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sábado, 14 de septiembre de 2019

El abrazo postrero.


Sibelius: Vals triste

- ¿... Y por qué no queréis saber nada el uno del otro?
- Han sido muchos años de convivencia...
- Precisamente: por eso sería lógico que no perdierais la amistad, aunque ya no os améis.
- Necesito estar lejos, independizarme, saberme yo...
- Es decir: Quieres rechazar la parte que ha hecho que tú seas tú. 
- Sé que le debo mucho...
- Y quieres convencerte de que no le debes nada, construirte un presente que niegue tu pasado, y con ello creer que todo te lo debes y deberás solo a ti. ¿Y por qué? ¿No sabes que todos procedemos de otros, que es natural que le debamos a otros parte de lo que somos, que no seríamos los mismos sin esos otros que hay en nuestras vidas? Os habéis influido mutuamente, os debéis mutuamente vuestros aprendizajes, dichas y desdichas, y ninguna humillación hay en ello, sino que debiera haber agradecimiento recíproco porque durante años habéis levantado la existencia y os habéis creado y recreado. No digo que tengáis que seguir juntos si ya no es esa vuestra necesidad, pero ¿llegar al punto de odiaros, de negar lo que fuisteis y sois? ¿Por qué te avergüenzas de haber aprendido, si aprendiste gustosamente y no por la fuerza? 
- Quiero partir de cero...
- ¿Partir de cero? ¿Olvidar tu experiencia? ¿Equivocarte de nuevo ante todo lo que querías acertar? ¿Cometer los mismos errores si inicias una nueva relación? ¿Borrar tu aprendizaje?... ¿Acaso odias a tus padres, profesores y amigos porque aprendiste de ellos, o los recuerdas con afecto? 
- No es lo mismo. 
- Es exactamente lo mismo. Excepto que con tus profesores y amigos... no soñaste crear un mundo propio en el que se cumplieran tus sueños. ¿No será que, en realidad, no quieres saber nada de lo que eras cuando estabais juntos porque aceptar vuestro fracaso mutuo te parece que es admitir tu parte de derrota, ya que siempre son dos los que fracasan? 
- Lo sé: también es mi fracaso.
- Lo sabes solo en teoría, pero no quieres aplicártelo; desplazas tu responsabilidad fuera de ti para no culparte. Sin embargo, no hay culpa si no hay mala intención. Y seguro que los dos intentasteis daros mutuamente lo mejor. 



viernes, 13 de septiembre de 2019

El abrazo final.


Wagner: Murmullos en el bosque

Era como si el niño asustado que todos llevamos dentro despertase y saliera de su escondite gritando con un aullido interminable. Eso sentía cuando, apenas conteniéndose, salió de la consulta en la que el médico le reiteraba su veredicto, al parecer inapelable. 
     Recordó un antiguo título y sus primeras líneas: Como si fuera mi Autobiografía: "Nací cuando necesité pensar para combatir la muerte. Lo demás ha sido una continua adaptación a la yacija de la tumba".
     Se acabaron las desdichas existencialistas, los intentos de suicidio... y también el naufragio entre libros amados y los erotismos con los que mitigaba la condición mortal.
     Siempre había temido ese momento, aunque supiese bien que nacer es empezar a morir y viviera siempre agonizante. Sin embargo, tras una primera puñalada de dolor, despertó en él el odio contra los dioses, hacedores de un mundo indigno y desolado: y se sintió, como tantas otras veces, mártir del capricho de algún inescrutable Polifemo devastador de la existencia. Qué estúpido el Artífice que crea una obra viva y amante de la vida, y le injerta, indeleble, la conciencia doliente de su mortalidad.
     ¡Qué hacer ahora, cuando las cenizas ya crepitaban en su sangre dispuestas a ser ascuas del gran fuego! Sus neuronas, sus células, el flujo de su sangre y sus ideas se irían extinguiendo y el prematuro otoño lo ocultaría bajo un diluvio de hojas, panteón que el viento derruiría.
     La pluma, como un inútil falo, se le antojaba estéril, un soñador que alguna vez quiso crear un hálito de vida.
     Sus libros: solamente un puñado de herrumbres y de ruinas arrancadas a un manantial que tampoco existió.
     Sus hijos, allá lejos, perdidos en sus vidas, ajenos a su padre.
     No le quedaba nada, pues nada había tenido de cuanto creyó tener.
     ¿Y una persona pura que hubiese comprendido la onírica grandeza de sus sueños y fuese, como hermosa albacea de su espíritu, el testigo final de su derrota?
     Encaminó sus pasos hacia ella, la tejedora de ternuras, y se dejó caer entre sus brazos.

