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lunes, 31 de mayo de 2021

Unamuno: El Cristo de Velázquez


 

N´este país...

 


    Cosas que ocurren en este país llamado Mundo: 

Ayer publiqué un vídeo sobre "La censura en el cine". A las pocas horas recibí de Internet un veredicto condenatorio por sedición o algo así, sin indulto, y en el que se me comunicaba nosequé sobre nosequé normas: en fin, que nadie más que yo podía verlo. 

No es la primera vez que ocurre tal semejantez; pero lo curioso en esta ocasión es que tal vídeo pudo verlo todo aquel que quiso, hace poco, ya que lo emitieron en la TVE 2, de donde lo tomé, puesto que está en Youtube, y veo que lleva más de 935.000 visitas. El curioso puede curiosearlo en los siguiente enlaces y sacar sus conclusiones: ¿hay un dios orweliano que, en el edén del bien y del mal, elige las manzanas que nos impiden el conocimiento? 

https://antoniograciaoniria.blogspot.com/2021/05/la-censura-en-el-cine.html

o

La censura en el cine

o, en directo,

https://www.youtube.com/watch?v=OmaavE-Bveo



domingo, 30 de mayo de 2021

La censura en el cine


Vía prohibitiva

No sé cómo perdura el criterio de un denunciador sobre el de los demás, que no denuncian.
Creo que el denunciante debería demostrar mi culpa, no yo mi inocencia.

Koroa Leyendo

Koroa Batekin leyendo REDENCIÓN

XLII.- La redención


Suena el viento en los árboles y suenan
las flautas y los pájaros: orquestas
de ramas y de lluvia.
¿Recuerdas los museos, bibliotecas,
las músicas, los cuadros y los versos?
Son las únicas cosas que redimen
la vida de los hombres.
Volveremos a ellos, a tallar
nuestra mente con sus sabidurías,
sus colores y cánticos.
Pero antes bebámonos la luz
de la naturaleza
para que no olvidemos que la vida
es tacto y corazón,
y no el fracaso
que el arte intenta hacernos olvidar.
Y déjame que taña una vez más
en tu cuerpo la música del cosmos.
Un cuadro, ¿nos devuelve algún paisaje?
Un poema de amor, ¿rescata un beso?
¿En qué violín escucharé tu risa?



viernes, 28 de mayo de 2021

La presente poesía del futuro (Sobre un libro de A. L. Prieto de Paula)



Barber: Adagio


La presente poesía del futuro

Ángel Luis Prieto de Paula
La poesía española de la II República a la Transición. 
Universidad de Alicante, 2021 - 844 páginas 

PÚLSAME


Es tal la cantidad de seudocultura que la cultura acumula en su camino hacia el Progreso que son necesarios muchos filtros para que solo quede la digna de ser tenida en cuenta. En el caso de la poesía, solo un buen conocedor de la misma puede diagnosticar la redimible y la condenable. Labor previa es esta a la de la elaboración de un libro en el que darle al lector una linealidad razonada de los movimientos poéticos -y sus autores- surgidos durante un determinado periodo.

    En el libro que anoto, el autor ha tenido que salvar las dificultades que implica todo conjunto compendioso y reflector del tiempo acotado. Contestarse por ejemplo a ¿Qué criterio seguir? ¿Ser historicista, preferir la cantidad, aunque sobre algún nombrado, o la calidad aunque falte alguien nombrable? ¿Ser más acumulativo que selectivo, evitar la enumeración caótica de autores que probablemente no se seleccionarían si no se tratase de evidenciar lo que hay y solo se pretendiese mostrar lo que queda de lo que fue? ¿Enumerar movimientos, estéticas y nombres o seleccionar vigencias? ¿Cabalgar sobre el tiempo diseccionando sus paisajes líricos en sucesividad cronológica o, como un guadiana que emerge y desemerge, anclar en todos los puertos que baña el manantial? 

