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martes, 26 de enero de 2021

Estos días, poesía (III): Hurtado de Mendoza...

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Estos días, poesía (I): Boscán


Estos días, poesía (II): Garcilaso


Luis de Narváez: Para vihuela

Palimpsesto titulé un libro. 

Creía yo, y creo, que en todas las artes hubo un Adán original de las cosas y todos los demás hemos ido palimpsesteando (tratando de apropiarnos) esa primera obra: que todo está dicho y solo podemos añadir matices; que tachamos lo escrito para superarlo con nuestra palabra. 

Traigo aquí un claro ejemplo que ejemplifica la transición de los bienes mostrencos a la originalidad: el célebre "Un soneto me manda hacer Violante", que Lope injertó en su comedia La niña de Plata, es una reiteración -un palimpsesto- de otros sonetos anteriores, como este de Diego Hurtado de Mendoza: mismo juego, mismo tema, mismo metapoetismo, misma ufanía. Semejante en su ejecución es el de Baltasar del Alcázar. Evidentemente, Lope lo estructura mejor. He aquí los tres:

Soneto (Hurtado)


Pedís, Reina, un soneto; ya le hago;

ya el primer verso y el segundo es hecho;

si el tercero me sale de provecho,

con otro verso el un cuarteto os pago.


Ya llego al quinto; ¡España! ¡Santiago!

fuera, que entro en el sexto. ¡Sus, buen pecho!

si del séptimo salgo, gran derecho

tengo salir con vida deste trago.


Ya tenemos a un cabo los cuartetos;

¿Que me decís, Señora? ¿No ando bravo?

Mas sabe Dios si temo los tercetos.


Y si con bien este soneto acabo,

nunca en toda mi vida más sonetos;

ya deste, gloria á Dios, he visto el cabo.

-----------


Soneto (Baltasar del Alcázar)

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en éste siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga:
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:
que teniendo el soneto ya en la boca
y el orden de decillo ya estudiado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

lunes, 25 de enero de 2021

Estos días, poesía (II): Garcilaso

 

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Estos días, poesía (I): Boscán


J del Enzina: Ay, triste, que vengo...

Probablemente es Garcilaso el único poeta español que siempre ha mantenido un público lector fiel, sin épocas de poca consideración u olvido. Su equilibrio entre claridad y profundidad, su lenguaje armonioso, su lírica sicológica -aprendida en Petrarca- lo hacen apto para siempre y para todos los que buscan poesía y no frivolidad o saltimbanquismo versal.

El soneto que sigue puede considerarse como el icono del amor: la amada como representación de una divinidad que salva de la vida cotidiana y la redime, como una inscripción que el alma lleva igual que si un demiurgo fuera causa y razón de la existencia.

(Lástima que el segundo cuarteto -por redundante- no sea imprescindible). 


Soneto V


Escrito está en mi alma vuestro gesto

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribisteis, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto.


 En esto estoy y estaré siempre puesto;

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.


 Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma misma os quiero.


Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero.



domingo, 24 de enero de 2021

Estos días, poesía (I): Boscán

F Salinas: Media noche ...



Estos días de aislamiento e inacción, poesía; y prosa, y cine, y ...  para que las neuronas entren en acción. 

Empiezo con un soneto de Boscán, a quien tanto debe Garcilaso y, por lo mismo, toda la poesía española desde entonces. Tanto es así que el soneto que sigue parece el verdadero desencadenante de la "pena" literal -junto con el "dolorido sentir" garcilasiano- de Miguel Hernández; y nadie se extrañaría de encontrarlo en una selección de poemas de este. La fatalidad del "cuchillo de ala dulce y homicida", y el "sino sangriento", hernadiano lo diseña Boscán aquí con su fatalismo interrogativo e innombrable.

Recuerdo haberlo leído por primera vez, muchas veces, en mi adolescencia (después, como alumno; luego, como profesor): en uno de aquellos libritos de la colección Crisol, cuyas publicaciones (que aún conservo) iba comprando con el dinero que adquiría vendiendo los múltiples tebeos de mi infancia. Garcilaso y Boscán, Obras Completas, era su título: las obras de Boscán y algunas de Garcilaso, edición según la que había hecho la viuda de don Juan Boscán Almogáver.

(Tiempos felices, que no volverán).


Soneto


Aún bien no fui salido de la cuna,         

ni de l'ama la leche uve dexado,         

cuando el amor me tuvo condenado         

a ser de los que siguen su fortuna.         


Diome luego miserias d'una en una

por hazerme costumbre en su cuidado;         

después en mí d'un golpe ha descargado         

cuanto mal hay debaxo de la luna.         


En dolor fui criado y fui nacido,         

dando d'un triste paso en otro amargo,

tanto que, si hay más paso, es de la muerte.         


¡O coraçón que siempre has padecido!,         

dime: tan fuerte mal, ¿cómo es tan largo?         

Y mal tan largo -di-, ¿cómo es tan fuerte?


"Devastaciones, sueños"

 

https://elcuadernodigital.com/wp-content/uploads/2019/06/devastaciones-suec3b1os.pdf

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maría del carmen sacristán

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La magia de la buena poesía

Revisado en España el 1 de junio de 2014

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Devastaciones, Sueños, es un bellísimo libro de poemas. Con él, su autor, el alicantino Antonio Gracia, consigue de nuevo sorprendernos con su magia, ya hable de muerte, del consuelo de la poesía o de distintos aspectos de la vida.


        

   

Devastaciones, Sueños (Español) Tapa blanda – 24 abril 2009

de Antonio Gracia (Autor)

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sábado, 23 de enero de 2021

Esther Abellán: A. Gracia.- La mística carnal

 

:
Bramhs: II, Adagio

Antonio Gracia: La mística carnal


“Porque sabes que el mundo ya no espera

de ti sino tu muerte, dale vida.

Haz de esa sinrazón una razón

para seguir viviendo y crea

esos mundos que el mundo no conoce

y no conocerá

sin ti”.


Antonio Gracia ha publicado los ensayos literarios Pascual Pla y Beltrán. Vida y obra (Diputación de Alicante, 1983), Miguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo (IAC Juan Gil-Albert, 1998), Ensayos literarios. Apuntes sobre el amor (Diputación de Alicante, 1983), y La construcción del poema (IAC Juan Gil-Albert, 2016). Sobre su obra poética se han publicado las antologías: Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), ed. Ángel L. Prieto de Paula (Aguaclara, 1993), Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), ed. Luis Bagué Quílez, (Devenir, 2009), El mausoleo y los pájaros, ed. Ángel L. Prieto de Paula (Huerga y Fierro, 2012), Devastaciones, sueños (Antología), ed. Ángel L. Prieto de Paula (Vitruvio, 2012).

Sus poemarios son: La estatura del ansia (Ayuntamiento de Orihuela, 1975), Palimpsesto (Sinhaya, 1980), Los ojos de la metáfora (IAC Juan Gil-Albert, 1987), Hacia la luz (Aguaclara, 1998), Libro de los anhelos (Aguaclara, 1999), Reconstrucción de un diario (Pre-Textos, 2001), La epopeya interior (Fernando Rielo, 2002), El himno en la elegía (Algaida, 2002), Por una elevada senda (Vitruvio, 2004), Devastaciones, sueños (Literaturas.com, 2005), rescatado por El Cuaderno Digital; La urdimbre luminosa (Aguaclara, 2007), Siete poemas y dos poemáticas (Huacamano, 2010), Hijos de Homero (Inst. Fernando el Católico, 2010),  La condición mortal (Vitruvio, 2010), La muerte universal (Huerga y Fierro, 2013), Bajo el signo de Eros (Olcades, 2013),Lejos de toda furia (Devenir, 2015) y Cántico Erótico (Huerga y Fierro, 2018). Para saber más sobre su obra se puede visitar el portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/antonio_gracia/ 


Acercarse a la obra de Antonio Gracia es dejarse caer por un abismo de sentimientos. Entregarse a la belleza de la lírica y flotar por las profundidades de la existencia y por todos aquellos impulsos ancestrales que nos hacen humanos. La intensidad íntima, el intento de explicarse a sí mismo y descubrirse, traspasa sus letras para impregnar al que observa e introducirlo en un laberinto lleno de cuestiones sin respuesta.


“De nada sirve hallar consuelo en dioses

o en transfiguraciones de esta vida,

pues todo es podredumbre tras la muerte.

Ruinas son las que fueron monumentos

de la memoria alzada a la belleza.

No existen paraísos, solo infiernos. 

Y la escritura es solo un mausoleo.

En el último instante, en todo instante,

el corazón se abraza a la existencia

y quiere seguir siendo

cuanto fue, cuanto es, cuanto no ha sido”.


Su erotismo crea un sentimiento sublime y espiritual, una elevación del acto amoroso. El deseo y el sexo conforman una base emocionante que activa los sentidos, que nos lleva de la mano hacia la plenitud del instante, a la propia fugacidad de la vida. Así, el tacto, la necesidad de lo físico, es parte de esta mística amorosa, de esta búsqueda del sentido de la existencia. El amante trasciende su propio yo para ser en el otro y ceder libre a la naturaleza de los cuerpos.


“AMARRADO a tu cuerpo, ¿quién podrá

decirme que la tierra no es de carne?

Miro pasar las aves como olas

diciéndonos adiós

y se van los crepúsculos, dejando

en tus ojos la luz de otra mañana. 

¿No he de sentir que el mundo es el regalo

de un caprichoso dios que me ha escogido

para ensayar en mí su omnipotencia?”.


La contemplación es un breve reposo ante la tormenta, el infierno y toda la incertidumbre que nos asedia. Por eso, Eros y Tánatos se dan la mano en un flujo que provoca a la conciencia llena de penumbras. Cansancio, dolor, sufrimiento, decepción y muerte acuden al poema en un ejercicio de reflexión continua, en ese inconformismo que provoca que la satisfacción no exista. Cada experiencia se queda en la memoria, en el corazón lleno de heridas que quiere trascender el fracaso y avanzar hacia el paraíso perdido. 


“Quisiera liberarme del dolor de existir,

y procuro mi muerte. Pero cuando el puñal

briza mi corazón, un manantial dormido

brota de no sé dónde y me impulsa a decir

cuanto de mí conozco, pues así hallo sosiego;

y acaso también sirva mi búsqueda del alma

para que otras criaturas presas de indefensión

encuentren una luz entre las sombras.

Tal vez en esa ofrenda halle yo algún consuelo

con el que mitigar la desolada ausencia

de una fe, una verdad, un paraíso”.


Bajo la fuerza y la notoriedad de las palabras, la fragilidad y el encuentro con el mundo interior se cubre de iconos, de contundentes metáforas que libran una batalla sin descanso; una combinación de versos y derrotas en el juego sin escapatoria de la “autodestrucción del soy”:


“asediado en el vértice del verso

antoniograciamuertemente hablando

poema es la eutanasia de su autor:

la búsqueda del códice del alma:

poema es una identificación:

descender al abismo de la mente

evitando el regreso profanar

el naufragio de todo autorretrato:

poema es una divinización:

la búsqueda el acoso el precipicio

como un bisturí lírico obsesivo

sajando trepanando masacrando

las vísceras el léxico la vida

de un hombre ecuacionándose en poema:

poema es una inmortalización:

un diamante tallado en el cerebro:”.


El silencio y la soledad cohabitan y perfilan un gran autorretrato que se fracciona en un mosaico literario. Así, Oniria aparece y desaparece, crea y destruye bajo el yugo de la fascinación, el anhelo, los sueños y el amor; el mito y la belleza de lo inalcanzable componen una sinfonía de fondo que agrede, a la vez que eleva el alma hacia un lugar apartado del ruido y las tentaciones. La luz parece revelarse, pero se esfuma antes de ser tocada.


“La soledad devasta. En ella, la tristeza

anida su dolor. Y la alegría

se convierte en fatal melancolía

que vuelve podredumbre la belleza.


El mundo se oscurece. Y cada día empieza

con una noche oculta.

                                      Yo era joven.

                                                                Un día

ella murió; murieron mis anhelos; moría

la voluntad—el sueño, la firmeza.


Fueron tiempos de furia y de desolación.

Cada instante era en mí como una despedida; 

y cada amanecer un sol amortajado.


He vuelto a sembrar luz sobre mi corazón.

Las semillas arraigan. Reflorece la vida.

La primavera invade mi corazón helado”.



En este viaje pendular, entre el himno y la elegía, encontramos la sustancia del subconsciente. La necesidad compulsiva de preguntarse y no hallar más que el propio interrogante como respuesta. Las muertes sucesivas, el ocaso que se ilumina con la madurez, proclama la carne y la convierte en religión. 



“Mira

mi

sexo

anclado

entre

tus

ingles

y dime que no escuchas el fragor

del

cosmos

renaciendo

en

tus

entrañas”.



Antonio Gracia nos deja desnudos ante la poesía, ante el erotismo mágico que lo supera todo. Una matriz intensa y profunda, impregnada de sentimientos, que admira con sobriedad la tierra prometida. Dice el autor que “el tiempo es un espejo que repite un presente / de un mundo irrepetible”, que “el amor transfigura la materia / como el dolor transforma la sustancia”. Y es que “nacemos y morimos, y entretanto / se nos pasa la vida tratando de entenderla / en lugar de vivirla”. Busquemos en este ciberespacio “Mientras mi vida fluye hacia la muerte” (http://antoniograciaoniria.blogspot.com/) . Quizá solo encontremos preguntas. Leamos.

Esther Abellán Rodes





La muerte de Gutenberg (Una elegía)

 

Rachmaninov: Rapsodia ...


El instinto de supervivencia injerto en nuestros genes nos impulsa a sobrevivir: a evitar el dolor, la enfermedad y la muerte. 

Algunos trazan estrategias artísticas para burlar la mortalidad y crean efigies de sí mismos que pretenden ser inmortales: los pintores, músicos, poetas, los gladiadores de palabras, pentagramas, dibujos...

Aquel que se derrama en la palabra, por ejemplo, sueña con verse manuscrito gutenberguianamente en libro para decir: este soy yo, a pesar de vosotros y de mí; nadie me matará, viviré siempre.

Huele a imprenta su carne, sueña ya que es un libro...

Pero ya ha muerto Gutenberg para gloria, o desgloria, de la página internética. 

El hombre y la mujer que hoy aparecen editados son otros hombres y otras mujeres, distintos todos: porque no ha muerto el mundo, pero sí nuestro mundo. Ya no corre la misma sangre, ni funcionan igual nuestras neuronas: dan vida a otros humanos que construyen con criterios distintos. 

Hemos muerto hace tiempo y no lo recordamos. El virus es la primera errata de ese nuevo mundo.

He aquí un fragmento de Informe pericial:

VII

Eran siglos oscuros. Tenebrarios, 

lamparillas y aceites alumbraban

los garabatos mágicos, pulidos

por manos despaciosas que tallaban

diamantes de papel, códices de oro,

talismanes para la eternidad

como un legado hacia un renacimiento.

Tal fervor amanuense forjó imprentas 

y aquel tesoro enriqueció a millares

al mostrarles los mundos de este mundo.

Fue como si un gran sol amaneciese 

y descubriese luz en las tinieblas.

Pasó un tiempo. En el año Mil quinientos

cuarenta y tres un hombre agonizaba

y en su lecho de muerte recibió

un título temido y exultante:

“De los cuerpos celestes y sus círculos”.

Solo mil ejemplares se imprimieron, 

y tardaron dos siglos en venderse.

Pero algunos abrieron otros ojos 

que hubiesen retrasado el porvenir

de haber tenido que esperar un códice.

Tan solo el libro es subversión pacífica 

y muestra que en un hombre hay muchos hombres.

[Gutenberg, Copérnico]