Prokofief: Romeo y Julieta (danza de los caballeros)
Todas las amadas * del mundo nostalgian a su amado cuando son olvidadas, y darían 100 años por cumplir solo 15; mueren cada mañana cuando saben que nacen para ser contempladas por espejos verdugos. En sus ojos sus lágrimas parecen el rocío y el latido del pecho aldabas al amor. Los besos son fantasmas en sus labios ansiosos, los pájaros semejan campanas aurorales y el universo estalla cual si Luzbel pudiera hacer que la belleza no acabase jamás. No quisieran morir antes de que un juglar tallase en un poema la carne que fue amada y la lepra del tiempo marchitó. Todas las amadas del mundo son emblemas de la fugacidad de la existencia.
(*) En otras versiones, donde dice "amadas" dice amantes, com la consecuente adecuación de las palabras que le afectan.
¿Quién no ha sentido, siquiera ocasionalmente, esa otra dimensión a la que nos lleva un paisaje, una música, un beso? Se estremece la carne y contemplamos la invisibilidad. Todo se transfigura.
El cuerpo humano se rige por el ritmo, la pulsación, el bombeo de la sangre, la repetición de la sinapsis, el reptar eléctrico del cerebro, la mente pentagrámica con su intrépido acento. Somos el baile de la música.
También la Naturaleza es una revolución en ritmos, ciclos, manantiales, mares, cuerpos celestes, un oleaje de sinfonías y correspondencias baudailerianas, una música de las esferas menos audible que demiúrgica de la armoniosa configuración definitiva. Somos la música carnal, sideral, mineral...
2)
Siendo la música quintaesencia central del sentimiento y su inefabilidad, ¿cómo se desprende el poema del rítmico latir del silabeo métrico, punta del iceberg de la cadencia cósmica? ¿Hay otra música que nace sin cómputo versal, de la reiteración, del espejismo sugerido? Ya lo he dicho: ¿Acaso el clasicismo es un arcaísmo? Sin embargo, ¿quién alzará la flamígera espada ante este texto de PilarBlanco Díaz? ¿Es vida o solo literatura? ¿Es libertad o libertinaje el de su dicción? ¿Es verso libre, prosa esquiva del prosaísmo, aguacates azules ensartados, relámpagos del soyme ...? ¿Se fundamenta, por ejemplo, en la inexánime ofrenda de contrarios (pájaros cautivos-jaulas boquiabiertas, soledad donde no cabe la soledad, imágenes negras-estertores blancos, presagios-abortos de la luz, calma-ebriedades..., la memoria inventariando lo que no ocurrió o lo que ocurrirá, el adiós a un aullido o el abrazo a un vagido, un poema sobre el fulgor que no encuentra palabras para expresar el fulgor...? El lector común tal vez dijera, si hubiese de expresar semejante experiencia síquica: *Estoy hecho un lío entre la vida que fui y la muerte que seré*. Otro diría, más audaz: "He regresado, pero ha desaparecido el lugar"... Pero no: el lector común no sentiría semejante sensación porque no posee similar sensitividad, ni lee para encontrar-se sino para perderse en la lectura.
Qué fácil resulta descalificar cualquier escrito que no se rinde al canon, y a quien dice que esto o aquello, canónico o no, no es poesía -o sí- por mucho poema -o no- que sea o se le llame.
¿Y qué? ¿Quién negará a este texto los destellos de su oscuridad y de su abismo, el temblor tan cotidiano de quien necesita desposeerse y poseerse, y se autoexorciza con la pluma -el pincel, el pentagrama...-? ¿Quién lo desterrará si ayuda a desensimismarse y salir del laberinto a cualquier hamlet -masculino o femenino-? Al fin, lo que se concluye en el texto es la necesidad íntima de abandonar el planto para habitar en el canto: "no más la rosa enferma indecisa entre el perfume y la muerte". Porque la poesía "nutre" el tiempo con su bálsamo, lo "entibia" -la vida- con su melancolía; y la lucha por la ausencia epicúrea de dolor ya es un himno arrancado a la acechante elegía: una resiliencia.
