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jueves, 29 de abril de 2021

INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka


Schumann: El paraíso y la Peri


Poetas alicantinos


De nada sirve hablar de poesía si no se admite que esta, lejos de ser asunto de poetas, es cosa necesaria para la vida cotidiana. No la poesía malentendida como ingeniería intelectual, juego retórico y pretenciosamente secreto que no llena de carne, sino de vacío, las palabras con las que se adorna. Por el contrario, me refiero a esa poesía que descifra con sencillez y pureza retratos escondidos de la identidad del ser humano y que, por eso, hace que el lector se reconozca o se descubra en ella. Las millonarias ediciones de los 20 poemas de amor, de Neruda, o las Rimas de Bécquer confirman ese estado emocional permanente en el que se debaten el hombre y la mujer. No son grandes best-sellers estas obras porque traten el tema del amor -que es el más universal por originario de los demás-. Lo son porque, además de ese tema, exponen otros muchos concordados en él: los anhelos y los desengaños, la existencia interior que cada día emerge de los corazones -a pesar de las ocupaciones diarias- en lugares remotos y prosaicos, pero pegados a la piel, y en instantes antipoéticos. “Una palabra entonces, una sonrisa, bastan”: porque renace la esperanza, la necesidad de soñar a pesar de los naufragios. 


Si alguna duda hubiese sobre la preponderancia de la poesía sobre las otras artes, basta con repasar los pasajes gloriosos anclados en la memoria de los hombres: recuerdan de una novela, de una película, aquellos en los que prevalece la inmersión en las emociones, territorio, por antonomasia, de la buena poesía.


Tal vez no exista hoy ningún poeta próximo de talla semejante a los antedichos. Sin embargo, creo que merecen atención las tentativas de unos pocos que se esfuerzan en nombrar con claro verso y huyendo de escribir “literatura”, que es el animal que más ahuyenta a los lectores y malversa la ya aludida identidad humana. Y si hubiese de citar algunos de esos nombres de nuestro entorno, aun siendo yo enemigo de las adscripciones terruñeras, escribiría, por ejemplo, los de Rosa Martínez GuarinosAntonio Moreno, Pilar Blanco. Y si se me apurase, añadiría como otros bienes inmuebles en esta declaración de renta positiva, los de Vicente Valls, Juan Vicedo, J. L. Vidal, Nemesio Martín, J. L. Zerón, J. R. Torregrosa, Ramón Bascuñana, Mariano Estrada, por citar de entre los que he leído y cuya lectura siempre deja algún verso en la memoria, cosa difícil de encontrar. Y no olvidaría resaltar a Miguel Ruiz Martínez, Antonio Ferrández Verdú, Roberto Gómez Pérez. Nombres a los que habría de adjuntar el de J. L. Ferris, ya regresado al verso... Y puesto en la tarea de nombrar, he ahí a Luis T. Bonmatí -injusto sería no decir que muchos de esos poetas no existirían, o habrían empezado más tarde, sin el esfuerzo de Luis T. Bonmatí, quien, además de creador, fue director de la editorial alicantina Aguaclara-. 


Retrasando la mirada unas décadas, dentro de los ilustres, resulta obligatorio nombrar al ya más ensalzado que leído Miguel Hernández, a Juan Gil-Albert, a Pla y Beltrán. Y por qué no incluir, también, a Manuel Molina, a Ernesto Contreras, Vicente Ramos, Rafael Azuar, a Carlos Sahagún. A otros que olvido ahora... y a los emergentes...


Vehículos de sus comienzos fueron, para bastantes, revistas y colecciones como Verbo, Forma Abierta, Algaria 0, Indicios, Alimentando lluvias... 


Cierto es que muchos son los llamados y pocos los elegidos: pero, ¿cómo desechar a quien no se conoce? Lea, por tanto, el ciudadano libros de poesía, si no de cuantos acabo de nombrar, de otros que no se ensalcen a sí mismos. Y huya de aquellos que se convierten en su propia abuela laudatoria o se refugian en la poética del amiguismo grupuscular, tan estupradora de las artes.


(Y si el ciudadano prefiere la novela, lea novela. Pero lea: en estos días, tan buenos como cualquiera otros, para cambiar la imagen insensible que se nos da del mundo).
    


miércoles, 28 de abril de 2021

Un discurso para la Humanidad



Un discurso para la Humanidad

Safo: Igual parece a los eternos dioses.

