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jueves, 23 de abril de 2026

Don Quijote Cervantes Saavedra

                                R Strauss: Don Quijote


Don Quijote Cervantes Saavedra


Dícese que la experiencia da la sabiduría. Tal vez por eso algunas grandes obras han sido creadas por hombres sazonados por la edad, como lo muestran Dostoieski, Defoe, Rembrant o Bach. Cervantes es un nombre tan universal como los citados y, por eso, además del genio imprescindible para la creación, tal vez sea Don Quijote una de las obras más reconocidas -y menos conocidas del lector común- por los talentos de la Historia.

Realmente, poco importa la edad a la que se escribe un libro, si este significa un hito para la humanidad. Ahí tenemos La Celestina, al parecer escrita por un joven que sabía tanto del vivir como cualquier hombre maduro. Lo que sí interesa es lo que una obra descubre sobre el ser humano y sus circunstancias, y cuánto aporta a la experiencia colectiva al dotar a sus contenidos, personajes o ideas tanta vida, y de mayor enjundia, como la de quien lee, de tal modo que, cuando acaba la lectura, el lector ha cumplido intelectualmente varias décadas más. Y esto es lo que ocurre con la ficción real de Alonso Quijano El Bueno: las disquisiciones cervantinas en torno a los hechos de su alterego hacen que, como se dice en el “Prólogo”, quien las conoce salga más rico, pues “el melancólico se mueve a risa, el risueño la acrecienta, el simple no se enfada, el discreto se admira de la invención, el grave no la desprecia, ni el prudente deja de alabarla”; de tal manera que el tesoro encontrado en esas páginas es el mayor que pueda hallarse en una de esas pequeñas grandes islas que llamamos libro y que salva de tanto naufragio a cuantos a ellas se dirigen. 

Fue Cervantes tan admirable que consiguió convertir en utopías las desventuras que sufrió. Su clarividencia y acierto consisten en constatar el más diestro método de conocimiento: el de mostrar mediante el humor la tragedia de la existencia: que el mayor sueño del hombre, que es establecer la justicia, es imposible; y que quien no sueña muere sin haber vivido de verdad. ¿Cuál era el sueño, o la “locura” de Don Quijote? ¿Por qué lo sufría todo con paciencia? Seguramente en ningún episodio se ve tan claro el destino que quiere para sí mismo como cuando, pensando simplemente en un mundo en paz, dice: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos en los que todo era de todos y no existían las palabras “tuyo” y “mío”. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia. No existía la maldad. Pero olvidóse el bien y vinieron los males. Y por eso yo soy defensor del inocente” (I, 11).

Como todo ser humano, Don Quijote tampoco pudo vencer al Caballero de la Muerte; y murió. Pero antes soñó y practicó su sueño: y es ese soñador actuante el que lleva vivo cuatrocientos años. Como esta, muchas interpretaciones pueden hacerse de Don Quijote: en un extremo está la del hombre que inventa un mundo para sustituir la realidad que no le agrada; en otro, el hombre que lucha por el hombre sin importarle lo que los hombres piensen. Pero incluso esos extremos se tocan para complementarse en el núcleo temático de la generosa solidaridad universal.

Suele decirse que Cervantes es el más genial novelista. Tampoco importa si lo proclaman sólo los españoles o también los extranjeros. Lo que sí importa es que El Quijote es una de esas obras fundamentales que ayudan a comprender la cuestión más difícil para el hombre: la existencia. ¿Cuántos hombres han sido determinados por la obra de un solo hombre? La cantidad de músicos, dramaturgos, cineastas, pintores, dibujantes y escritores es innumerable. No se equivocaba Stendhal cuando afirmó que “el descubrimiento de este libro fue el acontecimiento más importante en mi vida”, afirmación aplicable a tantos otros. ¿Pues qué mayor solidaridad para con la vida de cualquier hombre que ofrecerle cuanto hemos aprendido de la nuestra?

En un breve quijote apócrifo del siglo pasado, apenas conocido por inédito, pero del que se citan algunos fragmentos, leemos comentarios que pretenden homenajear a su creador. He aquí tres. Dice Sancho Panza: “Que piensen lo que quieran de mi amo. Yo compartí sus días y puedo afirmar que no ha habido, hubo ni habrá hombre más cuerdo y más honesto que mi señor Don Quijote”. Y Dulcinea: “Era yo la más de las tristes triste; y puedo decir ahora que soy la más afortunada entre las mujeres, pues nadie fue tan amada como yo por alguien tan amante como Don Alonso”. Y el mismísimo Cervantes: “Unos dejan dinero y haciendas a sus hijos. Yo he creído que no hay mejor herencia que mostrar la bondad incluso en un mundo que la desprecia para no reconocer que es egoísta. Llamadme Don Quijote”. 

