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sábado, 18 de julio de 2026

Amanecer


 
Grieg: La mañana

Mira el arbusto solitario: tiene 
solo un leve fulgor en sus entrañas;
y sin embargo sacia su sed, lucha
contra cuanto le hostiga su existencia 
inmóvil, peregrina hacia la muerte. 
No exige ayuda a la Naturaleza. 
Yergue de su ascetismo ardor, anhelos, 
y su débil materia crea un destino:
sobrevivir ante la adversidad.
El corazón del hombre, de igual modo, 
ante las estrategias del dolor
con que el tiempo lo acosa, eleva el alma 
a su más alto brío y transfigura 
su frágil entereza en potestad.

viernes, 17 de julio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

 

Bach: Variaciones Golberg

De raigambre clásica en su itinerario, estos dos poemas de Consuelo Jiménez de Cisneros rehúyen esa dicción -sin abandonar reminiscencias literarias- para servirse de un lenguaje más coloquial en su hímnica elegía por los libros y el mal de ausencia. 

Ambos pertenecen a Campos de zafiro, un título intimista, de última publicación.

En el primer texto los libros, como seres antropomorfos hacinados en el tiempo, en los nichos de las estanterías o el recuerdo presencial, llaman con su fulgor de dueños y forjadores de nuestra identidad (ahora que el futuro parece que va a acabar con ellos). Un rumor de tactos y perfumes parece sensualizar al merodeador de bibliotecas.

En el segundo, la soledad nostálgica de lo que fue diaria compañía provoca en el recordador la resurrección -y regurgitación- del pasado, incluso aquel que, por rutina, inconscientes, sufrimos o gozamos. "Solo por ser pasado se convierten / en nostalgia las cosas".


1.- A la sombra tendida 


No sé si tendré tiempo para amaros de nuevo
sin prisas esta vez, con la sabiduría
que solo dan los años.
No sé, queridos míos, a dónde llegaré,
si os dejaré a mitad, con las tapas abiertas.
Si, como un caballero tenaz y generoso,
os rescataré de las estancias del olvido.
Si, como un amante considerado,
os llevaré de paseo por el campo.
O si vuestro destino será el de esos difuntos
cuyas tumbas grises no se renuevan
y ya nadie rescribe sus nombres en las lápidas.
Me conmueve vuestra condición 
de enterrados en vida
en la sepultura de la estantería.
Me provoca encontrar hojas 
virginalmente intactas
tanto como hallar notas escritas en los márgenes
con el descuido del que chapotea en un charco.
Admiro la persistencia 
de vuestra anatomía de cartón y polvo
supervivientes de años, incendios y mudanzas,
Me atraen como un veneno inofensivo
el rumor y el olor de las páginas mustias
cual ateridos pétalos de flores sin perfume.
Siempre me acompañará como una música
ese crujir de vuestros huesos pálidos,
ese estremecimiento del papel que acaricio
voluptuosamente, a la sombra tendida
de un párrafo redondo, quizá rectangular,
de un pretérito verso enredado en suspiros,
de un aliento remoto que ya no significa.
Cuando os pierdo, me siento desgraciada,
y cuando os recupero, todo es júbilo.
Cuando os abro, se me abre el corazón,
y si os cierro, percibo el tibio escalofrío
de una flor aplastada entre dos frases.


2.- ¿De qué se nutre la nostalgia? 


Necesito un impermeable para el corazón
cubierto de lujuria repentina
al presentir un olor animal 
que la almohada aún no ha perdido,
o al escuchar, en mitad de la noche,
el leve sobresalto del girar de tu llave.
Me falta la llamada que no suena,
el río de reproches que no desemboca.
Y me duelen los bordes del alma
con pinchazos de angustia.
Imagino los días transcurriendo sin ti,
sin el peso de tu figura en el balcón,
sin tu voz chillándome o susurrándome,
auscultando mis pequeños temores,
apaciguando mi lluvia ácida.
Anhelo revivir
el fragor de los besos caprichosos
y sufro evocándote a solas,
olfateando al aire del pasillo 
por donde no paseas.
Las paredes me pesan como alas de murciélago
y me pesa el espíritu que arrastro sin ayuda. 
Qué sola estoy, qué sola
sin el ruido de tus cubiertos sobre el plato,
sin esa tos o ronquido que me enervaba,
sin el saludo al que no hacía caso.
Ni siquiera te puedo echar de menos
porque te echo de más
y de más y de más, cada vez más.
Y el dolor me recorre sin encontrar salida.
Nada puede aliviar el mal de ausencia.