Guillermo Bellod




jueves, 12 de septiembre de 2019

Lecturas imprescindibles: La montaña mágica.


Canteloube: Cantos de Auvernia. Bailero.



Estaba yo mirando la existencia de otro modo: sus colinas para atisbar la luz, y ya no solo sus abismos con su acechante oscuridad.
     Abrí La montaña mágica con desgana en sus primeras páginas; pero me ganó ese mundo en el que Thomas Mann opone a la mortalidad un canto a la existencia. 
     La fuente de los libros es la vida; y darla es su desembocadura. Por eso los libros que no transmiten vida mueren rápidamente. El autor crea alternativas a la existencia en sus utopías, o la satiriza con distopías: ofrenda lo mejor probable o avisa del posible peligro. El arte lo crea el hombre para el hombre, no el artista para el artista. El autor que permanece vivo es porque da vida al lector, no porque lo distrae de su vida. 
     Eso ocurre con La montaña mágica.
     Imposible escapar de su fascinación: de cómo el joven Hans Castorp ingresa en un balneario para pasar unas vacaciones de 15 días y acaba atrapado, durante siete años, por la hipnosis y magia de ese rumor de vida apartada del mundo.
     La minuciosa aventura interior de los muchos personajes teje una inabandonable necesidad de seguir leyendo: y la historia se convierte en una excelsa novela de aprendizaje, tanto para el protagonista como para el lector, que asiste a un cántico existencial -¿un himno en la elegía?- a través de la continua presencia de unos seres aparentemente desahuciados por la enfermedad.
     Inolvidables Castorp, Settembrini, Claudia... y las innumerables digresiones sobre la vida, la muerte, el amor, el arte...
     Como toda gran obra, un universo con sus propias leyes.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La densidad de la pluma.


Corelli: Adagio




¿Para qué toda una vida dedicada a escribir, si, al final, lo que queda es un conjunto de breves frases, versos, pinturas, melodías, solo aquello que formula y condensa una verdad humana, un fragmento de identidad del hombre? ¿Para qué estructurar novelas, obras dramáticas, cuadros, sinfonías, grandes poemas sino porque el homo sapiens incluye al homo ludens -pero este es efímero por sincrónico-?
     ¿Habrá que escribir solamente diccionarios de frases imprescindibles, libros de citas, laconismos? Tal vez, en todo caso, obras cuya extensión no menoscabe el tiempo dedicado a ellas por el autor y el lector. 
     Pero entonces el hombre lúdico huirá aún más del hombre sabio. Y solo habrá silencio.

martes, 10 de septiembre de 2019

La causa de cualquiera circunstancia.



Los políticos pergeñan estrategias sociales que acallen la conciencia del fracaso individual y colectivo; pero quieren encorsetar al ciudadano en un sistema diseñado para una población que ya no existe ni en su estructura ni en su mentalidad. 
Sin embargo, nada esencial ha cambiado. El mundo es como una nave viajera por el tiempo en la que todo emerge en otro sitio para que todo siga igual en su viaje inmutable. Seguimos necesitando comer y copular, por ejemplo; nacemos y morimos, por ejemplo. 
Entre tanto, nos enseñan a no pensar: y no pensamos. He ahí el origen de todos nuestros males.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El arte abstracto es concreto.



Por muy abstracto y autónomo que pretenda ser, el arte siempre es figurativo, puesto que el espectador, oyente o lector acaban dibujando mentalmente una figura para visualizar el magma de sus percepciones, una efigie en la que concretar su reacción ante la imagen, el sonido o el poema. De modo que bien puede decirse que la abstracción es una concreción síquica; y esto es lo único que existe para cada individuo, incluido el autor; quien, al fin y al cabo, solo lleva a la retina, el oído o el entendimiento lo que vislumbra, también magmáticamente, en la penumbra de su numen.
Y si el mundo es como lo representamos, toda representación es figurativa, incluso la de un sonido, una palabra, un color.

