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lunes, 25 de junio de 2018

Una visita a Bigastro


La Unión musical de Bigastro interpreta el "Amanecer" de Grieg.

Hacía muchos años que no visitaba Bigastro, donde viví parte de mi infancia. Recuerdo un piano, un acequión, el fragor de las "chicharras", naranjas y limones... Cuando pasan las décadas no sabemos si nuestros recuerdos son experiencias propias o reconstrucciones nostálgicas de lo que los demás nos han contado. Sin embargo, para volver a la patria chica basta con viajar por la tierra del corazón. Allí perduran los padres, los abuelos, los niños...
     He estado en Bigastro hace unos días. Me invitaron a la presentación de la revista Barro, del Instituto Miguel Hernández, para la que me habían pedido una colaboración. Allí estaban las autoridades académicas y ayuntamientales, y profesores y alumnos...
     No es poca cosa, sino muy grande, que en estos tiempos en los que la enseñanza tiene ya poco que ver con la educación, y en los que la tecnología es un Atila que no deja crecer la mente, un centro educativo se preocupe de enseñar humanidades y de educar para crearlas. Eso es lo que se demuestra en este nº 2 de tal revista, "Barro", coordinado por Mateo Marco Amorós. Y se demuestra bien: porque no es una revistilla simplemente curricular, sino vocacional de la creatividad: si así no fuera, no contendría los textos que contiene ni estos y sus fotografías hubieran sido tan impresorialmente cuidados. Nombraré entre ellos, por ejemplo, el dedicado a reivindicar a Thomas Villanova, escrito por Pascual Segura, quien se ha ocupado de tal personalidad dieciochesca olvidada en un libro, Thomas Villanova, el científico de Bigastro que descifraba las estrellas, editado también hace unos días.
     Vaya para todos mi felicitación. Y mi agradecimiento a quienes, inesperadamente para mí, orientaron su discurso hacia mí y me dedicaron unas palabras, algunas de las cuales -las de la profesora Mª Dolores Rodríguez G.- reproduciré mañana aquí.
  Pulsar para leer >> Primer nº de Barro


     

domingo, 24 de junio de 2018

En torno al abstraccionismo, 3 (Metamorfosis artísticas)


Elgar: Variaciones "Enigma".

3.- Metamorfosis artísticas   
El Arte es la reconstrucción de un diario de la Humanidad que jamás se escribió. En él se refleja la íntima historia de los anhelos y desengaños del ser humano desde el origen: sus devastaciones y sueños, su identidad. Cómo fuimos y cómo quisimos y queremos ser. 
Ahora bien: el hombre es un ser cambiante, como su entorno, semejante a un camaleón que se adapta a él tanto como lo altera. Busca el mejor modo de perpetuarse, la mejor construcción artística a través de estéticas idóneas; se convierte en pirámide, catedral, libro, cuadro, sinfonía. De modo que, tras tan larga caminata en busca de identidad perpetua, ¿qué nos dicen las artes todavía? ¿Nos llegan sus caminos? ¿Y por qué camina el hombre tanto sino porque, además de por su afán perfeccionista, en el sendero acecha el darwinismo artístico, esa lucha por la supervivencia en la que cualquier creador con genio y ciencia puede arrebatarnos, con su mejor construcción, la perennidad, pues el futuro solo es de los mejores -y ser mejor significa matar, hacer olvidar, a los demás-? Triunfar es matar al otro, y la muerte de lo ajeno la inmortalidad de lo propio. Así, todo es un intento de edificar un Carpe Diem intemporal, valga la paradoja. Es un deseo de hallazgo definitivo, de perfeccionamiento que implica búsquedas y que a veces parecen pérdidas del norte perseguido. ¿Tal vez ocurre eso hoy? ¿Se ha perdido, o desorientado, el creador? 
     Observemos: el espectador se pasea entre los cuadros de una exposición. Busca en ellos un espejo de la naturaleza, como ha hecho la pintura desde sus inicios -salvo en el último siglo-. Pero los colores, líneas y volúmenes tradicionales se han liberado de las formas con las que representaban la realidad visible y muestran un “paisaje”, al parecer, sin orden. ¿Qué ha ocurrido en el arte? ¿Ya no se puede decir de ningún cuadro que -como de la Gioconda- es un paradigma esencial del ser humano? ¿Dónde están las figuras que mostraban una escena campestre, retratos, o batallas? Incluso los últimos pintores antes de las vanguardias mostraban una imagen reconocible en la realidad, por muy impresionistas que fueran. Pero ahora, en los autores del último siglo, ¿qué hay que mirar, reconocer, calificar? ¿Dónde está la imagen?
     La construcción de una forma, un estilo, una idea es la sucesión acumulativa y restrictiva de unos impulsos y criterios a lo largo del tiempo. ¿Qué ha sucedido desde el Renacimiento? Que el autor ha ido separando y uniendo libremente lo que ve y lo que siente. Ha pasado de mero espectador y reflector de las cosas a inventor, a creador de un mundo alternativo o complementario del cotidiano. Así se llega al abstraccionismo. Para ello el pintor -el poeta, el compositor- ha añadido a sus ojos los de la mente emancipada de preceptos y ha pasado a ser un visionario: ve lo que tiene ante sí y lo que hay dentro de sí. Y esto es lo que trata de expresar: la pura sensación sin apoyaturas figurativas ni equivalencias apriorísticas del mundo en que vivimos. ¿Cómo se ha llegado a tal alejamiento?

     Un día Kandinsky regresa a su casa y observa un cuadro que le fascina. ¿Cuándo ha pintado ese resplandor de formas ignoradas y colores fulgentes, ese trueno inasible que no cabe en los cánones? ¿Cómo no ha sido consciente de tal descubrimiento? Finalmente, su esposa se disculpa por haber colocado el cuadro en una posición incorrecta: pero Kandinsky ya ha visto lo que presuponía: que el arte no tiene por qué ser una imitación de la Naturaleza, sino que es otra naturaleza: la mental; y sus elementos son una abstracción de los sentidos, que precisan su propia forma o figura, y que necesita crear, inventar su propio alfabeto (algo similar le ocurrió a Strawinsky cuando, ante la violencia que sentía al escuchar en sus entrañas La Sacré, dijo: “Puedo interpretarla en el piano, pero no sé cómo llevarla al pentagrama”; y, semejantemente a J. Cantero cuando afirma: “Cuando escribo traduzco desde un idioma que no conozco a otro que también desconozco”). Y se aleja de la realidad visible para escudriñar la invisible y figurativizar lo visionario, lo informe del siquismo. Los paisajes interiores deben encontrar su manifestación expresiva en el cuadro, y para eso es preciso un nuevo lenguaje, que pasa por construir desde las ruinas de lo anterior y edificar sobre ello de modo que lo expresado no se refiera sino a sí mismo. Esa falta de referencia al mundo ajeno -la autorreferencialidad- es lo que dificulta la aceptación del espectador, pues la historia de la pintura hasta ese momento se fundamenta en la imitatio, no en la creatio. Así es como empieza la búsqueda de paradigmas de la modernidad. (Y, como en cualquier otro arte, si esos paradigmas no lo son del hombre esencial, nada valdrán por mucho que aspiren a ser cumbres artísticas. ¿O acaso una lata de coca y un urinario son algo más que fantochescos iconos de la coyuntura social?).

sábado, 23 de junio de 2018

En torno al abstraccionismo, 2 (Los poderes del arte)

