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domingo, 31 de diciembre de 2023

El enigma infrangible


Haydn: La creación

(El enigma infrangible)


Hace unos veinte mil millones de años

se expandió el universo desde un núcleo

inconcebiblemente comprimido.

La explosión primigenia originó

una fuga de todo cuanto existe

hacia la inmensidad de un infinito.

Conforme se expandía aquella amniosis

se creaba un espacio ilimitado

y comenzaba un tiempo intemporal.

Nuestra mente no entiende qué había antes

del primer estallido, o dónde fue,

pues no acepta un origen sin origen.

¿Hay un espacio-tiempo sin principio?

¿Existen consecuencias sin sus causas?

¿Qué frente olvidará sus pensamientos?

¿Qué corazón no siente al comprender?

De semejante modo nace un niño:

sustanciando su insustancialidad.

Lanza un vagido y brota hacia la luz

desde un minimalismo inescrutable,

y sigilosamente va creciendo

hasta que siente cómo su materia

se corrompe, y se vuelven podredumbre

sus células, sus ojos, sus sentidos

y todo estalla en una muerte ignota.

―¿Va injerto el paraíso en esa amniosis

que jamás podrá ya recuperar?―.

Sin embargo, ¿quién niega lo admirable

de tanta incomprensión y sortilegio?

¿Y quién no escucha un himno que le canta

simplemente por ser hijo del cosmos?





"La rosa inmarchitable" Leído por Graciela Tomassini

 

La rosa inmarchitable


No volverás a contemplar la rosa
en todo su esplendor
como puedes mirarla en este instante,
ni gozar de su aroma, o cómo 
encarna la belleza y lozanía
de la existencia. No podrás 
creer que cualquier rosa es esta rosa
para darle un consuelo
a la mortalidad, que deja solas
a las criaturas en un mundo airado.
Pero yo tengo en ti
unidos los jardines
del cielo y de la tierra, condensados
la hermosura del tiempo y la memoria,
fundidos el recuerdo y el anhelo.
Tú eres la rosa de la vida,

me entregaste tus pétalos y sigues
perfumando mi corazón; y cuando
el ámbar de tu piel se seque
marchito por los años, yo
te abrazaré y seguiré viendo
en ti la misma rosa.


sábado, 30 de diciembre de 2023

Ángel Luis Luján Atienza: Devastaciones, sueños


ANTONIO GRACIA, 
Devastaciones, sueños,

Madrid, Literaturas.com Libros, 2005, 82 pp.

Por Ángel Luis Luján

LA CONDICIÓN MORTAL





Una profunda y estremecedora meditación sobre la condición mortal del hombre y la capacidad de la palabra poética para rescatar del olvido y de la devastación no sólo la vida personal sino el ineludible grado de eternidad que habita en cada gesto humano, en cada acto del hombre. Un libro memorable, que hace efectivo y compartido con el lector el ideal que encierra en sus páginas.

Para la aparición de este libro ha sido necesario que confluyan dos inconformismos y dos posturas marginadas en muchos sentidos, e incómodas para el estatus literario. Por una parte, el autor, Antonio Gracia, cuyo nombre fue el centro de una sonada polémica por la retirada del influyente (y muchas veces manipulado) premio Loewe de poesía, y cuya imagen fue pública e injustamente vapuleada en diversos medios de comunicación. Por otra parte, la recién estrenada editorial "Literaturas.com Libros" viene a incordiar los cauces establecidos por el sistema literario para introducir productos renovadores y de calidad, que no tienen cabida en las estrategias de mercado a que se está quedando reducido el "gran" mundo editorial.

De no ser por esta afortunada conjunción, el libro de Antonio Gracia seguiría viviendo en una tierra de nadie, pues no sólo se le negó el Loewe, sino que tampoco le fue permitida la publicación de la versión que el autor daba por definitiva (la que ahora tenemos en nuestras manos) por parte de las autoridades de Almendralejo. Y en verdad no es mal lugar ese espacio indefinido, ese terreno desdibujado y sin cartografiar para un libro que se sitúa en la encrucijada entre la vida y la muerte, entre lo que se pierde y lo que se niega a pasar definitivamente, entre la devastación y el sueño, la destrucción del tiempo y la salvación de las vivencias en la palabra imaginada, como testimonia la cita introductoria de Thomas Mann: «El hecho de que la muerte acabe con la vida no significa que dejemos de existir».

