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viernes, 10 de julio de 2026

Francisca Aguirre - Poemas en Akra Leuka (XXVIII)


Francisca Aguirre es una autora que, como la mayoría de los poetas que transitaron los años de la Dictadura y la "poesía social", escoge la expresión popular -el "tranquilamente hablando" conversacional- como seña de identidad poética. 

El poema "Frontera", fugitivo de esa estética del "escribo como hablo", paralelo del "idioma cotidiano", se sustenta en los dos versos últimos, complementarios y antitéticos-, como una sentencia válida más allá de este texto, y se muestra como una estructura anafórica del "yo, que", expositora de una experiencia inicial desconocida por el lector, al que se le van, amplificadamente, otorgando indicios que concluyen en un "don Antonio era viejo", poco importa si reconocible o secreta tal destilación del contenido.
 
Sin mucha duda, pero vaiveneando, esos indicios o pistas acaban poniendo rostro a la "historia" que se intuye: la autora lamenta no haber podido llegar a estrecharse con Antonio Machado en la frontera francesa, cuando ambos, separados por muchos años de edad el mismo año -1939- y en igual instante, la cruzaron hacia el exilio, ella una "niña" y él un "viejo", ambos con "sueño". De modo que, además de una anécdota, esta sirve de fragmento autobiográfico y de crítica de una España miserable: "don Antonio" es también ella, y ella también es él, surcadora y surcador ambos de exilios y miserias de la España incivil y posbélica.

Los versos endecasílabos desencorsetados en otras medidas -todos alfombrando la llegada al sentencioso final-, reiteran además del "yo, que", otras expresiones ("tiempo", "Señor"...) reforzadas con el juglaresco "oídlo", "sabedlo" y el irracional y semilúdico "que no supe nacer en el cuarenta y cinco", y confieren al texto la emoción que hace del asombro titubeante, la melancolía y el desengaño su acertijo doliente.

Frontera

Frontera

Yo, que llegué a la vida demasiado pronto,
que fui —que soy— la que se anticipó,
la que acudió a la cita antes de tiempo
y tuvo que esperar en la consigna
viendo pasar el equipaje de la vida
desde el banco neutral de la deshora.

Yo, que nací en el treinta, cuando es cierto
—como todos sabéis— que nunca debí hacerlo,
que hubiera yo debido meditarlo antes,
tener un poco de paciencia y tino
y no ingresar en ese tiempo loco
que cobra su alquiler en monedas de espanto.

Yo, que vengo pagando mi imprudencia,
que le debo a mi prisa mi miseria,
que hube de trocear mi corazón en mil pedazos
para pagar mi puesto en el desierto,
yo, sabedlo, llegué tarde una vez a la frontera.

Yo, que tanto me había anticipado,
no supe anticiparme un poco más
(al fin y al cabo para pagar
en monedas de sangre y de desdicha
qué pueden importar algunos años).
Yo, que no supe nacer en el cuarenta y cinco,
cometí el desafuero, oídlo,
de llegar tarde a la frontera.

Llegué con los ojos cegados de la infancia
y el corazón en blanco, sin historia.
Llegué (Señor, qué imperdonable)
con nueve años solamente.
Llegué tal vez al mismo tiempo que él
pero en distinto tiempo.
                                            No lo supe.
(Oh tiempo miserable e injusto).
Estuve allí —quizá lo vi—
pero era tarde.
                            Yo era pequeña
y tenía sueño.
                            Don Antonio era viejo
y también tenía sueño.
(Señor, qué imperdonable:
haber nacido demasiado pronto

y haber llegado demasiado tarde).

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

jueves, 9 de julio de 2026

Igual que un cuervo mágico

 Igual que un cuervo mágico

He subido a tu cuerpo igual que un grajo
dispuesto a devorarte ansiosamente 
como un sátiro hambriento de tu carne.
Y la miel de tus pechos ha saciado
mi corazón sediento. Luego he vuelto 
hasta mi laberinto libre y solo.
Pero encerrado en esa libertad
que construí lejos del turbio mundo,
despierto cada día deseando
abandonar mi estancia solitaria 
y regresar a ti, no solamente
porque me instigue tu carnalidad,
sino porque bebí en ella una magia
desconocida que me tiene preso
dulcemente, y que anhelo compartir
laberínticamente, amantemente.
Tú, dulce estatua, hija de los dioses 
en los que no creí, me das la vida
y ruego que me aceptes como un astro
que necesita un sol inextinguible
para sentirse de oro.

miércoles, 8 de julio de 2026

Discurso de las armas o las letras.


Shostakovich: Sinfonía nº 7

Salió a buscar cualquier libro que le dijese algo que aún no conociera. Hay tantas cosas que desconocemos. No pensaba en erudiciones científicas o artísticas, sino en esas pequeñas o grandes cuestiones que, al comprenderlas, nos ayudan a aceptar la vida, el sinsentido de existir. 

Desde un balcón de mármoles y flores lo miraba un mirón enriquecido, mientras en la otra parte de la calle sollozaba un mendigo esperando una dádiva.

¿Está la vida en los libros o es esta inapresable en un cuadro, una música, un poema?

