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sábado, 20 de julio de 2019

La dualidad del criterio

Bach: Golberg

El arte "clásico" trata de identificar al ser humano: es humanista, sigue una creciente línea recta cuyo fin es la búsqueda de la esencia; el arte "artístico", como el de cualquier época que solo pretende ser arte, deshumaniza al artista y se detiene en cuestiones paracientíficas, técnicas, lingüísticas: circunstancias ... 
     Una cosa es el medio y otra es el fin. Hay que innovar cuando la innovación es necesaria para la sabia expresión. Pero nunca el medio debe ser un fin. La cultura inhumanista no es cultura sino desnaturalización. Considera que el cerebro es un conjunto de neuronas y no que es el depositario de la mente.

Cage: Sonata V



viernes, 19 de julio de 2019

El abrazo nostálgico



Chopin: Marcha fúnebre

... Me voy unos días fuera porque es más fácil olvidar cuando el alrededor no obliga a recordar. Aquí estás tú, aunque ya no estés. Te has ido a buscarte a ti misma: en ti misma o en otro; pero lejos de mí. Todo será nuevo y tu propia aventura con las nuevas personas y las cosas te ayudará a aliviar tu pena, si es que alguna te apresa el corazón. Yo, sin embargo, estoy solo, avasallado por los fantasmas que surgen cada día en cada cosa que creamos juntos al vivirlas, como si la realidad que fue se hubiera convertido en una atmósfera que me sigue abrazando, escuchando, aprisionando, sin puertas por las que salir y respirar un día más, una hora más.
     Ya sé que todo cuanto empieza, como la misma vida, acaba y se convierte en muerte. Pero cuanto más muero porque intento aceptar la ausencia de tus ojos, más crece en mí la vida que vivimos. 
     No me pidas que muera un poco más: eso quisiera. Pero llueve en mis ojos. La noche y las estrellas son testigos.

jueves, 18 de julio de 2019

Palabras para un lector

Rachmaninov: C. piano 2

Querida Desconocida:

En vez de comentarte tu escrito, como pides, anoto algunas cosas que tal vez te parezcan de interés. Porque ni poseo la verdad, ni aunque poseyera alguna trataría de imponértela; tampoco quiero -ni debo- ser injusto: tal vez seas un genio incomprendido y yo uno de los que no comprenden ni quieren comprender. Acaso esto te sirva. 
     1.- Hay quienes no tienen más que ingenio: son chistosos, joviales, simpáticos ... porque poseen un carácter optimista o porque su pesimismo empuja su inteligencia a manifestarse con algún tipo de sarcasmo. 
     2.- Aplicado a la escritura, ese trasvase de la personalidad suele ser un error, porque pocos pueden transformar noblemente el dolorido sentir de Garcilaso en el sufriente reír de Quevedo. El ingenio tiene poco que ver con el genio: este puede ser ingenioso, como el de Cervantes; aquel pocas veces se remonta desde la chistedumbre: se queda en un simple Avellaneda.
     3.- Entonces se confunde el juego de las palabras con la búsqueda de la palabra fértil, la creencia de que el escrito enriquecido con extravagancias es mejor que el texto que enriquece a los lectores con el contenido profundo y expresado con léxico cotidiano, pero denso. Cuando haya que neologizar, neologícese porque la sensatez lo exige; pero embarullar la dicción como método es un error. La finalidad es aclarar lo confuso, no confusionar para ser admirado como poseedor de grandes estrategias sin  sentido.
     4.- Góngora necesitó un lenguaje nuevo porque su nuevo mundo -el de la belleza para paliar la fealdad de este- no podía expresarse de otro modo, con abalorios viejos: era un creador, no un loco, como algunos dessesudos lo han tachado. De Mallarmée se dice que primero escribía llanamente y luego tachaba hasta hacer ininteligible su escritura. No es cierto: también era un creador. Y todos los creadores han tenido como oponentes a los acomodados en su biempensancia: han enviado al ostracismo a quienes hacían peligrar su existencia. Así, Mozart, Beethoven, Wagner... lo que no excluye el hecho de que el río revuelto sea aprovechado por los pescadores sin anzuelo digno, como el de los falsos innovadores de las vanguardias, experimentalismos ... 
     5.- En definitiva: cuando nada se tiene que decir, hay que callar; cuando el silencio es más doloroso que el corazón y la razón, estos acaban encontrando su decir exacto; incluso en este caso, es mejor un escueto pensamiento que 17 ocurrencias.     