DENTRO DEL FRÍO Soy isla que avanza sostenida por la muerte. Blanca Varela
Nunca sentirás frío. Subir es solo altura, cortante inmensidad. Construir la plenitud sobre el desconsuelo hecho alas y escombros para no olvidar nunca lo fértil del dolor, sustrato de la vida. La memoria se asienta sobre el frío, arrecia sus tentáculos, escarcha el aguamarga y estremece los dedos de intemperie. La memoria es belleza, dinteles y zaguanes, lejanía; dardo de luz y helor. La memoria es triste como el olvido de los que nos amaron. Como el miedo de los que se desvelan azotados de noche. Como la felicidad cobarde de los que nunca arriesgan su equilibrio y ven con manos yertas cómo muere la flor y su aroma se extingue. La esperanza es una fruta madura. El poema es una fruta. Los ojos del corazón la maduran y prueban. Su dulzura en los labios. Para huida hay palabras. Para frío hay palabras. Para aniquilación hay versos, muerte de versos. Para lo que no existe la palabra exacta es para fulgor, su vacío que alumbra crueldad. En el alambique de los ojos se destilan las imágenes negras, los estertores blancos, presagios o abortos de la luz. Se destilan hasta la consunción los límites del exceso, la hojarasca baldía, los huesos de los pájaros cautivos en jaulas boquiabiertas, en tanta estremecida soledad donde no cabe la soledad. Donde la poesía nutre las horas con su bálsamo, las entibia con su melancolía, muta a sus fieles en concelebrantes de un rito antiguo, hermoso, contagiador de calma y ebriedades. No más la rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte. Su belleza prisionera sabe bien de elección. Los cauces de la noche fluyen hacia el rescate del olvido. Volverán sin memoria. Viajeros de un mar donde el miedo no cabe ni se añora. Mar de todas las pérdidas y todos los encuentros. Mar del amor y de las sombras, de la miel oscura, de los pezones azulando la tarde. Mar que conduce hacia el agua inmóvil de la vejez. Donde no hay frío, nunca frío. Solo altura y el mar. Ese mar que respira dentro de los ojos, gaviota, blancura inerte, monstruo dormido entre las sábanas de la inocencia. Mar que respira, respira... (De Mis manos entre las llamas)
Al día siguiente de lo que ya se dio noticia AQUÍ, el profesor repartió unas fotocopias
entre los alumnos, pidió que las leyeran y preguntó si sus contenidos les
recordaban algo; ante su negativa, siguió diciendo:
- Tenéis razón:
lo que han leído Paula y Pedro no son más que números y nombres aislados,
fechas que de poco sirven si no se integran en un todo que ayude a comprender
el paso de los hombres por la Historia y, como consecuencia, contribuya a
prevenir nuestro futuro. El saber sí ocupa lugar: el que desplaza para otros
saberes más significativos. La memoria retiene aquello que le importa.
Relacionemos esas fechas y sepamos si nos interesan hoy:
-Grecia, 480 a. C.; Mar Jónico, 1571
d. C. ¿Qué hubiera sido de Occidente si en Termópilas 300
soldados (cierto que ayudados por otro millar de guerreros no
espartanos) no se hubiesen sacrificado hasta morir bajo las armas de unos
300.000 persas? ¿Y si en Lepanto no se hubiera detenido al imperio turco?
¿Qué aprendizaje podemos extraer de esos dos hechos paralelos en sus
fines? ¿Cuál sería nuestro primer paradigma o icono de la lucha por la
libertad? ¿Seríamos todos hijos de Oriente, deZarathustra, deMahoma?
-Palestina, 33 d. C.; Alemania,
1839. ¿Qué hubiese sido de Occidente si aquel generador de historias
llamadoJudashubiera desertado de su destino de
traidor, y el higiénico Pilatoshubiese
condenado aBarrabás?
¿Cómo hubieran sido las vidas de billones de cristianos sin unCristoal que adorar y por el que
morir, sin circos con fiera y gladiador, sin papas y sin santos, y sin
inquisiciones...? ¿Habría venido igualmente otroLutero? ¿Se hubiera propagado
de igual modo la liturgia católica si Mendelsohn, a sus 20 años, no
hubiese descubierto aBach, tras
un siglo de olvido, y glorificado laPasión
según san Mateocomo signo de
culto? ¿Seríamos más dichosos sin el cristianismo eclesiástico?