    Con la mirada sabia que le otorga el haber dedicado sendos libros a estudiar la poesía de los siglos anteriores, el profesor Ángel Luis Prieto de Paula nos ofrece todo eso, y más, en "La poesía española de la II República a la Transición", denso y extenso volumen publicado por la Universidad de Alicante. En tan enjundioso libro Prieto de Paula aúna el criterio de la convergencia y el de la divergencia, ofrece conceptos, poéticas, autores, obras... interconectado todo ello de tal modo que el detenimiento en un nombre propio se completa con presencias de este al hablar de otros con los que mantuvo algún tipo de relación grupal, poética, coetánea..., fundiéndose así los diferentes aspectos en un totum no revolutum sino enlazador, y en un tiempo que, cuando es necesario, avanza o retrocede en lo conjuntual tanto como en lo unipersonal para que el retrato de época e individuo sea certero, complementado y no sesgado. 

    Todo estudioso debe seleccionar, amputar, preservar la palabra que ha ido pergeñando el presente de cada época y permanece como vigencia enriquecedora, subordinando el esplendor o derrota sincrónicos al criterio diacrónico: debe, pues, redimir o enviar al ostracismo a cuantos mantiene la inercia crítica o no fueron reconocidos por ella. Porque La Historia de la poesía, o del arte, no es la relación de sus autores o sus obras, sino la recopilación de unas pocas de estas seleccionadas por el criterio de la sensatez: la imprescindibilidad: aquellas que mostraríamos a un alienígena que quisiera conocer el corazón y el intelecto humano: las que dejarían incompleto al hombre si la “neurona diacrónica” las amputase. 

    En su estudio, Prieto de Paula se convierte en cicerone y demiurgo de la ingente labor versificatoria de las múltiples orientaciones estéticas, nadando, sin naufragio, en tan proceloso mar. Basta leer el extenso Índice Onomástico para otear lo multiforme y enjundioso de la contemplación. Cada poeta es catalogado y no enclaustrado en una estética o un tiempo, juzgado y enjuiciado, pero no ajusticiado; aunque, lógicamente, se sospechen las preferencias, nunca caprichudas. Tan acertado me parece el viaje, y sus singladuras, que me apresuro a calificarlo de manual de referencia, de texto canónico sobre esas largas décadas del siglo XX. Todo ello por su complementariedad y ordenamiento, su encadenación de autores y obras y su muestrario finalmente selectivo -tal vez generoso y benévolo en exceso- de lo que fue la poesía en el pasado siglo. Es un catálogo razonado de nombres, una urdimbre de los mismos y un enjuiciamiento finiquitatorio. Un texto que nace con vocación de ser referente de las próximas miradas al siglo XX y sus continuaciones.


martes, 25 de mayo de 2021

Historia de la música ( 5 / 5 )

 

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Historia de la música (1)




SONETO PARA AZULINDA Otro audio encontrado en internet

 

Igualmente: ruego al lector o lectora que sea fiel al texto. Más se lo agradeceré.


De Azulinda para su enamorado

Tú dime que me amas, que me quieres

más que a todos los seres de este mundo,

y que has sido tan solo un vagabundo

buscándome entre todas las mujeres.

Dime una vez, y mil, que me prefieres

porque has hallado en mí el amor profundo

que no encontrabas, que con él inundo

tu corazón, y que sin él te mueres.

Yo te diré que sí, que creo en ti,

que nada es falso de cuanto me escribes;

que escribes para mí y para mí vives;

que en ti confío, igual que tú en mí;

que el amor es la única mentira

que el alma acepta y por la cual suspira.


lunes, 24 de mayo de 2021

Noches de blanco satén

 ¿Quién no recuerda en estos días y estas noches otras noches y otros días ni en blanco ni sin satén?


Versión completa: con vocación sinfónica y, por eso, menos comercial, por lo que fue relegada.