domingo, 8 de septiembre de 2019

La palabra raigal





Monteverdi: Lamento de Ariadna

Solo importa y permanece lo que se nombra, no lo que se adjetiva. Todo está dicho: quedan los matices como únicos temas que descubrir al nombrar. El mejor poema de amor es el que Adán diría a Eva: el nombre exacto de sus sentimientos; los demás hemos repetido aquella sustancia intentando añadirle ingredientes, superficiales o profundos. Por eso Quevedo es inolvidable y Zorrilla solo recitable. Porque la obra imprescindible es la que puede prescindir de sus circunstancias. Y el amor, como pura emoción, no necesita de aventuras para ser sentido por todos cuantos sienten con el cerebro del corazón, así como quienes solo son sensibles a lo epidérmico precisan solamente la aventura para sentir aunque no sea más que la frivolidad. Igualmente ocurre con todas las pulsiones humanas; y por eso los libros están llenos de páginas que sobran a fuerza de haber sido necesarias nada más que para cumplir con una moda, una tendencia, unas ventas.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Nippon-Koku


1.- Creo que la única poesía necesaria es aquella que, prescindiendo de lo circunstancial, o abstrayéndolo, aspira a lo esencial. Por lo tanto, un poema perdurable es el que impregna y satisface a cualquier lector de cualquier época sin aditamentos temporales porque se dirige a la sustancia del hombre singular y universal. También creo en la condición sinestésica del arte: que el impulso creador es único y que solo cambia la vía en que se expone: palabra, pintura, música. Más aún: que la más noble y notable sensación es la que conjuga la música, la pintura y el verbo. Eso me parece que hay en la carnalidad plástica del haiku.


2.- En el Japón del siglo XV existían el tanka, la renga, y el haikai, que tenían en común su brevedad y comicidad. En el siglo XVI se fundieron en el haiku, que pretendía ser conciso, prescindir de lo humorístico y apresar el instante, como en una acuarela verbal, en 17 sílabas dispuestas en 3 versos de 5-7-5; en ellos destacaban el sustantivo y casi se ausentaban el verbo y el adjetivo. Basho fue su principal creador. He aquí una de sus composiciones: 


El cuervo horrible. 
¡Qué hermoso esta mañana 
sobre la nieve! 


¿Quién no sabe que el cuervo destaca más su negrura sobre el blancor de la nieve? Pero tal vez lo que se nos quiere hacer ver es que la fealdad puede ser absorbida como belleza si está rodeada de esta. Basta leer algunos haikus para deducir que el autor contempla algún objeto de la naturaleza a fin de extraer un destello que dé luz a un aspecto de la naturaleza humana. Destello que nace en el poeta por su ascesis, éxtasis y serenidad armoniosa de todos los sentidos.


Si acudimos a nuestra lírica tradicional, veremos que la intuición, la elipsis, el epigramismo, la sugerencia, la plasticidad… son similares. De modo que cuando José Juan Tablada, imbuido de lírica española, visitó Japón en 1900 no debió sentir extraña esa brevedad ingeniosa, luminosa y sensual, sino familiar. Y escribe, por ejemplo:


Canta un responso el sapo 
 a las pobres estrellas 
caídas en su charco.



 Composición que difiere poco de esta del maestro Basho


El viejo estanque. 
La rana salta dentro. 
Qué sonido el del agua



En ambos la síntesis, la pintura, la mirada fugaz y penetrante, la frugalidad expositiva, el intento de producir un efecto emocional inmediato, sin distracciones. La única diferencia es la cantidad de sílabas. Pero ¿quién ha dicho que haya que ponerse un corsé para escribir? Cuanto más atendemos a la esencia, más se diluyen los límites.





Desde ese momento, tenemos las greguerías delasernianas, los proverbios y canciones de A. MachadoLorca o Alberti. He aquí un haiku de aquel: 


Primavera vino. 
Violetas moradas, 
 almendros floridos


Y otro de JRJ


¡Ay el aire yerto, 
campana en el frío, 
ojos en la escarcha


Y otro de J. J. Domenchina


Pájaro muerto. 
¡Qué agonía de plumas 
en el silencio!



Visualizaciones de algo concreto para su abstracción. Pinturas, paisajes verbales. “Naturalezas vivas” frente a las “naturalezas muertas”.


No es extraño que un canon tan miniatural apenas haya cambiado. Sin embargo,  los temas se ensanchan, llegando incluso al metapoetismo. Veamos este de Borges


La vieja mano 
sigue trazando versos 
para el olvido. 


Y este de Octavio Paz:


Hecho de aire, 
entre pinos y rocas 
brota el poema. 


También se intentan otras métricas, como la de este casi haiku -en el que, como en otros, hay recreación, no extracción concluyente- que es un casi soneto -de M. Machado- formado por 14 palabras paisajísticas, sin un solo verbo: 


Frutales 
cargados. 
Dorados 
trigales. 


Cristales 
ahumados. 
Quemados 
jarales. 


Umbría 
sequía, 
solano. 


Paleta  
completa: 
verano. 



Detengámonos en este de Ana Rosa Núñez para ver cómo la inmediatez apunta hacia lo trascendente: 


Cangrejo, amigo,
también yo quisiera 
desandar mis  caminos.



¿Nos importa el cangrejo? Salvo a la hora de comer… Sin embargo, ¿quién no ha lamentado sus errores y ha querido volver atrás para enmendarlos? Como el cangrejo, todos quisiéramos rehacer nuestra vida. No vemos solo al cangrejo desandándose, sino a nosotros salvándonos al desandarnos. Y esa es la verdad, la instantánea personal que la autora convierte en universal. También Onitsura, a punto de morir, reclama su vivir sin esperanza: 


Devuélveme mi sueño, 
cuervo. La niebla empaña 
la luna al despertar.



En cambio, Raizan asume su calderoniano sino: 


Ha de morir Raizan. 
Paga su error 
de haber nacido.




Detrás de cada haiku y sus símiles hay una historia, tan solo sugerida, que el lector reconstruye fácilmente porque se reconoce en la sugerencia. Fijémonos en estos versos: 


En Ávila, mis ojos. 
En Ávila mataron a mi amigo. 
Dentro, en Ávila.



¿Quién diría que no es un haiku? De un trazo asistimos a una tragedia amorosa, a unos ojos que son la metáfora de la vida del amado, robado por la muerte, ojos por los que la amada miraba el mundo y que, al perderlos, se queda sin mundo y sin vida, devorado, subsumido todo por el ensimismamiento que impide la existencia fuera de esa autoconsunción. Idénticas concentración, elipsis, nominalidad, ausencia de adjetivos y verbos… Sin embargo, tales versos existían antes del haiku. Constituyen uno de nuestros más bellos poemillas medievales. 


Volvamos a detenernos ¿Quién descalificaría como haiku estos versos de Hernández?: 


Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte,
la del amor.



El canon minimalista del haiku, o su paralelismo con otras formas y conceptos líricos, es tan evidente que si le extirpamos a las “Nanas de la cebolla” sus nexos verbales y sincopamos la oración tendremos un haiku expansivo o una serie consecuente. Y siempre la densidad verbal, la mirada enjuta para extraer una verdad del espíritu.


A poco que hojeemos encontraremos que el haiku está presente en muchos autores del último siglo. He nombrado algunos. Sumemos a J. GuillénCernudaBenedetti, J. Munárriz, J. Talens, J. Cereijo… También fuera de nuestra lengua. Escribe Kerouac:


El sueño de Dios
es solo 
un sueño.



3.- Pudiera concluir alguien que es muy fácil trazar tres versos ingeniosos. Y lo es. Como en la pintura y en la música, hay falsificadores, mercaderes y suplantadores. Pero la poesía necesita más genio que ingenio. También habrá quien diga que lo difícil es estructurar una gran obra, una gran catedral, un poema de miles de versos. Sin embargo, olvidará que un gran poema no es un poema grande, como tantos cuadros de Van Gogh, tanto lieder y tantas miniaturas de Schumann (o el 1º de los Cantos de Auvernia de Canteloube) son grandiosos a pesar de su brevedad. 


El haiku y sus fórmulas similares españolas nos liberan de la incontinencia fatigosa de quienes se verborrean versogritándose. Por decirlo de modo contundente: son conceptismos líricos, sincretismos metafísicos. No puedo evitar reconocerles como padres, por ejemplo, a pensadores que han expuesto su filosofía en forma de “máximas”, “apotegmas”, incluso refranes: Marco AurelioPascalLa Rochefoulcaud… Aunque, como siempre, al margen del canon, hay algo más profundo en el origen. No se entenderían cabalmente estos poemas sin la filosofía del sosiego, la mística y el pensamiento zen. Esos poemas, sugerentes más que verbosos, extáticos, son fruto de la sabiduría del estatismo temporal y el contemplativismo, hijos de una edad dorada en la que, como diría Don Quijote, no existían la prisa existencial ni social. Reflejan la temporalidad, no su fugacidad, esa manera de estar en el mundo que nace con los años -y con los siglos-, cuando la reflexión, como apunta Shakespeare, conduce a la inacción (pues el pensamiento se convierte en el verdadero acto del progreso) y empieza el viaje hacia el remoto origen, la mirada metafísica. Sé que aunque siempre pretendemos descifrar el mundo, solo volvemos verdaderamente a la Naturaleza cuando ya hemos malogrado la nuestra. 


En definitiva, el haiku y sus afines líricos pretenden unir el corazón y la mente, la emoción y la inteligencia, con una fórmula que Unamunoutilizó en dos versos: “Piensa el sentimiento, / siente el pensamiento”. Y eso es lo que encontramos en estas líricas síntesis, verdaderos compendios de la sabiduría emocional: la auténtica poesía del conocimiento. He ahí por qué el haiku, también fugacidad perpetua, tiene, por concepción, un puesto relevante en la poesía: su vocación de lúcido fulgor, de abstracción de lo perdurable desde lo efímero.





miércoles, 4 de septiembre de 2019

LACONISMOS 67 - 99


Narváez: Fantasías...

Somos hijos del pasado; pero el presente es nuestro; por eso somos responsables del futuro.
***
Lo más doloroso de la muerte es que nos impide conocer las innumerables cosas que desconocemos de la vida.
***
El fracaso escolar no depende tanto de quien estudia como de quien enseña.
***
 El primer educador es el Estado, que es el que bosqueja la sociedad, la familia, la calle, el centro educativo y al propio individuo. 
***
Hemos establecido que todos somos iguales; no obstante, poco o nada ha cambiado para bien en la intimidad, aunque hayamos cambiado de nombre muchos nombres. 
***
Cuando nos quedamos solos, ¿cuántas veces podemos decir “mi yo está conmigo”? Nuestro espíritu no es más feliz, sino que está más enajenado, más concienciado de que el enajenamiento es un bienestar.
***
El que cree crea lo que cree.
***

La fe es la ceguera de la razón
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¡Qué doloroso es sentir el escepticismo como única fe!
***
El amor es la fe que nos permite creer que algunas personas son héroes o dioses.
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El mejor poema es aquel que consigue la idoneidad entre lo expresable y lo expresado.
***

Trata de cantar aunque desees llorar y tendrás la alegría más cerca.
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Tenemos derecho a equivocarnos; y el deber de acertar. No basta decir "lo siento".
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A un hombre puede robársele todo: menos su íntima voluntad.
***
La muerte es una cátedra que predica hipérboles sobre la vida.
***
El sentido de la vida es buscarle un sentido en vez de dejarse aplastar por el peso de los sinsentidos que acosan la existencia.
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Cobarde es aquel que no intenta ser valiente cuando la valentía es necesaria.
***
La civilización es, cada vez más, alérgica a la cultura. Y la cultura, un viaje sin retorno a la frivolidad.

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Pierde la dignidad quien se la niega a los demás.

***
Hay dos clases de personas: las que tratan de imponer a los demás la imagen que tienen de sí mismas y aquellas que viven con naturalidad y rectitud, despreocupadas de si los otros aciertan o se equivocan al trazar esa imagen. Es decir: las que son y las que fingen ser.

***
La "nueva" poesía es la que envejece con mayor decrepitud: cree que hay que inventar; y sí, hay que renovar: remozar, acrisolar: actualizar la tradición.
***

Nos pasamos media vida queriendo acertar, y la otra media lamentando nuestros errores.
***
Afortunadamente los clásicos siguen leyéndose; y tienen la fortuna de no poder leer las obras actuales.
***

La ignorancia es creer que lo sabemos todo.
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Nunca un hombre está más solo frente a sí mismo que cuando intenta hallar su rostro en una página en blanco, con la pluma en la mano.
***
Toda antología de coetáneos debe ser más una premisa para extraer conclusiones que un juicio de valor.

***
Vive: porque tu muerte no estará contenta cuando llegue si no sabes hablarle de la vida.

***
El futuro es el camino que uno se pone a mirar para hacerlo más cómodo que el que ya ha caminado y deben caminar los otros. Celebremos, pues, a quienes asfaltan el progreso.

***
Un poema no es grande porque contenga muchos versos entre el primero y el último, sino porque su contenido, por leve que sea, es imprescindible: porque se constituye en huella dactilar del hombre.

***
Muchos asnos hay en el mundo de las letras; aunque claro está que todos creen ser el caballo ganador.
***
Solo en la escritura -en la creación- somos nuestro único demiurgo.

***
No hay palabra más grande, ni poema más noble, que la vida.
***
Hay dos clases de autores: los que se venden y los que no tienen precio.
Hay dos clases de lectores: los que leen para enriquecer su existencia y los que leen para olvidarse de sí mismos. 
Hay dos clases de críticos: los que no saben leer y los que tampoco saben escribir.
***