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domingo, 17 de diciembre de 2017

Miguel Ruiz Martínez: Sobre Antonio Gracia




Antonio Gracia es un escritor, un poeta, al que he seguido, durante bastantes años, a través de la amistad y de la literatura. Bien es verdad que nuestros encuentros han sido intermitentes. 

- Recuerdos. Un colegial en dos colegios
Conozco a Antonio desde el aula de tercer curso de un colegio de Orihuela, el Oratorio Festivo de San Miguel, Escuela Preparatoria. Del Oratorio pasó a otro colegio, también de nombre santo, Santo Domingo. Estando por sus aulas, descubriendo los lugares más altos y celestes del edificio dominico y, sobre todo, los más escondidos, que antes ya habían explorado con bastante aprovechamiento otros colegiales como Gabriel Miró y Miguel Hernández, le fue viniendo la afición desmesurada por la lectura, lo que le condujo de manera ineluctable a la literatura, disciplina y vivencia de la que nunca ha salido. 

María, si vas al baile
     Practicando el viaje en autostop, en la solana del Sistema Central, no lejos del pueblo de San Martín de Valdeiglesias, un día en que no paraba ni camión ni coche ante los autoestopistas, caminábamos Antonio y yo recordando a Lázaro de Tormes y al ciego, esperando que nos salieran al camino las serranas bruscas de Juan Ruiz y las más delicadas serranillas del marqués de Santillana,  cerca de unos viñedos que lucían uvas negras y rojas casi maduras, era verano, vimos venir, bajando una cuesta suave, a un labrador sentado a la jineta sobre las alforjas. Creo que iba bebiendo vino de una bota de vez en cuando, con mucha solvencia, lo cierto es que cantaba una canción popular, digna de los mejores cancioneros, que decía así:
               María, si vas al baile,
               y te preguntan por mí,
               diles que estoy en el cielo
               por un beso que te di.

Resonaba la canción en la paz de los campos amenos insertos en las arrugas de las estribaciones de las sierras. Y en esto paró un camión al ver el dedo pulgar de nuestras manos derechas en alto. Y eso sin que Antonio fingiera una cojera en esos momentos para motivar discretamente el ejercicio de la solidaridad por parte de los conductores.

Por Salamanca y Ávila. En busca de Oniria
Una de las dos veces que he estado con Antonio Gracia en Salamanca la visitamos durante varios días, haciendo él de experto cicerone. De la biografía de nuestro escritor se sabe que cursó estudios universitarios allí precisamente. Recuerdo, entre algunas borias, una pensión como sacada de la picaresca del siglo XVI; las 2 universidades, la genuina y la Ponti; a Miguel de Unamuno agobiado por los huecos de su existencialismo y del bronce de su escultura; a Fray Luis de León, muy sereno, que decía algo de ayer en su aula desde la cátedra;  las catedrales, la Vieja y la Nueva, la calle de Franco antes Toro; la arquitectura plateresca y la barroca; la casa de las Muertes, la casa de La Celestina, la de Melibea, la de Calisto; la maravilla de la Plaza Mayor, la rana sobre la calavera, Anaya; la puente del verraco, el Tormes, sus orillas verdes junto a aguas murcias, las alamedas; la visión impresionante de Salamanca desde el otro lado del río, el sol de la tarde reflejándose en la piedra rosa de los monumentos de la ciudad allá lejos; las agujas de las torres de la catedral pinchando el cielo, reluciendo Salamanca en el espejo de las aguas fluviales. Recuerdo que ayudé, eso creo, a Antonio, a buscar a Oniria por las rúas de la ciudad salamanquesa, por las fachadas, por el aire que nos rodeaba. Y tras buscarla por Salamanca llegamos a Ávila continuando la búsqueda por dentro y por fuera de las murallas. 

