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martes, 17 de mayo de 2022

La condición sinestésica.


Scriabin: Mysterium

Creo en la condición sinestésica del arte: que el impulso creador es único y que solo cambia la vía en que se expone: palabra, pintura, música. Más aún: que la más noble y notable sensación es la que conjuga la música, la pintura y el verbo. 

Creo que todas las artes son diferentes manifestaciones de un mismo yo que pretende identificarse y sobrevivirse. Ese impulso de supervivencia cósmica se traduce en palabra, pentagrama, pincel, simetría, número… pero siempre es la búsqueda, y a veces el hallazgo, del rostro individual trascendido a lo universal. 

Poca distancia existe entre la experiencia mística y el estremecimiento y fascinación de Einstein al contemplar la fuga cósmica, las líneas de fuerza de Faraday, los vórtices del firmamento de Van Gogh o el 3º movimiento de la Novena: todos son éxtasis. 
Ninguna diferencia hay entre la semilla artística de Miguel Ángel, Wagner, Dante, Freud … Solo cambia la estrategia del lenguaje: verbal, musical, plástico… 
Ya lo he dicho: todas las obras del hombre son escaramuzas de la mente para hallar la imposible eternidad.

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lunes, 16 de mayo de 2022

¿Qué premian los Premios...?





"... y si es que son de justa literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se le lleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias que se dan en las universidades; pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero."

Quijote, I, 28.


jueves, 12 de mayo de 2022

Olivia. Cine

 



Los ojos de la mente





Que un lector no sepa leer bien no implica que el autor leído no haya sabido escribir perdurablemente. 

Causa es esa de que muchas obras sean olvidadas frente a otras multiexitosas; y de que sean necesarias las reivindicaciones y actualizaciones.


miércoles, 11 de mayo de 2022

El bienestar

  •  

Si todos fuéramos sanamente egoístas, nuestro egotismo no sería ególatra. Nos preocuparía nuestro bienestar no a costa del malestar del otro, sino también como reverberación del bienestar del yo ajeno. Nadie se sacrificaría por nadie ni se aprovecharía de nadie. Todos seríamos un nutriente de nosotros mismos y de los demás. 

martes, 10 de mayo de 2022

Lecturas imprescindibles: Cándido

Berstein: Cándido (Overtura)

Si el mejor de los mundos posibles es este, puesto que de Dios -la Suma Perfección- no puede emanar ninguna imperfección, y este mundo es su obra, al hombre no le cabe más que admitir el optimismo ante el pasado, el presente y el futuro.
     Esto es lo que se deriva de cualquier filosofía teológica. Sin embargo, no parece que eso sea lo que dicta la Historia de la Naturaleza, del mundo y de los hombres. Y, para demostrarlo seguramente, escribe Voltaire su Cándido, un relato en el que su personaje, acorazado con esa filosofía, se lanza a recorrer y conocer el mundo. Tal recorrido le lleva de tumulto en tumulto, desgracia tras desgracia y tragedia en tragedia, hasta minar su voluntarioso criterio y reconocer que el mundanal mundo no es precisamente divino, y solo puede mejorarse el propio "jardín": el leve espacio de nuestra existencia y la de quienes se asoman a ella.
     Las aventuras esquemáticas y humorísticas de Cándido y Cunegunda, que siguen el esquema de la novela breve de aprendizaje -a la manera del Persiles y Segismunda cervantino, me atrevería a decir- con el leve argumento del amante que recorre el mundo en busca de su amada, desemboca en el realista optimismo del "no hay mal que por bien no venga", enseñándonos a prevenir; y propone además una avanzada y precursora terapia ocupacional: que el hombre no ha nacido para estar ocioso, porque tal ocio enferma, y por lo tanto hay que trabajar para no pensar en el vacío, además de para ganarse la existencia. 
     Como hoy mismo, en el que es el ocio el causante de tanto malsano sicosomatismo.

Pulsando aquí puede Leerse 
-aunque cómo sustituir el aroma del libro-

Lecturas imprescindibles

Lecturas imprescindibles, 1

Lecturas imprescindibles, 2 (Orwell)

Lecturas imprescindibles, 3 (Saint-Exupéry)

Lecturas imprescindibles (17): Dorian Gray

lunes, 9 de mayo de 2022

El viajero inmóvil

 


Pasas muy dulcemente páginas y páginas, o a veces con furor por vislumbrar cuanto antes el misterio que aguarda, el saber que te inunda. 

        Te dices que debes ejercitar también el cuerpo, que abandones el libro, que camines no solo con la mente... 

        A veces das un salto hasta la calle y contemplas la muchedumbre, esa desordenada biblioteca sin norte hacia otro sitio que esté lejos del pensamiento... 

    Intentas comprender tanta desencuadernación humana... 

            Y vuelves al sitial de tus viajes: el profundo universo de los libros.


sábado, 7 de mayo de 2022

Los muy hijos de Putin


Holts: Marte, la guerra

Resulta espeluznante ver millones de kilos de carne humana desollada y hacinada en un amasijo de hierros retorcidos y miembros desvencijados, arrancados de cuajo por los conquistadores de la muerte. 
            Tampoco son pocos los heridos resultantes. No ha estallado una bomba nuclear. Pero sus efectos son de similares proporciones. Porque tanto los ciudadanos que se restablezcan como los que convivan con los restablecidos, los que estaban próximos a los lugares de los estallidos, quienes han visto fotografías en diarios y televisiones, cuantos han estado en alguno de los lugares próximos horas antes, y tantos otros, han insertado en su cerebro, en mayor o menor medida, otro tipo de bomba: la del temor. El miedo se expande y crece en la inconsciencia individual y colectiva, y muchos no olvidarán jamás rostros quemados, cuerpos desmadejados, la salpicadura de la sangre del cadáver de al lado, amigos recién abrazados, el timbre del teléfono anunciando la pérdida del padre, del hijo, de la esposa, del novio, el horror de la muerte inexplicable como un aerolito enviado por Satán. Ese terror sin nombre y autodestructivo actúa como si de una radioactividad sicológica se tratase; y genera incontables secuelas a lo largo del tiempo, bombas retardadas que solo la voluntad puede desactivar. 
        El terror, el caos, la desorientación: esas son las armas de los muy hijos de Putin. 


viernes, 6 de mayo de 2022

Poema para una infinitud.


Poema para una infinitud

Amada mía, escucha:
Si fueras un poema 
quisiera haberte escrito,
y si fueses un libro te estaría
leyendo a todas horas...
Pero estas y otras cosas semejantes 
las he dicho o escrito tantas veces
que nada significan más que para
los torremarfileños... ¿Callaré?
No, que empiezo de nuevo y te reclamo
como hacedora de otro mundo herido
en el que ya no estamos tú y yo solos,
ajenos al vivir de los demás.
Por eso recomienzo: Amada mía, 
ven; hablemos
de nosotros, de todos, de este mundo
en el que tantos como tú y yo quieren
sobrevivir, hallar en el amor
el oasis sereno, el agua pura
que sacie solidariamente. Ven.
Abracémonos, démonos al otro
como un concierto en el que cada voz
se integra en una voz definitiva
y no se llama oboe ni violín,
ni otro instrumento, sino orquesta, un himno
concertado entre todos para todos.
El mundo es muchedumbre, pero sufre
porque la multitud también es vida,
aunque ajena a la sensibilidad
de las artes y de la inteligencia.
Cuando todo se muere alrededor
¿ya no es tiempo de amar o el mejor tiempo?
Abandonemos cuanto no es concordia.
Que en el nosotros no exista el ninguno
y los demás también sean nosotros,
la parte en la que el uno se hace todos, 
el todos se hace uno, y el jamás 
se transfigura en siempre. Trataremos 
de temas esenciales: de la vida,
de la que lo sabemos casi todo
aunque la hayamos comprendido mal,
no de la muerte, esa desconocida.
Vayamos a un lugar en el que estén 
todos los sitios y a la vez ninguno.
Que el tiempo en el que estemos concordados
sea todos los tiempos; que la voz
perdure y no se acabe, que sea digna
de haber sido escuchada hace milenios
y dentro de otros mil porque le importe
a los hombres de ayer y de mañana,
hasta que melodiosamente sea
el rostro noble de la voluntad.

