Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia
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sábado, 4 de julio de 2026
No aconsejarás.
Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo.
A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos a este o al otro sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto...
Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.
Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).
71217
viernes, 3 de julio de 2026
Kumpleaños
Barber: Adagio
Kumpleaños
Mira tu alrededor, el de la vida:
unos seres que aspiran como tú
unos seres que aspiran como tú
a la alegría, a ser felices, a
escapar de la muerte diariamente
y sembrar nueva vida
como un moldava inexorabe y pleno.
Quisieran no pensar en trascendencias,
razonar con la piel, satisfacer
sus mínimas querencias, dar
felicidad a cuantos les rodean.
Sienten las sutilezas metafísicas
girar dentro de sí, subir montañas
del cielo y de la tierra, huir de infiernos,
cantar, soñar con realidades
satisfechas, amarse,
abrazarse a sí mismos al amar
a los otros porque todos son uno.
¿Qué necesitas para hacerlo sino
hacerlo?
No permitas que un dios les dé consuelo
porque serán esclavos de los dioses.
Muéstrales cómo alzarse de la tierra
y la carne del hombre.
Será entonces cuando desde sí mismos
se levanten.
jueves, 2 de julio de 2026
La derrota del viaje hacia la paz.
Holts / Mackerras: Marte, el dios de la guerra
Contemplando los siglos observamos que hay dos impulsos sicológicos y dos fuerzas sociales que se disputan el concepto de existencia colectiva: 1) Era común entre los egipcios atenerse exclusivamente a lo establecido, rechazando cualquier innovación en las costumbres (por eso Akenatón, que quiso gobernar con más amplias miras, proponiendo el monoteísmo y que Nefertiti fuese la primera mujer monarca, fue postergado). 2) Por el contrario, era igualmente común entre los griegos practicar nuevos modos, huyendo del estancamiento en lo ya experimentado.
Pudiera decirse, simplificando, que Egipto representa el primer gran absolutismo inmovilista, y que Grecia es el prototipo de la búsqueda de un equilibrio entre pueblo y Estado para hallar una fórmula concluyente en que el Estado es el pueblo. Hoy hablaríamos de reaccionarios y progresistas, derechas e izquierdas, y ambas tendencias tienen en Egipto y Grecia sus orígenes.
La historia del mundo es el resultado del enfrentamiento de esas dos actitudes; y aunque la mirada egipcia, predominante hasta hace poco, vaya siendo relegada por la visión griega, la verdad es que las democracias actuales tienen mucho de dictaduras disfrazadas. Quizá por la pérdida, descomposición o alteración desorientada de lo que Confucio llama “las raíces de la humanidad”, que son la familia, la fraternidad y el respeto a cuantos nos rodean, bases de la buena convivencia.
Tal vez el fracaso de la sociedad como viaje hacia la paz y el bienestar solidarios es lo que llevó a Buda, por ejemplo, a desentenderse de la vida social y a buscar la sonrisa feliz en el propio corazón, enseñando a no desear nada del mundo. Desprecio semejante, y amor semejante, predicaría después Jesucristo. Y sin embargo, como más tarde Rousseau, todos sostuvieron la bondad innata del hombre, al que la colectividad convierte una y otra vez en lobo de sí mismo y para los demás, según la sentencia de Plauto universalizada por Hobbes.
El mundo no tiene solución, viene a decir Don Quijote cuando se decide a dejarse “morir, sin más ni más”; y, por eso, mal que le pese a la existencia, los mejores años de Robinson Crusoe son los que pasó en su isla solitaria, lejos del mundanal bullicio, donde querían estar Horacio, Fray Luis y tantos otros, incluso el sabio Edmund Gwenn, fugitivo en “Calabuch” (Berlanga, 1956). No es extraño, pero sí terrible, que Shopenhauer propusiera como única forma de vivir con algún sosiego la consistente en “matar la voluntad de vivir”, regresando al budismo y al evangelio, que suponen una gran bofetada a la política y sugieren que el hombre, en verdad, solo es, como quería Aristóteles, un “animal político” porque necesita defenderse de los otros animales llamados hombres. Y no es casualidad que los héroes magisteriales sean capitanes armados que han impuesto un orden convivencial por la fuerza: Alejandro, Napoleón y otros estrategas que dieron a su inteligencia la forma de una espada.
G. Bellod
3.000 años de guerras han creado un sustrato social de violencia del que es difícil escapar, a menos que surjan muchos Gandhi en cada país. La guerra siempre ha sido “santa”, tanto para Mahoma como para los cruzados, Hitler o Kennedy: porque lo contrario de ganar es ser un perdedor, cosa socialmente despreciable. El hombre, a su pesar, ha hecho de la violencia una forma de vida, un método de supervivencia. Somos guerreros cinegéticos, belicosos vestigios de un pasado que parece inserto en los genes y que la razón aún no ha conseguido erradicar.