- Sobre la obra del escritor 
¿Qué diré de la obra de nuestro homo scriptor? Antonio Gracia es un escritor formado o deformado en Orihuela, según se mire, o quizá las dos cosas a la vez. Emigrado y residente en Alicante.  Autor de una extensa y original obra poética que ha merecido, desde hace décadas, la atención de los lectores, el elogio de la crítica y varios prestigiosos premios entre los cuales están el Vicente Martín, el José Hierro “Alegría”, el Paul Beckett, el Fernando Rielo, el Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana.
     Para acercarnos a la obra de Antonio Gracia me referiré primero al concepto que de ella tiene el propio autor, a continuación veremos qué apunta  un crítico eminente, en tercer lugar expondré la visión que se ofrece en El libro de plomo. Y terminaré con unas pinceladas personales.

Su propia opinión
En la solapa de La urdimbre luminosa, 2007, cerca de la dedicatoria que dice “Para mi amigo Miguel, esforzado sufridor de viajes por el mundo y utopías concretas”, anota Antonio Gracia: 
     Escribir es buscar la íntima identidad. Puedo dividir mi vida en dos tramos. Uno autodestructivo, recogido en Fragmentos de identidad; otro, reconstructivo, a su vez divisible en una primera fase de cauterización (Hacia la luz, Libro de los anhelos y Reconstrucción de un diario, en el que, por fin, me libero de la hiperestesia de una historia obsesiva y guadiánica) y otra de pretendido eglogismo psíquico (La epopeya interior, El himno en la elegía, Por una elevada senda). Si primeramente mi escritura no conseguía evitar lo que sentía, ahora me esfuerzo, ya que no consigo callarme, en escribir lo que me gustaría sentir. No es un autoengaño, sino una divisa: una batalla que se sabe perdida pero que distrae de la derrota mientras dura el combate.

     En una entrevista colgada en Mientras mi vida fluye hacia la muerte, su blog, noviembre de 2016, ante la pregunta de una linda entrevistadora, el autor de Lejos de toda furia decía:
     Naturalmente yo no me he leído a todos los poetas y menos aún todas sus obras. Pero según me dicen parezco ser uno de los pocos o el único que, quizá sin proponérmelo, ha creado un mundo propio con su paraíso, infierno y purgatorio. El existencialismo o fatalismo agonista me viene de ser un buscador que odia encontrar porque no hay más grande dolor y desengaño que un sueño al realizarse; por eso la muerte se convierte en mi obra en un espacio donde transcurre mi existencia, en la cual Oniria es la Beatriz que me daría un Paraíso en el que ni creo ni espero, y en el que el suicidio es la única salida imposible. Imposible porque me impediría construir una escritura, que es la única redención que me anima a la esperanza y que me desespera porque me hace saber que, como todos los que se piden demasiado a sí mismos, mi futuro se acabaría allí donde la pluma se detiene.

El análisis de un crítico 
¿Qué dicen los estudiosos de la obra de Antonio? Una pléyade de críticos ha destacado sus trabajos dentro del panorama de la poesía española desde la década de los ochenta. Ángel Luis Prieto de Paula, Luis Bagué Quílez, Ángel Luis Luján, Joaquín Juan Penalva, José Luis García Martín, José Luis Zerón y otros, han analizado trilladamente sus obras. 
  Del prólogo de Prieto de Paula a Devastaciones, sueños, 2011, titulado “Antonio Gracia contra las estrategias de la muerte”, fusilo algunas características:
-Su escritura es la expresión de su auténtico yo: 
          Nunca escribí para encontrar belleza,
          sino para aliviar el sufrimiento. 
          No hay más alta belleza que el sosiego, 
          y en el sosiego está la plenitud.