Beethoven: Claro de luna


2.- Los poderes del arte.
De modo que, si saltamos desde la sabia infancia rupestre hasta los arbotantes de la cultura griega, este es un ejemplo de cómo empezó todo en Literatura, Música, Pintura; y de cómo el Arte se convirtió en creación, identidad, perdurabilidad  y fascinación del hombre:
Un día de 1277 Dante observa, al cruzar una pasarela, a una adolescente a la que llamará Beatriz en sus escritos: y siente la plenitud del amor; tanto que le construirá la catedral de la Divina comedia. Otro día de 1503 Leonardo contempla un rostro que se empeña en categorizar como el de la belleza y la serenidad: y talla con sus pinceles el manantial que es La Gioconda. Un tercer día, hacia1800, Beethoven sueña con el amor de Giulietta Guicchiardi: y compone el diamante de la sonata “Claro de luna”. 
     Tres hitos, tres instantes, tres trincheras de la sensibilidad contra este mundo tan insensible al corazón. Hoy leemos la Vita Nuova, contemplamos a Madonna Elisa, escuchamos el Claro de luna: y, de repente, se produce el milagro: renacen junto a nosotros Dante, Leonardo y Beethoven: y somos ellos por un momento, se nos agolpa misteriosamente su magia y la mitología de un breve paraíso. 
     Ese es el poder del arte: la transfiguración de nuestra realidad cotidiana en otra con la que soñamos y que nos enjoya la existencia. Porque Dante viene acompañado de la revolución poética y filosófica del Renacimiento: y son Petrarca, Garcilaso, el Siglo de Oro, Lope, Góngora, Quevedo, Bécquer, Juan Ramón… quienes se instalan en nuestra conciencia para seguir viajando hacia el futuro.
     Lo mismo nos ocurre con la súbita resurrección de Leonardo y Beethoven: se sientan junto a nosotros y nos traen todo su tiempo, y el tiempo que los hizo posibles, y el tiempo que ellos ayudaron a crear… esos mundos llamados Wagner o Malher, Rubens o Velázquez… 
¿No es, por tanto, el Arte el mayor Dios y la mejor panacea? ¿Qué otra constelación de qué universo dignifica más al hombre? ¿Es el océano como El mar de Debussy o Rimski-Korsakov? ¿Son las montañas tan plenas como la catedral de Rouen? ¿Algún viajero hay mejor que Ulises? ¿Está la vida tan viva como en La montaña mágica, de Mann? ¿Acaso existe algún cielo más divino que la Capilla Sixtina? ¿Algún soñador más ejemplar que Don Quijote? ¿Algún himno a la esperanza mayor que el de La Novena Sinfonía? ¿Algunos enamorados más fascinantes que Romeo y Julieta? ¿Un éxtasis más alto que el de Yepes? ¿Cuál es la realidad, la que vemos con nuestros ojos o con los del creador de cuadros, músicas, poemas? 

viernes, 22 de junio de 2018

En torno al abstraccionismo, 1 (Semillas)




Digresiones sobre el abstraccionismo


1.- Semillas.
No hay pulsión más fuerte en el hombre que la de la inmortalidad. El instinto de supervivencia anida en los genes humanos y animales, y su insatisfacción provoca actos como el de Eróstratos: ese es el origen del arte: la creación de un yo inmaterial -prolongación del propio- que levite sobre el tiempo y mantenga vivo al artista creador. Para conseguirlo, el hombre inició un proceso de abstracción de su propia carnalidad hasta convertirla en espiritualidad: un día observó que otro como él yacía inerte, muerto, en un lugar inhóspito: y ya solo existía en su memoria. Con esta lo resucitaba. Así que pensó en resucitarse a sí mismo de igual modo: prolongando su ser en sus obras, dándoles la vida que anhelaba para sí. Empezó a conquistar la eternidad desde Altamira.
La conquista del mundo por el hombre ha ido desde la apropiación de los espacios físicos hasta la exploración del continente más sumergido en su conciencia: de la interpretación del mundo a la expresión de su mundo, de la realidad exterior de la Naturaleza a la creación de otra realidad u otra Naturaleza síquica, verdadero demiurgo de todo cuanto existe en la materia visible e invisible. En fin: ha logrado la comprensión de las cosas con forma y la expresión de esa otra cosa sin forma que es lo que late en la mente. 
En ese camino ha llegado desde la figuración de cuanto vemos a la configuración figurativa de cuanto no vemos más que al expresarlo, escribirlo, pintarlo, componerlo: a la concreción formal de lo que carece de ella. 

jueves, 21 de junio de 2018

La invasión del intruso

Mahler: Resurrección

Desde el instante en que aceptamos que la vida es inaceptable y, sin embargo, no nos suicidamos, estamos rechazando la validez práctica de todo silogismo y cualquier ética.

