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martes, 14 de abril de 2026

Amanecer


 
Grieg: La mañana

Mira el arbusto solitario: tiene 
solo un leve fulgor fulgor en sus entrañas;
y sin embargo sacia su sed, lucha
contra cuanto le hostiga su existencia 
inmóvil, peregrina hacia la muerte. 
No exige ayuda a la Naturaleza. 
Yergue de su ascetismo ardor, anhelos, 
y su débil materia crea un destino:
sobrevivir ante la adversidad.
El corazón del hombre, de igual modo, 
ante las estrategias del dolor
con que el tiempo lo acosa, eleva el alma 
a su más alto brío y transfigura 
su frágil entereza en potestad.

Cuatro...





lunes, 13 de abril de 2026

Lumínica



Lumínica

Cuántas veces, mirando las estrellas,
he visto el rostro de la eternidad
y ha venido el cadáver de la luna
a recordarme que la plenitud
solo existe en las ansias de mis sueños.
Envuelto en fantasmal melancolía
siempre caigo en la sombra como un astro 
herido en su materia constelada.
En ese instante llegas tú, Lumínica,
y me abrazas, me sorbes, me das vida,
me devuelves al alto firmamento.
Tal es el sortilegio que me otorga
la invasión de mi cuerpo sobre el tuyo.

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domingo, 12 de abril de 2026

Cine: La huella



Dos excelentes actores en un duelo interpretativo, un adulterio, una venganza entre juegos y la búsqueda de un crimen perfecto.

CINE CLÁSICO EN ESPAÑOL: Pasión que Redime (1947) | Película Completa

Dánae



 Dánae

Mística, lujuriosa, y extasiada
en la contemplación del oro ardiente,
delirios bebe Dánae, que siente
sobre su piel la lluvia eyaculada.

Siente mil veces que una roja espada,
presa de una pasión incandescente,
atraviesa su carne transparente
y, al hacerlo, también el orbe horada.

Vorágines de esperma y de ceniza
sacuden sus entrañas, mientras suena
la furia de un celeste cataclismo.

Un resplandor el cosmos fertiliza
con música y estrellas; y se ordena
todo según la ley del erotismo.

                                               (De Bajo el signo de Eros)

sábado, 11 de abril de 2026

La aventura del desamador.


Wagner: Muerte de amor

Érase un individuo que creía en el Amor, pero no en encontrarlo, pues -pensaba él- nadie concretaría en un solo cuerpo y alma la alta imagen que regía su existencia (lo cual a punto estuvo de llevarle a odiar misóginamente a la mujer, puesto que es esta la escalinata para ascender al gran amor). Pero su escepticismo le empujó a acumular amoríos simultáneos -porque algo hay que hacer mientras la muerte llega-. Y así, su vida era como un vaso irrellenable que debía llenar continuamente para demostrarse que merecía ser amado sin ni siquiera dar amor. Tal vez iba de isla en isla afectiva con la oculta esperanza de hallar un continente en el que hallarse a sí mismo. Fue descubriendo en sus diferentes edades que cada edad ofrece sus desengaños y también sus felicidades. Pero lo que importa, en fin, es que llegó el momento en el que abandonó esa carrera de desamador amante y, aunque ya no buscaba damiselas con las que apaciguar sus ansias de infinito, siempre surgían nuevas historias a las que no sabía negarse.
     Un día tropezó con una dama y sintió que un imán le atraía y que no podía evitar mirarla, aunque naufragase. Sin embargo, no se acercaba a ella para no desilusionarse y, también, ciertamente, por temor al naufragio total … 
     La casualidad hizo que ambos se encontraran y, entre bromas y veras, él le contó la historia que acabo de bocetar, por lo que … 
     Pero el lector ya sabe qué ocurrió. Y si no, no ha vivido lo suficientemente.

301022