Lástima que tan excepcional y pura música se deba al sentimiento de culpa que el Dios Castigador engendra en todo hombre.
Probablemente, sería más adecuado, en un día de difuntos, escuchar el Requiem mozartiano.
301022
301022
¿Qué convierte un poema -una pintura, una música- en un ente perdurable? ¿Que no agreda al lector sino que le agrade, que satisfaga su sed de satisfacciones, que todos puedan identificarse en él porque no hay terruñerismos ni particularidades excluyentes ...?
Para no agredirme ni desagradar me ejemplifico (discúlpeme -o no- el lector):
Me pregunto por qué en tantas ocasiones se ha reproducido, en papel como en internet, mi breve poema El secreto.
Poco tiene de particular y, menos, de grandioso. ¿Entonces?
Debo preguntarme, para contestar, qué nos atrae de un texto, qué tiene este, si algo tiene, qué llama la atención de los "antólogos" aficionados o profesionales. Y la respuesta me viene inmediata y sencilla, como tantas veces que he pensado sobre este tema: ¿un poema breve y directo a lo esencial humano, sin circunstancias, digresiones, anacolutos, en ritmos simples como unos pocos endecasílabos y un heptasílabo? ¿O acaso el clasicismo es un arcaísmo? O sea: ¿todavía atrae el equilibrio expresivo, la sencillez, la diafanidad expositiva, la ausencia de retórica, lo sustantivo frente a lo adjetivo, la hondura metafísica sin filosofismas, la voluntad de quedar entre los vivos mientras la muerte sigue devastando, el arte como una fuente de perennidad, el eclepticismo sin retorcimientos, la autosuficiencia sin soberbias, el apartamiento del mundo que solo enseña a autodesconocernos y mercadearnos, la huida de la poética del amiguismo grupuscular, el refugio en la soledad buscada -con el zahorí de la pluma, identificatoria, mitigante y redentora- como enriquecimiento y concienciación senequista de que la rendición no existe ...?
Creo que un poco hay de todo ello en El secreto. Quien repase su léxico y estructura encontrará reverberaciones de cuanto he dicho: el mundo que "derrota" y contra el que no debe lucharse, pues la necedad, por muy quijote que se pretenda ser, es un fanatismo incombustible que solo puede esquivarse construyendo hacia adentro "un castillo interior" en el que acomodar, mediante la belleza y la templanza, aquello que han hallado los pocos sabios que en el mundo han sido a través del estudio y la contemplación: "cuadros", músicas ("clavecín"), "libros", "escritura"... Solo hay meollo, no abalorio; solo sustancia, nunca circunstancia; nada de prédicas o manifiestos; lejanías y no aproximaciones a Gerundios campazanos; ni ardor militanciero sino escueta confidencia -porque el tú es, en verdad, un yo- de unas conclusiones o confesiones que han brotado de premisas experienciales, ajenas tanto al sentimentalismo como al logicismo marmóreo, que es leve enumeración emotiva ... Solamente quien no siente en profundidad (millones y millones de millones...) se desconoce en él ... ¿Pero quién no acepta que tratar de convertirse en Arte es aupar a todo hombre y a sí mismo a la más exacta reisiliencia?
El poema nació sin premeditación, pero sin duda es el charco limpio nacido del goteo de cuantos manantiales y arroyos van germinando en el alambique -"alquitara pensativa"- del tiempo sicológico. Es el descubrimiento de la luz íntima, de que el locus amoenus solo existe en un lugar llamado corazón. Y ese es el imán, probablemente, que atrae al buscador de humildes panaceas:
El secreto
Schumann: S. 2, Adagio
Mandolina y Mandolino se amaban -o algo así-. Uno de ellos -o el otro- se enamoró nuevamente -y no de uno de ellos-. Este es el telegrama que se cruzaron: deseándose -ma non tropo- un feliz nuevo romance:
Schumann: C. violonchelo
INSULA
|
Misceláneo. Número 595-596.
Julio/Agosto |
Teselas
Cuando llegue mi muerte no sabré despedirme
de las cosas que amé:
los pájaros, la luz,
los libros en el alba, la música constante,
la soledad buscada para encontrar mi nombre,
la escritura azarosa,
el poema escondido que no logré escribir,
los besos olvidados en bocas entregadas,
el amor que tardé tanto en hallar,
el corazón del viento
pulsando tus cabellos y triscando en tu blusa,
el azul de los montes, el color de tus senos,
el sabor del crepúsculo y la luna,
el aroma del cielo en las noches sin Dios,
la infancia repetida en sueños rotos,
las páginas del tiempo devastando mi vida,
las hojas del otoño forjándome a su imagen,
la vida que no amé y que quise amar,
la rosa fugitiva y el manantial inmóvil,
tanto dolor caído sobre mi corazón,
el dolor de no amar más que utopías,
las respuestas que siempre me engendraron preguntas,
la carta que jamás llegó hasta mí,
las gaviotas huyendo de mi desolación,
tus manos que me alzaron desde la oscuridad,
el arpegio del cosmos sonando en nuestros besos,
los fósiles del alma queriendo renacer,
la nube inesperada como un barco de sueños,
y sobre todo, Amada,
el firmamento azul de tus entrañas.