jueves, 5 de mayo de 2022

Razón y fe


Schubert: Arpegione


Desde el instante en el que contraviene la supervivencia darwiniana del más fuerte, toda filosofía o iglesia que predica el amor y defensa del más débil incluso con la propia vida, dicta contra natura. Por mucho que luego alegue que nadie debe querer para los demás lo que no quiera para sí. Es admirable el altruismo extremo, pero inaceptable: una errata en la generosidad.

Igual sucede con la fe en un dios: la fe implica aceptar lo irracional como única razón, la asunción de que hay consecuencias sin causas, conclusiones sin premisas, lo cual contradice la esencia que define al animal humano: la racionalidad.


lunes, 2 de mayo de 2022

domingo, 1 de mayo de 2022

Obras "literarias"

  •  
    Schumann: Chopin (de "Carnaval"

Uno de los mayores defectos de los poetas -y no solo de ellos- es que casi todo lo que escriben son obras "literarias". 


sábado, 30 de abril de 2022

La invasión de los ladrones de cuerpos.

La invasión de los ladrones de cuerpos
para ver película completa.

Cuando los extraterrestres nos invadían disimuladamente y con malas intenciones.
Cuando los protagonistas eran el tema, la precisión, la acción, el planteamiento, nudo y desenlace, la inteligencia... y no los efectos especiales. 
Otros títulos:

Kubrick: Senderos de gloria

ORSON WELLES: Sed de mal

martes, 26 de abril de 2022

Homenajes sin saldo.


Ravel: Pavana

Los homenajes, cuando son excesivos, ya no son homenajes, sino costumbres que cansan, intereses creados, tributos, chovinismos, deudas con el pasado de las instituciones que los organizan… algo ajeno al intrínseco valor de lo que se homenajea. 
     El centenario de Cervantes ha hecho que se publique más sobre él, pero no que se lean más sus escritos. Lo mismo ocurre con Miguel Hernández: a fuerza de nombrarlo es más un fetiche que una lectura. Sus diez o doce poemas necesarios han sido tapados por los ropajes de la hipérbole y el festejo popular. 
     Hernández abandonó el ludismo literario (“Perito en lunas”), la ambición de fama poética (“El rayo que no cesa”) y el deseo de hermanarse con los poetas comprometidos (“Viento del pueblo”). Cuando olvidó la emulación artística de Góngora y Quevedo, y la consigna política, y sintió la mordedura de la vida con sus pérdidas -la libertad, el hijo- ya no escribió como poeta ni para los poetas, sino como hombre y para los hombres: y ahí quedaron “El hombre acecha”, el “Cancionero” y sus últimos poemas. En este último tramo es donde hay que buscar su mejor legado. Lo demás -si fue católico o comunista, si hizo esto un día o al siguiente, si tal escrito lo fue para A o B…- aclara la anécdota creativa y vale a posteriori, pero no es distintivo ni refuerza el valor de lo que se dice para el hombre universal. Que una obra importa por lo que logra, al margen de cómo se logra. 
     ¿Continúa vigente “El niño yuntero”, por ejemplo, porque “es” un poema “social”, o por ser una variación de Gabriel y Galán? Ni por su coyuntura bélica ni por su origen literario, sino porque atestigua el desvalimiento infantil y la opresión del fuerte sobre el débil: y eso pertenece a cualquier tiempo porque habla de esencias, no de circunstancias.  
     Bueno es que los estudiosos desentrañen los entresijos de un autor, ya que es finalmente la intrahistoria la que determina la Historia; pero las buenas intenciones de los populistas solo consiguen malversar lo que pretenden popularizar: porque llevar la cultura al pueblo no puede significar frivolizarla: y es que un poema es palabra elocuente y sensitiva, no espectáculo trivial y publicista. Por eso no pueden apropiarse de un autor ni los eruditos ni los estupradores de la escritura. Ni siquiera El “Retablo de Maese Pedro” de Falla o las “Variaciones sobre un tema caballeresco” de R. Strauss han conducido hasta “El Quijote” a más lectores; menos aún los festitíteres baratos del Año Cervantino. Hay que buscar otras vías que no traicionen al autor.
     Cuando un poeta lo es en verdad, y enteramente, no escribe para que lo homenajeen, ni para que lo santifiquen o demonicen, sino para arropar al hombre y apaciguar, con su escritura, su orfandad ante el mundo, su indefensión social y emocional. Y no merece que lo ondeen solo como una bandera turística o un plato gastronómico digno de aplauso. Así que apláudasele una y otra vez: pero no hasta el punto de que la arenga sustituya su identidad: sus versos, su consuelo, su donación al mundo.