Manuela García Gómez: Sobre Antonio Gracia

Todo en él es poesía 

           

Buenas tardes. Os damos la bienvenida al acto homenaje al escritor Antonio Gracia con el título Escribivir. Teatro Expresión de Orihuela da las gracias a la directora de la Biblioteca Fernando de Loazes, Pepi Ors, a todo su equipo técnico y al director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, por facilitar los medios para la celebración del homenaje, dentro de los encuentros literarios de la primavera hernandiana en este abril de 2026, durante la semana dedicada a los libros. 


“Un cuadro es un poema que nos mira. Un poema es un texto que nos calla. La música es un ruido que nos oye. El arte, en fin, es un poema que nos canta con imágenes físicas o psíquicas. No nos interesa el arte porque es arte, sino porque además, y sobre todo, el arte de averiguar al hombre, la mágica manera de poner los nombres exactos a la vida, la irrenunciable forma de hallarle geometría a la existencia.) Crear, ser artista es introducirse en sí mimo tan al fondo de nosotros que tocamos al otro, que nos convertimos en él, y por eso nos siente a fuerza de ofrecerle nuestro yo. Cuando esto ocurre el arte permanece porque un cuadro no lo ha pintado un pintor, sino un hombre cargado con todo el atavismo de la humanidad, descifrándose a sí mismo. El arte es el único cordón umbilical que une al hombre con su pasado y su futuro. El hombre no existe, existe el arte. El hombre es el arte”. 

La búsqueda infinita. Sobre Guillermo Bellod



Antonio Gracia se define a sí mismo con estas palabras: “De niño quería (…) formarme en un mundo en el que yo fuese como un dios (…(*). Quería elevar un templo, pero había construido un mausoleo, un laberinto, y me había apresado en él como un desaforado Minotauro. Destruirlo era destruirme; …Y me encontré el Silencio. Pasé de un infierno a otro.” 

Experiencias, sucesos de cada día, pequeños acontecimientos van dando sentido a ese despertar a la vida. Palabras nuevas venían a la mente del autor.  Sansatanás -que es como se llamaba a sí mismo- ocupaba un espacio y un tiempo de vida en pugna continua con su deseo más íntimo y su realidad. Le gustaba jugar trágicamente con aquel nombre de arcángel castigado en el abismo del infierno. Lo observaba todo con sorpresa, se preguntaba por todo, arrastraba tristeza en su mochila y nunca perdió la esperanza. En aquella infancia de pan y chocolate descubría aventuras y desventuras en un mundo de mujeres y hombres protagonistas de películas en la sesión doble del Oratorio Festivo de San Miguel. 

En plena adolescencia leía y leía y no dejaba de escribir. Pasaba muchas horas en la biblioteca Fernando de Loazes conociendo a los clásicos del Siglo de Oro. Entre los estantes repletos de libros de la antigua biblioteca en el Palacio de Tudemir pasaba la tarde leyendo, y miraba de reojo la escultura de la Diablesa de Nicolás de Bussy. En ocasiones compraba libros de segunda mano a aquel hombre que ponía su puesto frente al casino oriolano. Creció entre lecturas de grandes escritores. Sentado en un banco de la glorieta Gabriel Miró, y bajo un magnolio, anotaba en un cuaderno todo aquello que bullía en su interior. Dicen las gentes de aquel tiempo que guarda aquellos versos valientes, movido por una mística heterodoxa desbordante, en los que se preguntaba por lo divino y lo humano. 

