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domingo, 14 de septiembre de 2025

Los versos de Trovadorius.

Los versos de Trovadorius (I)

Borodin: Nocturno (C. 2º)

Conoció Trovadorius -no sabía si en sueños o despierto- a una Dama; y en seguida su pluma empezó a destilar breves poemas de los que se desprende -como en un gran friso- una historia de amor. Son versos ajenos a las complejidades literarias, desnudos y sinceros como solo el sentir auténtico puede hilvanar, y tal como debían ser susurrados en la isla a la que se retiró su mente para que su vida junto a su amada fuese también desnudamente limpia, como un nuevo Adán que halló una nueva Eva. O mejor: imaginemos a Trovadoriuscomo un Robinson Crusoe autoexiliado en un pequeño territorio descontaminado de la sociedad y sus convencionalismos, recorriendo las playas y sorbiendo la amorosa sal celeste en la piel y los labios de una mujer nativa que tampoco ha conocido el mal.
     Como en las clásicas historias de poetas que olvidan su escritura una vez que esta ha servido para nombrar su vida, aquellos manuscritos quedaron arrumbados con una sola nota en el comienzo: "Puesto que me olvidaste, cuanto escribí yo olvido".
     La fortuna hizo que yo encontrase esos legajos (quizá en letra de algún copista apresurado, puesto que los firma erróneamente como Golgotorius. Otra diferencia: aquí la nota dice: "Solo mis versos dicen que aún existo..."). No sé decir cuándo fueron escritos ni a quién se dirigieron. Mas pareciéndome dignos de mejor destino, aquí empiezo a copiarlos -los seis primeros- para el lector curioso que decida seguir el curso de esa historia en sucesivas entregas:

I.- En la isla
Anoche recorrimos nuestros cuerpos 

y nos dormimos bajo las estrellas. 
Qué placidez el ruido del amor 
mientras el mar batía su oleaje.
Y qué fulgor el de tus ojos cuando 

me has visto sonreír esta mañana.

II.- Roca viviente
Hemos cogido lapas, caracolas,
he ido esparciendo el mar sobre tu vientre 

y briznándote de algas.
Un cangrejo corría por tu piel,
chocaba en tus pezones, descendía
por tu pubis, se alzaba
con su amorosa pinza, deslumbrado.
Y he decidido ser ese cangrejo.


III.- La lluvia
Ha llovido en la isla y ha dejado
la lluvia leves charcos de agua pura. 

En ella abrevo yo mi sed del mundo 
como en tu corazón abrevo el alma 
de la felicidad que nos cobija. 


IV.- La cabaña
Cuando viajamos hacia el sur, allí 

donde el pequeño lago sacia
a animales y pájaros,
miramos la cabaña.
Y de regreso, llenos nuestros ojos 

de colores, paisajes y alegría, 
descansamos en ella, en la madera 
que yo arranqué a los árboles
para que tú pudieras alumbrar
con tus ojos la mesa, el lecho donde, 

después de vino y risas,
tú eres mi esperanza y yo tu anhelo. 



V.- La frágil potestad
Triste de mí, que he pretendido siempre 

salvar montañas y cruzar los mares, 
elevarme a los cielos y convertirme en dios 
solo por fuerza de mi voluntad:
pues ahora que te miro reconozco
que basta tu mirada cegadora
para rendirme sin alzar la espada
ante tu frágil potestad hermosa.



VI.- El abrazo
Mira cómo se estrellan en las rocas
las olas: de igual modo nuestros cuerpos 

chocan y se golpean entre espumas
de esperma y de sudor. Bate la furia
del lujurioso mar en nuestra carne, 

mientras en el ocaso las gaviotas
se despiden del sol y se sorprenden
al ver la majestad de nuestro abrazo. 


lunes, 27 de mayo de 2019

XII. Los versos de Trovadorius

Borodin: Nocturno



XLV.- Mensaje en una botella
Todos los días me sorprendo hablándote
no con mis labios, sino con mi pluma
cuando te veo hermosa como un astro
tatuado en el crepúsculo. Y estalla
un volcán interior que se derrama
en palabras y versos. Te aproximas,
gaviota de la tarde, y me distraes
trazando garabatos en el aire
mientras espías mis palabras. Yo
te empujo suavemente entre las rocas
salpicadas de mar. Luego, en la arena, 
recojo mi escritura, la convierto
en un mensaje náufrago y lo lanzo
dentro de una botella. Tú, amor mío,
la encontrarás un día
junto a la orilla de tu corazón
y me reconstruirás cuando me leas.
Talismanes verbales, mis palabras
me resucitarán sobre tus ojos.

XLVI.El castillo
Mira la espada y el puñal hundiéndose
en la garganta del guerrero, siente
el vino y el diamante enamorando
en noches de lujuria, escucha el pífano
clamando cetrerías. Todo es ya
ceniza devanándose en el tiempo.
Trovadores, juglares, reyes, besos:
también mueren las armas del amor,
la ajorca del poder.


XLVII.- Grabado en la corteza
La noche deja entre nosotros vértigos,
huellas de estrellas, lumbres
y sortilegios en el corazón.
Nos envuelve la miel del tacto, caen
fragmentos de la luna,
y el ruido del amor se eleva y canta
entre arpegios de sombras.
En la caverna de la noche alzamos
un himno en el que suenan
todos los besos de cuantos se aman.


Los versos de Trovadorius (I)

Los versos de Trovadorius (VI)

martes, 23 de abril de 2019

XI: TROVADORIUS


Borodin: Nocturno 



XLII.- La redentora
No me digas que no puedo soñarte
tripulando una estrella, si eres tú
la nave que me salva del naufragio
cada vez que me pierdo
entre los laberintos de mi noche.
Tú me recoges y me resucitas
cuando el fantasma de los desencantos
se apodera de mí: allí tus manos
y tus ojos esparcen sortilegios
y surjo del infierno.
Tú me salvas de mí, de mis demonios.
No me digas que no puedo soñarte
como divinidad de mi universo.


XLIII.- Marejada
Lleva el viento su furia hasta las dunas
y encrespa el mar sus olas en la tarde.
¿No has visto cómo pierden la esperanza
los pájaros que vuelven a la isla?
También llega la muerte al paraíso.
Pero tú no estés triste: ríe, canta:
todo aquello que sueña el corazón 
existe en algún sitio
o acaba por crearse.


XLIV.- La redención
Suena el viento en los árboles y suenan
flautas y pájaros: orquestas
de ramas y de lluvia.
¿Recuerdas los museos, bibliotecas,
las músicas, los cuadros y los versos?
Son las únicas cosas que redimen
la vida de los hombres.
Volveremos a ellos, a tallar
nuestra mente con sus sabidurías,
sus colores y cánticos.
Pero antes bebámonos la luz
de la naturaleza
para que no olvidemos que la vida
es tacto y corazón,
y no el fracaso
que el arte intenta hacernos olvidar.
Y déjame que taña una vez más
en tu cuerpo la música del cosmos.
Un cuadro, ¿nos devuelve algún paisaje?
Un poema de amor, ¿rescata un beso?
¿En qué violín escucharé tu risa?

sábado, 6 de abril de 2019

Los versos de Trovadorius (X).


Borodin: Nocturno (transcripción piano)
(Presunto verdugo de Trovadorius)


Los versos de Trovadorius (I)

Los versos de Trovadorius (VI)



XXXIX.- Crisoles
Se preguntan los ojos 
de aquellos que nos miran
por qué huimos del mundo y su alarido
y vagamos, salvajes, por las playas.
¿Acaso es que no saben
que dos cuerpos amantes y encendidos
necesitan fundirse
como se forja un hierro en otro hierro?


XL.- Vestigio de los dioses
Escucha el corazón del mar: parece
el vagido del tiempo despertando
de alguna eternidad en que la nada
llenaba su vacío
con corales, estrellas y secretos.
De la sombra
brotó la luz, y de la luz la vida.
Como nave surgida
del firmamento y desde el horizonte,
el océano cósmico llegó
remando  hasta esta playa: somos
vestigio de unos dioses
que construyeron la felicidad
con sortilegios. Mira
este grano de arena: fue el principio
y será el fin en el que, al cabo, todo
se origine de nuevo. No resulta
sencillo comprender
que en la Nada esté el Todo: pero siente
cómo todo el amor cabe en un beso
y acaso creerás
que nada hay imposible, y que te amo
con la fuerza del mar: mi corazón.


XLI.- El bálsamo y la furia
Has llegado y has visto mi tristeza
rondándome los ojos, cuando,
como a veces ocurre,
ni siquiera consigo dominarla
mirando el mar. Tus ojos
han caído sobre los míos y
te has abrazado a mí; luego tus ropas
han volado: y de repente siento
junto a mi pecho el tuyo transparente:
y entro en el agua del olvido y veo
disiparse mi niebla,
y veo
el tiempo y el espacio trascenderse:
veo cuevas, bisontes, altamiras,
pirámides, iglesias, rascacielos,
sortilegios y enigmas:
veo transfigurase mi congoja
en la indefinición de un elixir
constelado y balsámico:
porque me llevas lejos
de mí, a la estancia errante
que hay en tu corazón,
en ese cuásar
que desenvainas cuando
luchas con mi melancolía
y rescatas la dicha
que alguien me roba, a veces,
imponiendo su látigo.
pulsar:

sábado, 9 de marzo de 2019

VIII - LOS VERSOS DE TROVADORIUS

Borodin: Nocturno (versión orquestal)


Los versos de Trovadorius (I)

Los versos de Trovadorius (VI)

Los versos de Trovadorius (VII)

Niegan algunos malpensantes la existencia de Trovadorius: como si sus obras no la demostrasen.

XXXIII.- La rosa inmarchitable
No volverás a contemplar la rosa
en todo su esplendor
como puedes mirarla en este instante,
ni gozar de su aroma, o cómo
encarna la belleza y lozanía
de la existencia. No podrás
creer que cualquier rosa es esta rosa
para darle un consuelo
a la mortalidad, que deja solas
a las criaturas en un mundo airado.
Pero yo tengo en ti
unidos los jardines
del cielo y de la tierra, condensados
la hermosura del tiempo y la memoria,
fundidos el recuerdo y el anhelo.
Tú eres la rosa de la vida,
                                               tú
me entregaste tus pétalos y sigues
perfumando mi corazón; y cuando
el ámbar de tu piel se seque
marchito por los años, yo
te abrazaré y seguiré viendo
en ti la misma rosa.


XXXIV.- Debajo de la noche
De bruces hacia el cielo contemplamos
la luna, y más allá
las estrellas lejanas, el final
sin principio del cosmos:
las fronteras sin límites del sueño.
Te abrazo y siento el universo amado
que fluye por tu cuerpo, cada célula
mordida, erotizada; y nos dormimos
dentro del firmamento de la cópula.
Amanece y miramos una nube
como una ola celeste
brillando en nuestros ojos.
¿Cómo puedes estar fuera de mí,
dentro de mí, ser parte
y todo, realidad y sueño,
metamorfosis, potestad y magia?


XXXV.- Locus amoenus
Ha caído el invierno sobre el árbol
y florece la nieve en los senderos.
A lo lejos, los montes son azules
y el mar un río verde.
Qué pureza en el aire;
y, en el alma, qué pura mansedumbre
al calor de este fuego en el hogar,
sobre la mesa el pan, la fruta, el vino,
y el paisaje a través de la ventana
mientras tu corazón
late en el mío
al despertar.
Si hay algo que merece que la vida
sea vivida
es la contemplación de la belleza.


martes, 26 de febrero de 2019

Los versos de Trovadorius (VII)

Los versos de Trovadorius (I)

Los versos de Trovadorius (VI)

Borodin: Nocturno

Síguense, antes de los que siguen, algunos poemas. La corrosión del cofre en que se hallaron ha roído varias páginas que algunos rescatadores intentan salvaguardar.

XXX.- Bajo el buril del beso
Esta tarde llovida y penumbrosa
en la que el viento traza garabatos
sobre el índigo cielo,
he tatuado en tu boca con la mía,
y en tu torso desnudo,
las palabras te quiero:
como si las robase de aquel árbol
donde las escribimos
o fueses tú ese árbol y yo el hacha
amorosa que lo tallaba.
                                           Tú,
bajo el buril del beso,
sonreías, vibrabas
como yo; y cuando el filo del amor
ha hendido nuestros cuerpos
desenfrenadamente,
con su fiero estallido
hemos sentido
                            el aullido
                                                del mar.


XXXI.- El tilo
Si alguna vez, al recordar el mundo
me fui de ti, siempre supiste
dónde encontrarme:
                                        el tilo
es mi refugio: en él
escribiste tu nombre junto al mío,
su sombra cobijó mi corazón
e hizo sonar el tuyo como un mar.
Allí me encuentras siempre, cuando el mundo
arrasa mi memoria y necesito
que vayas a buscarme, a rescatarme
de mí
              allí
donde tú eres más tú
y yo vuelvo a ser yo porque comprendes.


XXXII.- El recuerdo
El tiempo es un caballo
que triza nuestros cuerpos:
míralo cómo corre
por la piel, por los ojos,
por las cosas que hacen
amable la existencia.
La montaña y el árbol
también sienten su herida.
El frío apaga el fuego,
el pájaro enmudece.
Pero cuando te miro
regreso a aquella infancia
inmaculada y frágil
en que éramos dos niños
y todo era posible.