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martes, 27 de junio de 2017

La muerte del individuo

Resumen

Todos pertenecemos a todos y la felicidad es para todos. Esas son las divisas.
Para resolver los conflictos de un mundo en ruinas sociales, Huxley idea en Un mundo feliz la metodología para el olvido del sufrimiento y el hallazgo de la felicidad: matar el individualismo y agrupar todos los grupos sociales en un solo tipo de sociedad, categorizada en varios estamentos encargados de estabilizarla. La matanza de las humanidades y el imperio de la tecnología. 
Basta con conectar la mente al aprendizaje igualatorio durante el sueño y la alimentación mediante el "soma". 


domingo, 25 de junio de 2017

Manuel Molina: Cien años

Rodrigo: Fantasía para un gentilhombre
pulsar para

1.- Durante los años cuarenta y cincuenta del anterior siglo, cuando Alicante inició su despegue del desierto cultural en que yacía tras la guerra, fueron las páginas del diario INFORMACIÓN portadoras de la inquietud de algunos jóvenes que buscaban llenar aquel vacío con sus versos, sus tertulias y revistas poéticas. Entre ellos estaba Manuel Molina.
     Si algo de Molina persiste en mi memoria es su apacibilidad, su bonhomía tras el humo de su pipa, sus recuerdos amables y reiterados de los amigos que le acompañaron durante toda su vida: Miguel Hernández, Carlos Fenoll, Gil-Albert, A. Machado, César Vallejo. Él fue uno de los primeros que me dio una pista sobre Pascual Pla y Beltrán, recordándolo -paseantes corcova con corcova- junto a Valls Jordá por las calles de Alcoy.
            A veces sacaba una fotografía junto a Alberti en Italia, acudía a Celaya, a Otero o Leopoldo de Luis y empezaba un lamento -que siempre interrumpía apenas iniciado- sobre el hecho de que se le olvidase entre los poetas “sociales”. Porque así, de poeta social, se calificaba a sí mismo en la dedicatoria de un libro prologado por Cela -que aún conservo- y que me remitió muchos años antes de que nos conociéramos.
         Su adolescencia oriolana junto a los sijenianos y sus años de esfuerzo por crear con Vicente Ramos un espacio cultural en Alicante eran otros retornos de su memoria amable. Amable y apacible, ya lo he dicho: nunca entendió los demonios poéticos o vitales: la huida literaria de Fenoll, por ejemplo. Una tarde en su casa, mientras Carlos Sahagún intentaba deshacerse de mis inquisiciones literarias y vitalistas, me dijo en un aparte que no comprendía mis “tormentas”: “¡Si tienes un trabajo, un hijo, algunos libros y amigos que te quieren! ¡Ya has plantado tu árbol!”. Era así de “sencillo”: creo que me lo decía porque tampoco acababa de entender a Sahagún, y pretendía que ambos nos reconociésemos como vecinos mentales. Él era “familiar” -recuerdo a su esposa encontrándole papeles que había ordenado en carpetas- y creo que jamás comprendió -pero tampoco la descalificó- la tortura “existencialista”: porque para él la existencia era como los caminos que, desde niño, aprendió a calafatear junto a su padre: algo que había que trabajar con ánimo y sin desasosiego. Por eso, aun cuando en su obra fustiga a los malversadores de la vida, hay un punto de comprensión del descarriado.
 2.- Fue Manuel Molina un autor que simultaneó su trabajo en la Biblioteca Gabriel Miró con su afán por la literatura y su devoción por Miguel Hernández, a quien dedicó varios libros guiado más por el panegirismo y mitología de la amistad que por la verdad objetiva, aunque los aciertos de esta no pueden desenredarse, las más de las veces, sin los errores cometidos por la pasión de aquella. Como poeta, destacan sus libros en los que la preocupación social reclama el centro de atención, tal como pedía en ese tiempo su amigo y portavoz de la “poesía civil” Gabriel Celaya. Como hombre, su palabra sencilla y su mano tendida fueron siempre para cuantos jóvenes se acercaban a su despacho de la Biblioteca o a la fácil puerta de su casa. 
     Un autor escribe a pesar de sí mismo, contra sí mismo o para los demás. Rescatar una obra supone siempre recuperar a un hombre. De Molina se puede y se debe decir -y creo que le gustaría- que su humanidad fue superior a su poesía, sin que este juicio sea un menoscabo para esta, sino una alabanza para aquella. Muchos poetas hay en la república de las letras, y mucha competencia y animadversión. Pero en la tiranía y democracia de la vida hay demasiados hombres que no consiguen ser “en el buen sentido de la palabra, buenos”. Y Molina lo era. Trina Mercader, Rafael Azuar, Santiago Moreno, Clemencia Miró, Albi, Cerdán Tato, Ernesto Contreras y otros muchos, incluso si los distanciaban las ideas, solo eran nombrados con respeto y cariño. Fue como el Aleixandre de Alicante: para los hernandianos, un auxilio; y para los jóvenes poetas, un apoyo. Como digo, su casa estaba abierta a los recuerdos y la amistad serena.
     Un día se marchó sin aspavientos, tranquilo y sosegado, como él era. El Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, en edición de Cecilio Alonso y José Carlos Rovira, recogió su poesía. Pero yo, antes que como poeta -aunque además-, prefiero recordarlo como hombre.
     Por eso: adiós, amigo. No olvides encender tu pipa, si estás en algún sitio: para que el humo oriente a quienes te recuerdan. 


jueves, 22 de junio de 2017

Para que el amor perdure


Clara Wieck: Variaciones sobre un tema de R. Schumann

Cartas a El-la:

No creas que el enamoramiento tiene que ver con el amor; todo lo contrario. Nada cuesta enamorarse: el enamoramiento es una "actividad" pasiva, una fascinación. No todos saben convertir ese espejismo en amor. Amar es una actividad voluntariosa. Y solo cuando dejas de gozar el enamoramiento estás en condiciones de amar. Enamorarse es inventar al otro; amar, reconocerlo como ser real y digno.

     Demuéstrale tu amor, pero díselo también. En el amor, la palabra es la mejor caricia.

     La mejor arma del que ama es hacer ver que la dicha del otro es causa de la propia.

     Confía en que cuanto te dice es para tu bien, como lo que le dices es para el suyo.

     Dale todo cuanto esperas que te dé y serás el más rico de los dos.

     Procura una satisfacción recíproca.

     Si te esfuerzas en hacer feliz el instante, el tiempo parecerá solo un instante.

    Si quieres que te comprenda, empieza por comprender.

     Si aconsejas más de dos veces para mejorar cualquier virtud, la tercera convertirá la virtud en un defecto y a ti en un criticón.

     Tiende puentes para acercarte y para que el otro pase; pero no te excedas porque se entenderán tus puentes como acosos.

     Primero debes saber exactamente qué es lo que quieres, y luego qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo.

     Todas las historias de amor empiezan y terminan. Lo importante es que no las mate uno de los dos.

     Por muy importante o urgente que sea algo, la prisa por resolverlo transformará la conversación en disputa.

     Todos tenemos un espacio interior -y a veces físico- incompartible. Respétalo.

     Sé tolerante o estarás predicando que no te toleren.

     Si destruís algo hoy, reconstruidlo antes de que anochezca.

     Es falso que no se pueda convivir hasta la muerte. Lo que es cierto es que nadie puede vivir con otro si antes no ha aprendido a vivir consigo mismo.

     Antes de decidir algo definitivo piensa que el único viaje que importa es el viaje interior: allí es donde te estás esperando cada día. Y no es bueno hacerlo siempre en soledad.

miércoles, 21 de junio de 2017

Alrededor del amor, 8

Strawinski: La sacré

10.- El choque de los cuerpos.-
Mary Shelley, a los 16 años, escribía: "...sintiéndome realmente viva, amada". Y no se equivocaba en su identificación de vida con amor. Porque el amor es la confluencia de sentimientos y pasiones, fiebre tumultuosa y espasmódica que solo halla descanso al consumirse en el fuego que la incendia. La imantación recíproca que ejercen la masculinidad y la feminidad es la prolongación de la fuerza genesíaca del macho y de la hembra que liberan su energía agresiva en el orgasmo, liberación imprescindible para el mantenimiento del equilibrio biológico: porque, sin duda, la identidad de la especie homo sapiens es la de “ente sexual pensante”, “ente perpetuador de sí mismo”, antes que ninguna otra cosa. El ser humano ha heredado de ese vigor fungible la necesidad de perpetuación como aceptación por parte de la Vida de que el “ser sexual” es un ser que se realiza y cumple con su significado cuando forma parte de la cadena de la supervivencia: cuando mediante la eyaculación y recepción del semen -la fertilización- se prolonga en el otro, que es un yo inmerso en la inconmensurable carrera de relevos que es la existencia y es la Humanidad. Porque en los genes se agrupa la materia, la sustancia, la esencia. Véase cómo, exaltando la sexualidad, el amor nace de ella, en este poema de Diego Torres
          Dama de la mirada luminosa: 
          cómo golpea el viento tus caderas 
          desnudas junto al mar, 
          que guarda su fulgor bajo tus párpados; 
          arrecifes de luz rasgan tu piel 
          y te abrazan las olas 
          persiguiendo la cópula infinita. 
          Tus pies errantes trazan en la arena 
          huellas de antiguos peces, 
          sirenas diluidas, geometrías,            
          fábulas de coral, astros de fuego. 
          Hay en tus labios pájaros, 
          frutos y laberintos. 
          Te persigue el océano amoroso, 
          la lluvia interminable te persigue. 
          En tus ojos la noche 
          se llena de caminos: 
          mientras gira la luna 
          -doblándose en tus senos-, 
          tu cabello derrama su azabache 
          sobre mi rostro: y nazco 
          cuando llega el amor desde tu sexo.

  Ahora bien: cuando la inteligencia necesitó crear la reglamentación social y de esta se derivó la intolerancia, lo que era pura biología, estado natural y orden sin caos, se vio afectado por la razón, represora o controladora. Y propuso un orden generador de caos, porque la animalidad entró en conflicto con la racionalidad. Entonces se bifurcó la mente bajo el peso del cuerpo: se espiritualizó para sobrevivir o mantener vigentes, aunque clandestinados, los instintos sicofísicos desterrados al subterráneo de la conciencia: y la concupiscencia se convirtió en sublimación, inalcanzabilidad, trovadorismo, misticismo: al fin y al cabo, ancestrales eran los ritos religiosos a la fecundidad agrícola y humana (y así lo grita el ritmo genesíaco de La sacré du Printemps de Strawisnki), y la carnalidad fue considerada un agravio, un pecado, un ostracismo y un tabú. 


lunes, 19 de junio de 2017

Audiopoemas: Lejana


Cadáveres de sueños

Brizó Amor mi existencia y fuiste tú
el rostro del amor. Y nos amamos 
entre cielos e infiernos. Unas veces
nos dábamos las rosas de la vida,
y otras veces tan solo sus espinas.
Pasa el tiempo igual que un manantial
cuyas aguas se abrasan en los labios
que no saben beber. Tal vez estés 
asomada al recuerdo, como yo
que oteo el horizonte y nada encuentro.
Lejana estás... junto a mi corazón, 
también lejano. Ya solo me quedan
ruinas de la memoria 

cadáveres de sueños.

sábado, 17 de junio de 2017

Hitchcock: Encadenados

¡Qué grande es el cine!
Encadenados

Intriga, romance: Hitchcock

viernes, 16 de junio de 2017

El abrazo a los euros

Orff: Fortuna Imperatrix Mundi

(Este cuenticidio pudiera intitularse "Cuánto vale el amor". Y cualquier parecido con la realidad es puro intento de que lo sea).

Tras muchos años de convivencia, Vania le dice a Vanio (en otras ocasiones es Vanio quien se lo dice a Vania) que no va a quedarse a ver cómo muere, y que se marcha a buscar mejor vida. 
     Vanio le dice a Vania (insisto en que en otras ocasiones es Vania quien le dice a Vanio) que claro está que puede irse, pero que pague lo que le corresponde de la vivienda de la que son copropietarios.
     "Ah, no", dice Vania (o Vanio). "Eres tú quien tiene que compensarme económicamente porque te quedas con toda la vivienda para ti solitamente". 
     Vanio (o Vania) contesta que "Ningún juez te negará -si halla causa suficiente- tu derecho a ser egoísta e irte en tiempo de vacas flacas, siempre que ofrezcas una solución y no causes daños de ningún tipo a nadie. ¿No sabes qué es la responsabilidad?".
     Vania (¿O es Vanio?), contumaz y con falta de neuronas, insiste: "¡Me tienes que compensar con tropecientos mil euros!"  
     Vanio (¿Será Vania?), finalmente, y sabiendo que la insensatez es una enfermedad incurable, dice a Vania (o Vanio):
- Esta es la realidad que no quieres aceptar:
     1.- Como eres tú quien incumple y crea el problema, también eres quien debe resolverlo y afrontar las consecuencias; es decir: que mientras no demuestres lo contrario, tú eres copropietaria, cohipotecaria y codeudora (léase también en masculino). 
     2.- En tanto que lo seas, debes pagar cuanto te corresponde (hipoteca, IBI, nuevos catastros, comunidad…)
     3.- Para dejar de hacerlo tendrás que demostrar que no eres copropietaria ni cohipotecaria (masculínese, igualmente).
     4.- Por lo tanto, hasta ahora debes cuanto no has pagado: unos dostropecientos mil euros de cuotas y los daños y perjuicios que has ocasionado y ocasionas a la otra persona a la que dejas sola frente a la deuda.
     5.- Por último: tras ponerte al día, busca una solución satisfactoria para todos, no una imposición tan fuera de lugar como que eres tú la perjudicada y no la perjudicadora (vuelva a masculinizarse): y agradece que yo no te haga pagar compensatoriamente por  aceptar esa solución.



jueves, 15 de junio de 2017

La utopía de las urnas



        La muchedumbre siempre es analfabeta a su pesar: el "pan y circo" del que hablaba Juvenal es su educación y su cultura. Y desde ella observa, juzga y elige. 
       Votar es un derecho que se nos entrega al nacer: pero deberíamos educarnos para ejercerlo; simplemente porque nuestro voto no nos afecta solo a nosotros, nuestra minoría de uno, sino a esa mayoría tras la que nos amparamos y en la que, tristemente, nos escondemos. 
     ¿No debería todo aquel que se sabe ignorante de la sensatez (pero esto ya significa una sabiduría) renunciar a su derecho a elegir, puesto que desconoce cómo elegir bien? Se acabó el sueño de una persona, un voto. ¿Pero quién sino uno mismo será el juez que determine si debe abstenerse de tal derecho?
        Ahora que las masas asoman por el horizonte, eufóricas y agresivas, no hay que olvidar que lo importante no es participar, sino la calidad y responsabilidad de la participación. Que no es igual que triunfe el pueblo que el populacho. Y que las utopías no se alcanzan con incultura; ni con euforias.

miércoles, 14 de junio de 2017

Visión desde el Congreso


Beethoven: "Heroica"

Hace unos cien mil años, un centenar de cromañones salió de los páramos de África. Aquellos cien prehumanos se han multiplicado y suman hoy los ocho mil millones de cerebros diferentes, cada uno con un criterio propio, que deben encontrar la forma de convivir.
      ¿Cuál es el método idóneo para la convivencia? ¿La élite o la muchedumbre? Desde la Antiguedad se ha debatido sobre la mejor forma de gobierno: la oligarquía o la democracia, la minoría o la mayoría.
        Primero gobernaban unos pocos, imponiendo, a imagen de los dioses, la dictadura y la sucesión de la sangre imperial. Hoy al gobernante lo eligen sus conciudadanos: cada criterio un voto. ¿Ha desaparecido por eso la dictadura? ¿Es la multitud mejor gobernante y consejera que el consejo y gobierno de los individuos, si estos son responsables? 
      Pues eso es lo que en buena medida se hace hoy: el ciudadano elige a sus representantes: y estos, dictatorialmente, solo se representan a sí mismos. ¿Ha cambiado algo? ¿No continúa una minoría en el poder, aunque esa minoría la haya elegido la mayoría (que, tristemente, suele contentarse con el "pan y circo" porque a eso la han enseñado)? 

martes, 13 de junio de 2017

Si no cantas

Dowland: Come again

Si no cantas hoy porque temes llorar mañana, empezarás a morir antes de que amanezca.
La alegría consiste en convertir las lágrimas en canto. 
Lo demás es euforia genética.



domingo, 11 de junio de 2017

El poder de la política.


R. Korsakov: El vuelo del moscardón
A) En 1347, un barco genovés logró escapar del asedio de una ciudad de Crimea acosada por la guerra y la enfermedad. Llegó a Sicilia cargado de oro y moribundos. La enfermedad era la peste negra, que fue avanzando, a unos doce kilómetros diarios, hasta invadir Italia, Francia, España, Austria, Alemania, Inglaterra, Países Bajos... Al cabo de dos años había muerto la mitad de la población de esas zonas: dejó unos 30 ó 40 millones de cadáveres -más los que, lentamente, fueron surgiendo durante algunas décadas-. 
     B) Epicuro defendía que la felicidad proviene del alejamiento de la vida política: no predicaba el placer superficial, sino el espiritual; y nadie que quisiera ser virtuoso -y, por lo tanto, honesto y feliz- debía dedicarse a la vida pública, que, según él, es corrupta por definición. No obstante, hay tantos políticos hoy -y siempre- peleándose por el poder social que tal vez se hayan propuesto desmentir a Epicuro. Ojalá fuera así. Porque el número de cadáveres sociales que produce la corrupción continuada siempre es mayor y más negro que el de la peste medieval.
     C) ¿Cuántos siglos y corrupciones hace que Justicia y Política se divorciaron irremediablemente y haciendo pagar tasas y suplicios a sus hijos, los ciudadanos?


jueves, 8 de junio de 2017

Eludiendo suicidios



Arcadia nebulosa


Qué poder terapéutico el del arte: escribir, pintar, componer... No hay mejor exorcismo que el de entrar en nuestro infierno y echar fuera sus cenizas. Eso pretendieron estos versos:

Arcadia nebulosa

Si algún día el dolor te sedujera
para acabar con tu melancolía,
acude al mar, contempla su infinito
como un fulgor errante y solitario
que nada necesita y lo da todo.
Mira cómo se elevan las gaviotas
entre los arrecifes; deja allí
el suicidio que ansías y desprecias.
Escucha el mar: en él nada es oscuro.
Siente su voluntad de firmamento
aherrojado en amargo manantial.
Toca su eterna transfiguración.
Inmerso en su celeste transparencia,
quiere elevarse el alma, alzarse
sobre el dolor, cantar.
Regresa a tu existencia cotidiana
igual que si una ola retornase
al abisal secreto de la espuma.
Camina montes, siembra madrugadas
en el atardecer, corona el día
con flores y templanza. Rememora
la sigilosa forma de la luz. 
En el propio naufragio está la isla 
y en el dolor su misma redención.



miércoles, 7 de junio de 2017

PINTAR DE OTRA MANERA







     El espectador se pasea entre los cuadros de la exposición de Jesús Zuazo en la Caja Mediterráneo. Busca en ellos un espejo de la naturaleza, como ha hecho la pintura desde sus inicios -salvo en el último siglo-. Pero los colores, líneas y volúmenes tradicionales se han liberado de las formas con las que representaban la realidad visible y muestran un “paisaje”, al parecer, sin orden. ¿Qué ha ocurrido en el arte? ¿Ya no se puede decir de ningún cuadro que -como de la Gioconda- es un paradigma esencial del ser humano y del arte? ¿Dónde están las figuras que mostraban una escena campestre, retratos, o batallas? Incluso los últimos pintores antes de las vanguardias mostraban una imagen reconocible en la realidad, por muy impresionistas que fueran. Pero ahora, en esta exposición, y en las de las últimas décadas, ¿qué hay que mirar, reconocer, calificar? ¿Dónde está la imagen?
     La construcción de una forma, un estilo, una idea es la sucesión acumulativa y restrictiva de unos impulsos y criterios a lo largo del tiempo. ¿Qué ha sucedido desde el Renacimiento? Que el autor ha ido separando y uniendo libremente lo que ve y lo que siente. Ha pasado de mero espectador y reflector de las cosas a inventor, a creador de un mundo alternativo o complementario del cotidiano. Así se llega -por ejemplo- al abstraccionismo. Para ello el pintor -el poeta, el compositor- ha añadido a sus ojos los de la mente y ha pasado a ser un visionario: ve lo que tiene ante sí y lo que hay dentro de sí. Y esto es lo que trata de expresar: la pura sensación sin apoyaturas figurativas. ¿Cómo se ha llegado a tal alejamiento?
     Un día Kandinsky regresa a su casa y observa un cuadro que le fascina. ¿Cuándo ha pintado ese resplandor de formas ignoradas y colores fulgentes, ese trueno inasible que no cabe en los cánones? ¿Cómo no ha sido consciente de tal descubrimiento? Finalmente su esposa se disculpa por haber colocado el cuadro en una posición incorrecta: pero Kandinsky ya ha visto lo que presuponía: que el arte no tiene por qué ser una imitación de la Naturaleza, sino que es otra naturaleza: la mental; y sus elementos son una abstracción de los sentidos, que precisan su propia forma o figura, y que necesita crear, inventar su propio alfabeto. Y se aleja de la realidad visible para escudriñar la invisible y figurativizar lo visionario, lo informe del siquismo. Los paisajes interiores deben encontrar su manifestación expresiva en el cuadro, y para eso es preciso un nuevo lenguaje, que pasa por construir desde las ruinas de lo anterior y edificar sobre ello de modo que lo expresado no se refiera sino a sí mismo. Esa falta de referencia al mundo ajeno es lo que dificulta la aceptación del espectador, pues la historia de la pintura hasta ese momento se fundamenta en la imitatio, no en la creatio. Así es como empieza la búsqueda de paradigmas de la modernidad.
     Quien no tiene en cuenta estas y otras conjeturas creerá que Zuazo es otro más de los que utilizan la técnica aséptica como fin y no como medio para el conocimiento.

lunes, 5 de junio de 2017

Cuando mueren... (Libro de Teluria, XII)


Purcell: Lamento de Dido

Una excavación litúrgica en el horizonte patagónico ha dejado al descubierto las ruinas de un monasterio regido al parecer, in illo tempore, por el Arzobispo de Constantinopla, y en él un cofrecillo con diademas y textos. Por ellos parece colegirse que tanto Los versos de Trovadorius como El libro de Teluria no son solamente dos series de poemas que se corresponden y parlamentan de un amor entre dos amantes concretos. Causa dan para pensar que, más allá de su contenido autobiografista, son un intento de convertir en icono la historia del amor universal: la tentativa de reflejar el enamoramiento anhelado e imposible de toda mujer y todo hombre. Lo que todo autor quisiera alcanzar con su obra: unos Adán y Eva no expulsados del paraíso erótico.
     Algunos mestureros afirman que soy yo el autor de estos versos, y aun de los de Trovadorius, recurriendo al fácil tópico del manuscrito ajeno encontrado -como hicieran Cervantes o Bécquer, por ejemplo-. Bien quisiera yo ese humilde honor, pues que aunque sin pretensiones literarias, Teluria y Trovadorius dieron con su correspondencia una breve y discreta lección. Comoquiera, afirmo yo la mentirosidad y alevosía de quienes esos infundios esparcen por doquiera.
     Dicho lo escrito, he aquí otros dos poemas:

26
Cuando mueren aquellos por los que moriríamos,
un inmenso sepulcro se abre en nuestro pecho
y enterramos la vida como a un cadáver triste
que cuelga de nosotros insistente.
Siempre decías que vivir es sólo
tratar de recordar otra existencia
en la que fuimos todo cuanto queremos ser,
porque la muerte es una puerta ignota
tras la que abandonamos los recuerdos.
Tú que alumbraste mis marchitos ojos
y le diste razón a mi existencia,
vuelve un instante y dime que aún es tiempo
de entregarme a la vida y no a la muerte.


27
Nada perdura. Mueren las estrellas.
Los amantes se olvidan o se tornan ceniza.
Las glorias enmudecen, y tortura el fracaso.
La belleza es efímera; y su gozo, fugaz.
Sólo por ser pasado se convierten
en nostalgia las cosas;
y tan sólo nos queda la memoria,
falso palacio y vivo cementerio
de lo que fuimos y quisimos ser.
Todo cuanto anhelamos lo devora la tierra.
Todo zozobra y cae, y todo es un naufragio.
Las hojas se marchitan igual que sueños rotos
y el mundo de los vivos nos recuerda a los muertos.
De nada sirve hallar consuelo en dioses
o en transfiguraciones de esta vida,
pues todo es podredumbre tras la muerte.
Y tampoco llorar vale de nada:
las lágrimas se funden con la lluvia
en el diluvio universal del llanto.
No existen paraísos, sólo infiernos.
Y la escritura es siempre un mausoleo.
En el último instante, en todo instante,
el corazón se abraza a la existencia
y quiere seguir siendo
cuanto fue, cuanto es, cuanto no ha sido.

viernes, 2 de junio de 2017

Una autobiografía comentada

Barber: Adagio

Sonríe quien ve satisfechas sus necesidades: quien ocupa un espacio digno en este mundo. 
     Sin embargo, solo unos pocos consiguen ese estado emocional; otros padecen el olvido, la injusticia, el repudio injustificado de los demás. No hallan amor, no le encuentran sentido a su existencia, soñaron en su infancia con lo que no pueden alcanzar, el mundo les parece un estruendo, el conformismo de la mayoría lo sienten como una rendición... y les atenaza el desengaño, la melancolía, el infinito tedio, la pesadumbre de "el alma, que ambiciona un paraíso / buscándolo sin fe", en palabras de Bécquer.
     Supongo que el siguiente poema no es sino la conclusión final de esas y otras premisas.

                                             El desencanto

                                              Aceptar que una estrella silenciosa 
                                              es, en verdad, el fuego de un infierno,
                                              y que en el resplandor del alba hermosa
                                              nace la noche con su breve invierno.

                                              Admitir que la muerte lujuriosa
                                              se engendra ya en el cíngulo materno
                                              y florece en el lirio y en la rosa 
                                              porque todo es fugaz y nada eterno.

                                              Comprender que son vanos los empeños 
                                              del vivir por huir de un fin amargo
                                              y que al hombre lo rige el desengaño.

                                              Saber que el corazón inventa sueños
                                              para sobrevivir: y, sin embargo,
                                              no poderse engañar con ese engaño.

Su título viene a señalar que "El desencanto" universal y metafísico es el tema que tratan los versos, surgidos de la conciencia lejana de construir un poema con un corsé determinado -el soneto- que contuviese un tema dictado más por el confesionalismo inconsciente que por la voluntad.
     Y sin embargo, esa conciencia poética neblinosa ya lleva unidos fondo y forma, contenido y estructura, como si un arquitecto lo hubiese planificado en su diseño antes de empezar la construcción de la pirámide. Todo en una amalgama que, al terminarla, no deja de sorprender al propio autor, que ve cómo la pluma es la que dirige la orquestación del texto y combina cómputo rítmico, rima y conceptos con disculpable habilidad, puesto que en su acervo humano y cultural se han unido, a fuego y nieve, y mal que bien, inspiración y técnica:
     El poema ancla sus cuatro partes en sendos infinitivos a comienzo de cada estrofa ("aceptar", "admitir", "comprender", "saber"), y ese paralelismo, al verse amplificado por otros cinco infinitivos más en los tercetos, insiste en una actividad de contrarios: porque frente a lo férreo del diseño no hay rotundidad, sino despojo, asunción melancólica de la condición mortal. 
     El contenido, como digo, se apoya en la unidad de contrarios, la antítesis identificativa, el hecho de que el ser humano está formado por ansias y fracasos, sueños y desengaños, cielo e infierno. De este modo lo positivo es siempre negativo, o entraña su destrucción: la "estrella silenciosa" es realmente el "fuego de un infierno"; la oscuridad de la "noche" nace en la luz del "alba"; la "muerte" se gesta en el "útero" (recordando "la cuna y la sepultura", de Quevedo, o "De la cuna a la tumba", de Víctor Hugo-Liszt), con lo cual el "lirio" y la "rosa", símbolos de la pureza y lozanía, descubren su rostro de cadáveres de presunta eternidad: la podredumbre de la inmensidad; las huidas, o el "huir", de la muerte son vanas, puesto que, como en el romance de "El enamorado y la muerte", esta está rondando al pie del torreón salvador; finalmente, los "sueños" con los que el hombre se defiende no consiguen embotar la conciencia de la mortalidad: y llega el desencanto. Ese al que otros han llamado "planto", "dolorido sentir", "pena negra", "spleen", "tedio", "heraldos negros", "sinsentido"...


jueves, 1 de junio de 2017

Noticia de José Cantero.

Schumann / Du Pré: C. celo.

             En varias ocasiones he citado a José Cantero. Algunos me preguntan sobre él, y yo, poco perplejo ya por sabedor de que nadie es profeta en su tierra -en su tiempo, sería más exacto-, no quiero eludir la ocasión de dedicarle unas líneas.
              Lo conocí en 1967, en Salamanca. Allí residía desde su adolescencia. Había nacido “a cuatro pasos de Orihuela”, en diciembre de 1946, y vivido en una calle cercana al Colegio Santo Domingo, a cuyas aulas asistió durante algunos cursos, aunque ni él ni yo nos recordábamos viviendo en los recuerdos del otro. Nuestras afinidades se explicitaron enseguida y, a pesar de que no volvimos a vernos después de 1988, mantuvimos durante 25 años una correspondencia para mí tan enriquecedora como atormentada. Deudor me siento de Cantero. Nunca he olvidado las mañanas en que nos dedicábamos a entorpecer el estudio, en Anaya, de nuestras condiscípulas, y a escribirles sonetos acrósticos “en catorce minutos”, como los versos, más uno “para repasarlos”. Tampoco olvido -jamás lo olvidaré- un atardecer crucifixante y golgotado subiendo al cementerio de Ávila en busca de una tumba que no llegamos a encontrar.
               Repaso esa correspondencia y la tristeza y la nostalgia se sientan a mi lado como amigos que me hieren al compás que me consuelan. Hay en ella persecuciones en que las batutas de “los grises” nos imprimían pentagramas discordantes en la espalda; hay tercas evasiones de las clases de Lázaro Carreter, mientras sus ojos polifémicos nos busconeaban para criticarnos algún poema en la edición anotada del día siguiente; hay acordes de guitarras lastimeras en las madrugadas bajo los balcones de muchachas que a veces, solo a veces, callaban nuestras bocas con las suyas mientras el ruido de El General pasaba en ronda nocturna y dispersante, poniendo, sin saberlo, el toque de queda en nuestros besos clandestinos; hay tardes junto al Tormes, bajo el Puente Romano, con olores a invierno y mucho frío, jugando a ser Calixtos de bellas Melibeas mientras la noche hacía de Celestina y el toro del Lazarillo mugía como un viento centinela; hay recitales, vértigos, dolor, amor, y risas, y llantos apagados por el vino; hay un fray Luis amaneciendo ebrio, desperezándose con un vaso en la mano, en brindis con el cielo, y un rector Unamuno que no podía gritar su autoridad porque un cigarro impertinente amordazaba su voz tantas mañanas; hay juventud vivida con angustia; hay poemas. 
                Solo pretendo dar un escorzo de José Cantero. Y como un autor vive para escribir y hace de su escritura su única vida, prefiero mostrar fragmentos de esa vida -su obra- a otros datos externos “imprescindibles” solo para los eruditos -entre los que no me cuento- que eligen “saber” eruditamente sin comprender tras esa erudición. Por eso copio este texto (marzo, 1972):
Vía cognitiva (Homenaje en La Flecha)

Hay un lugar detrás del horizonte,
y junto al corazón, de paz serena
y suave amenidad y gozo lleno.

Baja la nube y trepa al cielo el monte
en esos verdes prados donde suena
la música del cosmos dulce y pleno.

Allí brota clarísima fontana
con el agua más pura, y el espliego
perfuma allí la vida cada día.

Allí la claridad es cotidiana,
allí se mece el alma en el sosiego
y promulga la luz su epifanía.

La oscura y blanda hormiga allí construye
la máquina del orbe en miniatura
que al ideal del hombre se asemeja;

y para aquel que lo mundano huye,
en mágica y severa arquitectura,
                              la laboriosa abeja su miel deja.

Delicada mesura hay en la rosa,
fulgor y rojo aroma en su belleza,
y la fugacidad de su pureza

resumen es del ansia, codiciosa
de eternidad y plenitud, gloriosa
al elevarse en su naturaleza.

Entre libros y amores dividido,
paso mi tiempo fugitivo en una
eterna primavera dilatada.

Fervoroso y ardiente, y trascendido,
ni temo al llanto ni a la gris fortuna
en el solaz azul de esta morada.

Voy a su paz colmada de infinito
cuando de la verdad pierdo el sendero
y me tientan los falsos esplendores.

La soledad templada necesito;
y del resto del mundo sólo quiero
un pájaro, una fuente, algunas flores.

               Debo decir al lector que ni este ni el siguiente poema que rescato figuran en la edición de Poesía total (1993), libro que él mismo preparó y que no quiso ver impreso. Quizá estoy traicionando la memoria del amigo al difundir sus confidencias que, por otra parte, él desestimó en la antedicha obra por juzgarlas, sin duda, primerizos poemas, de corte clasicoide, y ajenos a la estética que asumió. Ciertamente, la poesía de José Cantero navega -y la amistad, náufraga, no me ciega- por otros derroteros más exigentes y herméticos. Pero ya he dicho que estoy apuntando al hombre y no solo al poeta, aunque este absorbiera y vampirizase a aquel.
            Una autocrítica severa le llevó a decir en una entrevista, consciente de su alejamiento de la poesía al uso: No espero nada de la crítica; en todo caso, descalificaciones. Y con el tiempo fue abandonando la escritura (deduzco que hacia los 35 años), su profesión de bibliotecario, su familia, toda vida social (hacia los 40) y hundiéndose hacia dentro de sí mismo. (Ya no leo porque solo se publican libros, igual que no voy al cine porque solo ponen películas). Y la soledad física conduce a la soledad síquica, en un solipsismo inextricable: algún amor secreto y poco venturoso consumió sus últimos años. Murió el 8 de marzo de 1993: Newton -la fuerza de la gravedad- lo asesinó contra el suelo 25 años después de otra muerte que estigmatizó toda su vida. En su ensayo Los poetas suicidas (1990) afirmaba: El suicidio es la ejecución de Dios: por haberse atrevido a crear una obra imperfecta. Y en su última carta había escrito con una letra rota: Envidio a los condenados a muerte: ellos no tienen que elegir. Y acompañaba este poema, dirigido a una enigmática O*:
          Amanecer

Mira 
mi 
sexo 
anclado 
entre 
tus 
ingles
y dime que no escuchas el fragor
del 
cosmos
renaciendo
en 
tus 
entrañas.

           Hasta aquí el breve apunte de este hombre que nació para escribir su muerte. Nunca supe su segundo apellido: como si hubiese ocultado su verdadera identidad (Soy hijo natural, y huérfano). Lázaro Carreter, en el prólogo al libro citado, tampoco aclara nada. Otros dirán de él lo que yo no he sabido -y, por doloroso y próximo, no he querido- decir.
      Morir: caer desde la duda 
      hacia la sima de la incertidumbre 
                                                      (Poesía total, p 207).