Se marchó a Salamanca, y luego sería catedrático de literatura. Recorrió en autoestop mil caminos españoles. La música siempre acompañó el ritmo de su vida mientras leía y escribía. Como un eremita dejaba fluir sus ideas que muchas veces le llevaban a la autodestrucción. La irreverencia religiosa, el atrevimiento expresivo y el criterio polémico son rasgos del autor. Sufrió represalias por parte de los poderes fácticos de Orihuela y del extranjero. Fue premiado en muchos concursos literarios nacionales e internacionales, entre otros el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana y en dos ocasiones el premio Gabriel Sijé. No renunció nunca a sus escritos. Defendió cuanto hacía. Fue admirado por rebelde y al mismo tiempo denostado. Le consideraban el escritor maldito. Dice Antonio: “por educación respiré la atmósfera cristiana; por inconformista y vitalista, me repugnaba esa tenaza. Muchos de mis escritos son rompimientos de esas cárceles, chirridos de los fantasmas que siempre quedan en los castillos de la infancia”. Él siguió escribiendo y publicando. Mantuvo su actitud de rebeldía como necesidad vital. 

  Aquel hombre, después de una fuerte crisis existencial, encontró un estilo propio y escribía al amor, a la vida, a la muerte. No le gustaba el mundo, lo cuestionaba todo, dudaba de todo, lo criticaba todo. Bajó a los infiernos como los grandes autores de la literatura buscando su verdad. El vértigo, la angustia vital y la depresión lo inundaron todo. El erotismo, la pasión, la sensualidad, la metamorfosis de los grandes mitos brotaban en sus escritos continuamente. Resurgió de sus cenizas y se encontró entre los versos la urdimbre de imágenes, metáforas y palabras hermosas cargadas con su verdad más profunda. Encontró su ritmo interior y construyó el armazón de su poética publicando bellos poemas. He aquí un fragmento de La belleza del monstruo del libro Lejos de toda furia.


            ¿Por qué me llamas, di, fantasma enamorado?

            ¿No puedes olvidarme como yo no te olvido?

            ¿Por qué quieres hacer de mi cuerpo tu tumba

            sino porque yo hice de tu muerte mi vida?


Y de Fragmentos de inmensidad este otro poema La fuente en la ceniza:


Amo el temblor rosado de tu boca

y el crepúsculo azul de tu mirada.

Amo la luz carnal que te ilumina

cuando te arrojas como un puma alegre

sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.

Amo el sudor de miel que nos lubrica

y la erosión constante de la piel.

Amo tu desenfreno y mi arrebato

cuando, tendida, te abres como un libro

y esplendes como un saurio.

Amo tu lasitud y mi abandono

tras el fulgor robado a las estrellas.

Amo la ardiente búsqueda infinita

que late en nuestros sexos.


En 1976, Antonio, asistió al ensayo del grupo de Teatro Expresión. Autorizó la representación de los versos dedicados a su padre con el título “Casi un poema” incluido en la Antología de poetas oriolanos de José Guillén García. Alabó el trabajo escénico realizado en el recital Somos un pueblo que sueña creado por Atanasio Die Marín. El contacto con aquel hombre misterioso, respetuoso y sabio creció con el tiempo. Todos celebramos sus premios, conferencias, reconocimientos en universidades nacionales y extranjeras, la publicación de sus libros... Son muchos los defensores y otros tantos los detractores de su persona y de su obra. Es un hombre heterodoxo e irreverente en ocasiones, en otras iluminado, transgresor, maldito, incluso “hereje”. Es fiel a su identidad y manera de sentir, pensar y hacer; sigue aportando su verdad, honestidad y belleza en sus artículos, cuentos y poemas, tomando como motivo de reflexión las diferentes manifestaciones del arte.

 

Marisol González Felip dice de Antonio Gracia: “Nos hallamos ante una voz extraordinariamente transparente, con un oficio poético bien forjado, que es capaz de comunicarnos un microcosmos en el que, desde un principio, nos reconocemos y nos autoubicamos.” 


Este hombre constante, audaz, generoso, con gran sentido del humor, que se dice “no-poeta”, nos deja un legado importantísimo en revistas especializadas, en clases magistrales, en conferencias, en entrevistas, en su extensa obra publicada y en su blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte. Hoy tomamos prestados retazos de su vida y de su poesía para acercarnos a su extensa obra. Antonio, como cuando era un niño, sigue escribiendo y regalando su pasión por el arte, la literatura, la música, el cine y la pintura en su mundo virtual con más de 5.000 páginas. Termino mi presentación con “Demostratio” versos de Lejos de toda furia:

 

            Si hubiera de buscar algún consuelo

            para este mundo en el que todo muere,

            lo hallaría en tus ojos constelados

            y en las fértiles obras de la pluma,

            el pentagrama y el pincel;

            cuatro milagros: prueba suficiente

            para que el hombre acepte la existencia

            de un Dios imponderable.     


Damos paso al grupo Teatro Expresión de Orihuela con una lectura dramatizada de El entremés de los sabios, versos entresacado de La lección inaugural impartida por Antonio Gracia en la Universidad de Zaragoza. Finalizado el acto se hará entrega del cuadernillo: Antonio Gracia – Escribivir, publicado por la Biblioteca Fernando de Loazes.


(*) Insiste en ello en Los ojos de la metáfora: "... crea un lenguaje, / Inventa un mundo donde ser un dios".

        Manuela García Gómez                                    


miércoles, 22 de abril de 2026

Miguel Ruiz Martínez: Decir unas palabras sobre Antonio Gracia

Decir unas palabras sobre Antonio Gracia (Homenaje, 1)



Decir unas palabras sobre Antonio. Pues claro que sí. Son las once. De la noche. Y me pongo a pensar. Repaso mis recuerdos y el presente de una amistad duradera en el tiempo. Siempre el tiempo. Recapitulación de flash-backs. Espigo entre brumas de las borias del pasado. En la memoria, muchas estampas. Y me acuerdo, verbigracia:


-De cuando Antonio sacó su biblioteca al jardín de su bungaló en los tiempos de su estancia en San Vicente del Raspeig: libros bajo los árboles, libros en la cocina al aire libre, libros sobre una vieja mesa, sobre las sillas. Libros con polvo de estrellas. Libros alimentándose de malvas, espiguillas, lizones, cerrajones. Pasta de papel, tinta negra, que se nutren de la savia de las hermanas plantas. Como en la Comuna de París, las obras de arte, a la calle, bajo las estrellas, en el cruce de los caminos.


-De cuando pasamos, hace más de medio siglo por el Sistema Central, era verano, julio creo, dirección Norte-Sur, haciendo auto-stop y nos encontramos a un lugareño tirando del ronzal de un burro, cantando aquel cantar que a buen seguro recuerda Antonio, y que decía: “María, si vas al baile / y te preguntan por mí, / diles que estoy en el cielo / por un beso que te di”. Cuatro versos  populares perfectamente medidos y rimados.


-De cuando vimos en Salamanca a un Miguel de Unamuno en bronce atormentado por un escultor, el padre que lo parió, después de ver una rana croando encima de una calavera, tras una excursión por la ribera derecha del Tormes al atardecer, creo que Oniria pasó en una barca. Esa misma tarde, al oscurecer, hicimos un detenido examen de los cuernos del toro de la puente.


-De cuando, tras lecturas voraces, y visiones de estampicas de santas griegas desnudas, nos dedicábamos, en grupo, en sesiones de historia del arte, a admirar a nuestra querida diablesa en esta Biblioteca Fernando de Loazes que nos acoge hoy, cuando su domicilio era el palacio de Teodomiro. En aquellos años de la época prodigiosa que, como de todos es sabido, fue la de los años sesenta. La Diablesa, condenada eternamente a comer la manzana de espaldas a la pared llena de libros, las tetas sulfurosas al aire.


-De cuando fuimos a Murcia a la calle Trapería de Murcia a comprar una guitarra que sonase bien. Recuerdo que antes de llegar paramos más o menos frente al Raal, antes de llegar a la Santomera de don Jeromillo, patria de los cordiales y de las morcillas de cebolla.


-De cuando hicimos noche en Granada, tras una etapa de nuestro periplo nacional y nos salió el sol en los jardines de la Alhambra, ante la sorpresa de los cipreses y los leones.


-De cuando Antonio, Vicente y Miguel discutían plácidamente de la importancia de Los Beatles, de los Rolling Stones y de Antonio Molina en una cafetería de la Glorieta, el Alfín creo que llamaba, en una mesa al pie del monumento a Gabriel Miró, testigo mudo de la escena. Por cierto, muy cerca estaba el banco desde donde don Magín de Oleza vio pasar a Purita hacia la estación del tren, para irse y no volver nunca jamás.


Pero no sólo de memoria vive el hombre. Cojo un libro de Antonio Gracia. El libro es su penúltimo trabajo, En nombre de la luz. Trabajo prodigioso al que le he dedicado cinco artículos cuyo título enumero: “Sobre el laberinto estelar”, “Comprended que cantar es el camino”, “La inmensidad de Antonio Gracia”, “Alrededor de una estatua carminícola sentada junto al mar”, “En busca de la luz, buscando a Oniria”. Artículos para un libro que se está gestando, amenazo.


