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martes, 24 de febrero de 2026

De la divinidad .

  

Katchaturiam: Adagio de Spartacus

De la divinidad 




Todos buscamos algo en lo que apoyar nuestro desamparo ante algunos momentos de la vida y, sobre todo, ante la muerte. Vivir resulta mucho más fácil para los creyentes que para los escépticos. De lo cual se deduce que quien no cree es a su pesar, y ningún dogmatismo, clerical o no, debiera condenarlo. Quien no duda no acierta; pero, preso en su fe, el creyente vive más dichoso porque se sabe protegido por un ser superior que garantiza su andadura, incluso el perdón de sus errores. Por el contrario, el incrédulo persigue una verdad que lo sostenga, y hasta la ciencia, incrédula por definición, le niega ese consuelo.
No es la fe obtusa, sino la razón intuitiva la que empuja a admitir la existencia de un Artífice Supremo. La vida no es admisible como consecuencia de un acto creador prestidigitatorio desde la nada. El cosmos no se basta con un milagro o un trabajo de seis días. Necesita un proceso evolutivo en el que lo que nace se desarrolla, se perfecciona, se deteriora, se transforma, ya que nada se crea o se destruye. El universo no es un experimento surgido hace seis mil años, como quería el obispo Ussher, quien, en 1658, estudiando las sucesivas generaciones de la Biblia, llegó a la divina conclusión de que el universo había sido creado el 23 de octubre del 4004 a. de J. C., a las 12:00 horas. Es comprensible este fanatismo en quienes sienten tal libro como un documento científico y ex cathedra. Lo increíble es que matemáticos del cielo como Kepler y Newton admitieran sin inmutarse tal “origen” como una verdad inamovible. 
 Si Aristóteles concibió un universo estático, Lucrecio lo necesitó expansivo. Ya San Agustín supuso, rozando, entonces, la herejía, que Dios tenía que estar “haciendo algo” antes de la creación, que había un tiempo antes de lo que cuenta el Génesis. Y así lo ve la ciencia. La memoria demostrable de nuestra sustancia se remonta a unos quince mil millones de años, cuando el Big Bang inició su estallido y la nada -que alguna cosa sería- se llenó de materia incandescente, implacable, que fue ordenándose desde el caos hasta un cosmos aún inacabado. 
Son quince mil millones de años transcurridos desde el Big Bang. ¿Y antes? El individuo es un microtiempo en ese océano intemporal, en el que las estrellas nacen y agonizan a lo largo de millones de milenios. Y ante tal inmensidad no es extraño sentir que la vida es un lugar oscuro y solitario, un locus horribilis en el que transcurre la agonía de sabernos mortales. Por eso la necesidad de un Ser Garante nos empuja a creer en él, o a inventarlo. ¿Tiene algo que ver el Dios piadoso y despiadado de los cristianos con la verdad científica y lógica? Más: ¿Se parece en algo el Jesucristo comprensivo de los evangelios al de los fanáticos obispos que excomulgan la democracia? 
Es fascinante saber que estamos hechos de materia estelar, de estrellas y de simios, de pájaros y flores, que las infinitas partículas viajeras por el firmamento y yacentes en la piedra se conciliaron para configurarnos y bullen girando en nuestra carne, y que la música del cosmos dejó su ritmo en nuestra sangre, que llevamos un trovador íntimo que conmueve nuestras emociones y canta mediante el arte y la naturaleza. “Este armazón de huesos y pellejo” -como definió Bécquer al hombre sufriente- ya no basta para identificarlo, sino que hay que sentir al ser humano como la conciliación de todos esos fragmentos de inmensidad que conforman su identidad. Y por eso el corazón sigue latiendo a la espera de reunirse con su ancestral origen.


Erótica del destino

                                    Gustav Holst - Mars


La conocí porque ese era el destino.
Me dijo: "Estoy casada"No me importa,
dije yo. No te pido en matrimonio.
Y pasaron los meses y los años,
y la vi tan hermosa como ayer, 
no sé si unida de algún modo a alguien; 
pero aquello que tiene que pasar 
pasa; y nos fuimos 
adonde no podíamos huir 
uno del otro.


lunes, 23 de febrero de 2026

Soy la felicidad cuando te abrazo

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Soy la felicidad cuando te abrazo

Voz : Toñi Lozano

Los límites de Dios


Ser feliz es hallarle 

sentido a la existencia

o ignorar que debemos encontrárselo.