viernes, 21 de mayo de 2021

En la muerte de Francisco Brines


 Púlsame

Brines, 2013


La desolación anticipada de F. Brines
            Francisco Brines es un poeta de la desolación. Siente la vida como si ya hubiese pasado o, mejor, como si la hubiera ya perdido. Claro está que con ese pre-sentimiento solo la memoria puede devolver parte de lo que fue o debió ser, solo el recuerdo se constituye en vida. Destinado a recordar, “no repite / los hechos como fueron, ... los piensa más felices” (“Está en penumbra el cuarto...” Las brasas). No obstante esa inclinación a embellecer la existencia mediante la rememoración, “es doloroso ver que, aun con engaño, / hay un mismo final de desaliento” (ídem). Con tales premisas, un poeta no puede ser más que elegíaco: “De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha / saqueo avaramente / siempre una misma imagen” (“Aquel verano”. Insistencias en Luzbel).
             Incapaz de mirar lo que no sea semilla de la muerte, son frecuentes las expresiones fatalistas: “en el presente / no vive la esperanza” (“Está en penumbra...”); “Hoy lo que ven mis ojos / es el profundo cambio de la vida en la muerte” (“Otoño inglés”. Palabras a la oscuridad). Incluso la constatación de la obviedad muestra el catastrofismo: “todo muere / sobre este mundo vivo” (“Días finales”. Insistencias...).
             La desolación cohabita en Brines y aparece incluso en instantes expresivos de apariencia exclusivamente retórica: “en el campo / hay demasiada noche”, “las estrellas / en el cielo vacío” (“La nueva estación”. Insistencias...). Esa noche excesiva y ese “cielo vacío” son hojas que caen desde la concepción de que el hombre es nada, solo “un bulto de sombra” (“Está en penumbra el cuarto...”), nada más que “el hueco profundo de una sombra” (“Mere Road”. Palabras...). Ni siquiera, al acercarse a la juventud -la de los otros- puede ver la vida en ella: contempla su futura vejez, como la presintió o premeditó en sí mismo siendo joven.
            Hay en Brines una compulsión que parece llevarle a negarse el bienestar y la serenidad: vivió su propia juventud “presintiendo los días venturosos de vejez”. Pero esta, como aquella, es también una mentira, “el último engaño”, “la abolición del entusiasmo” (“Días finales”. Insistencias...), “un árbol sin hojas” (La despedida”. El otoño de las rosas). Es obsesiva su concepción de la vida como engaño -autoengaño- y sueño imposible: “Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia / ... Hoy vivo esta carencia, / y apuro del engaño algún rescate / que me permita aún mirar el mundo” (“Aquel verano...”. Insistencias...); “Hoy parece un engaño que fuésemos felices / al modo inmerecido de los dioses” (“Los veranos”. El otoño...).
           Tal funebridad de la existencia humana alcanza a la naturaleza: y así, por ejemplo, el otoño parece ensayar muertes incluso para renacerse, a través del invierno, en primavera, como el árbol modernista y machadiano renacido de su podredumbre en el poema “Otoño inglés”. De este modo, la vida es un presagio de la muerte, y la escritura un patetismo de la belleza, consistente en amar la vida que se escapa: “mi corazón, más pobre ahora que nunca, / pues más ama la vida”. La huella de la poesía fúnebre de Quevedo se constata incluso en un verso de “Mere Road”, en el que se esconde un endecasílabo palimpséstico de este: “Cavan en mi vivir mi monumento”, dice Quevedo; y Brines: “un día y otro día cavan en mi memoria este recuerdo”. En cuanto al amor, siempre fuente de la esperanza, tampoco es suficiente para olvidar la cripta solitaria: “desnudaré mi cuerpo, y en las sombras, / he de yacer con el estéril tiempo” (“¿Con quién haré el amor?”. Aún no).
            Contra la muerte solo cabe oponer la inmortalidad. Y en medio del abatimiento, la soberbia del humillado por la realidad reclama aquella para el hombre: porque ya que “no hay merecimiento en el nacer”, tampoco “nada justifica nuestra muerte” (“Alocución pagana”. Aún no). Pero también puede oponerse la insensibilidad o el estoicismo, que encuentran una afirmación categórica y lacónica, como una verdad experiencial anticipada a quienes empiezan a vivir: “ningún hombre es feliz” (“La perversión”. Insistencias...). Un viaje es la vida hacia la muerte, y “La última costa” parece, por eso, un viaje con Caronte.
            Se diría que Brines ha ejercido de nostálgico, que yace y ha yacido en una nostalgia prospectiva y retrospectiva, negándose la vida y recuperándola en el verso, como Gil-Albert, con quien guarda tanto apareamiento: “Regresa, con la tarde, aquel futuro / de una vida que habría de venir / ... Valió más el momento de esa tarde / que el pasado venido. / El poema regresa hasta el calor / de una tarde arañada, se cobija / en una soledad no amada y dura, / en una tierra extraña palpa vida” (“Las campanas de St Peter”. El otoño de las rosas).   
           Toda la poética de Brines se halla anticipada en el poema “Está en penumbra el cuarto”, de su primer libro (Las brasas): en él un hombre solitario y contemplativo rememora desde su habitación la vida que no tuvo y se sabe cadáver en el tiempo. De nuevo Quevedo (“si mis párpados, Lisi, labios fueran”) susurrándole a Bécquer (“el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”) determina su verso: “sabe / que una mirada allí es como un beso”. Y Machado presta su caróntica nave (“Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar...”) para que pueda despedirse de una existencia gris: “un día partirá del viejo pueblo / y en un extraño buque, sin pesar, / navegará”.
          Brines siente la vida como si ya hubiese pasado o, mejor, como si la hubiera ya perdido, he escrito al empezar. Al fin, lo que Manrique ya escribiese: “Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado, / si juzgamos sabiamente / daremos lo no venido / por pasado".


jueves, 20 de mayo de 2021

Otro texto encontrado en internet

Como al anterior, agradezco al desconocido lector de este poema su lectura; aunque le ruego, si emprende futuras empresas lectorales, que sea fiel al texto y no incluya erratas versales ni fonéticas.

 Desconocido en la red



1.- (De la consolación por la poesía)


Miro la luz: me reconozco vivo 

en medio de otras vidas: flores, piedras,

criaturas que conforman

la secreta unidad del universo. 

La Historia testifica 

la gran desolación, y el Arte escribe

la biografía del dolor cansado.

El que yo soy y el que quisiera ser 

buscan belleza en la que contemplarse,

única paz ante la podredumbre.

No poseo más luz que la palabra 

para alumbrar el mundo y sus misterios,

y en ella me prolongo;

pues, aunque no consigo pronunciar 

el nombre del fulgor definitivo,

en el decir hallo sosiego.




martes, 18 de mayo de 2021

Cien años de soledad

 

Confieso que, aunque me deslumbró hace miles de años, no he podido soportarla en las últimas décadas. Solo me parece una buena escritura narrativa contando los "tebeos de hadas" y aventuras de la adolescencia.
Donde esté Borges no caben los demás; salvo Sábato.
 
Cap I






Poemas en Akra Leuka (XXXI) - Roberto Gómez Y Pérez


Dowland / Scholls: Entre las sombras

La muerte es el primer aldabonazo que llama la atención sobre una vida. El tiempo, ese tránsfuga de la existencia, nos ayuda a conocernos y a que nos conozcan tanto como a desconocernos y a que nos desconozcan. Y en ese conocimiento y reconocimiento, unos crecen ante los demás a través de los años, y otros se hacen merecedores del olvido. 


Muchos somos los que pasamos por la vida sin dejar nada a cambio de lo que ella nos da. No vemos bien hasta que ya es muy tarde. Otros, en cambio, muestran su cara sonriente y reparten entre sus conocidos lo mejor que encuentran de sí mismos. El dolor es el sentimiento que más une a los hombres, y el que los hace amarse a pesar de sus eventuales diferencias. 


Hace tres décadas, unos pocos amantes de las artes solíamos refugiar nuestros espíritus bohemios en El Barrio de Alicante, entonces plateado por la luna. Muchas veces la madrugada descendió las persianas de “La Naya” -aquella regentada por la siempre recordada Reme Perea-, dejándonos a nosotros dentro. En aquel interior lleno de ansias y humo, reducto de existencialistas buscadores del oro de las letras -también de impostores-, dije yo algunas palabras sobre uno de los primeros libros de Roberto Gómez, a modo de informal presentación iconoclasta ante algunos dipsómanos rebeldes. Años después tuve la oportunidad de editar dos de sus libros de poemas, en las colecciones Indicios Alimentando lluviasAntifonario y Los papeles del aire, si bien, aunque cargada de lirismo, su pluma prefería la prosa narrativa, que conformó títulos como La línea de luz. Todavía tuvo tiempo de ver los primeros ejemplares de su poemario El pabellón del alquimista


Alguien dirá que en alguna ocasión nos vio enfrentados levemente, sin astillas ni hachas en las manos; y es cierto: porque la amistad es la única virtud que permite estar en desacuerdo sin originar desencuentros. Pues si durante los últimos tiempos nos vimos pocas veces se debió más a mi condición de fugitivo del mundo que a su alegría de vivir a pesar de las adversidades. 


