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lunes, 31 de mayo de 2021

Unamuno: El Cristo de Velázquez


 

N´este país...

 


    Cosas que ocurren en este país llamado Mundo: 

Ayer publiqué un vídeo sobre "La censura en el cine". A las pocas horas recibí de Internet un veredicto condenatorio por sedición o algo así, sin indulto, y en el que se me comunicaba nosequé sobre nosequé normas: en fin, que nadie más que yo podía verlo. 

No es la primera vez que ocurre tal semejantez; pero lo curioso en esta ocasión es que tal vídeo pudo verlo todo aquel que quiso, hace poco, ya que lo emitieron en la TVE 2, de donde lo tomé, puesto que está en Youtube, y veo que lleva más de 935.000 visitas. El curioso puede curiosearlo en los siguiente enlaces y sacar sus conclusiones: ¿hay un dios orweliano que, en el edén del bien y del mal, elige las manzanas que nos impiden el conocimiento? 

https://antoniograciaoniria.blogspot.com/2021/05/la-censura-en-el-cine.html

o

La censura en el cine

o, en directo,

https://www.youtube.com/watch?v=OmaavE-Bveo



domingo, 30 de mayo de 2021

La censura en el cine


Vía prohibitiva

No sé cómo perdura el criterio de un denunciador sobre el de los demás, que no denuncian.
Creo que el denunciante debería demostrar mi culpa, no yo mi inocencia.

Koroa Leyendo

Koroa Batekin leyendo REDENCIÓN

XLII.- La redención


Suena el viento en los árboles y suenan
las flautas y los pájaros: orquestas
de ramas y de lluvia.
¿Recuerdas los museos, bibliotecas,
las músicas, los cuadros y los versos?
Son las únicas cosas que redimen
la vida de los hombres.
Volveremos a ellos, a tallar
nuestra mente con sus sabidurías,
sus colores y cánticos.
Pero antes bebámonos la luz
de la naturaleza
para que no olvidemos que la vida
es tacto y corazón,
y no el fracaso
que el arte intenta hacernos olvidar.
Y déjame que taña una vez más
en tu cuerpo la música del cosmos.
Un cuadro, ¿nos devuelve algún paisaje?
Un poema de amor, ¿rescata un beso?
¿En qué violín escucharé tu risa?



viernes, 28 de mayo de 2021

La presente poesía del futuro (Sobre un libro de A. L. Prieto de Paula)



Barber: Adagio


La presente poesía del futuro

Ángel Luis Prieto de Paula
La poesía española de la II República a la Transición. 
Universidad de Alicante, 2021 - 844 páginas 

PÚLSAME


Es tal la cantidad de seudocultura que la cultura acumula en su camino hacia el Progreso que son necesarios muchos filtros para que solo quede la digna de ser tenida en cuenta. En el caso de la poesía, solo un buen conocedor de la misma puede diagnosticar la redimible y la condenable. Labor previa es esta a la de la elaboración de un libro en el que darle al lector una linealidad razonada de los movimientos poéticos -y sus autores- surgidos durante un determinado periodo.

    En el libro que anoto, el autor ha tenido que salvar las dificultades que implica todo conjunto compendioso y reflector del tiempo acotado. Contestarse por ejemplo a ¿Qué criterio seguir? ¿Ser historicista, preferir la cantidad, aunque sobre algún nombrado, o la calidad aunque falte alguien nombrable? ¿Ser más acumulativo que selectivo, evitar la enumeración caótica de autores que probablemente no se seleccionarían si no se tratase de evidenciar lo que hay y solo se pretendiese mostrar lo que queda de lo que fue? ¿Enumerar movimientos, estéticas y nombres o seleccionar vigencias? ¿Cabalgar sobre el tiempo diseccionando sus paisajes líricos en sucesividad cronológica o, como un guadiana que emerge y desemerge, anclar en todos los puertos que baña el manantial? 

