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viernes, 30 de julio de 2021

Postmortem, Previda (haikusoncillo aborigen)

 

Ketelbey: El santuario del corazón

Si esperas otra vida cuando mueras

vívela en esta porque en esta mueres.

La muerte es el umbral de un laberinto;

y si hubiese salida,

¿querrías seguir siendo el que ahora eres?

Intenta vivir hoy como si fueras

a morir mañana.


martes, 27 de julio de 2021

Tanhauser

Escucha el

Ahora puedes oír esta versión histórica de TANHAUSER


Aunque Radio Clásica ya no es lo que era hace unas décadas -porque, siguiendo los desvíos del hombre, se ha trivilizado, como todo, para ponerse al servicio del ocio más superfluo-, sigue emitiendo estos días, como hace anualmente, esa victoria extraordinaria del Arte sobre la Economía -no sé si en la más alta ocasión que vieron los siglos o porque la soberbia de un hombre pudo más que la de un rey-.
     Me refiero al Festival de Bayreuth que iniciase Wagner para gloria de sí mismo -en 1876- y para gozo de la Humanidad. 
     Si hay que citar cuatro himalayas de la Música, el primero en el que suele pensarse es Mozart. Pero frente a la facilidad natural de tal pentagramista para construir belleza -que lo hace parecer un dios o extraterrestre entre los hombres-, prefiero a los hombres cuyo esfuerzo los convierte en dioses terrenales.
     Prefiero -cierto que ma non troppo- a Bach, Beethoven y Wagner (a pesar de que siempre Schumann haya sido mi alter ego). La pluma, el pentagrama, el pincel y demás herramientas creadoras de la prolongación del universo debieran ser forjadas por sus dueños en el mismo crisol que esta tríada inmensa forjó sus péñolas: la sensatez, el equilibrio, la armonía, la ambición, la constancia, la revisión ... todo lo que determina que un poema -y sus sinónimos artísticos- sea tallado como un diamante.
La música es la única palabra 
que desmiente la inefabilidad.

lunes, 26 de julio de 2021

El holandés errante


Pulsa para escuchar El holandés errante  >>

Festival Bayreuth en directo


También puedes verla completa, en diferido:

Ser amado con tan grande amor que el amor sea el que nos salve. 
Esa podría ser la divisa de muchos seres atormentados por sí mismos y por el destino adverso, de tal manera que, considerándose indignos para sí, necesiten la aceptación amorosa ajena para perdonarse y escapar del laberinto.
Digo esto porque esta es, en buena medida, o me lo parece, la idea central de muchas obras de Wagner y de tantos autores-: la redención por amor. Así es en el Fausto de Goethe y así, más modestamente, es en el Don Juan Tenorio de Zorrilla, por ejemplo: Margarita y doña Inés son las salvadoras: el eterno femenino redentor.
Y así aparece por primera vez en Wagner, quien también es la primera vez que introduce los caracterizadores leitmotiv. 

Obertura

Coro de marineros

La balada de Senta

La leyenda

La ópera completa

domingo, 25 de julio de 2021

En la noche se oía un fandanguillo


El día en el que amamos



La vida empieza el día en el que amamos 

y muere cuando muere nuestro amor. 

Puesto que me has amado un solo día, 

un solo día he vivido yo.

En ese breve tiempo he abrazado 

todos los sueños de este mundo; 

pero también 

todas las muertes del dolor.


sábado, 24 de julio de 2021

Festival Bayreuth

Este año, a pesar del virus, se reanuda el ya centenario Festival Bayreuth, por primera vez dirigido por una mujer. 

Solo cuatro de las grandes obras de Wagner; la primera, El holandés errante:

jueves, 22 de julio de 2021

Consuélenme tus besos.




Consuélenme tus besos

Este mar que contemplo te observa en esa orilla
en la que tú contemplas que te miro
anhelante y lejano, como un lecho
de líquido esplendor en el que nos amamos.
No es este el mar de Ulises, pero es mar:
el alto cielo convertido en lluvia.
La transustanciación inicia el vértigo
de nuestros corazones trascendidos,
y el agua es como un pájaro que se posa en tu cuerpo
y lo inunda de besos, caracolas y brisas.
En él vuelo hasta ti, te abrazo y dejo
que vuelva con tu abrazo.
La lentitud sonora de sus olas
briza con su plumaje la tierna acometida
de tu amor y mi amor, mientras la noche
rutila con estrellas la frágil singladura
de nuestra mutua ausencia.
Sálvame del naufragio:
Consuélenme tus besos en la aurora.


domingo, 18 de julio de 2021

Media hora con Borges



Leer 

EN VíRGULA

https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/116532/1/Virgula_2-3_10.pdf

 Media hora con Borges

Antonio Gracia


(El maestro contempla ciegamente un aleph diluvial, fantasma levitante en un maná invisible).


- Periodista: Usted es argentino, pero dicen algunos que no se preocupa por su tierra.


- Borges: Importan las esencias universales, no las patrias físicas, las fechas y demás circunstancias... Yo soy oriundo de los libros, no de la arcilla. ¿Serían esencialmente distintos Homero o Virgilio, Shakespeare, o Hugo... si hubieran nacido en otra patria o en otro tiempo? ¿Son griegos, romanos, ingleses, franceses... o son universales y, por lo tanto, apátridas? Cuando pasan los siglos incluso el autor se convierte en una mera circunstancia de su obra. ¿Soy argentino? Yo solo soy de mis palabras y de aquellos que, por ellas, me sienten suyo. La mente no pertenece ni al polvus eris ni al reverteris.


- Periodista: ¿Qué me dice del Nobel, que tampoco entiende de nacionalidades? Se supone que es un premio a toda una vida escribiendo bien.


- Borges: ¿Escribir bien? Cualquiera puede escribir bien. Basta con empeñarse en aprender. ¿Pero sentir bien y convertir las emociones en un buen pensamiento emocional expresado idóneamente? Hay pocas cosas cuya dicción, buena o mala, sea imprescindible. Son las que apresan la sustancia humana y trazan el ADN de la identidad histórica, vigente en cada época. ¿Pero a quiénes y a cuántos les importa tal empresa?


- Periodista: A mí, a muchos lectores...


- Borges: ¿Escribir bien? ¿Ordenar las palabras certeramente para remitir al lector una buena prosa, unos versos rumiantes, tener éxito? ¡Claro! Hay que satisfacer también al homo ludens. Aunque eso es insatisfactorio para el homo sapiens. Este escribe para el lector que busca su íntimo rostro -llamémosle la efigie trascendente- en lo que lee, el que sufre porque por sí solo no se basta para hallar esa efigie y necesita la ayuda de quienes la han visto y saben legarla. Hay un lector al final del horizonte que preserva esa escritura. Vive ”en conversación con los difuntos”, en realidad siempre más vivos que los que presumen de estar vivos. Sabe que en algún lugar de un libro hay una frase esperando  sus ojos para darle sentido a su existencia. ¿Pero cuántos empuñadores de la pluma prefieren ser malos escritores si ello les procura el pasaporte a la fama? ¿Cuántos se preguntan, antes de publicar, "se avergonzaría Montaigne, o Ronsard... de firmar esto que acabo de escribir"? Repito: ¿Escribir bien? El mundo es una gran palabra que solo unos pocos saben pronunciar. Escribir es descubrir. Así lo entiendo: Sentipensar, sentivivir en la escritura, nombrar lo no nombrado, vislumbrar lo eviterno, donar la vida en la palabra exacta, inmortal por resurrecta. Crear un cuerpo y una mente humana: escribivir. 


- Periodista: ¿Le molesta que su poesía -como la de Cortázar- no sea tan egregia como su narrativa?


Borges: ¿Egregia? Son los otros los que -tal vez- escriben peor que yo, no yo quien lo hace mejor que los otros. En cualquier caso: mis cuentos son mis poemas; mis versos, ludopatías estrávicas.


- Periodista: Nombre algunos autores en español.


- Borges: No existen los autores; existen algunas obras de algunos autores. Las obras completas son el peor enemigo de las grandes obras porque esconden estas entre las de aprendizaje y las de decadencia. Diré dos títulos: “El túnel”, “Informe sobre ciegos”.


Periodista: ¿No quiere hablar del Nobel? ¿Discrepa de García Márquez o Vargas Llosa?


Borges: La coetaneidad es muy injusta. No premió en vida a Cervantes, ni a Gracián, ni a Dostoiewski... y sin embargo sí a Echegaray, Cela... El factor común de la humanidad sincrónica es la mediocridad... Por eso la muchedumbre, para la cual se urdió la democracia, imposibilita su buen ejercicio y la convierte en una disfrazada dictadura...


- Periodista: ¿Se considera antidemócrata?


Borges: Solo digo que en democracia ya no sabes quién es tu enemigo porque lo son todos aquellos que conforman la muchedumbre... no se puede convencer a nadie con razones porque la multitud es esencialmente sinónimo de fanatismo... El mismo Beethoven compatibilizó su misantropía ("prefiero un árbol a un hombre") con la solidaridad universal ("Sinfonía Coral”); claro: que con la mediación de la “Oda” de Schiller… Confieso que, por casualidad, topé con unos versos de un tal Goytisolo, un poeta de los que ustedes llaman sociales -¿qué plumidiestro no lo es?- que dicen: "un hombre, una mujer, así tomados de uno en uno son como polvo, no son nada...". ¿No son nada? Lo son todo. Quien niega la individualidad niega la identidad; y, por lo mismo, la libertad. Hay que reivindicar el "uno para todos", pero también el “todos para uno"; y esto es lo que olvida o pierde la convivencia en la mala democracia. Ha inventado el todos contra todos, malinterpretando a Darwin. En Arte no hay democracia, sino individuo. Incluso las obras del pueblo, como “Las mil y una noches” o “El Romancero” pertenecen al individuo, quien, uno tras otro, juglar tras trovador, miniaturista tras copista, las han pergeñado, pulimentado, salvaguardado, posteriorizado para la multitud… En fin: ¿No es el triunfo de la democracia el asesinato del yo?


- Periodista: Bueno, bueno… Sorprende oírle hablar de música. Solo recuerdo en su obra una alusión musical: al Réquiem alemán de Brahms.


- Borges: La música es la única palabra que desmiente la inefabilidad. Y los músicos son los únicos autores contra los que no puedo nada. Yo me quedé en los tangos; y eso sí es Argentina pura.



sábado, 17 de julio de 2021

Inspirado en hechos irreales...


Guridi: Amorosa (Diez melodías vascas)




Ocurrió por tierras de Colunga, Gijón... o Santander...

Una epidemia semejante a la que propició la escritura de El decamerón los obligaba a permanecer distantes, ajenas sus realidades, pero no sus emociones. Y le envió una nota:

Prohíbeme que vuelva a mirar tu fotografía o me matará el síndrome de Stendhal. 

Acogiéndose a las juiciosas palabras de la hermosa pastora en el episodio de Marcela y Crisóstomo (Quijote, I, 12-14), fue desoída aquella petición.

El lector ya conoce cómo acabó la historia.


viernes, 16 de julio de 2021

Érase un texto invisible (Elena Aguilera)

 Donde se nace; donde se muere


La exposición de Elena Aguilera, en el MUA, introduce al espectador en una luminosa estancia íntima en la que la serenidad parece provenir de los cuadros -de diferentes dimensiones- tras los que se trasluce un paisajismo físico que el siquismo autorial ha convertido en lindantes con la abstracción. Esta fisicidad aprisiona al espectador en un espiritualismo que la pintora ha extraído de su trayectoria y su talante, cosa que importaría poco, puesto que toda obra es una manera explícita o implícita de autobiografía. Pero lo que interesa aquí es que tal dibujo de la “realidad”, sin ser concreta o abstracta, sino híbrida, sumerge a quien contempla en una avariciosa claridad. Esto último, tan necesario en el mundo actual -lo de la claridad como camino a la esperanza- entra dentro de esa máxima que llevo defendiendo hace 20 años, la de la voluntad hímnica, implícita en la otra de construir “el himno en la elegía”. Y eso lleva dibujando-pintando la autora a lo largo de su obra. Baste recordar su serie “El azul no es un color”. Y no lo es: porque es un estado del ser, del ánima, de la vida.

Parece que los objetos de la naturaleza física hayan sido desdibujados añadiéndoles naturalezas síquicas -o al revés- para conjuntar entes mixtos de abstracción y figuración. Torsos, ramajes, roquedales, ríos, indefiniciones… despojados de todo cuanto les sobra mediante trazos gruesos fugitivos de convertirse en siluetas perfiladas, parecen ser los arbotantes del diseño inicial sobre el que se construye esta presencia mural. 

Poco importa la causa que provoca un efecto si este es digno de una celebración. Y este lo es. Y además, muestra una gradación y conquista en el estilo de la pintora, que indica no un azar encontrado sino un estilo buscado.

Cada artista -cada ser humano- aglutina una serie de sensaciones y fórmulas expresivas que actúan como premisas irracionales que se van racionalizando a fuerza de trabajo y elección de lo sentido, pensado y materializado. Lo que aquí resulta es un breve espacio de serenidad coloreada “donde se vive, donde se muere”, según la artista titula su conjunto pictórico-vital.

     Pocas veces el autor sabe mucho de su obra: este suele saber de ella que sintió una necesidad imperiosa de crearla y convirtió, mediante búsquedas y hallazgos, su intuición en creación. Y pocas veces el ciudadano sabe por qué acude a una exposición. Los asistentes al MUA tal vez no distingan -aunque sientan- la identidad o contenido de cada uno de estos cuadros, o de su conjunto; pero saldrán transformados porque una íntima alegría habrá invadido su hartazgo de contemplaciones pintureras. 


Donde se nace, donde se muere... Elena Aguilera


Donde se nace, donde se muere - 

Diario Información 


Antonio Gracia

Elena Aguilera 



lunes, 12 de julio de 2021

Minihaiku


Albinoni: Adagio



 Cuando escribas procura que tu verso

no engendre la nostalgia del silencio;

y si la engendra, calla.


domingo, 11 de julio de 2021

Sicalipsis

 

Por la voz parece que la lectora de un poema anterior repite con este. Doblemente agradecido, aunque prefiera mantenerse anónima.
Ha cambiado el texto mínimamente, lo suficiente para que parezca que quien habla no es un -sino una- protagonista.

Sicalipsis


viernes, 9 de julio de 2021

Entrevista.