Canon



Un cuadro como La Gioconda es un paradigma de precisión emotiva y ciencia expresiva, de victoria sobre el conflicto entre impresión encontrada y expresión formulada, entre poesía y filosofía. Ese rostro de Leonardo es todo un postulado sobre la emoción pura, una ecuación lírica, una matemática sentimental: un cúmulo de experiencia de vida y experiencia pictórica, que nada valen si no van unidas. El ojo no frena su espontaneidad al percibir la densidad de su humanismo, la sabiduría se ha hecho en esa pintura un mecanismo perfecto de sincronización entre sentimiento y pensamiento, emisión y recepción. 
    ¿Y la Improvisación 35 de Kandinsky? Una estampida intimista de los diablos y luzbeles de la mente, una orgía de místicos infiernos, un vendaval de cánones en fuga y en busca de otro canon. Así el hombre sincrónico, sin premeditación interesada, salva de la vorágine del tiempo las obras que testimonian su verdadera identidad de cosa irracional inteligente o, dicho con eufemismo, animal racional. 

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jueves, 16 de julio de 2026

La última mirada

 

                Purcell: Funerales

 La íntima mirada

Cualquier día me encontrarán dormido 
en medio de un poema ya inconcluso,
en este mundo que no es ya mi mundo,
convertido en un beso esperando tus labios.
Y cuando mis enseres y mis libros 
no me encuentren, también se darán cuenta
de que tampoco viven en el tiempo
en el que yo los hice míos. 
                                                 Será entonces
el final de los días -la gris eternidad-,
y poco importarán pasados ni futuros
porque yo seré otro y otras serán las cosas;
entenderé por fin la muerte y la trasmuerte.
Veré acaso la luz; o tal vez sombras.

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miércoles, 15 de julio de 2026

Lejos de toda furia



Crusoe


Tantos años ansiando regresar

al mundo que perdí, y encuentro ahora

continentes de inepcia, verdaderos

piratas del honor disuelto en oro. 

Era mi isla -aquella luz- un fuego

en el que la inocencia campeaba

como en un paraíso un mástil puro. 

No es verdad 

que la Naturaleza hostigue al hombre.

Son estos los que entierran en su entorno

la solidaridad y hacen de su alma

islas terribles, unas contra otras. 

Qué paz allí. El solar del corazón 

se regaba con dicha.

La soledad, primero impuesta y luego 

dominada, y ahora deseada, 

fue un soliloquio torrencial que halló

cauce sereno hacia el descubrimiento

del continuo fluir de la conciencia. 

Nadie ha hablado consigo tanto tiempo,

tan ordenadamente; nadie ha dado 

a los hombres la extrema relación 

de sus penas y glorias,

la aventura interior de la existencia. 

Todos los libros son 

heraldos y estrategas del futuro, 

la afirmación precisa 

de que el destino es la voluntad.

Yo soy el argonauta de la mente, 

el contador de todas las historias

porque todas son una: la del yo.

Soy el gran viaje hacia la mismidad.

Semejante a Noé, cabalgué el mar.

Llegué a la isla como un ser esclavo 

del interés del mundo y aprendí 

a conocer la libertad 

de los desasimientos. 

Si llegué, como Adán, desnudo, alcé

los hitos de la civilización; 

y a ella me vuelvo, a la incontaminada,

purificado por la austeridad.

 

                                        


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martes, 14 de julio de 2026

La simpasión


Puesto que todo en nuestros genes tiende a la consecución del placer y a la negación del dolor, el más sabio es el que utiliza su sabiduría para conseguir el sosiego, el equilibrio entre el malestar y el bienestar, la armonía, la dicha: la felicidad.
Y como lo que más conturba al ser humano es la insatisfacción de su sensualidad, los mayores enemigos del hombre -y la mujer- son aquellos que castran la compulsión del erotismo en todas sus variantes.
Satisfecha la carne, el espíritu es libre; constreñida, confuso.
Bien lo muestra el poema:

La simpasión

Como si dos desconocidos
tristes y solitarios se encontraran
en mitad de la noche y decidiesen
mutuamente ayudarse
a seguir el camino,
nos entregamos a la paz del alma
tras la cópula loca.
Con qué clarividencia vimos luego
todo cuanto antes era un laberinto.

(J. Cantero: Poemas amorosos)


El autor, desairando la estrategia lírica, afirma una verdad natural pocas veces aceptada por la sociedad, siempre represora de la carnalidad. El tono sentencioso y lejos de retóricas apenas atiende a la exposición, no a las moralidades: que hay que matar la lujuria con la práctica de la sexualidad; y que tal acción es un deber solidario. Saciar la lascivia porque su represión es la causa del malestar íntimo y, por tanto, de todos. Saciarla como un acto de buenamor por los semejantes. Cómo se haga es cosa de cada uno -de cada dos-. No se trata de "amor libre", o libertinaje, sino de hedonismo ataráxico liberador de cualquier turbación que impida "ver". 

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