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jueves, 6 de agosto de 2026

En Nolylandia


Wagner: El corno solitario

En Nolylandia 

Suena en la noche el corno solitario.
La bacanal del corazón engasta
los túneles que buscan en la luz 
crisoles para la clarividencia.
Tiene la soledad buscada paraísos
que los hombres ignoran.
Me he retirado al yermo, busco el pálpito
sereno y escondido de las cosas.
Recuerdo tu fulgor
y el aroma del tiempo
vivido entre tus brazos.
Goza el presente para que el mañana
se lleve solamente tu cadáver.
Todo aquello que sueña el corazón
existe en algún sitio
o acaba por crearse.
No hay otra luz más clara que el amor.
Te quiero entre verdades. 
                                                Ven.
                                                             Aquí
conocerás el orbe melodioso.


Premonición

  Unos versos finales


Tal vez ya no te escriba más poemas 
porque mi corazón no puede más
y quiere convertir en una espada
mi pluma para hundírmela en el pecho.
Tal vez digan de mí quienes me lean
que la vida no es solo una palabra,
y que no es tiempo ya de compararte
a las rosas, y menos ofrecerte
un racimo de versos,
porque murió ese mundo, aunque perduren
en mi mente y mi pluma sus jardines.
Tal vez debí morir sílaba a sílaba
en vez de convertirme en mausoleo.
Pero tú, que conoces cuanto he escrito,
sabes bien por qué vivo y por qué muero.

martes, 4 de agosto de 2026

El poema mejor, el relato mejor...


Shostakovich: Cuarteto 8, I

Todos los grandes textos tienen un factor común: hablan de lo esencial del hombre sin olvidarse de aliñarlo, para mejor saborearlo, con lo circunstancial, pero con la prevención de que esto último no desplace lo anterior, no canse con su prolijidad, sino que sea el justo condimento para hilar lo sustancial. Y lo esencial humano ha sido lo que es: el amor, el dolor, la existencia, la muerte; y sus intersecciones y sus variaciones: pasión, celos, poder, melancolía, redención, venganza, crimen... Sentimientos esquivos del sentimentalismo y troquelados por la reflexión sin desmesura. 
     ¿De qué nos hablan Los Karamazov, Hamlet... las grandes obras? Condensan en unas páginas el tiempo y el espacio, los caracteres, los comportamientos del espíritu y el cuerpo, los movimientos colectivos, las múltiples historias de la historia en una historia en la que se nos expone todo cuanto un hombre es o puede ser, sin que el anecdotario o el intelectualismo asfixien el tema. Esos temas tejen las vidas de los hombres, cultos e incultos, corteses y vulgares. Y nadie ama más a otro que a sí mismo, por muchos amores que tuviere. De modo que todos queremos vernos como somos y, mejor, como creemos que somos, visión que siempre resulta ser una imagen hermoseada de la que nos retrataría. 
     Por lo tanto: solo quien tiene un espejo ante sí puede reconocerse. Por eso toda escritura y arte constituyen una autobiografía síquica en la que los demás pueden reconocerse.
     Y en resolución: quien consigue fabricar el espejo adecuado hallará muchos que deseen contemplarse en él. 
     Ahora bien: Para vender espejos, ¿es lícito falsificarles su reflejo? 
     Hay que mostrar el rostro: la identidad. El lector solo es una perspectiva.

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domingo, 2 de agosto de 2026

Poemas en Akra Leuka, II - Esther Abellán

 

O. Esplá: Sinfonía Aitana

Autora de varios libros de poemas, Esther Abellán Rodes es animadora cultural, actriz, radiofonista, antóloga...  
He aquí un poema rupturista con los suyos anteriores, escrito sin contemplaciones para el lector, atento a su contundencia esencial y endecasílaba: como un contrarosario de anhelos y desengaños, el poema se desgrana desde una irracionalidad que va anexando los versos procedentes de un abismo confesional y palimpséstico del yo, una sucesión de imágenes de índole visionaria.
Si el poema de Maricarmen Sacristán (Pulsar) integraba en un amanecer unos haces de luz robados a las sombras, para cantar la existencia, este poema se disgrega en rayos hacinados desde la oscuridad, dando fe de la sombría naturaleza humana y esperando confluir en un retrato redentor. Aquel afrontaba el presente con determinación; este se enfrenta a él para disiparlo.


Desde la oscuridad
I
Un suicidio que nace transparente,
almíbar de siluetas y de carne,
huesos y piel desnuda, ser, no ser;
deidades que penetran en los ojos
y Zeus presente, cuerpo atropellado.
¡Yo no sé en qué nos hemos convertido!
Cúpula del futuro, la tormenta,
un paraíso roto por el hombre,
las pupilas que sangran el destierro.
Los cráneos emergen entre sombras
y otro mundo llega al amanecer.
II
La mañana sostiene un cuerpo lacio
entre jazmines ya recién cortados.
Por el paisaje reptan las serpientes 
y surgen las extrañas pesadillas
sobre los muros con su piel suave.
Nada despierta ya en el horizonte,
nada próximo a los acantilados.
Los cuerpos embalsaman las palabras 
y ahora todo gira sobre el mar,
deshabitada cúspide, pasado
de un hogar que intentó ser la semilla
en un suelo de amor tenebris lleno.
III
El futuro nos cierra los perímetros.
Los muros reverdecen en la arena
mientras crecen las balas y su impacto
en esta playa con su luz antigua. 
Tras un regusto ácido, el pasado
se esconde entre las sombras delirantes,
entre rostros sin nombre que se van
lejos de cincelados monumentos.
Yo pienso en un camino luminoso,
en insólitos sueños que recitan 
bajo la triste luz de las farolas.
Todo tiene el color de otro paisaje,
mis lágrimas esconden las historias 
que ya, distantes, no me pertenecen.


(de “Pasado en la boca” )

VER>>>

Poemas en Akra Leuka (M. Carmen Sacristán)

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Un ciudadano observa la política.


Malher: Sinfonía II, Resurrección (final)

Un estudiante observa a los políticos y no le gusta lo que ve; incluso algunos le parecen enemigos de la sociedad que representan. Mira a su alrededor y se pregunta: ¿Por qué, si todo el mundo quiere la riqueza, que es fruto de la educación, esta está tan descuidada? ¿Hay políticos justos y con perspectiva? 
     Se contesta que, desde luego, es necesario un sistema que nos obligue a convivir en paz, que ampare al bueno y que encarcele al malo, inexorablemente. También es cierto que tal sistema precisa unos gobernantes, y que quien quiere gobernar necesita mucha dedicación y mucho altruismo. 
     Y es aquí donde encuentra el primer fallo: porque la abnegación no es muy común. El hambre de poder es la peor de las enfermedades contagiosas, y el poder es de aquellos que prometen paraísos, pues todos los anhelan. Por eso advirtió Napoleón: ¿qué es un líder sino “un comerciante de esperanzas”? Y Heródoto escribió, aludiendo a la corrupción: “dadle el poder a un hombre virtuoso y pecará”. En tal sentido, Valèry anotó: “política es el arte de evitar que el ciudadano se preocupe de lo que le importa verdaderamente”. Y es que el poderoso, inmerso ya en su castillo, olvida las palabras de Montaigne: “Aunque subas al trono más alzado sobre tus posaderas seguirás sentado”. 
     ¿Cuándo será posible contradecir a Rousseau, que condena a la tribu social como asesina del instinto de solidaridad, y a Plauto, en aquello de que "el hombre es lobo para el hombre"? No parece tan difícil, teniendo en cuenta que en el llamado Siglo de Pericles existía apenas el uno por mil de nuestra población mundial de hoy, y aquellos hombres consiguieron una democracia cuya divisa se resume así: “puede participar cualquier persona que nos ayude a mejorarnos todos”.
     Tal vez siguiendo tal ejemplo, y contraviniendo la opinión platónica -que exiliaba del Estado a los soñadores y poetas-, Kennedy denunciaba en la política su creciente deshumanización: “si hubiera más políticos amantes de la utopía y más poetas políticos, lograríamos un lugar mejor para vivir”. 
     Solo encumbra la muchedumbre, y hoy, igual que siempre, triunfa la apariencia: el que hace más creíble su espectáculo, el político digno de los óscar. Hemos creado un mundo de disfraces, de corrupciones de la integridad. Y todo está perdido cuando el malo empieza a ser tomado como ejemplo y el bueno es una especie en extinción.

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sábado, 1 de agosto de 2026

La canonización del poetastro.,



Prokofiev: C piano. 3



Nacido en cualquier lugar y cualquier tiempo, el autor que traigo hoy existe también en Akra Leuka, con imnúmeros nombres de todos conocidos, incluso si los callan.
Y como la mejor publicidad que puede hacérsele a los impostores es el silencio, póngales nombre aquel que así lo quiera:

Oda a un falso poeta

Estupra los conceptos, ludibria la belleza,

regurgita palabros y rebuzna cadáveres:
necrofágiate en versos de prosa cotidiana.

Jamás te sinestesies, pronúnciate liróforo.

Ignora que realmente eres un ignorante.
Aprende la liturgia del aplauso sin méritos.

Arrímate a los ciegos, que son los que demuestran

su solidaridad con lo mediocre y frívolo,
virtudes esenciales de la gran multitud.

Sé digno de su herrumbre y agrúpate con ellos:

te seleccionarán para una antología
si has sabido esquivar la dignidad.

Si no, no existirás hasta que te hayas muerto

y los hijos de quienes preterieron tu nombre
prefieran preterir al que no se les rinda.

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