Capital del dolor
El hombre y la mujer andan despacio,
las manos ensartadas una en otra,
sosteniendo sus días lentamente.
Unos meses después ya no son dos
los que cruzan la calle. Desolado
como un náufrago en medio de la vida,
las palabras no saben explicarle
por qué se quedó solo, por qué ella
dio un abrazo a la muerte si era a él
a quien amaba.
Y escucha unos silencios que no existen:
vivir es la guarida del dolor,
y morir es el más dulce exorcismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario