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viernes, 8 de mayo de 2026

El tiempo inexorable

                                                                                   

                                             Holts: Saturno


El tiempo inexorable

Hace días que temes desnudarte
y mostrarte desnuda ante mis ojos
porque tu juventud te abandonó 
y empieza a marchitarse tu belleza.
Pero no solamente amo tu cuerpo;
yo amo en ti cuanto veo y cuanto siento.
Tanto me han recorrido 
tus dedos y tus labios,
y tu encendido corazón de púrpura
y rubí 
me ha levantado a tanto paraíso
que soy tu mapa y tú eres su cartógrafo.
Sé bien que en cada herida tuya y mía 
surcada por los años queda
el fragor de dos cuerpos que se amaron
y mantienen las brasas de su amor.
Piensa, además, que el tiempo inexorable
también me ha maltratado. 
Y que no sabe amar quien no ama
la indetenible muerte del amor.

N. Meyer: El día después

Para hacerse una pequeña idea de los efectos de una guerra nuclear.

Kubrick: Senderos de gloria

ORSON WELLES: Sed de mal

jueves, 7 de mayo de 2026

A. Gracia - Manuela García: El paraíso perdido (Audio)

 

                    Pulsar            El paraíso perdido



4 poemas en "Poesía Española"

 

RESURRECCIÓN – ANTONIO GRACIA

MOJA BIEDA – ANTONIO GRACIA

miércoles, 6 de mayo de 2026

Winterreise (invierno). Audio



Escena II (Winterreise) Invierno

La tarde palidece entre los árboles.
Piso las hojas secas del otoño. 
Su crujido de cripta me estremece 
y oteo los vencejos en su vuelo 
fugitivo de la melancolía.
Tal vez existan alas 
que vuelen a la luz.
Llueve con lenta suavidad: parece
que una lágrima tuya derramase 
su nostalgia por mí.
¿Por qué no alumbra el sol una hora más?
Tal vez tú me amarías, o yo te olvidaría.
Lloro tu desamor y el de este mundo.
Una larga cadena de cadáveres 
eslabona la Historia. El sufrimiento 
es lo que hace a los hombres semejantes.
Y sin embargo, ¿no es mejor cantar 
que sumar una lágrima tras otra 
hasta ahogarnos en ellas?
Tal vez existan alas 
que vuelen a la luz.
Ya nunca escribiré más epitafios 
con tu nombre y el mío 
en la triste corteza de los árboles.
Jamás la noche derrotó a la aurora.
Mi voluntad dibuja otro paisaje,
y aprendo otra estrategia:
como un grandioso ejército 
que se prepara para la batalla, 
ordeno las palabras en el verso
queriendo darle voz al corazón
voluntarioso y firme. 
Bulle el fresco fulgor de la mañana
y el volcán se convierte en manantial.
Ámame, o no me ames; seguiré
amando la existencia.
Solo el amor puede salvar el mundo.






2 comentarios:

  1. El sufrimiento 
    es lo que hace a los hombres semejantes.
    Y sin embargo, ¿no es mejor cantar 
    que sumar una lágrima tras otra 
    hasta ahogarnos en ellas?... 

    Tocada y vencida con estos versos. Gracias, maestro Gracia.

    Responder

martes, 5 de mayo de 2026

El abrazo imposible

Holts: Saturno

Ella y Él se conocían desde hacía años y mantenían una relación amorosa y vital; es decir: con aproximaciones y alejamientos característicos de los cambios de edad y de necesidades físicas y psíquicas. Alguno de los dos -o ambos- había decidido unirse al otro para convivir y convertir sus vidas en una sola. "Convertir la aventura de la supervivencia en convivencia". (Con intervalos de alejamiento)

Sin embargo las rutinas, las costumbres, las circunstancias modifican las esencias y la personalidad va alterándose. Así que a veces se preguntaban a sí mismos, y el uno al otro, si se mantendrían juntos o no podrían eliminar sus individualidades, sus soledades de acompañados. 

En ocasiones se daban plazos de tiempo para abandonar todo aquello que les impedía estar juntos; y aunque se afirmaban en ese deseo, el tal deseo tardaba demasiado en cumplirse, quizá porque la esencia de sus personalidades estaba ya demasiado invadida y acostumbrada a la soledad buscada -sin pensar que los años acaban imponiéndola físicamente-. 

Así que un día -más fuertes que nunca en proyectos- se dijeron todas las verdades; y estas eran que por mucho que intentaban convencerse a sí mismos de que no podrían vivir sin el otro también sabían que jamás abandonarían sus diferentes ciudades, entornos y rutinas; de que la distancia y la circunstancia terminan siendo una piel más gruesa que las rocas y la muerte.

8725

Bartók, Sz 106

               

                                               Bartók: Music for Strings, Percussion and Celesta 


                                      Bartók, Sz 106 



Silencioso, el color desencadena

un frenesí de aromas en el viento,

y el pentagrama pone en movimiento

cólera ciega y suavidad amena.


Se estremecen la alondra, la azucena

y la cúpula azul del firmamento

cuando turba el torrente turbulento

con su angustiosa paz, la paz serena.


La celesta percute la armonía

de la desolación transfigurada

en estridente sombra luminosa.


La partitura junta noche y día,

infierno y paraíso. Y, acabada,

en sosiego el espíritu reposa.