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jueves, 23 de julio de 2026

El abrazo interrupto.

Myers-The Shadows: Cavatina

Decidieron compartirlo todo hasta que la realidad cotidiana, que no entiende de sueños, vino a mostrarles su inexorable desengaño. Entonces lloraron, se separaron y volvieron a encontrarse muchas veces; encuentros que condujeron a otras sucesivas separaciones y reconciliaciones. Se despedían alegres y saciados y, sin saber por qué, quizá porque así son las cosas, al volver a encontrarse ya no estaban en el mismo lugar emocional: todo lo arrasa el tiempo con su furia.

Una noche decidieron compartir, ya que no les quedaba otra cosa que entregarse, una botella de un buen vino.

Por la escalera, él sentía deseos de apretarla contra sí y apoderarse de ella mientras ella se apoderaba de él, dejándose mutuamente vencer en la batalla mientras la ganaban. Pero, uno a uno, los escalones iban desapareciendo bajo sus pies sin que ningún cuerpo caminara hacia el otro.

El ascensor tampoco los abrazó ni los fundió carne con carne, aunque eso era lo que deseaban. Y conforme subían, los besos lamentaban quedarse entre los labios.

Al pasar junto a la habitación, que tanto había gemido dulcemente a través de sus ansias y sus cuerpos, temblaron las paredes, y los muros del mundo parecían romperse para impedir la eterna despedida. 

¿Por qué no se abrevaban, uno en el otro, sus mutuos corazones y calmaban la sed de eternidad e instante?

A lo lejos, el mar se abrazaba a las rocas como un ciclón obstinado en su herida. Una estrella cayó: caía más allá de la ventana.

Después de la botella volvieron a llorar. Y se escanciaron todos los diluvios.


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LA ODISEA

 

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La Odisea


Aclaración

miércoles, 22 de julio de 2026

Amigos hasta la muerte





El Palimpsesto regenerativo



El Palimpsesto

¡Versos míos -y música y pintura-!
No los que yo escribí, tan imprecisos,
sino los que hice propios al leerlos,
pues sus identidades transmutaron 
mi identidad en un ser ambicioso 
de la divinidad.
¿Dónde estáis, y por qué me abandonasteis? 
He hablado mil veces con los Clásicos; 
millones y millones de lectores
han abrevado en ellos su conciencia;
y aunque todos los libros se quemaran
bastaría con que un lector urdiese
un solo verso para revivirlos,
pues todos somos ellos
porque viven en nuestro corazón
y nuestra mente; y somos sus espejos.
La escritura -la música y pintura-
es la exposición sabia de un carácter.
Me he convertido en un extraño códice
que anhela ser escrito por los dioses. 
Pero estos ya no existen
y el hombre no será jamás un dios.


martes, 21 de julio de 2026

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Wagner: Música del Viernes Santo

1.- José Luis Zerón, además de autor de varios libros de poemas, es un inquieto instigador cultural. 

Dos dicciones hay en él: la palabra expresándose entre ruinas y la explosión de la claridad entre esas ruinas reconstruidas. Fiel a esas dos maneras, o infielmente de una con la otra, o complementarias ambas, los dos poemas que siguen merodean alrededor de un mismo tema en dos momentos distintos.

Estos ojos quieren ver más allá de lo lejano, afirma en "La ventana", indagando secretamente en un masallá siempre innominable; antes, o después, ya se le ha puesto nombre a esa búsqueda íntima, relacionándola con el misticismo de Juan de Yepes; dice en "Oración a Juan de la Cruz": Dime qué escondía la espesura.

2.- José Luis Zerón, como todo buscador digno, escribe desde el caos interior y con la mano del irracionalismo y su libre asociación, aunque no quede libre de la constante presencia del juego dialéctico de contrarios del barroco. 

     Siente el pensamiento, / piensa el sentimiento, escribió Unamuno. Y gran parte de la poesía puede agruparse en uno de esos conceptos, cuando no en la suma de los dos. Cosa es el arte del hombre reflexivo aunado al hombre sintiente. 

     Teniendo como arbotantes la reflexión experiencial y lectora, Zerón construye un discurso enunciativo que huye del lirismo tradicional tanto como se apoya en la asepsia emocional. Con el sustrato lector y una mismidad tangente con el existencialismo, el pensamiento hilvana prosas dispuestas en versos que hallan sus mejores logros cuanto menos se distancian del sentimiento al que ha conducido el pensamiento.
 El verso libre liberado del cómputo, pero no del ritmo lírico, irreductible a prosa, se ciñe a la estructura clásica y el pensamiento desbastado deja paso a la emoción contenida.

     El mundo es un laberinto al que hay que encontrarle la salida, una pregunta que crea más preguntas cuantas más respuestas se esperan. ¿Cómo saber cuál es la formulación idónea de lo que sentimos y pensamos? Porque el mundo cabe en un verso; / pero ¿quién sabe escribirlo? -que decía Cantero-.

1.-

LA VENTANA


Ahora que la casa está serena
y la noche musita 
unas palabras sobre el extravío,
ahora que el mundo está en obras
y una raza nómada
duerme en los escombros,
ahora que todos ocupamos
un espacio de indiferencia
entre tanta deriva,
alejo la mirada de la ciudad,
y la elevo por encima 
de las torres iluminadas 
hasta encontrar los caminos 
de regreso a todo lo perdido, o quizá 
a lo que tiene que llegar.
Mis ojos penetran en las distancias
en la región de las brumas y los astros gélidos.
Es ahora mi corazón
el que arde contra el dolor
en que se manifiesta la vida,
y con unas invocaciones
logra encender las zarzas
y llenar de temblores la muralla.
Hiere la luz del recuerdo en que se borra
el mundo y se vuelve a escribir.
Estos ojos quieren ver más allá de lo lejano,
más allá de la última frontera.
Estos ojos míos enfermos de naufragios
quieren medir las sendas de la huida
que son las del regreso.
¿Pero podemos medir el abismo?
Estos ojos vislumbran
el amplio abanico de verdades con que puede 
airearse una mentira,
lejos, más lejos aún,
donde se urden las ensoñaciones.
Pero nunca dejamos
la casa donde descansan los nuestros,
nunca abandonamos del todo la plenitud
de un nuevo devenir
por miedo a perder la milagrosa paz de los refugios.
Con los ojos bien abiertos
invoco a la esperanza
en la edad del exilio.
Otra vez la esperanza,
bien entrada la noche,
la esperanza con la que ahuyento el espanto
de un mundo amurallado contra
el que se estrella el misterio.
Ahora que nadie vigila
y que la paz es mi reposo,
desobedezco al clamor de la ciudad
y a la falsa mansedumbre de las estrellas
y concilio el secreto paso hacia adentro
para seguir esperando en otra hondura.

2.
ORACIÓN A JUAN DE LA CRUZ
                                                                         
¿Qué había más allá de la espesura?
Dímelo, tú que avanzaste
entre la maleza olfateado por las bestias.
Dime qué escondía la espesura:
¿el silencio del vacío cósmico
o quizá el azul conquistado a la plenitud de la mañana
o acaso una explosión de miles de estrellas
en el páramo
o el fulgor de oro de una fuente sin escarcha?
Dime hasta dónde llegaste en tu desacato,
qué insomnio imprevisto designó tus vértigos
y consumó tu naufragio.
Dime qué viste más allá de la espesura,
sobre qué rutas dejaste tus huellas,
qué polvo de qué firmamento cubrió tu cuerpo
y qué palabra nunca antes pronunciada
sonó en tus oídos,
qué te dejó sin palabras
para describir tu fecundísimo desvelo,
qué límites brillaron en tus ojos
cautivados por el ardid del asombro.
Dime, tú que has conocido el vértigo de lo
inefable que florece y desordena
y has arraigado en las inclemencias de la inmensidad,
dime cómo asumir tanto adiós.

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

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lunes, 20 de julio de 2026

Marta de Nevares

 

Inspiración

Querida Manu: cuando me arrebata
el milagro interior que me convierte
en mágico seísmo, yo soy otro
divisando invisibles odiseas
que atruenan mis sentidos y disturbian
la realidad y la palabra en frágiles 
destellos de armonías insondables.
Tu védija asaeteada, el bermellón
sorbente de tus labios, las cariátides
brumosas de tu pecho.
Es la permutación de una agonía
en lúgubres metáforas de luz.
Las palabras son lúpulos errantes.
Y lo que queda escrito es la mentira 
que arranco a un inefable sortilegio
o volcán, o metralla, o indefensa 
creación: 
igual que en aquel tiempo de locura
surgieron la metáfora y sus ojos.
Entonces un poema de amor es 
algo más que un poema: un exorcismo; 
un tótem y un tabú. Un crisol en el que 
se funden trovadores y juglares,
Dante y Petrarca, Garcilaso y Donne,
El Bosco y Schumann, dioses y satanes 
(y otras cenizas y otros manantiales).
Es una cripta travestida en cuna,
un espejo espejeándose a sí mismo.
Un magma de incoercibles estrategias,
un veneno sin triaca.
Y ya los versos cuajan la lujuria 
con el más puro amor  
-eso es el erotismo: 
la norma y la excepción, 
lo frugal pantagruélico,
una casta lascivia,
santidad, satiriasis,
el canon, su herejía-;
y renacen o "influyen" uno en otros,
todos en todos; y ya nadie es nadie,
todo es cuerpo abisal, carnal espíritu ...
Y Laura está en Julieta y Dulcinea, 
y la mente es materia de una estrella,
océano de fuego, géiser lúbrico.
Así la disidencia de la pluma
es fiel a las montañas y llanuras,
y es la música el único poema
en el que se disuelve el más allá.
Y tú eres la madonna de mi cuerpo
y mis versos.

domingo, 19 de julio de 2026

HOMERO

 
Homero


Si el rostro de un autor es el de su obra,
¿por qué indagáis sobre mis circunstancias?
¿Fui griego, fui rapsoda, ciego... y qué?
¿Buscáis un talismán inescrutable?
Acaso no existí y me habéis creado
con fragmentos de identidad de otros,
como a un dios necesario que os permita
creer que la palabra os hará dioses
si, como yo, sabéis cantar los sueños 
de una mujer tejiendo su destino 
y el del héroe, que vuelve si se aleja,
un hombre descubriendo otros paisajes, 
desafiando la noche y el temor 
porque la inteligencia astuta vence
en el mar y en la isla, en Troya, en Ítaca, 
llámese Nadie, Ulises o Telémaco.
Fui el arado que trizó la piedra
y convirtió su yermo en tierra fértil.
¿Por qué, si soy el fruto, buscáis vainas?
Mi rostro es el de un libro autoleyéndose,
y todo libro es un autorretrato.
Cuántos se han apropiado de mi pluma,
de su creación, algunos sin citarme.
Mis citadores plagian mis escritos:
son citadores de furtiva estirpe.
¿Acaso me daréis más alta gloria
que la de haber cantado las hazañas 
de la mente y el cuerpo de los hombres, 
su batalla interior, la guerra entre ellos,
la derrota de todos aunque venzan?
Aunque me deis un rostro no sabréis
el nombre de la vida y de la muerte.
Amamos el misterio y nada queda
de nuestra identidad cuando la hallamos.