No voy a destacar la bondad de su obra, ni su particularidad en medio de los autores alicantinos, ni si debiera ser más o menos conocido del gran público. Eso lo dejo para quienes entienden la escritura como una carrera hacia el éxito. Sí destaco la dedicación y pasión de Roberto Gómez ante el hecho expresivo, la necesidad de liberar su espíritu con autobiografías emocionales, que son las únicas auténticas y las que dan valor sin precio a una escritura. En eso fue un guerrero, como lo fue contra la muerte, frente a la que nunca rindió su animoso talante a pesar de que, finalmente, aquella lo venciese en fiera y desigual batalla. 


Siempre individualista y firme en sus convicciones, llegó al cementerio acompañado de unos pocos amigos; allí se quedó, solo consigo mismo, con su muerte de 42 años sola y propia, debajo de la tierra y del sol que tanto amó, a las doce -no sé si en punto- de la mañana. Ahora nos quedan sus libros, como hojas de su prematuro otoño.

Estos son los cuatro fragmentos de su EstaDios de la luz que le inserté en el nº 9 de Algaria 0. La mirada fluctúa entre la inconcreción y la abstracción, la seriedad del oracionismo monjil y la incredulidad que desde el título muestra una simplista irreverencia ("EstaDios"), de manera que los versos son caprichosas linealidades de una prosa que ha huido de su forma renglónica.


1 
antes de nada y 
sin embargo 

su

undivaga revelación 
noche de hoyangas 


2
latiendo su pulso 
gozando entrañas de espuma 
hoy he visto romper las olas 
en el acantilado 
y he querido ser mar 
y he querido ser línea de horizonte
y he querido ser sol 
y he querido ser roca 
y he querido ser nada 


3 
escucha la voz de los monjes 
mientras ascienden la colina 
escucha sus pasos sobre la piedra 
mientras estalla una campana 
escucha su rasgo y su esfinge 
mientras el crepúsculo deletrea contraluz 
escucha el silencio la voz 
falsa iconografía de la penitencia 
de los monjes la voz la campana 
escucha 


4
la tarde 
el tronco de una higuera 
si estoy en el pasado 
y una ciudad de luces 
con alcazaba una ciudad 
y un niño desnudo 
-esplendor y miseria y el tiempo-
el tronco de una higuera 
abarcando la tarde 
si estoy en el pasado


INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

sábado, 15 de mayo de 2021

UN MILLÓN DE VISITAS

Barber: Adagio

Como ha podido observar el visitante del blog, el contador de visitas va sumando cada día una media de 350.

En este instante marca:

978.907

Por lo tanto:

Mientras mi vida fluye hacia la muerte // antonio gracia

Sumará un millón de visitas en un par de meses...

Hoy: 978.907

Es decir: los lectores, sin saberlo, parecen haberse propuesto regalarme un millón de visitas para mi cumpleaños; si se observa la cifra que consta en la portada del blog, faltan unas 21.000: dos meses (con permiso de los virusaurios).

No sé si aprovechar para cerrar, después de 8 años. Yo ni quiero acabar ni seguir. Lo empecé azarosamente y ha sido un escrito diario, breve, extenso... semejante al anterior y posterior... y ya se ha convertido en hábito, aunque más repetitivo que otra cosa. Y no quiero caer en la rutina.

Agradezco a los fieles su fidelidad cotidiana: ojalá hayan hallado, siquiera, distracción. Agradezco a quienes me han ido animando, o felicitando; también a quienes me reprochan, o incluso me denuncian, a los que se delatan faltos de criterio y autoestima y se apuntan y se borran infantil y asiduamente, como halagándome y castigándome: unos y otros han preferido pasarlo mal -o bien- por leerme, pudiendo haber sufrido -o gozado- con otras lecturas.

De algo me ha servido a mí: para recoger en libro una colección de ensayos  que nacieron en y para el blog (La construcción del poema) y dos conjuntos de poemas: sobre obras de arte y sobre el amor (Lejos de toda furia y Cántico erótico). No hubo predisposición en ello, ni propósito, como nunca lo ha habido en mi escritura. Son hojas del árbol que yo soy y cuyas ramas empiezan a inclinarse bajo el peso del vivir. 

Juntos o separados, con el mismo criterio o diferentes, todos formamos parte de una misma historia: la vida es un rumor que crean nuestras voces solitarias o al unísono. No seamos tan individualistas que caigamos en el egoísmo e impidamos la vida en convivencia. Tampoco permitamos que el mal ejercicio de la democracia mate al individuo. No confundamos libertad con libertinaje ni solidaridad con complicidad. La vida es el lugar hacia el que vamos, dondequiera que esté: entre arterias y músculos, entre duendes o espíritus, en aquella galaxia, en esta otra.





Wilder: El apartamento

 Pulsar para ver

El apartamento

- "Sí, pero ya la he visto", dirán muchos. 
- ¿Seguro que no la has visto solo parcialmente, como una comedia de la que esperas diversión sin más...? 
Pocas veces una tragedia se integra en una comedia, y esta en aquella, sin perder su categoría de icono tragicómico y retrato de la existencia. La sátira social y el fracaso individual se mantienen interdependientes y complementarios milagrosamente, gracias a un director y dos actores que saben alumbrar la tristeza con alegría y convertir la película -con su duelo entre triunfadores y perdedores- en síntesis de la condición humana.
El guión no alardea de reconditeces, la cámara no busca saltimbanquismos, sino que es diáfanamente implacable en su exposición narrativa, los actores no sobreactúan, sino que encarnan la bonhomía y naturalidad de quienes carecen de maldad para "vencer" en un mundo de hipócritas verdades... 
Deslumbrantes Shirley Mclaine, Jack Lemmon y la batuta de Billy Wilder.

Escena de la redención

Si no se ve la anterior, pulsar:


viernes, 14 de mayo de 2021

Poemas en Akra Leuka (XXX) - José Luis de la Vega

Publiqué, ante el asombro de algunos de sus prójimos, que lo daban por difunto para las letras, un libro de José Luis de la Vega, en la colección Indicios: "Los esfuerzos inútiles". 

En el poema aquí inserto, la voluntad de contundencia expresiva se manifiesta en la elección del endecasílabo anafórico y pretencioso de visionarismo, expuesto desde el primer verso, en el que aparecen tres ingredientes: ritmo oncesílabo, mirada "hacia adentro" y la ceguera del "veo" -repetido cada dos versos, salvo en la continuidad de los dos primeros- para todo lo que no sea paisaje intimista y malheridor.

El ritmo de la enumeración caótica paralelística se rompe en el último verso, que empuja y retrotrae la prosodia a la quinta sílaba, y en el verso diez, en el que el inicial "veo" se pronuncia como un monosílabo al no poder unirse con sinalefa a la palabra siguiente, como hacen todos los demás ("Veo la fiebre del mar...", dicción esta que, unida al anterior "fuego del mar", recuerda -no sé si como sustrato u homenaje- el título de Gimferrer). 

El poema, sustentado levemente en el irracionalismo, parece querer dejar en el lector la impresión de que la única realidad de la existencia es su catastrofismo, verbalizado desde la soledad.

Tras la mirada de los "ciegos", quedan los "navegantes", el "mar" de Valéry, las pétreas "dentelladas", los "manantiales", el "aire", el "condenado", el "murmullo" del mundo... convertido todo ello, como un magma, en palabras. "Lo demás es silencio", devastación de los sueños, parece decirnos el autor.


EL CIEGO


Veo hacia dentro como ven los ciegos.

Veo a los navegantes y su pánico

a las orillas de la realidad.

Veo el fuego del mar, esa cornisa

donde suenan las voces de los muertos.

Veo las dentelladas de las rocas

en el festín de la desolación.

Veo los manantiales de las islas

en los ojos insomnes del saludo.

Veo la fiebre del mar que me estremece

y el pétalo del agua que me abriga.

Veo el aire inflamado de las nubes

en el rostro invisible de la noche.

Veo el silencio de los condenados

y los murmullos de la muchedumbre.

Veo a través del sueño las palabras

donde he escrito toda la soledad. 

                                            


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Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

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Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

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Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres