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viernes, 14 de junio de 2024

ÍNDIGO está leyendo Cántico erótico.


Índigo Horizonte está leyendo Cántico erótico

Si te vas de mi vida...

Si te vas de mi vida me quedaré sin vida, 
y si vives conmigo viviré para siempre. 
Cuando pronuncio "siempre" hablo de plenitud, 
de espacios sucesivos entre tu corazón 
y el mío recorridos tan solo en un instante
en el que la materia se disuelve en espíritu; 
hablo de claridad en la noche estrellada 
y en la mañana diáfana, cuando los ojos cierran 
sus párpados y el tiempo es un lago apacible, 
infinito y estático: cuando los cuerpos yerguen 
su clamor y se encuentran en la luz uno al otro, 
habitantes de un mundo que solo ellos habitan 
y llenan de esplendores: cuando los astros alzan 
bajo el mar sus embrujos y el universo dicta 
las leyes de la carne, materia única y causa 
de todo cuanto un día, en sísmico estallido, 
originó el edén al que aspiran los besos. 
Si me sorben tus labios viviré para siempre.


Reubicar 21-2-23

jueves, 13 de junio de 2024

Entrevista Biblioteca Virtual Cervantes - A.Gracia

 


Entrevista Biblioteca Virtual Cervantes

Reubicado 13-9-23


Soneto para un poeto


Altas odas y plúmbeas cimitarras...



No géiseres de insomne verborrea
escribas complaciente y complacido:
babeles son de plumas sin sentido,
estupros de la orgía farisea. 


No promiscues la frágil panacea
que es la escritura -para el hombre herido-
con estrategias que son solo un ruido 
provocador de infausta cefalea.


No es radiante inventar cualquier lenguaje 
sin carripochear con glosolalias
la mandoblez del tuétano sombrío.


No meliflues el probo vasallaje
del lector enmismado en ecolalias,
¡oh tú, necio juglar misantropío!


miércoles, 12 de junio de 2024

Albada (Traducción al italiano, y voz, de Juana Rosa Pita)



Mattinata


Spesso l’anima cerca di trovare

nella morte silenzio al suo dolore,

e altre volte, quando

ha sfiorato un Eden, bramosa,
vorrebbe essere eterna, sciogliersi

in una calma spopolata
a cui sempre aspira e mai raggiunge.
Così amore e dolore sono confinanti;

e vita e morte ombre

di una ineffabile, segreta luce. 


Albada

Cuántas veces el alma busca hallar 
en la muerte silencio a su dolor,
y cuántas otras, cuando
ha rozado un edén, avariciosa, 
quisiera ser eterna, diluirse
en esa placidez inhabitada
a la que siempre aspira y nunca llega. 
Así amor y dolor son fronterizos;
y vida y muerte, sombras
de una maravillosa luz secreta.


Manuela García Gómez lee CASI UN POEMA

Hacía yo aquel ejercicio de inutilidad que la España ordenaba a la juventud para que supiese cómo morir por ella con un arma en la mano y como carne de cañón, supongo. Entonces apareció mi primer librito -que poco después hurté, para quemarlo, de todas cuantas casas visitaba-. 

En aquel inejemplar título había, no obstante, y sin nada que ver con el resto de su contenido, un poema que ahora recojo de una antología que lo rescató. La causa es evidente: tiene poco que ver con la literatura.
Aquí ofrezco dos lecturas: una de Manuela García y otra propia:



Casi un poema

Padre.
Palabra desterrada del poema.
Qué puedo decir de ti para cantarte.
Apenas si en la Historia hay algún verso
que cante a los que fueron como tú
padres del sentimiento de sus hijos.
Mas no basta el silencio de la Historia
para callar mi voz en tu alabanza.
Tal vez nunca existió
un padre como tú,
que callas y no dices
que lo malo está mal,
que callas y no dices, pero tienes
un silencio que es un consejo alegre.
Qué puedo yo decirte, qué
para cantarte,
para hacerte ternura en mi poesía
si ni siquiera has muerto
para que el sentimiento de tu muerte
se entierre en estos versos
y sea él mi poema.
Cómo amarte y decirte que te amo
con letras y con tinta
si me puedo acercar a tus oídos
y, si no susurrártelo, besártelo,
dejarte una palabra en la mejilla.
Este amor que te tengo es un plumaje
que acaricia mi alma lentamente,
un trozo de silencio que me envías
desde tus ojos cuando nos miramos.
Este amor que te tengo es una tarde
que ha perdido el crepúsculo en su luz,
como mi sombra pierde su silueta
cuando viene la noche y estoy solo,
sin esa compañera de mi gesto.
Qué puedo yo decir para hacerte poesía.
Padre.
Pronuncio tu palabra y no me sabe
más que a piedra o paloma, trigo, amor.
No encuentro de tu vida
nada que el mundo no haya hecho mil veces.
Y estás viejo y no harás
seguramente nada perdurable.
Qué puedo yo decir entonces, dime.
Dime lo que tú quieres que diga yo a los hombres.
No te puedo dejar marcharte así,
olvidando un silencio entre tus huellas.
¿No hay un grito en tus pasos, una guerra?
¿No escondes una herida en tu regazo?
Dame sangre y haré de ella tu épica,
forjaré un mundo donde tú seas sol.
Dame sangre, tu sangre, dame sangre... 
O tal vez te has dejado la sangre allá, en la vida,
en las otras heridas que no sangran,
cuando yo te pedía un pan que fue
el precio de tu sangre sin espinas.
Si es este tu martirio ya tienes redención;
porque puedo pensar que nada hiciste,
nada que el corazón recuerde sobre el bronce,
porque tuviste una batalla propia
donde yo era el fusil que te sangraba
las fuerzas cada día
cuando el perro del hambre me ululaba...
Qué no diré de ti, qué callaré.
Tengo voz para siglos si este yugo
que ciñe mi garganta, si el sudor
que me brota del alma no me ahoga
y seca mis palabras, estos gritos
que mi pluma, como a la par de mí,
llora tan húmedos ya, tan como lágrimas...
Y entonces, aquí, ahora, en este verso
es el dolor
el que me hace sentir que el otro mundo,
el de fuera de ti y de mí, no ha de saberlo,
ha de seguir oyendo tu silencio
porque yo ya no quiero repudiarlo.
Y me voy junto a ti, donde me miras,
y te dejo y te dejo y te dejo
una frágil palabra silenciosa
y una leve paloma en la mejilla...


martes, 11 de junio de 2024

Conan Doyle: Todo Sherlock

 



El gen lírico esforzado.

Strawinski: Apolo y las musas

La inspiración no es un vómito de las musas sobre nuestra pluma. Es verdad que en el laboratorio del cerebro se dan cita a veces los ingredientes imprescindibles para alcanzar un cierto grado de clarividencia. Pero la inspiración es un acto de concentración y serenidad en el que la palabra vislumbra su exacta geometría y se deja caer, por nuestro esfuerzo, como un tatuaje sobre el folio. En esos instantes -a veces inesperados como un súbito y urgente telegrama, otras mientras caminar significa pasear por nuestra mente, y en otras ocasiones buscados al provocar un breve trance- vemos lo invisible, oculto por el tráfago de otros estados de ánimo. 
    Ahí se congregan o bifurcan las opiniones sobre si el artista nace o se hace: pero este no podría hacerse si no naciera con determinadas cualidades ni si, aun con estas, no las trabajase. Y de ahí la validez de las afirmaciones de Wordsworth, Poe, Bécquer, Lorca, Valéry..., inclinadas a afirmar que el poema -la obra de arte- surge de la unión de lo que podríamos llamar el gen lírico y la artesanía del esfuerzo.