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martes, 21 de julio de 2026

El Palimpsesto regenerativo



El Palimpsesto

¡Versos míos -y música y pintura-!
No los que yo escribí, tan imprecisos,
sino los que hice propio al leerlos,
pues sus identidades transmutaron 
mi identidad en un ser ambicioso 
de la divinidad.
¿Dónde estáis, y por qué me abandonasteis? 
He hablado mil veces con los Clásicos; 
millones y millones de lectores
han abrevado en ellos su conciencia;
y aunque todos los libros se quemaran
bastaría con que un lector urdiese
un solo verso para revivirlos,
pues todos somos ellos
porque viven en nuestro corazón
y nuestra mente; y somos sus espejos.
La escritura -la música y pintura-
es la exposición sabia de un carácter.
Me he convertido en un extraño códice
que anhela ser escrito por los dioses. 
Pero estos ya no existen
y el hombre no será jamás un dios.


Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Wagner: Música del Viernes Santo

1.- José Luis Zerón, además de autor de varios libros de poemas, es un inquieto instigador cultural. 

Dos dicciones hay en él: la palabra expresándose entre ruinas y la explosión de la claridad entre esas ruinas reconstruidas. Fiel a esas dos maneras, o infielmente de una con la otra, o complementarias ambas, los dos poemas que siguen merodean alrededor de un mismo tema en dos momentos distintos.

Estos ojos quieren ver más allá de lo lejano, afirma en "La ventana", indagando secretamente en un masallá siempre innominable; antes, o después, ya se le ha puesto nombre a esa búsqueda íntima, relacionándola con el misticismo de Juan de Yepes; dice en "Oración a Juan de la Cruz": Dime qué escondía la espesura.

2.- José Luis Zerón, como todo buscador digno, escribe desde el caos interior y con la mano del irracionalismo y su libre asociación, aunque no quede libre de la constante presencia del juego dialéctico de contrarios del barroco. 

     Siente el pensamiento, / piensa el sentimiento, escribió Unamuno. Y gran parte de la poesía puede agruparse en uno de esos conceptos, cuando no en la suma de los dos. Cosa es el arte del hombre reflexivo aunado al hombre sintiente. 

     Teniendo como arbotantes la reflexión experiencial y lectora, Zerón construye un discurso enunciativo que huye del lirismo tradicional tanto como se apoya en la asepsia emocional. Con el sustrato lector y una mismidad tangente con el existencialismo, el pensamiento hilvana prosas dispuestas en versos que hallan sus mejores logros cuanto menos se distancian del sentimiento al que ha conducido el pensamiento.
 El verso libre liberado del cómputo, pero no del ritmo lírico, irreductible a prosa, se ciñe a la estructura clásica y el pensamiento desbastado deja paso a la emoción contenida.

     El mundo es un laberinto al que hay que encontrarle la salida, una pregunta que crea más preguntas cuantas más respuestas se esperan. ¿Cómo saber cuál es la formulación idónea de lo que sentimos y pensamos? Porque el mundo cabe en un verso; / pero ¿quién sabe escribirlo? -que decía Cantero-.

1.-

LA VENTANA


Ahora que la casa está serena
y la noche musita 
unas palabras sobre el extravío,
ahora que el mundo está en obras
y una raza nómada
duerme en los escombros,
ahora que todos ocupamos
un espacio de indiferencia
entre tanta deriva,
alejo la mirada de la ciudad,
y la elevo por encima 
de las torres iluminadas 
hasta encontrar los caminos 
de regreso a todo lo perdido, o quizá 
a lo que tiene que llegar.
Mis ojos penetran en las distancias
en la región de las brumas y los astros gélidos.
Es ahora mi corazón
el que arde contra el dolor
en que se manifiesta la vida,
y con unas invocaciones
logra encender las zarzas
y llenar de temblores la muralla.
Hiere la luz del recuerdo en que se borra
el mundo y se vuelve a escribir.
Estos ojos quieren ver más allá de lo lejano,
más allá de la última frontera.
Estos ojos míos enfermos de naufragios
quieren medir las sendas de la huida
que son las del regreso.
¿Pero podemos medir el abismo?
Estos ojos vislumbran
el amplio abanico de verdades con que puede 
airearse una mentira,
lejos, más lejos aún,
donde se urden las ensoñaciones.
Pero nunca dejamos
la casa donde descansan los nuestros,
nunca abandonamos del todo la plenitud
de un nuevo devenir
por miedo a perder la milagrosa paz de los refugios.
Con los ojos bien abiertos
invoco a la esperanza
en la edad del exilio.
Otra vez la esperanza,
bien entrada la noche,
la esperanza con la que ahuyento el espanto
de un mundo amurallado contra
el que se estrella el misterio.
Ahora que nadie vigila
y que la paz es mi reposo,
desobedezco al clamor de la ciudad
y a la falsa mansedumbre de las estrellas
y concilio el secreto paso hacia adentro
para seguir esperando en otra hondura.

2.
ORACIÓN A JUAN DE LA CRUZ
                                                                         
¿Qué había más allá de la espesura?
Dímelo, tú que avanzaste
entre la maleza olfateado por las bestias.
Dime qué escondía la espesura:
¿el silencio del vacío cósmico
o quizá el azul conquistado a la plenitud de la mañana
o acaso una explosión de miles de estrellas
en el páramo
o el fulgor de oro de una fuente sin escarcha?
Dime hasta dónde llegaste en tu desacato,
qué insomnio imprevisto designó tus vértigos
y consumó tu naufragio.
Dime qué viste más allá de la espesura,
sobre qué rutas dejaste tus huellas,
qué polvo de qué firmamento cubrió tu cuerpo
y qué palabra nunca antes pronunciada
sonó en tus oídos,
qué te dejó sin palabras
para describir tu fecundísimo desvelo,
qué límites brillaron en tus ojos
cautivados por el ardid del asombro.
Dime, tú que has conocido el vértigo de lo
inefable que florece y desordena
y has arraigado en las inclemencias de la inmensidad,
dime cómo asumir tanto adiós.

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

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lunes, 20 de julio de 2026

Marta de Nevares

 

Inspiración

Querida Manu: cuando me arrebata
el milagro interior que me convierte
en mágico seísmo, yo soy otro
divisando invisibles odiseas
que atruenan mis sentidos y disturbian
la realidad y la palabra en frágiles 
destellos de armonías insondables.
Tu védija asaeteada, el bermellón
sorbente de tus labios, las cariátides
brumosas de tu pecho.
Es la permutación de una agonía
en lúgubres metáforas de luz.
Las palabras son lúpulos errantes.
Y lo que queda escrito es la mentira 
que arranco a un inefable sortilegio
o volcán, o metralla, o indefensa 
creación: 
igual que en aquel tiempo de locura
surgieron la metáfora y sus ojos.
Entonces un poema de amor es 
algo más que un poema: un exorcismo; 
un tótem y un tabú. Un crisol en el que 
se funden trovadores y juglares,
Dante y Petrarca, Garcilaso y Donne,
El Bosco y Schumann, dioses y satanes 
(y otras cenizas y otros manantiales).
Es una cripta travestida en cuna,
un espejo espejeándose a sí mismo.
Un magma de incoercibles estrategias,
un veneno sin triaca.
Y ya los versos cuajan la lujuria 
con el más puro amor  
-eso es el erotismo: 
la norma y la excepción, 
lo frugal pantagruélico,
una casta lascivia,
santidad, satiriasis,
el canon, su herejía-;
y renacen o "influyen" uno en otros,
todos en todos; y ya nadie es nadie,
todo es cuerpo abisal, carnal espíritu ...
Y Laura está en Julieta y Dulcinea, 
y la mente es materia de una estrella,
océano de fuego, géiser lúbrico.
Así la disidencia de la pluma
es fiel a las montañas y llanuras,
y es la música el único poema
en el que se disuelve el más allá.
Y tú eres la madonna de mi cuerpo
y mis versos.

domingo, 19 de julio de 2026

HOMERO

 
Homero


Si el rostro de un autor es el de su obra,
¿por qué indagáis sobre mis circunstancias?
¿Fui griego, fui rapsoda, ciego... y qué?
¿Buscáis un talismán inescrutable?
Acaso no existí y me habéis creado
con fragmentos de identidad de otros,
como a un dios necesario que os permita
creer que la palabra os hará dioses
si, como yo, sabéis cantar los sueños 
de una mujer tejiendo su destino 
y el del héroe, que vuelve si se aleja,
un hombre descubriendo otros paisajes, 
desafiando la noche y el temor 
porque la inteligencia astuta vence
en el mar y en la isla, en Troya, en Ítaca, 
llámese Nadie, Ulises o Telémaco.
Fui el arado que trizó la piedra
y convirtió su yermo en tierra fértil.
¿Por qué, si soy el fruto, buscáis vainas?
Mi rostro es el de un libro autoleyéndose,
y todo libro es un autorretrato.
Cuántos se han apropiado de mi pluma,
de su creación, algunos sin citarme.
Mis citadores plagian mis escritos:
son citadores de furtiva estirpe.
¿Acaso me daréis más alta gloria
que la de haber cantado las hazañas 
de la mente y el cuerpo de los hombres, 
su batalla interior, la guerra entre ellos,
la derrota de todos aunque venzan?
Aunque me deis un rostro no sabréis
el nombre de la vida y de la muerte.
Amamos el misterio y nada queda
de nuestra identidad cuando la hallamos.


sábado, 18 de julio de 2026

Amanecer


 
Grieg: La mañana

Mira el arbusto solitario: tiene 
solo un leve fulgor en sus entrañas;
y sin embargo sacia su sed, lucha
contra cuanto le hostiga su existencia 
inmóvil, peregrina hacia la muerte. 
No exige ayuda a la Naturaleza. 
Yergue de su ascetismo ardor, anhelos, 
y su débil materia crea un destino:
sobrevivir ante la adversidad.
El corazón del hombre, de igual modo, 
ante las estrategias del dolor
con que el tiempo lo acosa, eleva el alma 
a su más alto brío y transfigura 
su frágil entereza en potestad.

viernes, 17 de julio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

 

Bach: Variaciones Golberg

De raigambre clásica en su itinerario, estos dos poemas de Consuelo Jiménez de Cisneros rehúyen esa dicción -sin abandonar reminiscencias literarias- para servirse de un lenguaje más coloquial en su hímnica elegía por los libros y el mal de ausencia. 

Ambos pertenecen a Campos de zafiro, un título intimista, de última publicación.

En el primer texto los libros, como seres antropomorfos hacinados en el tiempo, en los nichos de las estanterías o el recuerdo presencial, llaman con su fulgor de dueños y forjadores de nuestra identidad (ahora que el futuro parece que va a acabar con ellos). Un rumor de tactos y perfumes parece sensualizar al merodeador de bibliotecas.

En el segundo, la soledad nostálgica de lo que fue diaria compañía provoca en el recordador la resurrección -y regurgitación- del pasado, incluso aquel que, por rutina, inconscientes, sufrimos o gozamos. "Solo por ser pasado se convierten / en nostalgia las cosas".


1.- A la sombra tendida 


No sé si tendré tiempo para amaros de nuevo
sin prisas esta vez, con la sabiduría
que solo dan los años.
No sé, queridos míos, a dónde llegaré,
si os dejaré a mitad, con las tapas abiertas.
Si, como un caballero tenaz y generoso,
os rescataré de las estancias del olvido.
Si, como un amante considerado,
os llevaré de paseo por el campo.
O si vuestro destino será el de esos difuntos
cuyas tumbas grises no se renuevan
y ya nadie rescribe sus nombres en las lápidas.
Me conmueve vuestra condición 
de enterrados en vida
en la sepultura de la estantería.
Me provoca encontrar hojas 
virginalmente intactas
tanto como hallar notas escritas en los márgenes
con el descuido del que chapotea en un charco.
Admiro la persistencia 
de vuestra anatomía de cartón y polvo
supervivientes de años, incendios y mudanzas,
Me atraen como un veneno inofensivo
el rumor y el olor de las páginas mustias
cual ateridos pétalos de flores sin perfume.
Siempre me acompañará como una música
ese crujir de vuestros huesos pálidos,
ese estremecimiento del papel que acaricio
voluptuosamente, a la sombra tendida
de un párrafo redondo, quizá rectangular,
de un pretérito verso enredado en suspiros,
de un aliento remoto que ya no significa.
Cuando os pierdo, me siento desgraciada,
y cuando os recupero, todo es júbilo.
Cuando os abro, se me abre el corazón,
y si os cierro, percibo el tibio escalofrío
de una flor aplastada entre dos frases.


2.- ¿De qué se nutre la nostalgia? 


Necesito un impermeable para el corazón
cubierto de lujuria repentina
al presentir un olor animal 
que la almohada aún no ha perdido,
o al escuchar, en mitad de la noche,
el leve sobresalto del girar de tu llave.
Me falta la llamada que no suena,
el río de reproches que no desemboca.
Y me duelen los bordes del alma
con pinchazos de angustia.
Imagino los días transcurriendo sin ti,
sin el peso de tu figura en el balcón,
sin tu voz chillándome o susurrándome,
auscultando mis pequeños temores,
apaciguando mi lluvia ácida.
Anhelo revivir
el fragor de los besos caprichosos
y sufro evocándote a solas,
olfateando al aire del pasillo 
por donde no paseas.
Las paredes me pesan como alas de murciélago
y me pesa el espíritu que arrastro sin ayuda. 
Qué sola estoy, qué sola
sin el ruido de tus cubiertos sobre el plato,
sin esa tos o ronquido que me enervaba,
sin el saludo al que no hacía caso.
Ni siquiera te puedo echar de menos
porque te echo de más
y de más y de más, cada vez más.
Y el dolor me recorre sin encontrar salida.
Nada puede aliviar el mal de ausencia.

Canon



Un cuadro como La Gioconda es un paradigma de precisión emotiva y ciencia expresiva, de victoria sobre el conflicto entre impresión encontrada y expresión formulada, entre poesía y filosofía. Ese rostro de Leonardo es todo un postulado sobre la emoción pura, una ecuación lírica, una matemática sentimental: un cúmulo de experiencia de vida y experiencia pictórica, que nada valen si no van unidas. El ojo no frena su espontaneidad al percibir la densidad de su humanismo, la sabiduría se ha hecho en esa pintura un mecanismo perfecto de sincronización entre sentimiento y pensamiento, emisión y recepción. 
    ¿Y la Improvisación 35 de Kandinsky? Una estampida intimista de los diablos y luzbeles de la mente, una orgía de místicos infiernos, un vendaval de cánones en fuga y en busca de otro canon. Así el hombre sincrónico, sin premeditación interesada, salva de la vorágine del tiempo las obras que testimonian su verdadera identidad de cosa irracional inteligente o, dicho con eufemismo, animal racional. 

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