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miércoles, 15 de julio de 2020

¿Qué es la belleza?

¿Qué es la belleza? He aquí una respuesta:

¿No es este Nocturno (del cuarteto nº 2 de Borodin) una invasión de la belleza, sea cual sea su definición o sustancia?
Volvamos a escucharlo:

Y su transcripción para piano, tan lírico como la suavidad de las cuerdas:

¿No transmite esta música la elocuencia callada de la inefabilidad? Ese es el secreto de los grandes espíritus: nombrar lo innombrable, hacernos ver la invisibilidad.
Muchos rostros tiene la belleza, tanto si es artística como de la Naturaleza, y sin duda este es uno de ellos.

He aquí una versión en la que la cámara visualizadora ilustra la hermosura traída y llevada de un instrumento a otro. Empieza el violoncelo su melodioso canto y lo cede al violín afiladísimo que ha permanecido en silencio. Después el tema va siendo tomado y dejado, complementado y pulsado por las distintas cuerdas:



Finalmente, el cuarteto completo en su versión sinfónica, que, en este caso, al perder la intimidad de "música de cámara", desmerece del original:

Meléndez Valdés



Los besos:

martes, 14 de julio de 2020

La verdadera historia de Judas


Beethoven: Cristo en el monte de lod olivos


Dicen los que saben decir -y no como yo, que no sé ni pío XII- que Judas er Malo era wena persona; y cuando los médicos de la Historia le diagnosticaron un cáncer consistente en que tenía que vender a su amigo Chus el de los muchos milagros, sufrió una taquicardia que ni los seísmos tectónicos.
     En fin: que buscó la manera de evitar lo inevitable, porque alguien tenía que ser el besador norturnal de los holivares (*) y, si no era él, caería sobre otro la maldición de las 30 monedas. Buscó a la Verónica pa vender su paño como oro en tal o como un cuadro de Picotassso... y nada... ya lo había centrifugado... Trató de vender los derechos de autor de la oreja cortada del Vangog ese... y también lo había hecho ya el Cefas... Pensó ganarse el sueldo como político que politiquease de otra manera y se fue a ver al Poncio... , pero, también, ya estaban hechas todas las trampas de la ley; incluso ensayó muchamente la multiplicación prestidigitatoria de los planes y las preces, pa venderlos y ganarse el sustento... pero el probe no sabía ni sumar... 
     Totar: que ...
     Pero ¡... veo que esto os importa poco...!  Así que otro día, si hos beo más hinteresaos, contaré cómo acaba la historia y cuál fue la muerte y resurrección de Judas, que en gloria esté ...

     (*) Hevidente herrata del kopista nº 4.

lunes, 13 de julio de 2020

El rostro del internauta.



Mozart: C. piano nº 21

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...


Ante algunos comentarios y correos recibidos creo oportuno decir:
     Escribo en un blog, aunque muchos accedan a él desde Facebook (con lo cual no todos saben que se incluyen audios y vídeos). 
     Si yo escribiera solo tontorronerías -que también tontorroneo- debería preguntarme si son ellas las que han hecho que este blog lleve más de 877.000 visitas y, por tanto, si es que los internautas son tontorroneros. 
     No lo creo. Prefiero considerar que dichos internautas se interesan por muchas cuestiones serias, metafísicas, literarias, artísticas ... que son, salvo excepciones, las que trato; también están atentos al humorístico sesgo que incluyo de vez en cuando. Por lo tanto, internet es un reflejo del mundo y también lo mueve: es, para bien y mal, su consecuencia y también su causa. Porque es cierto que el homo sapiens necesita descansar de sus seriedades satisfaciendo lo que el homo ludens le reclama: sonrisas.
     Es decir: que el intenauta se interesa por todo aquello que constituye el meollo de la existencia; pero, como es sensato, también desea descargar la angustia existencial, mucha o poca, que acosa a todo aquel que permanece vivo contra la muerte: y al "dolorido sentir" de Garcilaso opone el obstinado reír de Quevedo. Ese es el rostro del internauta: la voluntad hímnica a pesar de una elegíaca existencia. No es gratuita la primera palabra del título del blog: Mientras mi vida fluye hacia la muerte.




viernes, 10 de julio de 2020

Para entender la Edad Media (cine)


Una historia de amor en medio de la guerra de un mundo mágico por la superstición, la adoración de la Naturaleza y el estremecimiento del poder.
El señor feudal, cansado de batallas, queda fascinado al contemplar la belleza en forma de una joven saliendo de una infesta laguna; ejerce su derecho de pernada y ambos se enamoran. 
Salvo Bergmann (El séptimo sello, El manantial de la doncella), pocos cineastas han reflejado la prodigiosa realidad de la Edad Media. La violencia como una piel que oculta el sentimentalismo, las miradas acusadoras en su comprensión, el amor a punto de estallar como un trovador que canta... todo cuando inmediatamente se trasladaría al monasterio y al "amor cortés" mitigador del dolor.
Una gran ilustración en forma de una respetable película.

PULSAR

jueves, 9 de julio de 2020

LEER ES DEFENDERSE DEL POLÍTICO



Vivir es un asunto cotidiano que los líderes sociales tratan de organizar imponiendo lo que creen mejor para nosotros y que en realidad resulta ser lo óptimo para ellos. En lo único en lo que no pueden ser déspotas es en cuanto atañe a nuestra vida íntima. Y esta la hacemos cada uno moldeando nuestra mente.
     Todos sentimos que lo mejor es aquello que sintoniza con nuestra sensibilidad y conocimientos. Pero como no debemos imponer nuestros gustos a los demás, si acudimos a un criterio democrático, los mejores criterios son los que mantienen su vigencia a lo largo de los siglos porque complementan el corazón con la razón: el “sentipensamiento” de lo esencial humano. Esa complementariedad está en los libros. Por eso no hay ningún mal libro que se mantenga vivo, y por eso ninguno de los que parecen vivos y son malos permanecerá. Si el filtro del “sentipensamiento” es la vigencia y no lo coyuntural, las consignas y los éxitos pasajeros solo son productos de una moda, y serán olvidados cuando se imponga otra moda, igualmente efímera. 
     Igual que un niño acostumbrado a ver malos tratos en su casa termina considerando que eso es lo normal y lo correcto, expuesto diariamente ante el televisor acaba creyendo que la televisión es el mejor libro y ya no lee ningún otro, porque en él solo existe una página en la que se ha escrito: no leerás. Este es el motivo por el que no hay que alimentar el intelecto con violencia o con bazofia, que es lo que se ha hecho desde el "pan y circo" que criticaba Juvenal e impusieron los césares de todos los tiempos.
      Dice Don Quijote que no hay libro malo que no contenga algo bueno; pero el saber sí ocupa lugar: el que -mientras aprendemos- desplaza otros saberes imprescindibles: por eso es mejor leer y aprender primero lo que nuestros ancestros han decidido dejar como cimientos de una cultura esplendorosa.
     Esencialmente, el hombre actual es el mismo que el de las cavernas, y las esencias humanas están recogidas por los clásicos. En ellos se condensa la Humanidad. ¿Cómo no tenerlos presentes, si son nuestros orígenes y los que engendran nuestro futuro? Siempre estamos bañándonos ‘en el mismo río’ (Heráclito) sin retorno porque ‘lo que es, lo es’ (Parménides) inexorablemente. La tecnología ha cambiado la sociedad, no -aún- al individuo. Vivimos en una Antigüedad tecnologizada y seguimos siendo griegos y romanos. Yo encuentro más ruinas mentales hoy que en la Antigüedad. En la caverna del cráneo siempre hay un ser grecolatino, un humanista, mostrándonos senderos. Sigamos esa senda, pues la tradición es un camino que anda.
     Dice Aristóteles que la Poesía muestra las esencias y la Historia las circunstancias. Podemos ahondar: la Poesía, la Música y la Pintura nos dicen qué siente el hombre; la Historia nos cuenta la biografía del tiempo; la Filosofía y Sicología nos dicen cómo mejorar la biografía íntima y universal; las Ciencias, cómo vivir mejor físicamente...
     Lo demás es editar y leer bisutería para que permanezca la politiquería. Y no somos responsables de lo que se escribe, pero sí de lo que leemos. Así que, puesto que la enseñanza ya nada tiene que ver con la educación (porque así lo han decidido los políticos), las idóneas lecturas son el único futuro que les quedan a estas. 


martes, 7 de julio de 2020

Como si fuera mi autobiografía.






Era como si el niño asustado que todos llevamos dentro despertase y saliera de su escondite gritando con un aullido interminable. Eso sentía cuando, apenas conteniéndose, salió de la consulta en la que el médico le reiteraba su veredicto, al parecer inapelable. 

Recordó un antiguo título y sus primeras líneas: Como si fuera mi Autobiografía: "Nací cuando necesité pensar para combatir la muerte. Lo demás ha sido una continua adaptación a la yacija de la tumba".

Se acabaron las desdichas existencialistas, los intentos de suicidio... y también el naufragio entre libros amados y los erotismos con los que mitigaba la condición mortal.

Siempre había temido ese momento, aunque supiese bien que nacer es empezar a morir y viviera siempre agonizante. Sin embargo, tras una primera puñalada de dolor, despertó en él el odio contra los dioses, hacedores de un mundo indigno y desolado: y se sintió, como tantas otras veces, mártir del capricho de algún inescrutable Polifemo devastador de la existencia. Qué estúpido el Artífice que crea una obra viva y amante de la vida, y le injerta, indeleble, la conciencia doliente de su mortalidad.

¡Qué hacer ahora, cuando las cenizas ya crepitaban en su sangre dispuestas a ser ascuas del gran fuego! Sus neuronas, sus células, el flujo de su sangre y sus ideas se irían extinguiendo y el prematuro otoño lo ocultaría bajo un diluvio de hojas, panteón que el viento derruiría.

La pluma, como un inútil falo, se le antojaba estéril, un soñador que alguna vez quiso crear un hálito de vida.

Sus libros: solamente un puñado de herrumbres y de ruinas arrancadas a un manantial que tampoco existió.

Sus hijos, allá lejos, perdidos en sus vidas, ajenos a su padre.

No le quedaba nada, pues nada había tenido de cuanto creyó tener.

¿Y una persona pura que hubiese comprendido la onírica grandeza de sus sueños y fuese, como hermosa albacea de su espíritu, el testigo final de su derrota?

Encaminó sus pasos hacia ella, la tejedora de ternuras, y se dejó caer entre sus brazos.