El innombrable Artífice Supremo

que nos alzó a la vida 

fracasó en su deseo de otorgarnos 

la inmoribilidad, la identidad feliz,

pues implantó maldad junto a inocencia.

Criaturas limitadas somos; no

podemos sino ansiar la perfección:

nuestras limitaciones nos alejan

del claro amor, y solo

la hímnica voluntad nos dignifica

si la orientamos hacia el claro amor.

Y sin embargo observa el trazo cósmico

en su bucle infinito:

Diógenes prosigue en estos días 

azules y este sol buscando la nobleza

de un ser puro 

en medio del gran burgo del averno. 

En cuanto se aproxime a iluminarte

tal vez distinga tu fulgor salvífico:

la plena identidad, la dulce 

amada en el amado 

transformada.

Para mí se ha guardado tanta dicha:

pues en tu corazón late el relámpago,

y para mí tú eres

el ser que da sentido a mi existencia.

Soy la felicidad cuando me abrazas.


domingo, 22 de febrero de 2026

Terapia de pareja.

PurcellDido y Eneas. Lamento.

- Fue entonces cuando le dije: Creo que ha llegado el momento de separarnos.
- ¿Separarnos? Naturalmente, si es para estar mejor que juntos; igual que cuando nos unimos fue porque estábamos mejor juntos que separados. 
- No es fácil convivir. Hay que hacer compatibles los gustos propios y ajenos. Hay que compartir los derechos y deberes, aceptar las diferencias de carácter, sacrificar los egoísmos, limar las asperezas del individualismo, ser generosos, hallar y dar satisfacción sensitiva, sensual, sexual, intelectual..., superar el desencanto inevitable, hacer que cada día nos necesite más la otra persona ... No  se puede empezar una convivencia irresponsablemente, ni abandonarse sin haber luchado por mantenerla viva.
- Sí. Hay que preguntarse algunas cosas: ¿Cómo estaba yo antes de nuestra unión, cómo estaré después, qué hubiera sido de mí sin él, o sin ella? ¿Quién era yo, qué tenía yo cuando empezamos, qué tengo ahora? ¿Qué voy -qué vamos- a ganar y perder con la separación? 
- Y también: ¿Espero a dar cuando ya me han dado o doy para que me den? ¿Convivir es una lotería o un esfuerzo cuyo resultado es la alegría de vivir?
- Convivir es igual que construir una casa: ladrillo a ladrillo y día a día, a partes iguales, sin forzar ni desesperar, procurando admitir que la felicidad es un mito y que lo que hay que conseguir es un bienestar conjunto, una dicha recíproca... 
Y una vez disuelta la relación, ¿vendrán de nuevo las decepciones, los problemas... con la nueva pareja?
- Pero también es cierto que si ya no hay amor...
- ¿Y después de Equis años no sabes superar el enamoramiento inicial para reconocer que amar no es permanecer en un cuento de hadas? El amor empieza cuando se acaba el enamoramiento. Qué esperas sino que se haya muerto el romanticismo y se imponga la realidad, la prosa cotidiana, la mutua aceptación de un hombre y una mujer que vencen las dificultades diarias a fuerza de voluntad y afecto... porque otra cosa es que haya surgido algún resentimiento, odio...
- Vivir es fácil mientras estás solo: tienes mucha libertad y solo responsabilidad contigo mismo. Cuando empiezas a convivir es cuando todo resulta difícil si no posees comprensión, tolerancia, inteligencia para las estrategias del día a día.
- Todo fracaso de uno es el fracaso de dos.
- ¡Qué tragedia!
- ¡Qué comedia!
- !Qué belleza vivir sabiéndose vivido!
- ¡Escuchad!: 
(Leer original)

Canción de la Bienamada

Qué glorificación de los sentidos
saber que soy amada, que alguien sueña
con una vida plena porque existo.
Todo exige una causa y todo tiene
su consecuencia: ¿y yo
inspiro amor, el gozo más sublime?
¿Cuál es el sortilegio, el milagroso
tañer de las campanas que me dice
que un corazón sonríe porque ve
a través de mí el cosmos?
¿Y qué merecimiento tengo sino
preferir el asombro de la vida,
el esplendor a la fugacidad,
y cantar el fulgor de las criaturas?
Acaso todo es sueño y esos ojos
que se llenan de júbilo al mirarme
me inventan; y tal vez,
cuando yo amo, embellezco a la criatura
por la que siento que la vida tiene
al fin sentido, dicha plena, luz.
¿Mas por qué hacer preguntas que destruyen
el sentimiento, si es mejor vivirlo,
y tendrían respuestas imperfectas?
Me quedo con lo exacto: ¡Qué
dulce satisfacción de los sentidos
saber que solamente por amar
alguien errante encuentra
el íntimo lugar del regocijo!
31319

