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miércoles, 9 de abril de 2025

Lo escrito y lo escribible, 3.


Lo escrito y lo escribible (I)

Scriabin: Poema del éxtasiis


7.- Según decía anteriormente, todo autor gesta su obra con cierta ceguera y alguna iluminación: con visión y técnica. Lo intuido tiene que ser verbalizado con adecuación. Y para ello son imprescindibles dos criterios o divisas: expresar sustancias memorables y huir de la idolatría retórica.
     Admitamos que el idioma poético es innumerable, indefinible e inclasificable, y el más difícil de aprender. No tiene normas precisas. En cualquier caso, solo una: debe buscar “el nombre exacto de las cosas”. Para ello debe tallar el poema como un diamante. Lo cual requiere el hallazgo de la idoneidad. Idoneidad entre concepto y expresión: y como son indivisibles, la tarea es ardua.
     8.- ¿Cuáles son los temas imprescindibles y cuáles los versos idóneos para expresarlos? La sabia conjugación de pensamiento lírico y palabra expresiva requiere sutilezas que no se improvisan, sino que las asimila el inconsciente poético hasta hacer compatibles y convertir en uno solo el trance y el intelecto, la verbalidad y su musicalidad... Quien carece de la “gracia” natural nada consigue por mucho “esfuerzo” que haga. Dicho de otro modo: el poeta se hace porque nace con los atributos para hacerse y porque rehace continuamente su poema: porque encuentra la idoneidad lírica entre lo que pretendía decir y lo que finalmente dice (siempre que ambas cosas sean categorías universales).
     Y sin embargo, todo ingrediente que parece imprescindible deja de serlo cuando el auténtico poeta no habla al margen de las poéticas, y prefiere dirigirse al poeta en vez de al hombre:

martes, 8 de abril de 2025

Lo escrito y lo escribible, 2.

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Lo escrito y lo escribible (I)


Scriabin: Poema del éxtasis

4.– La pregunta era: ¿Cómo surge el poema?
     Hay autores que trazan de antemano un esbozo de lo que van a escribir: tanto que solo tienen que ponerle palabras al pergeño. Otros van a la caza y captura de metáforas, imágenes, visiones... incluso sin premeditación temática, a ciegas, haciendo camino al andar. Tan malo o bueno es un método como otro si el proceso acaba con una implacable tachadura: sustituyendo, pulimentando, jibarizando.
     Un poema precisa unos límites que pocos saben darle. Es fácil desatar la pluma y dejar que diga lo que quiere. Lo difícil es contenerla y que en lo contenido –en sus limitaciones– haya un mundo propio, emocional e intelectual, que sea autónomo y renazca en el lector aunque no haya nacido para él.
     5.- Contra el dicho popular, el mayor enemigo del poeta es la inspiración: el arrebato. Por eso Bécquer, siguiendo a Wordsworth, afirma: «Cuando siento no escribo». Quería que sus emociones reposaran para que no se infiltrasen en su escritura desviaciones sentimentales o verborreicas. Lo cual nos dice definitivamente que es preciso domar el «rebelde, mezquino idioma» hasta encontrar la adecuación expresiva de lo que late en la mente: tensión, contención y armonía dictivas. Antes, Poe había escrito en su Método de composición: «La ejecución de un poema es una operación intelectual, no un don de la musa». Y basta recordar a Valéry, a Pound puliendo a Eliot, o las 200 versiones que Dylan Thomas hacía de muchos de sus poemas para que no nos resulte extraño oír a León Felipe exhortar a la desnudez verbal: «deshaced ese verso, quitadle los caireles ...». García Lorca resume esa unión de irracionalidad y racionalización denominándolas simplemente «gracia y esfuerzo».
     6.-  Pocos textos tienen la adecuación precisa: visión y revisión de lo vislumbrado que deben concretarse en la precisión de lo sentido a través de lo expresado. Difícil es esa urdimbre. Y es que todo poema necesita encontrar la idoneidad: 

Lo escrito y lo escribible (1).


Scriabin: Poema del éxtasis

1.- ¿Qué dice un poema y qué quería decir con él su autor? ¿Nos importa, nos interesa, nos abre una ventana diferente sobre nosotros mismos o sobre los demás...? ¿Está bien construido, se sobrepondrá a las modas, tendencias, escuelas, años, décadas...? En fin: ¿Qué hace que una obra resulte imprescindible y vigente?
     Difíciles respuestas para tales preguntas. Sin embargo, no tan inescrutables si nos preguntamos el porqué de la vigencia de algunos poemas que perduran tras los siglos. ¿Por qué siguen, señeros, HamletLa Gioconda y La Novena de Beethoven? Porque atañen a lo medular del ser humano y este los siente como un pálpito propio: porque quien lee se identifica con quien escribió. Y este escribió sobre inmutabilidades.

2.- Así pues,  ¿Por qué un texto mantiene su vigencia?
     Descartemos, primero, lo evidente: cuando los intereses circunstanciales se sobreponen a los esenciales la ceguera encumbra a la luz obras o autores que en seguida son desprestigiados y pasan de preferidos a preteridos. (Eso ocurre con tanto best-seller y tanto premio dinerario, y tanta confusión entre sabia escritura y opaca literatura). 
     Para saber cómo serán las obras que importen al hombre singular basta con mirar las que ha escogido el hombre plural. Aquellas en las que se identifica quien está leyendo y se dice, como en un espejo: soy yo. Y en ese yo palpita lo que ama y desama: amor, muerte, vida, temporalidad, alegría, tristeza… Todo cuanto rigen el eros y el tánatos.

3.- Muchos ejemplos hay de puro y perdurable biendecir. Concedámosle a cada uno, generosamente, la excelsitud. Supongamos que su arquitectura es perfecta, su música, intachable, su versificación, su léxico ... Todos esos y otros elementos han conseguido aunarse para que nada sobre y el conjunto nos diga contundentemente algo que nos importa como individuos sensibles y reflexivos, amantes de la belleza y de la comprensión del ser humano. Cada lector se ha visto en él o ha visto un fragmento de su identidad y la del mundo. Su autor talló un diamante al traducir a palabras la existencia y al conseguir que estas se tradujesen de nuevo en vida en quien las lee. 
     Bien: el lector que quiere ser autor se pregunta ante ellos: ¿Cómo surge el poema -una música, un cuadro-?

sábado, 25 de enero de 2020

Lo escrito y lo escribible, 3


Lo escrito y lo escribible (I)

Scriabin: Poema del éxtasiis


7.- Según decía anteriormente, todo autor gesta su obra con cierta ceguera y alguna iluminación: con visión y técnica. Lo intuido tiene que ser verbalizado con adecuación. Y para ello son imprescindibles dos criterios o divisas: expresar sustancias memorables y huir de la idolatría retórica.
     Admitamos que el idioma poético es innumerable, indefinible e inclasificable, y el más difícil de aprender. No tiene normas precisas. En cualquier caso, solo una: debe buscar “el nombre exacto de las cosas”. Para ello debe tallar el poema como un diamante. Lo cual requiere el hallazgo de la idoneidad. Idoneidad entre concepto y expresión: y como son indivisibles, la tarea es ardua.
     8.- ¿Cuáles son los temas imprescindibles y cuáles los versos idóneos para expresarlos? La sabia conjugación de pensamiento lírico y palabra expresiva requiere sutilezas que no se improvisan, sino que las asimila el inconsciente poético hasta hacer compatibles y convertir en uno solo el trance y el intelecto, la verbalidad y su musicalidad... Quien carece de la “gracia” natural nada consigue por mucho “esfuerzo” que haga. Dicho de otro modo: el poeta se hace porque nace con los atributos para hacerse y porque rehace continuamente su poema: porque encuentra la idoneidad lírica entre lo que pretendía decir y lo que finalmente dice (siempre que ambas cosas sean categorías universales).
     Y sin embargo, todo ingrediente que parece imprescindible deja de serlo cuando el auténtico poeta no habla al margen de las poéticas, y prefiere dirigirse al poeta en vez de al hombre:


domingo, 12 de enero de 2020

Lo escrito y lo escribible, 1


Scriabin: Poema del éxtasis

1.- ¿Qué dice un poema y qué quería decir con él su autor? ¿Nos importa, nos interesa, nos abre una ventana diferente sobre nosotros mismos o sobre los demás...? ¿Está bien construido, se sobrepondrá a las modas, tendencias, escuelas, años, décadas...? En fin: ¿Qué hace que una obra resulte imprescindible y vigente?
     Difíciles respuestas para tales preguntas. Sin embargo, no tan inescrutables si nos preguntamos el porqué de la vigencia de algunos poemas que perduran tras los siglos. ¿Por qué siguen, señeros, HamletLa Gioconda y La Novena de Beethoven? Porque atañen a lo medular del ser humano y este los siente como un pálpito propio: porque quien lee se identifica con quien escribió. Y este escribió sobre inmutabilidades.

2.- Así pues,  ¿Por qué un texto mantiene su vigencia?
     Descartemos, primero, lo evidente: cuando los intereses circunstanciales se sobreponen a los esenciales la ceguera encumbra a la luz obras o autores que en seguida son desprestigiados y pasan de preferidos a preteridos. (Eso ocurre con tanto best-seller y tanto premio dinerario, y tanta confusión entre sabia escritura y opaca literatura). 
     Para saber cómo serán las obras que importen al hombre singular basta con mirar las que ha escogido el hombre plural. Aquellas en las que se identifica quien está leyendo y se dice, como en un espejo: soy yo. Y en ese yo palpita lo que ama y desama: amor, muerte, vida, temporalidad, alegría, tristeza… Todo cuanto rigen el eros y el tánatos.

3.- Muchos ejemplos hay de puro y perdurable biendecir. Concedámosle a cada uno, generosamente, la excelsitud. Supongamos que su arquitectura es perfecta, su música, intachable, su versificación, su léxico ... Todos esos y otros elementos han conseguido aunarse para que nada sobre y el conjunto nos diga contundentemente algo que nos importa como individuos sensibles y reflexivos, amantes de la belleza y de la comprensión del ser humano. Cada lector se ha visto en él o ha visto un fragmento de su identidad y la del mundo. Su autor talló un diamante al traducir a palabras la existencia y al conseguir que estas se tradujesen de nuevo en vida en quien las lee. 
     Bien: el lector que quiere ser autor se pregunta ante ellos: ¿Cómo surge el poema -una música, un cuadro-?

viernes, 26 de abril de 2019

La hipérbole hermosística

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La muerte de la belleza

/por Antonio Gracia/

1
Siempre ha buscado el hombre un paraíso que le hiciese olvidar los infiernos que sufría: buscaba el Bien para curarse el Mal. Todos los oasis que encontraba (vencer el frío o el hambre, superar las heridas, hallar reposo…) se condensaron en soluciones para el cuerpo y, por fin, el espíritu; y este se apaciguaba cuando sentía la dicha, el equilibrio del sosiego. Así nació su culto: frente a la inarmonía del dolor, la armonía del placer de los sentidos; la contemplación y posesión de la Belleza. Y la ciencia y el arte buscaron la Belleza como una panacea. Y fue creado un canon. Podría resumirse así:
Si hay algo que hace que la vida
merezca ser vivida
es la contemplación de la belleza.
Pero el homo sapiens progresa porque es un ser insatisfecho: necesita avanzar, inventar otras formas, crear un canon nuevo —aunque todos respondan al mismo anhelo de plenitud—. De este modo fue como surgió la dispersión en la búsqueda de una satisfacción que no debía ser conformista. A un canon estético se sobrepuso otro, siempre innovando dentro de la tradición, única forma de permanecer: el estático cambio. Y lo que en un principio eran originalidades fueron tornándose bienes mostrencos y plagios, hasta caer en tópicos. La belleza artística no podía aceptarse perfecta porque no lo es en la Naturaleza: por lo tanto, era falso cuanto surgía y surgiese del anhelo, pues —anticipándose a la ley de Murphy— si es posible que ocurra lo peor, ocurrirá... De ahí que Argensola, contemplando el cielo a través del pesimismo, escribiera: «Lástima grande/ que no sea verdad tanta belleza».
Aplicado a la poesía amorosa, ya Shakespeare desconfiaba de la pertinencia del esteticismo, en el soneto XVII: 
¿Quién creerá en el futuro mis poemas?
[…]
el porvenir dirá: miente el poeta,
que ese rostro es de un dios, no de un humano
Quevedo, burlescamente: 
Sol os llamó mi lengua pecadora
y desmintióme a boca llena el cielo;
[…]

En vos llamé rubí lo que mi abuelo
llamara labio y jeta comedora.

2

De ahí que el Soneto de tus vísceras, de Baldomero Fernández Moreno (1886-1950), transgreda la tradición petrarquista, que es tanto como decir la lírica hispánica desde Garcilaso. Cansado de leer las mismas virtudes físicas de la amada con iguales metáforas y rimas semejantes, en vez de exaltar el oro rubio del cabello, el clavel de los labios, las perlas de los dientes y otras clonaciones pocas veces fértiles del Renacimiento, Siglo de Oro y Romanticismo, se aleja hasta el extremo opuesto del trovadorismo y canta las prendas verdadera y físicamente íntimas de la amada, las que hacen posible la vida y la hermosura exterior, por muy gelatinosas o herrumbrosas que resulten. Este soneto, contraviniendo el canon, descarna el erotismo para mostrar el embeleco y falsedad de la sublimación. Muchos dirán que es antilírico, y tendrán razón. Pero la poesía, el arte, es antitodo; es decir, un antídoto contra el tópico, si bien a veces, en casos como este, se desvía en exceso por los caminos del antiesteticismo. Comoquiera, he aquí las intimidades fisiológicas de Beatriz, Laura, Fianmetta, Elisa, Filis, Lisi y tantas otras madonnas que enardecieron el corazón y los poemas de DanteBoccaccioLope, Quevedo… en un curso acelerado de autopsia, necrología y desenamoramiento:
Soneto de tus vísceras
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,

a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos.
Yo soy un sapo negro con dos alas.

3

El hartazgo de lo establecido y el afán de originalidad abren su camino. La estética de la fealdad (que supone la muerte de la belleza convencional) ya está en Quevedo, el tenebrismo, las pinturas negras y caprichos de Goya, el feísmo de El Bosco, el desfigurativismo que lleva al abstracto, la inarmonía o armonía caprichosa de las manchas sobre el lienzo… y persigue otras manifestaciones: los caligramas y el letrismo (la validez semántica de la letra o su disposición como si fuera un cuadro), Apollinaire, el Altazor de HuidobroFrancisco Pino, el glíglico de Cortázar, el piano preparado de John Cage, el ruido musical de Pierre HenryXenakisLigeti… Son múltiples los caminos de la imaginación creadora para plasmar o subvertir la realidad: para desmitologizar y mostrar su poliédrica efigie.
El canon siempre está cuestionándose y, por lo tanto, también su construcción; aporta materiales de derribo: léxico ditirámbico, equilibrismo sintáctico, hiperbolismo, realidad, irracionalidad… y también contención. Es un proceso de Sísifo, que trepa hasta la belleza o hacia la perfección y descree de ella para buscarla de otro modo, convirtiendo las viejas ruinas en nuevos castillos.
Cada ser sintiente tiene una experiencia estética y una visión de lo bello, consecuencia de sus genes sensibles y su esfuerzo intelectual. Buena es la experimentación, la libertad, la búsqueda, la pérdida, la desnortación. Pero la Belleza nunca morirá porque es sinónimo de equilibrio, plenitud, paraíso, luz, eternidad: todo aquello que el hombre ansía y necesita para seguir viviendo. Y porque sigue vigente la afirmación de Platón («la belleza es el esplendor de la verdad») que poetizaría Keats: «Belleza es verdad y verdad es belleza»; y eso es lo que anhela el hombre. Por eso también son efímeros quienes se exceden en sus hiperbellecismos mestureros, como, por citar algunos, los estetas más contumaces del modernismo o de los novísimos venecianos y aquellos que buscan, o encuentran, una antiestética en la alevosía del mierdismo: Leopoldo M.ª Panero o Roger Wolfe.
No importa que la mayoría se equivoque cuando busca rostros para la Belleza al margen de la tradición universal adentrándose por los arrabales de la estética: siempre existirá una minoría que la encuentre y ofrende a los demás. Aunque sea esa minoría de uno que llamamos individuo.
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Antonio Gracia es autor de La estatura del ansia (1975), Palimpsesto (1980), Los ojos de la metáfora (1987), Hacia la luz (1998), Libro de los anhelos (1999), Reconstrucción de un diario(2001), La epopeya interior (2002), El himno en la elegía (2002), Por una elevada senda (2004), Devastaciones, sueños (2005), La urdimbre luminosa (2007). Su obra está recogida selectivamente en las recopilaciones Fragmentos de identidad (Poesía 1968-1983), de 1993, y Fragmentos de inmensidad (Poesía 1998-2004), de 2009. Entre otros, ha obtenido el Premio Fernando Rielo, el José Hierro y el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana. Sus últimos títulos poéticos son Hijos de HomeroLa condición mortal y Siete poemas y dos poemáticas, de 2010. En 2011 aparecieron las antologías El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, sueños. En 2012, La muerte universal y Bajo el signo de eros. Además, el reciente Cántico erótico. Otros títulos ensayísticos son Pascual Pla y Beltrán: vida y obraEnsayos literariosApuntes sobre el amorMiguel Hernández: del amor cortés a la mística del erotismo La construcción del poema
Mantiene el blog Mientras mi vida fluye hacia la muerte y dispone de un portal en la Biblioteca Cervantes Virtual.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Lo escrito y lo escribible (3)

7.- Según decía anteriormente, todo autor gesta su obra con cierta ceguera y alguna iluminación: con visión y técnica. Lo intuido tiene que ser verbalizado con adecuación. Y para ello son imprescindibles dos criterios o divisas: expresar sustancias memorables y huir de la idolatría retórica.
     Admitamos que el idioma poético es innumerable, indefinible e inclasificable, y el más difícil de aprender. No tiene normas precisas. En cualquier caso, solo una: debe buscar “el nombre exacto de las cosas”. Para ello debe tallar el poema como un diamante. Lo cual requiere el hallazgo de la idoneidad. Idoneidad entre concepto y expresión: y como son indivisibles, la tarea es ardua.
8.-     ¿Cuáles son los temas imprescindibles y cuáles los versos idóneos para expresarlos? La sabia conjugación de pensamiento lírico y palabra expresiva requiere sutilezas que no se improvisan, sino que las asimila el inconsciente poético hasta hacer compatibles y convertir en uno solo el trance y el intelecto, la verbalidad y su musicalidad... Quien carece de la “gracia” natural nada consigue por mucho “esfuerzo” que haga. Dicho de otro modo: el poeta se hace porque nace con los atributos para hacerse y porque rehace continuamente su poema: porque encuentra la idoneidad lírica entre lo que pretendía decir y lo que finalmente dice (siempre que ambas cosas sean categorías universales).
     Y sin embargo, todo ingrediente que parece imprescindible deja de serlo cuando el auténtico poeta no habla al margen de las poéticas, y prefiere dirigirse al poeta en vez de al hombre:


sábado, 4 de febrero de 2017

Lo escrito y lo escribible (II)


Pulsar para leer:

Lo escrito y lo escribible (I)


Scriabin: Poema del éxtasis

4.– La pregunta era: ¿Cómo surge el poema?
     Hay autores que trazan de antemano un esbozo de lo que van a escribir: tanto que solo tienen que ponerle palabras al pergeño. Otros van a la caza y captura de metáforas, imágenes, visiones... incluso sin premeditación temática, a ciegas, haciendo camino al andar. Tan malo o bueno es un método como otro si el proceso acaba con una implacable tachadura: sustituyendo, pulimentando, jibarizando.
     Un poema precisa unos límites que pocos saben darle. Es fácil desatar la pluma y dejar que diga lo que quiere. Lo difícil es contenerla y que en lo contenido –en sus limitaciones– haya un mundo propio, emocional e intelectual, que sea autónomo y renazca en el lector aunque no haya nacido para él.
     5.- Contra el dicho popular, el mayor enemigo del poeta es la inspiración: el arrebato. Por eso Bécquer, siguiendo a Wordsworth, afirma: «Cuando siento no escribo». Quería que sus emociones reposaran para que no se infiltrasen en su escritura desviaciones sentimentales o verborreicas. Lo cual nos dice definitivamente que es preciso domar el «rebelde, mezquino idioma» hasta encontrar la adecuación expresiva de lo que late en la mente: tensión, contención y armonía dictivas. Antes, Poe había escrito en su Método de composición: «La ejecución de un poema es una operación intelectual, no un don de la musa». Y basta recordar a Valéry, a Pound puliendo a Eliot, o las 200 versiones que Dylan Thomas hacía de muchos de sus poemas para que no nos resulte extraño oír a León Felipe exhortar a la desnudez verbal: «deshaced ese verso, quitadle los caireles ...». García Lorca resume esa unión de irracionalidad y racionalización denominándolas simplemente «gracia y esfuerzo».
     6.-  Pocos textos tienen la adecuación precisa: visión y revisión de lo vislumbrado que deben concretarse en la precisión de lo sentido a través de lo expresado. Difícil es esa urdimbre. Y es que todo poema necesita encontrar la idoneidad: 


viernes, 27 de enero de 2017

Lo escrito y lo escribible (I)


Scriabin: Poema del éxtasis

1.- ¿Qué dice un poema y qué quería decir con él su autor? ¿Nos importa, nos interesa, nos abre una ventana diferente sobre nosotros mismos o sobre los demás...? ¿Está bien construido, se sobrepondrá a las modas, tendencias, escuelas, años, décadas...? En fin: ¿Qué hace que una obra resulte imprescindible y vigente?
     Difíciles respuestas para tales preguntas. Sin embargo, no tan inescrutables si nos preguntamos el porqué de la vigencia de algunos poemas que perduran tras los siglos. ¿Por qué siguen, señeros, HamletLa Gioconda y La Novena de Beethoven? Porque atañen a lo medular del ser humano y este los siente como un pálpito propio: porque quien lee se identifica con quien escribió. Y este escribió sobre inmutabilidades.

2.- Así pues,  ¿Por qué un texto mantiene su vigencia?
     Descartemos, primero, lo evidente: cuando los intereses circunstanciales se sobreponen a los esenciales la ceguera encumbra a la luz obras o autores que en seguida son desprestigiados y pasan de preferidos a preteridos. (Eso ocurre con tanto best-seller y tanto premio dinerario, y tanta confusión entre sabia escritura y opaca literatura). 
     Para saber cómo serán las obras que importen al hombre singular basta con mirar las que ha escogido el hombre plural. Aquellas en las que se identifica quien está leyendo y se dice, como en un espejo: soy yo. Y en ese yo palpita lo que ama y desama: amor, muerte, vida, temporalidad, alegría, tristeza… Todo cuanto rigen el eros y el tánatos.

3.- Muchos ejemplos hay de puro y perdurable biendecir. Concedámosle a cada uno, generosamente, la excelsitud. Supongamos que su arquitectura es perfecta, su música, intachable, su versificación, su léxico ... Todos esos y otros elementos han conseguido aunarse para que nada sobre y el conjunto nos diga contundentemente algo que nos importa como individuos sensibles y reflexivos, amantes de la belleza y de la comprensión del ser humano. Cada lector se ha visto en él o ha visto un fragmento de su identidad y la del mundo. Su autor talló un diamante al traducir a palabras la existencia y al conseguir que estas se tradujesen de nuevo en vida en quien las lee. 
     Bien: el lector que quiere ser autor se pregunta ante ellos: ¿Cómo surge el poema -una música, un cuadro-?