Voz: Manuela García Gómez
para leer el poema pulsar
Me envía Mariano Sánchez Soler tres textos y pienso al leerlos: Un periodista tan preocupado por denunciar los disparates de la sociedad -los desvíos de la razón social, los derroteros de la corrupción- y luego, en las entrañas de la privacidad, se disparata en versos irracionalistas, más lúdico que esteta, con la receta de la libre asociación de léxico y semántica, sin leyes escriturales -aunque sujetas por el ritmo y por la rima-, como si recordase y homenajeara el postismo, por ejemplo... Buena dicotomía para quien sabe que el hombre social se debe a unos principios y el hombre individual principia por el autorrespeto que no daña a los otros, el íntimo individualismo que llamamos responsable libertad ...
Y aquí emergen tres sonetos, uno sin rima y dos arrimados a la cadencia estrófica:
La recuerdo en una noche lluviosa junto a la carretera, frente a la casa en la que yo vivía entonces, y hasta donde se acercó para llevarme unos poemas con destino a Algaria 0. Después, años de niebla y distancia.
Y "Laberinto de tierra" y "Laberinto de luz", sus dos libros publicados. Fugacidades relampagueantes, asomos a su yo.
Quiso pasar desde testificar la oscuridad al voluntarismo de vivir. Del enquistamiento del yo al apropiamiento de la realidad sin sombras. Pretendía evitar "la unión que abisma más al centro" a pesar de desconocer si "las cosas que vivimos viven también en el verso".
Tina Pastor Ibáñez (1947-2013).
A modo de proemio
Te vas quedando sola
como una esfera azul de orilla seca
frotando con tu piel pequeños besos
que arañan insaciables
insaciables abrazos prolongados
más allá de estas vidas.
Estás abriendo el centro de tu hermosa
carne de arena húmeda
hacia el fondo de un lecho como el mar
y quieres apretar con mayor ansia
la infinitud lejana
de un sufrimiento que es también el tuyo
porque así se consuma
esa unión que te abisma más al centro.
Como un dulce paisaje surcando un breve océano,
la mágica sirena cubre de oscuridad su cuerpo
con metáforas de algas y otras sombras
para ocultar su fúlgida figura
al ardoroso espía que la observa,
mientras ruega a la luna que dé luz a la noche
para que se emocionen sus ojos ciegamente
al contemplar la bella desnudez.
Desde el fondo del agua crepitan catalejos,
escilas y caribdis. Y las estrellas surgen
como flores o huellas de gaviotas
sobre la superficie del rectángulo.