Con esos antecedentes parece tristemente lógico que las ideologías se enfrenten en vez de compartir, que los parlamentarios disputen en vez de conversar, y que las circunstancias adecuadas -casi siempre, contrariedades a nuestro egoísmo- enciendan la espita y estalle la bomba interior que salpica, en forma de malos tratos, a quienes nos rodean: hijos, esposa, vecinos...
Una esperanza queda: puesto que somos buenos por naturaleza, bastaría con no torcer esta para que en una sola generación el mundo fuese otro. Pero al niño no lo enseñan niños con genuinidad o inocencia adulta, sino hombres que adulteran su infancia en cuanto tienen conciencia de que el tiempo es definitivamente oro que hay que convertir en dólares o euros cuanto antes: y esa prisa hace olvidar la sensatez en el camino, crea agresividad, transforma a todos en competidores y enemigos, desata la violencia, no respeta familias, ni instituciones, ni éticas, ni leyes, ni castigos.
Todo en el mundo es guerra, afirmaba ya Heráclito. Y Einstein: "Ganaremos la guerra, pero perderemos la paz".
miércoles, 1 de julio de 2026
Palinodia
Palinodia
Cuando ya nada tengas que decir,
busca el silencio de la soledad.
Y en su serena estancia,
vencido el desengaño y su dolor,
reconoce que el tiempo no preserva
más que algunas palabras,
y al mundo no le importa lo que fuiste.
Sal al campo, contempla aves y flores,
la mañana y la noche
que la pluma no supo recrear.
Toca la lluvia como hermosa tinta
que escribe su creación sobre la tierra.
Abraza al ser amado
entre albas y crepúsculos.
Solo vale vivir, y la escritura,
aun queriendo dar fe de los sentidos,
es la suplantación de la existencia.
martes, 30 de junio de 2026
Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009)
Berg / Norman: El vino
La Fundación Miguel Hernández y algunos amigos oriolanos de Miguel Ruiz Martínez reunieron casi toda su poesía en el volumen El corazón del claroscuro. Y han hecho bien; aunque, como en tantas ocasiones, el autor no se entere de que cuantos lo apreciaban esperaron a su muerte para manifestar su aprecio suficientemente. Esta inconsciente estrategia -ya asumida por el mundo- no quita mérito a los editores -vaya en nombre de todos el del prologuista, J. L. Zerón-.
Tal vez fui el único -eso decía el reivindicado- que lo trató con asiduidad en sus últimos años, a veces por la tarde mientras laboreaba la tierra, otras hasta la madrugada, soliloquiándonos cada uno carencias y esperanzas, algún logro y muchas pérdidas. Y, para ser exactos, desplumando yo, más que ensalzando, sus textos. (Antes había ocurrido lo mismo con motivo de la publicación de Ladera de tu hondo y el pliego de Alimentando lluvias).
Desde esa trinchera nocturna y auroral me atrevo a decir que Miguel Ruiz no fue ni un "maldito" ni un "grande". Será -o no- todo lo que el lector quiera encontrar en su lectura; pero los epítetos y las hipérboles, gratuitos, acaban dañando al hiperbolizado. Mejor es decir que era humilde y sufriente perseguidor de una dicción poética identificatoria. El hecho de no encontrar amor en la vida ni en el verso lo convirtió en un huraño esclavo del cantueso. Este, y similares, se convirtieron en su lenta cicuta, el veneno y la triaca, la experiencia y conciencia de su fracaso.
El "maldito" era aquel que luchaba, con todas sus consecuencias, contra el sistema por mantener su individualidad; eso lo convertía en desertor de las convenciones y, por tanto, era condenado al ostracismo. El malditismo implica una aceptación, incluso regodeo o ufanía, del estado de paria social, cosa ajena a Miguel. Miguel Ruiz era sencillamente un autodesterrado que padecía sus frustraciones, las cuales, como un bumerang, volvían a él en forma de reincidencia. Ya no quedan personajes baudelerianos. Han sido sustituidos por los que juegan con el término y viven de la leyenda santificada, convertidos en efigies putrefactas de una bohemia que en realidad es un disfraz de golfemia, viviendo del cuento de la golfería, impostando la rebelión y transformándola en pose para la muchedumbre.