lunes, 25 de abril de 2022

Carlos Alcorta: Cántico erótico


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Antonio Gracia: ‘Cántico erótico’
El último poemario del autor alicantino canta el poder del amor y la fuerza invencible del cuerpo, capaces ambos de transformar la realidad y de hacer del bendecido un ser 'otro'.
.

Antonio Gracia: Cántico erótico
/una reseña de Carlos Alcorta/

Cántico erótico
Huerga y Fierro
Antonio Gracia

Un título con tantas connotaciones como Cántico erótico no puede dejar indiferente a nadie. El Cántico espiritual de san Juan de la Cruz nos viene a la mente de inmediato y resulta del todo probable que Antonio Gracia lo haya tenido como referente, aunque haya sido con un sentido paródico más que reverencial: no en vano se ha hablado hasta la saciedad de esa pasión carnal que subyace en los versos del santo. De alguna forma, Antonio Gracia desea provocar cierto desconcierto o, quizá, más que provocar, lo que intenta es jugar una partida cuyas cartas han sido marcadas por su propia mano. En el prólogo el poeta nos ofrece algunas consignas que no conviene soslayar:
      "Así, quise que mi escritura —escribe Gracia— fuese voluntariosamente hímnica. Desde el origen de la eternidad somos hijos del eros y del tánatos; pero solo el amor nos da la luz. Por eso este librito empezó siendo un canto, aunque fue, progresivamente, a mi pesar, derivando en un planto. Tal vez porque ya ni la voluntad nos pertenece. Distracciones simplistas de mi pluma son estos poemillas, misivas piropeantes a una dama".
     Sólo el amor nos da la luz, dice, como si se tratara de un poeta renacentista que busca en el amor carnal una forma de acceder a la perfección y, por ende, a la cima de la divinidad, algo que queda manifiesto en el poema «La perfección» que, por su brevedad, reproducimos completo: «Amada mía: ¿sientes/ tú, como yo, cuando te beso/ o entro en ti, que hay un Dios,/ que una divinidad nos acompaña/ y se estremece y brinca el Universo?». Por otra parte, percibimos un notorio afán de rebajar la intención de estos poemas que tienen, como se verá, muy poco de poemillas. Lo que ignoramos es la razón de esa minusvaloración, sobre todo viniendo de un poeta como Antonio Gracia, que con tanto rigor ha ejercido siempre su oficio de poeta  y que es autor de más de dos decenas de libros de poesía, algunos tan importantes como Reconstrucción de un diario (2001),  Devastaciones, sueños (2005),  Bajo el signo de Eros (2013) o Lejos de toda furia (2015). Si hacemos caso a las palabras de Gracia, Cántico erótico fue escrito a la par que otro de su libros, La muerte universal (2013), publicado en la misma editorial que este, Huerga y Fierro, lo que nos lleva a pensar que han dormitado en el cajón durante más de cinco años, un tiempo más que suficiente para que hayan madurado y para que su fermentación destile el mejor zumo.
     No es infrecuente encontrar en la poesía de Antonio Gracia motivos de carácter sensual, los cuales suelen estar vinculado al tópico de carpe diem (el poema «Carpe diem» lo deja bien claro: «Yo, sin embargo, sé/ que el instante lo maravilla todo/ con su fugacidad interminable/ y su estallido inextinguible»): por eso no conviene minimizar el alcance de estos poemas y relegarlos, como el propio poeta nos da a entender, al producto de un desatino más o menos temporal y, echando mano de unas palabras de Fray Luis de León, calificarlas de «obrecillas que se me cayeron de las manos».
