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jueves, 4 de junio de 2026

Marguerite Yourcenar


Tú no sabrás jamás

Tú no sabrás jamás que tu alma viaja
como un corazón dulce refugiado en el mío
y que nada -ni el tiempo, ni la edad, ni otro amor-
impedirá que tú hayas existido.

La belleza del mundo tiene ahora tu rostro,
vive de tu dulzura, brilla en tu claridad;
y el lago pensativo que fue nuestro paisaje
ha grabado en mis ojos tu gris serenidad.

Tú no sabrás jamás que yo llevo tu alma
como lámpara de oro que me alumbra al andar,
que un poco de tu voz ha pasado a mi canto.

Tus rayos -suave antorcha- y tu llama -dulce hoguera- 
me guían por caminos que tú seguiste un día:
y tú sigues viviendo porque vives en mí.


Vous ne saurez jamais

Vous ne saurez jamais que votre âme voyage
Comme au fond de mon cœur un doux cœur adopté
Et que rien, ni le temps, d´autres amours, ni l´âge,
N´empêcheront jamais que vous ayez été.

Que la beauté du monde a pris votre visage,
Vit de votre douceur, luit de votre clarté
Et que le lac pensif au fond du paysage
Me redit seulement votre sérénité

Vous ne saurez jamais que j´emporte votre âme
Comme une lampe d’or qui m´éclaire en marchant,
Qu’ un peu de votre voix a passé dans mon chant.

Doux flambeau vos rayons, doux brasier votre flamme
M’instruisent des sentiers que vous avez suivis.
Et vous vivez un peu puisque je vous survis.
Marguerite Yourcenar
Sept poèmes pour une morte (nº 7)

miércoles, 3 de junio de 2026

Casi Auden

 

Predeterminación


Los antiguos maestros jamás se equivocaron 

en lo que rige el mundo. Por ejemplo, el dolor.

Qué bien que comprendieron su función en la vida, 

cómo unos hombres sufren 

mientras los otros cenan, o cierran la ventana,

o caminan sin rumbo. Cómo, ya que hay ancianos 

que esperan un milagro, también existen niños

que juegan sin pensar en un futuro.


No olvidaron jamás los hombres sabios 

que el sufrimiento es una ley del cosmos

que, como la alegría, se adueña con igual indiferencia

de débiles y fuertes, y salvaguarda al mismo tiempo a otros.

Por ejemplo, observemos el Ícaro de Brueghel:
con qué armoniosa magia se expone su tragedia
sin nombrar lo evidente: que un labrador
oyó el fragor del agua y el grito del doncel. 

Y no dio fe de ello.
Que el sol brilló tanto en el mar como en el blanco  

cuerpo cuando se ahogaba; y nadie se inmutó 

-ni siquiera el pintor: porque nada hubiese cambiado

ni en el ayer ni el hoy-.


Así el bello navío -también en otra elipsis- 

continuó su viaje ajeno al sufrimiento inevitable

Y es que está todo predeterminado.

Y el universo es solo un cementerio.


Atravesar la luz


Berlioz: Sinfonía fantástica, 2

     Cuando Berlioz sepulta bajo una frase de su Sinfonía fantástica a su amada, le estaba dando vida, en realidad. 
     Cuando Wagner hace morir a Isolda, consigue que el amor se inmortalice. 
     Y cuando Schumann, después de oír entre los pentagramas a los ángeles, se arroja levemente al Rhin, no buscaba suicidios, sino vida. 
     De igual modo, tampoco Mozart hablaba de la muerte en su Requiem, sino del júbilo de atravesar la luz y ser la luz. 
     Incluso el desdichado Eróstratos destruyó la memoria de una diosa para ser recordado y vivir sobre el tiempo ejecutor de la existencia. 
     ¡Tanta es la fuerza con la que el hombre ama su identidad e intenta prolongarla! 
     Eso sintieron Gauguin y Mary Shelley, y cuantos con pincel, pluma, instrumento, volcaron su ansiedad en sus anhelos. 
     ¿No hay más vida en la vida que esta vida?



301223

martes, 2 de junio de 2026

Homo Poeticus.

 

Homo Poeticus

No le preguntéis por qué escribe a quien escribe poesía lírica. La lírica nace de un impulso irracional que la razón se esfuerza en pulimentar para que su decir sea el exacto: el que conmueva la racionalidad y la irracionalidad. 
    Por eso, cualquier respuesta que os den se referirá al método, a la poética, al intento de pulir lo presentido o clarividenciado, no a la intención o al porqué de la vislumbre. El poeta lírico es un vidente que esculpe su visión para tratar de verla con los ojos.
    Pero no es un visionario. Es un oteador de sensaciones; y a fuerza de su continua introspección llega a veces al fondo de lo que le sustenta y pertenece como humano y, a la vez, pertenece y sustenta a todos los humanos. Ese es el instante en el que todo lo ve -"el instante privilegiado"-, concentrado en un signo; y si consigue escribirlo para que lo vean y sientan todos como propio, consigue el poema, la música, el rostro universal. La absoluta solidaridad.

55 segundos

domingo, 31 de mayo de 2026

SALOMÉ

 

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El reencuentro.

El reencuentro

 Qué dulzor contemplar en el ocaso
 de la vida la senda que anduvimos
 y cuanto en ella hallamos: las palomas, 
 los besos, las celadas de los hombres
 en las que no caímos, 
 los valles y colinas,
 las rosas que impregnaron nuestro viaje
 de un aroma de plenitud. Saber
 que todos esos horizontes viajan 
 con nosotros, conforman nuestro ser.
 Y un buen día, tras el dolor de amar
 lo que ya se perdió, y sobreponerse
 a los errores cometidos 
 -pues vivir es también equivocarse-,
 ver nuestra identidad que se reencarna
 en el hijo que vuelve y que es mejor
 que nuestro propio yo
 y el sueño que soñamos para él.