miércoles, 17 de julio de 2019

Saber decir adiós, III


Saint-Saëns: Muerte del cisne


      La ciencia nos otorga una vida cada vez más larga y saludable. La medicina ha desterrado el dolor físico. La nanotecnología biológica eliminará las cirugías cuando sus minúsculas naves lleguen, inyectadas en la sangre y siguiendo su flujo, hasta el lugar de nuestro cuerpo en el que una célula ha empezado a envenenarse y a contagiar a las demás. Y la sanará y seguiremos vivos aún más años. 
     Pero moriremos. Y no nos horrorizaríamos si admitiésemos que la inmortalidad no existe ni hay un verdugo esperando tras la muerte. 
     No hay mayor crueldad que mostrar la vida como una plenitud y un ansia de perpetuarse en ese gozo y, en seguida, aflorar la conciencia de la muerte como un ladrón que nos roba lo que nos pertenece. Quienes creen en un Dios creador y demiurgo creen en la existencia de un gran torturador. El cristianismo y otras multinacionales del espíritu llevan siglos haciendo una publicidad necrófila, vendiendo un culto a la muerte que ha terminado por emponzoñar las mentes y gangrenar la alegría inserta en los genes. Simplemente, nacemos programados para morir, y toda mueca existencialista es muy humana, pero aumenta el dolor de nuestro adiós. 
     Vivir dichosamente no consiste tanto en elegir las cosas que más nos interesan como en evitar las que menos nos convienen. 

martes, 16 de julio de 2019

Saber decir adiós, II


Mussorgki: Canciones y danzas de la muerte


     Cuántos pasan sus años temiendo que el médico les diagnostique un cáncer y se consumen esperando la aparición de esa amenaza. Mejor viviríamos -por difícil que resulte afrontarlo en el primer instante- si aceptásemos que el cáncer empezó cuando nacimos porque la muerte forma parte de nuestras células, que estas van degenerándose hasta que la necrosis aparece en cualquier lugar de nuestro cuerpo. Que morimos mientras nacemos, mientras caminamos, mientras sonreímos; y que pensar en ello obsesivamente no acelera ni detiene el proceso. Que el médico nos lo anuncie antes o después no es más que una constatación de la condición mortal de la existencia: una cuestión de fechas. Somos material fungible y en el ADN está impresa nuestra caducidad. De manera que, una vez asumido, solo queda seguir caminando y disfrutar del paseo haciendo disfrutar a los paseantes que nos contemplan. Es la mejor terapia: la aceptación templada de lo inevitable. Y la ofrenda de nuestras experiencias para que de ellas se beneficien quienes nacen.
     Además: ¿Quién ha dicho que la muerte no es una puerta hacia otra estancia?

lunes, 15 de julio de 2019

Saber decir adiós, I


Rachmaninov: La isla de los muertos


     Todos tememos morir. Nada hay contra la muerte y poco contra el temor que despierta, por mucho que se haya esforzado el hombre en hallar remedios y consuelos. La filosofía ha creado fórmulas como la de Epicuro: “¿Por qué temer la muerte si cuando es no soy y cuando soy no es?”. Pero los razonamientos no sirven cuando llegamos ante el umbral. La muerte es el último acto de nuestra vida y lo afrontamos tal y como hemos vividos los otros actos. Solo nos han enseñado a vivir y a morir las religiones o sus iglesias, y su enseñanza ha sido la consideración de que la muerte es un castigo o una liberación del existir; con lo cual vida y muerte forman parte de la misma concepción dolorosa de que la existencia es un infierno. 
     Sin embargo, esa agonía en la que tantos han convertido la vida pudiera disminuirse si considerásemos que vivir es un viaje que debemos aprovechar porque viajar es hermoso. Saber que el viaje se acaba no impide disfrutar de él. Igualmente, saber -sin laberintos eclesiásticos ni miedos infantiles- que vivir implica morir no debiera impedirnos el disfrute de la vida. Porque la vida es la conciencia de que sentimos y pensamos, y que hemos emergido a ella igual que nos sumergiremos, con la muerte, en la inconsciencia.