La existencia es un problema que no sabemos resolver. Ni siquiera acudiendo al logaritmo de un Dios. Pero he aquí que el instinto de supervivencia es más fuerte que cualquier divinidad, intelecto o melancolía. Y seguimos fluyendo hacia la muerte, único monstruo que no puede vencer la voluntad.

¿Tendremos que sucumbir ante tal evidencia o, mejor, sonreír ante la inevitable invasión de ese intruso? 


miércoles, 20 de junio de 2018

No es arte todo lo que reluce


Decir arte conceptual es tanto como decir de un poema que es metapoético o metalírico: que trata de la propia poesía. Que prefiere indagar la razón de la escritura -o composición pictórica, o musical- a la emoción que produzca. Y entonces tiene más de ensayo literario que de lírica, por mucho que diga sobre cualquier arte. 
     Pensamos anudando palabras -pinceladas o notas-, y estas forman conceptos. Así que nada hay que no sea conceptual y nada dice el término arte conceptual. La abstracción o el surrealismo son conceptos de la realidad plasmada como irrealidad o realidad del subconsciente. 
     Es lógico que en este mundo actual -en el que la frivolidad y el asentimentalismo van suplantando al hombre sentidor y reflexivo- el arte se devíe a hablar de sí mismo como un nuevo tema. Y que este se multiplique en obras que atienden a la poética, la incidencia social, las reglas de composición, las entelequias adyacentes a la íntima creación. Es lógico, digo, pero no debe sustituirlo: porque el arte que queda es el que contiene al hombre y lo resucita, no el que se detiene en sus coyunturas. Si una obra no se constituye en un ser humano, entonces es una majadería más o menos inteligente.
    Tampoco es enteramente nueva tal desviación, como demuestran las poéticas de Boileau o Luzán, y mucho antes Aristóteles, Lope, Cervantes; y después, la poesía civil, y algunos "novísimos". 
     ¿No es conceptual el Conceptismo de Quevedo, y aun Las soledades de Góngora? Cuando Velázquez idea Las hilanderas está conceptualizando el arte dentro del arte. Y cuando el pintor difumina o crea la perspectiva conceptualiza su obra porque le añade una breve teoría práctica al cuadro. Y si Van Gogh o Renbranth se pintan pintando es porque conciben el cuadro como espejo y no solo como pintura de retratos. Asimismo, al componer la Tetralogía o el Tristán e IsoldaWagner promulga sendos tratados sobre el Poder y el Amor. Lo demás -las últimas tendencias- aún está por ver si son simples saltimbanquismos de la ociosidad ocupada en pintar, escribir, componer. 
     Un poco antes: si yo fuera, por ejemplo, Leonardo, me sentiría insultado cuando oyese llamar arte -equiparable al suyo- a una pipa de la que se dice que no lo es, un urinario, una lata de refrescos, el avestruz de Jacinta... 
     ¿Es arte cualquier cosa que nace de cualquier concepto y que se exhibe en cualquier sala de arte? 

martes, 19 de junio de 2018

El hombre que saneaba la escritura


Lo seguí simplemente, sin cuidado ninguno. Disparé con solaz, como si cazase un antílope. ¿Para qué iba a preocuparme? Hubiese despertado las sospechas de un mundo que se siente culpable y necesita perdonarse asistiendo a culpabilidades mayores que las suyas. 
Cuando los noticiarios y otras fantasmagorías difundieron la noticia fui propuesto al Nobel del Fija, Limpia y Da Esplendor Universal por haber librado a la Sociedad Lectora de una pluma tan podredumbrosa que había engendrado tantos ciegos.