Y me voy camino del “Prólogo” de Ángel Luis Prieto de Paula. Al final de su reflexión dice que tras la resurrección poética de 1998 (la de Antonio Gracia), sus libros “hacen girar el tórculo para imprimir a sangre un dolor que siempre está ahí, como el buitre de Prometeo, pero que procura disolverse en contemplación, aceptación y arte.”


Esta mañana, la de hoy, 21 de abril de 2026, oh prodigio, ha amanecido. La luz, el sol, la comba del cielo azul. Y de pronto, un regalo a las ocho de la mañana: en el blog de Antonio que se llama Mientras mi vida fluye hacia la muerte, aparece a pleno día su “Trayecto hacia la luz”, con la banda musical de la Suite nº 3 de Bach. Dos partes tiene su Trayecto: la primera, “Huyendo del infierno”, en que habla, entre otras cosas, de su “glotonería lectora”, y la segunda parte, “Hacia la luz”. En esta última constata el poeta su “voluntad de vivir.”


Y es que Antonio es así. 


Muchas gracias, Antonio, por tu trabajo.


martes, 21 de abril de 2026

Antonio Gracia - Últimas voluntades de Cervantes - Teatro Expresión

Voz: José Vicente Sebastián


Últimas voluntades de Cervantes



Los muchos años y la enfermedad

mi corazón golpean, y mi mente

debilitada yace, sin la fuerza

con la que defendía su rigor

de huir de la impostura mundariega,

aquella que afrontaba los efectos 

de mi esforzada independencia. Ahora

me flaquean la pluma y el ingenio,

y hasta la voluntad 

me humilla con su duda.

Que yo quiero ser yo hasta que la muerte

me venza y me convierta en otro ser

ignoto y pasajero. ¿No podré,

siquiera y hasta entonces, levantar

mi nombre dignamente, en la certeza

de que no ha de llegar una jauría

de maldicientes a prevaricarlo?  

Señor: yo solicito vuestra gracia

para que me enterréis en El Toboso.



Historia del cautivo - Teatro Expresión

El caballero de la Blanca Luna - Teatro 

D. Quijote se consuela leyendo a Garcilaso - Teatro Expresión

Batanes - Teatro Expresión

Retorno hacia la aldea - Teatro Expresión

Últimas voluntades de Cervantes - Teatro Expresión


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Trayecto hacia la luz.



Bach: Suite, nº 3

1.- Huyendo del infierno
Por aquel entonces mi glotonería lectora y aventurera aumentaba mi espeleología interior y me hacía sentir semejante a muchos de los autores a los que iba conociendo: escritores, músicos, pintores. Encontrar similitudes de vida, horrores compartidos... me convertía en su doble o su reencarnación. Y así, mis íntimas tormentas me impulsaban a creer -y lo creí- que antes o después aparecería en mí la locura, como había aparecido en Schumann y Van Gogh, por ejemplo (de ahí la portada de Fragmentos de identidad), y que una vez abismado en esa tierra de nadie del horror no sabría volver a este lado de la conciencia sin arrastrar conmigo los infiernos. Este breve poema lo refleja:

Lo inolvidable

Recuerdo aquel dolor y aquella dicha 
de saber que cesaba el sufrimiento,
a veces.
Y los suicidios nunca consumados, 
más dolorosos que la propia muerte.

Durante décadas ese fue mi ananké.

2.- Hacia la luz.
Por fortuna, empecé a mirar la luz: no para que me cegara, sino para que me iluminase. Y así empezó mi segunda inmersión en la escritura: desde el libro Hacia la luz traté de escribir lo que me gustaría ser en vez de rubricar soliloquialmente el tatuaje del que había sido o era: abandonar la lírica del sufrimiento, la escritura confesional a posteriori: pasé de llevar el yo al poema a vivir e incrustar el poema en el yo. También estos versos parecen constatar esa voluntad de vivir:

Hacia la luz

Este árbol, esta sombra y estos libros
que me procuran placidez y calma
no están hechos para morir; nacieron
al margen de los días para darle
un rostro amable al mundo.
Una hoja ha caído y me reclama
con su fugaz delicia: la contemplo
y el universo me contempla en ella.
Siento desordenadamente
correr el tiempo frágil, que este instante
no será, otra vez, mío.
                                           Cede el alba
su luz, y la mañana se apresura
hacia el ocaso.
Como un escalofrío, la tristeza
deja en mis ojos su melancolía.
Yo quisiera olvidar tanto dolor,
morir para matar
este desasosiego:
                                    y de repente,
rebelde y luminoso,
como si despertase de un gran sueño,
mi corazón se abraza a la existencia,
toco las cosas, vivo.

Poemas comentados

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Hacia la luz

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lunes, 20 de abril de 2026

Entrevista capotiana a Antonio Gracia

TONI MONTESINOS PUBLICA EN SU BLOG UNA ENTREVISTA. LA REPRODUZCO:


Entrevista capotiana a Antonio Gracia

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Antonio Gracia.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Una isla robinsoniana. Tendría el cielo que nunca alcanzaré y el mar en el que me gustaría desaparecer. Dedicaría todo mi tiempo a reconstruir a  Oniria. Y conocería, por fin, si la Naturaleza es mejor, y nos hace mejores, que la sociedad.

¿Prefiere los animales a la gente?
Ni animales ni gente, puesto que en la medida en que esta es muchedumbre, es también irracional. Prefiero la persona, la individualización. Es el individuo el que siente y piensa, canta o llora.

¿Es usted cruel?
Conmigo, sí. Pero la crueldad es algo cuya dimensión solo perciben quienes la sufren. Ellos son quienes pueden contestar mejor que yo.

¿Tiene muchos amigos?
Desde niño soy un solitario. Tal vez me posee una “dulce misantropía”. Tengo tres o cuatro amistades que perduran en el tiempo. Pasamos años sin vernos. Pero lo que importa es la intensidad, no la cantidad. 

¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Los amigos no se buscan. Sería tanto como premeditar un comportamiento, vender o comprar determinadas cualidades. La amistad es una conjura impremeditada, como el enamoramiento. No se pueden comprar amigos en los supermercados, como diría El Principito; surgen por determinadas vivencias comunes.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No tengo esa experiencia.

¿Es usted una persona sincera? 
¿Para qué molestarse en mentir si la verdad es tan subjetiva que cada uno se forja la suya al margen de la realidad? Me importa más la autenticidad.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
¿Tiempo libre con lo breve que es la vida? ¿Alguien puede entender a quien no anhela saber un poco más antes de extinguirse?

¿Qué le da más miedo?
La parte de mí que no conozco y se me rebela cuando intento conocerla.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
El fanatismo, la contumacia, los uniformes síquicos, la falta de autocrítica… a fuerza de ser tan cotidianos ya no me escandalizan; pero confieso que me exasperan.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Yo no soy “escritor”. No escribo para publicar, aunque publique algo de lo que escribo. Soy un hombre cuyo detective es la palabra y cuya misión es conocerse. 

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
De vez en cuando, paseo. De tarde en tarde, nado. A menudo, reordeno los libros. El ejercicio síquico rejuvenece más que el físico.

¿Sabe cocinar?
¡Qué remedio! Hay que comer.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
Creo que rechazaría la propuesta. O, quizá, intentara escribirlo sobre ese personaje multiforme, sufrido e impersonal que es “el pueblo”.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Por ejemplo, Amor, Utopía… La que conduce al acto más esperanzador. Por muchos diccionarios que regalásemos, ninguna palabra entregaría esperanza si quien la pronuncia no hace algo por mejorar el mundo.

¿Y la más peligrosa?
Intolerancia…

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
A mí: muchas veces.

¿Cuáles son sus tendencias políticas?
La política es una necesidad que sufrimos. No me interesa ninguna. En todo caso, las que intentan realizar la utopía. Al menos consiguen acercarse a la generosidad. 

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Siempre he pensado que Dios tuvo mucha suerte de que le tocara ser Dios y que los hombres no hemos tenido ninguna al caernos encima la condición mortal. Ahora bien: si ni siquiera sé ser yo con todas sus consecuencias, tampoco sabría ser otro. En realidad, si tuviera que pedir un deseo, pediría no sentir la necesidad de desear algo. Es la única manera de no padecer ansiedad; ni decepciones.

¿Cuáles son sus vicios principales?
El escepticismo, aunque es más una maldición que un vicio.

¿Y sus virtudes?
Anhelar ser mejor.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? 
Solamente querría morir cuanto antes.
T. M.