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sábado, 13 de junio de 2026

Poemas en Akra Leuka: M. Hernández

Grieg: Canción de Solveig

Querido SESCA:

Me preguntas por la resiliencia del soneto de Miguel Hernández. Mi respuesta es que,, como apunto ahora a bote pronto, carece de ella.

Hernández asume la identidad del toro como ser sufriente y predestinado a sufrir, en un entendimiento del dolor como consecuencia inevitable de la concepción del amor, principalmente durante el barroco, elevado al segismundiano sufrimiento metafísico; Segismundo, como todo ser viviente cristológico, nace para sufrir porque la divinidad eclesiástica así lo ha decidido: "pues el delito mayor / del hombre es haber nacido", concluye Calderón; y "como el toro he nacido para el luto / y el dolor", afirma Hernández; eso no empece que, varonilmente, machistamente, caupolicanamente, el toro, el hombre de la España toril, se rebele como un Luzbel contra su destino y la dictadura de los dioses: "como el toro me crezco en el castigo". Hernández, ante esa embestida, embiste simplemente a quien le embiste. Cerrilmente, como hombre de su mundo.

La cuestión se complica cuando el embravecimiento ante la adversidad (no confundir esta rebelión del ser predeterminado a la esclavitud con la superación resiliencial) se paraleliza con la condición amorosa del amante desdeñado y dolorido: el macho poseedor del fruto en la ingle, por muy bravío que sea, termina lloroso o quejumbroso ("vendaval sonoro") y derramando el corazón por la lengua al sufrir el espadazo del desdén de la amada y la muerte inexorable de la condición mortal de la existencia. Si algo enturbia el soneto, en su afán de semejar los doloridos toro-amante y vida-amor, es el forzado segundo cuarteto,, necesario solo porque el autor estaba escribiendo un libro de sonetos. 

El verdadero poema resiliente hernandiano es el de "Antes del odio"; y aquel otro, de versos dactílicos, "Yo que creí que la luz era mía..."... En ellos sí hay un crescendo hacia la luz. Entonces, sí: en los años finales, cuando Miguel Hernández prefirió escribir como un hombre para los hombres y no, espuriamente, como un poeta para los poetas. 

Aquí traigo los tres, corregidas algunas makarrubieces de los copistas internéticos (mañana lo revisaré):

pulsar para ver

El amor en Hernández

1)
Como el toro he nacido para el luto 
y el dolor, como el toro estoy marcado 
por un hierro infernal en el costado 
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto 
todo mi corazón desmesurado, 
y del rostro del beso enamorado, 
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo, 
la lengua en corazón tengo bañada 
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo, 
y dejas mi deseo en una espada, 
como el toro burlado, como el toro.


2

ANTES DEL ODIO


Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.
Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor.
No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.
Amor, tú, bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.
Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.
Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.
No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.

3)
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.
Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.
Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.
Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.
Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.
Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.
Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.
Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

1721


viernes, 12 de junio de 2026

El oro de los libros

Telemann: Tafelmusik, 4

Lo más doloroso del fracaso de la educación no es, con ser mucho, que la sociedad sea cada vez más violenta, insensible e insolidaria, sino que cada día nacen miles de niños predestinados a sufrir un analfabetismo cultural y humano, y que, por ello, jamás tendrán acceso a la sana convivencia, a la sensibilidad del humanitarismo y a los bienestares del conocimiento. El mundo ha decidido progresar hacia afuera y no hacia adentro, puesto que prefiere correr tras el dinero a caminar hasta el íntimo equilibrio. Malvive el presente y sueña el mañana sin haber aprendido las moralejas del pasado. Huye de la Historia, la Filosofía, la Literatura y las artes, y disculpa su huida con la autoengañosa coartada de que la tecnología bien merece el nombre de nueva ciencia divina a la que hay que dedicar toda atención. 

   Sin embargo, caiga aquí la sentencia de Einstein: La ciencia puede salvar tu vida, pero no enseñarte a vivirla. Eso queda para las letras.

    Porque solo aprendemos sin error de las experiencias propias contrastadas y confirmadas con las ajenas universales; y estas están en los libros, desterrados hace ya mucho tiempo, para vergüenza de todos, en las bibliotecas, esos lugares hermosamente íntimos y públicos por los que apenas unos pocos ciudadanos, más consumidores de revistas que de libros sabios, suelen hacer turismo. 
    
    Lo cierto es que la prisa por llegar a cualquier sitio que nos haga olvidar el vacío interior, llenándolo con urgentes frivolidades, impide la lectura nutricia de la mente, el enriquecimiento de la percepción, la solidaridad del corazón consigo mismo y con los otros. Y no obstante, abrir el libro idóneo es entrar en la consulta del especialista necesario para nuestras desorientaciones cotidianas, es escuchar el consejo del mejor consejero y hallar no solo una momentánea solución, sino la imprescindible comprensión satisfactoria. Cuántos hombres y mujeres se comprenderían a sí mismos y solucionarían sus problemas si supieran que lo que les ocurre está ya descrito, diagnosticado y resuelto en tantas autobiografías, por ejemplo, en tantas vivencias de otros que, de haberlas conocido, nos hubieran evitado tropezar en la misma piedra.

    Los libros son el verdadero patrimonio de la humanidad, aunque no sean los lugares más visitados. Y parece mentira que en una sociedad en la que el tiempo es oro se desperdicie el oro de los libros y una mayoría ciudadana se dedique a matar el tiempo en vez de vivirlo plenamente, enriqueciendo sus criterios tras buscar y hallar el talismán verbal o el pensamiento mágico que nos haga entender que la felicidad es un oasis cuyas aguas no se compran con dinero, sino con respuestas a nuestras preguntas de insatisfechas criaturas de esta vida. 


Leer:

jueves, 11 de junio de 2026

Pascual Pla y Beltrán - Poemas en Akra Leuka


Shostakovich: Sinfonía Leningrado

1)
De Pascual Pla y Beltrán nada sabía yo en 1981 sino su nombre. Sin embargo, me concedieron una beca de investigación y pronto fui descubriendo algunos datos que me convertían en detective de una vida y una obra, que era tanto como decir de todas, sobre todo la mía. 
     A lo largo de un año, un dato me llevó hacia otro: escribí cartas a diferentes países, recibí textos, fotografías y correspondencia de aquel desconocido a sus amistades, visité a sus amigos, cuevané archivos... Finalmente, entregué un mamotreto un tanto deslavazado que, sin yo tener noticia, se publicó a la carrera, sin que pudiera ordenarlo y roído por las erratas, por no sé qué ajustes de presupuestos del Instituto de Estudios Alicantinos. Ese desencorsetado libro, de escasa entidad, ha sido la fuente callada de quienes se apropian subrepticiamente de lo ajeno aunque sea para mejorarlo. Muchos documentos y poemas inéditos conservo en el cajón de mi abulia y mi creencia de que no hay que añadir innecesariedades al mundo. 
En su casa de Caracas, con Neruda

     Fue Pascual Pla y Beltrán un hombre afeado por la naturaleza, luchador contra su falta de estudios oficiales, autodidacto y cantor de la rebelión social. Cuestiones estas que lo condujeron a la cárcel, al exilio y a su muerte en Venezuela. 
Fruto de estas preocupaciones y experiencias son, por citar algunas, su cuento "Los pasos de los hombres del castigo", su teatro "Seisdedos" o sus libros de poemas sociales; si bien, su mejor libro es "Poesía", publicado, para evitar la censura franquista, bajo el seudónimo de Pablo Herrera. 
 Si Napoleón dijo que "una revolución es un criterio sostenido por las bayonetas", Maiakowsky escribió: “nuestras plumas son bayonetas”; y fue Pla y Beltrán, muerto en el exilio, el primero en suavizar esa afirmación al relacionar arma y palabra: "que nuestros versos sean ágiles bayonetas en las manos de los obreros del universo”. 