 

Todo tiene sus precedentes. Incluso el suicidio acuífago -llamémosle agüicidio- por desamor y depresiva ceguera ante los mundos.

Antes de las Wirginias Woolf y Alfonsinas Stornis, "la décima musa" -según Platón- Safo -coqueteadoras triambas con el lesbianismo- dijo adiós a la vida zambulléndose en el agua de los ríos marítimos. He aquí uno de sus poemas:



Igual parece a los eternos Dioses 
quien logra verse frente a ti sentado.
¡Feliz si goza tu palabra suave,
 
Suave tu risa!

A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir, y rota
Calla la lengua.

Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre; los inciertos ojos
Vagan sin rumbo; los oídos hacen
Ronco zumbido.


Cúbrome toda de sudor helado;
Pálida quedo cual marchita yerba;
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
Muerta parezco.

lunes, 26 de abril de 2021

En Roma

 

Mozart: C. piano 23 (Adagio)

Estancias de El Vaticano

¿Qué convierte un poema -una pintura, una música- en un ente perdurable? ¿Que no agreda al lector sino que le agrade, que satisfaga su sed de satisfacciones, que todos puedan identificarse en él porque no hay terruñerismos ni particularidades excluyentes ...? 

Para no agredirme ni desagradar me ejemplifico (discúlpeme -o no- el lector):

Me pregunto por qué en varias ocasiones se ha reproducido, tanto en papel como en internet, mi breve poema El secreto. 

Poco tiene de particular y, menos, de grandioso. ¿Entonces? 

Debo preguntarme, para contestar, qué nos atrae de un texto, qué tiene este, si algo tiene, qué llama la atención de los "antólogos" aficionados o profesionales. Y la respuesta me viene inmediata y sencilla, como tantas veces que he pensado sobre este tema: ¿un poema breve y directo a lo esencial humano, sin circunstancias, digresiones, anacolutos, en ritmos simples como unos pocos endecasílabos y un heptasílabo? ¿O acaso el clasicismo es un arcaísmo? O sea: ¿todavía atrae el equilibrio expresivo, la sencillez, la diafanidad expositiva, la ausencia de retórica, lo sustantivo frente a lo adjetivo, la hondura metafísica sin filosofismas, la voluntad de quedar entre los vivos mientras la muerte sigue devastando, el arte como una fuente de perennidad, el eclepticismo sin retorcimientos, la autosuficiencia sin soberbias, el apartamiento del mundo que solo enseña a autodesconocernos y mercadearnos, la huida de la poética del amiguismo grupuscular, el refugio en la soledad buscada -con el zahorí de la pluma, identificatoria, mitigante y redentora- como enriquecimiento y concienciación senequista de que la rendición no existe ...? 

Creo que un poco hay de todo ello en El secreto. Quien repase su léxico y estructura encontrará reverberaciones de cuanto he dicho: el mundo que "derrota" y contra el que no debe lucharse, pues la necedad, por muy quijote que se pretenda ser, es un fanatismo incombustible que solo puede esquivarse construyendo hacia adentro "un castillo interior" en el que acomodar, mediante la belleza y la templanza, aquello que han hallado los pocos sabios que en el mundo han sido a través del estudio y la contemplación: "cuadros", músicas ("clavecín"), "libros", "escritura"... Solo hay meollo, no abalorio; solo sustancia, nunca circunstancia; nada de prédicas o manifiestos; lejanías y no aproximaciones a Gerundios campazanos; ni ardor militanciero sino escueta confidencia -porque el tú es, en verdad, un yo- de unas conclusiones o confesiones que han brotado de premisas experienciales, ajenas tanto al sentimentalismo como al logicismo marmóreo, que es leve enumeración emotiva ... Solamente quien no siente en profundidad (millones y millones de millones...) se desconoce en él ... ¿Pero quién no acepta que tratar de convertirse en Arte es aupar a todo hombre y a sí mismo a la más exacta reisiliencia?

El poema nació sin premeditación, pero sin duda es el charco limpio nacido del goteo de cuantos manantiales y arroyos van germinando en el alambique -"alquitara pensativa"- del tiempo sicológico. Es el descubrimiento de la luz íntima, de que el locus amoenus solo existe en un lugar llamado corazón. Y ese es el imán, probablemente, que atrae al buscador de humildes panaceas:

El secreto

                            Para Á. L. Prieto de Paula

Cuando sientas que el mundo te derrota
no intentes combatirlo.
Edifica un castillo en tu interior
Y cuelga terciopelos y templanza
en sus muros. Dispón un fuego manso
junto a la mesa de la biblioteca.
Mira el cielo brillar entre las llamas
y los libros. Inúndate de luz
en la frágil belleza de los cuadros.
Escucha el clavecín mientras tu pluma
persigue en la escritura algún sosiego.

* El poema apareció por primera vez en La epopeya interior, y lo leí, junto a otros cinco, en Roma, en la Embajada de España ante la Santa Sede, Vaticano, arropado por el sabio Cardenal Poupard, mientras otro juglar entonaba su versión al italiano. Era el año en el que el Premio Mundial Fernando Rielo, además de con la edición del libro, lo premiaba por primera vez con 7 mil euros y no con 1.000.000 de "rubias" (que hubieran sido demasiadas). Dediqué el poema a Ángel Luis Prieto de Paula porque, aun siendo experiencia mía, sé que también es suya -y de tantos que creen que no lo saben- y porque tanto se ha esforzado en comprenderme por escrito en prólogos y etcéteras. (Aprovecho para insistirle en que escriba -ya- mi elegía para darle el "visto bueno": o si no, no me muero). 



domingo, 25 de abril de 2021

Poemas en Akra Leuka (XXIV) Nemesio Martín

Un homenaje y recordatorio de Nemesio Martín; y una lectura del propio autor.
Ante tanto testimoniazgo, me limitaré a decir que
"Los libros son los seres humanos que más amigos tienen".
(La construcción del poema)




1) 

Hay autores que trasvasan la escritura de otros a la propia, y autores que atribuyen su vida -y su escritura- a otros. A veces la literatura acaba colonizando la existencia y usurpándola. Aunque "la vida no la dictan las palabras", sino que, al revés, siempre acabamos autobiografiándonos: desnudos o con disfraces.

En Nemesio Martín Santamaría hay esas dos plumas que confluyen en una, dictadora o esclava de la otra, pero libres ambas como ejercicio de confesionalismo involuntario y de voluntaria devoción por los muchos poetas que en el mundo profesoril han sido. Ya el título de su primer libro, "Innumerable sonrisa", procede -o no- de un verso de Juan Ramón Jiménez: "... mar pleno, innumerable sonrisa", que a su vez procede -o no- del "Prometeo encadenado" de Esquilo: "... fuentes de los ríos, y sonrisa innumerable de las olas marinas...". ¿Sonríe innumerablemente la poesía de Nemesio? ¿Es elegiaco o hímnico? La vida es erotismo y óbito, fragmentos de fuego y de ceniza. Y la escritura es eco de esa dicotomía.

Me pregunta su viuda qué poemas me envía, de qué tema, si largos, cortos, publicados, inéditos... No hay -no debería haber- más que poemas buenos: los que nacen regulares deben mejorarse hasta convertirse en buenos, o tienen que desecharse para que no existan los malos. ¿Juveniles, de madurez...? Ninguna circunstancia altera la esencia; y, al final, sobran todas: incluso el autor pasa a ser una circunstancia del poema. Porque un poema es la suma de todo lo vivido y lo leído, el goteo de todos los manantiales de los que hemos bebido: los milenios de historia humana y de escritura asoman en cada acto y en cada palabra unida a otras palabras. De modo que las obras -músicas, cuadros, versos...- que perduran son las que, independizadas de sus abalorios, fechas, datos... se salvan del naufragio del tiempo, ese invasor de la existencia que solo acepta en su lecho a quienes nunca fueron mestureros ni versópatas. 

2)

El poema aquí recogido, aunque brota como una estampa social, no se deja vencer por el social-realismo, la denuncia de la inmigración y sus hambrunas, sino que va abandonando el "cuadro de costumbres" y muestra con delicadeza y con ternura lírica crecientes un hecho de la vida cotidiana: la niña que "venía de la mano con mi hija"-. También, como poema-cuento más que como documento, ni el tema ni su expresión eluden las alusiones literarias, todas relatoras: Las mil y una noches ("Aladinos intrépidos / por los mágicos cielos ...") o el Rubén Darío de A Margarita Debayle ("en el palacio, malaquita y oro / de un visir de Bagdad..."). La inocencia de la niña echada al mundo y sufridora de sus infortunios estremece al poeta desde "sus ojos o ascuas / de diamante vivo", quien acaba, como al final de El pequeño príncipe, ("si alguien la encuentra..."), pidiendo a los lectores que agradezcan a la niña "tanto amor y miel / como ella nos dejó". Así, como tantas veces repito, lo que empieza en elegía termina convirtiéndose en himno.