Carente Miguel Ruiz de identidad satisfactoria, la buscó -igual hizo otro personaje paralelamente contrario, Antonio Ferrández Verdú- en la escritura a fuerza de irracionalizarla y dar manotazos verbales como quien se ahoga: tal agonía (que también había conocido yo, amenazado endógenamente por La Metáfora) les hizo aferrarse a lo más próximo a su propia condición mortal: concebir la incomprensibilidad expresiva como un lenguaje cuyo único sentido era el aceptar -y cultivar- el sinsentido. El descoyuntamiento, el automatismo, la pluma mojada en la tinta de la embriaguez y otras fugas de la diritta via, ya smarritta ... la desfiguración de lo figurativo.
Sin embargo, el buscador cegado por la búsqueda no se da cuenta de que, para encontrar, basta escribir como hombre -y no como poeta- y no para el poeta -sino para el hombre-. (Hablo de mi experiencia, y la generalizo sin acusaciones ni exaltaciones). Esa diafanidad serena que se persigue no está en la invención de una identidad verbal, sino en la asunción del fracaso personal y su superación.
Un poema no es disgregación, sino congregación, urdimbre ecléctica; trazado de un camino claro, no amontonamiento de adoquines inconexos. Transformar el caos en orden: esa es la poética. El desorden locuaz o verborreico de la escritura automática mallarmeana ya cumplió su función.
Valgan como tentativa de esto último (ma non troppo) los tres textos que siguen: son presencias ignoradas de esa aceptación de la naturalidad expresiva, resumen y llave de la contumaz y adrededemente laberíntica.
Reproduzco el fragmento inaguardentoso de una de las muchas cartas aguardentadas que conservo; y dos poemas (no exentos de ese titubeo expresivo), uno inédito y no recogido en libro y otro con una evidente errata que indico entre paréntesis.
1)
Redován, 1 de junio 96
Mi querido amigo:
Una noche nos interrumpió sin querer un niño... era mi sobrino Toni, para mí algo así como para ti tu Pablo... La ternura que traslució la sonrisa que le dirigiste es la más hermosa imagen que conservo de ti, el gesto que más agranda tu figura en mi memoria. Esto he tenido ganas de decírtelo muchas veces...
Pepe Aledo se ha comprometido a ilustrar mi libro "En tu punta lugar". De todos mis poemarios es el que más fuerza de unidad tiene... espero que lo presentes tú... Dale recuerdos a ... tanto si sigues como si no sigues con ella... y recibe un abrazo de un amigo que te bienmalbienquiere y admira sobre todo...
2) Regla
Camina la resonancia
que transmuta tu sendero
en ignición de humedad
quebrada como los muros
de la luna que acaricia
rebelde inercia de ramas
y tu amoroso deber
te dé del tiempo el aroma
que odia buscar. ¡No podemos,
solitaria espiritual,
estar aquí menos solos:
vivir es haber hallado!
2) Regla
Camina la resonancia
que transmuta tu sendero
en ignición de humedad
quebrada como los muros
de la luna que acaricia
rebelde inercia de ramas
y tu amoroso deber
te dé del tiempo el aroma
que odia buscar. ¡No podemos,
solitaria espiritual,
estar aquí menos solos:
vivir es haber hallado!
(De una carta de Miguel, 1 de junio, 96)
3) Oración
Venenosos sarcófagos
de las procesionarias
colgando de los pinos,
algodonosa borra
tejida por la niebla
de nadie. Cielo muerto
de noche: estrella viva
de amor, sólo de amor,
hazme fiel a la tierra
que (si) silencia los huesos,
con tu sed, de mis sombras:
resécame la música,
avéname las venas
de existencia esenciada.
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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán
Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán
Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls
Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún
Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina
Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí
Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla
Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez
Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón
Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor
Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena
Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler
Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros
Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García
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lunes, 29 de junio de 2026
La despedida

Despedida inconclusa
Porque amar significa armonizar
dos almas y dos cuerpos, yo te digo:
Comprende, amada mía, que es difícil
conciliar los gladiolos con las rosas
o los narcisos y las azucenas.
Une en un ramo uvas con arándanos
y sus colores cegarán los ojos
conciliar los gladiolos con las rosas
o los narcisos y las azucenas.
Une en un ramo uvas con arándanos
y sus colores cegarán los ojos
como estrellas que extinguen su fulgor.
Así nuestras virtudes son defectos
si no las rige la serenidad.
Del mismo modo y por igual motivo
debemos separarnos: porque juntos,
aunque esplendentes, nuestros corazones
convierten su ebriedad en un infierno.
debemos separarnos: porque juntos,
aunque esplendentes, nuestros corazones
convierten su ebriedad en un infierno.
Llevan las rosas en su aroma el tuyo,
y sus pétalos son fragmentos dulces
de tu piel cuando te amo.
domingo, 28 de junio de 2026
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