    Con la mirada sabia que le otorga el haber dedicado sendos libros a estudiar la poesía de los siglos anteriores, el profesor Ángel Luis Prieto de Paula nos ofrece todo eso, y más, en "La poesía española de la II República a la Transición", denso y extenso volumen publicado por la Universidad de Alicante. En tan enjundioso libro Prieto de Paula aúna el criterio de la convergencia y el de la divergencia, ofrece conceptos, poéticas, autores, obras... interconectado todo ello de tal modo que el detenimiento en un nombre propio se completa con presencias de este al hablar de otros con los que mantuvo algún tipo de relación grupal, poética, coetánea..., fundiéndose así los diferentes aspectos en un totum no revolutum sino enlazador, y en un tiempo que, cuando es necesario, avanza o retrocede en lo conjuntual tanto como en lo unipersonal para que el retrato de época e individuo sea certero, complementado y no sesgado. 

    Todo estudioso debe seleccionar, amputar, preservar la palabra que ha ido pergeñando el presente de cada época y permanece como vigencia enriquecedora, subordinando el esplendor o derrota sincrónicos al criterio diacrónico: debe, pues, redimir o enviar al ostracismo a cuantos mantiene la inercia crítica o no fueron reconocidos por ella. Porque La Historia de la poesía, o del arte, no es la relación de sus autores o sus obras, sino la recopilación de unas pocas de estas seleccionadas por el criterio de la sensatez: la imprescindibilidad: aquellas que mostraríamos a un alienígena que quisiera conocer el corazón y el intelecto humano: las que dejarían incompleto al hombre si la “neurona diacrónica” las amputase. 

    En su estudio, Prieto de Paula se convierte en cicerone y demiurgo de la ingente labor versificatoria de las múltiples orientaciones estéticas, nadando, sin naufragio, en tan proceloso mar. Basta leer el extenso Índice Onomástico para otear lo multiforme y enjundioso de la contemplación. Cada poeta es catalogado y no enclaustrado en una estética o un tiempo, juzgado y enjuiciado, pero no ajusticiado; aunque, lógicamente, se sospechen las preferencias, nunca caprichudas. Tan acertado me parece el viaje, y sus singladuras, que me apresuro a calificarlo de manual de referencia, de texto canónico sobre esas largas décadas del siglo XX. Todo ello por su complementariedad y ordenamiento, su encadenación de autores y obras y su muestrario finalmente selectivo -tal vez generoso y benévolo en exceso- de lo que fue la poesía en el pasado siglo. Es un catálogo razonado de nombres, una urdimbre de los mismos y un enjuiciamiento finiquitatorio. Un texto que nace con vocación de ser referente de las próximas miradas al siglo XX y sus continuaciones.


Poemas en Akra Leuka (XXXIII) - Rafael Azuar


Milhaud: La creación del mundo


En los años cincuenta alicantinos predominaba, junto al tema social (Manuel Molina, Ernesto Contreras...), el religioso, más eclesiástico que espiritual (Santiago Moreno, Vicente Ramos...). Fue Rafael Azuar (*) quien, con un espíritu proteico, más helenístico y sensual, juntó lo pagano y lo cristiano, el amor hogareño y el amor pánico a la existencia, tratando de conciliar a Dios con los dioses. Dios está en la Naturaleza, como se observa en el siguiente poema:  

    El título inicia una estampa del origen de la creación. 20 endecasílabos arromanzados -y no muy inspirados, pero sí algo deslabazados, como si el poema estuviera sin finiquitar- pretenden ilustrar el instante en que empezó el mundo: milagrosamente, una luz, "eco de Dios", intemporal, abisal y cegadora, como un "éxtasis de almendra", ilumina, creadora, los elementos arcillescos: "el arroyo, el árbol y la tierra".     

Fiat lux


Rodeados de sombra luminosa,

de una luz que nos ciega y nos desvela, 

inmensa luz desconocida, intacta, 

que gira como rosa dulce y lenta ...

¿Desde cuándo, hasta dónde, la luz gira? 

Y nadie puede ungirla, detenerla,

tocar su entraña de amorosos hilos,

desnudar en el aire su materia.

Eco de Dios que de los cielos vino,

abismo cegador que al alba llega.

Nunca fue una palabra obedecida 

de tan hermosa y ejemplar manera.

