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miércoles, 31 de octubre de 2018

El hombre que sabía demasiado



No circunstancia: sustancia

Beethoven: Heroica.- Marcha fúnebre

Es un error juzgar el progreso atendiendo principalmente a sus avances tecnológicos. Cuando un hombre tiene en cuenta a los otros y decide acelerar el proceso de aceleramiento hacia la perfección atiende más a la sustancia que a la circunstancia. La historia del arte no es una enumeración de conquistas artísticas, sino de las consecuencias que estas han tenido para el ser humano. No importan los neologismos o barbarismos, ni la perspectiva o la dodecafonía, tampoco el vanguardismo o el estancamiento, sino lo que todo ello nos dice sobre la identidad humana.
     Si Beethoven nos parece una cima no es por sus conquistas en el terreno de lo que los demás no conquistaron, sino porque esas batallas las ganó como medio para decirse, descifrarse, descubrir el rostro propio y de los hombres. ¿Es la Tercera Sinfonía un canto o una elegía a la libertad tronchada? ¿Es la Quinta un enfrentamiento a la desgracia y no una rendición? ¿Es la Novena una ascensión redentora a la mística solidaridad? Esos son sus méritos y medallas, al margen de que tuviera que inventar nuevas maneras pentagramáticas. 
     Y eso es lo que importa del hombre: que lucha por vencer sus limitaciones y realizar sus esperanzas.

martes, 30 de octubre de 2018

Eutanasias


Purcell: Lamento y muerte de Dido
Cuando un ciudadano consigue ser elegido como político suele caer en la tentación de olvidar que los otros ciudadanos eligen en las urnas a quien cree que va a representarlos para conseguirles una vida digna, y no al que puede utilizar su voto para representarse a sí mismo con intereses económicos, partidistas, religiosos o de cualquier otra índole más deshumanizada que humana.
     Un ejemplo poco ejemplar es el de quienes en los hemiciclos votan negativamente sobre la eutanasia. Pues qué: ¿además de políticos también son verdugos? ¿Creen que la ciudadanía es masoquista? Bien está que, puesto que nacemos, vivamos felizmente. Pero cuando la vida se convierte en agonía, ¿quién culpará al nacido por desear librarse de su sufrimiento? ¿No es dueño de su existencia? ¿Por qué se le arrebata su propiedad y su derecho a decidir sobre ella?
     Todo el fundamento "legislativo" sobre la negación de la eutanasia es este: Dios da la vida y esta es sagrada; el Estado debe ser el garante de esa vida. 
     Sin embargo, el Estado no puede obligar a votar una ideología, o a creer en un dios ni a descreer de otro: debe velar por la propiedad y disfrute de la existencia, que es exclusivamente del ciudadano. 
     Entonces, ¿por qué decretazo de qué divinidad el Estado, o sus derivados, usurpa el derecho del enfermo? Quien obliga a vivir a quien desea morir es un dictador. Votar sobre la conciencia que a nadie daña y favorece a uno es una malversación de la democracia. Porque hay temas que solo atañen al individuo y nadie puede arrebatárselos. Su voto es intransferible porque votar por él supone, además de una usurpación, violar el derecho a la intimidad: y no hay acto más íntimo que la propia muerte.








lunes, 29 de octubre de 2018

En el aula de la literatura.



- María: De la Antología de los mejores cuentos y poemas he recogido estos versos de Gómez Manrique: “Mi consejo principal / es, gran señor, que leáis, / porque, aprendiendo, sepáis / distinguir el bien del mal”.
Pedro: ¡Tú tan estu-o-diosa como siempre!
Profesor: Muy ingenioso, Pedro; pero olvida los comentarios ofensivos.
Yolanda: Yo he copiado en mi cuaderno, para mi antología personal, esta versión de una jarcha…
Profesor: Un momento. María: recuérdanos qué es una jarcha.
María: Un poemilla medieval escrito en una mezcla de árabe y pre-castellano.
Profesor: Muy bien. Continúa, Yolanda.
Yolanda: La versión dice así: “Yo prefiero escuchar de labios de mi amada / los libros que ella lee con su amorosa voz, / pues las palabras quedan prendidas en su boca / y pasan a la mía cada vez que la beso, / lo cual hago a menudo, pues me gusta aprender”.
Pedro: ¡Si eso fuera cierto también estudiaría yo a todas horas!
- Juan: A mí me ha hecho temblar El monte de las ánimas, de Bécquer.
- Ana: Mi abuela, que siempre espía lo que leo, me ha cogido el libro y se ha puesto a repetir varias veces estos versos de Yepes: "La muerte es solo un agujero negro / que conduce la vida a otra existencia".
- Luis: Yo me quedo con varios. Pero me gustaría saber por qué tantos escritores han llevado una vida de sufrimiento… ¿Es que es necesario sufrir para escribir?
Profesor: No. Ten en cuenta que la vida ha cambiado en un siglo más que en todos los milenios de la Historia, y antes había más enfermedades, penurias (Gema define "penuria" desde el Diccionario), muertes tempranas... Es verdad que el poeta auténtico -todo artista auténtico- es un ser interrogativo, todo lo cuestiona, se exige demasiado, es inconformista, vive ensimismado en su introspección (Gema vuelve al Diccionario) y sueña con la perfección del mundo, lo que le empuja a crear, como un humilde dios, sus propios mundos (poemas, cuadros, sinfonías…) y a distanciarse de las gentes, que ven en él a un ser soberbio. Y lo marginan, se siente infeliz…
María: Como ocurre hoy en clase o en la calle, que todos te miran como un bicho raro si eres “diferente”…
Profesor: Eso es. Pero en el fondo, el artista auténtico es uno de los seres más solidarios: porque no ayuda solamente a un anciano a levantarse de su caída, sino que levanta el corazón y el vigor de cuantos, necesitados de unas palabras que los consuelen o comprendan, se acercan a él a lo largo de las décadas y siglos. Por eso los grandes bestseller son los clásicos: aquellos a quienes les importan los hombres, no los lectores; la verdad de las palabras, no las ventas.
Luis: ¿Es malo vender muchos libros?
Profesor: No, si no te vendes tú con ellos.
Luis: ¿Y por qué soportar una vida incómoda…?
Profesor: Por la misma razón por la que tú no puedes evitar pasar la noche tumbado en la acera para entrar a un macroconcierto o te sacrificas con tal de estar con Mirian o Juani… En esos momentos te va la vida en ello. Pero también hay autores que han triunfado en su tiempo: Dickens y Liszt eran seguidos por miles de fans en sus lecturas y conciertos por todo el mundo.
Luis: No lo comprendo.
Profesor: Aceptar que hay cosas incomprensibles ya es comprender. Es cierto que las grandes obras de la historia son grandes elegías y que sus autores hubieran preferido escribir himnos; pero eran hijas de una realidad: y la verdadera literatura siempre es un espejo de la verdad social e individual: es el auténtico rostro del ser humano. Fijaos que cada uno habéis escogido aquello que se os parece: A María le gusta saber, y ha elegido unos versos sobre la lectura; a Juan le asustan los fantasmas; y por eso esa leyenda fantasmal. A tu abuela, por sus años, le preocupa la muerte... Ahora que la vida ha mejorado ojalá la literatura auténtica muestre la realidad de un mundo mejor.

sábado, 27 de octubre de 2018

Un poema, otra voz, 8


"Hay poemas donde nos sentimos en casa.
Para mí, este poema de Antonio Graciaes uno de ellos" (NPS).

Todos los nombres llevan a tu nombre,
pues eres para mí todas las cosas,
y, si te abrazo, abrazo el universo.
Si llueve, llueves tú sobre mi vida;
y si amanece el sol, en ti amanezco.
Qué alegría encontrarte en una rosa,
en el vuelo de un pájaro, una esquirla 
de cielo, en la mañana y en la tarde,
allí donde mis ojos perseveran 
y donde el corazón siente la vida,
la música del agua, los sonidos
de la Naturaleza, el cascabel
del cosmos y la luz del alma. Nada
existe que no nombre el nombre tuyo,
la transparencia en la que el sortilegio
de la existencia hizo de ti su causa.
  1. No conocía a Antonio Gracia , ni su poesía . Gracias por darmela a conocer me ha encantado este poema. Un fuerte abrazo.
    RESPONDER
  2. Transparencia y causa de un poema hondo y sentido.
    Precioso.

    Un abrazo, Indigo
    RESPONDER







    1. César: gracias por pasar y por comentar y hacerlo empezando con una palabra que me encanta: transparencia (aunque, a veces, también necesite esconderme, como todos). Abrazo, índigo, por supuesto.
  3. Precioso poema. No conocía al autor ...siempre nos enseñas algo nuevo...gracias

    Un abrazo
    RESPONDER







    1. Gracias, Esmeralda, pero no es algo nuevo para ti pues tú también conocías ya al autor: Si miras esta entrada: https://indigohorizonte.blogspot.com/2013/11/el-sentido-del-azul-nuno-judice.html, lo comprobarás. Abrazo grande. Espero que esa amiga tuya que estaba atravesando una época difícil esté mejor. Cuídate mucho.
  4. ·.
    Es un hermoso poema.
    Me gusta tu lectura, tu voz.
    No sé como se podría eliminar el ruido... aunque tal vez le de más naturalidad a la lectura.
    Un beso Nuria

    LMA · · CR
    RESPONDER







    1. Gracias por tus palabras, Alfonso. Respecto al ruido, intenté mejorar el sonido, pero se trata de un vídeo grabado en plena naturaleza, con los sonidos y ruidos ambientales, y no tengo conocimientos suficientes para mejorarlo más. Y, como tú dices, en cierto sentido, prefiero que se quede tal cual. Pese a ser perfeccionista, hay partes de lo imperfecto que me gustan. Un abrazo grande.
  5. Me ha encantado escuchar el usurro de tu voz recitando Nuria. y en esos ruidos se oye también el sonido del agua.
    Besos.
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    1. Buenos días, Laura. Sí, el sonido del agua se oye. Lula, mi vieja perrita, jugaba alrededor. Le encanta el agua. Abrazo enorme, Laura.
  6. Uno de los comentarios, o dos, habla de los sonidos, que tal vez molesten, en mi caso, sucedió lo contrario. Sentí que el poema, su sentido y emoción se fortalecían, porque formaban parte del TODO , así con mayúscula. Por qué, ¿qué es la poesía sin la naturaleza toda?. La poesía es un conjunto de emociones y sentimientos que gira en torno a la belleza, al amor, a la vida, entonces, cuando te vi y sentí el sonido del viento, del agua y por algunos segundos el chapoteo de tu perrita, sentí que el poema, que los versos del poeta se engrandecían con todo aquello. ¡Qué hermoso es sentir un poema en armonía con el todo, con el Universo, con la vida, con las manifestaciones de la naturaleza!. El ser humano con el avance de la tecnología y de la modernidad se ha ido olvidando de los sonidos bellos. Los evita, porque está rodeado de sonidos mecánicos y tecnológicos, por eso, escuchar un poema así, tan natural y espontáneo es simplemente un agrado y, un placer visual y auditivo.
    Mis Felicitaciones a Antonio Gracia y, a ti, un abrazo inmenso y agradecimiento por entregar siempre lo mejor de ti. 
    RESPONDER







    1. Mi querida Taty: gracias por tus palabras. Cala tener una amiga del alma como tú que lo es pese a los muchos kilómetros y mares que separan tu Chile natal del pequeño rincón de La Mancha donde vivo. Abracísimo.
    2. Agradezco esta lectura -y los comentarios-, cuya publicacción original el lector puede encontrar pulsando 
      Publicar un comentario
Un espacio para tu emoción, tus trazos. O tu silencio.


viernes, 26 de octubre de 2018

Luis T. Bonmatí: La edad de las piedras






Luis T. Bonmatí
La edad de las piedras
Huerga &Fierro, 2018

1.- El lector tal vez piense que el autor de este libro desconoce las corrientes poéticas actuales, o que las conoce tan bien que ha sabido esquivarlas. Sea así o de otra manera, una cosa demuestra: la singularidad de su escritura: que la originalidad no consiste en ser distinto, sino en poseer rasgos distintivos capaces de insertarse en la tradición y renovarla puesto que esta es un camino que anda.

2.- Dos libros hay en este único libro: los titularé antojosamente “Alijo de vivencias” y “Trajín de reflexiones”, por ejemplo: un relator que observa su relato y medita sobre él y desde él. Así, puesto ya el pie en el estribo, “la mano de la edad” devana una épica breve y reflexiva sobre los sentimientos que construyen la personalidad del homo moriens: el ser para la muerte. Si a Proust le nacía el pasado desde el humo dormido de una taza, los grandes sentidores y pensadores suelen iluminarse desde el dolor que les nace al concluir que la existencia es una derrota.
Tras una doble afirmación del narrador poético de que ya es un otro que escribe sobre el que fue y lo que se fue para volver como el agua de un tántalo, el primer libro -o conjunto- pasa a hacer la autopsia del tiempo inalterable en su tortura. Desde la potencia expresiva del poema “La noche joven”, expositora de cuanto fueron sueños y serán devastaciones, todo lo que fue vida anhelante -y premonitoria de su podredumbre- va cayendo en las fauces del animal del tiempo, que todo lo devora: la juventud, las amistades, el amor, la familia, la escritura… en un proceso guadiánico y reconstructor de una autobiografía cuyo lirismo trágico es una evocación doliente que no procede del "cualquier tiempo pasado fue mejor", sino de la conclusión experiencial de que ya, mientras se vivía lo poematizado, esa vivencia contenía un tempus fugit intrínseco vivido como anticipación de lo que, aun sin conciencia de saberse, se sabía y será más que premonición: única realidad definitiva. De modo que el existir es una nostalgia melancólica premeditada por el demiúrgico inconsciente colectivo, una constatación -o atribución- de que el presente que fue futuro ya estaba contenido en el pasado -y en el origen de la vida- y que el próximo futuro yace fatalmente en el efímero presente. Un verdadero engranaje artífice del peor locus horribilis. Entre la fluencia de Heráclito y el estatismo de Parménides, Crisipo avisó de que “solo existe el presente”. Y este para nuestro autor es un instante interminable en el que “vivir / no es más que una desgracia en crecimiento”.
     En este tragicismo es donde crecen los poemas más elocuentes de la sabiduría del poeta narrático: un periplo vital expuesto sobre el ritmo heptasílabo, geminado en alejandrinos y resuelto en endecasílabos-, que a veces abandona su contundente y sabia narratividad (recordemos que el autor es un diestro contador de historias, como demuestra, por ejemplo, La llanura fantástica) para huir del anecdotario elegíaco hacia un segundo conjunto -o libro complementario e inserto en el primero, del que es consecuencia- en el que enhebrar un discurso fragmental sobre el desengaño: lo que fueron y ya no son “verdades eternas" porque devinieron en paraísos ansiados, esperados y perdidos: que vivir es constatar el íntimo fracaso, y escribir -por mucho que pretenda convertirse en un acto redentor- es revivir, sin redimir, la vida fracasada. 
     De modo que si el eje central es una autobiografía sostenida por unos pocos poemas que la insinúan o la cuentan (“La noche joven”, “La tarde roja”, “Tabaco y colonia…”), este vertebramiento abandona la compacidad que formaría para emulsionar su discursividad con otro conjunto de poemas intercalados -divagaciones emanadas de las vivencias expuestas- que meditan lírica o metapoéticamente, o como divertimentos -hijos del excepticismo existencial-, sobre esa concatenación de singladuras. Tal vez sea un recurso para aliviar la tragedia expansiva; pero no se engañe el lector: tanto el narrador lírico como el poeta divagante formulan la aventura de un yo odiseico que adolece de la misma agonía que la esencial del pre-existencialismo: el "dolorido sentir" garcilasiano y sus continuadores, -incluido Unamuno-: el “fastidio universal” de Meléndez Valdés, la “pena” negra o bruna lorquiana y hernandiana… Aunque aquí no subyace solamente la feroz y genética ananké, sino, con mayor rotundidad y fortaleza, también la experiencia cotidiana de los “años y leguas” -los trabajos y los días- alforjados durante la concienciación de la madurez y ancianidad. Bien lo resume Pérez de Ayala: “¿A qué buscar sentido al universo / y perseguir vereda si ando a oscuras?”.


jueves, 25 de octubre de 2018

Algunos libros impunes.


Rimski-Korsakov: El vuelo del moscardón

Es verdad, don Manuel, que hay libros que recibo y no comento: pero me ocurre con algunos cuyos posibles méritos no alcanza a apreciar mi insensible sensibilidad, y con otros de los que yo solo podría decir que mejor fuera que siguieran inéditos. 
No hay favoritismo en mis breves reseñas; sí la inevitable y razonable subjetividad, último reducto del individualismo. Si alguna preferencia tengo es la de dar a conocer libros dignos publicados en pequeñas editoriales, puesto que las grandes ya tienen reseñistas dedicados a multialabar todos los títulos aunque no hallen causa. Y si de algo debería arrepentirme es de haber sido demasiado sincero -es lo que se supone que implica la amistad- con algunos libros de amigos o conocidos -que ahora no me hablan-.
Siempre que, a lo largo de mi vida, han pedido mi opinión sobre este o aquel escrito, édito o inédito, he preguntado: "¿Quieres que te diga lo que te gustaría oír o lo que pienso?".
Y por decir lo que pienso, por escrito y oralmente, he conseguido la admiración de todos los que me detestan. No me arrepiento. Sin embargo, estaba equivocado: sobre los malos libros es mejor no decir nada -que supone decirlo todo-. Por eso no escribo aquí el título del suyo.
Tal vez esto conteste a su protesta. Aunque, en verdad, ¿por qué tener en cuenta mi opinión?

Escritorcillos y endogamillas



Cuando un lector busca un libro desea hallar el mejor; para ello necesita información. A veces esta le llega de la opinión de quienes han leído tal o cual, y otras de expertos en literatura, poesía, arte, historia ...
     Importa mucho oír las opiniones; pero más importante es desechar las de quienes no saben leer más que obviedades y las de aquellos que se dedican exclusivamente a reseñar o a realizar trabajos eruditos. 
     Estos son particularmente peligrosos porque figuran como mandamases que parlan poco menos que ex catedra y cuyo criterio parece definitivo.
     No obstante, paradójicamente, estos eruditos forman un grupo endogámico: se leen unos a otros casi exclusivamente y apenas acuden a otros autores que no sean los que transitan por congresillos y trabajillos universitarillos a los que asisten eruditillos, poetillos y escritorcillos de circulillos y editorialillas igualmentillamente endogamillas, de manera que todo transcurre como el pez que se muerde la cola en un bucle solipsista. El resultado es que pocas veces se lee a los autores que no participian ni gerundian en esos grupusculillos porque los dichos críticos o no los conocen o han perdido la facultad de percibir lo otro, lo de fuera de su circulillo.
     Y pensar que Góngora necesitó 300 años para encontrar una ventana cerebral con la mente lo suficientemente abierta como para aceptar que el disconforme con lo establecido puede ser mejor que la mayoría de los idolatrados por el convencionalismo.


miércoles, 24 de octubre de 2018

No miente el corazón

Rachmaninov: Variación 18 sobre un tema de Paganini



Si pudieras creerme te diría
que eres la más hermosa de las joyas
que engalanan el mundo. Sonreirías
al escuchar mi corazón mentirte
con palabras de púrpura y de hipérbole
porque te ama. Sin embargo siento
cómo ríes conmigo cuando río
porque nos ilumina la alegría,
y cómo lloras con mi mismo llanto
si la vida nos da sus inclemencias.
Ese abrazo feliz o desdichado
es como un dios moldeando nuestros cuerpos
y nuestras almas hasta convertirlos
en una misma yedra entrelazada 
de vida y muerte. Entonces reconozco
que eres mi realidad y yo la tuya:
y no hay más maravilla en este mundo.


martes, 23 de octubre de 2018

Amenazas e inopias


Bocherini: Fandango

X, de mal humor porque las cosas no salieron como quería, le escribe a Z con furia contenida, pero furiosa, algo que puede resumirse así: a tal hora de tal día tienes que estar en tal sitio para que resolvamos tal cosa. Cualquier persona sensata y educada hubiera dicho, por ejemplo: "Necesito tratar contigo tal cosa, cuando puedas...".
     La verdad es que el receptor de la misiva no hubiera tenido ningún obstáculo para tratar lo que fuese con X. Pero la catadura educativa de este le hace pensar: "Espérame en el cielo, corazón, porque no acudiré".
     ¡Es tan sencillo resolver un problema con buena voluntad, buenas maneras y sensatamente! Es sensato proponer una conversación amistosa para aclarar cualquier asunto. Es insensato convertirlo todo en un problema para sacar provecho del malestar recibido porque algo se gestionó mal. Es insensato creer que uno es el rey del mundo y ordenar que el otro esté disponible como un siervo a la hora que se le ordene y para lo que se le ordene. Es sensato ser comprensivo y amable en el trato, y es insensato ser intratable. El colmo de tal insensatez es, en vez de utilizar el teléfono, por ejemplo, amenazar con abogados que medien entre el peticionario y el favorecedor. Insensatez y cobardía o estulticia flagrante. 
    Y resulta, ante tan nefasta educación, que a veces quien estaba dispuesto a hacer un favor a X se niega a hacerlo simplemente porque trata de imponérselo. 
     Pocas cosas hay peores que creerse rey o reina del mambo o del vals. ¿No se dan cuenta esos gerifaltes que son -que todos somos- una simple cosilla en este mundo en el que nadie nos debe nada sino que debemos a todos, como mínimo, respeto? 
     ¡Cuántas cosas consigue la humildad y qué pocas la soberbia!

lunes, 22 de octubre de 2018

Estado de impunidad



Shostakovich: Vals

Es triste constatar que pocos cumplen las normas por amor al orden, y que la mayoría lo hace por temor a las sanciones que conllevan sus incumplimientos. Que un creyente ofrezca una limosna por miedo a ir al infierno más parece infernal que celestial; que un conductor respete las reglas del tráfico solo por miedo a la penalización resulta deplorable y dice mucho y mal del ser humano; que subsista el “hecha la ley, hecha la trampa” y ya haya más trampas que leyes muestra nuestros autorretratos más feroces. Solo tememos la fuerza, y, cada vez más, nuestras ciudades se asemejan a selvas en las que rige la ley del más fuerte.
     Sin embargo, sabiendo que, tristemente, el castigo justo es la única ética que entiende una mayoría, al creyente que da lo que le estorba en el bolsillo se le premia con unas vacaciones en el cielo; al conductor que incumple por primera vez -sabiendo que jamás hay que incumplir- no se le quita el coche o el carné, sino que se le regala otra oportunidad para que incumpla; no se encierra a quienes promueven espacios televisivos idiotizadores o violentos…
     Y resulta que ese silencio de la Justicia, la Convivencia y la Solidaridad engendra y predica libertinaje e impunidad, y esta un caos que parece no tener retorno porque la disciplina ha desaparecido de la vida cotidiana y porque la conciencia ya confunde la tolerancia con la permisividad. 
     Me pregunto el porqué de esta revolución al revés. Sé que la respuesta es un fácil encadenamiento de causas y de consecuencias en un círculo vicioso (la sociedad está mal porque la familia está mal porque la educación está mal porque el hombre está mal…; o, si se quiere, al revés en el orden de los factores). Pero, observando la jungla congresista, me respondo: ¿Será que los políticos -los árbitros y ejemplos de la sociedad- ya no son seres extraordinarios sino simples y mezquinos arribistas?


domingo, 21 de octubre de 2018

Triálogo político

Strauss: Zaratustra

- Estoy entre los escogidos. Soy el primero después de la lista de todos los mejores. 
- ¿Eso no quiere decir que eres el primero entre los peores?
- Tal vez; pero ya se sabe que los últimos serán los primeros.
- Pero entonces ¿eres el primero de los malos o el último de los buenos?
- Eso solo lo saben los políticos, que son expertos en descuajeringar la lógica.
- Sí. Cuanto menor es un cociente intelectual más capacidad política se posee.
- O sea: que tú vales, al menos, por tres políticos.
- Por siete... no me menosprecies ... 
- Y por lo tanto ¿eres el mejor o el peor político?
- El mejor y el peor. Todos los políticos tenemos la misma estatura intelectual. Otra cosa es ese tipo de ciudadano que quiere arreglar el país y empieza a fastidiar a los ricos y esperanzar a los pobres. Esos no vienen más que a desestabilizar la política, que es el negocio más rentable que existe y en el que se cumple aquello de que lo que hagas con la izquierda no debe saberlo la derecha...
- Ah!
- ¡Soy demócrata de toda la vida!
- Ah!
- ¡A ver! ¿Quién soy yo para quitarle al pobre su derecho a ser pobre y al rico su derecho a ser rico? Yo no cometo injusticias...
- Ah!

viernes, 19 de octubre de 2018

Ahora que ya no me quieres

Bizet: Carmen ("Toreador")

- Como ya no me quieres quiero ... que me devuelvas Esto y Estotro.
- Lo que se regala es de aquellos a quienes se les regala.
- Pero Esto y Estotro valen mucho...
- ¿No me los regalaste porque valorabas más mi amor que el regalo? ¿Ahora vale más el regalo que yo? ¿O tus palabras, escritos y actos eran simple hipocresía o comercio? Aunque no fueron regalos, sino una aportación, un compromiso, un pacto...
- Pues te demando ...!
Una carta, un correo, un audio ... desde el momento en que forman parte de un litigio, son tan sagrados como la firma de un notario: hay que estudiarlos para ver si son pertinentes o no; pero ya habrán sido vistos, aunque se desechen. ¿Quieres que todo el mundo sepa todo lo que le pertenece a la intimidad? ¿Organizamos una pública subasta? ¿No escribiste que algunas de esas cosas seguirían siendo mías aunque nos separásemos?; pues, como mías, ya no las poseo, me deshice de ellas porque me recordaban a ti y porque no pagabas alquiler por mantenerlas aquí. ¿O acaso no las poseo porque en realidad no me las entregaste aunque ahora lo afirmes? ¿No es eso difamación? A pesar de todo, te aseguro que en cuanto demuestres que tengo algo tuyo te lo devuelvo. Mientras tanto -aceptemos tu supuesto-, las que dices que no te llevaste cuando viniste con furgones y taxis para llevártelas me las quedo en usufructo hasta que pagues el alquiler. O, si existen, te las regalo un día de tu cumpleaños. El caso es que volverán a su dueño. ¿Qué hacemos con las promesas, cartas, correos, fotos, audios, vídeos, libros, películas, viajes, millones ... ? ¿No fueron tu aportación para convencerme del emparejamiento? Por cierto: que el emparejamiento es como una partida de cartas de la que, aunque juegues -sin trampas- para ganar, ya no sales como cuando la empezaste porque puedes perder, y las ganancias o pérdidas son válidas y definitivas.
- ¡Pero Esto es mío, y Estotro también! Son de oro y diamante... 
- (Sigamos con el supuesto). Eran tuyas. Deberías haber pensado que podías perder lo que te jugabas.  Si tuviera algo que fue tuyo sería porque ahora me pertenece. ¿Acaso me acusas de robo? Tendrás que demostrar que lo tengo y que lo robé. Igualmente deberás demostrar que me entregaste lo que afirmes haberme entregado. También son míos los besos que te di. ¿O te los robé? ¿Me los vas a devolver como despedida? ¿Te devuelvo los que me diste o me robaste? ¿Y el desgaste de las sillas, y el de la cama, y la piel mía que se quedó en la tuya y en tu casa...? ¿Y la vida que me has hecho perder con tu insensata irresponsabilidad durante tanto tiempo...? ¿Cómo los recupero? ¿Hay algo que valga más que eso? ¿En cuántos quilos de oro y diamantes lo valoras? ¿Dónde está el pasado en el que prometiste un futuro que ya no llegará?
- ¡!


Hawks: Luna nueva



Disparatada comedia con fondo periodístico.

jueves, 18 de octubre de 2018

Un soneto me manda hacer Lucía

Rachmaninov: S. 2, Adagio


Hay quienes no saben sujetar lo que sienten y lo escriben prisioneros de los caireles de la rima, por ejemplo, sin evitar las contradicciones y desvaríos que tal sujeción conlleva.
     Si, para atraer a Lucía, yo escribo un soneto deberé anteponer lo que quiero decir a lo que el cómputo silábico, el número de versos, la rima y demás opciones métricas me obligan a dejar escrito por ser un mal versificador en lugar de un buen poeta. Porque el contenido lo dicta el continente, el significado lo da el significante, el fondo es la forma: pero todo ello puede ser una sandez tontogenaria.  Por ejemplo:

Cuando te conocí, Dulce Lucía,
me fascinó el fulgor de tu belleza;
y venciendo mi pluma su aspereza
le compuse un soneto a tu alegría.

Escribí que tu boca sonreía
con la fiebre del beso y la tristeza,
y que amaba tu risa porque empieza
en su sonrisa la melancolía.

Tanto acierto logré en la inspiración
que, sin yo darme cuenta, te escribí
el corazón en forma de poesía.

Te escribí el corazón; y de aquel día
hasta cuando tomaste forma en mí
tengo versos de ti por corazón.

La destinataria puede rendirse ante el requiebro; pero el lector debe pensar que tanto amor y no poder nada contra los ripios. Porque si leemos atentamente observamos que el verso 6º (con la fiebre del beso y la tristeza) solo se sostiene por lo que pretende y no consigue: la ardentía del beso-amor, no aplicable a tristeza, palabra exigida por la rima y no por la necesidad semántica, por mucho que quiera simultanearse el carácter sufriente y riente de la dulcívora Lucía. Los dos tercetos no son más que dos jugladorescas muletas del tal ripio (por todos los celestes cielos, qué hipérbaton extráñico: ¡versos de ti!).
     Y no se justifica, por más que la dama receptora se alegre del piropo y el autor se disculpe porque lo improvisó en una servilleta nocturna, hace décadas, para entusiasmar a una joven.


miércoles, 17 de octubre de 2018

La causa de cualquiera circunstancia.

Addinsel: Concierto en Varsovia


Los políticos pergeñan estrategias sociales que acallen la conciencia del fracaso individual y colectivo; pero quieren encorsetar al ciudadano en un sistema diseñado para una población que ya no existe ni en su estructura ni en su mentalidad. Hoy existe una adolescencia que se prolonga hasta un infantilismo veinteañero, y una madurez que continúa hasta los ochenta. A aquellos se les aúpa hasta las urnas sin enseñarles para qué sirven, y a estos se les insersa para que las olviden

     Sin embargo, nada esencial ha cambiado. El mundo es como una nave viajera por el tiempo en la que todo emerge en otro sitio para que todo siga igual en su viaje inmutable. Seguimos necesitando comer y respirar, por ejemplo; nacemos y morimos, por ejemplo. 
     Entre tanto, nos enseñan a no pensar: y no pensamos. Permitimos que piensen por nosotros. He ahí el origen de todos nuestros males.


martes, 16 de octubre de 2018

Vida extraterrestre.


Vida extraterrestre

Contra la creencia popular de que es improbable la vida extraterrestre, dice el Nobel Christian de Duve que la vida es una manifestación inevitable de la materia, y que las condiciones adecuadas para su aparición se dan un millón de veces en cada galaxia; lo que quiere decir que, solo en la nuestra, es probable que tengamos un millón de especies hermanastras. 
     La Tierra ha engendrado -a lo largo de los cuatro mil quinientos millones de años de su historia- 30.000 millones de especies de criaturas, entre las que se encuentra el homo sapiens, cuya edad apenas llega al 0’0001 de la terrestre. 
     ¿Cómo no admitir que lo mismo ha sucedido en otros lugares del universo y que existen otras inteligencias más sensatas? ¿Iremos en su búsqueda, como en una mala película ficticia, cuando aquí nos asfixiemos? ¿Encontraremos planetas también contaminados o repetiremos allí nuestros errores?


lunes, 15 de octubre de 2018

El abrazo sin cuerpo.

Glass: Adagio


De repente se sorprendió hablándole ante el espejo roto:
 - Yo no concibo mi vida sin ti. Tú eres mi vida. Pienso en ti cuando duermo, y no quiero dormir para pensar en ti. Me tiendo sobre la cama para sentirte cerca. Espero ante el teléfono a que llames. Si canto, a ti te canto; si callo, tú me inundas con tu voz lejana; si como, la comida se convierte en tu cuerpo; si bebo, está tu boca bebiéndome; si camino, me llevas de la mano; si llegas, ya no soy yo porque soy tú, por fin. ¿Cómo puedes dudarlo? ¿No crees en mi amor? ¿Quién ha habido en tu vida que se obstina en permanecer en ella? Nunca se rompen los lazos con los seres que amamos. Incluso estamos atados a los desconocidos precisamente por la necesidad de romper la desunión que nos une extrañamente a ellos. ¿Prefieres vivir sin miedo? Toda llanura es para ti un camino monótono. Necesitas montañas, precipicios desde los que subir, desde las que bajar, para que te devuelvan la fe en el equilibrio, la paz, el sosiego. El ocio de la serenidad es aquello a lo que se aspira en el fondo del vaso de la vida. Pero yo solo soy yo. Ámame como soy. Solo soy lo que ves. No me inventes. Ámame como soy.


domingo, 14 de octubre de 2018

SOLO EL PROPIO CONSEJO.

Haydn: Adagio

La verdad de cada uno es lo que cada uno cree que es verdad. Y nada pueden los otros para demostrar lo contrario: porque a la razón egótica le repugna admitir su error e inventa causas para su contumacia. 
Solo dejamos de ser contumaces cuando sufrimos por ello: por eso solamente aceptamos nuestros propios consejos, los nacidos de nuestra propia experiencia; sin embargo, para entonces, cuánto daño nos hemos hecho, y cuánto tiempo hemos perdido, en esa inexcusable estupidez de un autoaprendizaje que no admite más maestros que nosotros. 
Como si aprender de los errores no fuese el primer paso en el camino del conocimiento.