Bach / Pinnock: Variaciones Golberg 

ANTONIO GRACIA CASELLES

ENTREVISTA A UN MIEMBRO DEL JURADO DE PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA ORGANIZADO POR LA FUNDACIÓN CULTURAL MIGUEL HERNÁNDEZ

"Cuando el silencio se hace más insoportable que la expresión, se escribe".

Antonio Gracia ha obtenido, entre otros, los premios ‘Fernando Rielo’ 2001, y ‘Alegría’ José Hierro 2002. De sus obras destacan: ‘La estatua del ansia’ (Ayuntamiento de Orihuela, 1975); ‘Palimpsesto’ (Sinhaya, 1980); ‘Fragmentos de identidad’ (Aguaclara 1993); ‘Reconstrucción de un diario’ (Pre-Textos, 2001); ‘El himno en la elegía’ (Algaida, 2002)... "El mausoleo y los pájaros" (Huerga y Fierro, 2011)...
 Entre sus libros de ensayo ‘Miguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo’, y ‘Ensayos y estudios sobre el amor’ I.C. Juan Gil-Albert, 1999 y 2002, respectivamente, La construcción del poema, 2016... Su grandeza radica en su sensibilidad y en la forma que tiene de plasmarlo en sus poemas. Aunque en una conversación puede enriquecerte desde su profundidad y conseguir que el aprendizaje sea exquisito y magistral, a pesar de que el enemigo tiempo ponga límite a un placer como es la comunicación.
¿Qué opinión le merecen estos concursos de poesía y periodismo?
Todos los concursos tienen el mérito de potenciar la creación y, también, el peligro de inducir a la mala escritura si en vez de declararse desiertos por no encontrar obras dignas premian cualquier cosa. Ante todo, un concurso nace con la pretensión de publicitar al promotor, sea una persona o una institución.
¿Cree que va a tener repercusión internacional este concurso organizado por la Fundación Cultural Miguel Hernández?
Eso dependerá, principalmente, de la calidad de las obras premiadas y de la editorial que las publique. Un libro editado por una empresa que distribuye mal continúa siendo un libro inédito.
¿Qué destacaría de la obra ganadora del Premio Internacional de Poesía?
‘Ceniza’ es una obra que muestra una desolación sin aspavientos. Es sustantiva, escasamente adjetiva. Sobria, madura. Sensibilidad y reflexión se han unido para concertar un discurso melancólico. Su autora, Pilar Blanco, muestra un universo íntimo ya abordado en otros libros. Hay algunos guiños culturalistas, sin caer en el culturalismo. Aunque tal vez el libro sea demasiado extenso, la extensión se alivia porque muchos poemas son muy breves. Pero el mantenimiento de esa voz ya era indicio de que el libro lo había escrito alguien que no se dejaba dominar por la palabra, sino que la dominaba.
Como conocedor de la obra de Miguel Hernández, ¿Cuál es la herencia que, bajo su punto de vista, nos ha dejado el poeta?
Todo poeta lega su obra. Esa es su mayor solidaridad con el género humano: su esfuerzo por ahondar en el ser y el estar del espíritu mediante la sensibilidad. Lo demás son anécdotas, leyendas, partidismos, intentos de llevarse el gato al agua. Hernández es autor de media docena de poemas que ya pertenecen al acerbo de la poesía y la cultura por sí mismos, sin apoyaturas ideológicas.
¿Qué destacaría de la vida y obra de Miguel Hernández?
Su esfuerzo por superarse, al margen de miserias y soberbias.
¿Qué opinión tiene sobre la creación de la Fundación Cultural Miguel Hernández?
No conozco sus entresijos. Pero cualquier entidad que pretende fortalecer y promover la cultura es digna de respeto, y aún de admiración en estos tiempos.
¿Cree que la crítica tiene tanto poder como para elevar o hundir a un poeta?
Por supuesto. Tanto los “best-sellers” como los libros olvidados son resultado de los reseñadores, que sobreviven atendiendo a las estrategias de las editoriales y escasas veces atienden a la calidad. Pero los verdaderos “best-sellers” son los que crean las sucesivas generaciones, cuando los intereses temporales han desaparecido. De ahí las aparatosas caídas de tantos renombres y las reivindicaciones de muchos postergados.
¿Está todo inventado en poesía o todavía se puede innovar?
No hay mayor innovación que la progresividad de la tradición. Y la tradición auténtica es la que profundiza en el humanismo. Suele confundirse poesía con verso, escritura con ludismo. Claro está que el hombre lúdico no puede ser expulsado del homo sapiens; pero tampoco debe suplantarlo. Los vanguardismos son pertinentes porque diluyen los academicismos. Pero lo que queda es la palabra serena, fecunda, sustantiva y no adjetiva. Así que no se trata de inventar, sino de ahondar en los temas “de siempre”. El primer poema de amor se lo diría, tal vez, Adán a Eva, o al revés. Los demás hemos estado repitiendo lo mismo durante milenios y sólo ha perdurado la dicción idónea de quien ha encontrado un nuevo matiz ensanchador del tema amoroso. Calixto y Melibea, o Romeo y Julieta, perduran no por la palabrería de Rojas o Shakespeare, sino por la exactitud en la caracterización de sus perfiles mediante la palabra. Son una innovación dentro de la tradición: arquetipos. Garcilaso y Bécquer innovan por la pulcritud de su dicción.
¿De donde viene la inspiración... de la búsqueda interior?
La “inspiración” viene de la conciencia liberada. Quien cree en las musas es porque piensa en las musarañas. Hay quien necesita decir aunque prefiera callar. Cuando el silencio se hace más insoportable que la expresión, se escribe. En mi caso, puesto que no siempre puedo callar, procuro dominar la urgencia de la voz y modularla. Así que me coloco en actitud de médium conmigo mismo y echo el cubo para intentar sacarlo con un poco de agua pura desde esa región dormida donde aguardan los sueños y se aprisiona el desengaño. El que soy le dicta a la pluma lo que quiere decir, y la pluma cree o descree sus palabras, las trasiega y ordena. Se trata de hallar el nombre exacto de las cosas, de hallar la identidad. Nada hay de magia en ello, sino de esfuerzo y voluntad.
¿Después de la búsqueda interior a través de los años, se puede decir que ya ha encontrado lo que buscaba?
“No existe otro dolor como el que deja un sueño al realizarse”, digo en un poema. Y en otro: “Yo soy un buscador que odia encontrar”. No sé qué buscaba; pero aún lo busco. Es doloroso no encontrar; sin embargo, la búsqueda es lo que mueve a la humanidad y garantiza el progreso. Quien cree haber hallado empieza a conformarse, y eso lo anquilosa. Esto que digo conduce a la consideración de que es el dolor el motor del mundo. Pero también conduce a la certeza de que quien persevera en la esperanza prosigue su búsqueda, encuentra consuelo en el buscar. Siempre he creído que algún día creería en algo. Parece desalentador. Más lo sería creer que la vida es una muerte, una agonía. Afortunadamente, la escritura me ha liberado de muchos demonios y suicidios.