De Su palabra al rayo un breve instante 

generador de un éxtasis de almendra,

una mañana desde dentro y pura 

que ignoraba su eterna primavera...

Y nada que rozar y nada en torno... 

¡Solo la luz, sobre la nada inmensa!

Más tarde, la luz pura y detenida 

sobre el arroyo, el árbol y la tierra.


(*) 

Hace años enviaba yo a diferentes alumnos a entrevistar autores, a fin de que viesen que la literatura no era un cementerio de cadáveres del pasado sino también una ciudad de vivos del presente. Conservo una vídeograbación de Azuar, entre otras, hecha en su casa -a la que él me había invitado para entrevistarme años antes y cuyo coloquio publicó, junto a algún poema, en un periódico alicantino.

INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

martes, 25 de mayo de 2021

Historia de la música ( 5 / 5 )

 

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Historia de la música (1)




SONETO PARA AZULINDA Otro audio encontrado en internet

 

Igualmente: ruego al lector o lectora que sea fiel al texto. Más se lo agradeceré.


De Azulinda para su enamorado

Tú dime que me amas, que me quieres

más que a todos los seres de este mundo,

y que has sido tan solo un vagabundo

buscándome entre todas las mujeres.

Dime una vez, y mil, que me prefieres

porque has hallado en mí el amor profundo

que no encontrabas, que con él inundo

tu corazón, y que sin él te mueres.

Yo te diré que sí, que creo en ti,

que nada es falso de cuanto me escribes;

que escribes para mí y para mí vives;

que en ti confío, igual que tú en mí;

que el amor es la única mentira

que el alma acepta y por la cual suspira.


lunes, 24 de mayo de 2021

Noches de blanco satén

 ¿Quién no recuerda en estos días y estas noches otras noches y otros días ni en blanco ni sin satén?


Versión completa: con vocación sinfónica y, por eso, menos comercial, por lo que fue relegada.


sábado, 22 de mayo de 2021

Poemas en Akra Leuka (XXXII) - Juan Ramón Torregrosa

Bach: El clave bien temperado 

Recojo dos poemas de los dos últimos libros de Juan Ramón Torregrosa.

1) El baile

Tal vez el lector, llevado por el juego verbal y versal, considere este primer poema frívolo y lo deseche como un coqueteo circunstancial; sin embargo, me parece que atañe a todos los lectores, puesto que el tratamiento del tema lo deviene esencial: de cómo el amor, esa música interior, perdura, física y memorialmente, transustanciado en el tiempo, melodía esta -el tiempo- que mata o resucita.

Los endecasílabos blancos, repartidos en cinco estrofas de cuatro, cuyos últimos versos asonantan en a-o, lirifican una estampa de amor en la que el recordador baila desde el "recuerdo vivo" de la música, que fue de uno y otro de los amantes tanto como de la presencia-ausencia (del "tuyo" y "mío", y "nuestra") emocional y rítmica, del beso que bailó y se fue de una boca hacia otra, hacia el ritmo de la disolución e independencia, hasta sonar para sí misma solamente (Hernández: "beso soy, sombra con sombra"), sin que nadie la baile porque el tiempo heridor separa cuerpos, alza murallas, deja nostalgia y miembros ya pulsados, mientras sigue el juego labial jugando a la siembra del verbo y recogida de los fragmentos de identidad del beso, en hábil trenza de enumeración caótica que ordena el clavecín bien temperado del ágil movimiento sensorial, de manera que el ritmo oncesílabo, el anaforismo, la paronomasia y la repetición, como un oleaje vaivenístico -digno del Barroco-, parecen sustituir la rima más tímbrica, de la que se prescinde por innecesaria o redundante. "Suena mía, la música.../  suena nuestra.../ suena..."). Al margen, o como lejana síntesis, el "Hoy estoy besando un beso", tal vez: el tañido de Salinas. 


EL BAILE 

                                        

Suena mía la música, si tuya, 

lejana y muda en el recuerdo vivo,

sílabas o saliva que humedecen

labios que dicen sí, que son besados.