El instrumento con que Antonio Gracia se acerca a este espacio ambiguo, siempre a punto de ser clausurado, pero siempre renovándose, es el de la reflexión. Estamos ante un poeta hondamente meditador, como ha demostrado a lo largo de su trayectoria, y el libro que leemos demuestra una decidida y trabajada madurez en ese ascenso para alcanzar la cumbre de la reflexión absoluta. El epílogo que cierra el libro y que lleva por título «Del autor al lector» no deja dudas por lo que respecta a esa confluencia entre poesía y filosofía: «La poesía es una filosofía liberada del silogismo: una intuición silogística sin premisas nacida de la introspección» (p. 79). Una de las cuatro partes de que se compone el libro, la tercera en concreto, lleva por título «De la consolación por la poesía», remedando el título de la conocida obra del pensador Boecio.

La poesía se presenta como el intento recurrente de ordenar el caos, y el poeta, como quería Heidegger, como un pastor del ser, cuya contemplación, de un distanciamiento interior, da sentido al instante que pasa y a la vida en su totalidad: «y certifica que soy yo quien mira / y ordena el caos con su contemplación» (p. 19). Este ordenar la experiencia significa al mismo tiempo ofrecer una trascendencia a la vivencia a través de la experiencia de la belleza, que evidencia como un destello la presencia de la eternidad en la vida y en la materia; deseo de trascendencia que se hace eco de la pregunta luisiana: «¿Cuándo será que pueda.?» (p. 21).

La precisión, la serenidad, la maestría en los metros y los ritmos que demuestra el autor no esconden, sino que ponen más de manifiesto, la realidad de que nos encontramos ante un libro cuyos contrastes se resuelven en un discurrir dialéctico que no altera la superficie tersa del discurso. En verdad, ese movimiento hacia el rescate y ordenación de la realidad del que he hablado procede, por reacción, precisamente de la conciencia, instalada en el corazón mismo de la vivencia, del acabamiento, de la amenaza que supone la muerte. De esta manera, superando una fácil antinomia, muerte y vida se presentan como las dos caras de la misma moneda, y es entonces cuando el libro de Antonio Gracia se eleva a la categoría de cosmogonía, en cuanto describe un universo en tensión y en lucha, un universo que pugna por una explicación ante el sinsentido de la nada; explicación que, de alguna manera, viene alcanzada en ese suave fluir del verso propiciado por el uso del encabalgamiento y por el tono de noble aceptación que desprende todo el libro, a la manera estoica. Véase, por ejemplo, el estupendo «De la furtiva eternidad» (p. 71).


El léxico que puebla el libro es elemental y cósmico: nos habla de cielo, astros, universo, infierno, dolor... Me interesa destacar, especialmente, la imagen de la semilla, que aparece de manera recurrente y que nos habla de ese ciclo de muerte y renacimiento que rige toda cosmogonía: «No temo tu llegada [de la muerte]; yo te doy / el ancho surco en que sembré infinitos» (p. 73). El fondo mítico del libro está sabiamente dosificado y conjugado con descripciones de una naturaleza serena que invitan a la contemplación en profundidad, en un perfecto equilibrio entre descripción y meditación. Incluso cuando la reflexión tiene como objeto su propia futilidad, estamos ante un acto puro de contemplación que engendra pensamiento y se funde con él. Me estoy refiriendo al poema «La metafísica», en el que la mujer que tiende la ropa, emblema de la madre y de la donadora de vida, contrasta con la esterilidad de la meditación del poeta que no engendra nada: «regreso sintiendo la vergüenza / del hombre ensimismado» (p. 22).

Otra imagen clave para entender el libro es la que forma la paronomasia «efigie» / «esfinge», pues la realidad, como en la mejor tradición simbolista, se nos presenta como un haz de enigmáticas correspondencias, pero con la particularidad de que aquí el contemplador forma parte de ese mismo entramado, y tiene que ser así para que pueda pasar a formar parte de ese ciclo cósmico en el que escapará a la muerte. De esta manera, poesía y realidad son espejos que se reflejan mutuamente, de ahí el carácter borgiano que tiene el cierre del libro: «Aunque creo que en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia» (p. 80), y la confianza en la poesía como donadora de la verdadera eternidad: «Tantas vidas he sido y tantas he de ser / que se me otorga, al fin, la eternidad» (p. 48).