-A efectos poéticos es alguien que se siente excepcional -al margen del mundo-. Su escritura surge principalmente de su intimidad.
-Sus trabajos irradian una personalidad intensísima que casi borra otras señales del mundo. El mundo es la estancia de su yo, un yo inflamado, sobreabundante, irrestricto, soberbio, egregio, inacomodado y generador él mismo del mal del que se ocupa la poesía.
-Es un poeta movido por el furor compulsivo de la supervivencia del arte: la escritura puede plasmar la parte de ese yo susceptible de animar un objeto artístico exento.
-Percibe la existencia como un fracaso.
-El descalabro existencial del ser para la muerte encuentra compensación en la proyección intemporal de su actualización artística
-Persigue un arte no vinculado a la circunstancia, sino liberado del tiempo, capaz de afectar a cualquier sensibilidad de cualquier época. Una visión idealista que contiene en su interior el germen de la decepción ya que no existe un arte ucrónico y estático que diga siempre su canción, la misma canción a todos los hombres.

La visión de El libro de plomo
El libro de plomo, de José Aledo y José Luis Zerón, señala a través de sus páginas la influencia de  nuestro poeta en la vida cultural oriolana, concretada, de alguna manera, a través de la dilatada vida de la Revista Empireuma.

Desde mi punto de vista, subjetivo y desordenado,  constato en la obra de Antonio Gracia, entre otros aspectos:
-El esfuerzo, a veces sobrehumano, por elevarse desde la muerte a la vida, por transformar la elegía en himno.
-La capacidad de integrar en su obra, a su manera, los mitos griegos y los relatos bíblicos.
-El afán didáctico a lo largo de su trayectoria, concretado, por ejemplo, en Mientras mi vida fluye hacia la muerte, su blog, y en  su libro La construcción del poema.
-El logro progresivo de la serenidad consciente y por lo tanto voluntarista.
-La insistencia en predicar el Arte como un bien superior, concretado sobre todo en la Literatura, la Pintura y la Música.
-La definición del binomio escritura y salvación.
-El dominio riguroso de la palabra y el verso.

Y hasta aquí. 
                                 Ateneo de Alicante 1-XII-2017 (Resumen)
                                            Miguel Ruiz Martínez

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hawks: Luna nueva





Inteligente e hilarante comedia de las muchas que dirigió Hawks e interpretó Gary Grant. Al fondo, las relaciones matrimoniales y el periodismo.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El arte abstracto es concreto


Por muy abstracto y autónomo que pretenda ser, el arte siempre es figurativo, puesto que el espectador, oyente o lector acaban dibujando mentalmente una figura para visualizar el magma de sus percepciones, una efigie en la que concretar su reacción ante la imagen, el sonido o el poema. De modo que bien puede decirse que la abstracción es una concreción síquica; y esto es lo único que existe para cada individuo, incluido el autor; quien, al fin y al cabo, solo lleva a la retina, el oído o el entendimiento lo que vislumbra, también magmáticamente, en la penumbra de su numen.
Y si el mundo es como lo representamos, toda representación es figurativa, incluso la de un sonido, una palabra, un color.

viernes, 8 de diciembre de 2017

El abrazo en el catre

Rossini: Dúo de gatos


Hace años que X y Z tienen encuentros eróticos, con beneplácito de ambos, ya que con su gimnasia sexual descansan sus cuerpos y sosiegan sus mentes. En los últimos tiempos los encuentros se han convertido en encontronazos verbales tras la erotomanía. Ahora, en vez de pensar en si pierden más que ganan poniendo fin a su historial orgasmático, discuten continuamente sobre el porqué de lo que ocurre. El uno le dice al otro: 
- ¡Tú tienes la culpa! 
Y el otro le dice al uno:
- ¡La culpa la tienes tú!
     Esos son sus únicos argumentos. Uno de ambos, por fin, sugiere:
- En cuanto salimos de la cama empieza la vida que no sabemos vivir: la convivencia. Quien presume de tener "muchas cuartetas" o "muchos tortillos" está gritando en realidad que carece de neuronas. Así que por muy bien que conversen los gólgotas y los jesucristos -diálogo imprescindible para la buena crucifixión amórica- nada dicen si luego el corazón es un egoísta empecinado.
- ¡La culpa la tienes tú!
- ¿Y si yo digo que "Tú tienes la culpa" desaparece el problema?
- ¡Es que la culpa la tienes tú!
- ... Vale... Puesto que somos tan necios que anteponemos el malestar del amor propio al bienestar del amor natural -sexo amoroso, o lo que sea que sentimos-, nos merecemos perdernos mutuamente. Nuestra necedad nos impide ver que la suma de bienestares en común ha sido, y sería, mucho mayor que la de los malestares. Y que será difícil encontrar a quienes nos sustituyan y nos complementen con la misma intensidad que nos complementamos.
     No obstante, el otro de los dos persiste en avivar el rencor con las armas de la obstinación, hablando sin dejar hablar. Así que, ante tanta contumacia, el uno de los dos le dice al otro de los dos -o el otro que queda sin el uno le dice al uno que suma dos con el otro-:
- Ya que me obligas, lo diré: la única causa de esta ruptura es que no te soporto fuera del catre y me inventé un motivo de disputa para justificar mi adiós. No basta con poseer solo inteligencia lujuriosa. Se precisa una buena estrategia conversacional: callar cuando hay que escuchar. Que aprendan a hablar las mentes como aprendieron los cuerpos.
    

jueves, 7 de diciembre de 2017

No aconsejarás

Brahms: Festival académico

Todos sufrimos las consecuencias de nuestros errores; todos quisiéramos no haberlos cometido; pero casi ninguno aceptamos que nos los señalen ni siquiera como signo de amistad y buen consejo. 
     A veces aconsejamos que es mejor hablar despacio que deprisa, que es mejor la conversación que la disputa, que hay que aminorar la prisa instalada en los genes sociales y personales, o que no hay que defender ni condenar a gritos al Sire Puigdemong sino aplicarle la ley, único dios ordenador de este mundo. Otras veces indicamos -porque nos lo preguntan- simplemente que un atuendo favorece más que otro, o que un verso disuena del conjunto... 
     Da igual: quienes nos oyen acaban sintiéndose molestos y criticados en vez de entender que solo les señalamos -y solamente en nuestra opinión- cómo mejorar. No admitimos que a veces hacemos mal esto o aquello porque así nos lo enseñaron; no queremos admitir que es simple cuestión de rectificar lo que aprendimos.      
     Y así, por dejación, el mundo se convierte en una bola de nieve que acumula errores destructivos con los que arrasa la convivencia.
     Cuánta prisa y ansiedad por tener razón aun sin razones, con lo fácil que es razonar y concluir que es de sabios rectificar y de necios persistir en la equivocación. Cuánta necedad en la defensa del egotismo y el olvido de la íntima humildad y el propio bien.
     La segunda vez que asistí a un claustro de profesores oí tantas sandeces y obviedades que, al terminar, escribí en el panel de sugerencias que los claustros tenían un valor terapéutico porque producían la sensación de ser más inteligente. La vez siguiente anoté que, puesto que todos los claustros eran igual y plúmbeamente profilácticos, debía grabarse el próximo y darnos una copia a cada profesor, con lo que se evitarían pérdidas de tiempo y de tumultos.
     Así es como, por decir escuetamente lo que pensaba, empecé a ganar amigos también entre mis semejantes de la docencia. No contaba yo con que a la hora de los claustros, mañaneros, los enseñantes no encontraban el libro inadecuado, ni el partido futbolero imprescindible, sino la discusión edificante con el oíslo de turno.
     "Esto es el mundo", me díjeme diciéndome, y se está pudriendo en la calle, la tele y la familia, repítome que me díjeme diciéndome.
     Hoy, como todo se cuece en las aulas y en la tele, y los ministros respectivos suministran materiales corrosivos para la educación, todo el mundo corre hacia ninguna parte, habla sin saber qué, e incluso se molesta si le aconsejas que piense antes de decir o hacer algo impensable. En fin: que casi todos odian a quienes les dicen lo que yo estoy diciendo (que, por cierto, es solo una opinión perspectivesca).

sábado, 2 de diciembre de 2017

Dos bibliotecas.


Durante mis años adolescentes, comprar un libro era para mí un lujo que podía permitirme solo cuando vendía un puñado de los tebeos que con paciencia y ahorro había ido acumulando. Después descubrí la biblioteca de Teodomiro y la convertí en la catedral de mis lecturas y mis soledades. Me acompañaba La Diablesa, un "paso" semanasantino de Orihuela que se guardaba en una pequeña sala solemnemente escondidilla para que no nos lujuriase el erotismo de sus pechos. 
Aquellas tardes y otros días semejantes en otros escondites, con mi pequeño cúmulo de libros, forman la mitología de mi felicidad.
      Ahora tengo dos bibliotecas. 
Una es la que ha ido creciendo desde aquella primera, y sigue siendo mi refugio el tacto de sus páginas, escogidas anhelosa y amorosamente a lo largo de décadas. Ellas me mantienen en mi tiempo, que es el de todos los que han utilizado la pluma con sabiduría, y continúan siendo mis actuales vecinos, mis coetáneos, mi comunidad, mi humanidad, mi nación, mi identidad. Constituyen ese espacio que llamaré La Vigencia.
     La otra biblioteca es una consecuencia de vivir en el mundo y querer estar más o menos al día de las enfermedades y sueños de la pluma. Tiene esta biblioteca deshumanizada dos salas, amplias y llenas de muchas cosas a las que siguen llamando libros. La primera sala se llama FNAC; la otra, Casa del libro. En ellas paso algunas horas en las que hojeo decenas de poemas y párrafos, por si tropiezo con alguna sorpresa que merezca la pena entre los cientos de las novedades nacidas ya anticuadas y a las que debería habérseles practicado un concluyente aborto para que no inspiren el deseo de eutanasia en sus lectores. Generalmente vuelvo a dejarlas pulcramente en su sitio, una vez que me he puesto al día de lo que no debiera haberse publicado.  Porque los libros pueden considerarse hoy unos de los artículos más caros de la mercadería, si tenemos en cuenta que de cada mil kilos de papel impreso hay cinco o seis gramos que merecen releerse.
     La conclusión es esta: para no perder el tiempo, la biblioteca local; para olvidar sin dolor económico los títulos que todos los suplementos paraliterarios califican de imprescindibles, las grandes superficialidades

Recordemos: a menudo, estar al día impide estar en nuestro tiempo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Doña Ana la Tocapianos


Anderson: C. para máquina de escribir

Me díceme alguien que firma "Maravillas", al leer el anuncio del acto Cántico Erótico (véase pulsando AQUÍ), que siente no poder asistir porque ya ha programado "perder el tiempo" mejormente durante esas horas, en otra parte. 
     No la conózcola, y no creo que me conózcame. Ni siquiera sé su nombre: he llamado a "Maravillas" Ana porque tal nombre en masculino suena muy mal. Tal vez pretende ofenderme; aunque en realidad solo se califica a sí misma autorretratando su tenaz tegucigalpia; pues, como escribió el gran poeta y avicultor rupestre Jitanjáforo Boniato, también llamado Latrociniusque Escorbutos:
                            yo sé bien que su sapiencia 
                            ha conseguido escoger 
                            lo afín a su inteligencia.


Qué grande es el cine: Cuentos de la luna pálida



martes, 28 de noviembre de 2017

Cántico erótico


Audio: Resurrección

Maribel Berná y Concepción Jover
en nombre de
 El Ateneo de Alicante 
le invitan al acto poético

Antonio Gracia: Cántico Erótico

Presenta: Miguel Ruiz Martínez
Profesor y escritor

Intervienen:

Elvira Pizano 
y 
María José Ortiz
Se obsequiará a los asistentes con un ejemplar del autor
Día 1 diciembre, a las 20:00
Calle Navas, 32



domingo, 26 de noviembre de 2017

Cómo acabar con el Arte

Mussorgki: Cuadros de una exposición



Pocos complejos existen hoy como los derivados de la egolatría, puesto que vivimos en un mundo en el que la noble solidaridad es cosa del pasado, aquel tiempo en el que las guerras requerían  aliados, contrincantes y cómplices impunes (hoy basta con disfrazarse de político, o turistear por Bruselas, para investirse de impunidad). Al aparecer este mundo feliz -porque vive en la inopia y ha atrofiado el músculo del pensamiento-, una inmensa mayoría nace y se hace sin comprender cuánto esfuerzo les costó nacer y hacerse a sus padres, abuelos y ancestros. Así que no pocos se dedican al deporte de no hacer nada, otros a independizarse sediciosamente de la solidaridad, y otros a hacer algo que perjudica a quienes se han preocupado por hacer algo que mejore el mundo.
     Por ejemplo: los artistoides que -sin conocer los fundamentos del Arte- cuelgan por doquiera sus cambalaches, yerguen sus inesculturas, malescriben sus libruelos, rascacielan, en fin, los espacios artisticenses.
     Hace poco me vinieron una "artista" y un "vate", avalados por cultos ayuntamientos y diputaciones, a mostrarme sus maravillosas estupendeces, que ellos encumbraban como celestes estrellas del firmamento de una gloria que iban a alcanzar. Yo  intenté hacerles comprender que es de sádicos torturar el arte, y que no es fácil crear obras maestras cuando no se ha conseguido ser ni aprendiz de la palabra o la plástica. Que colgar telarañas sinuosoides en el techo, pintarrajear paredes con anacolutos o trenzar versímetros sobre las coyunturas epidérmicas, como si fueran recogedores de las malandrinerías tejidas por la bizca inteligencia, es menos realidad memorable que leprosa consecuencia de la euforia y la inepcia. 
     Les dije:
- Yo no juzgo ni sanciono, solo opino. Me parece bien que os divirtáis con estos artefactos juguetísticos, pero el Arte le pertenece al homo y la mulier sapiens, no a los malamente habilis o ludens
     Dijo el "vate" (que, a la sazón, se llama  Báter):
- ¿Pero no es inteligentemente inverosímil conseguir que esta inacabable ristra de tonterías consiga no decir nada?
     Dijo la "artista" (que firma como Golgotaria la Exsimia):
- ¿No es golgotosamente admirable esta relación de chorisos colgantes que picantonamente, y aprovechando la gravitación universal newtoniana, son paralelamente perpendiculares al ostracismo cetazoidal?
     Yo, admirado ante su admiración, no sapiaba qué decirles para no herir sus egos hiperegolatristas y cegativamente homéridos. Finalmente razoné que todo es mejorable y me calléme. Pero, volviendo a la carga, sin abuela oceánica que los aplaudiese ferozmente, y plenos de humildad beatífica, me dijéronme ambamente ambos que "¡a ver, cómo podían mejorarse esas sus obras!". Y aquesta fue mi inocua respuesta:
- Vuestra modestia os impide mostrar que ya sabéis la contestación. Es muy sencilla: Para mejorar vuestra obra basta con que tú no pintes más y tú dejes de escribir. 


sábado, 25 de noviembre de 2017

Niños

Querida Teresa: 
Me pides una colaboración para tus labores humanitarias y te improviso estas palabras, más llenas de buenas intenciones que de buenos versos. 
Saludos y éxito en la empresa.
Shumann: Escenas infantiles




Niños bajo la yunta

La muerte disfrazada de esqueleto
asoma por el pecho, arrasa el vientre
y corre por los brazos y las piernas
hasta brotar como un esputo amargo.
Los niños son el rostro del dolor
cuando, en vez de reír junto a sus padres,
gimen como unas ruinas desoladas
que golpea la insolidaridad.
Sin embargo, tras esa carne herida
por el olvido y por la indefensión,
la más bella sonrisa canta al mundo
que no existe ninguna otra alegría
como la de la infancia, la pureza
de la inocencia, la resurrección
del edén, del origen, de aquel tiempo
en que existía la felicidad
como un bálsamo lento y cotidiano.
Quien contempla los ojos de esos niños
y les tiende la mano siente el alma
nacer hacia otra luz: la pura luz.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La necedad del necio

Rimsky: El vuelo del moscardón

Quien sufre un complejo tiene dos opciones: afrontarlo para vencerlo o, bien, ocultarlo. Aquel que lo afronta termina por asumirlo hasta que consigue superarlo. Quien lo oculta lo convierte en su talón de Aquiles, y siempre será víctima de quienes se lo descubran. Me refiero a los complejos que hieren la autoestima. 
     Otra cosa es el complejo de superioridad: o sea, el que dicta la inferioridad de los otros. Ese es el de los megalómanos y solo se cura con el desprecio o, mejor, con el silencio ante su aparición. Porque hablarle a un necio es convertirse en necio.

     

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Por qué se escribe

Clara Wieck: Nocturno


Los escritores se dedican a intentar tener éxito; los autores a encontrar o crear su verdadera identidad. Los "escritores" a ejercer su profesión, que es llenarse los bolsillos y el ego social; los autores a comprender su propio yo y entender el mundo. Igual ocurre en todas las artes. El artista no puede evitar serlo; el artesano pretende convertirse en artista.

     Lícito es enriquecerse con dinero o con aplausos; pero más digno es intentar ensanchar el mundo, dotarlo de más claridad, averiguar los entresijos del hombre, contestar al porqué de su existencia, su vida, su muerte, sus tristezas y alegrías. ¿Qué perdura del dinero y a quién le favorece sino a quien lo posee? ¿No es más enriquecedor enriquecer a la Humanidad donándole obras en las que se reflejan sus sentimientos pensados, sus pensamientos sentidos? Muchos llenan sus sótanos y bóvedas de riquezas superficiales, y otros pocos componen rostros para el hombre interior. 
     ¿Quién es, finalmente, más rico, aquel que atesora millones de euros o el que acumula a lo largo de los siglos millones de espectadores, lectores, oyentes porque estos se identifican y enriquecen con sus obras?
     La pulsión creadora, como he dicho, nace y se hace. El autor, el artista, no puede evitarla y, si la evita, la sentiría como un suicidio; el "escritor", el artesano, no implica su vida en su tarea. 

  

martes, 21 de noviembre de 2017

El rostro de nuestro tiempo


Beethoven: Marcha fúnebre de la Heroica

Retazos de impunidad 

Angrac Ianto publicó una carta que dedicó -¡aún resuena el revuelo!- al Fiscal, al Director de la Academia y al propio Presidente de la Nación. Copio un fragmento: 
Maté al amante de mi mujer hace unos años -en un acto de honor- y luego a mi mujer -para quedarme con sus millones-; fui al Juzgado nº 12.322 y lo confesé todo: como en las altas esferas hay muchos asesinos encumbrados, sabía que me comprenderían: si un día yo era elegido, por ejemplo, presidente del País, los medios de comunicación se obstinarían en empañar mi imagen con esas menudencias y otros antecedentes que en realidad solamente afirmaban mi capacidad de comprensión y manipulación de la sociedad: así que me aconsejaron que ocultase mi crimen: porque en la cárcel no se hace fortuna y un hombre tan decidido como yo, y de tan buenas prendas, no podía desestimar la carrera política. Y aquí estoy (creo que condenaron a un ingenuo inocente que solo prometía ser buena persona), más honrado que Lincoln y más firme que Hitler. Y mejor presidente que los dos”. 



lunes, 20 de noviembre de 2017

Para qué sirven las artes...


Shumann: Ensueño

Para qué sirven las Artes

     ¿Cuántos hombres y mujeres, observando El muchacho azul de Gainsboruch, o el Master Hare de Reynolds, han sentido la vida renacer mientras se les iluminaba el corazón?
     ¿Cuántos, contemplando La libertad guiando al pueblo de Delacroix, o el Guernica de Picasso, han descubierto su desprecio por las esclavitudes y guerras, más fuertemente, incluso, que al recordar el horror de Hiroshima?
     ¿Cuántos, leyendo la Elegía de Hernández, han consolado su silencio porque no sabían cómo expresar el dolor ante la muerte de un ser querido? 
     ¿Cuántos, ante la Novena de Beethoven, se han esforzado por vencer la melancolía que inundaba sus vidas?
     Para calibrar la importancia de una obra basta con preguntarse: ¿Sería igual el mundo sin Miguel Ángel o Velázquez, Bach o Wagner, Shakespeare o Cervantes?
     ¿Cuántos han descubierto que en algún lugar de un cuadro, un libro o una partitura hay una respuesta a las muchas preguntas del vivir? 
     ¿No sirve para nada el Arte? ¿No es un camino para llegar a nosotros mismos y hasta los demás? ¿No es cada artista un portador de luz en esa carrera de relevos?

                                                     Leer completo en el 



viernes, 17 de noviembre de 2017

Dieterlie: Retrato de Jennie



Castellano. Completa

La magia de la pintura y la leyenda en un cuento tan lírico como fantástico.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Los infieros guerreros del eros


Bach: Aria

Siendo la pulsión erótica la imposición primordial de la Naturaleza, cuya función es la de la supervivencia mediante el ejercicio de la sexualidad, resulta sorprendente que el erotismo haya sido uno de los asuntos más perseguidos por las ortodoxias de todos los tiempos, como si fuera ajeno al hombre y la mujer, o una perversión, hasta el punto de convertirse en tema clandestino.
         Si no hay grandes obras eróticas, sí hay mucho erotismo en no pocas. Por recordar algunas, basten dos bien distintas: “Las once mil vergas”, de Apollinaire”, o “Historia del ojo”, de Bataille; aunque pocas historias más jocosas por eróticas que el relato que Bocaccio hace de Alibech. Escasos poetas han evitado alguna incursión explícita en este tema, siendo Pietro Aretino uno de los más decididos y destacados.
Pietro Aretino nació en Arezzo, en 1492, y fue “periodista”, panfletario y pornógrafo. Paradigma de la burla y el libertinaje, su leyenda incluye el hecho de que mantenía un harén de jovencitas, salvadas de la miseria y el hambre para que se lo comieran a él de vez en cuando, así como el de que los cielos lo castigaron con su misma filosofía, puesto que, ya que se rió de todo, “muore nel 1556, a Venezia, per un colpo apoplettico pare dovuto a un eccesso di risa”.
El biempensante Nicolás Fernández de Moratín debe mucho a Aretino, aunque nunca lo cita. Tampoco es ajeno a él el Espronceda apócrifo. Pero es el Abate Marchena, egregio traductor de Lucrecio en verso endecasílabo, quien dejó la versión del poema que sigue. Dice Marchena que perdió el original, copiado de un manuscrito que encontró en Italia. Si esta pérdida es una argucia, como parece, el poema sería obra del Abate -que no tuvo que ver con la clerecía sino el desdén por lo eclesiástico-, quien soñó en verso, a la manera de los “Sonetti lussuriosi” del Aretino, lo que -por ser físicamente tan feo como “una falta de ortografía de la naturaleza”, en expresión de Madame de Staël- no alcanzaba a lograr su cuerpo; aunque se le atribuyen numerosas amantes.

He aquí el poema (atribuido también, por su golgotariez indifusa, a J. Cantero), conocido con el título que se indica y cuyo significado, por si alguna duda hubiese está en el subtítulo: La chupación:

No descansa el guerrero

 

Igual que el espolón de una galera

he penetrado en ti; y, al ser hendida,

no has sido tú quien ha quedado herida,

porque mía la blanca sangre era.

Y sin embargo, tú, fiera pantera

durante la batalla, caes rendida

y quieres, nuevamente sometida,

que mi espada te hiera por doquiera.

Con cuánta dignidad tu humillación

convierte mi derrota en tu victoria

y me declara vencedor vencido.

Llegue mi espada hasta tu corazón

primero por la boca, y que la gloria

la alcance quien más veces fuese herido.