Suena nuestra la música que mueve

tu cintura y mis manos interpretan,

cáliz tus labios, cálidos los huesos

por mí prendidos sin cesar girando.


Suena, no tuya, solo mía y muda,

la música lejana que mis dedos,

alas al aire tuyo aún prendidas,

un día en tu cintura interpretaron.


Suena no la saliva, sí las sílabas, 

la música que fue, los besos mudos,

suenan sordos los huesos, la cintura

huida, mis labios solos, no besados.


Suena ida sin ti, sin mí, la música,

suenan sílabas cálidas, aladas,

suenan labios, cintura, besos, huesos

enmudecidos, sin mi voz sonando.



2)

ALTAS, dueñas del cielo, las cigüeñas

contemplan impasibles las vencidas

casas deshabitadas y las vidas

que fluyen, angustiadas o risueñas,

 

por hondas calles. 

                                 Vienen desde lueñas

tierras y nos parecen, tan erguidas

en lo más alto y siempre en sí sumidas,

luz de las espadañas y las peñas.


¿Sueñan tal vez en sus celestes nidos

con regresar a tierras más al norte,

o son ya del paisaje y los tejados

 

permanente ornamento? 

                                           En sombra hundidos,

sin que a ellas poco o mucho les importe,

son otros los que emigran desolados.


INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

viernes, 21 de mayo de 2021

En la muerte de Francisco Brines


 Púlsame

Brines, 2013


La desolación anticipada de F. Brines
            Francisco Brines es un poeta de la desolación. Siente la vida como si ya hubiese pasado o, mejor, como si la hubiera ya perdido. Claro está que con ese pre-sentimiento solo la memoria puede devolver parte de lo que fue o debió ser, solo el recuerdo se constituye en vida. Destinado a recordar, “no repite / los hechos como fueron, ... los piensa más felices” (“Está en penumbra el cuarto...” Las brasas). No obstante esa inclinación a embellecer la existencia mediante la rememoración, “es doloroso ver que, aun con engaño, / hay un mismo final de desaliento” (ídem). Con tales premisas, un poeta no puede ser más que elegíaco: “De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha / saqueo avaramente / siempre una misma imagen” (“Aquel verano”. Insistencias en Luzbel).
             Incapaz de mirar lo que no sea semilla de la muerte, son frecuentes las expresiones fatalistas: “en el presente / no vive la esperanza” (“Está en penumbra...”); “Hoy lo que ven mis ojos / es el profundo cambio de la vida en la muerte” (“Otoño inglés”. Palabras a la oscuridad). Incluso la constatación de la obviedad muestra el catastrofismo: “todo muere / sobre este mundo vivo” (“Días finales”. Insistencias...).
             La desolación cohabita en Brines y aparece incluso en instantes expresivos de apariencia exclusivamente retórica: “en el campo / hay demasiada noche”, “las estrellas / en el cielo vacío” (“La nueva estación”. Insistencias...). Esa noche excesiva y ese “cielo vacío” son hojas que caen desde la concepción de que el hombre es nada, solo “un bulto de sombra” (“Está en penumbra el cuarto...”), nada más que “el hueco profundo de una sombra” (“Mere Road”. Palabras...). Ni siquiera, al acercarse a la juventud -la de los otros- puede ver la vida en ella: contempla su futura vejez, como la presintió o premeditó en sí mismo siendo joven.
            Hay en Brines una compulsión que parece llevarle a negarse el bienestar y la serenidad: vivió su propia juventud “presintiendo los días venturosos de vejez”. Pero esta, como aquella, es también una mentira, “el último engaño”, “la abolición del entusiasmo” (“Días finales”. Insistencias...), “un árbol sin hojas” (La despedida”. El otoño de las rosas). Es obsesiva su concepción de la vida como engaño -autoengaño- y sueño imposible: “Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia / ... Hoy vivo esta carencia, / y apuro del engaño algún rescate / que me permita aún mirar el mundo” (“Aquel verano...”. Insistencias...); “Hoy parece un engaño que fuésemos felices / al modo inmerecido de los dioses” (“Los veranos”. El otoño...).
           Tal funebridad de la existencia humana alcanza a la naturaleza: y así, por ejemplo, el otoño parece ensayar muertes incluso para renacerse, a través del invierno, en primavera, como el árbol modernista y machadiano renacido de su podredumbre en el poema “Otoño inglés”. De este modo, la vida es un presagio de la muerte, y la escritura un patetismo de la belleza, consistente en amar la vida que se escapa: “mi corazón, más pobre ahora que nunca, / pues más ama la vida”. La huella de la poesía fúnebre de Quevedo se constata incluso en un verso de “Mere Road”, en el que se esconde un endecasílabo palimpséstico de este: “Cavan en mi vivir mi monumento”, dice Quevedo; y Brines: “un día y otro día cavan en mi memoria este recuerdo”. En cuanto al amor, siempre fuente de la esperanza, tampoco es suficiente para olvidar la cripta solitaria: “desnudaré mi cuerpo, y en las sombras, / he de yacer con el estéril tiempo” (“¿Con quién haré el amor?”. Aún no).
            Contra la muerte solo cabe oponer la inmortalidad. Y en medio del abatimiento, la soberbia del humillado por la realidad reclama aquella para el hombre: porque ya que “no hay merecimiento en el nacer”, tampoco “nada justifica nuestra muerte” (“Alocución pagana”. Aún no). Pero también puede oponerse la insensibilidad o el estoicismo, que encuentran una afirmación categórica y lacónica, como una verdad experiencial anticipada a quienes empiezan a vivir: “ningún hombre es feliz” (“La perversión”. Insistencias...). Un viaje es la vida hacia la muerte, y “La última costa” parece, por eso, un viaje con Caronte.
            Se diría que Brines ha ejercido de nostálgico, que yace y ha yacido en una nostalgia prospectiva y retrospectiva, negándose la vida y recuperándola en el verso, como Gil-Albert, con quien guarda tanto apareamiento: “Regresa, con la tarde, aquel futuro / de una vida que habría de venir / ... Valió más el momento de esa tarde / que el pasado venido. / El poema regresa hasta el calor / de una tarde arañada, se cobija / en una soledad no amada y dura, / en una tierra extraña palpa vida” (“Las campanas de St Peter”. El otoño de las rosas).   
           Toda la poética de Brines se halla anticipada en el poema “Está en penumbra el cuarto”, de su primer libro (Las brasas): en él un hombre solitario y contemplativo rememora desde su habitación la vida que no tuvo y se sabe cadáver en el tiempo. De nuevo Quevedo (“si mis párpados, Lisi, labios fueran”) susurrándole a Bécquer (“el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”) determina su verso: “sabe / que una mirada allí es como un beso”. Y Machado presta su caróntica nave (“Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar...”) para que pueda despedirse de una existencia gris: “un día partirá del viejo pueblo / y en un extraño buque, sin pesar, / navegará”.
          Brines siente la vida como si ya hubiese pasado o, mejor, como si la hubiera ya perdido, he escrito al empezar. Al fin, lo que Manrique ya escribiese: “Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado, / si juzgamos sabiamente / daremos lo no venido / por pasado".


jueves, 20 de mayo de 2021

Otro texto encontrado en internet

Como al anterior, agradezco al desconocido lector de este poema su lectura; aunque le ruego, si emprende futuras empresas lectorales, que sea fiel al texto y no incluya erratas versales ni fonéticas.

 Desconocido en la red



1.- (De la consolación por la poesía)


Miro la luz: me reconozco vivo 

en medio de otras vidas: flores, piedras,

criaturas que conforman

la secreta unidad del universo. 

La Historia testifica 

la gran desolación, y el Arte escribe

la biografía del dolor cansado.

El que yo soy y el que quisiera ser 

buscan belleza en la que contemplarse,

única paz ante la podredumbre.

No poseo más luz que la palabra 

para alumbrar el mundo y sus misterios,

y en ella me prolongo;

pues, aunque no consigo pronunciar 

el nombre del fulgor definitivo,

en el decir hallo sosiego.