Agradezco a Nuria P. Serrano el comentario que incluye en su blog sobre el poema publicado hace unos días, y cuyo texto añado:
1.- El poema:
Consuélenme tus besos
Este mar que contemplo te observa en esa orilla
en la que tú contemplas que te miro
anhelante y lejano, como un lecho de líquido esplendor en el que nos amamos. No es este el mar de Ulises, pero es mar: el alto cielo convertido en lluvia.
La transustanciación inicia el vértigo
de nuestros corazones trascendidos,
y el agua es como un pájaro que se posa en tu cuerpo
y lo inunda de besos, caracolas y brisas.
En él vuelo hasta ti, te abrazo y dejo
que vuelva con tu abrazo.
La lentitud sonora de sus olas
briza con su plumaje la tierna acometida
de tu amor y mi amor, mientras la noche
rutila con estrellas la frágil singladura
de nuestra mutua ausencia. Sálvame del naufragio: Consuélenme tus besos en la aurora.
2.- La glosa:
Si, además de escuchar el poema de Antonio Gracia, “Consuélenme tus besos”, lo analizáramos, podríamos decir que hay una sucesión de miradas encadenadas: el amado contempla el mar, que a su vez contempla a la amada. El amado mira a la amada que, desde otra orilla, mira al amado contemplándola. Pese a la lejanía que los separa, ella, anhelante y deseosa, se regocija al ser mirada.
El mar es espejo y reflejo de amado y amada: el líquido esplendor que ambos contemplan para contemplar que se contemplan. El amado desearía que ese líquido fulgor en que los ojos de ambos se abrazan fuera el mar de Ulises. No obstante, consciente de que no lo es, se apacigua pensando que es mar, pese a todo. Es el alto cielo de Homero encrespado. Y su encendido oleaje es origen de la transustanciación de ambos: un vértigo mutuo trasciende y transforma sus corazones, logrando su unión más allá de la distancia: igual que el pan y el vino dejan de ser pan y vino, los amados se unen y divinizan al transustanciarse. Así, en la contemplación del mar, llega el amado a “ser amado en la amada transformado”: el mar rizado es un pájaro que vuela, rozando con su plumaje el cuerpo de la amada y llenándolo de “besos, caracolas y brisas”. El perpetuo vaivén, las olas lentas, y su suave desmemoria, los unen y transfiguran en el abrazo. Y en ese continuo viaje de miradas que miran que son miradas, la noche se llena de estrellas. Aun así, el amado, sabedor de la fragilidad del viaje, y temeroso del naufragio, pide a la amada la consolación de sus besos en la aurora, como un crepúsculo anhelante de la luz del alba.
¿Es esto, en todo o en parte, lo que quiso decir Antonio Gracia al escribir su poema? Quizá no. Quizá debemos pensar que, como toda interpretación, esta no es más que una digresión o incluso una destrucción de la belleza intrínseca de un poema que otro lector podría interpretar de otra manera. En toda exégesis nos alejamos de la esencia del poema: transmitir con palabras precisas, escogidas, certeras. En cualquier caso, si este poema emociona a los lectores de forma que estos puedan interpretarlo y hacerlo suyo es porque su música habla con sonidos y silencios que todos podemos sentir y entender, y que nos permiten “apropiarnos” de él, adaptándolo a nuestro propio mundo y vivencias. Esa es la fuerza de este poema. Y esta explicación solo son palabras para explicar lo inexplicable e inextinguible: la magia de la poesía que, en ocasiones, algunos poemas, si son poemas, revelan al tocar, con su plasticidad y su música, nuestras tres grandes heridas: “la del amor, la de la muerte, la de la vida”.
Nuria P. Serrano
Comentarios:
1. I. H.- Si te interesa saber más sobre cómo se construye un poema, puedes leer el último libro de Antonio Gracia:La construcción del poema. Encárgalo en tu librería habitual. O solicítalo por correo electrónico a Lorena Bernabéu: lbernabe@diputacionalicante.es. Precio: 10 euros, gastos de envío incluidos.
El mar ese misterio que siempre cautiva y enamora sólo con mirarlo...Siempre el mar. Razón tenía Khalil Gibran cuando dijo... "Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar". Precioso Nuria. Buen fin de semana. Besos.
