Hijo de Homero
Leonardo Dellaporta
Acomodado en el tiempo,
en una morada amable,
la música acompasando
la lectura silenciosa,
y tras años de preguntas
sobre el enigma del hombre,
reconocer que tal vez
pude obrar de mejor modo,
aunque siempre me regí
por la duda y la templanza.
Mirar el vuelo del pájaro
y el renacer de la rosa;
contemplar la noche inmensa
como una aurora infinita
sabiendo que el tiempo nace
cada instante en el que muere.
Escribir para creer
lo que sueñan las palabras.
Concluir, en fin, que, al cabo,
todo poema es un rostro
que nos sueña y que soñamos,
y ver en la propia pluma
un mensaje a las estrellas.

