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martes, 17 de octubre de 2017

Hipérboles, leyendas, desencantos...

Brahms: Requiem

Dicen que Brahms, gran bromista él, gritó ante la inmensa catedral de Colonia: ¡Yo creía que era más grande!

Cuentan igualmente que una señora que vio, al fin, el mar se decepcionó, y comentó: ¡Creía yo que tenía más agua!

Un personaje de Lope de Vega, yendo a la corte y viendo al rey, exclama: ¡Pero si es solamente un hombre!

En el popular cuento de El traje del emperador (Don Juan Manuel, Wilde...) es el ingenuo inocente quien tiene que dar la dimensión real a lo que se ha mitificado.

Porque eso es lo que ocurre: convertimos en paraísos nuestros sueños porque necesitamos creer en ellos, y viene la hipérbole a exagerar su existencia, y el desencanto a destruirlos. Y nos deprimimos o nos reímos de nuestra credulidad. 

Sin embargo, lo que importa es saber reaccionar y convertir las utopías en caminos hacia la realidad: porque aceptar las derrotas de la vida es aprender a vencerlas. Y así, quienes habían idolatrado a los reyes como descendientes divinos aprendieron a derrocar la monarquía cuando se convirtió en tiranía: los ingleses no dudaron en descabezar a Carlos I, ni los franceses en guillotinar a Luis XVI; igualmente, Nietzsche ajustició a Dios cuando sintió que tiranizaba el libre pensamiento. El Papa Ratzinger abandonó su escaño "divino" al salir del Vaticano como un hombre vivo, no muerto, negando la infalibilidad de esta manera. 

Y es que "Los dioses mueren cuando el hombre piensa".
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domingo, 15 de octubre de 2017

Alienaciones

El Gran Gol

Paseaba yo por las calles nocturnas y desiertas, extrañado de tanta paz, silencio y estrellada noche. 
     De pronto escuché un grito de miles de gargantas agrupadas en la misma indescifrable voz que, al individualizarse ya desgañitada, distinguí que era la palabra ¡¡¡¡GOL!!!!
     Qué tristeza tan grande me produjo la eufórica alegría de esos millones de conciencias, solidarias con un frívolo y certero puntapié -y no donde la espalda pierde su honesto nombre- en un juego tan digno como cualquier combate millonario.
     Y pensé: ¡Qué diferente sería el mundo si los hombres mantuvieran tan excesiva solidaridad cuando ven a otros hombres morir, a otros niños morir, a la hambruna meter el gran gol de la gran muerte!
     Pero no; el dolor ajeno no tiene tal poder de convocatoria: no hay estadios en los que amontonar ayudas a aquellos cuyo único balón es el del oxígeno que les falta en los pulmones porque el sibaritismo de vivir simplemente cada día con un trozo de pan no ha llegado hasta ellos.



sábado, 14 de octubre de 2017

Consecuencias sin causa.

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Josquin des Prez: Miserere

En 2011 una descendiente de Lord Byron vendió un violín por 915 millones de dólares para paliar el terremoto de Japón. Esa reconstrucción no hubiera sido posible si Stradivarius no hubiese construido algunos violines que suenan como los luzbeles del edén. En realidad, no existiría el violín y sus afines si hace millones de años un homínido no hubiese elastificado algunos vegetales, y luego tendones de mamíferos, para percutirlos y vibrarlos como cuerdas a las que añadió más tarde una caja de resonancia, con todo lo cual imitaba el sonido de la voz hasta que llamó música a todo el conjunto derivado.
     Tal vez Las "Señoritas de Avignon" de Picasso no existirían sin la influencia que este recibió de Cezanne, Gauguin, incluso El Greco.
     Dícese que Einstein concibió la Teoría de la Relatividad partiendo de algunas ideas de Lorentz.
     Desde luego, sin Gutenberg y su imprenta hubiesen tardado mucho más en llegar un Lutero y un Humanismo que cambiasen la forma de entender la conciencia y el mundo.
     Así que cuando se dice que el vuelo de una mariposa conmueve y reordena el Universo se está simplemente afirmando que todo hecho se convierte en causa y toda causa crea su consecuencia porque todo está imbricado: como si una fuerza de gravedad material y espiritual atrajese los cuerpos y las almas entre sí inevitablemente y perdurablemente.
     De modo que responsabilízate incluso de lo que no haces.



viernes, 13 de octubre de 2017

La palabra elocuente.


Khachaturian: Adagio de Espartaco.

La poesía es el arte de la conclusión sin premisas, como la novela es el de la digresión anecdótica convertida en historia representativa del viaje de la Humanidad.

Si tomamos un texto y tachamos cuanto no importa por coyuntural, seudoliterario o falsamente humano, quedará reducido a unas pocas palabras elocuentes que siguen descubriendo, consolando, abriendo ojos, troquelando emociones, tejiendo pensamientos. 

¿No es posible que el autor se autoimponga ese ejercicio? 
Cuántos poetas ganarían si publicasen poemas y no libros.


jueves, 12 de octubre de 2017

El compromiso


Fauré: Elegía

1.-
 Hace un millón de años la mujer quedaba en la caverna cuidando de los hijos, mientras el hombre salía a cazar y recoger el alimento para todos. Esa misma caverna, como una cápsula en el tiempo, ha ido manteniéndose, viajera y con apenas cambios, durante milenios. 
2.- Digamos que hace un siglo la mujer se asomó con deliberación y voluntad por la ventana de los rascacielos cavernícolas: y le gustó lo que veía. Y se lanzó al páramo en busca de la vida que había llevado el hombre. Quería cazar, traer manutención, ser libre. 
3.- Surgió un problema, entonces: si se igualaba, justamente, al hombre, los niños que cuidaba quedaban sin cuidado. El dilema consistió en conversar o disputar sobre la solución: dos medias jornadas de trabajo -una para cada miembro de la pareja- o un solo trabajo para uno de ellos; o dos trabajos y pagar a quien se encargara del cuidado de los hijos. 
Pero como la pobreza no cuenta entre las victorias, y el mundo se rige por el número de logros, y estos por el dinero que se adquiere, venció la discusión y no hubo dejación de privilegios, sino lucha por adquirirlos, mantenerlos y elevarlos: dos sueldos y poca relación de los miembros de la pareja como emparejados y como padres.
4.- Claro está que vivir es más fácil que convivir: para esto último hay que regirse por el do ut des: y ese recíproco te doy porque nos damos significa renunciar al yo estrictamente individual para integrarse en un yo dual en el que "tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando", sin machismos ni feminismos, posesividad ni exclusividad, esclavos ni verdugos dentro de la unidad de dos. 
5.- Todos los desajustes y desafueros de las sociedades actuales -porque no hay regla con más validez universal que la del efecto dominó- vienen de no haber encontrado solución a ese problema -agravado desde que la unidad familiar tuvo que convivir con otras unidades y los pueblos resultantes con otros pueblos-.


miércoles, 11 de octubre de 2017

El mejor libro de versos


Increíble porque es cierto: en un concurso en el que se premiaba el peor libro de versos ganaron todos.
De donde se deduce que: 
1.- Si se publica cualquiera de ellos, será el libro más vendido -dada la calidad intelectual de los lectores actuales-.
2.- A la próxima convocatoria del tal premio acudirán tropecientos millones de concursantes -dada la calidad de los autores actuales-.

lunes, 9 de octubre de 2017

Lubin: Impacto

Castellano. Completa.

Melodrama: dos amantes planean matar al marido.
Inédito en España.

Kubrick: Senderos de gloria

ORSON WELLES: Sed de mal

sábado, 7 de octubre de 2017

La ley

Strauss-Kubrick

Pulsar para leer en el periódico:

Hace un millón de años un cavernícola salió a cazar y, tras sufrir las heridas y el esfuerzo de la caza, vio impotente cómo otro se llevaba su presa para alimentar a los suyos. Durante milenios ocurrieron escenas similares.
     Pasaron más milenios; y un observador reflexivo dedujo que aquello de la ley de la fuerza y su impunidad no era un buen modo de vivir, y menos de convivir. Así que se reunió con otros representantes de la tribu y concluyeron que debían extraer de la experiencia algunas conclusiones para que todos gozaran igualmente de un concepto que hoy pronunciamos como Justicia. Alrededor de esta establecieron normas que llamaron leyes, vigentes hasta que eran actualizadas por el mismo grupo que las había promulgado. El fin de toda ley era -es- la exclusión de cualquier fanatismo en las conductas, y por lo tanto la aceptación del principio de igualitarización universal. La ley de la fuerza se sustituyó por la ley de la razón. Comprendieron que cada ser humano es un universo cuya gravitación lo atrae todo hacia sí y quiere apropiárselo, pero que es preciso regularizar esas gravitaciones para que no se descontrole la muchedumbre de universos y choquen entre sí hasta destruirse. 
     Y de repente, el cazador dejó de temer que le robaran su caza, o el agricultor que le invadieran sus cultivos: porque la ley de la Justicia protegía sus derechos castigando a cualquier depredador de cualquier tribu.
     Hasta hoy ha prevalecido ese sistema, de manera que quien desea integrarse en la sociedad debe cumplir sus principios, y si no, cumplir las penas por su incumplimiento. Pareció tan bueno ese modo de convivir evitando la impunidad que griegos y romanos lo asumieron, y muchos siglos después le dieron cartas de garantía Inglaterra, América, Francia...
     Es verdad que siempre hay quien, como en el Orwell de Rebelión en la granja, opina egoísta y dictatorialmente que "todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros" (por ejemplo, El Rey Luis XIV, El General Don Francisco, El Cabo Hitler, o el primus inter pares Puigdemont). Ha habido tantos en cuyo ADN pervive el fanatismo de la rapacería que aquel descubrimiento que nuestros ancestros denominaron Justicia más parece hoy una utopía fantasma.
     Así las cosas, grite bien alto quién prefiere volver a las cavernas: porque eso es lo que predican para sí y los demás todos cuantos -amparados ciegamente en sus derechos- se olvidan de que nadie tendría ningún derecho si no cumpliésemos todos con nuestros deberes. Y que mientras una ley rige, solo rigen la ley y los elementos competentes para renovarlas.


viernes, 6 de octubre de 2017

Lo copio de Face...

La Libertad, Sancho...

Querido amigo: Agradezco el envío, y no sé si recibirás este. Algún hijo de su padre -tal vez no sabe quién fue este-, en desacuerdo con mi entrada de hoy en el blog ( Leer ),
ha intrigado con FACE y me comunican que he perdido algunas de sus funciones. 

Quien desee leer en los próximos días deberá pulsar la dirección del blog -donde también aparece mi correo personal-:
Pulsar
BLOG

https://antoniograciaoniria.blogspot.com.es

https://antoniograciaoniria.blogspot.com.es

Saludos 

Desde el periódico



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martes, 3 de octubre de 2017

Tú participias, yo participio...

Vangelis: Carros de fuego

No es cierta la afirmación de que lo importante es participar. Lo que importa es participar para ganar. 
     Si lo importante es participar la consecuencia es que se crean conformistas; si lo admirable es ganar significa que quien lo intenta se supera, mejora el mundo.
     Será terapéutico no crear perdedores; pero lo es más enseñar que perder no es una deshonra puesto que nadie puede quitarnos el orgullo del esfuerzo. El premio es un honor para quien gana, no una humillación para quienes han intentado ganar. Que somos competidores, no enemigos. Pensemos en Sísifo y Don Quijote: siempre perdiendo y siempre volviendo a intentar vencer. Porque el único perdedor es el que no participa.
     El conformismo es la peor droga porque atrofia la mente y la educa en el sinesfuerzo en medio de un mundo en el que, darwinianamente y socialmente hablando, solo sobrevive el más fuerte. 
    Ahí está esa mansa jauría de telespectadores y videojuerguistas para demostrarlo: nunca la política ha sido tan perversa y sabiamente estratega como al potenciar programas de ordenador y espacios televisionarios destinados a forjar electroencefalogramas planos.

lunes, 2 de octubre de 2017

706-715


Welista: Despojamiento lacónico

706.- La necesidad de encontrar lleva a creer que lo hallado es el verdadero hallazgo.
***
707.- Lo que amamos es que nos amen: por eso quien dice amar enamora.
***
708.- En el amor no hay mejor estrategia que rendirse.
***
709.- Solo de Shakespeare puede decirse sin error que nada nos sobra de cuanto nos legó.
***
710.- La escritura, cada vez más, es solo literatura.

***
711.- Quien más da es quien acaba teniendo más.

***
712.- Hay quien considera un gran mérito hablar bien de sí mismo.

***
 713.- Los libros me mantienen en mi tiempo, que es el de todos los que han utilizado la pluma con sabiduría, y continúan siendo mis actuales vecinos, mis coetáneos, mi comunidad, mi humanidad, mi nación, mi identidad. Constituyen ese espacio que llamaré La Vigencia.
***
714.- Aquel que tiene menor personalidad es el que más predica sobre su identidad.

***
715.- Siempre negamos a quienes debemos lo que somos.
***

domingo, 1 de octubre de 2017

La Muerte


Holts: El portador de la vejez

No sé por qué, llegados a una edad, tememos cumplir años. Toda una vida esperando el gran amor y, al final, temer encontrarlo de repente. Cuantos más años cumplimos más cerca estamos de conocer a la Dama definitiva y amante que nunca nos defraudará ni nos abandonará. Nos amará tanto que se fundirá con nuestro cuerpo y no permitirá que suframos ningún dolor: jamás ya nos herirá el pasado ni nos preocupará el futuro porque saciará nuestro presente. 
¿Qué otra felicidad puede esperarse?




viernes, 29 de septiembre de 2017

John M Stahl: Que el cielo la juzgue

Gene Tierney

Que el cielo la juzgue:

Un lugar edénico y unos amantes de vida paradisíaca acaban convertidos en parte de un infierno por el demonio de los celos.
Melodrama e intriga.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Aviso de caminantes





Un libro es igualmente bueno o malo con un premio o sin él. Lo malo de los concursos literarios no es perderlos (en el más noble de los casos, al ganador lo elige el azar: porque es probable que perdiese el premio con un jurado de distinto criterio). Lo peor es que te roben: que te roben los versos, los temas, el lirismo, la perspectiva, las imágenes: los jurados suelen estar formados por poetas, y algunos encuentran su mejor inspiración en los originales que examinan. Les pasa como a aquel profesor universitario que pedía como trabajo final el estudio exhaustivo de un soneto del Siglo de Oro. Algunos años después uno de los alumnos se encontró con un libro en el que se analizaban precisamente los sonetos áureos. Después de la sonrisa por la constatación del robo plagiario y la traición, concluyó que aquel sobresaliente inmerecido -porque al alumno le interesaba la poesía pero no las clases- no había sido suficiente regalo.


martes, 26 de septiembre de 2017

La voluntad del Arte



Dedicatoria

Siempre he creído que el mejor legado para la 
     Humanidad es la cultura. Antes de que 
  desaparezca herida por la frivolidad quiero    
dedicar este último libro a tres personitas que 
amo y son el comienzo del futuro
           Irene, Nicolás y Pablo. 
A. Gracia

Bardín

(Huya de aquesto quien carezca de curiosidad y paciencia).



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sábado, 23 de septiembre de 2017

Los cataluños


Pablo Casals interpretando y gritando paz, paz, paz, en la Casa Blanca:
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Face 50


Un país vive como parte de otro mayor y, pasados los desacuerdos históricos, conviven en relativa y recíproca armonía. Sin embargo, el más pequeño es incapaz de olvidar que los héroes de la Ilíada quedaron  en el pasado; y pretende, como un Viriato sin patria, crear una epopeya de la suya en un mundo global en el que el chovinismo es ya un anacronismo -además de evidenciar lo que quiere ocultar: que es una rémora que no existiría sin el pez del que se alimenta porque no se le admite en ningún otro océano-. 
     Tal rémora, que se cree tiburón y quiere engullir el mar, contumaz entre los contumaces, desafía a neptunos y ballenas porque estos, equivocados en su estrategia de cortesía o cobardía política, no lo mandan de un tridentazo o coletazo a las playas carcelarias para que se momifique a pleno sol. Cosa que algunos considerarían cacicada y que no sería más que un acto de Justicia (igual que no hacerlo es una injusticia para el ciudadano responsable). 
     ¿Qué pretende la puigdemónica truchuela sino fundar una perfecta nación, llena de leche y miel como la que Moisés soñaba? Olvida la truchuelilla que, estudiados el Universo y los designios de Dios, "este es el mejor de los mundos posibles", según Leibniz, y que por lo tanto cualquier otro mundo sería igual o peor, cuestión que finiquita la ley de Murphy al formular que "si algo puede empeorar, empeorará". Y esto parece tan cierto que ya Voltaire se rió del puigdemónico moisés y sus congéneres al escribir las peripecias de su "Cándido". 
     Imaginemos a Hitler apropiándose de Polonia y luego exigiendo dialogar de igual a igual con las demás naciones. Lo lógico es liberar Polonia y dialogar con sensatez, no con las armas, que eran, según Napoleón, la única razón esgrimible en un diálogo. Aquí las armas son los ciudadanos lanzados a alterar las calles y el empecinamiento en que las detenciones justas son injustas.
     En resumen: la tal rémora -embarazada tal vez de un Moby Dick suicida- conduce a sus pececillos hacia una corriente marítima que pronto desembocará en un mundo inexistente, con lo que matarifeará su cultura en vez de integrarla en la civilización que viene, y asesinará una lengua que podría seguir viva al menos quince o veinte lustrosos lustros para gloria de la diestra.
     Y el caso es que todo esto ocurre porque hay cojos de manos y mancos de pies que no son capaces de moverse y gobernar como manda la Señora Constitución, Primer Poder de todos los Reinos: encerrando desde el primer momento a quien proclama su intención de delinquir: como se hace con quienes hacen apología del terrorismo para que no lo practiquen: porque es mejor prevenir que curar y porque una cosa es la libertad de expresión y otra ampararse en ella para burlarse impunemente de la ley.

jueves, 21 de septiembre de 2017

martes, 19 de septiembre de 2017

La mística lujuria (Construcción de un poema)




Schumann / Duprè: C violoncelo.


Dos pulsiones rigen la existencia: eros y tánatos. El instinto de supervivencia nos lleva hacia el coito continuo para que la vida no se extinga. Contrariamente, la muerte elimina inexorablemente a los nacidos, con lo que la lucha entre eros y tánatos se convierte en la violencia más sostenida, e inextinguible, de la Naturaleza.

Por razones de convivencia social, cuando uno entre los muchos animales de La Tierra empezó a gobernarse por la conciencia, se castraron las libertades naturales del sexo y se reglamentaron sus instintos, ya que difícilmente podría el recién nacido ser cuidado por sus padres si estos, mediante el emparejamiento o matrimoniación, no se aseguraban de tal paternidad. La sexualidad cinegética (coitamos porque lo exige nuestro instinto) pasó a ser controlada; y su descontrol, perseguido por la sociedad. 


Sin embargo, igual que la vegetación exuberante es imparable en el Amazonas, el sexo es un río amazónico en la selva social. De manera que los lances amorosos, los extramatrimonialismos y erotismos liberales o libertinos se han ido sucediendo y excomulgando desde el origen de las civilizaciones para detener su erotómano flujo. Lo cual no ha evitado que siempre haya habido un guadiánico río en la vida y, por tanto, en las artes, que han dado fe del vigor y vigencia de tal condición humana y animal.

Ovidio, Petrarca, Sade … con metáforas y otros escondites, o sin ellos, lo han resaltado, como tantos otros, saltándose el tabú en que se había convertido. La castración de la sexualidad produce monstruos, o visiones arcangélicas. Aberraciones y paramisticismos. Porque la energía siempre se transforma en algo tangencial a sí misma si se le impide su espontánea combustión. 

Leamos el siguiente poema.

La fuente en la ceniza

Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
y esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.
La exaltación erótica del poema es evidente. Pertenece al libro Bajo el signo de Eros.

El poema nos presenta dos cuerpos en lujuriosa conversación apasionada. Nada procaz. Tal vez algún lector eche de menos, en estos tiempos de bocazas, la ausencia de un lenguaje abrupto, burdas expresiones, léxico vulgar y tabernario... acordes con el tema de la lascivia tratada por la poesía prostituida y prostituta ¿Es por esteticismo…? Veamos de nuevo el poema:

La fuente en la ceniza

Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
y esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.


El amo, con su yo implícito, repetido anafóricamente 8 veces en sendas oraciones paralelas por él encabezadas, arrastra buena parte del vocabulario hacia ese combate sin violencia bélica que llamamos coito. El rojo carnal de amo asimila o contagia semánticamente buena parte del entorno léxico que le sigue.

 Las expresiones “carnal”, “puma”, “cuerpo ansioso”, “sudor que lubrica”, “erosión de la piel”, “desenfreno”, “arrebato”, “te abres como un libro”, "nuestros sexos"… dibujan la imagen explícita de la fricción de la carne, la devoción por la salacidad, la voraz devoración mutua de la carnalidad… 

Todo el mundo sabe que semántica viene de semen: y ese fluido impregna los cuerpos como un sudor erótico provocado por las incontinentes embestidas lujuriosas del ariete en que se ha convertido amo. De modo que la sensualidad sexual parece ser el único arbotante del poema. Helo aquí, enrojecido en tal acepción:

La fuente en la ceniza

Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
y esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.

Sin embargo, acabado el trasiego lujurioso, lúbrico, libidinoso, lascivo, salaz, rijoso y etcétera, los versos 11 y 12, plenos de lasitud posorgásmica tras el príapo y mesalino esfuerzo, desembocan en un final que también explicita que la estridente cópula que se nos describe es la puerta para otra realidad intangible, sublime e “infinita” a la que conduce el acto sexual. Hay quienes sienten un destello irracional paradisíaco ante el mar, al contemplar el firmamento, al extasiarse ante un dios... y también hay quienes se asoman a esa solemne y oscura claridad cuando la carne reclama toda su materia e identidad, que no es solo carnal (Don Quijote sintiendo a Dulcinea, por ejemplo, Amiel ante sus sublimaciones innominadas…). 


Si nos fijamos ahora, desde esta perspectiva, vemos que muchas palabras abandonan su significado sexual o lo transfieren, o lo enriquecen, con una más alta concupiscencia. El amo no es una mera invasión retórica, sino vislumbre de transfiguración. De la luz carnal hemos obviado su identidad de oxímoron, que sintetiza lo aparente o ancestralmente antitético: cuerpo / espíritu; la materia corpórea y carnal es realmente una luz que hemos pasado por alto y que ilumina otros elementos.  El puma devorador es ahora un saurio esplendente. La luminosidad del piafar de los cuerpos se yergue hacia otra dimensión cósmica, como indican el fulgor robado a las estrellas y la búsqueda infinita. 


De manera que bien puede decirse que el poema no se reduce a ser una exaltación de la carne y sus placeres, sino una invocación y celebración de lo que hay tras ella o en ella. El amo ya no es solo un mecanismo de insistencia, sino también de gradación: desde la pura materia carnal hasta una sensualidad que trasciende la carnalidad, pasando por la sublimación, el paramisticismo (*) y otros matices del caleidoscópico ente -invisible, inefable y otro largo etcétera- que hemos dado en llamar -aunque los nombres pocas veces nombran, definen e identifican- Amor.

Cobra sentido así el dístico del autor: Sobre tu cuerpo escribo con mi cuerpo / el gran poema de la identidad. Y el final de otro poema: Mañana será amor lo que hoy es sexo.

La fuente en la ceniza

Amo el temblor rosado de tu boca
y el crepúsculo azul de tu mirada.
Amo la luz carnal que te ilumina
cuando te arrojas como un puma alegre
sobre mi cuerpo ansioso de tu cuerpo.
Amo el sudor de miel que nos lubrica
y la erosión constante de la piel.
Amo tu desenfreno y mi arrebato
cuando, tendida, te abres como un libro
esplendes como un saurio.
Amo tu lasitud y mi abandono
tras el fulgor robado a las estrellas.
Amo la ardiente búsqueda infinita
que late en nuestros sexos.

Como he dicho, este poema pertenece al libro Bajo el signo de Eros; y pudiera decirse que si no es central sí es nuclear del resto de poemas. Una primera parte acoge figuras en el tiempo y en movimiento, como breves cuentecillos tocados por la lujuria, el sarcasmo o el divertimento. Pero el libro deriva en estampas de otras figuras escorzadas y pulidas por una creciente desolación. Tal vez sea tal sucesión y ambiguedad polisémica la que da templanza a la configuración del poema. Desde la mitología a la Historia, el arte o la escritura, se suceden leves sonrisas y graves pesadumbres. Eros y tánatos en una continua y desigual batalla en la que es el autor el que más pierde. En algún momento lo resumí así:

Siempre he sido esclavo de la pluma: necesitaba su confesionalismo para liberarme de mí y abandonarme en el folio. En los últimos tiempos parecía que un gran océano acumulado por la voluntad y los libros escritos apaciguaba mi infierno. Por primera vez no necesitaba escribir. Era dueño de la pluma. Me puse a jugar con ella, con la obtusa intención de esbozar algunas fabulaciones, como un divertimento. Pero me equivoqué: pronto la pluma reclamó su origen y fue olvidando su ludismo y recobrando su entidad de verdugo consolador: se lanzó a trazar un conjunto en el que la tragedia triunfaba sobre cualquier sensualidad.

Bajo el signo de eros y tánatos, pues. Sirva La Celestina para ilustrar ambas pulsiones: en la cita nocturna, Calixto cachea amorosamente a Melibea, quien, aparentemente recatada pero más hija de nuestro tiempo, pregunta, falsamente melindrosa, qué hace su enamorado con tanto estiramiento de sus ropas; y Calixto, bajo el signo de Eros, le dice: “Señora, quien quiere comer el ave primero le quita las plumas”. Finalmente, cuando, muerto Calixto, Melibea no encuentra razón sin él para vivir, se suicida arrojándose desde la torre; y su padre, Pleberio, bajo el signo de tánatos, grita: “¿Para quién fabriqué navíos? (léase futuros)”.

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(*) Parece evidente que cuando Teresa de Jesús describe su éxtasis como un ángel penetrándole el corazón con un dardo de oro no es ese órgano el  tan concupiscentemente penetrado.

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