¿Hasta qué punto o límite se deja ver el interior de un poeta en su poesía?, ¿Dónde está el límite? El juego del ver sin ver, de sentir sin presentir, lo que descubre cada palabra en su interior.
Toda poesía es autobiografía, en mayor o menor medida. Autobiografía íntima, no anecdótica. Cuanto decimos está dictado por nuestros sentimientos, aunque la reflexión ordene el caos de las sensaciones. Interpretamos lo que nos sucede, lo que nos conmueve. El narrador puede inventar historias ajenas. El poeta siempre se historia a sí mismo en una sucesión reiterativa, amplificativa, de impresiones que pretende objetivar. Quien amordaza su yo es un impostor. Lo cual no quiere decir que haya que desenvainar cualquier excrecencia de nosotros mismos. Para eso está la autocrítica –no la autocensura-.
Ya que no escribe para el lector, sino para usted mismo, ¿Qué le trasmiten sus poemas?
Escribir para el lector es mentirse. Escribir para uno mismo es una expresión inexacta. Escribir para publicar es comprensible cuando se trata de ensayos, artículos, tal vez incluso novelas o teatro. En poesía me parece un error, una falsedad. Yo escribo para conocer lo que, sin la escritura, nunca conocería. No escribo para mí, sino desde mi yo desconocido. En resumen: para construir una identidad. En tal sentido, leerse a sí mismo es desengañarse. Porque lo que encuentran los ojos no está a la altura de lo que se vislumbraba mientras se escribía que siempre permanece oculto, más allá de la pluma, “allí donde la pluma se detiene”.
¿Cree en la afirmación de que la única persona que mejor puede leer un poema es el propio autor?
No siempre somos conscientes de todo cuanto decimos. Las palabras arrastran tal pluralidad de significados, tantas reverberaciones, que a menudo dicen más, y distinto, de lo que la pluma les confiere voluntariamente. El autor lee su texto mental, como si hubiese dicho lo que le parece haber dicho. Otro lector lee lo que hay en la página y lo que siente de suyo en esa página. ¿Cuál es la mejor lectura? Un poema pertenece a quien lo lee. De ahí la universalidad de algunas obras.
¿Piensa que la poesía está hecha para el disfrute de privilegiados?
La cultura siempre ha sido un privilegio. Hoy es un derecho al alcance de la mano; pero la televisión es el sistema alienatorio que el poder utiliza para mantenerse alejado de las continuas críticas, como en Roma fue el “pan y circo”. Hoy los privilegiados reclaman su derecho a permanecer incultos: el único libro que leen se llama televisión; y en ese libro se ha escrito: “no leerás”. La sensibilidad es el músculo que más rápidamente se deteriora si no se ejercita. Resulta alarmante que siendo el sentimiento, y no el pensamiento, lo que permanece inalterable, y como factor común de la humanidad, el hombre se aleje cada vez más de la poesía, que es la depositaria de los sentimientos.
¿Por qué cree en los colegios no se potencia más la escritura como la lectura de poemas?
Por lo que acabo de decir. Parecerá una hipérbole; pero la enseñanza ha perdido su capacidad educativa. Con excepciones, los actuales licenciados abandonan la facultad con unos conocimientos sólo escasamente por encima de los que poseían hace un par de décadas quienes acababan la selectividad. Significa que se han ido rebajando demasiado los mínimos conocimientos. Nada tiene que ver el mundo de la calle con el de la enseñanza, y éste aparece ante el alumno como un lugar alienígena. Por otra parte, el profesorado tiene ahora unas funciones que pertenecen más a la burocracia que a la educación.
¿Cómo cambiaría ésta perspectiva?
Tristemente, me parece que no hay retorno en ese vector. La frivolidad ha impuesto su imperio –como siempre-, y sólo el individuo -al margen de instituciones pero ayudándose con ellas-, puede entrar en ese mundo que la civilización, cada vez más alérgica a la cultura, ha postergado.
¿Educa la poesía?,¿Trasmite valores?
No hay mejor educación que la sensibilización. Y ese es el universo poético.
¿Cuál es el último proyecto que tiene entre manos?
La búsqueda de la serenidad es mi más antiguo y último proyecto.
¿Me he dejado alguna pregunta en el tintero?
Ojalá me hubieses preguntado dónde está la sabiduría, por si conocías la respuesta. Yo no hubiese sabido responder.
                                                                Ángeles Martínez Sainz