2)
Sin embargo, confundió en sus primeros libros poema con manifiesto, concienciación con fuegos artificiales. El primer poema, de su libro Narja, es un vociferio encendido y exaltatorio, una ametralladora cuya única función es disparar: 

100.000 voltios rodados de poleas más ágiles. 
Que la luz, la impaciencia, la imagen y el retorno. 
Mediodía de grúas encendidas de grillos. 
Fuego de hierro y fragua. 
Yunque en constelaciones de martillos sin sueño. 
Bajo el brazo tendido de músculos 
y de puras distancias. 
Entre mares de hulla se consumen 
los cerebros más vivos. 
En la niebla, la niebla que confunde 
la ruta de los astros sin cielo. 
Con el mudo cansancio de estos hombres de cobre. 

Ilumina el sol lunas en los espejos de los hornos. 
Roja lumbre se agita en las poleas impacientes. 
Y el canto sin gracia de los obreros 
con voluntad de bayonetas. 

Abecedario ardido en las esquinas 
de los yunques calcinados de hierro. 
Humo oxidado en las espadañas de los crepúsculos. 
El cansancio olvidado de la vida de 
los obreros se despereza sobre la playa de los siglos. 

¡Hierro, martillo y yunque! 
¡Hombre, trabajo y alba!


Pero vivir enseña que las primeras estaciones del tren de la existencia son para equivocarse, si no de ideales, sí de maneras de alcanzarlos, y que las posteriores  son aprendizajes de los errores, entre ellos el de la exaltación, canalizado en templanza. Por eso el segundo poema, sin abandonar su preocupación y tema patriotil, es más sereno: de cuando, en la posguerra, firmaba como Pablo Herrera, sabedor de que las armas solo traen desolación y ruinas; y así, los alejandrinos recorren un paisaje de desolación en la que no cabe la esperanza:

País bombardeado

El hombre allí no duerme. Sus ojos no se cierran.
Abiertos permanecen socavando la noche
cuando un cuerpo veloz se precipita ciego
y el terror como un alga su corazón devora.

Ya sabéis que incansables arpegios o alaridos
son las casas en llamas, los postigos que crujen
y esa tierna muchacha que con su mano busca
un poco de reposo a su larga fatiga.

Si los ojos se cierran las sombras se disipan.
Nadie podrá dormir, nadie estirar sus huesos
entre manos que aferran feroces el vacío,
entre sesos de niño pegados al zapato.

Delgadamente roen los seres su congoja
e igual a la lombriz su dignidad esconden.
Ni al rayo de la muerte pueden cerrar los ojos,
pues si el ojo se cierra la vida se disipa.

Imagen de la librería
PASCUAL PLA Y BELTRAN, vida y obra.
Editorial: Instituto de Estudios Alicantinos, Alicante, 1984
ISBN 10: 8400056108 / ISBN 13: 9788400056100
Usado / Tapa blanda / Cantidad: 1
Librería: Librería DANTE (Alicante, ., Spain)

miércoles, 10 de junio de 2026

Poemas en Akra Leuka - INTRODUCCIÓN -


Poetas alicantinos


De nada sirve hablar de poesía si no se admite que esta, lejos de ser asunto de poetas, es cosa necesaria para la vida cotidiana. No la poesía malentendida como ingeniería intelectual, juego retórico y pretenciosamente secreto que no llena de carne, sino de vacío, las palabras con las que se adorna. Por el contrario, me refiero a esa poesía que descifra con sencillez y pureza retratos escondidos de la identidad del ser humano y que, por eso, hace que el lector se reconozca o se descubra en ella. Las millonarias ediciones de los 20 poemas de amor, de Neruda, o las Rimas de Bécquer confirman ese estado emocional permanente en el que se debaten el hombre y la mujer. No son grandes best-sellers estas obras porque traten el tema del amor -que es el más universal por originario de los demás-. Lo son porque, además de ese tema, exponen otros muchos concordados en él: los anhelos y los desengaños, la existencia interior que cada día emerge de los corazones -a pesar de las ocupaciones diarias- en lugares remotos y prosaicos, pero pegados a la piel, y en instantes antipoéticos. “Una palabra entonces, una sonrisa, bastan”: porque renace la esperanza, la necesidad de soñar a pesar de los naufragios. 