Marién


Marién o el cutis

de azucena turbada.

Marién, sus ojos o ascuas

de diamante vivo

alzados sobre un tallo de lírico cristal.

Marién o aquel aroma

que olía sólo a alma.


Marién, siete años...;

      lo demás no era

Marién, sino la vida misma:

vino del norte de África

por detrás de una estela

de azules golondrinas;

vivía en un cuartucho

con cinco hermanos más;

todas las tardes

venía de la mano con mi hija,

veía en el tazón de leche tibia

el rostro de su Alá;


se arrebujaba luego en un silencio

tejido por las lunas profundas del desierto,

o se abrían sus ojos

como dalias de asombro

ante el grifo del agua

templada de la ducha

y la luz de las lámparas.


Una tarde al salir 

dejó por los pasillos un reguero 

          de indolentes camellos, 

colgó oasis de ensueños y dispuso 

alfombras voladoras 

de Aladinos intrépidos

por los mágicos cielos

de las mil y una noches.


No la hemos vuelto a ver, y no sabemos

si las mismas azules golondrinas

la devolvieron a su aldea de adobe 

y cabras en las dunas del desierto,

o si vive hacinada

en una miserable chabola de París.


Si a principios de agosto alguien la encuentra

en una furgoneta de tercera 

mano dirigiéndose al Sur

por alguna autopista,

o en el palacio, malaquita y oro,

de un visir de Bagdad,

le diga, por favor, que no sabemos

qué hacer con tantos dátiles,

tantos higos y pasas,

y tanto amor y miel

como ella nos dejó.



C)

Paralelo al anterior parece el siguiente, o un ensayo, o reiteración, del mismo. Indefensión de la infancia, miseria, ojos... Ambos son inéditos.


 De azul cobalto

   Tendría quince años, 

tal vez menos.

Su cabello pajizo, 

el dibujo afilado

del mentón y los pómulos

denunciaban su origen:

un país miserable, alguna ex

república soviética.


Clavado allí, 

en el cruce

de grandes avenidas

donde se hacen eternos los semáforos

al comerciante que regresa a comer,

al funcionario que ha estrenado un Volkswagen

con la última bajada de créditos.


Una pequeña niña

dormía en el parterre, 

bajo sucias adelfas:

una muñeca con el pelo de estopa

que fuera allí arrojada

desde uno de esos coches que rugían

en medio del asfalto,

en medio de un verano

de cemento y de plomo,

de derretida angustia.


Clavado allí, en el cruce,

extendiendo su mano

hacia las ventanillas, 

hacia los rostros 

de mirada de hierro, 

hacia el hermético,

divino receptáculo

de aire acondicionado

de pulcras y adorables secretarias

que exhibían sus uñas

de puma felicísimo.


      Nadie vio entre el vaho

vomitado por los tubos de escape

ni entre el estruendo de las explosiones

los ojos de cobalto de ese niño:

eran dos ríos de puro desamparo;

eran dos lanzas,

dos cristales agudos

acuchillando un cielo de vesania.


Recuerda: 

las monedas que le hemos entregado

no son el precio

al confortable lujo

de tu conciencia trémula; 

son la cadena con la que has atado

tu corazón al mundo:

una cadena azul,

                            azul cobalto.

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

sábado, 24 de abril de 2021

Bibliocuenca: OTROS CAMINOS DE LA LÍRICA

Haendel: Oh Lord...

BIBLIOCUENCA


Otros caminos en la Poesía española de los 70: nuestra 
recomendación para el "Día de la Poesía".

El domingo, día 21 de marzo, se celebró el día mundial 

de la Poesía. 

El Día Mundial de la Poesía, fue propuesto en 1998 por la Unesco (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Según esta organización, el Día Mundial de la Poesía es una ocasión, para honrar a los poetas, revivir tradiciones orales de recitales de poesía, promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía.

También fomentar la convergencia entre la poesía y otras artes como el teatro, la danza, la música y la pintura, y aumentar la visibilidad de poesía en los medios. 

Para celebrar ese día, elegimos la antología Otros caminos en la Poesía española de los 70 publicada hace unas semanas y realizada por Ángel Luis Luján, poeta, crítico, investigador y profesor universitario de la Universidad de Castilla la Mancha en el campus de Cuenca.

¿Qué vamos a encontrar en esta antología?

Pretende recoger a todos aquellos poetas españoles que, a pesar de su indudable calidad, no han sido tenidos en cuenta en otras antologías anteriores que recogían esa época, por diversos motivos, por ejemplo, que no acaben de encajar en el canon, o porque su obra ha tenido problemas de difusión.

Hace referencia sobre todo a una antología muy conocida de José María Castellet, que se llamó Nueve novísimos y a otras dos de José Batlló, Antología de la nueva poesía española, y Poetas españoles poscontemporáneos. 

¿Qué criterios ha seguido para seleccionar a los poetas?

Son poeta nacidos entre 1940 y 1954 (se considera que una generación abarca 15 años), que estén aún en activo y que hayan seguido publicando de manera continuada hasta el momento.

Y poetas cuyas primeras publicaciones estén comprendidas entre los años 1968 y 1983, que también son los 15 años de una generación.

Son en total 37 autores que tienen muchos aspectos en común, puesto que han compartido el mismo ambiente, afinidades, pero que constituyen un panorama diverso, y amplio.

Dejamos algunos poemas para hacernos una idea de esta variedad:

Este primero es de Antonio Gracia, poeta alicantino, nacido en 1946, autor de 14 libros de poesía, y cuya obra se ha recogido en varias recopilaciones. Este poema es de “Reconstrucción de un diario”, editado por Pre-textos en el año 2001:

"El secreto"

Cuando sientas que el mundo te derrota
no intentes combatirlo.
Edifica un castillo en tu interior
Y cuelga terciopelos y templanza
en sus muros. Dispón un fuego manso
junto a la mesa de la biblioteca.
Mira el cielo brillar entre las llamas
Y los libros. Inúndate de luz
en la frágil belleza de los cuadros.
Escucha el clavecín mientras tu pluma
Persigue en la escritura algún sosiego.


El siguiente es de Ángeles Mora, poeta de Córdoba, que vive en Granada desde comienzos de los años 80. Ha recibido varios premios por su obra, entre ellos el Premio Nacional de Poesía en 2016.

“Cosas que suceden allá arriba”

Busqué en mis versos
el aire de la Alhambra
y brillando surgió desde el olvido
aquella noche
de luna en los estanques y en tus ojos:
años ochenta, Alberti recitando
a Lorca entre arrayanes,
rumor de agua.
Tu voz roja en mi oído.
Altas torres guardando a los poetas.

Por úlitmo, un poema de José Luis Amaro, un autor cordobés, de su libro Fronteras en la niebla, del año 99, porque creo que en estos tiempos de incertidumbre tiene un mensaje que me parece muy adecuado o al menos inspirador:

“Fronteras en la niebla”

Llueve, las fronteras están cerradas,
cerrado está el cielo,
las carreteras hundidas en la niebla,
la prensa no ha llegado,
los teléfonos comunican,
todo parece bajo control.
Pero de pronto puede suceder algo,
la sensación de que las barreras
se alzarán de nuevo,
de que las vigilancias cederán
en cualquier momento,
de que el cielo al fin se abrirá,
y que los periódicos llegarán pronto
a nuestras manos, 
y aunque no existe garantía de que salga el sol
tras un amanecer incierto,
mientras los aviones aguardan en la pista
la orden de salida
desde la torre de control,
algo puede suceder
de un momento a otro.
Esperamos, y para esto
no existe remedio.
Pero un poco de esperanza mezclada
como el azúcar en el café,
no está mal a la hora del desayuno.

Breve biografía

Ángel Luis Luján es uno de los principales especialistas en Poesía de nuestro país.

Se doctoró en la Universidad complutense de Madrid, aunque nació en Cuenca, y trabaja aquí hace muchos años, aunque trabajó en el Instituto de Lengua Española del Centro Superior de Investigaciones Científicas (C.S.I.C), en Madrid, durante seis cursos académicos, entre los años 2001 y 2007, año este último en el que se incorporó como profesor, en el Área de Lengua y Literatura, a la Escuela de Magisterio de Cuenca. 

Ha publicado una veintena de libros, entre ellos, un conocidísimo manual editado por Síntesis en 1999, titulado “Cómo se comenta un poema” y otro de los más consultados por estudiantes de Literatura: “Poesía y Educación Poética”, editado por la UCLM en 2010 y escrito junto con el profesor Pedro Cerrillo.

Otras obras son: “Pragmática del discurso lírico”, “Desde las márgenes de un río, la poesía coral de Diego Jesús Jiménez”, o “Los rostros de Medusa. 20 años de poesía conquense”.

Además, ha aportado capítulos a casi una treintena de libros de autoría colectiva. Es miembro de la Real Academia Conquense de Artes y Letras desde el año 2016.

Esta era nuestra recomendación de hoy, aunque en general, recomendamos leer poesía, de cualquier estilo, época, hay tantos tipos de poesía como autores, y encontrar algún texto que nos inspire, nos sorprenda o nos resulte evocador, es cuestión de tiempo.dación para "El día de la Poesía"

 Esta semana, en nuestra colaboración con "El Rincón de los libros" de Hoy por Hoy Cuenca (Cadena Ser Cuenca) hemos recomendado: Otros caminos en la Poesía española de los 70, antología realizada por Ángel Luis Luján.

OTROS CAMINOS DE LA LÍRICA

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2021/03/27/caminos-lirica-45924468.html


AUTORES

Ramón Buenaventura, Clara Janés, Jesús Munárriz, Francisco Ferrer Lerín, Manuel Jurado López, Javier Lostalé, Pablo Del Barco, Antonio Carvajal, Antonio Hernández, Elsa López, Alfonso López Gradolí, Justo Jorge Padrón, Carlos Clementson, Juan De Loxa, Rafael Álvarez Merlo, Juana Castro, Francisco Gálvez, Pureza Canelo, Antonio Gracia, José Infante, José Antonio Moreno Jurado, Francisco Díaz De Castro, Jesús Fernández Palacios, Cecilia Domínguez Luis, Rosa Romojaro, José Luis García Martín, Ana Rossetti, Álvaro Salvador, Francisco Ruiz Noguera, José Luis Falcó, César Antonio Molina, Ángeles Mora, José Ramón Ripoll, Bernd Dietz, Julia Otxoa, José Luis Amaro, Antonio Jiménez Millán.

viernes, 23 de abril de 2021

De cómo Dulcinea me salvó.

Telemann / Doré: Don Quijote


Yo había leído un par de años antes Guerín el Mezquino, una seudonovela "de caballerías" que me había seducido adolescentemente y que hoy, al hojearla, me parece tan horrenda como la mayoría de las que escriben los plumíferos que buscan el aplauso. 
     Un profesor me regaló, un día entre otros a lo largo del Bachillerato Elemental, un libro de muchas páginas a pesar de su pequeña letra. Y lo estuve leyendo a lo breve de tres días, tumbado en una cama, en un caserón en medio de almendros y cerezos, en las afueras de la localidad de Crevillente. 
     Cuando llegué a las páginas desde las que se alza Clavileño con sus fuegos y truenos, sentí que el calor del verano me empujaba hacia la balsa de regadío. Acabé de leer la aventura y abandoné la cama. El calzón de baño estaba abierto en el suelo y puse los pies sobre los huecos de sus perneras para erguirlo hasta la cintura. Mis brazos empezaron a subirlo... y ¡oh fatalidad y luengo escalofrío! 
     Como a cámara lenta lo recuerdo: ¡el bañador iba ascendiendo con mis piernas dentro, y cuando estaba a la altura de mis rodillas, inclinado como estaba yo, vi un escorpión, acomodado en la entrepierna telar, que trepaba con él hasta mi inquieta y pudenda lanza de la virginidad! ¡Vive Dios: algunos encantadores malandrines, de los que convierten molinos en gigantes, habían puesto allí el fieroso escorpión y este dirigía contra mí sus pinzas y su fálico aguijón, dispuesto a trincharse un revuelto de huevos con chorizo! Menos mal que el amor de Dulcinea me hizo saltar mientras el bañador se deslizaba al suelo arrastrando al maligno en su caída. El sandaliazo fue caupolicánico. 
     Repito: ¡Vive Dios! A punto estuve de entonar aquello que citase Sancho Panza: "Ya me comen, ya me comen / por do más pecado había!".
     Desde entonces no he desaprovechado la ocasión de envainar la presunta tortilla para resguardarla de enemigos y amainar su furibundez empenecinada.
     (Por cierto: ese sí es un libro: El libro de la vida; y nadie que pretenda comprenderla debe renunciar a leerlo).



jueves, 22 de abril de 2021

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres



Amante del arte, dedicó varios textos a cuadros y músicas, a menudo en forma de sonetos. Más abajo, comento el tercero.


1)

Greuze: La jarra rota



La frágil levedad de la mirada
ha dado luz al aire, sombra al viento,
y espaciosa quietud al movimiento
de la doncella gris enamorada.

Con pétalos y cántaro ataviada
sobre el vestido ajado y ceniciento,
el pincel no escondió el arrobamiento
de la azucena púrpura violada.

No es flor ni es manantial cuanto acompaña
su desmayada soledad marchita,
sino aroma perdido, fuente rota.

Quien sueña un sueño azul se desengaña
ante la oscura realidad, que incita
al agua negra y a la flor remota.

                    (De una carta personal)
 Greuze: La jarra rota

2)

Dánae


Mística, lujuriosa, y extasiada
en la contemplación del oro ardiente,
delirios bebe Dánae, que siente
sobre su piel la lluvia eyaculada.


Siente mil veces que una roja espada,
presa de una pasión incandescente,
atraviesa su carne transparente
y, al hacerlo, también el orbe horada.


Vorágines de esperma y de ceniza
sacuden sus entrañas, mientras suena
la furia de un celeste cataclismo.


Un resplandor el cosmos fertiliza
con músicas y estrellas; y se ordena
todo según la ley del erotismo.

                                  (De Bajo el signo de Eros)

Tiziano

3)
Son tantos, y algunos tan excelsos, los sonetos que se han escrito en castellano, desde que Boscán y Garcilaso adaptaran los de Petrarca, que han convertido esa estrofa en la más noble y exquisita, y la más difícil. Sin duda, ninguno como los de Lope, Góngora y Quevedo. Y son escasísimos los autores que no han escrito alguno, incluso cuando se impuso el verso libre; probablemente porque el soneto, además de un desafío, exige cuanto debe tener un poema: precisión, síntesis, sobriedad, profundidad, eliminación de la retórica. Cosas estas que el cómputo, el ritmo y la rima dislocan, conduciendo hasta el ripio, y que solo el buen poeta pule hasta convertir su voz en un diamante.

Este es una presurosa tentativa de vencer el desafío, tratando de detener en la cárcel de la estrofa la torrentera verbal sobre el tema también más tratado por la pluma y el más vívido en la vida, que es el amor, aquí concretado en la descripción de un rostro, torso, retrato a la manera de un pintor.
                  Una pintura verbal

               La párvula belleza de la rosa
               ha ascendido a tu rostro sonrosado
               mientras el albo lirio ha dibujado
               su blancura en tu frente luminosa.

               Qué fulminante luz la esplendorosa 
               claridad de tus ojos, qué dorado
               frenesí tu cabello, y qué encrespado
               enigma el de tu roja boca hermosa.

               Qué diré de tus hombros y tu pecho,
               almenas y esplendores que quisiera
               conquistar y arrasar beso tras beso.

               Qué batalla de amor habría en tu lecho
               si porque te amo tanto consiguiera
               hacerte prisionera y ser tu preso.

El texto va enumerando las bellezas físicas de la amada (rostro, frente, ojos, cabello, boca), atribuyéndoles la hermosura de los elementos de la naturaleza con los que se asocia entre hiperbólicas metáforas (rosa, lirio, luz, frenesí, enigma), galope enumerativo y pasional al que apunta el encabalgamiento del segundo cuarteto, deteniendo pudorosamente su retrato en los hombros y los pechos (almenasesplendores), y desatándose finalmente en el ensueño de un erotismo tan sugerido como en el límite de la explicitud de la copulación: lecho, arrasar beso tras beso, prisionera / preso. 

El poema no oculta su empaque clasicista, sino que lo exhibe, puesto que es un homenaje a los Siglos de Oro. Como él dice: "Ningún poema mío estará nunca en una antología esencial; ¿por qué no homenajear lúdicamente a los que sí lo están?".