombre sin más armas
que el sueño de sus versos: ellos son
mis frágiles hazañas, pues traté
de convertir en himno la elegía
como un breve consuelo.