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sábado, 28 de abril de 2018

Por qué el progreso no tiene regreso

Copland: Fanfarria para el hombre común

1.- Hartos de ser esclavizados, los ciudadanos crearon la democracia. Para ello nombraron a los representantes de su libertad; pero estos fueron progresivamente representándose solo a sí mismos y a sus partidos políticos. Como consecuencia, en lugar de que el tirano sea un solo individuo, el dictador resulta ser un conjunto de mandamases y déspotas disfrazados de defensores del pueblo.


2.- Tales mandamases, para seguir mandamaseando, procuran que la ciudadanía se rija por el pensamiento único, favorecedor de los poderosos y denigrador de la mayoría cotidiana. De manera que instituyen una educación cultural que conduzca al estudiante -y, por tanto, al hombre- al electroencefalograma plano. Así, las sucesivas fases de la enseñanza crean una cultura del analfabetismo y la frivolidad, puesto que se enseña a despreciar lo culturalmente enriquecedor para el presente y el futuro. Algunos de esos licenciados en analfabetismos (recuérdese que siempre existen las honrosas excepciones) se convierten en profesores. Y lo que enseñan es más analfabetismo: un cociente intelectual doctorado en asnalidad y jumentez. Muchos de estos doctorados pasan a formar parte de la industria de la politiquería y trepan trapecialmente por las escalinatas del poder. Ellos, en su amplia sapiencia, nombran ministros de incultura, concejales de lo mismo, enaltecedores de libros aromáticos, seudocuadros y ruidosidad... Y tales, y todos juntos, en su inteligentil sabiduría, organizan exposiciones, ferias librescas, mecenazgos prodigiósicos...


3.- Al final tenemos lo que nos merecemos por no haber intentado democratizar una guillotina indoloramente descerebradora.



jueves, 26 de abril de 2018

El astro enfebrecido


En varios textos y ocasiones he dicho que el mundo tuvo la mala fortuna de seguir a Platón en vez de a Epicuro: porque aquel condenaba lo material -y por tanto, el cuerpo humano- considerándolo un entorpecimiento para la trascendencia, mientras que este defendía el placer interior como demostración de la conquista del sosiego -y no como prosaico hedonismo-. 
     Eso me lleva a traer aquí el poema titulado "El astro enfebrecido", en el que se muestra el cuerpo como rostro de la infinitud del Universo y puerta hacia la trascendencia. 
     El lector avisado no se contentará con ver en él una invitación a la carnalidad, sino que observará la exaltación de los sentidos, perceptores, mediante el erotismo, de la sensibilidad más metafísica y de la semilla de la identidad cósmica: eso que nos permite aceptar el verso "yo soy el Universo".
     Como la voluntad inconsciente -forjada por tantas voluntades de la conciencia- pretendía que mi pluma expresase lo que el acto creativo necesita decir, el poema fue fluyendo inexorablemente hacia una determinada disposición, y no con otra. Y así, su estructura es la siguiente, o esa veo ahora: 
     1.- Una primera parte (versos 1-16), la más extensa, en la que una serie de verbos en imperativo (que se continúa en todo el texto) invita a contemplar algunas partes del cuerpo por las que accedemos a la naturaleza física, síquica y cósmica: "mira los ojos", "observa esos labios", "siente el cuello", "escucha el corazón", "contempla el epitelio".
     2.- Una segunda parte (versos 17-29) en la que se subrayan las consecuencias trascendentales de tal contemplación: que el cuerpo es la "humana simetría", un diseño o copia exacta del orbe: "mira cómo se ordena el caos"...
     3.- Una tercera parte, la más breve (29-32), en la que se desafía al lector contumaz a que afirme, ante esa verdad, que el ser humano es un error de la creación en vez de constatar que es la perfección y la entelequia de cualquier Artífice Supremo que se empeñase en crear la inmortalidad.
     Todo ello, y otras cosas, hacen del poema la conjunción de eros y tanatos, la pulsión amorosa y la rebelión contra la muerte: un emblema de todo cuanto he escrito.

EL ASTRO ENFEBRECIDO 
                                                                                          (palimpsesto sobre T. M.)



MIRA los ojos: cómo transparentan
la luz del universo, donde el alma
es infinita; observa, enfebrecidos,
esos labios, por los que emerge el mundo. 

Siente el cuello, que yergue la cabeza
y se abre sobre el pecho como un río 
apaciguado; escucha el corazón,
su músculo sonoro, su sangrienta 

geometría, el cúmulo de gárgolas 
ardientes; y las vísceras añiles 
enrojecidas por la voluntad
de la creación; los vasos y los filtros 
ordenados en mágica armonía. 
Contempla el firmamento esplendoroso 
del epitelio cósmico interior,
las mil estrellas que el cerebro fragua. 
Mira cómo se ordena el caos; mira 
cómo surge la nada y se transforma 
en cálida materia inteligente;
y cómo se dilata en los pulmones
y se expande en la rueca de la vida 

hacia el pubis sediento. Observa, palpa 
la humana simetría; huele el tacto
de las manos, los muslos, la osamenta 
vestida con la carne que se burla
de toda podredumbre y canta firme
su exaltada salmodia, la lujuria
de la pura existencia incontenible,
irresoluble en muerte. Abraza el cuerpo
repite su clamor y niega entonces
la furia del vivir y su conciencia
de eternidad. 


miércoles, 25 de abril de 2018

Autobiografía

Schumann: Ensueño


Autobiografía

Vivo en el mundo, no con el mundo. Eso me convierte en un intruso que huye de la intrusión de los demás, puesto que quieren imponerme sus reglas mientras yo solo pretendo sobrevivir con las mías.
     La Historia es la única novela inacabada, y cada uno de nosotros escribe su capítulo, no los ajenos. Claro: que algunas páginas son mejores que otras y las determinan todas. Eso son los grandes creadores: páginas exactas. Pretendí ser una de ellas y no lo conseguí.
       Eso es todo.

martes, 24 de abril de 2018

Mosha Bieda

Siempre han sido icónicas de la existencia la juventud y la belleza, perseguidas por la muerte: hace poco recordaba yo en una conferencia los sonetos sobre el carpe diem de Tasso, Garcilaso, Ronsard, Góngora, A. Machado, así como otras variantes de Dámaso Alonso, Rafael Morales y muchos más. Todos vienen a confluir en las palabras de Melibea (adelantadas a las de Romeo y Julieta) cuando, sabiendo la muerte de Calixto, se arroja desde la torre constatando la razón del suicida: "Oh la más de las tristes triste. No es tiempo de yo vivir". 
     Probablemente es esa conjunción de elementos la que me llevó a obsesivar y conturbar la expresión en Los ojos de la metáfora, y a titular el siguiente poema Mosha bieda (Mi tristeza), palabras con las que signó Chopin el ramillete de cartas a su amada cuando supo que la había perdido.


Mosha Bieda en la voz de Luisa Pastor (versión original).

Mosha bieda

Ella era triste como una lascivia insatisfecha.
No sabía mirar, no sabía vivir, no sabía morir.
Ella era hermosa como un suicidio de quince años.
No quería ser triste, no quería ser bella, no quería ser muerte.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Tenía el horizonte agarrado a su cuello
como una horca terrible sin forma de patíbulo
y se dejó caer hacia arriba, en la noche.
Ella vino en un beso masacrado, ella vino.
Ella era amor como una errata en un libro de lágrimas.
Ella no tiene cielos ni infiernos en sus ojos.
Tampoco los crepúsculos sonríen a su paso.
Y sin embargo el zoclo se detiene al oírla.
Ella era el cobalto, la manzana y el grítalo.
Quizásmente tal vez ella es una liturgia.
No hubo salacidad que rozase su piel de lepra virgen.
Ella no muere nunca porque no vive nunca.
Jamásmente ella ha sido lo que yo no soy nunca.
No enturbia, no conoce, no sonríe, no llora.
Sin embargo su pálpito eclipsa el universo.
Ella vino en la noche con un beso en la noche.
Ella vino en la noche como un beso en la noche.
Yo amé su piel de amianto para mi fuego inútil.
Murió hace doce años al erguirse hacia un beso.
Murió hace doce años llevándose mi vida.
La verdad: yo quisiera
no haber tenido que escribir este poema.

lunes, 23 de abril de 2018

El sueño de la Humanidad.


Strauss: Muerte de Don Quijote


Leer en el periódico

     Afortunadamente, los verdaderos bestsellers no los crea la cantidad de lectores coetáneos de su autor, sino los que suman los siglos: aquellos que leen algo más que palabras y encuentran trascendencia en su decir. ¿Por qué es Don Quijote uno ellos?
     Porque lo que pretende Don Alonso Quijano El Bueno es realizar el sueño de la Humanidad: establecer un orden social justo y solidario tratando de convencer uno a uno a cuantos corrompen la convivencia con su comportamiento. Don Alonso es un hombre que vive en una sociedad injusta, y la integridad propia que pretende trasladar a los demás es lo que queda más allá y a pesar del humor y la tragedia de su fracaso. Su error, visto desde hoy, consiste en tratar de imponer la justicia por la fuerza, aunque ese fuese el único medio en un mundo en que eran necesarias Armadas Invencibles y batallas de Lepanto. Y por eso don Alonso se convierte en Don Quijote. Era el método ancestral de la guerra -hoy superado solo en teoría-. (El propio Cervantes consideraba su mayor gloria haber perdido el uso de su mano izquierda como consecuencia de tres arcabuzazos defendiendo la cristiandad).  No obstante, pocas dudas hay de que el libro es el arma más pacífica y que más territorios mentales ha conquistado. 
     Esa nobleza de carácter y de pacto consigo mismo -ayudar a los demás- es lo que ha visto la Historia en el hidalgo. Y así, innumerables son los autores que han mezclado su sangre con la cervantina y han tomado su obra como fundamento de la suya. No es casual que El Quijote haya servido de inspiración a centenares de creadores. Basta citar a Defoe, Fielding o Dostoiewski. Nada más que en el siglo XVII hay, al menos, 35 obras teatrales inspiradas en él. Tal vez sea Richard Strauss, con sus Variaciones sobre un tema caballeresco quien mejor lo ha recreado. Telemann, Purcell, Salieri, Paisiello, Massenet, Mendelssohn, Ibert, Ravel... compusieron suites, óperas, canciones basadas en sus textos. Rafael GilOrson Welles, G. W. PabstPicasso, Dalí, Daumier... dibujaron su rostro y sus hazañas. El tiempo, que es el único filtro que impide el paso a los embaucadores y convierte en clásicos a los íntegros del arte, ha hecho de Cervantes un hito en la Historia.
     Sin El Quijote -la novela más moderna e innovadora de cuantas conozco- el decurso de la narrativa universal no hubiera sido el mismo. Los autores hubiesen seguido otro rumbo, los lectores no hubiesen reaccionado como lo han venido haciendo, la sociedad, falta de esa reacción determinada, sería diferente. Estaríamos, como digo, en otro universo social. Y eso convierte El Quijote en imprescindible para la comprensión de la Historia y el hombre actual.
     ¿Sin embargo, por qué es tan poco leído hoy? Porque ningún consejo es peor, para aborrecer una lectura, que el de imponerla. Y ahí radica el hecho de que pocos conozcan El Quijote: su imposición en las aulas como lectura obligatoria en una enseñanza igualmente obligatoria y minusválida que invita a rechazar la lectura y el estudio.         
     Una obra no es válida porque esté bien escrita, sino porque su buena escritura descubre un paradigma humano universal. Y esto no ocurre, por ejemplo, con la historia de un “poeta enamorado de un burro” (que eso es Platero y yo), por mucho que los pedagogos se empeñaran hasta hace poco en elevarla a las alturas "por su prosa exacta y limpia". Pero la historia del hombre bueno que quiere hacer el bien y es el propio mundo el que se lo impide -porque este desconoce la bondad- sí es familiar y esencial al ser histórico. Tanto que es la divisa y herencia de Sócrates, Buda, Confucio, Jesucristo… 

domingo, 22 de abril de 2018

18 poemas, 7 voces


Haydn: Adagio

Siempre he huido de los actos que implican una presencia pública: por agorafobia, de los que suponen una conferencia -por ejemplo-; y por inmerecimiento, de los que entrañan un encubierto homenaje. 
     Pero la responsabilidad ante la edición de libros y el autodesafío de vencer el pánico escénico me han llevado a aparecer en los últimos años como agradecimiento a la azarosa fortuna de premios y presentaciones. 
     Ahora se me juntan el acto público con mi inescénica aparición, por el simple hecho de que algunos generosos lectores consideran que algunos textos míos son dignos de que los oigan otros a través de sus voces, como es el caso del grupo -por mí desconocido- que aquí se representa y cuyos nombres más abajo aparecen. 
     Nada tengo que ver con ello; por eso deseo agradecer a su director, Juan Antonio Urbano, la iniciativa; y a los miembros del grupo y a la presidencia del Ateneo de Alicante su disposición y esfuerzo. Ojalá encuentren el tono, el timbre y la fonética que ennoblezcan los poemas. 
     (Otrosí: mi agradecimiento resultaría incompleto si no lo extendiese al tartufesco personajillo que ha instigado para que no se realizase tal acto: estoy seguro de que su mesturera  e insistente oposición ha fortalecido la firmeza de quienes de buena fe van a ejercitarlo).   




sábado, 21 de abril de 2018

Historia del artista y la mecenas


Orff: Carmina burana



Sucedió que él era individualista, y ensimismado en su creación. En verdad, no existían para él más cosas que su arte, aunque amase como pocos cuanto es digno de ser amado en este mundo.
     Y sucedió que una dama quiso poseerlo utilizando lo que para ella era el eje del universo: los dineros, la oferta sexual, la gratuidad de vivir sin preocuparse de vivir. 
     Y le dijo:
- Mientras estés conmigo no tienes que ocuparte más que de crear. 
     En tanto esto decía, se desfloripondió de joyas y de pieles, y su vestido fue cayendo lentamente. Se le acercó desnuda y lujuriosa como una moneda, cuyo único fin es comprar.
     Estaban en uno de sus aposentos, al que ella lo había llevado precipitadamente y decidida a todo.
     Él soportó aquel cuerpo y aquella vendimiaria ofrenda y calló mientras el estremecimiento sacudía a la mecenas gárgola. Pensó, naturalmente, que es lícito tratar de conseguir aquello que se anhela, pues siempre es mejor que la muerte cualquier carnalidad.
     Entonces se apartó él y, sin querer herirla pero firme, dijo "vámonos", interrumpiendo aquella tentativa de la aviesa moneda.
     Fue así como desde ese instante el artista, que había sido ensalzado como genio y figura, se convirtió en persecución de la rubia mecenas, cuyas guedejas de oro nunca fueron más falsas que el oro que creyó dueño del hombre.
     Todo se volvió en contra, aunque él continuaba invicto. Porque ella poseía las armas materiales, pero él tenía las armas invencibles: su arte, su condición de artista.

jueves, 19 de abril de 2018

En el aula causal.




- Profesor: ¿Por qué y para qué estudiar, por qué es mejor aprender que ignorar?,  preguntáis ... Esta es mi respuesta: 
El ser humano es el animal que más tiempo biológico necesita para independizarse de su madre, para desarrollarse en cuerpo y mente, para adquirir un criterio propio y poder decir "este soy yo": necesita nada menos que unos 200 meses. Pensemos lo que eso significa  para nuestra vida: 20 años para convertirnos en auténticos adultos; 20 ó 25 para construir y afianzar una vida fértil y agradable; otros 20 ó 25 para mejorar,  gozar y nostalgiar los frutos cosechados durante los años anteriores. En resumen, siete décadas, por ejemplo. 
- Diana: Ahora se vive más y mejor...
Profesor: Precisemos, Diana: ahora cumplimos más años y disfrutamos de mejor salud. Lo del bienestar lo dejamos para otro día. Y continuemos -silogísticamente, deductivamente, como siempre-: no viviríamos el último tramo si no estuviésemos vivos durante el segundo, y ...
- ...que no somos niños, profe... -interrumpe Diana, olvidando que debe levantar la mano para intervenir-.
Profesor: ... y no viviremos bien el segundo tramo -ni el tercero- si durante el primero no hemos plantado todas las buenas semillas que fructifican después... ¿qué es inevitable deducir de esto?
Sandra: Que el primer tramo es el más importante, o el determinante del resto de la escalera. 
- Y tú, Pablo, ¿qué harías si fueras a construir una casa, o una escalera?
Pablo: Reforzaría los cimientos y aseguraría el primer escalón ...
- Profesor: Bien... Dejemos las parábolasy vengamos a la vida: confieso que durante muchos años he dicho -acogiéndome a la cita de Diego Torres- que "cuando quiero viajar leo un buen libro", porque cada libro es un viaje a la vida de un hombre. Pero, aunque hay que leer, la vida es más que la palabra. Por tanto, hay que vivir sin malvivir... Imaginemos ahora que todos vais a hacer un gran viaje. ¿Quién se quedará en el hotel, tumbado "a la bartola", en vez de salir para traer los ojos llenos de imágenes, los oídos llenos de músicas, la mente plena de experiencias con las que cultivar recuerdos y plantar proyectos? 
- María: ... Me apunto ya a ese viaje. ¿Cuándo salimos...?
Profesor: Pues ahí tenéis la respuesta a vuestra pregunta inicial. La vida es el gran viaje. Y aunque sea un viaje no solicitado, la vida nos ofrece todo lo que un itinerario infinito nos puede otorgar. ¿No sería de necios permanecer "a la bartola" mientras el viaje fluye, en vez de llenar las maletas de la existencia con cuantos frutos y semillas encontramos, con paisajes -y libros-, realidades y sueños, conocimientos, en fin? ¿Quién ha dicho que vivir, divertirse y aprender son enemigos? Simplemente hay que saber compaginarlos.
Creo que nadie tiene derecho a malgastar la única energía racional dotada con voluntad propia y fértil. Quien lo hiciese sería esclavo de la vagancia, la inutilidad y el desprecio por lo desconocido. ¿Cómo despreciar ni lo más nimio de la desconocido, si la Historia es una sucesión de descubrimientos? La vida es un misterio que hay que descubrir. Hay misterios que defraudan y otros que son tesoros. ¿Quién no quiere ser rico en experiencias que enriquezcan su vida? 
      ¿Quién rechazará la mejor compañía? Pues la vida no es solo un viaje, sino nuestra mejor compañera de viaje y, a la vez, nuestro único camino. En ella están la sed y el agua.  Cuanto más y mejor la caminéis, mejor aprenderéis a andar y almacenar estrategias para más adelante. Y este es el momento de llenar la cantimplora y las alforjas. Solo así es posible desmentir la conocida frase de M. Heredia: "Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores".


miércoles, 18 de abril de 2018

Lo que fue, lo que es, lo que será


Fragmento final

Leo historia y novela para conocer lo que, probablemente, fue; y literatura de ficción y ensayo para entender lo que, posiblemente, será. Solo la poesía me enseña lo que es. 
La razón es evidente:
Todas las artes, menos la poesía, tienen más de estrategia que de autorretrato inexorable del rostro del autor y de los hombres.

martes, 17 de abril de 2018

El devenir del saber.

Ceballos: Hortus conclusus

Hace 200 años, en un pleito, uno de los firmantes escribió junto a su nombre, como una virtud: “propietario de tierras y dinero”. El otro -era su hermano- rubricó: “Beethoven, propietario de un cerebro”. ¿Cuál de los dos hermanos fue más rico? ¿Cuál enriquece más al ser humano? ¿Y quién podrá arruinar La Sinfonía o poner precio al bien que ha dado al hombre?
Más especulativas que científicas, hay dos suposiciones que se han hecho sobre el futuro de la humanidad; una de ellas: que la escasez del agua pronto la hará valer más que el petróleo; la otra es que el libro dejará de existir en tan sólo algunos años. En realidad es el debate eterno entre el materialismo y la cultura, cuya resolución todos sabemos. ¿Pero vive mejor quien es más rico o aquel que es más pobre en ignorancia?
Siempre hay apocalípticos profetas que hablan del fin del libro y la cultura. Ahora es la autopista de internet quien -dicen los sofistas del progreso- derrotará, por fin, página y tinta. Sin embargo, los libros de papel -papiros, manuscritos, letra impresa, legajos- siempre han sido compañeros de la mente erudita y lo serán del formato electrónico porque este sólo demuestra que persiste el hábito de conocer el rostro de los otros, su corazón, su pensamiento y vida, el retrato social e individual. 
Según la British Library, en el año 2020 no habrá ningún periódico publicado en papel tan solamente; pero sus anaqueles crecen doce kilómetros al año. ¿Qué esperar sino la permanencia de lo impreso, a lo que va sumándose lo efímero si ayuda a difundir conocimiento? 
Cambian los tiempos, cambian los lugares; pero en el hombre permanece siempre el afán de saber, de conocer; y no hay prisión para encerrar sus ansias. No ha de morir jamás, por tanto, el libro, cauce de todas los sabidurías y huella dactilar del ser humano. Ya lo decía Nietzsche: “la lectura ayuda a rescatar de la barbarie” y a convertirse en hombre del futuro. Y el pensador Steiner escribió: “Sueño a veces con casas de lecturas donde los deseosos de aprender encuentren el sosiego necesario” y la complicidad de buenos libros. Quien tenga duda observe aquel genial “lo sabía” del monje Sean Connery al descubrir la oculta biblioteca de la umbertiana El nombre de la rosa.
Pocos preferirían el saber al poder, es decir: a Don Dinero. Incluso muchos libros alimentan más a su editorial que a los lectores. Y si se convirtiera el agua en oro muchos se alegrarían de la sed que los enriquecía de repente.
La cuestión no es saber qué ganaremos aprendiendo del árbol de la vida, sino qué nos perdemos ignorando. ¿A quién respeta más la Historia, a un hombre rico que se embrutece en su egoísmo o a un hombre solidario que enriquece a los demás con su sabiduría? ¿Y quién se sentirá más orgulloso de lo que es y de lo que será?

lunes, 16 de abril de 2018

Vicente luengo:


Dos diáfanas y recientes composiciones de Vicente Luengo:


Nikola


V. Luengo: Nikola

El lector puede revisar un libro del autor, publicado  en este blog, pulsando sobre

Apnea del sueño


viernes, 13 de abril de 2018

Un soneto olvidado


Katchaturiam: Adagio

Suele ocurrir que la pluma se exige dar lo mejor de sí, y envía a las sentinas del olvido aquello que le disgusta o no le satisface. Ejemplo es este improvisado dinosaurio escrito in illo tempore en el que la escritura tamborileaba por doquiera. 
     Un soneto febril desdibujado sobre una servilleta de papel, alguna noche mientras se parlotea con a saber quién sino consigo mismo creyendo que se le habla a quien está escuchando
     Dicen unos que es de aquel autor y otros que lo escribió tal vez estotro. Y qué más da, dígome yo carmineando- aunque yo lo sé-, quién rubricase sus menguados versos. Aquí está, salvado de un naufragio que acaso debería haber sido total:

                                      Cada vez que me tocas o te toco
                          y juntamos tu boca con mi boca,
                          siento que soy el mar y tú la roca
                          y que el beso nos une poco a poco.

                               La épica del coito nos provoca
                          batallas de lujuria y un seísmo      
                          sexual que hacia la magia y el abismo
                          de las salacidades nos desboca.

                               No hay éxtasis ni otro alto misticismo
                          como el orgasmo lírico y profundo
                          de dos cuerpos clamando al erotismo.

                               El universo entero se transforma :
                           sé que fuera de ti no hay otro mundo 
                           y que sólo el amor tiene tu forma.


miércoles, 11 de abril de 2018

Miserias literarias


Guridi: Don Quijote


A veces, ni siquiera los gigantes se reconocen entre sí. Prueba de ello es el menosprecio que Mozart y Goethe mostraron a Beethoven; o la ceguera de Gauguin ante la pintura de Van Gogh; o las luchas literarias entre autores de todas las épocas, a veces por envidias y otras por oponerse, aparentemente, unas poéticas a otras: como si no fueran todas una búsqueda de la definitiva. Castillejos no alcanzó a entender la grandeza de Garcilaso y Boscán; Lope, que buscaba hacer realidad su criterio de "poeta científico" no podía ver con buenos ojos a Góngora, verdadero creador de un lenguaje lírico -y "científico"- en las Soledades y el PolifemoQuevedo demostró su mala prez al comprar la casa en la que vivía Góngora solamente para echarlo de ella... Como ejemplo de luchas literarias, vigentes desde la Antiguedad hasta hoy, valgan estos versos de Quevedo:
Muchos dicen mal de mí
y yo digo mal de muchos;
mi decir es más valiente
por ser tantos y yo uno.

   Es decir: que exagerando o no, casi todos han encontrado grietas en las obras ajenas. Sin embargo, cuántos han confesado como su gran deseo el de haber sido autor de Don Quijote. Es decir: ser Cervantes.
Pulsar:

martes, 10 de abril de 2018

La inteligencia de la sensación.


Beethoven / Liszt / Gould: Sinfonía Pastoral

La poesía -todo arte- es sutileza, insinuación más que dicción abrupta. Puede pensarse que para nada interviene el intelecto: y es todo lo contrario: sobre la sensación, inesperada o buscada, la mente debe trabajar hasta tachar los parásitos que acompañan todo impulso: matizar y tallar el diamante que al fin debe quedar como obra imprescindible. 
Ni la ebriedad ni la asepsia verbal. El arte necesita la artesanía del refundidor perfeccionista y la contemplación del visionario.
Sin clarividencia e inteligencia para contenerla no hay arte.  


lunes, 9 de abril de 2018

Laconismos 766 - 775

Marcello: Adagio

Welista: Despojamiento lacónico

766.- Un gran autor no es el que escribe pensando en el triunfo, sino en su aportación al ser humano.
***
767.- Un buen lector no es el que lee muchos libros, sino el que aprende a detectar los malos para abandonarlos y escoger los buenos.
***
768.- Un buen libro no es el que triunfa en su tiempo, sino el que lo trasciende.
***
769.- No somos responsables de lo que se escribe, sí de lo que leemos.
***
770.- La muchedumbre -la gente- no existe; es un eufemismo de impersonalidad, impunidad: un escondite del cobarde. 
***
771.- En Arte no hay democracia, sino individuo.
***
772.- La vida es el lugar donde morimos.
***
773.- Peor que te maten tus enemigos es que te traicionen tus amigos, o tú mismo. 
***
774.- El fanatismo es el peor enemigo de la sociedad. 
***
775.- La cuestión no es saber qué ganaremos aprendiendo, sino qué nos perdemos ignorando.
***

sábado, 7 de abril de 2018

Una pintura verbal (II).

Katchaturiam: Adagio

Son tantos, y algunos tan excelsos, los sonetos que se han escrito en castellano, desde que Boscán y Garcilaso adaptaran los de Petrarca, que han convertido esa estrofa en la más noble y exquisita, y la más difícil. Sin duda, ninguno como los de Lope, Góngora y Quevedo. Y son escasísimos los autores que no han escrito alguno, incluso cuando se impuso el verso libre; probablemente porque el soneto, además de un desafío, exige cuanto debe tener un poema: precisión, síntesis, sobriedad, profundidad, eliminación de la retórica. Cosas estas que el cómputo, el ritmo y la rima dislocan, conduciendo hasta el ripio, y que solo el buen poeta pule hasta convertir su voz en un diamante.

El ya publicado ayer es una presurosa tentativa de vencer el desafío, tratando de detener en la cárcel de la estrofa la torrentera verbal sobre el tema también más tratado por la pluma y el más vívido en la vida, que es el amor, aquí concretado en la descripción de un rostro, torso, retrato a la manera de un pintor.
                  Una pintura verbal

               La párvula belleza de la rosa
               ha ascendido a tu rostro sonrosado
               mientras el albo lirio ha dibujado
               su blancura en tu frente luminosa.

               Qué fulminante luz la esplendorosa 
               claridad de tus ojos, qué dorado
               frenesí tu cabello, y qué encrespado
               enigma el de tu roja boca hermosa.

               Qué diré de tus hombros y tu pecho,
               almenas y esplendores que quisiera
               conquistar y arrasar beso tras beso.

               Qué batalla de amor habría en tu lecho
               si porque te amo tanto consiguiera
               hacerte prisionera y ser tu preso.

El texto va enumerando las bellezas físicas de la amada (rostro, frente, ojos, cabello, boca), atribuyéndoles la hermosura de los elementos de la naturaleza con los que se asocia entre hiperbólicas metáforas (rosa, lirio, luz, frenesí, enigma), galope enumerativo y pasional al que apunta el encabalgamiento del segundo cuarteto, deteniendo pudorosamente su retrato en los hombros y los pechos(almenasesplendores), y desatándose finalmente en el ensueño de un erotismo tan sugerido como en el límite de la explicitud de la copulación: lecho, arrasar beso tras beso, prisionera / preso. 

El poema no oculta su empaque clasicista, sino que lo exhibe, puesto que es un homenaje a los Siglos de Oro. Discúlpesele al autor su atrevimiento. Como él dice: "Ningún poema mío estará nunca en una antología esencial; ¿por qué no homenajear lúdicamente a los que sí lo están?".

viernes, 6 de abril de 2018

Desorteguianizando.

Haendel: El herrero armonioso

Todos nuestros sufrimientos síquicos provienen de la distancia que establecemos entre lo que queremos ser -o conseguir- y lo que finalmente somos -o conseguimos-. 
     Digo "establecemos" porque, aunque heredamos genes y asimilamos conductas, poseemos un poder que pocas veces ejercitamos: la voluntad de mejorarnos y mejorar nuestro pequeño y gran mundo.
     Error me parece despreciar nuestras circunstancias; pero peor es que nuestro yo se reduzca a ser el conjunto y conclusión de lo que nos circunda -incluidos padres, hijos y espíritus santos-. 

     ¿Por qué sentirse dichoso o desdichado de lo que ocurre al margen de nuestra voluntad? 

Un hombre -una mujer- es eso: lo que añade y quita de cuanto heredó y dejará como legado: lo que decide que permanezca después de que lo demás imponga su dictado.

     Así que, desorteguianamente, prefiero poder decir 
yo soy yo porque creo mis circunstancias.

     Solo así podemos enorgullecernos -o culparnos- en este mundo de tantos soberbios y tan escasos inocentes.