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sábado, 1 de agosto de 2026

El síndrome de Sancho.

Becket: Esperando a Godot

          He dejado de hablar con una persona emocionalmente muy allegada a mí. La razón es tan común como increíble que lo sea: cada tres palabras me interrumpe para farfullar lo que pasa por su mente; de manera que contesta, completa, digresiona, etcétera, a lo que y sobre lo que aún no he dicho pero cree que voy a decir. O sea: corta con insertos verbales lo que teme que va a oír pero no he dicho. Es decir: habla sola,  a ráfagas, como una metralleta; nuestra conversación, antaño tan amena y agradable, se ha convertido en un monólogo de décadas sobre dos o tres temas cíclicamente repetidos que acaban en disentería verborreica, disputa y semanas de enfadoso silencio. (Me pregunto si yo seré  también emisor y no solo receptor de tal marasmo). El diálogo resulta imposible y la crispación surge cada vez más a menudo, pareciendo odio, en vez de afecto, lo que existe entre ambos. Sin embargo, antes disfrutábamos hablando porque la palabra nos aproximaba en vez de alejarnos, nos unía y hacía inteligible o llevadera nuestra condición de seres humanos en medio del fragor de la existecia. 
          ¿Por qué ese cambio? Si cada uno ya conocemos lo que pensamos, ¿por qué no dejar que el otro nos complete lo que piensa para contrastar nuestros pareceres y enriquecernos con la distinta perspectiva? ¿Nos vamos aproximando a una persona porque nos gusta su carácter y luego intentamos cambiarla, convertirla en otra persona? 
          Ya Isabel la Católica se lamentaba -quizá influida por las enseñanzas de Beatriz Galindo- del mal hablar de los españoles, que no sabían expresarse a fuerza de excederse en su expresión continuada y enredosa. Y bien se representa ese tipo hablador, parlanchín y antidialogante en la figura de Sancho Panza, a quien Don Quijote amonesta más de una vez por decidor en demasía y sin porqué.
          Aunque creo que es la prisa, la enervación de la vida actual, la que impide el sosiego íntimo y, por ello, el reposo gestual y verbal. Es el desconcierto interior el que se traduce en desacierto exterior. Ya no se guarda turno de intervención: ni en la tele ni en las reuniones de amigos, ni en la intimidad. La ansiedad ha instalado un mecanismo de urgencia que nos autoriza a comportarnos con mala educación y sin respeto a quien nos habla. 
          ¿Cómo no sentirse incomunicado y solo si cuando se está acompañado se habla atropelladamente y cada uno impide al otro gozar de la mutua compañía, la recíproca comprensión? ¿Por qué terminamos gritando sobre lo que nos separa en vez de hablando de aquello que nos une? 
          La consecuencia es que, finalmente, solo nos une una distancia que ya no deseamos recorrer.

sábado, 4 de julio de 2026

No aconsejarás.


Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo. 
     A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos a este o al otro sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto... 
     Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.      
     Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
     Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
     Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).

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4 comentarios:


viernes, 12 de junio de 2026

El oro de los libros

Telemann: Tafelmusik, 4

Lo más doloroso del fracaso de la educación no es, con ser mucho, que la sociedad sea cada vez más violenta, insensible e insolidaria, sino que cada día nacen miles de niños predestinados a sufrir un analfabetismo cultural y humano, y que, por ello, jamás tendrán acceso a la sana convivencia, a la sensibilidad del humanitarismo y a los bienestares del conocimiento. El mundo ha decidido progresar hacia afuera y no hacia adentro, puesto que prefiere correr tras el dinero a caminar hasta el íntimo equilibrio. Malvive el presente y sueña el mañana sin haber aprendido las moralejas del pasado. Huye de la Historia, la Filosofía, la Literatura y las artes, y disculpa su huida con la autoengañosa coartada de que la tecnología bien merece el nombre de nueva ciencia divina a la que hay que dedicar toda atención. 

   Sin embargo, caiga aquí la sentencia de Einstein: La ciencia puede salvar tu vida, pero no enseñarte a vivirla. Eso queda para las letras.

    Porque solo aprendemos sin error de las experiencias propias contrastadas y confirmadas con las ajenas universales; y estas están en los libros, desterrados hace ya mucho tiempo, para vergüenza de todos, en las bibliotecas, esos lugares hermosamente íntimos y públicos por los que apenas unos pocos ciudadanos, más consumidores de revistas que de libros sabios, suelen hacer turismo. 
    
    Lo cierto es que la prisa por llegar a cualquier sitio que nos haga olvidar el vacío interior, llenándolo con urgentes frivolidades, impide la lectura nutricia de la mente, el enriquecimiento de la percepción, la solidaridad del corazón consigo mismo y con los otros. Y no obstante, abrir el libro idóneo es entrar en la consulta del especialista necesario para nuestras desorientaciones cotidianas, es escuchar el consejo del mejor consejero y hallar no solo una momentánea solución, sino la imprescindible comprensión satisfactoria. Cuántos hombres y mujeres se comprenderían a sí mismos y solucionarían sus problemas si supieran que lo que les ocurre está ya descrito, diagnosticado y resuelto en tantas autobiografías, por ejemplo, en tantas vivencias de otros que, de haberlas conocido, nos hubieran evitado tropezar en la misma piedra.

    Los libros son el verdadero patrimonio de la humanidad, aunque no sean los lugares más visitados. Y parece mentira que en una sociedad en la que el tiempo es oro se desperdicie el oro de los libros y una mayoría ciudadana se dedique a matar el tiempo en vez de vivirlo plenamente, enriqueciendo sus criterios tras buscar y hallar el talismán verbal o el pensamiento mágico que nos haga entender que la felicidad es un oasis cuyas aguas no se compran con dinero, sino con respuestas a nuestras preguntas de insatisfechas criaturas de esta vida. 


Leer:

miércoles, 20 de mayo de 2026

En el aula de la literatura.



- María: De la Antología de los mejores cuentos y poemas he recogido estos versos de Gómez Manrique: “Mi consejo principal / es, gran señor, que leáis, / porque, aprendiendo, sepáis / distinguir el bien del mal”.
Pedro: ¡Tú tan estu-o-diosa como siempre!
Profesor: Muy ingenioso, Pedro; pero olvida los comentarios ofensivos.
Yolanda: Yo he copiado en mi cuaderno, para mi antología personal, esta versión de una jarcha…
Profesor: Un momento. María: recuérdanos qué es una jarcha.
María: Un poemilla medieval escrito en una mezcla de árabe y pre-castellano.
Profesor: Muy bien. Continúa, Yolanda.
Yolanda: La versión dice así: “Yo prefiero escuchar de labios de mi amada / los libros que ella lee con su amorosa voz, / pues las palabras quedan prendidas en su boca / y pasan a la mía cada vez que la beso, / lo cual hago a menudo, pues me gusta aprender”.
Pedro: ¡Si eso fuera cierto también estudiaría yo a todas horas!
- Juan: A mí me ha hecho temblar El monte de las ánimas, de Bécquer.
- Ana: Mi abuela, que siempre espía lo que leo, me ha cogido el libro y se ha puesto a repetir varias veces estos versos de Yepes: "La muerte es solo un agujero negro / que conduce la vida a otra existencia".
- Luis: Yo me quedo con varios. Pero me gustaría saber por qué tantos escritores han llevado una vida de sufrimiento… ¿Es que es necesario sufrir para escribir?
Profesor: No. Ten en cuenta que la vida ha cambiado en un siglo más que en todos los milenios de la Historia, y antes había más enfermedades, penurias (Gema define "penuria" desde el Diccionario), muertes tempranas... Es verdad que el poeta auténtico -todo artista auténtico- es un ser interrogativo, todo lo cuestiona, se exige demasiado, es inconformista, vive ensimismado en su introspección (Gema vuelve al Diccionario) y sueña con la perfección del mundo, lo que le empuja a crear, como un humilde dios, sus propios mundos (poemas, cuadros, sinfonías…) y a distanciarse de las gentes, que ven en él a un ser soberbio. Y lo marginan, se siente infeliz…
María: Como ocurre hoy en clase o en la calle, que todos te miran como un bicho raro si eres “diferente”…
Profesor: Eso es. Pero en el fondo, el artista auténtico es uno de los seres más solidarios: porque no ayuda solamente a un anciano a levantarse de su caída, sino que levanta el corazón y el vigor de cuantos, necesitados de unas palabras que los consuelen o comprendan, se acercan a él a lo largo de las décadas y siglos. Por eso los grandes bestseller son los clásicos: aquellos a quienes les importan los hombres, no los lectores; la verdad de las palabras, no las ventas.
Luis: ¿Es malo vender muchos libros?
Profesor: No, si no te vendes tú con ellos.
Luis: ¿Y por qué soportar una vida incómoda…?
Profesor: Por la misma razón por la que tú no puedes evitar pasar la noche tumbado en la acera para entrar a un macroconcierto o te sacrificas con tal de estar con Mirian o Juani… En esos momentos te va la vida en ello. Pero también hay autores que han triunfado en su tiempo: Dickens y Liszt eran seguidos por miles de fans en sus lecturas y conciertos por todo el mundo.
Luis: No lo comprendo.
Profesor: Aceptar que hay cosas incomprensibles ya es comprender. Es cierto que las grandes obras de la historia son grandes elegías y que sus autores hubieran preferido escribir himnos; pero eran hijas de una realidad: y la verdadera literatura siempre es un espejo de la verdad social e individual: es el auténtico rostro del ser humano. Fijaos que cada uno habéis escogido aquello que se os parece: A María le gusta saber, y ha elegido unos versos sobre la lectura; a Juan le asustan los fantasmas; y por eso esa leyenda fantasmal. A tu abuela, por sus años, le preocupa la muerte... Ahora que la vida ha mejorado ojalá la literatura auténtica muestre la realidad de un mundo mejor.

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martes, 19 de mayo de 2026

Dieta intelectual del ciudadano

Desde que la política convirtió la enseñanza en una falta de educación y los centros docentes en epicentros de la deshumanización social -aunque todo viene de más lejos-, la ignorancia se empeña en considerar erratas en el historial de la Humanidad a Platón, Monteverdi, Magallanes, Rembrandt o Voltaire, en vez de lo que son: oxígeno para el espíritu. 
La música tiene más ruido; la pintura, más manchas; la literatura, peor escritura; la cultura, más analfabetismo. El médico tiene más clientes; el abogado, más impacientes; el famoso, más autómatas incondicionales; el juez, más circunstancias eximentes; la justicia, más leyes incumplidas; las mujeres y los hombres, más noviazgos de una noche y matrimonios de unos meses; los hijos, varios padres y madres; el autonomista, más chovinismo, ciego ante el hecho de que, por la inmigración, las naciones son cada día más internacionales; las iglesias, más supersticiosos; el político, más sordos; el profesor, más enfermos de desafecto, agresividad y desidia. 
La dieta intelectual del ciudadano medio se reduce a los resultados de las loterías y deportes y a una ración televisiva, como si persiguiese la desnutrición mental. Si Dios necesitó seis días para construir el mundo, hoy al hombre le bastarían unos segundos para destruirlo. 

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sábado, 16 de mayo de 2026

En el aula del librepensamiento


Homenaje

Durante casi dos horas, por la tarde, los alumnos que así lo han decidido -casi todos- han visto El planeta de los simios, la gran película especulativa de Schaefner / Heston basada en el épico-lírico libro de Pierre Boulle. Este dato lo recuerda, al día siguiente, Andrés. Y añade:
- La moderna versión trata de monos, y esta de hombres. 
- Profesor: Gran diferencia. ¿O no? 
- Andrés: Esta te hace pensar, siguiendo el libro. La otra te invita a que no pienses, como, según mi padre, hacen los políticos. 
- María: Lo que más me ha llamado la atención es la frase que dice el protagonista: que estaría dispuesto a lanzarse a un volcán en erupción si eso le asegurase que iba a comprender algo nuevo.
- Profesor: Sin duda es una exageración; pero no tanto. En realidad casi todos cuantos han pretendido ir más allá del saber establecido  en su tiempo han dado su vida por ese nuevo aprendizaje. 
     ***
El profesor apunta que el mundo podría dividirse en dos grupos: los que piensan y los que se esclavizan al pensamiento de los demás: los que biempiensan hacia el futuro y los que malpiensan desde el pasado: los progresistas y los retrógados. Y que la Historia es una alternancia de unos y otros. Lo cual ha producido que la Historia sea, también, una sucesión de guerras separadas por treguas.
- Es difícil desacomodarse de una forma de vivir a la que te has acostumbrado: tienes que cambiar tus principios, costumbres, leyes... y resulta más fácil continuar sin cambios: sobre todo cuando nos excusamos pensando que todo es un error y cualquier cambio no cambiará nada.

Se apagan las luces: Lo que ahora ven, durante cinco minutos, los estudiantes es un fragmento de La herencia del viento, de Stanley Kramer, sobre lo que se llamó el "Juicio del mono", que tambaleó la sociedad americana porque se prohibían las enseñanzas de la Teoría de la Evolución. En el film Spencer Tracy defiende la libertad de aprendizaje. 

- Profesor: En la anterior película hemos visto una distopía (Pepa lee en el Diccionario: visión catastrófica del futuro, contrautopía): un mundo en el que se le ha dado la vuelta a nuestro presente: el hombre procede del mono y está esclavizado por él. Si cualquier cambio en vuestra rutina os enfurece, imaginaos aquellos que atañen a los principios de una sociedad que hasta hace un siglo se creía dueña del universo, protegida por un Ser Superior llamado Dios: le decís de repente que es hija de un animal y vive sobre una piedra lanzada al azar -entre otras miles de millones- por no se sabe qué gigante estelar y juguetón que hace malabarismos con ellas o tiene un plan secreto. ¿Quién no se conmocionaría ante esa teoría o realidad, cuando incluso la ficción del cine aterroriza? ¿Cómo no van a ser perseguidos los renovadores del pensamiento, si el mismo Sócrates fue “asesinado” por el noble hecho de enseñar a pensar? 

- María: ¿Y tú qué piensas, profe?

- Profesor: Lo que yo piense no es más que otra opinión, no una creencia infalible. El pensamiento se renueva cuando se actualiza la información. ¿Quién podía prever que el fuego, la rueda, o Marx, cambiarían la sociedad? Pero fijaos en estos cuatro hechos o premisas, y sacad conclusiones sobre el camino hacia la libertad:

1) Se deduce de Copérnico: si la Tierra no es el centro del universo, tampoco el hombre vive en el centro del cosmos; y, por lo mismo, Dios no es el eje universal que vertebra cualquier infinitud y eternidad, sino un Alienígena más.
2) Viene a decir Darwin: si el hombre es hijo del mono, el Gran Padre Dios también es El Gran Simio.
3) Dice Freud: el hombre no es plenamente dueño de su mente, sino que su voluntad está determinada por el Gran Inconsciente, el árbitro arbitrario del vivir.
4) Ahora el Papa, al decidirse a abandonar su cargo, del que solo la muerte puede -podía- liberarlo, está proclamando que es posible desobedecer a cualquier Divinidad porque no existe la infalibilidad del Gran Dios, o el Gran Simio, o el Alienígena, o la Iglesia. ¿No es el definitivo hachazo a las milenarias dictaduras, si todas las dictaduras tienen su fundamento en la inefable infalibilidad del dictador?
    ¿No acaba el Papa de partir en dos la Historia? Hasta hoy hemos vivido la prehistoria del Hombre (la dictadura teocrática); desde hoy solo queda que el ser humano sepa convertirse en un Gran Hombre: para sí mismo y para los demás. Y eso no os lo dará más que un libre y responsable aprendizaje, forjador de vuestro criterio independiente. De vosotros depende ser padres o hijastros de ese Porvenir.

   






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martes, 12 de mayo de 2026

En el aula causal



- Profesor: ¿Por qué y para qué estudiar, por qué es mejor aprender que ignorar?,  preguntáis ... Esta es mi respuesta: 
El ser humano es el animal que más tiempo biológico necesita para independizarse de su madre, para desarrollarse en cuerpo y mente, para adquirir un criterio propio y poder decir "este soy yo": necesita nada menos que unos 200 meses. Pensemos lo que eso significa  para nuestra vida: 20 años para convertirnos en auténticos adultos; 20 ó 25 para construir y afianzar una vida fértil y agradable; otros 20 ó 25 para mejorar,  gozar y nostalgiar los frutos cosechados durante los años anteriores. En resumen, siete décadas, por ejemplo. 

- Diana: Ahora se vive más y mejor...

- Profesor: Precisemos, Diana: ahora cumplimos más años y disfrutamos de mejor salud. Lo del bienestar lo dejamos para otro día. Y continuemos -silogísticamente, deductivamente, como siempre-: no viviríamos el último tramo si no estuviésemos vivos durante el segundo, y ...

- ...que no somos niños, profe... -interrumpe Diana, olvidando que debe levantar la mano para intervenir-.

- Profesor: ... y no viviremos bien el segundo tramo -ni el tercero- si durante el primero no hemos plantado todas las buenas semillas que fructifican después... Sandra, ¿qué es inevitable deducir de esto?

Sandra: Que el primer tramo es el más importante, o el determinante del resto de la escalera. 

- Y tú, Pablo, ¿qué harías si fueras a construir una casa, o una escalera?

-  Pablo: Reforzaría los cimientos y aseguraría el primer escalón ...

- Profesor: Bien... Dejemos las parábolasy vengamos a la vida: confieso que durante muchos años he dicho -acogiéndome a la cita de Diego Torres- que "cuando quiero viajar leo un buen libro", porque cada libro es un viaje a la vida de un hombre. Pero, aunque hay que leer, la vida es más que la palabra. Por tanto, hay que vivir sin malvivir... Imaginemos ahora que todos vais a hacer un gran viaje. ¿Quién se quedará en el hotel, tumbado "a la bartola", en vez de salir para traer los ojos llenos de imágenes, los oídos llenos de músicas, la mente plena de experiencias con las que cultivar recuerdos y plantar proyectos? 

- María: ...Me apunto ya a ese viaje. ¿Cuándo salimos...?

- Profesor: Pues ahí tenéis la respuesta a vuestra pregunta inicial. La vida es el gran viaje. Y aunque sea un viaje no solicitado, la vida nos ofrece todo lo que un itinerario infinito nos puede otorgar. ¿No sería de necios permanecer "a la bartola" mientras el viaje fluye, en vez de llenar las maletas de la existencia con cuantos frutos y semillas encontramos, con paisajes -y libros-, realidades y sueños, conocimientos, en fin? ¿Quién ha dicho que vivir, divertirse y aprender son enemigos? Simplemente hay que saber compaginarlos.
    Creo que nadie tiene derecho a malgastar la única energía racional dotada con voluntad propia y fértil. Quien lo hiciese sería esclavo de la vagancia, la inutilidad y el desprecio por lo desconocido. ¿Cómo despreciar ni lo más nimio de lo desconocido, si la Historia es una sucesión de descubrimientos? La vida es un misterio que hay que descubrir. Hay misterios que defraudan y otros que son tesoros. ¿Quién no quiere ser rico en experiencias que enriquezcan su vida? 
    ¿Quién rechazará la mejor compañía? Pues la vida no es solo un viaje, sino nuestra mejor compañera de viaje y, a la vez, nuestro único camino. En ella están la sed y el agua.  Cuanto más y mejor la caminéis, mejor aprenderéis a andar y almacenar estrategias para más adelante. Y este es el momento de llenar la cantimplora y las alforjas. Solo así es posible desmentir la conocida frase de M. Heredia: "Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores".

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domingo, 10 de mayo de 2026

En un mundo sin límites.


- Ana: Me ha gustado un cuento de Morin en el que el autor afirma tener nostalgia de otras vidas. Describe visiones intrauterinas, y de hace siglos, e incluso de existencias posteriores a su muerte. ¿Es solo ficción o tiene base real?
Profesor: Con la teoría de los mundos paralelos, o la nueva astrofísica..., todo es posible. Ya sabes: el tiempo no es el de nuestros relojes, sino que es una nueva dimensión que atraviesa el espacio y puede hacer posibles los viajes espaciales que antes no lo eran. Tú podrías estar en dos puntos del universo, tener otro “yo” en cualquier lugar del tiempo… es complejo y contra nuestra lógica… 
- Siempre nos dices que hay que actuar con lógica…
- Sí: con una lógica tan amplia que admita que lo absurdo solo es una parte de la logicidad que aún no hemos conseguido encajar ni asimilar. Recuerda el lema de Sherlock Holmes, el personaje de Conan Doyle: “Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda es la verdad, por muy improbable que parezca”. Desde Einstein y su Teoría de la Relatividad ha pasado igual que con ColónGalileoNewtonPasteurFreud y otros: descubren que vivimos en un mundo multiforme, sin fronteras ni límites, y marcan un punto antes de ellos y después de ellos,  por lo que debemos cambiar nuestra visión, las costumbres, las leyes…
- Pero eso es agotador…
- Recuerda: “adaptarse o morir”. Muchas cosas han cambiado desde el descubrimiento de los ordenadores. Regresar a un mundo sin internet, o sin televisión, sería como volver a la Prehistoria. No solo nos hemos adaptado, sino que pocos querrían retroceder en sus costumbres a las de hace unas décadas. Sería como si tú te hubieses detenido y continuaras vistiendo con pañales… ¿Te gustaría?
-Y por qué nos critican tanto por navegar en internet?
- Porque no hay utensilios malos o buenos, sino buenos o malos usuarios. 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Una enseñanza sin educación

 

                                

Una enseñanza sin educación

Hace mucho que la enseñanza tiene poco que ver con la educación. Solo se enseña a buscar un trabajo. Ya no se aprenden las materias troncales, las que educan como seres humanos y no solo como animales sociales que deben sobrevivir en la jungla del éxito y el fracaso. Y es una torpeza: los ministerios se dedican a intentar dar salida al exceso de población pero no a formar las mentes de sus individuos: y no cambia la sociedad si no ha cambiado el individuo, aunque los políticos se empeñen en lo contrario. Dan habilidades, no formación troncal e integral. No enseñan a capacitarse como personas, sino como trabajadores. No enseñan a pensar, sino a ejecutar órdenes robóticas. Frivolizan la vida y la rigen según el criterio economista. De modo que cuando acaba el horario de trabajo el trabajador siente el vacío porque se le han atrofiado sus cualidades sensitivas y no son capaces de disfrutar de un buen libro, una buena música... Entre la comida y la defecación solo encuentran el ocio del aburrimiento y el sinsentido.

lunes, 1 de diciembre de 2025

El Progreso es un regreso.


Copland: Fanfarria para el hombre común

     1.- Hartos de ser esclavizados, los ciudadanos crearon la democracia. Para ello nombraron a los representantes de su libertad; pero estos fueron progresivamente representándose solo a sí mismos y a sus partidos políticos. Como consecuencia, en lugar de que el tirano sea un solo individuo, el dictador resulta ser un conjunto de mandamases y déspotas disfrazados de defensores del pueblo.
     2.- Tales mandamases, para seguir mandamaseando, procuran que la ciudadanía se rija por el pensamiento único, favorecedor de los poderosos y denigrador de la mayoría cotidiana. De manera que instituyen una educación cultural que conduzca al estudiante -y, por tanto, al hombre- al electroencefalograma plano. Así, las sucesivas fases de la enseñanza crean una cultura del analfabetismo y la frivolidad, puesto que se enseña a despreciar lo culturalmente enriquecedor para el presente y el futuro. Algunos de esos licenciados en analfabetismos (recuérdese que siempre existen las honrosas excepciones) se convierten en profesores. Y lo que enseñan es más analfabetismo: un cociente intelectual doctorado en asnalidad y jumentez. Muchos de estos doctorados pasan a formar parte de la industria de la politiquería y trepan trapecialmente por las escalinatas del poder. Ellos, en su amplia sapiencia, nombran ministros de incultura, concejales de lo mismo, enaltecedores de libros aromáticos, seudocuadros y ruidosidad... Y tales, y todos juntos, en su inteligentil sabiduría, organizan exposiciones, ferias librescas, mecenazgos prodigiósicos...
     3.- Al final tenemos lo que nos merecemos por no haber intentado democratizar una guillotina indoloramente descerebradora.

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