     En cualquier caso, Cántico erótico está dividido en tres secciones: «El himno», «Fugacidad» y «El desencuentro». En la primera parte, la que canta el poder del amor y la fuerza invencible del cuerpo, capaces ambos de transformar la realidad y de hacer del bendecido un ser otro, el poeta busca una correlación entre la pasión arrebatadora y una naturaleza violenta, la del mar golpeando furiosa contra las rocas («Mira cómo se estrellan en las rocas/ las olas: de igual modo nuestros cuerpos/ chocan y se golpean entre espumas/ de esperma y de sudor»), o plácida, la de ese mismo mar besando la arena de la playa, según dicte el momento («Qué paz y suavidad esta delicia/ de gozar el edén sin comprenderlo».
     La segunda parte, «Fugacidad», es una meditación filosófica sobre el paso del tiempo, sobre esa inexorabilidad que el amor solo encubre momentáneamente, sin lograr, a la postre, liberarnos de la condena: «Nacemos y morimos, y entretanto/ se nos pasa la vida tratando de entenderla/ en lugar de vivirla». La naturaleza sigue estando muy presente en estos poemas. El horizonte, un tilo, el viento, los pájaros, el mar, el viento, las dunas producen tranquilidad emocional, pero para galopar seguro en ese caballo que es el tiempo es preciso lograr una conjunción entre amor y deseo: «Te abrazo y siento el universo amado/ que fluye por tu cuerpo, cada célula/ mordida, erotizada; y nos dormimos/ dentro del firmamento de la cópula». La confianza desmedida en el amor como escudo contra el fracaso vital y contra el tiempo resulta, a veces, un tanto pueril, decimonónica, propia casi de una canción de moda: «… y que te amo/ con la fuerza del mar: mi corazón», algo que lastra el poemario y que sorprende en un poeta tan exigente como Antonio Gracia, porque en otros poemas, y es norma general, como «La redentora», sí consigue trascender el acto cotidiano del enamoramiento para elevarlo a misiones de carácter más metafísico, como pretendieron Dante y Petrarca («Tú me salvas de mí, de mis demonios./ No me digas que no puedo soñarte/ como divinidad de mi universo»), antecedentes de ese Renacimiento del que hablábamos antes, pero un tanto fuera de lugar en la actualidad si no se hace con cierta ironía. Acaso convendría que la furia de ese «volcán interior que se derrama/ en palabras y versos» se aplacase, antes de dejarlo fluir sin control, con reflexión y pautas de silencio.
     Después de este desafío a lo fugaz a través del deseo y del amor, llega «El desencuentro», la sección más breve del libro. Pese a que de «aquella historia/ sólo queda el dolor de su extinción/ y unos pocos poemas que lo alivian», en varios de los poemas que lo integran, y en este último verso citado, sigue presente el convencimiento de la capacidad reparadora del amor: «Y solamente/ la sombra de la muerte romperá/ la unión que nos convierte en uno», pero versos como este no pueden ocultar que ese enaltecimiento desmedido es el preludio de un fin que se sabe próximo, en la justa curva de la vida, de ahí que el libro, un libro intenso pero sobrado, quizá, de un entusiasmo adolescente que no concuerda con la voz que preferimos de nuestro poeta, finalice con este poema: «Epitafio en la arena»: «Encontrar un lugar apacible/ junto a un lago, un ciprés, una luz/ —o una cóncava gruta traslúcida—/ y morir en la tarde, tendido/ sobre el lecho de la serenidad».

