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jueves, 27 de julio de 2017

Como un Dios deseado y deseante


Parsifal: Los encantamientos del Viernes Santo

Quienes confían en un Dios que resuelva sus problemas no potencian su voluntad para resolverlos; debilitan su personalidad, aunque parezca que la acrecen: porque su esperanza no está en las propias fuerzas, sino en las de un gigante desconocido que tal vez recuerde que debe protegerlos, no humillarlos.
Hoy, en Bayreuth, vuelve a sonar Wagner en su búsqueda más mística de Parsifal, tan opuesta y complementaria a la del Tristán. Fue esa deriva hacia el religiosismo wagneriano lo que encolerizó a Nietzsche, creyente de "la muerte de Dios", y lo alejó de su admirado compositor.
Escuchar
Parsifal (Bayreuth):

miércoles, 26 de julio de 2017

En Bayreuth


Escucha a las 16:00 horas el

Ahora puedes ver, oír -y leer en castellano- 
Tristán e Isolda:


Aunque Radio Clásica ya no es lo que era hace unas décadas -porque, siguiendo los desvíos del hombre, se ha trivilizado, como todo, para ponerse al servicio del ocio más superfluo-, sigue emitiendo estos días, como hace anualmente, esa victoria extraordinaria del Arte sobre la Economía -no sé si en la más alta ocasión que vieron los siglos o porque la soberbia de un hombre pudo más que la de un rey-.

Me refiero al Festival de Bayreuth que iniciase Wagner para gloria de sí mismo -en 1876- y para gozo de la Humanidad. 

Si hay que citar cuatro himalayas de la Música, el primero en el que suele pensarse es Mozart. Pero frente a la facilidad natural de tal pentagramista para construir belleza -que lo hace parecer un dios o extraterrestre entre los hombres-, prefiero a los hombres cuyo esfuerzo los convierte en dioses terrenales.

Prefiero -cierto que ma non troppo- a Bach, Beethoven y Wagner (a pesar de que siempre Schumann haya sido mi alter ego). La pluma, el pentagrama, el pincel y demás herramientas creadoras de la prolongación del universo debieran ser forjadas por sus dueños en el mismo crisol que esta tríada inmensa forjó sus péñolas: la sensatez, el equilibrio, la armonía, la ambición, la constancia, la revisión ... todo lo que determina que un poema -y sus sinónimos artísticos- sea tallado como un diamante.
La música es la única palabra 
que desmiente la inefabilidad.

lunes, 24 de julio de 2017

Discurso de las armas o las letras.


Shostakovich: Sinfonía nº 7

Salió a buscar cualquier libro que le dijese algo que aún no conociera. Hay tantas cosas que desconocemos. No pensaba en erudiciones científicas o artísticas, sino en esas pequeñas o grandes cuestiones que, al comprenderlas, nos ayudan a aceptar la vida, el sinsentido de existir. 

Desde un balcón de mármoles y flores lo miraba un mirón enriquecido, mientras en la otra parte de la calle sollozaba un mendigo esperando una dádiva.

¿Está la vida en los libros o es esta inapresable en un cuadro, una música, un poema?

Camino de la librería oyó los aullidos de una procesión de ciudadanos exigiendo derechos, con voces menos moduladas y más estentóreas que las que teje una pluma sobre un libro. 

Allí, en medio de la manifestación, había sangre latiendo y carne de vida, y aquel río en desorden era manantial de existencia, ruido de muchas hambres, sed de evitar sufrimiento cotidiano, no solamente abstracto o metafísico.

¿Qué hacer? ¿Pertenecía él al rango de los contemplativos desde su íntima azotea, al de los mendicantes de respuestas o al de los que se convierten en preguntas y respuestas vivas? ¿Seguiría su camino rumiando las palabras que buscaban transformarse en un poema apresador de existencia?

Entró en la muchedumbre y anudó su mano a las que se aferraban a una de las pancartas de estruendosa caligrafía.

sábado, 22 de julio de 2017

Kandinski


Kandinsky / Strawinsky (Capriccio piano y orquesta)

Observando la evolución de Kandinsky apreciamos el alejamiento de las formas de la realidad externa hasta desfigurarse, y la aparición e inclusión progresiva de otras formas desconocidas que sin duda pretenden moldear una realidad invisible para los ojos, pero sentida como impulso o sensación interior. Es decir: el oleaje que diluye las figuras y traza otras inéditas para la conciencia.

viernes, 21 de julio de 2017

Factores ecológicos



     Si pudiésemos comprimir los cuatro mil quinientos millones de años de edad de la Tierra en un solo día, y contemplar sus gráficos en un panel, veríamos -según William Bryson- que solo hacia las diez de la noche surgieron las primeras plantas terrestres; que hacia las 23 horas nacieron los dinosaurios; y que la vida homínida a la que pertenecemos apenas representa los últimos setenta y siete segundos de esas 24 horas. ¿Cuántos segundos nos quedan, y por qué nos autodestruimos y destruimos el planeta?
     Necesitamos creer que la vida tiene un fin; pero, ¿y si la vida fuese solamente una pulsión de la energía del cosmos, que crea seres para descrearlos, y que somos materiales fungibles aunque nos soñemos inmortales, reencarnables, dignos de alguna metafísica misión? ¿Sería mejor atenernos solamente a la certeza de que los demás nos necesitan solo hoy? ¿O acaso los derechos humanos que hoy nos amparan no incluyen el amparo de nuestros descendientes y el deber de prevenir el mañana? 

jueves, 20 de julio de 2017

Alrededor del amor, 10

Wagner: Venusberg

11.-La sinrazón represiva.-
             El corazón siente, el cuerpo desea: el amor es ternura y es pasión. Quien niega el propio cuerpo es que no siente el corazón del otro, el otro cuerpo. Rechazarse los cuerpos significa no sintonizar los sentimientos, fracasar la atracción, indispensable para el encuentro erótico y el enamoramiento. Negar el beso o el coito es confesar la ausencia de pasión y sentimientos. Pueden juntarse los cuerpos sin amor. Pero el amor siempre une los cuerpos. (El “homo eroticus” incluye al “homo sexus”, aunque estos no impliquen siempre al “homo amoris”). Esa dicotomía o sintonía, hijas de la naturaleza, esa reciprocidad o adversidad, carnal o espiritual (mental al fin, pues la siquicidad es la única fisicidad) no siempre ha seguido el camino diestro que le era conveniente y necesario. La sociedad y sus estrábicas liturgias religiosas y mundanas han entorpecido, zancadilleado y perseguido el natural discurso de las conductas amorosas. 

martes, 18 de julio de 2017

El nombre del futuro.




Lección inaugural: Por qué estudiar

Nada hay mejor para comprender las maldades y bondades de nuestro mundo que imaginar otros mundos alternativos al nuestro. Basta con leer lo que han conjeturado otros en sus utopías y distopías. Tomás Moro describió lo bueno; Jonathan Swift lo bueno y lo malo. Más cerca de nosotros, ideando una sociedad futurible, Huxley, Orwell, y Bradbury muestran un mundo feliz pleno de infelicidades en los que se ha matado la voluntad para sustituirla por la del dictador del pensamiento uniforme. 
     Para ello es suficiente con seguir la divisa: no leer, no ejercitar la conciencia crítica, asumir las consignas, reducir el bienestar al confort de lo efímero: no pensar. No es casualidad que en los tres títulos más conocidos de esos autores el objetivo sea la eliminación de la lectura (y de los disidentes sensatos del sistema, que lo son porque han leído): en “Farhenheit 431” los libros son quemados; en “1984” se alteran según la conveniencia de quien gobierna; en “Un mundo feliz” no existen los libros. Incluso en “La máquina del tiempo”, del lejano H. G. Wells, los libros son fósiles abandonados. Es el triunfo de la Inquisición disfrazada de Progreso que hace suyo “El nombre de la rosa”, de U. Eco. No leer -la inexistencia del libro- supone carecer de la experiencia adquirida por la Humanidad, y por lo tanto condenar al hombre a regresar continuamente a sus orígenes más bárbaros, puesto que ninguna generación puede aprender de la anterior.
     Lo que me queda por decir es más lamentable todavía, porque no ocurre en la ficción: ¿Qué diferencia hay entre los mundos de esos mundos -todavía ficticios, por ventura- y el mundo en que vivimos, en el que la educación no enseña a leer y en el que el único libro de texto es la televisión y los juegos de ordenador? ¿No se está imponiendo también una divisa que pudiera formularse como "atrofiado el músculo de la mente, el individuo pertenece a quien programa su atrofia?”.
     Parece ser que el cerebro consume casi una cuarta parte de la energía que necesita el cuerpo humano. Sin duda, los ministros de incultura e ineducación tratan de ahorrar la energía del planeta: tal vez hayan leído “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle, y quieran convertir al hombre en una criatura con un cociente intelectual digno de ellos.
     No es extraño que Daniel Defoe decidiera hacer regresar al bueno de Robinson Crusoe a la isla en la que había experimentado la utopía de que el hombre solo se necesita a sí mismo para sobrevivir sin dejar de ser una persona.
     Por eso: No es mala estrategia leer en el aula esos títulos (aliviados con sus versiones cinematográficas, que las hay dignas: Truffaut, Annaud, Schaffner, Pal, Rafford) y la orientación del profesor): contra lo que malpiensan algunos biempensantes depredadores de la enseñanza y la cultura -porque predican una enseñanza sin educación-, los alumnos se rebelan ante esas visiones, no las quieren para sí mismos y las combaten atrincherándose en la biblioteca: porque el profesor ha tenido la habilidad de hacerles ver que son ellos los hacedores del futuro y su única arma defensiva, pacífica además, es la cultura.