En definitiva, Devastaciones, sueños, de Antonio Gracia, se presenta como un intenso vanitas vanitatum memento mori pero sin los aditamentos barrocos que acompañan al tópico. Muy al contrario, el libro es de una clasicidad que no niega lo visionario, y una apuesta decidida por el poder de la palabra, por una salvación que vemos concentrada en el magnífico poema que cierra el libro y que constituye una versión del emblemático «If», de Kipling. Se trata en ambos casos de una afirmación de la voluntad de vivir y ser, pero mientras que en Kipling se promete la posesión de la tierra y de la esencia del hombre, entendida casi como masculinidad, aquí se promete algo más sutil: el orden de las cosas, la quietud, una visión interior. Se puede decir que Antonio Gracia interioriza la exterioridad de Kipling, y nos muestra así que siempre hay una salida para seguir caminando, que caminar hacia dentro es también hacerlo en extensión, que detrás de toda devastación hay un sueño que sigue dando sentido al vivir.

Atravesar la luz


Berlioz: Sinfonía fantástica, 2

     Cuando Berlioz sepulta bajo una frase de su Sinfonía fantástica a su amada, le estaba dando vida, en realidad. 
     Cuando Wagner hace morir a Isolda, consigue que el amor se inmortalice. 
     Y cuando Schumann, después de oír entre los pentagramas a los ángeles, se arroja levemente al Rhin, no buscaba suicidios, sino vida. 
     De igual modo, tampoco Mozart hablaba de la muerte en su Requiem, sino del júbilo de atravesar la luz y ser la luz. 
     Incluso el desdichado Eróstratos destruyó la memoria de una diosa para ser recordado y vivir sobre el tiempo ejecutor de la existencia. 
     ¡Tanta es la fuerza con la que el hombre ama su identidad e intenta prolongarla! 
     Eso sintieron Gauguin y Mary Shelley, y cuantos con pincel, pluma, instrumento, volcaron su ansiedad en sus anhelos. 
     ¿No hay más vida en la vida que esta vida?




viernes, 29 de diciembre de 2023

Koroa leyendo "La redención"


Koroa Batekin leyendo LA REDENCIÓN

XLII.- La redención


Suena el viento en los árboles y suenan
las flautas y los pájaros: orquestas
de ramas y de lluvia.
¿Recuerdas los museos, bibliotecas,
las músicas, los cuadros y los versos?
Son las únicas cosas que redimen
la vida de los hombres.
Volveremos a ellos, a tallar
nuestra mente con sus sabidurías,
sus colores y cánticos.
Pero antes bebámonos la luz
de la naturaleza
para que no olvidemos que la vida
es tacto y corazón,
y no el fracaso
que el arte intenta hacernos olvidar.
Y déjame que taña una vez más
en tu cuerpo la música del cosmos.
Un cuadro, ¿nos devuelve algún paisaje?
Un poema de amor, ¿rescata un beso?
¿En qué violín escucharé tu risa?



jueves, 28 de diciembre de 2023

El inocente

Mientras tu vida fluye hacia la muerte


Albinoni: Adagio

El inocente

Llega la edad ligera. Observas
cómo se va acabando el horizonte
que aún podrás divisar. ¿Qué has hecho? ¿A quién 
le ha reconfortado tu existencia?
¿Quién te recordará? ¿Cuántos te aman
y a cuántos has amado de verdad
dándoles vida, haciendo
sonreír su tristeza y elevando
su alegría? ¿Hubieras dado acaso
tu vida por salvar la de otros hombres?
¿Te has entregado alguna vez tan solo
por el placer de darte?
¿Eres creador de un libro, un hijo, un árbol?
Tu legado, ¿cuál es? ¿Diste consuelo?
No sabes ni por qué naciste ni
por qué debes morir. El mundo sigue
igual contigo que sin ti. La noche
es una nueva aurora.
Lejos queda el pasado, y el presente
más que fuego es ceniza.
Los párpados del sueño
crearon utopías: ¿acaso te esforzaste
para que fuesen realidad, o acaso
por creerlas inalcanzables diste
tu derrota como un escepticismo
y una premisa para los demás?
¿Quién eres? ¿Y qué harás mientras recorres 
el camino que aún tienes
que andar hasta el ocaso?
Sal de tu corazón, mira el ajeno
y palpita con él
porque la vida es más que ver vivir.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Érase una canción inolvidable... y olvidada (V): La cumparsita

Gene Kelly: La cumparsita


Lux aeterna

Ligeti: Lux aeterna


 El hallazgo infinito

Prieto engrana una historia de poetas,
Luis traduce la Eneida en verbo firme,
José Ramón ausculta cientifismos,
yo vericueto versos a granel;
y el mundo sigue igual a pesar nuestro.
¿Qué hace el hombre en la vida 
sino intentar cambiarla al comprenderla
para que todo fluya más humano?
Pero los arquitectos del futuro
son los dioses de ayer y del mañana,
y todo es un principio hacia un final
que un oculto demiurgo ha programado
a pesar de las letras y las ciencias.
Seguimos conversando, deduciendo
desde que el sapiens dijo que la lógica 
es el camino por el que llegar 
a conclusiones que jamás consiguen
invalidar los irracionalismos
y construyen la Realidad del Cosmos.
Un bucle interminable nos conduce
hasta la Gran Verdad Inexistente.
Las verdades son múltiples mentiras.
Así somos: un viaje 
desde un inútil Todo hacia una Nada 
inconsútil.
Y a pesar de nosotros, y también 
con nosotros, se yerguen la Esperanza
y la Desolación.

 

martes, 26 de diciembre de 2023

Mysterium fascinans


Si bien se considera, Darwin no hizo
sino mostrar que el ser humano es
un palimpsesto dúctil y eviterno.
Nació de una partícula exterior
-o interior- a este errante planetoide
y dejará de ser cuando se extinga
convertido en un otro -como él fue otro-.
Tiene conciencia de su permanencia
temporal, aunque desconoce si
hay una alienigenia inteligente.
El primitivo pez, simio, reptil
o neurona galáctica
-desde donde procede-,
se preguntó con lentitud mental 
por el mar, las montañas, los abismos,
sus manos y sus pies, el horizonte;
trepó hasta la conciencia vislumbrante
de que a la clara luz le sucedía
la noche, y que el todo encadenaba
la causa a los efectos. Descubrió 
silogismos, premisas, conclusiones.
Aún sigue preguntándose por qué
nacer implica muerte y por qué muerte
no es causa de más vida o de otra vida.
No alcanza a descifrar las aporías
de las metamorfosis estelares.
Una mujer y un hombre, así enlazados
recorrieron innúmeros caminos
y fue el amor su sola compañía,
su báculo, su ángel protector.


Miysterium fascinans

Haydn: La creación

    Si bien lo pensamos, Darwin no hizo sino mostrar que el ser humano es un palimpsesto eviterno. Evolucionó desde una partícula -exterior a este planeta, o interior- y dejará de ser cuando se extinga en forma de otro ser o por autoextinción. Tiene conciencia de su permanencia temporal, pero no sabe si existen otros seres como él fuera de su planeta.
    Aquel animal -simio, reptil, pez, piedra galáctica...- se preguntó con lentitud por las montañas, el mar, sus propias manos.... y trepó hasta los silogismos con el arma de la conciencia vislumbrante de que a la luz le sucedía la noche y que todo tenía causa y efecto. Aún sigue preguntándose por qué nacer implica muerte y por qué la muerte no es causa de más vida o de otra vida. Y su mente no alcanza a adivinar el porqué de las metamorfosis humanas o estelares.
    Una mujer y un hombre, así enlazados, recorrieron innúmeros caminos y fue el amor su sola compañía, su báculo, su ángel protector.

lunes, 25 de diciembre de 2023

El filo de la navaja

 Pocas veces una película es mejor que la novela en que se inspira. Este gran melodrama sobre un buscador de paraísos íntimos lo consigue. 


Manual para la supervivencia

 

Bach: Suite 3, Aria


Prosas para un poema (Villancico social) 

    Miro a mi alrededor; observo 
las calles como un río de transeúntes 
que creen conocer a dónde van; 
el enhiesto semáforo pregunta 
qué hace allí 
y parpadea sorprendido porque 
nadie hace caso de sus guiños rojos; 
los automóviles compiten por 
saltarse las señales; 
una anciana se arrastra por el suelo 
con la mano mendiga; en los rincones 
de la noche se esnifan paraísos 
artificiales: la televisión, 
gran dictadora de la sociedad, 
ocupa el santuario 
de las divinidades de otro tiempo. 
    Los Padres de la Iglesia, más 
astronautas que humanitarios, prestan 
más atención al cielo que a la tierra. 
Aquí dejan pudrir los alimentos 
para que se equilibren las Economías 
y allí equilibran la demografía 
dejando morir de hambre a cuantos nacen. 
Algún joven de sana juventud
carga la moto con 
el estampido de una metralleta 
y estudia, entre las aulas de la calle, 
el oficio de gánster. 
Los animales cada día son 
más pacíficos 
y el hombre es cada hora más 
depredador. 
La cultura es tan solo ya un derecho 
que pocos consideran un deber.
    Por otra parte, los nacionalismos, 
chovinistamente, 
hablan de que lo suyo es lo mejor 
-pero no lo comparten-. 
Los políticos tratan de salvar 
sus poderes y olvidan 
que hay que salvar a cada ciudadano
para la solidaridad. 
Agunos encumbrados celebran conferencias 
de paz mientras que otros 
jalean la carrera armamentística. 
En algunos países viven en la Prehistoria
y en otros se malmatan 
igual que en el peor telediario. 
Los misiles escriben el destino 
en sus inmensos féretros volantes 
y, mientras tanto, las palomas pierden 
sus blancas alas y su simbolismo. 
    Al mismo tiempo que los asombrados 
ojos de un niño demacrado asoman
su muerte -igual que una ventana abierta 
hacia la vida-, un “yupi” carcajea 
su gran negocio en el más alto páramo 
del rascacielos de la vanidad. 
    Yo miro alrededor; vuelvo a mirar; 
y pienso: “Esto es el mundo, no le des 
más vueltas”. 
Pero no sé dejar de darle vueltas 
y, todavía menos, dar la espalda. 
Lo malo es que tampoco sé -nadie lo sabe- 
cómo hacer frente a este tiovivo 
al que llamamos vida.    
Lo cierto es que resulta escalofriante 
pensar que una gran parte de este mundo 
es solo un hospital inmensurable 
que los maquilladores de las altas 
finanzas nos disfrazan con colores 
de fiesta y 
que se pudre en el hambre y el dolor. 

    Y sin embargo, la existencia es un 
lugar hermoso; y lo sería más 
si hubiera menos gentes afeándola. 
Muchos hacen felices a otros muchos, 
y muchos más lo intentan.  
¿Cómo evitar que el corazón
-el gran desconocido-, 
también se tambalee 
ante tanto seísmo? 
Detengamos el mundo un solo día, 
aboquemos las arcas de ese día 
sobre el gran hospital, ya cementerio, 
y el universo humano habrá cambiado. 
    
    Item más:
    (Lo peor viene ahora: que también
yo acudiré al olvido, el gran invento
de la razón para sobrevivir).


domingo, 24 de diciembre de 2023

El mejor villancico


El mejor villancico lo escribió Beethoven en su pentagrama sordo cuando, tras dos décadas de obsesión y esfuerzo, puso música a la alegría universal y fraterna escogiendo unas estrofas del original de Schiller:


¡Oh amigos, no estas notas!
Entonemos otras más agradables
y llenas de alegría
¡Alegría! Alegría!
Alegría, bella chispa divina,
Hija del Elíseo,
penetremos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste!, en tu santuario.
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
Y Todos los hombres serán hermanos,
bajo tus alas bienhechoras.
Quien logró el golpe de suerte
De ser el amigo de un amigo;
Quien ha conquistado una noble mujer,
Que una su júbilo al nuestro!
¡Sí, que venga aquel que en la tierra
pueda llamar suya siquiera un alma!
Y quien jamás lo ha podido,
¡Que se aparte llorando de nuestro grupo!
Se derrama la Alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza;
Todos los buenos, todos los malos,
Siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y la vid,
Y un amigo, probado hasta en la muerte;
Al gusanillo fue dada la voluptuosidad,
Y el querubín está ante Dios.
Ante dios!
Alegres, como vuelan Sus soles
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta,
Alegres, como el héroe hacia la victoria.
¡Abrazaos, Millones de seres!
Este beso para el Mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Habita un Padre Amante.
¿Os prosternáis, Millones de seres?
¡Mundo, presientes al Creador?
Búscalo por encima de las Estrellas!
Allí debe estar su Morada!.

Original
O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!
Freude, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.
Wem der große Wurf gelungen,
Eines Freundes Freund zu sein;
Wer ein holdes Weib errungen,
Mische seinen Jubel ein!
Ja, wer auch nur eine Seele
Sein nennt auf dem Erdenrund!
Und wer's nie gekonnt, der stehle
Weinend sich aus diesem Bund!
Freude trinken alle Wesen
An den Brüsten der Natur;
Alle Guten, alle Bösen
Folgen ihrer Rosenspur.
Küße gab sie uns und Reben,
Einen Freund, geprüft im Tod;
Wollust ward dem Wurm gegeben,
Und der Cherub steht vor Gott.
Vor Gott!
Froh, wie seine Sonnen fliegen
Durch des Himmels prächt'gen Plan,
Laufet, Brüder, eure Bahn,
Freudig, wie ein Held zum Siegen.
Seid umschlungen, Millionen!
Diesen Kuß der ganzen Welt!
Brüder, über'm Sternenzelt
Muss ein lieber Vater wohnen.
Ihr stürzt nieder, Millionen?
Ahnest du den Schöpfer, Welt?
Such' ihn über'm Sternenzelt!
Über Sternen muss er wohnen.