Selección de poemas

LA FUENTE EN LA CENIZA
Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
y esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.

LEGADO
Pienso en ti.
El mundo yace en calma.
La noche brilla oscura
sobre el dolor del hombre.
Aroma los recuerdos el jazmín
y la memoria dicta
la soledad de haber vivido mucho.
Lanzo palabras como redes densas
para apresar la vida.
¡En esta noche hermosa y milenaria
hay tantos escribiendo y esperando
ojos como los tuyos que comprendan
cuanto le confiaron a su pluma!
Tal vez ellos se busquen en mis versos
igual que yo me he hallado en los de otros.
Un día moriré,
y quedaré tan solo en tu mirada,
única luz donde logré escribir
mi nombre verdadero.
Mas también tú te irás.
Y toda esta tristeza y este esfuerzo
serán un sueño repetido y roto.

AMAR EN OTRO CUERPO
Se fueron nuestros cuerpos, cada uno
buscando a cada uno en otro cuerpo.
«Es ley de vida separarse, irse
por el propio camino», nos decíamos.
Pero no era verdad, nunca es verdad
que dos cuerpos que se aman con el alma
puedan hallar su alma en otros cuerpos.
Pueden clamar pasión, pero no amor.
No lo olvides jamás:
cuando te unes con el otro cuerpo
te estás uniendo al mío, como yo
sigo uniéndome al tuyo en otro cuerpo.

EXHUMACIÓN DE LA CARNE
La lujuria sajaba nuestros cuerpos
y el amor se hizo sexo en la alta noche.
Devoración, seísmo y mar furioso
eran los elementos del paisaje.
Las olas, como coitos encendidos,
penetraban en nuestra piel bullente,
y la luna abrasiva era una gota
de semen sobre el cielo. Cuánta noche
de aquel beso perdura en esta noche
de mi vida, ahora que el amor
y la lujuria se han quedado solos
como todas las ruinas, prisioneros
de la devastación y la memoria.

HOMO SEMENS
Golpea el pedernal del tiempo, alumbra
la génesis del mar silente y veo
lascas de huesos, siglos astillados,
carne elevada hasta la inteligencia.
Una caverna exhibe su clamor
de júbilo rupestre, y la azagaya
del atavismo enérgico comienza
su viaje seminal por los milenios
taladrando esqueletos y fraguando
auroras y caminos en la niebla.
La exuberancia de la vida extiende
su lírica lujuria de hombre en hombre,
y cada gruta es una catedral
y cada manantial una pirámide.
Besos de sílex, cópulas de piedra,
ruinas, menhires, pálpitos grabados,
rostros de la existencia interminable.
Avanza desde el piélago el glaciar
inmóvil, renaciente, indestructible,
desembocando en páginas y lechos,
en ríos y conciencias de granito.
Alguien de arcilla abraza contra sí
otro cuerpo y se tiende sobre un dolmen
en la coital vorágine estruendosa,
reencarnando la anábasis eterna
hacia la luz, la cólquida infinita.
Sus ojos reverberan en mis ojos,
su corazón palpita sobre el mío,
mi cuerpo transfigura su materia
y la proyecta sobre el horizonte.
Soy su pasado, engendro su futuro.
El tiempo nos define. Y yo seré
el eslabón de la inmortalidad.