Si alguna duda hubiese sobre la preponderancia de la poesía sobre las otras artes, basta con repasar los pasajes gloriosos anclados en la memoria de los hombres: recuerdan de una novela, de una película, aquellos en los que prevalece la inmersión en las emociones, territorio, por antonomasia, de la buena poesía.


Tal vez no exista hoy ningún poeta próximo de talla semejante a los antedichos. Sin embargo, creo que merecen atención las tentativas de unos pocos que se esfuerzan en nombrar con claro verso y huyendo de escribir “literatura”, que es el animal que más ahuyenta a los lectores y malversa la ya aludida identidad humana. Y si hubiese de citar algunos de esos nombres de nuestro entorno, aun siendo yo enemigo de las adscripciones terruñeras, escribiría, por ejemplo, los de Rosa Martínez GuarinosAntonio Moreno, Pilar Blanco. Y si se me apurase, añadiría como otros bienes inmuebles en esta declaración de renta positiva, los de Vicente Valls, Juan Vicedo, J. L. Vidal, Nemesio Martín, J. L. Zerón, J. R. Torregrosa, Ramón Bascuñana, Mariano Estrada, Francisco Mas-Magro, Ada Soriano, por citar de entre los que he leído y cuya lectura siempre deja algún verso en la memoria, cosa difícil de encontrar. Y no olvidaría resaltar a Miguel Ruiz Martínez, Antonio Ferrández Verdú, Roberto Gómez Pérez. Nombres a los que habría de adjuntar el de J. L. Ferris, ya regresado al verso... Y puesto en la tarea de nombrar, he ahí a Luis T. Bonmatí -injusto sería no decir que muchos de esos poetas no existirían, o habrían empezado más tarde, sin el esfuerzo de Luis T. Bonmatí, quien, además de creador, fue director de la editorial alicantina Aguaclara-. 


Retrasando la mirada unas décadas, dentro de los ilustres, resulta obligatorio nombrar al ya más ensalzado que leído Miguel Hernández, a Juan Gil-Albert, a Pla y Beltrán. Y por qué no incluir, también, a Manuel Molina, a Ernesto Contreras, Vicente Ramos, Rafael Azuar, a Carlos Sahagún. A otros que olvido ahora... y a los emergentes...


Vehículos de sus comienzos fueron, para bastantes, revistas y colecciones como Verbo, Forma Abierta, Algaria 0, Indicios, Alimentando lluvias... 


Cierto es que muchos son los llamados y pocos los elegidos: pero, ¿cómo desechar a quien no se conoce? Lea, por tanto, el ciudadano libros de poesía, si no de cuantos acabo de nombrar, de otros que no se ensalcen a sí mismos. Y huya de aquellos que se convierten en su propia abuela laudatoria o se refugian en la poética del amiguismo grupuscular, tan estupradora de las artes. (*)

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

(*) Y si el ciudadano prefiere la novela, lea novela. Pero lea: en estos días, tan buenos como cualquiera otros, para cambiar la imagen insensible que se nos da del mundo).
    

martes, 9 de junio de 2026

La condición sinestésica.


Scriabin: Mysterium

Creo en la condición sinestésica del arte: que el impulso creador es único y que solo cambia la vía en que se expone: palabra, pintura, música. Más aún: que la más noble y notable sensación es la que conjuga la música, la pintura y el verbo. 

Creo que todas las artes son diferentes manifestaciones de un mismo yo que pretende identificarse y sobrevivirse. Ese impulso de supervivencia cósmica se traduce en palabra, pentagrama, pincel, simetría, número… pero siempre es la búsqueda, y a veces el hallazgo, del rostro individual trascendido a lo universal. 

Poca distancia existe entre la experiencia mística y el estremecimiento y fascinación de Einstein al contemplar la fuga cósmica, las líneas de fuerza de Faraday, los vórtices del firmamento de Van Gogh o el 3º movimiento de la Novena: todos son éxtasis. 
Ninguna diferencia hay entre la semilla artística de Miguel Ángel, Wagner, Dante, Freud … Solo cambia la estrategia del lenguaje: verbal, musical, plástico… 
Ya lo he dicho: todas las obras del hombre son escaramuzas de la mente para hallar la imposible eternidad.

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