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sábado, 12 de octubre de 2019

Si muero antes de despertar




Si muero antes de despertar (Monólogo interior)

En la noche serena contemplo el infinito
Detrás de las estrellas tal vez haya un edén
Si pudiera volar convertido en un pájaro
Decidme que la noche desemboca en la luz
Mi corazón asciende por la noche infinita
Detrás de las estrellas tal vez haya un edén
Sonrisas de diamante parecen las estrellas
Dentro de mí una escala me invita al paraíso
Decidme que la noche desemboca en la luz
Contemplo los abismos lejanos y profundos
El mundo tiene forma de un ataúd errante
La tristeza es un pájaro que vuela en las entrañas
Quién besara los ojos de la melancolía
El amor es la magia que nos convierte en dioses
Los besos son la huella de la resurrección
Detrás de las estrellas se columpian los sueños
La soledad desvela al hombre cosmogónico
Decidme que la noche desemboca en la luz
Manantiales de dicha diluvia el firmamento
No existe la tristeza para quien sueña y ama
El amor es la magia que disuelve el dolor
En la noche serena se columpian los sueños
Mi corazón asciende convertido en un pájaro
Diamantes y sonrisas en la noche serena
La soledad descubre la mística armonía
Decidme que la noche desemboca en la luz
La lluvia clama ocasos en los que dibujarse
La sonrisa es un rostro que oculta el de la muerte
Los besos son la huella de la resurrección
Jamás tendré tus besos oh dama inresurrecta
Arcoíris y lluvias derraman utopías
Decidme que la noche es un canto a la luz
.............
Hace años escribía yo desenfrenadamente, sin poder atajar el turbión síquico que pugnaba por salir para liberarme de su tortura. Cuando me decidí a publicar, no podía corregir aquel desenfrenado río que brotaba sin buscarlo y que me ahogaba tanto si permanecía en mis sentinas como si se volcaba sobre el folio.
Retirado de la escritura durante 15 años, intenté ordenar mi mente, que zozobraba igual en la prosa de los días que en el verso de la pluma, puesto que ninguna distinción había entre unos y otra.
Finalmente, la palabra volvió de su afasia y su naufragio, y empezó a ordenar una vez más mi vida. Sin embargo, ya podía yo detener el torrente verbal y reescribir mientras iba escribiendo, aunque cierto es que jamás he logrado, ni pensado, pergeñar mentalmente un escrito, y sigue siendo cierto que "cuando escribo la primera palabra no sé cuál va a ser la siguiente". 
Este poema es buena muestra de ambas actitudes: escrito hace unos días, y apenas corregido, yo recibía los versos como telegramas mentales, adosándose unos a otros en forma de teselas; lejanamente entreveía ciegamente que ese telegrafismo se encaminaba hacia la formación de un friso: y, como si un pintor trazase líneas paralelas y de pronto tomara fragmentos de las anteriores para pintar las posteriores, se me imponían segmentos de versos ya escritos buscando prolongarse como variaciones mientras aparecían otros nuevos, semejante al inicio de una pequeña fuga que podía mantener tanto tiempo como quisiera, pero que detuve porque prefería la insinuación de un texto breve a la construcción de un poema de 300 ó 400 versos. Creo que en Palimpsesto hay un ejemplo final de esta estructura, aquí solo iniciada.
Lo que yo haya querido decirme en estos versos aún no lo sé bien: porque el laberinto síquico ordena sus pasillos y sus túneles y las más de las veces solo sabemos que estamos en el camino, no cómo hemos entrado ni hacia dónde vamos ni por qué estamos caminando. En este mismo instante yo sigo escribiendo esta nota a marchas forzadas -el reloj del blog ya ha debido publicarlo- porque algo me fuerza a explicarme, y al mismo tiempo deseo no hacerlo; pero me digo "¡Qué más da!". Tal vez sea el dibujo de un tránsito. Desde luego no pensaba en Ofelia: la imagen la he buscado después, como suelo hacer. Más que Ofelia, quizá sea el latido de todas las onirias.
Seguramente a nadie le importe ni el texto ni esta nota. A mí sigue importándome saber quién soy. De ahí tanta tentativa.

viernes, 11 de octubre de 2019

¡Ay de aquel que no aprende a vivir!


Liszt: De la cuna a la tumba

La infancia es el país en el que no recordamos haber vivido, y del que nuestros mayores, y la nostalgia de lo que pudo ser, nos dicen que fue maravilloso.
     Durante la juventud vamos acumulando experiencias que se convierten en aprendizajes. 
     Luego vivimos unos años practicando esa autoeducación. 
     La madurez consiste en aprender a desprendernos de muchas de esas cosas y a ignorar otras que no conseguimos en su momento. 
     La vejez debe de ser la alegría o la tristeza derivadas de haber sabido, o no, practicar sabiamente ese apropiamiento y desprendimiento. 

jueves, 10 de octubre de 2019

Libros Recibidos (LVII): Joaquín Juan Penalva

Joaquín Juan Penalva: Todas las batallas perdidas.
Huerga y Fierro, 2019



No es verdad que haya muerto el culturalismo tras su adjetivación para los "novísimos": no es verdad porque tampoco nació con ellos.
    Todos somos hijos de la cultura aunque no a todos nos salga por los poros o los versos. En el fondo del cráneo y en la superficie de la página siempre hay un griego, un romano, un ser renacentista dictando su sapiencia a nuestra pluma: y de su aprendizaje o desconocimiento depende nuestra originalidad, virtudes o defectos.
     Hoy va muriendo la lírica y extraviándose la poesía porque  se lee poco y se escribe demasiado. Tres cosas complementan un buen escrito: el corazón, la razón y la pluma -que simbiotiza los dos anteriores-: hoy apenas queda la pluma: la pluma desplumada para cocinarla en los lares del "escribo como hablo": mal.
     Claro está que de esa hecatombe siempre hay algunos náufragos que tratan de salvarse buscando otras corrientes marítimas. Prueba de ello es este libro de Joaquín Juan, nacido del último gran culturalismo universal que es el cine. Así que es este un buen recordatorio de paisajes cinematográficos, reflexiones y huellas de directores, filmes y actores. La pluma, sin estridencias ni saltimbanquismos, con su decir sencillo, lineal e impretencioso, recorre esos videolibros y deja su impresión, su himno, su elegía, sus homenajes y sus melancolías: "Todas las batallas perdidas".

miércoles, 9 de octubre de 2019

Chaplin y Keaton





Uno era más fiel a la inteligencia sin concesiones; el otro fue fidelísimo al público y condescendió a sus afanes sentimentaloides y ploreros. Uno era más payaso que actor, más rosalindo que árbol. A uno le gustaba llorar para contagiar su llanto al público. El otro prefería que el espectador sintiese sin empujones visuales. 
Claro está: parece mejor el que sabe venderse.

martes, 8 de octubre de 2019

LA ESPADA DEL POETA


Tribuna

La pluma ante la espada

ANTONIO GRACIA
 |  | 

El instinto de supervivencia nos empuja a vivir en solidaridad. Pero somos 8 mil millones de habitantes; es decir: de criterios diferentes. Esto dificulta la convivencia porque nos divide -aun sin quererlo- en fuertes y débiles, ricos y pobres, propietarios y proletarios… De modo que todo intento de igualitarización social (sin que "algunos hombres sean más iguales que otros") ha pasado por enfrentamientos ideológicos y bélicos.
     Claro está que todo ser justo defenderá al oprimido. ¿Pero lo hará oponiendo fuerza contra fuerza, a la manera -equivocada- de don Quijote? ¿Es mejor el "venceréis pero no convenceréis" que Unamuno le plagió a V. Hugo? ¿Es la fuerza una razón cuando no se atienden otras razones? ¿De verdad “es preciso matar para seguir viviendo”, como afirma Hernández?
     Vivir en compañía implica un condominio de la libertad: la dejación de algunos derechos y el cumplimiento de todos los deberes. Y existe una herramienta de entendimiento: la palabra, que es la única arma pacífica: la única capaz de evitar que la Historia sea una sucesión de guerras separadas por treguas para el rearme.
     De manera que ¿cómo intervendrá el escritor -el artista- en esa disputa sino con su palabra preventiva -o su arte-?
     Si Napoleón dijo que "una revolución es un criterio sostenido por las bayonetas", Maiakowsky escribió: “nuestras plumas son bayonetas”; y fue un alicantino de Ibi, Pla y Beltrán, muerto en el exilio venezolano, el primero en suavizar esa afirmación al relacionar arma y palabra: "que nuestros versos sean ágiles bayonetas en las manos de los obreros del universo”. No sería extraño que, tras pasar por otros, de ahí surgiese el eslogan de Celaya de que "la poesía es un arma cargada de futuro”: la palabra como entendimiento. Pero ¿qué palabra?
     Porque el filósofo rumano Ciorán advierte que "quien habla en nombre de otro es un impostor". (Y le daremos la razón si oímos a nuestros políticos representarnos en el Congreso). Por lo tanto, ¿hasta qué punto nuestro criterio no adultera el de aquellos a quienes defendemos? ¿Se ocultará la escritura en una torre de marfil insolidaria? ¿Buscará un eclecticismo en el que no falte ni individualismo ni solidaridad? ¿Será la palabra lo bastante elocuente para detener el bucle en el que el débil cree que para vencer al poderoso tiene que ser más poderoso que él? ¿Convencerá al poderoso de que ningún mérito tiene poseer más débiles? ¿No es mejor la más incipiente democracia que la mejor construida dictadura?
     Así es como llegamos a lo que importa hoy: el mismo Ciorán, en 1960, afirmaba que la verdadera dictadura que nos espera -y ya ha empezado- es la de la ciencia y tecnología: la genética predeterminista. Exactamente lo que predijo, tres décadas antes, Huxley en su novela "Un mundo feliz". Y aquí es donde debiera centrarse la labor de los escritores: aquellos que, con su palabra visionaria y disuasoria, otean sueños que se convierten en pesadillas, utopías que se transforman en distopías, esos mundos dictatoriales de Orwell o Bradbury, en los que los individuos son clónicos físicos y síquicos y la libertad ha desaparecido porque se ha culminado el proceso de que "ser libre y feliz es no pensar”. Lo mismo que Huxley anticipa cuando afirma que nuestros líderes se empecinan en convertir la imbecilización en un nuevo modo de inteligencia.
     Dicho esto, queda por resolver la eficacia de esa palabra constructora de paz y concordia. Y lo cierto es que el auténtico autor -aun siendo primero ciudadano- no escribe siguiendo consignas coyunturales, sino sentimientos y filosofías universales que humanizan en vez de deshumanizar. Por eso las obras más efectivas socialmente no son los panfletos, sino aquellas erigidas como grandes y señeros rascacielos de la Humanidad, las que conmueven -corazón individual y social adelante- los cimientos de la civilización: por eso cuando Eisenstein quiere mostrar los estragos de la represión no lanza una invectiva, sino que filma “Las escalinatas de Odessa”, y Picasso pinta el “Guernica”; por eso cuando V. Hugo desea que veamos la opresión escribe ”Los miserables”; y cuando Delacroix anhela liberar al oprimido esgrime "La libertad guiando al pueblo”; y cuando Ibsen predica la emancipación de la mujer lleva al escenario “Casa de muñecas”; y por eso Huxley, Orwell y Bradbury levantan los edificios y ruinas de “Un mundo feliz, ”1984" y "Farhenheit 451”. Esas, y otras muchas obras han concienciado al individuo y la sociedad más que todos los manifiestos de Marx y Wollstonecraft.

En Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras el día 03/10/2019
Pulsar para escuchar completo >>>

https://vertice.cpd.ua.es/205807

—————————-

lunes, 7 de octubre de 2019

Nadie podrá contigo.



Nadie podrá conmigo
Wagner: El fuego mágico

- Si has aprendido todo cuanto has podido aprender, incluso de tus errores...
- Si has construido en vez de destruir...
- Si tienes en cuenta a los demás en lo que valen por sí mismos y no por lo que puedas conseguir de ellos...
- Si cuando no aciertas eres capaz de decirte "me he equivocado" y seguir luchando para acertar...
- Si sabes vivir contigo mismo pero no te consideras autosuficiente sino solidario...
- Si sabes amar aunque no te amen...
- Si no sabes traicionar...
- Si tu fidelidad a tus convicciones te lleva al sufrimiento de la incomprensión de los otros, pero continúas sin querer rendirte...
 Confía en ti mismo.
- Si prefieres decirle tu verdadera opinión a tus amigos aunque los pierdas por no halagarlos...
- Si cuando has oído las razones de los demás crees que ninguna destruye la tuya y te mantienes firme...
- Si te quedas solo porque los demás prefieren la compañía de la muchedumbre alienatoria...
- Si desconoces la adulación...
- Si cada día te levantas con el ánimo indomable de hacer lo correcto...
- Si das porque lo necesitas y no para que te den... 
- Si siembras para que recojan y no para recoger...
- Si luchas por quienes te importan y por los que no te importan...
- Si crees en la verdad y en la justicia pero no impones tu forma de entenderlas...
- Si te duele vivir pero sigues viviendo...
 Confía en ti mismo.
Nadie podrá contigo.



domingo, 6 de octubre de 2019

Solo el amor nos salva


                      
                                                                    Friedrich





viernes, 4 de octubre de 2019

Traducción: Catalina Iliescu Gheorghiu: Revelación

Caminas por las calles: y la noche se llena de estrellas que te llueven el rostro. 
     Todo se transfigura. 
     Estás en otro tiempo y otro espacio; y no existen la prisa, ni el miedo, ni el furor, en ese ahora en el que existes y que nunca existió: que todo era cadencia y es sigilo. Temes cerrar los ojos por si acaso, al abrirlos, no encuentras el Edén y todo ha sido el sueño que soñaste soñar que se cumplía.
     Y escribes, por ejemplo:

            Revelación

Tal vez porque los pájaros cantaban
y reían las fuentes, y los álamos
abrazaban el aire de la tarde,
o quizá porque el dulce firmamento
derramó sus estrellas sobre mí,
sentí mi corazón estremecerse
y extasiarse mi carne.
Extendía la noche sus dominios
sobre el ocaso, floreciendo aromas
como ofrendas del día, y en el aire
se aquietaba una brisa melodiosa
igual que un madrigal dormido, preso
en el acorde de un latido cósmico.
Ya el árbol no era un árbol, sino médula
de mi espíritu alzado en el paisaje.
Sentí en mi pecho las doradas hojas
quebrarse como leves corazones
marchitos del otoño.
Las nubes descargaban en mi alma
su lluvia torrencial.
Todo confluyó en mí: fuentes, estrellas,
montañas, pergaminos, claridades,
biografías para la eternidad.
Todo era hermoso y mío, como un lento
fluir desde la aurora hasta el crepúsculo.
Y en medio de la luz sentí, de pronto,
el dulce y silencioso escalofrío
de la revelación.

Y, además, no te sientes solo en la isla de los sueños porque otro ser sintiente y reflexivo ha captado tu éxtasis y se lo ha llevado a su idioma: la doctora rumana Catalina Iliescu Gheorghiu:

Revelaţie

Poate pentru că păsările cântau
şi râdeau izvoarele, iar plopii
îmbrăţişau văzduhul în amurg,
sau poate pentru că dulcea boltă
şi-a revărsat stelele peste mine
mi-am simţit inima înfiorându-se
Şi carnea în extaz.
Noaptea îşi întindea domeniile
peste asfinţit, aromele dându-i în floare
în chip de ofrande ale zilei, pe când în aer
se îmbuna o boare melodioasă
precum un madrigal letargic, încleştat
în acordul unei pulsaţii cosmice.
Deja copacul încetase a mai fi copac, spre a fi măduvă
a duhului meu înălţat în peisaj.
Mi-am simţit în piept frunzele aurii
frângându-se ca diafane inimi
ofilite ale toamnei.
Norii îşi descărcau în sufletul meu
Ploaia lor torenţială.
Toate îşi găsiră confluenţa în mine: izvoare, stele,
munţi, pergamente, înseninări,
Biografii pentru eternitate.
Totul era frumos, era al meu, ca o domoală
curgere din auroră către asfinţit.
În mijlocul luminii am simţit, deodată,
fiorul dulce şi tăcut 
al revelaţiei.

                    Traducción: Catalina Iliescu Gheorghiu

miércoles, 2 de octubre de 2019

El progreso es un regreso


Copland: Fanfarria para el hombre común

     1.- Hartos de ser esclavizados, los ciudadanos crearon la democracia. Para ello nombraron a los representantes de su libertad; pero estos fueron progresivamente representándose solo a sí mismos y a sus partidos políticos. Como consecuencia, en lugar de que el tirano sea un solo individuo, el dictador resulta ser un conjunto de mandamases y déspotas disfrazados de defensores del pueblo.
     2.- Tales mandamases, para seguir mandamaseando, procuran que la ciudadanía se rija por el pensamiento único, favorecedor de los poderosos y denigrador de la mayoría cotidiana. De manera que instituyen una educación cultural que conduzca al estudiante -y, por tanto, al hombre- al electroencefalograma plano. Así, las sucesivas fases de la enseñanza crean una cultura del analfabetismo y la frivolidad, puesto que se enseña a despreciar lo culturalmente enriquecedor para el presente y el futuro. Algunos de esos licenciados en analfabetismos (recuérdese que siempre existen las honrosas excepciones) se convierten en profesores. Y lo que enseñan es más analfabetismo: un cociente intelectual doctorado en asnalidad y jumentez. Muchos de estos doctorados pasan a formar parte de la industria de la politiquería y trepan trapecialmente por las escalinatas del poder. Ellos, en su amplia sapiencia, nombran ministros de incultura, concejales de lo mismo, enaltecedores de libros aromáticos, seudocuadros y ruidosidad... Y tales, y todos juntos, en su inteligentil sabiduría, organizan exposiciones, ferias librescas, mecenazgos prodigiósicos...
     3.- Al final tenemos lo que nos merecemos por no haber intentado democratizar una guillotina indoloramente descerebradora.

martes, 1 de octubre de 2019

Las cien mejores poesías...



Cómo cambian los gustos y las estéticas. Estos son los 100 mejores poemas según el criterio de Marcelino Menéndez Pelayo (y aquí el enlace con su selección y textos):

     Mucha responsabilidad tienen los antólogos, puesto que su selección implica borrar parte del pasado y sembrar para el futuro, ya que cada lector lee el presente formulado en cada antología. 
     El conjunto puede juzgarse por estos ripios de Federico Balart:

Estas pobres canciones que te consagro,
En mi mente han nacido por un milagro.
Desnudas de las galas que presta el arte,
Mi voluntad en ellas no tiene parte:
Yo no sé resistirlas ni suscitarlas;
Yo ni aun sé comprenderlas al formularlas;

     Típico tópico de la escritura dictada por las musas divinas o las musarañas humanas.

     

domingo, 29 de septiembre de 2019

99 virtudes (El abrazo rumiante)


Eran los dos tan sensatos que empezaron a conversar para demostrarse que es posible hacerlo sin caer en la disputa. (Y era, probablemente, la milésima vez que ocurría). Ella dijo algo y él otro algo. Luego siguieron turnándose en un digo y dices. Hasta que, progresivamente, entraron en el "porque lo digo yo" y en el "y tú más". 
- Ayer no me llamaste como todos los días, o yo no oí...
- ¡Y voy a dejar de hacerlo porque esas llamadas me intranquilizan, siempre estoy temiendo esto o aquello!
- Creía que esos minutos eran un vínculo afectivo, aunque hablásemos de frivolidades...
- ¡Pues no! ¡Ya es como una obligación que no me deja vivir temiendo que se me olvide!
- ¡Pues no llames! Las costumbres se cambian, se sustituyen...
- ¡Sí, pero entonces te enfadas!
- ¡Estás en un error porque...
- ¡El error es tuyo!
- ¡Deberías dejarme acabar la frase en vez de interrumpirme...!
- ¡Eres tú quien me interrumpe!
- ¡Cada vez que me interrumpes me faltas al respeto...!
- ¡Y tú más...! 
- ¿Por qué no controlas la ansiedad? Si conduces a 200 es seguro que atropellas o te atropellan. Basta con eso: hablar a la velocidad adecuada para que entendamos y nos entiendan. Al menos nos pondríamos de acuerdo en que siempre estamos en desacuerdo pero que eso no nos convierte en enemigos.
- ¡Porque lo digas tú! ¡Yo quiero que me quieran como soy!
- ¡... Vale...!
          Quienes escuchaban no supieron quién se había convertido en el más insensato. Porque tan de necios es sufrir al insufrible como tratar de convencer a quien está convencido de que es el otro el que se equivoca. Y así fue como un solo defecto pudo más que 99 virtudes.




viernes, 27 de septiembre de 2019

El abrazo a los hijos perdidos


Tristán e Isolda: El corno solitario



Ya que desaparecí de vuestras vidas porque consiguieron echarme de ellas no voy a intentar convenceros de la injusticia que padecí, padezco -y padecisteis-. La mente sedimenta lo que percibe, y construye con ello una estatua difícilmente modificable. ¿Cómo vencer o contrarrestar con palabras el silencio y la ausencia que habéis vivido durante tantos años? ¿Y cuántas veces lo he intentado? Yo no existo para vosotros, y si admitieseis mi existencia sería tanto como condenar la de quien os enseñó mi inexistencia. Sin embargo, quien quiere encontrar la verdad empieza dudando de todo. Hay que aprender del pasado, y luego impedir que suplante el presente y determine el futuro. 
     No hay mejor premisa que admitir que cuanto hacemos es para acertar, y que si nos equivocamos no fue esa nuestra intención. Por eso ni siquiera voy a descalificar a quien me apartó de vosotros porque tal vez creía en la honestidad del castigo al que su proceder nos condenaba. Así que me parece lo más sensato partir de cero y simplemente encontrarnos como desconocidos deseosos de ofrecerse lo mejor; y conversar, no disputar; hablar, no "pedir explicaciones", que implica rencor y agresividad. Eso os ruego: encontrarnos. Con buena voluntad todo iría devanándose lentamente, encontrando su cauce justo, entendiéndose y armonizándose. Hay que llevar mucho cuidado para no romper una estatua de porcelana, y más para recomponerla. Y eso son las relaciones humanas.
     Para no equivocarse es preciso saber qué se quiere y qué se está dispuesto a hacer para conseguirlo. Yo estoy dispuesto -no me queda otra opción- a continuar sufriendo que me ignoréis. Pero no creo que os resulte más fácil que la próxima vez que me veáis sea cuando os llamen para deciros que he muerto o me estoy muriendo.
     Recibid un abrazo.



jueves, 26 de septiembre de 2019

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MIÉRCOLES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2019


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