Tolstoi: Dos cuentos

 

Tolstoi: Dos cuentos


jueves, 8 de julio de 2021

Perro Mundo

 

No importa que esté subtitulada: la película es un muestrario de brevísimas "hazañas" de las distintas culturas.  
Desconocer las miserias del mundo no las hace desaparecer; tal vez sí al revés.
Ciertamente, no es para que nos sintamos orgullosos ante tanto disparate como se muestra en la película. Ni hace olvidarla la hermosa melodía que la acompaña y que podía escucharse ayer  aquí

Mondo Cane (MORE)


Mondo Cane (MORE)


Se tituló Mondo Cane.
La película era una enumeración de despropósitos de la humanidad -que el espectador puede saltar sin menoscabo de su entendimiento-.
La canción era hermosa.
Aquí pueden escucharse algunas versiones.

Orquestación:

Piano


Andy Williams
Sinatra

Nat King Cole


Doris Day

Julie London


Charlie Bird Trio


Roy Orbisosn


Bob Mcgrath


miércoles, 7 de julio de 2021

La catedral sumergida

Debussy: La catedral sumergida


Solía pasear yo mi melancolía juvenil por las frías callejas de Salamanca. Al doblar las esquinas me asaltaban fantasmas y laberintos síquicos que me iban persiguiendo como una jauría de mastines. 
     La Casa de la Muerte derramaba sus cirios, la estatua de Fray Luis brindaba por la luz, y hasta el puente romano -donde el toro del doncel Lazarillo mugía como un sauce- no dejaba los duendes muy atrás. Solo tras caminar por la alameda regresaba con algún menor lastre de tragedias y brisas.
     Entonces escalaba la frágil escalera hasta la puerta de la Catedral Vieja: y allí me acurrucaba, adormecido por el oleaje: era mágico aquel arrullo de las olas que venteaban su sonido imposible: y era el mar de mi infancia, el del Mediterráneo y Torrevieja, el que se arracimaba de pronto y me daba consuelo con su eco de sirenas y arrecifes del pretérito. Alguna golondrina le ponía a la tarde su imagen de gaviota: y era como si regresase.
     Allí brotó mi historia con Oniria, la leyenda infinita, el verbo manantial.
     Allí se escucha el mar, solemne, reiterado.


martes, 6 de julio de 2021

Toñi Lozano lee ... Doña Inés...

 


¿Es el donjuán un mujeriego o son algunas mujeres unas donjuaneras? 
        No hay en la naturaleza animal -y el ser humano es uno de estos- un impulso más feroz que el del erotismo, porque constituye el rechazo del dolor y la muerte: el instinto de supervivencia. El placer sexual solo es la zanahoria con la que el erotismo nos atrae para que cumplamos su misión. 
        Desde hace milenios la función dictatorial del hombre se ha fundamentado en que él era quien -desafiando fieras y glaciares- cazaba para alimentar al niño y la mujer, quienes le rendían pleitesía. Hoy ya no es enteramente así. Y no porque según Sor Juana, en unos versos más resentidos con la mitad de la humanidad -la de los hombres- que igualitaristas, escribiese aquello de "hombres necios que acusáis / a la mujer...", sino porque la otra media humanidad -la de las mujeres- ha ejercido sus derechos igualitarios, a veces, tan ridículamente como los exige el hombre, dividiendo a féminas y varones, todos, antes y ahora, en vez de unirlos, estableciendo una disputa más que una conversación, cosa que ocurre -salvo excepciones- en todos los ámbitos de esta sociedad de la inconvivencia. 
        El siguiente texto revisa el tenorismo machista, y trata de colocarlo en su sitio, que debiera ser ninguno; pero, en todo caso, señalando su presunción de naderías, engreimientos y fósiles del intrépido Zeus.

