es lo que hace a los hombres semejantes.
voluntarioso y firme.
Ámame, o no me ames; seguiré
amando la existencia.
Solo el amor puede salvar el mundo.
Ella y Él se conocían desde hacía años y mantenían una relación amorosa y vital; es decir: con aproximaciones y alejamientos característicos de los cambios de edad y de necesidades físicas y psíquicas. Alguno de los dos -o ambos- había decidido unirse al otro para convivir y convertir sus vidas en una sola. "Convertir la aventura de la supervivencia en convivencia". (Con intervalos de alejamiento)
Sin embargo las rutinas, las costumbres, las circunstancias modifican las esencias y la personalidad va alterándose. Así que a veces se preguntaban a sí mismos, y el uno al otro, si se mantendrían juntos o no podrían eliminar sus individualidades, sus soledades de acompañados.
En ocasiones se daban plazos de tiempo para abandonar todo aquello que les impedía estar juntos; y aunque se afirmaban en ese deseo, el tal deseo tardaba demasiado en cumplirse, quizá porque la esencia de sus personalidades estaba ya demasiado invadida y acostumbrada a la soledad buscada -sin pensar que los años acaban imponiéndola físicamente-.
Así que un día -más fuertes que nunca en proyectos- se dijeron todas las verdades; y estas eran que por mucho que intentaban convencerse a sí mismos de que no podrían vivir sin el otro también sabían que jamás abandonarían sus diferentes ciudades, entornos y rutinas; de que la distancia y la circunstancia terminan siendo una piel más gruesa que las rocas y la muerte.
8725
Bartók: Music for Strings, Percussion and Celesta
Bartók, Sz 106
Silencioso, el color desencadena
un frenesí de aromas en el viento,
y el pentagrama pone en movimiento
cólera ciega y suavidad amena.
Se estremecen la alondra, la azucena
y la cúpula azul del firmamento
cuando turba el torrente turbulento
con su angustiosa paz, la paz serena.
La celesta percute la armonía
de la desolación transfigurada
en estridente sombra luminosa.
La partitura junta noche y día,
infierno y paraíso. Y, acabada,
en sosiego el espíritu reposa.
El último carpe diem
El paraíso perdido
Vídeo HOMENAJE: ESCRIBIVIR

Gracias a cuantos diseñaron, dirigieron, imprimieron, intervinieron... y asistieron... un centenar de gracias -según me dicen-. Sin ellos no hubiera habido acto; sin cuantos, en mi adolescencia y juventud y madurez me persiguieron por su identidad levítica, tampoco: porque yo tal vez hubiera terminado siendo como ellos.
El sufrimiento
Responderes lo que hace a los hombres semejantes.
Y sin embargo, ¿no es mejor cantar
que sumar una lágrima tras otra
hasta ahogarnos en ellas?...
Tocada y vencida con estos versos. Gracias, maestro Gracia.
Maestro de nadie, discípulo de todos, señora.
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