Fuera la que fuere la intencionalidad de Antonio Gracia al construir este poema en concreto, certísimo es que en todo proceso amoroso, de toda índole, el elemento único que lo define es la absoluta comunión entre el amado y el amador. Hasta participar ambos de idéntica realidad aun 'a costa' de fundirse ambas partes en esencia. impecable, el poema Bss
Los que vivimos a la orilla del mar tenemos una indiscutible ventaja para entender la relación que se establece ente mar y observador. No sabríamos expresarlo tan bien como o hace Antonio Gracia pero ahora, mientras miro las olas, las reales, puedo comprenderlo un poco mejor.
Si algo resulta complejo en la escritura es: la interpretación y deducción de los mismos. En la vorágine de la llamada inspiración, se describen hechos y situaciones convenientemente sazonadas con imaginación, luego, viene el otro proceso- un tanto divertido para su autor- que es observar y disfrutar viendo como sus lectores entran a una suerte de laberinto de Creta; algunos -los más afortunados- encontrarán el hilo sagrado y saldrán airosos, otros, se enredarán en su madeja y no lograrán descifrar el camino. Si acontece así en una novela, cuento o relato, tanto mayor será el obstáculo en un poema donde el uso de recursos literarios profundiza aún más su dificultad.
Creo o más bien pienso, que Antonio Gracia quedó más que satisfecho con tu admirable y, bien lograda exégesis de su hermoso poema. Itaca nos entrega tantos destinatarios, que después de todo, sea una mujer amada o un hijo, el fondo es el mismo: el amor en la distancia.
Abrazos mi querida Nuria.
P.D.: Agradezco desde el alma, la inclusión de la portada de mi libro en tu Blog. Gracias por la deferencia y noble gesto. Abrazos desde y para siempre.
Publicado por Taty Cascada para IndigoHorizonte a las 28 de febrero de 2017, 23:20
(Un breve apunte: Poema de amor es este cuya génesis puede extrañar, pero que ilustra los laberintos del proceso creador. Al tener que callar el nombre de quien está al otro lado del océano y es destinatario, su identidad poemática va adquiriendo otra que acaba, en el texto, convirtiéndose en la amada, dentro de un poema de amor al uso. No obstante, el impulso creador original y su escritura -refundida para que el receptor sea una mujer- fueron determinados por la pulsión del autor al sentir a su hijo en la distancia).
Autora de varios libros de poemas, Esther Abellán Rodes es animadora cultural, actriz, radiofonista, antóloga... He aquí un poema rupturista con los suyos anteriores, escrito sin contemplaciones para el lector, atento a su contundencia esencial y endecasílaba: como un contrarosario de anhelos y desengaños, el poema se desgrana desde una irracionalidad que va anexando los versos procedentes de un abismo confesional y palimpséstico del yo, una sucesión de imágenes de índole visionaria. Si el poema de Maricarmen Sacristán (Pulsar) integraba en un amanecer unos haces de luz robados a las sombras, para cantar la existencia, este poema se disgrega en rayos hacinados desde la oscuridad, dando fe de la sombría naturaleza humana y esperando confluir en un retrato redentor. Aquel afrontaba el presente con determinación; este se enfrenta a él para disiparlo.
Desde la oscuridad I Un suicidio que nace transparente, almíbar de siluetas y de carne, huesos y piel desnuda, ser, no ser; deidades que penetran en los ojos y Zeus presente, cuerpo atropellado. ¡Yo no sé en qué nos hemos convertido! Cúpula del futuro, la tormenta, un paraíso roto por el hombre, las pupilas que sangran el destierro. Los cráneos emergen entre sombras y otro mundo llega al amanecer. II La mañana sostiene un cuerpo lacio entre jazmines ya recién cortados. Por el paisaje reptan las serpientes y surgen las extrañas pesadillas sobre los muros con su piel suave. Nada despierta ya en el horizonte, nada próximo a los acantilados. Los cuerpos embalsaman las palabras y ahora todo gira sobre el mar, deshabitada cúspide, pasado de un hogar que intentó ser la semilla en un suelo de amor tenebris lleno. III El futuro nos cierra los perímetros. Los muros reverdecen en la arena mientras crecen las balas y su impacto en esta playa con su luz antigua. Tras un regusto ácido, el pasado se esconde entre las sombras delirantes, entre rostros sin nombre que se van lejos de cincelados monumentos. Yo pienso en un camino luminoso, en insólitos sueños que recitan bajo la triste luz de las farolas. Todo tiene el color de otro paisaje, mis lágrimas esconden las historias que ya, distantes, no me pertenecen.
Un homenaje y recordatorio de Nemesio Martín; y una lectura del propio autor.
Ante tanto testimoniazgo, me limitaré a decir que
"Los libros son los seres humanos que más amigos tienen".
(La construcción del poema)
1)
Hay autores que trasvasan la escritura de otros a la propia, y autores que atribuyen su vida -y su escritura- a otros. A veces la literatura acaba colonizando la existencia y usurpándola. Aunque "la vida no la dictan las palabras", sino que, al revés, siempre acabamos autobiografiándonos: desnudos o con disfraces.
En Nemesio Martín Santamaría hay esas dos plumas que confluyen en una, dictadora o esclava de la otra, pero libres ambas como ejercicio de confesionalismo involuntario y de voluntaria devoción por los muchos poetas que en el mundo profesoril han sido. Ya el título de su primer libro, "Innumerable sonrisa", procede -o no- de un verso de Juan Ramón Jiménez: "... mar pleno, innumerable sonrisa", que a su vez procede -o no- del "Prometeo encadenado" de Esquilo: "... fuentes de los ríos, y sonrisa innumerable de las olas marinas...". ¿Sonríe innumerablemente la poesía de Nemesio? ¿Es elegiaco o hímnico? La vida es erotismo y óbito, fragmentos de fuego y de ceniza. Y la escritura es eco de esa dicotomía.
Me pregunta su viuda qué poemas me envía, de qué tema, si largos, cortos, publicados, inéditos... No hay -no debería haber- más que poemas buenos: los que nacen regulares deben mejorarse hasta convertirse en buenos, o tienen que desecharse para que no existan los malos. ¿Juveniles, de madurez...? Ninguna circunstancia altera la esencia; y, al final, sobran todas: incluso el autor pasa a ser una circunstancia del poema. Porque un poema es la suma de todo lo vivido y lo leído, el goteo de todos los manantiales de los que hemos bebido: los milenios de historia humana y de escritura asoman en cada acto y en cada palabra unida a otras palabras. De modo que las obras -músicas, cuadros, versos...- que perduran son las que, independizadas de sus abalorios, fechas, datos... se salvan del naufragio del tiempo, ese invasor de la existencia que solo acepta en su lecho a quienes nunca fueron mestureros ni versópatas.
2)
El poema aquí recogido, aunque brota como una estampa social, no se deja vencer por el social-realismo, la denuncia de la inmigración y sus hambrunas, sino que va abandonando el "cuadro de costumbres" y muestra con delicadeza y con ternura lírica crecientes un hecho de la vida cotidiana: la niña que "venía de la mano con mi hija"-. También, como poema-cuento más que como documento, ni el tema ni su expresión eluden las alusiones literarias, todas relatoras: Las mil y una noches ("Aladinos intrépidos / por los mágicos cielos ...") o el Rubén Darío de A Margarita Debayle ("en el palacio, malaquita y oro / de un visir de Bagdad..."). La inocencia de la niña echada al mundo y sufridora de sus infortunios estremece al poeta desde "sus ojos o ascuas / de diamante vivo", quien acaba, como al final de El pequeño príncipe, ("si alguien la encuentra..."), pidiendo a los lectores que agradezcan a la niña "tanto amor y miel / como ella nos dejó". Así, como tantas veces repito, lo que empieza en elegía termina convirtiéndose en himno.
Marién
Marién o el cutis de azucena turbada. Marién, sus ojos o ascuas de diamante vivo alzados sobre un tallo de lírico cristal. Marién o aquel aroma que olía sólo a alma. Marién, siete años...; lo demás no era Marién, sino la vida misma: vino del norte de África por detrás de una estela de azules golondrinas; vivía en un cuartucho con cinco hermanos más; todas las tardes venía de la mano con mi hija, veía en el tazón de leche tibia el rostro de su Alá; se arrebujaba luego en un silencio tejido por las lunas profundas del desierto, o se abrían sus ojos como dalias de asombro ante el grifo del agua templada de la ducha y la luz de las lámparas. Una tarde al salir dejó por los pasillos un reguero de indolentes camellos, colgó oasis de ensueños y dispuso alfombras voladoras de Aladinos intrépidos por los mágicos cielos de las mil y una noches. No la hemos vuelto a ver, y no sabemos si las mismas azules golondrinas la devolvieron a su aldea de adobe y cabras en las dunas del desierto, o si vive hacinada en una miserable chabola de París. Si a principios de agosto alguien la encuentra en una furgoneta de tercera mano dirigiéndose al Sur por alguna autopista, o en el palacio, malaquita y oro, de un visir de Bagdad, le diga, por favor, que no sabemos qué hacer con tantos dátiles, tantos higos y pasas, y tanto amor y miel como ella nos dejó.
C)
Paralelo al anterior parece el siguiente, o un ensayo, o reiteración, del mismo. Indefensión de la infancia, miseria, ojos... Ambos son inéditos.
De azul cobalto Tendría quince años, tal vez menos. Su cabello pajizo, el dibujo afilado del mentón y los pómulos denunciaban su origen: un país miserable, alguna ex república soviética. Clavado allí, en el cruce de grandes avenidas donde se hacen eternos los semáforos al comerciante que regresa a comer, al funcionario que ha estrenado un Volkswagen con la última bajada de créditos. Una pequeña niña dormía en el parterre, bajo sucias adelfas: una muñeca con el pelo de estopa que fuera allí arrojada desde uno de esos coches que rugían en medio del asfalto, en medio de un verano de cemento y de plomo, de derretida angustia. Clavado allí, en el cruce, extendiendo su mano hacia las ventanillas, hacia los rostros de mirada de hierro, hacia el hermético, divino receptáculo de aire acondicionado de pulcras y adorables secretarias que exhibían sus uñas de puma felicísimo. Nadie vio entre el vaho vomitado por los tubos de escape ni entre el estruendo de las explosiones los ojos de cobalto de ese niño: eran dos ríos de puro desamparo; eran dos lanzas, dos cristales agudos acuchillando un cielo de vesania. Recuerda: las monedas que le hemos entregado no son el precio al confortable lujo de tu conciencia trémula; son la cadena con la que has atado tu corazón al mundo: una cadena azul, azul cobalto.
El instinto de supervivencia injerto en nuestros genes nos impulsa a sobrevivir: a evitar el dolor, la enfermedad y la muerte.
Algunos trazan estrategias artísticas para burlar la mortalidad y crean efigies de sí mismos que pretenden ser inmortales: los pintores, músicos, poetas, los gladiadores de palabras, pentagramas, dibujos...
Aquel que se derrama en la palabra, por ejemplo, sueña con verse manuscrito gutenberguianamente en libro para decir: este soy yo, a pesar de vosotros y de mí; nadie me matará, viviré siempre.
Huele a imprenta su carne, sueña ya que es un libro...
Pero ya ha muerto Gutenberg para gloria, o desgloria, de la página internética.
El hombre y la mujer que hoy aparecen editados son otros hombres y otras mujeres, distintos todos: porque no ha muerto el mundo, pero sí nuestro mundo. Ya no corre la misma sangre, ni funcionan igual nuestras neuronas: dan vida a otros humanos que construyen con criterios distintos.
Hemos muerto hace tiempo y no lo recordamos. El virus fue la primera errata de ese nuevo mundo.
He aquí un fragmento de Informe pericial:
VII
Eran siglos oscuros. Tenebrarios, lamparillas y aceites alumbraban los garabatos mágicos, pulidos por manos despaciosas que tallaban diamantes de papel, códices de oro, talismanes para la eternidad como un legado hacia un renacimiento. Tal fervor amanuense forjó imprentas y aquel tesoro enriqueció a millares al mostrarles los mundos de este mundo. Fue como si un gran sol amaneciese y descubriese luz en las tinieblas. Pasó un tiempo. En el año Mil quinientos cuarenta y tres un hombre agonizaba y en su lecho de muerte recibió un título temido y exultante: “De los cuerpos celestes y sus círculos”. Solo mil ejemplares se imprimieron, y tardaron dos siglos en venderse. Pero algunos abrieron otros ojos que hubiesen retrasado el porvenir de haber tenido que esperar un códice. Tan solo el libro es subversión pacífica y muestra que en un hombre hay muchos hombres.
Me preguntas por la resiliencia del soneto de Miguel Hernández. Mi respuesta es que,, como apunto ahora a bote pronto, carece de ella.
Hernández asume la identidad del toro como ser sufriente y predestinado a sufrir, en un entendimiento del dolor como consecuencia inevitable de la concepción del amor, principalmente durante el barroco, elevado al segismundiano sufrimiento metafísico; Segismundo, como todo ser viviente cristológico, nace para sufrir porque la divinidad eclesiástica así lo ha decidido: "pues el delito mayor / del hombre es haber nacido", concluye Calderón; y "como el toro he nacido para el luto / y el dolor", afirma Hernández; eso no empece que, varonilmente, machistamente, caupolicanamente, el toro, el hombre de la España toril, se rebele como un Luzbel contra su destino y la dictadura de los dioses: "como el toro me crezco en el castigo". Hernández, ante esa embestida, embiste simplemente a quien le embiste. Cerrilmente, como hombre de su mundo.
La cuestión se complica cuando el embravecimiento ante la adversidad (no confundir esta rebelión del ser predeterminado a la esclavitud con la superación resiliencial) se paraleliza con la condición amorosa del amante desdeñado y dolorido: el macho poseedor del fruto en la ingle, por muy bravío que sea, termina lloroso o quejumbroso ("vendaval sonoro") y derramando el corazón por la lengua al sufrir el espadazo del desdén de la amada y la muerte inexorable de la condición mortal de la existencia. Si algo enturbia el soneto, en su afán de semejar los doloridos toro-amante y vida-amor, es el forzado segundo cuarteto,, necesario solo porque el autor estaba escribiendo un libro de sonetos.
El verdadero poema resiliente hernandiano es el de "Antes del odio"; y aquel otro, de versos dactílicos, "Yo que creí que la luz era mía..."... En ellos sí hay un crescendo hacia la luz. Entonces, sí: en los años finales, cuando Miguel Hernández prefirió escribir como un hombre para los hombres y no, espuriamente, como un poeta para los poetas.
Aquí traigo los tres, corregidas algunas makarrubieces de los copistas internéticos (mañana lo revisaré):
1) Como el toro he nacido para el luto y el dolor, como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto todo mi corazón desmesurado, y del rostro del beso enamorado, como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo, la lengua en corazón tengo bañada y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo, y dejas mi deseo en una espada, como el toro burlado, como el toro.
2
ANTES DEL ODIO
Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor. No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor. Amor, tú, bóveda arriba y yo abajo siempre, amor, sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor, a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz, comiendo pan y cuchillo como buen trabajador y a veces cuchillo sólo, sólo por amor. Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Esperanza, mar, desierto, sangre, monte rodador: libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no, pero donde se despliegan, sólo por amor. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor.
3) Yo que creí que la luz era mía precipitado en la sombra me veo. Ascua solar, sideral alegría ígnea de espuma, de luz, de deseo. Sangre ligera, redonda, granada: raudo anhelar sin perfil ni penumbra. Fuera, la luz en la luz sepultada. Siento que sólo la sombra me alumbra. Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo. Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles dentro del aire que no tiene vuelo, dentro del árbol de los imposibles. Cárdenos ceños, pasiones de luto. Dientes sedientos de ser colorados. Oscuridad del rencor absoluto. Cuerpos lo mismo que pozos cegados. Falta el espacio. Se ha hundido la risa. Ya no es posible lanzarse a la altura. El corazón quiere ser más de prisa fuerza que ensancha la estrecha negrura. Carne sin norte que va en oleada hacia la noche siniestra, baldía. ¿Quién es el rayo de sol que la invada? Busco. No encuentro ni rastro del día. Sólo el fulgor de los puños cerrados, el resplandor de los dientes que acechan. Dientes y puños de todos los lados. Más que las manos, los montes se estrechan. Turbia es la lucha sin sed de mañana. ¡Qué lejanía de opacos latidos! Soy una cárcel con una ventana ante una gran soledad de rugidos. Soy una abierta ventana que escucha. por donde va tenebrosa la vida. Pero hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida.
Razón tenía Khalil Gibran cuando dijo... "Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar".
Precioso Nuria.
Buen fin de semana.
Besos.
Abrazos.
impecable, el poema
Bss
ABRAZOS
Los que vivimos a la orilla del mar tenemos una indiscutible ventaja para entender la relación que se establece ente mar y observador. No sabríamos expresarlo tan bien como o hace Antonio Gracia pero ahora, mientras miro las olas, las reales, puedo comprenderlo un poco mejor.
añiles· LMA · & · CR ·
Salud.