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martes, 7 de julio de 2026

Se fueron nuestros cuerpos.



Amar en otro cuerpo

Se fueron nuestros cuerpos, cada uno
buscando a cada uno en otro cuerpo
para encontrar consuelo y olvidarnos.
"Es ley de vida separarse, irse
por el propio camino", nos decíamos.
Pero no era verdad, nunca es verdad
que dos cuerpos que se aman con el alma
puedan hallar su alma en otros cuerpos.
Pueden clamar pasión, pero no amor.
No lo olvides jamás:
cuando te unes con el otro cuerpo
te estás uniendo al mío, como yo
sigo uniéndome al tuyo en otro cuerpo. 

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lunes, 6 de julio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XXXII) - Juan Ramón Torregrosa

Bach: El clave bien temperado 

Recojo dos poemas de los dos penúltimos libros de Juan Ramón Torregrosa.


1) El baile
Tal vez el lector, llevado por el juego verbal y versal, considere este primer poema frívolo y lo deseche como un coqueteo circunstancial; sin embargo, me parece que atañe a todos los lectores, puesto que el tratamiento del tema lo deviene esencial: de cómo el amor, esa música interior, perdura, física y memorialmente, transustanciado en el tiempo, melodía esta -el tiempo- que mata o resucita.
Los endecasílabos blancos, repartidos en cinco estrofas de cuatro, cuyos últimos versos asonantan en a-o, lirifican una estampa de amor en la que el recordador baila desde el "recuerdo vivo" de la música, que fue de uno y otro de los amantes tanto como de la presencia-ausencia (del "tuyo" y "mío", y "nuestra") emocional y rítmica, del beso que bailó y se fue de una boca hacia otra, hacia el ritmo de la disolución e independencia, hasta sonar para sí misma solamente (Hernández: "beso soy, sombra con sombra"), sin que nadie la baile porque el tiempo heridor separa cuerpos, alza murallas, deja nostalgia y miembros ya pulsados, mientras sigue el juego labial jugando a la siembra del verbo y recogida de los fragmentos de identidad del beso, en hábil trenza de enumeración caótica que ordena el clavecín bien temperado del ágil movimiento sensorial, de manera que el ritmo oncesílabo, el anaforismo, la paronomasia y la repetición, como un oleaje vaivenístico -digno del Barroco-, parecen sustituir la rima más tímbrica, de la que se prescinde por innecesaria o redundante. "Suena mía, la música.../  suena nuestra.../ suena..."). Al margen, o como lejana síntesis, el "Hoy estoy besando un beso", tal vez: el tañido de Salinas. 


EL BAILE 
                                        
Suena mía la música, si tuya, 
lejana y muda en el recuerdo vivo,
sílabas o saliva que humedecen
labios que dicen sí, que son besados.
Suena nuestra la música que mueve
tu cintura y mis manos interpretan,
cáliz tus labios, cálidos los huesos
por mí prendidos sin cesar girando.
Suena, no tuya, solo mía y muda,
la música lejana que mis dedos,
alas al aire tuyo aún prendidas,
un día en tu cintura interpretaron.
Suena no la saliva, sí las sílabas, 
la música que fue, los besos mudos,
suenan sordos los huesos, la cintura
huida, mis labios solos, no besados.
Suena ida sin ti, sin mí, la música,
suenan sílabas cálidas, aladas,
suenan labios, cintura, besos, huesos
enmudecidos, sin mi voz sonando.

2)
ALTAS, dueñas del cielo, las cigüeñas
contemplan impasibles las vencidas
casas deshabitadas y las vidas
que fluyen, angustiadas o risueñas,
por hondas calles. 
                                 Vienen desde lueñas
tierras y nos parecen, tan erguidas
en lo más alto y siempre en sí sumidas,
luz de las espadañas y las peñas.
¿Sueñan tal vez en sus celestes nidos
con regresar a tierras más al norte,
o son ya del paisaje y los tejados
permanente ornamento? 
                                           En sombra hundidos,
sin que a ellas poco o mucho les importe,
son otros los que emigran desolados.


INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

sábado, 4 de julio de 2026

No aconsejarás.


Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo. 
     A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos a este o al otro sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto... 
     Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.      
     Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
     Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
     Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).

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4 comentarios:


viernes, 3 de julio de 2026

Kumpleaños

                            Barber: Adagio

 Kumpleaños

Mira tu alrededor, el de la vida:
unos seres que aspiran como tú
a la alegría, a ser felices, a 
escapar de la muerte diariamente
sembrar nueva vida 
como un moldava inexorabe y pleno.
Quisieran no pensar en trascendencias, 
razonar con la piel, satisfacer 
sus mínimas querencias, dar
felicidad a cuantos les rodean.
Sienten las sutilezas metafísicas
girar dentro de sí, subir montañas 
del cielo y de la tierra, huir de infiernos,
cantar, soñar con realidades
satisfechas, amarse, 
abrazarse a sí mismos al amar 
a los otros porque todos son uno.
¿Qué necesitas para hacerlo sino 
hacerlo?
No permitas que un dios les dé consuelo
porque serán esclavos de los dioses.
Muéstrales cómo alzarse de la tierra 
y la carne del hombre. 
Será entonces cuando desde sí mismos
se levanten.


jueves, 2 de julio de 2026

La derrota del viaje hacia la paz.


Holts / Mackerras: Marte, el dios de la guerra

Contemplando los siglos observamos que hay dos impulsos sicológicos y dos fuerzas sociales que se disputan el concepto de existencia colectiva: 1) Era común entre los egipcios atenerse exclusivamente a lo establecido, rechazando cualquier innovación en las costumbres (por eso Akenatón, que quiso gobernar con más amplias miras, proponiendo el monoteísmo y que Nefertiti fuese la primera mujer monarca, fue postergado). 2) Por el contrario, era igualmente común entre los griegos practicar nuevos modos, huyendo del estancamiento en lo ya experimentado. 
     Pudiera decirse, simplificando, que Egipto representa el primer gran absolutismo inmovilista, y que Grecia es el prototipo de la búsqueda de un equilibrio entre pueblo y Estado para hallar una fórmula concluyente en que el Estado es el pueblo. Hoy hablaríamos de reaccionarios y progresistas, derechas e izquierdas, y ambas tendencias tienen en Egipto y Grecia sus orígenes.
     La historia del mundo es el resultado del enfrentamiento de esas dos actitudes; y aunque la mirada egipcia, predominante hasta hace poco, vaya siendo relegada por la visión griega, la verdad es que las democracias actuales tienen mucho de dictaduras disfrazadas. Quizá por la pérdida, descomposición o alteración desorientada de lo que Confucio llama “las raíces de la humanidad”, que son la familia, la fraternidad y el respeto a cuantos nos rodean, bases de la buena convivencia. 
     Tal vez el fracaso de la sociedad como viaje hacia la paz y el bienestar solidarios es lo que llevó a Buda, por ejemplo, a desentenderse de la vida social y a buscar la sonrisa feliz en el propio corazón, enseñando a no desear nada del mundo. Desprecio semejante, y amor semejante, predicaría después Jesucristo. Y sin embargo, como más tarde Rousseau, todos sostuvieron la bondad innata del hombre, al que la colectividad convierte una y otra vez en lobo de sí mismo y para los demás, según la sentencia de Plauto universalizada por Hobbes
     El mundo no tiene solución, viene a decir Don Quijote cuando se decide a dejarse “morir, sin más ni más”; y, por eso, mal que le pese a la existencia, los mejores años de Robinson Crusoe son los que pasó en su isla solitaria, lejos del mundanal bullicio, donde querían estar Horacio, Fray Luis y tantos otros, incluso el sabio Edmund Gwenn, fugitivo en “Calabuch” (Berlanga, 1956). No es extraño, pero sí terrible, que Shopenhauer propusiera como única forma de vivir con algún sosiego la consistente en “matar la voluntad de vivir”, regresando al budismo y al evangelio, que suponen una gran bofetada a la política y sugieren que el hombre, en verdad, solo es, como quería Aristóteles, un “animal político” porque necesita defenderse de los otros animales llamados hombres. Y no es casualidad que los héroes magisteriales sean capitanes armados que han impuesto un orden convivencial por la fuerza: Alejandro, Napoleón y otros estrategas que dieron a su inteligencia la forma de una espada.

G. Bellod
     3.000 años de guerras han creado un sustrato social de violencia del que es difícil escapar, a menos que surjan muchos Gandhi en cada país. La guerra siempre ha sido “santa”, tanto para Mahoma como para los cruzados, Hitler o Kennedy: porque lo contrario de ganar es ser un perdedor, cosa socialmente despreciable. El hombre, a su pesar, ha hecho de la violencia una forma de vida, un método de supervivencia. Somos guerreros cinegéticos, belicosos vestigios de un pasado que parece inserto en los genes y que la razón aún no ha conseguido erradicar. 
     Con esos antecedentes parece tristemente lógico que las ideologías se enfrenten en vez de compartir, que los parlamentarios disputen en vez de conversar, y que las circunstancias adecuadas -casi siempre, contrariedades a nuestro egoísmo- enciendan la espita y estalle la bomba interior que salpica, en forma de malos tratos, a quienes nos rodean: hijos, esposa, vecinos...
     Una esperanza queda: puesto que somos buenos por naturaleza, bastaría con no torcer esta para que en una sola generación el mundo fuese otro. Pero al niño no lo enseñan niños con genuinidad o inocencia adulta, sino hombres que adulteran su infancia en cuanto tienen conciencia de que el tiempo es definitivamente oro que hay que convertir en dólares o euros cuanto antes: y esa prisa hace olvidar la sensatez en el camino, crea agresividad, transforma a todos en competidores y enemigos, desata la violencia, no respeta familias, ni instituciones, ni éticas, ni leyes, ni castigos. 
     Todo en el mundo es guerra, afirmaba ya Heráclito. Y Einstein: "Ganaremos la guerra, pero perderemos la paz".
  

miércoles, 1 de julio de 2026

Palinodia

                             Palinodia


Cuando ya nada tengas que decir, 

busca el silencio de la soledad. 

Y en su serena estancia,

vencido el desengaño y su dolor,

reconoce que el tiempo no preserva 

más que algunas palabras,

y al mundo no le importa lo que fuiste.

Sal al campo, contempla aves y flores,

la mañana y la noche

que la pluma no supo recrear.

Toca la lluvia como hermosa tinta

que escribe su creación sobre la tierra.

Abraza al ser amado

entre albas y crepúsculos.

Solo vale vivir, y la escritura, 

aun queriendo dar fe de los sentidos,

es la suplantación de la existencia.