Visitas

Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de mayo de 2026

Historia de una mujer (Manifiesto. Monólogo)

(En el centro del escenario una mujer cubierta con una túnica indefinida o ambigua identidad. En la pared del fondo van apareciendo las imágenes de cada una de las monologadas. Primero se suceden todos los retratos; luego cada una de las representadas mientras lo son).

- Soy la mujer, la mulier sapiens, aunque hayan ocultado mi apellido los muchos necios que en el mundo han sido. Quiero contar mi historia para entender el mundo y aceptar la vida. Nací en la Edad Dorada, esa de la que habla Don Quijote. Mi compañero de edén me respetaba y éramos felices en aquel paraíso. Sin embargo, de pronto, un día, una lluvia de víboras me envió una serpiente luciferina y tuvimos que huir bajo lluvias y herrumbres. Y empecé a no entender. Una babel de desentendimientos comenzó a levantarse y separar a unos nómadas de otros, cainitas todos ellos. En los caminos y aldeas lo que brotaba como fraternidad y solidaridad fue tornándose impunidad ante la ley. Gobernaba el más torpe y más fuerte en soberbia. Así, se me empezó a tratar como un objeto tan solamente útil para el trabajo, dar hijos y limpiar la caverna. Como era él quien salía a cazar y nos nutría -a mí y a nuestros hijos- empezó a considerarse el fuerte y dueño, y a mí su débil esclava.  

(Se aleja hacia el lateral izquierdo y se viste con otra túnica similar, pero distinta)

- Soy Leonor de Aquitania. La primera mujer que unió espada y verso, puesto que participé en las cruzadas y conjunté en la corte juglares y trovadores, engendrando el "amor cortés", que tantos y bellos textos llevarían hasta el "dolce stil novo", dantes, petrarcas y garcilasos. Primera feminista tal vez soy, que no se olvide. Sin mí no existirían las Wolstonekraf ni las Beauvoir, que son las que se llevan los honores. 

(Se aleja hacia el lateral derecho y se viste con otra túnica similar, pero distinta)

- Soy Hildegart Von Bingen. Los anacoretas y eremitas emigraron desde sus desiertos en busca de algunas alibech descaminadas, esas que retrata Bocaccio en su Decamerón. Aproveché la debilidad de las Iglesias de aquel tiempo y difundí mis músicas y filosofías por Europa, sirviéndome de mi categoría de abadesa liberal. Ya demostré mis astucias y estrategias haciendo compatibles mis dedicaciones al saber con el monjerío hacia la santidad. Seguramente me repudiaron los cantores gregorianistas, más recios con sus monodias.

(Se aleja hacia el lateral izquierdo y se viste con otra túnica similar, pero distinta)

Yo soy la inesperada y no obstante la creada por un hombre: Dulcinea; es decir: la perfección de la mujer soñada como espíritu inasible. Por mí tal caballero se esforzó en mejorar el mundo sin desesperar un solo día ni un instante. Como yo ha habido muchas que solo han conseguido ser metáforas de sueños. Pero también regalos de la inteligencia y perseguidoras de las igualdades. ¿Queréis algunos nombres? Ahí tenéis a Hipatia, a Juana de Arco, a Curie... por ejemplo...

(Se aleja hacia el lateral derecho, o al fondo y se viste con otra túnica similar, pero distinta)

- ¿Alguien ha escuchado "La marcha nupcial" del ilustre Mendelshon? Pues yo soy su hermana Fany, tan ilustre como él, al que ayudé en sus composiciones aunque se me acalló por ser mujer.  Por ahí anda la hermosa Clara Vieck, más conocida como Clara Schumann, esposa de Robert -con quien tuvo ocho hijos-, compositora como él, y la mejor concertista de la Historia hasta entonces, según el mismo Liszt o Brahms, a quien se negó durante décadas por dedicarse a difundir la música de su marido, por amor y vasallaje machista. 

(Se aleja hacia el primer plano y se viste con otra túnica similar, pero distinta)

- Y en fin. Qué decir de mí. Soy Virgo María, la madre del Cristo. Señora del Cielo y de la Tierra y, sin embargo, gran sufridora del más sonado y oculto derecho de pernada, puesto que la Trinidad se lo impuso a mi marido, el sufriente José. ¿Importa si pude ser virgen y madre al mismo tiempo, como dicta el sofisma de Éfeso? Lo que sí importa es que, según ese dogma, se me privó del placer del conocimiento carnal, siendo el acto sexual el principio de la supervivencia, además de que la satisfacción del erotismo forma parte de la Naturaleza; impide caer en el desequilibrio mental. Diré que todos aquellos que no reciben sexo están incompletos. Y no obstante, a mí -la más corazonada de las féminas- se me negó por divino decreto; y no me rebelé, esa es mi culpa. ¿Qué puedo yo deciros sino que no os dejéis vencer por las inquisiciones? 

(Al centro y fin)

- Yo soy la Nueva Eva. En mi condición de encadenada al ostracismo el hombre me ha convertido en la observadora de su devenir, su historiadora; y esto es lo que he visto, más de esperanza que de hierro armada: la historia del mundo que ha creado el hombre es una sucesión de guerras separadas por extrañas treguas para reponer sus armas. Y no debemos igualarnos a ellos, ni competir con ellos, sino aprender de sus errores y de sus aciertos, sin odios ni revanchas. Toda vida es un viaje hacia otra persona. El mundo debe aceptar que, más que hombres y mujeres, somos ocho mil millones de personas con la misma dignidad. Seguid el criterio: una para todas y todas para una. Esa es la divisa. Todos para todos.

sábado, 16 de agosto de 2025

El Misterio de Elche

Fueron tiempos de diluvio interior. Entré, junto a otros aprendices de la pluma -de la revista Tabala-, en Santa María. El calor era asfixiante. Del techo descendió una música que caracoleaba en la estancia. "La fe y el ludismo mueven muchedumbres", pensé. Y allí el estruendo y la magia.

Sobre el "Misteri"

"Triste vida la del cuerpo..."

El descenso y el cántico


14817

viernes, 18 de octubre de 2024

100 años de Luces de bohemia

 


España tiene el dudoso honor de haber creado algunos prototipos literarios, como los pícaros y Celestina, que no dudan en vivir al margen de la ética y la justicia. Tampoco el arquetípico Don Juan es un personaje digno. Sí lo son, con gran altura, Don Quijote, Sancho, o Segismundo.
     Hay otra personalidad entreverada de dignidad y alevosía que es, pese a todo, una figura atractiva: Max Estrella, icono de la bohemia, escritor que conoce sus limitaciones y no teme indignificarse en un mundo de indignidades. 
     Un viaje de una noche por la realidad madrileña y nacional que no esperpentiza ni deforma sino que mantiene actual la injusticia de los tiempos.
     Cuántos artistas y escritores se definen en el retrato que de ese carácter hace Valle-Inclán en Luces de bohemia. Qué luto, el de vivir rodeado de mediocridades que ocupan altos cargos, y saberse más cualificado y no obstante postergado por tanto licenciado en ignorancia. Condenarse a ser paria y francotirador, vivir en la indigencia por ver más claramente que quienes creen ver y son los verdaderamente ciegos.
     Qué lucidez la de saberse loco entre los cuerdos de la impunidad y la estulticia mientras el mundo se hace añicos porque lo estructuran los que desafinan en la orquesta social.
     Qué hecatombe, saber que el triunfo es de los necios.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Casa de muñecas

Ibsen: Casa de muñecas

Si hay pocas mujeres pensadoras en la Historia no es porque sean menos inteligentes o capaces de ser cultas, sino porque han sido domesticadas como animales hogareños (Véase El cuaderno). 
     El hombre ha sido cinegético; la mujer, madre y cocinera. Llegó un día en el que la mujer también quiso ser autosuficiente, y Mary Wostonekraff sacudió los cimientos de la feminidad, antes de que Beauvoir los universalizase. Sin duda, uno de los acontecimientos señeros de la historia social, aunque no esencialmente transformador, ha sido el de la rebelión de las mujeres en busca de su dignidad.
     De lo que no estoy seguro es de que Nora, la heroína de Casa de muñecas, de Ibsen, tenga, sin más ni más, derecho a elegir liberarse de su familia sin tener en cuenta el deber de haber tomado esa decisión antes de optar por la obligación de ser madre hasta que los hijos la necesiten como tal. Al marido pueden darle morcilla y pan serrano.
     Daría igual si fuese a la inversa: si fuera el hombre quien abandonara a los hijos en busca de una emancipación que creyese merecer. 
     Creo que Nora debería haber conseguido lo que consigue, pero sin someter al desamparo a sus hijos: no sé cómo, tal vez rebelándose contra el hombre antes de convertirlo en padre. Lucha dura hubiese sido esa, pero más digna. Aunque claro está que la causa culpable es el machismo atávico, cosa que no se soluciona oponiéndole un feminismo irresponsable. 
     Ahora todos somos hombres, o todos somos mujeres, en teoría: iguales. Pero el problema subsiste: decidir si el individuo debe sacrificarse por la sociedad o persistir en su individualismo.
     En la lucha -aunque cada vez con menos heridas, porque el dolor nos endurece e insensibiliza-, demasiados niños han caído o se han convertido en mujeres y hombres no cabalmente justos en un mundo cada vez más injusto.
     Cuando la mujer piensa -que es siempre- no debe hacerlo con la misma impunidad que el hombre. Si no, la transformación habrá servido de poco.


7321