sábado, 21 de febrero de 2026

Escribir para la luz


Es imprescindible una revisión y reescritura permanente de toda la Historia, la personal, la actual y la universal, para liberar nuestras conciencias: para superarlas. Es decir: hay que poner en orden a los hijos de Homero, reconsiderar sus actitudes y aptitudes. No puede negarse el penar de este efímero infinito que es la vida, pero anclarse en él es un error. Cervantes lo resume bien: “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si las sienten demasiado también los hombres se vuelven bestias”. Es preferible tomar como referencia momentos en los que la adversidad se transforma en voluntad de superación. Porque es cierto que algunos vivimos en el infierno; pero siempre mirando al cielo y sus estrellas.
    He aquí, por ejemplo, tres momentos culminantes y ejemplares: entre torturas y cárceles, Boecio teje su Consolación por la filosofía; mientras espera ser detenido y ejecutado, durante la Revolución francesa, Condorcet escribe su Historia del progreso del espíritu humanoMessiaen compone en los campos nazis su Cuarteto para el fin de los tiempos. Actitudes así deben ser las premisas para un mundo justo: sobreponerse a los errores del pasado y sufrimientos del presente para que cada vez queden más verdades que mentiras: más hechos objetivos que interpretaciones de los mismos.
    En fin: en las salas de autopsia hay una inscripción: “Este es el lugar donde la muerte se alegra de ayudar a la vida”. Debiera ser una declaración de principios. Porque también es necesaria una renovación del espíritu del arte y la escritura: una autopsia del cadáver artístico sustentado en la concepción de la existencia como un valle de lágrimas cuyo caudal conduce al paraíso: un ejercicio de voluntarismo para convertir el llanto en canto hasta cantar como un método para que el corazón se llene de alborozo.

viernes, 20 de febrero de 2026

Obras maestras a granel

                            Mendelssohn: Overture 'The Hebrides' 


Sincronía diacrónica

Dice Lucio que está leyendo un libro 
que es el más novamás de la escritura.
Quién tuviera la suerte de encontrar 
siempre libros que fuesen novamases. 
Me criticáis porque yo nunca alabo 
novelas o poemas, u otras letras:
como si yo quisiera horrorizarme 
ante cada creación con la que topo. 
Le rezaría yo a todos los dioses 
si tropezase con obras maestras 
como las que alabàis. Acaso sea 
que yo sufro de anedonía; o que el mundo 
ve montañas en donde hay precipicios; 
o que el hambre nos lleva a ver jamones 
allí donde ni hay cerdos que plantar... 
Y aún hay otra razón que echa por tierra 
la acusación de que soy criticón 
solo de autores vivos. Por ejemplo: 
¿es que no viven con salud creciente 
los que siguen leyéndose tras siglos 
-y esos sí son bestsellers en la historia?-. 
Y además: ¿cuál es el factor común 
de la humana entidad, la inteligencia 
cultísima o el fácil conformismo?


jueves, 19 de febrero de 2026

Redescubriendo a los clásicos

                        Redescubriendo a los clásicos

Dvorak: La rueca de oro
Miro mis bibliotecas, los recintos que han mantenido viva mi existencia, los refugios en donde consolaba mi indefensión y ... 
    Tocar un libro, aspirar su fulgor, era apropiarme del talismán, el manantial donde las almas perdidas satisfacían su sed de infinitud.
     Siento tristeza al ver esta hogaza de libros: porque si el progreso los hizo posibles para ennoblecer la mente, también es el progreso el que va a convertirlos en humo del pasado.
     Faltos de perspectiva, nos preocupamos de los nuevos títulos que los reseñistas profesionales vocean por doquiera. Como si los “clásicos” no fuesen más nuevos, vigentes testigos del presente y enunciadores del porvenir. Creemos haberlos leído y en realidad solo los leímos hace mucho: volver a ellos es descubrir que la pluma sabia se ennoblece con el tiempo.
    Ahora nos asalta la pantalla internética con títulos ineptos. Hemos cambiado el mundo porque el mundo nos cambia. Y al revés del revés.

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