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miércoles, 5 de febrero de 2025

Fe de erratas.

 


Agradezco a quienes me envían, mediante mensajes, avisos de erratas. Por mucho cuidado que se lleve siempre hay algún descuido o algo que mejorar.
    Sin embargo, debo aclarar a aquellos que me insisten en la acentuación de "solo": 
    ley de la naturaleza es la tendencia a la síntesis, la eliminación de lo innecesario. Los vigilantes del idioma no son ajenos a ello; y, así, la Real Academia de la Lengua ha ido simplificando las grafías. Philosofia pasó a ser filosofía; a theatro se le cercenó la h; la preposición á perdió su tilde; los acentos diacríticos se han ido reduciendo a los imprescindibles; desapareció la obligatoriedad en los pronombres demostrativos... 
    Semejante reducción ha ocurrido con solo: acentualmente, ya no hay diferencia entre el adverbio y el adjetivo.
    No diré que en la ortografía siempre ha habido un punto caprichoso, pero sí algunas grietas. Cuantas veces he dicho y escrito en clase "ve y di lo que has visto", el alumno no ha sabido si mirar o ir antes de decir. Tampoco sabe si es amado o no quien escribe con tilde o sin ella "nunca sabrás cuánto te (o té) quiero". 
    A esas y otras expresiones de necesaria diacrisis me respondía en sendas cartas Lázaro Carreter, con quien tan poco quería, que "cualquier hispanohablante conoce la diferencia". Faltaría más que la sensatez no se bastase a sí misma. Pero no le estorba una norma que evite las subjetividades.
    Gracias de nuevo, en cualquier caso.

domingo, 10 de febrero de 2013

Estrategia editorial

Lope  / Castro: Desde las torres del alma

Parece una anécdota sin interés: he visto en una librería, en el lomo de un libro, junto a uno de los grandes títulos de Lope, en vez de Lope de Vega, un nombre desconocido. Y he pensado: ¡Qué barbaridad más estangurria! 
Al curiosearlo, observo que el tal nombre es el del prologuista y anotador de los tres mil versos.

La anécdota se convierte en paradigma: ya ni los universitarios conocen a los grandes autores; y sus obras, para ser adquiridas y hojeadas, deben ir firmadas por sus profesores, a los que -¡Oh fiera desilusión!- no tienen más remedio que conocer.



martes, 13 de noviembre de 2012

Quousque tanden abutere, loewistas, patientia nostra?



Don Señor Desconocido:

- Le agradezco su mensaje y que no lo firme: me evita hacerle publicidad reproduciendo aquí su nombre. Debo igualmente decirle que no le agradezco los términos inopios con que expresa su bilis.

A) Me pregunta usted qué pasó con el Loewe y cómo fui capaz de semejante loewismo.

B) Debo decirle que no puedo decirle lo que ocurrió porque no lo sé; pero sí puedo decirle y quiero decirle lo que me ocurrió. 

C) Se lo cuento brevemente en forma de preguntas para que sea usted quien deduzca la última conclusión -aunque sospecho que ya la tiene porque debe de haberle dado un ataque de contumaz clarividencia-. En cualquier caso, si su manera de sacar conclusiones es la que se deriva de su mensaje, no tengo más remedio que decirle: no piense; es malo para la filosofía. 

1.- Analice vuesa merced la causa de la fábula: todo surge porque se me acusa y condena -sin una sola pregunta, y convirtiendo este en un país de presuntos culpables- de rechazar un premio para acogerme a otro de mayor cuantía dineraria. 

2.- Dada tal premisa, ¿por qué rechazaría vuesa merced, reiteradamente, durante los 5 ó 6 meses anteriores al loewazo, los 6.000 euros de un premio que le ha caído desde la lotería concursil -y sin saber que el destino le depara otra lotería mayor?-. (El ganador del concurso de novela, con todo derecho, cobró su premio diligentemente). 


3.- ¿No le parece a voacé, por lo tanto, que la causa no debe de ser monetaria, avariciosa o harpagónica? 


4.- Y si no es esa, ¿por qué no creer la que aduje durante todo ese tiempo, incluido el mismo instante en que los esproncedianos me lo comunicaron? (Revise vuesarced las grabaciones de la fiesta premiatoria).  


5.- ¿Concursea voacé, señor soldado, por los euros o para que lo que usted ha escrito se edite correcta y corregidamente? Yo rechacé el premio durante todos esos meses porque no me admitieron el texto definitivo del libro premiado, aunque me habían asegurado varias veces su admisión. (Esto -lo de rechazar un premio por razones de edición- me he visto obligado a hacerlo en otras dos ocasiones, antes y después de la desventura loewista: Premios Ciudad de Baena y Ciudad de Ronda. Y lo seguiría haciendo, si hubiera ocasión, siempre que un premio anteponga sus alharacas pomposas a la mejorable escritura premiada).


6.- ¿No cree usted que incluso una prostituta tiene derecho a decir "no" y a que respeten su negativa? (Sin embargo, violaron mi derecho al "no" en el premio Espronceda y editaron, ocultamente y sin ni siquiera enviarme pruebas de imprenta, un texto macarrónico roído por más erratas de las que soñaría un supergato). 


PD:
Si usted precisa cotilleos y menudencias, insensateces y leyendas negras, hartos infundios corren por las celestes e internautarias singladuras de las carabelas que naufragan por el océano virtual. Descúbralas y cristobalíceras colombianamente si quiere. Pero no olvide, cuando vaya a veredictar preclaramente, que con demasiada frecuencia creemos que los demás harían lo que haríamos nosotros: que piensa el ladrón que todos son de su condición. 
Que le aproveche el besuviazo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Exordio sobre el Loewe



Sumario. Polémica.
Exordio sobre el Loewe
Antonio Gracia
Marzo 2005
En la La Polémica de este mes de marzo de 2005 y en exclusiva para los lectores deLiteraturas.com, el reciente ganador del premio Loewe de poesía - desposeído de él por haber sido galardonado en otro concurso- Antonio Gracia, pide nuestra tribuna para matizar algunas cuestiones. Este documento es de utilidad pública. Una EXCLUSIVA de Literaturas.com
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¿Qué puedo decir sobre el premio Loewe que no haya dicho ya? Me siento causante, no culpable. Creo que, si fui raíz de un lamentable incidente, fueron otros los voceros de la inesperada pompa y circunstancia. El jurado, por descalificarme -justamente-, descalificó con sus comentarios la finalidad del Premio, que era resaltar algún nombre de entre los 1.108 concursantes. Lo cual no me sirve de excusa ni me exime de lamentar, una vez más, lo sucedido; sobre todo por el esfuerzo cultural de don Enrique Loewe y por el autor a quien le hubiera correspondido el premio, ya que, como en cualquier olimpiada, debería ganar el siguiente de los cualificados.

Ahora bien: ¿Quién presentaría una obra ya premiada a otro concurso esperando que, si volvían a premiarlo, no se supiera en unas horas? ¿Qué pensar de un país que antepone el linchamiento a la presunción de inocencia? ¿Por qué iba alguien a procurar su propio entierro? ¿Qué decir, si la sociedad prefiere una mentira convincente a una pobre verdad? ¿Por qué no se acepta el elemento error y se da por seguro el de alevosía? ¿Por qué se desechó como imposible el remoto temor al que aludí en voz alta: que todo se reducía a que el folio de un mismo título figuraba sobre dos libros diferentes y que estos habían invertido su destino? ¿Por qué, antes de que pudiese aclararlo, ya lo habían ensombrecido los amigos de las crucifixiones? ¿De qué manera mágica escuchar la voz de los fantasmas disfrazados de personas? ¿Qué decirle al poetiso L. A. de Villena , convertido en manso Loewe feroz de la España de charanga y pandereta? ¿No es preferible ser nadie en un mundo en el que ser alguien significa haberse vendido a las convenciones de la famamundia?

El mundo sería mejor si algunos no lo emponzoñaran teniendo como divisa que la sospecha es prueba de culpabilidad; entre estos, cada uno piensa del otro lo que no quiere reconocer de sí mismo: el metalúrgico Marzal , premiado loewemente por un libro con varios poemas ya publicados, ¿no debiera haber hecho mutis por el foro? Algunos, llevados por la ira, me regalan públicamente denuestos y lindezas, y luego me escriben embalsamadas cartas excusándose por sus excesos, cosa que les honra tanto como el hecho de que comprendan y disculpen mi torpeza; pero, si Calderón propuso que “A secreto agravio, secreta venganza”, ¿no debiera hacerse “A lo que es pública ofensa, un público desagravio”?

Naturalmente, hay que tener en cuenta las opiniones ajenas; aunque no hasta el punto de que anulen nuestro criterio -a menos que sus razones sean más razonables que las nuestras-. ¿Es razonable que una decidora tan clara como la Janés envuelva en varios folios un piropo sobre un libro -del que lee, además, varios poemas- y al día siguiente lo condene afirmando que a nadie le gustaba pero alguien tenía que elogiarlo? El señor Bonald se muestra poco caballero cuando afirma que soy un impresentable: supongo que tiene como referencia a sus compañeros parlanchines, todos más éticos, perléticos y perliperlambréticos que yo, que sólo soy un verso perverso, desertor por un instante de su retiro frailuisiano, y cuya escritura sólo vale en tanto que me sirve de terapia cuando escribo.

¿Pues qué decir del malinformador T.G. Yedra -de la agencia Colpisa, según dijo-, y otros periodistos verborristas, que en vez de repetir respuestas las inventa? ¿No sabe que, en el lenguaje, el orden de los factores altera el producto y cualquier alterador que lo alterase perfecto impostor será? ¿Y del señor Juan Palomo , quien habla de mi menuda jeta cuando él tiene tan grande el pico?

¿Debiera yo enfrentarme, verbal espada en mano, a tanto mosqueperro ladrador nacido en estos días, ya que mi pobre verdad no convence porque no es una mentira respetable? La valentía no consiste, a pesar de D. Quijote, en luchar contra la necedad, sino en mantenerse al margen de ella. ¿Debo considerar a los que afirman que llegué como anillo al dedo y que fui cabeza de turco en la que se lavó el honor de un certamen que necesitaba una limpieza? No comparto yo la desmesura del italiano Fogazzaro , quien afirmaba que “en los tiempos de La Fontaine los animales hablaban; hoy escriben”. En lugar de eso, diré lo que tal vez sólo yo pueda decir y ser creído: suele pensarse que los concursos de renombre están amañados; prueba soy de que es falso: era un desconocido ayer y vuelvo hoy a mi anonimato, del que nunca debiera haber salido.

En fin: ya nos mostró Cervantes que hay dos formas de afrontar al ofensor: mientras Avellaneda, queriendo que prevaleciesen su nombre y sinrazón, ultrajaba a Cervantes, éste, más noble y comedido, repudió todo acceso de cólera y dejó que los gritos del apócrifo se convirtieran en sus propios fiscales.

También yo debería haber callado: pero claro está que no poseo la nobleza cervantina y sí sus despistes autoriales. Además: ¿no se ofendería tanta aristocracia intelectual si un provinciano tuviese la mala educación de no acusar recibo de su verbo?

Posdata
(Por cierto -al parecer-, lo menos importante para quienes consideran que lo que importa es cerrar el caso rápidamente): 
Basta con ojear la escena del supuesto crimen, publicada por ABC, en la que la misma encargada del concurso Espronceda declaraba -pero nadie quiso verlo- que yo llevaba meses negándome a dar mis datos bancarios: es decir, que yo había rechazado ese premio hacía mucho por la misma razón que antes lo había hecho con el Ciudad de Baena -y luego con el Ciudad de Ronda-: porque me importa el texto -cuya corrección no me aceptaban-, y lo envío a una editorial o un concurso para publicarlo pulimentado, no para cambiar mi vida por dinero.

Literaturas.com

lunes, 10 de septiembre de 2012

Mensajes al autor




MENSAJES AL AUTOR:

 ANTONIOGRACIAONIRIA@GMAIL.COM

Gracias por tus sugerencias y comentarios
que puedes también escribir bajo cada entrada del blog.

lunes, 25 de junio de 2012

Fe de erratas: Gracias


Agradezco a quienes me envían, mediante mensajes, avisos de erratas. Por mucho cuidado que se lleve siempre hay algún descuido o algo que mejorar.
Sin embargo, debo aclarar a aquellos que me insisten en la acentuación de "solo": 
ley de la naturaleza es la tendencia a la síntesis, la eliminación de lo innecesario. Los vigilantes del idioma no son ajenos a ello; y, así, la Real Academia de la Lengua ha ido simplificando las grafías. Philosofia pasó a ser filosofía; a theatro se le cercenó la h; la preposición á perdió su tilde; los acentos diacríticos se han ido reduciendo a los imprescindibles; desapareció la obligatoriedad en los pronombres demostrativos... 
Semejante reducción ha ocurrido con solo: acentualmente, ya no hay diferencia entre el adverbio y el adjetivo.
No diré que en la ortografía siempre ha habido un punto caprichoso, pero sí algunas grietas. Cuantas veces he dicho y escrito en clase "ve y di lo que has visto", el alumno no ha sabido si mirar o ir antes de decir. A esas y otras expresiones de necesaria diacrisis me respondía en sendas cartas Lázaro Carreter, con quien tan poco quería, que "cualquier hispanohablante conoce la diferencia". Faltaría más que la sensatez no se bastase a sí misma. Pero no le estorba una norma que evite las subjetividades.
Gracias de nuevo, en cualquier caso.

sábado, 9 de junio de 2012

La condición sinestésica (Fe de erratas, III)


Creía yo que La Red era un universo expansivo e inagotable. De pronto, ya no puedo subir vídeos a este blog. Ahora, cuando pulse el botón de "publicar", sabré si el enlace que voy a insertar más abajo conduce a donde quiero.
Y aun así, no es lo mismo: escuchar, y ver, mientras se lee, sin tener que salir de la página.
Aunque empecé este blog por azarosa curiosidad, lo continué porque vi que podía realizar la condición sinestésica: la conjunción de palabra, música y pintura.
Pero vaise mio corac,ón de mib!
Acaso tornarab?

Si alguien ve titilar la estrella du Petit Prince y conoce la solución, yo le ruego: ¡apprivoise-moi!

Pulsar>>


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La condición sinestésica (Teselas, XIII)



sábado, 5 de mayo de 2012

Coleridge maltratado (Fe de erratas, II)






Sé que debiera evitarlo: pero no consigo dejar de huir de periódicos y revistas. Me parece que la comunicación de la cultura se ha degradado al facilitarse tan livianamente su difusión. A menudo, queriendo estar al día, muchos no están en nuestro tiempo. Corren tras la última edición como si fuera la definitiva. Confunden cotilleo fugaz con la verdad, siquiera, constatada. Y el periódico, la radio, la televisión... además de sus muchas bondades -y potencias desechadas- tienen, o me lo parece, ese defecto: deforman más que informan; transmiten opiniones parciales, gratuitas, frívolas, irresponsables, sustituibles, y sustituidas, por otras a los diez minutos o al día siguiente. Y lo que es peor: su daño crea escuela y su delito queda impune. Ya lo decía Séneca: "cuando una parte del todo cae, lo que queda no es muy seguro". Y A. Machado: "¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad".
Forzado a decir a cada instante algo para llenar esos espacios seudoinformativos y coyunturales, el firmante dice lo que le parece y desaparece para urdir cualqueotro parecer sin fundamento. El mundo es, por tanto, virtual, enmascarado y reversible. Quiero decir: la sociedad.

No es exactamente este el caso, aunque también: ayer recibí una página periodística en la que leí en su primera línea -donde cayeron mis insomnes ojos- que Borges dijo que los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Parece que no tiene importancia el error autorial: el universo va a seguir igualmente su viaje inextinguible. Pero no el espíritu de la verdad; y si esta se desintegra, también se diluirá el universo humano.
Firmaba el artículo A. Muñoz Molina; lo cual, por ser este académico, confiere al lapsus o desconocimiento una dimensión de grave y lesa ejemplaridad.
Porque lo cierto es que Borges el memorioso, icono de sabiduría, no es el cincelador de esa frase; la recogió, si no recuerdo mal, en Deutsches RequiemPero el autor de tal afirmación es Coleridge ("se nace aristotélico o platónico": la leí, hace décadas, en un ensayo -creo que de G. Díaz-Plaja) sobre el Romanticismo, publicado por la nostalgiada colección Austral). Y no debe robársele a cada uno lo que es suyo solo porque la urgencia y necesidad de despachar un artículo nos impida certificar como auténtico lo que es nada más que probable. 
(No sé dónde coloqué el dicho ensayo, para corroborarlo. ¿Estaré perpetrando igual delito memorístico?).