Doña Inés se despierta del hechizo


Dices que has conquistado a cien mujeres

y que me quieres más que a todas ellas.

Te jactas de gozar de cien victorias

olvidando que implican cien derrotas

de cuantas te lloraron al marcharte.

Me susurras tu hazaña como un mérito

definitivo para conquistarme.

Pero dime: ¿de qué te enorgulleces?

¿No será que buscaste otros amores

porque no conseguiste retener 

ninguno de los muchos que presumes?

¿Burlabas damas o eras tú el burlado?

¿Decepcionaste o te decepcionaron?

¿Dejaste alguna lágrima en sus ojos

o quizá fuiste tú quien las lloró?

¿No estarás pregonando tus fracasos?

En fin: después de tantos amoríos

me susurras tu hazaña como un mérito

definitivo para conquistarme.

¿Y de verdad esperas que te ame?

¿Cómo aspiras a enamorarme si 

solo inconstancia y necedad me ofreces?


lunes, 5 de julio de 2021

Doña Inés

Mozart: Laci daren la mano (Don Giovanni)

Doña Inés se despierta del hechizo


Dices que has conquistado a cien mujeres

y que me quieres más que a todas ellas.

Te jactas de gozar de cien victorias

olvidando que implican cien derrotas

de cuantas te lloraron al marcharte.

Me susurras tu hazaña como un mérito

definitivo para conquistarme.

Pero dime: ¿de qué te enorgulleces?

¿No será que buscaste otros amores

porque no conseguiste retener 

ninguno de los muchos que presumes?

¿Burlabas damas o eras tú el burlado?

¿Decepcionaste o te decepcionaron?

¿Dejaste alguna lágrima en sus ojos

o quizá fuiste tú quien las lloró?

¿No estarás pregonando tus fracasos?

En fin: después de tantos amoríos

me susurras tu hazaña como un mérito

definitivo para conquistarme.

¿Y de verdad esperas que te ame?

¿Cómo aspiras a enamorarme si 

solo inconstancia y necedad me ofreces?


sábado, 3 de julio de 2021

Concierto para ver

 

Rodrigo: En busca del más allá

Quienes tienen el oído prisionero del Concierto de Aranjuez se extrañarán al ver y oír esta música del mismo Joaquín Rodrigo.

Una pequeña orquesta con la que homenajea los viajes espaciales y su trasfondo metafísico.


viernes, 2 de julio de 2021

La lontananza

La lontananza
 

La lontananza


Amar a quien amamos y no poder amar

con el cuerpo y el alma porque el amor se fue

-o se quedó- muy lejos de donde nos quedamos 

-o allí donde nos fuimos-. Vivir es un gran viaje,

y amar una estación hasta la que llegamos

cargados de caminos, estaciones y trenes

con destinos que fueron decepciones y sueños.

Inextricables lazos nos unen y desunen

y convierten en bielas y hierros destrenzados  

el corazón fugaz en busca de un imán

a través de las vías que recorren el tiempo.

Y al fin ríes un día porque en una estación

encontramos al otro transeúnte que mira

con nuestros mismos ojos, y siente con el mismo

abrazo la existencia: una desilusión 

voluntariosa de serenidad y sueño:

la certeza frugal de que la lejanía

es tan solo el disfraz de un gran amor

que es nuestro propio rostro en otro rostro. 

 

jueves, 1 de julio de 2021

Poemas en Akra Leuka: Hernández


Grieg: Canción de Solveig


Querido SESCA:

Daba por terminados mis akraleukismos; pero acabo de ver tu nota feisburguesa. 

Me preguntas por la resiliencia del soneto de Miguel Hernández. Mi respuesta es que, como apunto ahora a bote pronto, carece de ella.

Hernández asume la identidad del toro como ser sufriente y predestinado a sufrir, en un entendimiento del dolor como consecuencia inevitable de la concepción del amor, principalmente durante el barroco, elevado al segismundiano sufrimiento metafísico; Segismundo, como todo ser viviente cristológico, nace para sufrir porque la divinidad eclesiástica así lo ha decidido: "pues el delito mayor / del hombre es haber nacido", concluye Calderón; y "como el toro he nacido para el luto / y el dolor", afirma Hernández; eso no empece que, varonilmente, machistamente, caupolicanamente, el toro, el hombre de la España toril, se rebele como un Luzbel contra su destino y la dictadura de los dioses: "como el toro me crezco en el castigo". Hernández, ante esa embestida, embiste simplemente a quien le embiste. Cerrilmente, como hombre de su mundo.