-Cuenca del Amazonas, 1492.
Cierto que Colón cometió un error de cálculo. Pero quizá llevaríamos
siglos de retraso si no hubiera entrevisto, visionario, el mar como un
camino para llegar a otras tierras. ¿Cuándo habría nacido un Lincolnlibertario, por ejemplo?
- Para no
cansaros: La Historia no es un cementerio del pasado, sino una ciudad en
la que viven ejércitos de hombres, mujeres y hechos que nos indican el
camino. Hay que conocer ese camino para aprender de él y no tropezar de
nuevo en la misma piedra. He aquí un ejemplo ejemplar:
- Moscú,
1812; Stalingrado, 1943. Afortunadamente,Hitler, por no conocer la
campaña deNapoleóncontra Rusia, cometió el mismo
error de este y sucumbió ante la fría emboscada de la nieve. Si no, ¿sería
nuestro presente un tiempo nazi? ¿No nos enseña este hecho que cada
decisión que tomamos debe ser producto de la meditación y esta se nutre del
conocimiento? ¿Que no hay mejor estrategia que la de la lógica implacable?
Lo más doloroso del fracaso de la educación
no es, con ser mucho, que la sociedad sea cada vez más violenta, insensible e
insolidaria, sino que cada día nacen miles de niños predestinados a sufrir un
analfabetismo cultural y humano, y que, por ello, jamás tendrán acceso a la
sana convivencia, a la sensibilidad del humanitarismo y a los bienestares del
conocimiento. El mundo ha decidido progresar hacia afuera y no hacia adentro,
puesto que prefiere correr tras el dinero a caminar hasta el íntimo equilibrio.
Malvive el presente y sueña el mañana sin haber aprendido las moralejas del
pasado. Huye de la Historia, la Filosofía, la Literatura y las artes, y
disculpa su huida con la autoengañosa coartada de que la tecnología bien merece
el nombre de nueva ciencia divina a la que hay que dedicar toda atención.
Sin embargo,
caiga aquí la sentencia de Einstein: La ciencia puede salvar tu
vida, pero no enseñarte a vivirla. Eso queda para las letras.
Porque solo
aprendemos sin error de las experiencias propias contrastadas y confirmadas con
las ajenas universales; y estas están en los libros, desterrados hace ya mucho
tiempo, para vergüenza de todos, en las bibliotecas, esos lugares hermosamente
íntimos y públicos por los que apenas unos pocos ciudadanos, más consumidores
de revistas que de libros sabios, suelen hacer turismo.
Lo cierto es que la prisa por
llegar a cualquier sitio que nos haga olvidar el vacío interior, llenándolo con
urgentes frivolidades, impide la lectura nutricia de la mente, el
enriquecimiento de la percepción, la solidaridad del corazón consigo mismo y
con los otros. Y no obstante, abrir el libro idóneo es entrar en la consulta
del especialista necesario para nuestras desorientaciones cotidianas, es
escuchar el consejo del mejor consejero y hallar no solo una momentánea
solución, sino la imprescindible comprensión satisfactoria. Cuántos hombres y
mujeres se comprenderían a sí mismos y solucionarían sus problemas si supieran
que lo que les ocurre está ya descrito, diagnosticado y resuelto en tantas
autobiografías, por ejemplo, en tantas vivencias de otros que, de haberlas
conocido, nos hubieran evitado tropezar en la misma piedra.
Los libros son
el verdadero patrimonio de la humanidad, aunque no sean los lugares más
visitados. Y parece mentira que en una sociedad en la que el tiempo es oro se
desperdicie el oro de los libros y una mayoría ciudadana se dedique a matar el
tiempo en vez de vivirlo plenamente, enriqueciendo sus criterios tras buscar y
hallar el talismán verbal o el pensamiento mágico que nos haga entender que la
felicidad es un oasis cuyas aguas no se compran con dinero, sino con respuestas
a nuestras preguntas de insatisfechas criaturas de esta vida.