Camino de la librería oyó los aullidos de una procesión de ciudadanos exigiendo derechos, con voces menos moduladas y más estentóreas que las que teje una pluma sobre un libro. 

Allí, en medio de la manifestación, había sangre latiendo y carne de vida, y aquel río en desorden era manantial de existencia, ruido de muchas hambres, sed de evitar sufrimiento cotidiano, no solamente abstracto o metafísico.

¿Qué hacer? ¿Pertenecía él al rango de los contemplativos desde su íntima azotea, al de los mendicantes de respuestas o al de los que se convierten en preguntas y respuestas vivas? ¿Seguiría su camino rumiando las palabras que buscaban transformarse en un poema apresador de existencia?
La existencia es un bucle interminablemente inacabable...

Entró en la muchedumbre y anudó su mano a las que se aferraban a una de las pancartas de estruendosa caligrafía.


martes, 7 de julio de 2026

Se fueron nuestros cuerpos.



Amar en otro cuerpo

Se fueron nuestros cuerpos, cada uno
buscando a cada uno en otro cuerpo
para encontrar consuelo y olvidarnos.
"Es ley de vida separarse, irse
por el propio camino", nos decíamos.
Pero no era verdad, nunca es verdad
que dos cuerpos que se aman con el alma
puedan hallar su alma en otros cuerpos.
Pueden clamar pasión, pero no amor.
No lo olvides jamás:
cuando te unes con el otro cuerpo
te estás uniendo al mío, como yo
sigo uniéndome al tuyo en otro cuerpo. 

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lunes, 6 de julio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XXXII) - Juan Ramón Torregrosa

Bach: El clave bien temperado 

Recojo dos poemas de los dos penúltimos libros de Juan Ramón Torregrosa.


1) El baile
Tal vez el lector, llevado por el juego verbal y versal, considere este primer poema frívolo y lo deseche como un coqueteo circunstancial; sin embargo, me parece que atañe a todos los lectores, puesto que el tratamiento del tema lo deviene esencial: de cómo el amor, esa música interior, perdura, física y memorialmente, transustanciado en el tiempo, melodía esta -el tiempo- que mata o resucita.
Los endecasílabos blancos, repartidos en cinco estrofas de cuatro, cuyos últimos versos asonantan en a-o, lirifican una estampa de amor en la que el recordador baila desde el "recuerdo vivo" de la música, que fue de uno y otro de los amantes tanto como de la presencia-ausencia (del "tuyo" y "mío", y "nuestra") emocional y rítmica, del beso que bailó y se fue de una boca hacia otra, hacia el ritmo de la disolución e independencia, hasta sonar para sí misma solamente (Hernández: "beso soy, sombra con sombra"), sin que nadie la baile porque el tiempo heridor separa cuerpos, alza murallas, deja nostalgia y miembros ya pulsados, mientras sigue el juego labial jugando a la siembra del verbo y recogida de los fragmentos de identidad del beso, en hábil trenza de enumeración caótica que ordena el clavecín bien temperado del ágil movimiento sensorial, de manera que el ritmo oncesílabo, el anaforismo, la paronomasia y la repetición, como un oleaje vaivenístico -digno del Barroco-, parecen sustituir la rima más tímbrica, de la que se prescinde por innecesaria o redundante. "Suena mía, la música.../  suena nuestra.../ suena..."). Al margen, o como lejana síntesis, el "Hoy estoy besando un beso", tal vez: el tañido de Salinas. 


EL BAILE 
                                        
Suena mía la música, si tuya, 
lejana y muda en el recuerdo vivo,
sílabas o saliva que humedecen
labios que dicen sí, que son besados.
Suena nuestra la música que mueve
tu cintura y mis manos interpretan,
cáliz tus labios, cálidos los huesos
por mí prendidos sin cesar girando.
Suena, no tuya, solo mía y muda,
la música lejana que mis dedos,
alas al aire tuyo aún prendidas,
un día en tu cintura interpretaron.
Suena no la saliva, sí las sílabas, 
la música que fue, los besos mudos,
suenan sordos los huesos, la cintura
huida, mis labios solos, no besados.
Suena ida sin ti, sin mí, la música,
suenan sílabas cálidas, aladas,
suenan labios, cintura, besos, huesos
enmudecidos, sin mi voz sonando.

2)
ALTAS, dueñas del cielo, las cigüeñas
contemplan impasibles las vencidas
casas deshabitadas y las vidas
que fluyen, angustiadas o risueñas,
por hondas calles. 
                                 Vienen desde lueñas
tierras y nos parecen, tan erguidas
en lo más alto y siempre en sí sumidas,
luz de las espadañas y las peñas.
¿Sueñan tal vez en sus celestes nidos
con regresar a tierras más al norte,
o son ya del paisaje y los tejados
permanente ornamento? 
                                           En sombra hundidos,
sin que a ellas poco o mucho les importe,
son otros los que emigran desolados.


INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

sábado, 4 de julio de 2026

No aconsejarás.


Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo. 
     A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos a este o al otro sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto... 
     Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.      
     Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
     Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
     Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).

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