La cuestión se complica cuando el embravecimiento ante la adversidad (no confundir esta rebelión del ser predeterminado a la esclavitud con la superación resiliencial) se paraleliza con la condición amorosa del amante desdeñado y dolorido: el macho poseedor del fruto en la ingle, por muy bravío que sea, termina lloroso o quejumbroso ("vendaval sonoro") y derramando el corazón por la lengua al sufrir el espadazo del desdén de la amada y la muerte inexorable de la condición mortal de la existencia. Si algo enturbia el soneto, en su afán de semejar los doloridos toro-amante y vida-amor, es el forzado segundo cuarteto, necesario solo porque el autor estaba escribiendo un libro de sonetos. 

El verdadero poema resiliente hernandiano es el de "Antes del odio"; y aquel otro, de versos dactílicos, "Yo que creí que la luz era mía..."... En ellos sí hay un crescendo hacia la luz. Entonces, sí: en los años finales, cuando Miguel Hernández prefirió escribir como un hombre para los hombres y no, espuriamente, como un poeta para los poetas. 

Aquí traigo los tres, corregidas algunas makarrubieces de los copistas internéticos (mañana lo revisaré):

pulsar para ver

El amor en Hernández

1)
Como el toro he nacido para el luto 
y el dolor, como el toro estoy marcado 
por un hierro infernal en el costado 
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto 
todo mi corazón desmesurado, 
y del rostro del beso enamorado, 
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo, 
la lengua en corazón tengo bañada 
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo, 
y dejas mi deseo en una espada, 
como el toro burlado, como el toro.


2

ANTES DEL ODIO


Beso soy, sombra con sombra.

Beso, dolor con dolor,

por haberme enamorado,

corazón sin corazón,

de las cosas, del aliento

sin sombra de la creación.

Sed con agua en la distancia,

pero sed alrededor.


Corazón en una copa

donde me lo bebo yo

y no se lo bebe nadie,

nadie sabe su sabor.

Odio, vida: ¡cuánto odio

sólo por amor.


No es posible acariciarte

con las manos que me dio

el fuego de más deseo,

el ansia de más ardor.

Varias alas, varios vuelos

abaten en ellas hoy

hierros que cercan las venas

y las muerden con rencor.

Por amor, vida, abatido,

pájaro sin remisión.

Sólo por amor odiado,

sólo por amor.


Amor, tú, bóveda arriba

y yo abajo siempre, amor,

sin otra luz que estas ansias,

sin otra iluminación.

Mírame aquí encadenado,

escupido, sin calor,

a los pies de la tiniebla

más súbita, más feroz,

comiendo pan y cuchillo

como buen trabajador

y a veces cuchillo sólo,

sólo por amor.


Todo lo que significa

golondrinas, ascensión,

claridad, anchura, aire,

decidido espacio, sol,

horizonte aleteante,

sepultado en un rincón.

Esperanza, mar, desierto,

sangre, monte rodador:

libertades de mi alma

clamorosas de pasión,

desfilando por mi cuerpo,

donde no se quedan, no,

pero donde se despliegan,

sólo por amor.


Porque dentro de la triste

guirnalda del eslabón,

del sabor a carcelero

constante, y a paredón,

y a precipicio en acecho,

alto, alegre, libre soy.

Alto, alegre, libre, libre,

sólo por amor.


No, no hay cárcel para el hombre.

No podrán atarme, no.

¿Quién encierra una sonrisa?

¿Quién amuralla una voz?

A lo lejos tú, más sola

que la muerte, la una y yo.

A lo lejos tú, sintiendo

en tus brazos mi prisión,

en tus brazos donde late

la libertad de los dos.

Libre soy. Siénteme libre.

Sólo por amor.


3)

Yo que creí que la luz era mía

precipitado en la sombra me veo.

Ascua solar, sideral alegría

ígnea de espuma, de luz, de deseo.


Sangre ligera, redonda, granada:

raudo anhelar sin perfil ni penumbra.

Fuera, la luz en la luz sepultada.

Siento que sólo la sombra me alumbra.


Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.

Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles

dentro del aire que no tiene vuelo,

dentro del árbol de los imposibles.


Cárdenos ceños, pasiones de luto.

Dientes sedientos de ser colorados.

Oscuridad del rencor absoluto.

Cuerpos lo mismo que pozos cegados.


Falta el espacio. Se ha hundido la risa.

Ya no es posible lanzarse a la altura.

El corazón quiere ser más de prisa

fuerza que ensancha la estrecha negrura.


Carne sin norte que va en oleada

hacia la noche siniestra, baldía.

¿Quién es el rayo de sol que la invada?

Busco. No encuentro ni rastro del día.


Sólo el fulgor de los puños cerrados,

el resplandor de los dientes que acechan.

Dientes y puños de todos los lados.

Más que las manos, los montes se estrechan.


Turbia es la lucha sin sed de mañana.

¡Qué lejanía de opacos latidos!

Soy una cárcel con una ventana

ante una gran soledad de rugidos.


Soy una abierta ventana que escucha.

por donde va tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida.