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sábado, 28 de marzo de 2020

Hermano sol, hermana luna...


Liszt: S. Francisco predicando a los pájaros

El impulso humanitario nos lleva a acercarnos al débil y al enfermo, a solidarizarnos físicamente, a abrazarlo y consolarlo. Contra esa ley sicológica e instintiva se levanta estos días el peor de los virus: el de parecer que no amamos al prójimo; el masivo contagio nos aleja de conocidos, amigos, familiares, de todos aquellos cuantos amamos sin iglesias ni credos; lo cual nos convierte sin querer -aparentemente- en lo que más tememos y detestamos: egoístas, ególatras, misántropos; parece este un virus diseñado para crear la insolidaridad y hacer real el homo homini lupus.  
    Pero no ocurrirá: mientras nuestros corazones sean los del homo frater

viernes, 27 de marzo de 2020

El prisionero del cuarto amarillo

Romance del prisionero

Es fácil estos días recordar y comprender a través del "Romance del prisionero" a todos cuantos se ven privados de la libertad, que es, según Don Quijote, el más preciado de los dones... El prisionero, como cada uno de nosotros, ve posarse en su ventana la luz que no puede llevarle la libertad que anhela. 
     "Este mundo de cadenas me es ajeno"... dice Miguel Hernández. Se refiere a que nadie puede robarle la libertad interior. Pero el autoencarcelamiento previsorio de estos días es real y pegado a la piel, no metafísico. 
     Tal vez el lector se olvide de su propio encarcelamiento leyendo "El misterio del cuarto amarillo", la novela de Gaston Leroux en la que el detective Rouletabille, paralelo a Dupin y Sherlock Holmes, resuelve el misterio: cómo se logra salir de una habitación de la que -aparentemente- no se puede salir. 
Versión peliculera:
Audio con voz internética:


jueves, 26 de marzo de 2020

Los Virusaurios

Quatermass
El último hombre sobre la Tierra

Se extinguieron los dinosaurios. Hace 65 millones de años. Un aerolito los calcinó al calcinar la Tierra. Cosas del progreso alienígena o la evolución cósmica. O sea: consecuencias del Big Bang que engendraron la vida y la muerte.
     Dícese, como un rumor sin fuente, que todo cuanto ocurre en estos días se debe a los experimentos de laboratorios químicos en busca de armas y poderes obtusos.
     Hoy el progreso descontrolado -en el que se ofrecen al mercado cotidiano cosas cuyas consecuencias no se han previsto- nos trae los Virusaurios, minúsculos gigantes de la destrucción. No acabarán con el hombre; pero lo hieren; y seríamos insensatos si su amenaza nos nos llamase a la solidaridad con nosotros mismos y a prever que la búsqueda de nuestro bienestar conlleva malestares difíciles de erradicar. 
     No se debe alterar la Naturaleza, ni añadirle descubrimientos, ni mutilarla, sin prevenir sus consecuencias. No es tampoco cosa de (Unamuno:) "que inventen ellos". Pero inventemos priorizando: primero el bienestar síquico y biológico del hombre; luego el mejoramiento de sus circunstancias. Primero saber dónde va a caer una piedra, y sus efectos. Nada de elementos boumerang. Hay que poner el progreso al servicio del hombre, no este al servicio de aquel. Lo demás es crear un estado distópico en el que importa más el medio de comunicación que el lugar al que se pretende llegar y, poco o nada, el viajero. 
     Se ha sustituido el Estado de Bienestar Íntimo por el estado de Corfort Universal. Y eso es apresar el espíritu en una cáscara de nuez náufraga de las inclemencias.




miércoles, 25 de marzo de 2020

Lecturas medicinales.


Schumann: Canción nº 5 sobre Eichendorff

                                    Leger: La lectura

          Saber vivir no es más que saber cambiar de vida: de modos de sentir, de formas de pensar, de maneras de actuar. Aprender a mirar de otra manera. Y en los aparentes desiertos de las páginas de un libro se encuentran los paisajes más hermosos del planeta. Y oasis como inmensos océanos de agua pura para las mentes confundidas.
      Se necesitan exorcismos que nos devuelvan la naturalidad de la alegría, la conciencia limpia y responsable para gozar los frutos de la existencia, sin que ningún Pepito Grillo nos persiga. Necesitamos restituir como principio de identidad la espontánea bondad y generosidad del corazón humano: s
ustituir la conciencia del miedo a vivir por la alegría de vivir a pesar de las incertidumbres de la vida.

    Nuestras personalidades se van formando por la repetición de actos cotidianos constituidos en hábitos. Y qué mejor terapia que acostumbrar los ojos -que son los inversores más activos de la cuenta corriente de nuestra autoestima- a unas palabras jubilosas sobre la verdad de la existencia, a unas páginas recordatorias de los dones del vivir, mientras la sombra de un árbol o la luz de una lámpara nos preserva de los rigores del tiempo. Qué alegría para los sicoterapeutas: contemplar sus consultas vacías porque unos hombres extraordinarios escribieron unas cuantas palabras que constituyen la mejor medicina para los melancólicos.
     Muchos libros hay, afortunadamente, que son médicos inmejorables porque alientan y enseñan a mirar de otra manera. Nos hablan esos libros de la extensión innumerable del corazón humano, de la profundidad del amor, de la solidaridad universal, de la búsqueda de un paraíso en este mundo, de la conquista de la felicidad no como un cielo extraterrestre sino como una tierra pisada, amada y sufrida por los hombres. Son obras nacidas a pesar de esa consigna del dolor, y sus autores la vencieron y la sustituyeron por la templanza y por el gozo; si no, serían probablemente euforias gratuitas. Muestran el crecimiento que hay desde la desolación más absoluta al entendimiento honorable del mundo y a una manera de sentir la vida alentada por el positivismo, el júbilo y la juvenilidad: el verdadero sursum corda. Ese paso de un existencialismo derrotista a una exaltación de la existencia es el legado de esos hombres para el hombre actual. Porque no importa de dónde venimos, ni si llegamos cargados de cadenas; lo importante es que deseemos quitárnoslas para construir nuestra propia libertad; porque nuestra vida no está en el pasado, sino en el porvenir. Y este también se construye con hábitos. Por ejemplo, los de convivir diariamente con armoniosas reflexiones ajenas hechas nuestras. Abra el lector -para empezar, y por ejemplo- el “Canto a mí mismo” de Walt Whitman, o las “Alturas de Macchu Picchu”, de Neruda, y sentirá que recupera un mundo que le robaron hace tiempo. 

martes, 24 de marzo de 2020

Sursum Corda




Criatura iluminada (palimpsesto sobre R. K.)




Si, cuando todo muere alrededor,
tu voluntad te abraza a la existencia
y decides seguir viviendo, dando
sentido redentor a tu derrota;

si, venciendo la desesperación,
conviertes la esperanza en albedrío
y consigues soñar sin que los sueños
te desposean de la realidad;

si no aprendes a odiar, aunque te odien,
ni a mentir, a pesar de que te mientan;

si desconoces la simulación,
y, tras oír, desoyes las palabras
de los amigos y los enemigos,
y nadie puede herirte sino tú;

si, cuando dudas, sabes que dudar
es el camino para las certezas,
como también para la soledad,
y alcanzas a elevar desde tus ruinas
el alto alcázar que quisiste ser;

si admites que el umbral de la razón
nos impide sentir en plenitud,
que no hay mayor belleza que el misterio
ni más secreto hallazgo que la búsqueda,
y que aceptar el hecho de que existe
materia incomprensible es comprender;

si la desolación no te destruye
cuando fracasa la ritual quimera
de unir tu corazón al universo;

en fin, por tantas causas: si el dolor
de ser hombre te asfixia, pero logras
transfigurarlo en fértil alegría
porque solo la muerte ha de rendirte,
entonces, nada temas: tuyo es
el orden de las cosas: la quietud.