MULIER IN LOVE
(Bernini: Teresa de Jesús)
Como si el alba abriese su pecho y de él brotaran
palomas encendidas que nublasen el cielo,
sentí mi corazón tremular mis entrañas
y hundirse en él la lanza de un gigante de oro,
verdugo de mi carne y amante de mi espíritu.
El dolor y el amor fueron entrelazándose,
y la pasión serena abrió un bosque de gozos
soñados siempre y nunca conseguidos. El pálpito,
como un caos naciente, abrió un nuevo universo
íntimo e infinito. Los colores, las músicas,
los mares de la sangre y los glóbulos del alma
estallaban gimiendo madrigales, cantando
júbilos y motetes que desgranaban luz
y pusieron mis ojos ante un rostro de bruma
cenital e invisible que era todos los rostros
y todos los enigmas. Se comprimió el espacio
en un solo latido, y el tiempo abrió su forma
en una sola imagen. Fulminada, caí
en un prado solemne donde causas y efectos,
sin orden sucesivo, abrazaban las aves,
las estrellas, el polen, y los sentidos eran
un magma entretejido de orden y confusión,
de plenitud y abismo. La estancia ardió de pronto
y era el mundo un bajel ubicuo y constelado
naufragando en la isla donde la muerte es vida
y todo se desvela como si nunca hubiese
existido el misterio.

HOMO SCRIPTOR (EL SUEÑO DE LA PLUMA)
A veces, en la noche, cuando todo se duerme,
yo permanezco insomne buscando en mis entrañas
la conciencia anhelante de un origen sin fin;
oteo el firmamento y escucho su rumor
semejante al del pálpito de un corazón sublime
en busca de un buen dios  al que dignificar.
Las estrellas son luces rupestres en el cielo
y su caverna constelada brilla
como un lago sereno fruncido de diamantes.
La súbita armonía me otorga lasitud.
Entonces siento el gozo de una lluvia interior
que me libera el alma de todo sufrimiento
y aproxima mis ojos a la clarividencia.
Siento que ese diluvio de olvidos y deleites
me revela que estoy hecho de estrellas,
de sílices y pájaros, y saurios ancestrales,
que el espacio y el tiempo son solamente una
constelación perenne renaciendo en mi ser
y soy el magma fósil de la inmortalidad.
Sortilegio o relámpago, estalla el infinito
en una íntima hoguera. Y en medio de la noche,
como un viaje dormido desde el fin al origen,
se funde el universo en una gota
de luz impenetrable que fluye hasta mi pluma.
Y sólo existe cuanto dejo escrito.

HOMO VIVENS
Como el torrente que en la noche fluye
en un desbocamiento interminable,
descendí desde el sueño al desengaño
y desde el desengaño hasta el dolor.
Supe así que la vida es muerte impura
huyendo hacia el no ser definitivo,
pues tan sólo en la nada halla consuelo.
Pero la sed inextinguible encuentra,
incluso al borde de la tumba, causa
para su obstinación de eternidad.
Y aunque se sabe condenada al hierro,
el alma, alimentando su derrota,
persiste en la sublime contumacia
de transformar en cielos sus infiernos.

HOMO MORIENS (SÍSTOLE)
Preguntas por tu vida y no responde
ni el verso, ni la edad, ni la memoria.
Preguntas por tu vida y sólo quedan
ruinas de identidad, fósiles vanos.
Nada has hecho que dé fulgor al hombre
y nada dignifica tu existencia.
Sentir que quien no ha escrito no ha vivido
es la sabia mentira en que viviste
y es la frágil verdad que no te basta.
Pretendes aceptar que la escritura
es la absoluta solidaridad.
Pero la vida es más que la palabra.
No es un libro este mundo. El corazón
quiere tacto, no pluma; es una página
donde la humanidad lee su misterio.
Preguntas por ti mismo y sólo escuchas
un olvido estridente que te acosa:
la voz de quienes aman, sufren, viven.