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martes, 30 de junio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009)

Berg / Norman: El vino

La Fundación Miguel Hernández y algunos amigos oriolanos de Miguel Ruiz Martínez reunieron casi toda su poesía en el volumen El corazón del claroscuro. Y han hecho bien; aunque, como en tantas ocasiones, el autor no se entere de que cuantos lo apreciaban esperaron a su muerte para manifestar su aprecio suficientemente. Esta inconsciente estrategia -ya asumida por el mundo- no quita mérito a los editores -vaya en nombre de todos el del prologuista, J. L. Zerón-.

Tal vez fui el único -eso decía el reivindicado- que lo trató con asiduidad en sus últimos años, a veces por la tarde mientras laboreaba la tierra, otras hasta la madrugada, soliloquiándonos cada uno carencias y esperanzas, algún logro y muchas pérdidas. Y, para ser exactos, desplumando yo, más que ensalzando, sus textos. (Antes había ocurrido lo mismo con motivo de la publicación de Ladera de tu hondo y el pliego de Alimentando lluvias).

Desde esa trinchera nocturna y auroral me atrevo a decir que Miguel Ruiz no fue ni un "maldito" ni un "grande". Será -o no- todo lo que el lector quiera encontrar en su lectura; pero los epítetos y las hipérboles, gratuitos, acaban dañando al hiperbolizado. Mejor es decir que era humilde y sufriente perseguidor de una dicción poética identificatoria. El hecho de no encontrar amor en la vida ni en el verso lo convirtió en un huraño esclavo del cantueso. Este, y similares, se convirtieron en su lenta cicuta, el veneno y la triaca, la experiencia y conciencia de su fracaso.
 
El "maldito" era aquel que luchaba, con todas sus consecuencias, contra el sistema por mantener su individualidad; eso lo convertía en desertor de las convenciones y, por tanto, era condenado al ostracismo. El malditismo implica una aceptación, incluso regodeo o ufanía, del estado de paria social, cosa ajena a Miguel. Miguel Ruiz era sencillamente un autodesterrado que padecía sus frustraciones, las cuales, como un bumerang, volvían a él en forma de reincidencia. Ya no quedan personajes baudelerianos. Han sido sustituidos por los que juegan con el término y viven de la leyenda santificada, convertidos en efigies putrefactas de una bohemia que en realidad es un disfraz de golfemia, viviendo del cuento de la golfería, impostando la rebelión y transformándola en pose para la muchedumbre. 

Carente Miguel Ruiz de identidad satisfactoria, la buscó -igual hizo otro personaje paralelamente contrario, Antonio Ferrández Verdú- en la escritura a fuerza de irracionalizarla y dar manotazos verbales como quien se ahoga: tal agonía (que también había conocido yo, amenazado endógenamente por La Metáfora) les hizo aferrarse a lo más próximo a su propia condición mortal: concebir la incomprensibilidad expresiva como un lenguaje cuyo único sentido era el aceptar -y cultivar- el sinsentido. El descoyuntamiento, el automatismo, la pluma mojada en la tinta de la embriaguez y otras fugas de la diritta via, ya smarritta ... la desfiguración de lo figurativo.

Sin embargo, el buscador cegado por la búsqueda no se da cuenta de que, para encontrar, basta escribir como hombre -y no como poeta- y no para el poeta -sino para el hombre-. (Hablo de mi experiencia, y la generalizo sin acusaciones ni exaltaciones). Esa diafanidad serena que se persigue no está en la invención de una identidad verbal, sino en la asunción del fracaso personal y su superación. 

Un poema no es disgregación, sino congregación, urdimbre ecléctica; trazado de un camino claro, no amontonamiento de adoquines inconexos. Transformar el caos en orden: esa es la poética. El desorden locuaz o verborreico de la escritura automática mallarmeana ya cumplió su función. 

Valgan como tentativa de esto último (ma non troppo) los tres textos que siguen: son presencias ignoradas de esa aceptación de la naturalidad expresiva, resumen y llave de la contumaz y adrededemente laberíntica.

 Reproduzco el fragmento inaguardentoso de una de las muchas cartas aguardentadas que conservo; y dos poemas (no exentos de ese titubeo expresivo), uno inédito y no recogido en libro y otro con una evidente errata que indico entre paréntesis.

1) 
Redován, 1 de junio 96

Mi querido amigo:
Una noche nos interrumpió sin querer un niño... era mi sobrino Toni, para mí algo así como para ti tu Pablo... La ternura que traslució la sonrisa que le dirigiste es la más hermosa imagen que conservo de ti, el gesto que más agranda tu figura en mi memoria. Esto he tenido ganas de decírtelo muchas veces...
Pepe Aledo se ha comprometido a ilustrar mi libro "En tu punta lugar". De todos mis poemarios es el que más fuerza de unidad tiene... espero que lo presentes tú... Dale recuerdos a ... tanto si sigues como si no sigues con ella... y recibe un abrazo de un amigo que te bienmalbienquiere y admira sobre todo...

  2)    Regla
   
      Camina la resonancia
      que transmuta tu sendero
      en ignición de humedad
      quebrada como los muros
      de la luna que acaricia
      rebelde inercia de ramas
      y tu amoroso deber
      te dé del tiempo el aroma
      que odia buscar. ¡No podemos,
      solitaria espiritual,
      estar aquí menos solos:
      vivir es haber hallado!
                               (De una carta de Miguel, 1 de junio, 96)

3) Oración


Venenosos sarcófagos
de las procesionarias
colgando de los pinos,
algodonosa borra
tejida por la niebla
de nadie. Cielo muerto
de noche: estrella viva
de amor, sólo de amor,
hazme fiel a la tierra
que (si) silencia los huesos,
con tu sed, de mis sombras:
resécame la música,
avéname las venas
de existencia esenciada.

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Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Sacristán 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

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lunes, 29 de junio de 2026

La despedida


Despedida inconclusa

Porque amar significa armonizar 
dos almas y dos cuerpos, yo te digo:
Comprende, amada mía, que es difícil 
conciliar los gladiolos con las rosas 
o los narcisos y las azucenas.
Une en un ramo uvas con arándanos 
y sus colores cegarán los ojos 
como estrellas que extinguen su fulgor.
Así nuestras virtudes son defectos 
si no las rige la serenidad. 
Del mismo modo y por igual motivo 
debemos separarnos: porque juntos, 
aunque esplendentes, nuestros corazones 
convierten su ebriedad en un infierno.
Llevan las rosas en su aroma el tuyo,

y sus pétalos son fragmentos dulces

de tu piel cuando te amo.


sábado, 27 de junio de 2026

Nosotros los alienígenas.

Verdi: Requiem


El mundo camina tan deprisa que a menudo el ser humano no puede seguirlo y se estanca en su carrera interminable. Antes se necesitaban siglos o décadas para que se alterase nuestro alrededor y, por tanto, se reciclase adecuadamente nuestro interior. Ahora el progreso anquilosa de un día para otro nuestra mente en el día, el año o la década pasada. Y ya somos peregrinos de un desierto en el que pocas arenas movedizas se comprenden. Convivimos -de mala manera- aquellos que piensan como en el siglo pasado, los que piensan en 1984 y los que fantasean con el futuro: irreconciliablemente. Somos nuestros propios alienígenas.
     La proliferación de medios comunicativos, paradójicamente, ha distanciado a las personas y sustituido la enriquecedora conversación por superficiales telegramas electrónicos.
     No se puede detener el Progreso; pero parece innegable que deshumaniza. El individuo ha sido suplantado por la muchedumbre, y el valor del corazón por la moneda y el precio del dinero. Las tecnologías han alargado la vida, pero los longevos no saben qué hacer con ella. El "estado de bienestar" no quiere -o no es capaz de- acabar con el "estado de malestar": y los cadáveres del hambre continúan creciendo.
     Se han cambiado los valores que rigen la conducta, hay menos guerras cruentas... pero el sufrimiento no ha decrecido...
     ¿Tan difícil es conciliar el inevitable avance social con el avance humanitario y el reparto de la riqueza para acabar con la pobreza? 

     ¿Cuándo se creará, por ejemplo, un Ministerio Universal de la Solidaridad? 


viernes, 26 de junio de 2026

El laberinto - Audio

                                             Pulsar para Escuchar

                                                VOZ: Manuela García


El laberinto

Triste es amar a aquel que no te ama
y no saber cómo dejar de amarlo 
porque anhelas que un día llegue a amarte:
el amor se transforma en sufrimiento
y el sufrimiento empuja a amarlo más.
De ese modo he caído en tal abismo
que cuanto más te alejas más me acerco
y cuanto menos me amas te amo más,
pues más amor espero cada día
sin causa ni esperanza ni razón.
Qué doliente pasión, qué oscura luz.
Qué triste que amor funda vida y muerte.
¿Cómo puede vivir un corazón 
que no ama?


Vivir, amar, convivir.


Para vivir nos basta con haber nacido y seguir unas normas sociales.
     Amar es otra cosa: es una fiera que de pronto nos topa el corazón y nos muerde la carne.
     Convivir sí es difícil. Primero hay que vencer al egoísta que hay en nuestro interior, hacerle comprender que las masas no cuentan, que lo que importa es la solidaridad de dos que se completan y toleran, que mantienen su individualidad sin interferir en la del otro y al mismo tiempo forman una unidad de dos interdependencias. Es preciso haber vencido a la fiera del amor que nos enfebreció, domarla, domesticarla, convertirla en animal de compañía, quitarle su agresividad, meternos en su piel como en un traje cómodo que nos ayuda a vivir con alegría y también sin cupidos, ni hadas, príncipes o princesas. Volver a enamorarnos, sí: enamorarnos de lo cotidiano, de la dicha del sosiego.
     No es difícil conseguir que nos amen; lo difícil es lograr que nos sigan amando.
     Decididamente: no es fácil convivir. Sobre todo cuando se espera que sea el otro, la otra, quien lo dé todo.

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jueves, 25 de junio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XXXIII) - Rafael Azuar

Milhaud: La creación del mundo


En los años cincuenta alicantinos predominaba, junto al tema social (Manuel Molina, Ernesto Contreras...), el religioso, más eclesiástico que espiritual (Santiago Moreno, Vicente Ramos...). Fue Rafael Azuar (*) quien, con un espíritu proteico, más helenístico y sensual, juntó lo pagano y lo cristiano, el amor hogareño y el amor pánico a la existencia, tratando de conciliar a Dios con los dioses. Dios está en la Naturaleza, como se observa en el siguiente poema.  

    El título inicia una estampa del origen de la creación. 20 endecasílabos arromanzados -y no muy inspirados, pero sí algo deslabazados, como si el poema estuviera sin finiquitar- pretenden ilustrar el instante en que empezó el mundo: milagrosamente, una luz, "eco de Dios", intemporal, abisal y cegadora, como un "éxtasis de almendra", ilumina, creadora, los elementos arcillescos: "el arroyo, el árbol y la tierra".     

Fiat lux


Rodeados de sombra luminosa,
de una luz que nos ciega y nos desvela, 
inmensa luz desconocida, intacta, 
que gira como rosa dulce y lenta ...
¿Desde cuándo, hasta dónde, la luz gira? 
Y nadie puede ungirla, detenerla,
tocar su entraña de amorosos hilos,
desnudar en el aire su materia.
Eco de Dios que de los cielos vino,
abismo cegador que al alba llega.
Nunca fue una palabra obedecida 
de tan hermosa y ejemplar manera.
De Su palabra al rayo un breve instante 
generador de un éxtasis de almendra,
una mañana desde dentro y pura 
que ignoraba su eterna primavera...
Y nada que rozar y nada en torno... 
¡Solo la luz, sobre la nada inmensa!
Más tarde, la luz pura y detenida 
sobre el arroyo, el árbol y la tierra.


(*) 

Hace años enviaba yo a diferentes alumnos a entrevistar autores, a fin de que viesen que la literatura no era un cementerio de cadáveres del pasado sino también una ciudad de vivos del presente. Conservo una vídeograbación de Azuar, entre otras, hecha en su casa -a la que él me había invitado para entrevistarme años antes y cuyo coloquio publicó, junto a algún poema, en un periódico alicantino.

INTRODUCCIÓN - Poemas en Akra Leuka

Poemas en Akra Leuka (I) M. Carmen Ramírez 

Poemas en Akra Leuka (II) Esther Abellán

Poemas en Akra Leuka (III) - Vicente Valls

Poemas en Akra Leuka (IV). Carlos Sahagún

Poemas en Akra Leuka (V) - Manuel Molina

Poemas en Akra Leuka (VI) - Luis T. Bonmatí

Poemas en Akra Leuka (VII) - Angélica Sevilla

Poemas en Akra Leuka (VIII) - Miguel Ruiz Martínez

Poemas en Akra Leuka (IX) José Luis Zerón

Poemas en Akra Leuka (X) - Tina Pastor

Poemas en Akra Leuka (XI) - José María de Mena

Poemas en Akra Leuka (XII) Mariano Sánchez Soler

Poemas en Akra Leuka (XIII) - Consuelo Jiménez de Cisneros

Poemas en Akra Leuka (XIV) - Carmelo S. García

Poemas en Akra Leuka (XV) - Diane Boucher

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Miguel Ruiz Martínez (1957 - 2009) 

Poemas en Akra Leuka (XVI) - Helena Vilella Bas

Poemas en Akra Leuka (XVII) - Pedro Ramírez

Poemas en Akra Leuka (XVIII) - Francisco Mas-Magro y Magro

Poemas en Akra Leuka (XIX) - Clemencia Miró

Poemas en Akra Leuka (XX) - Josemanuel Ferrández Verdú

Poemas en Akra Leuka (XXI) - Pilar Duet André

Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula

Poemas en Akra Leuka (XXIII) - Diego Torres

miércoles, 24 de junio de 2026

Homo viator


La Odisea

Homo viator

Mi nombre es Odiseo, el que divisa
desconocidos horizontes, légamos
de otras maneras de entender, vivir
y circunferenciar el universo.
Amo la lejanía, en la que hallo
a quienes, como yo, quieren ser otros
para ser uno ecléctico de todos.
Mi camino es el mar, cuyas orillas
me descansan del viaje de la búsqueda.
Mi bitácora apunta mundos nuevos,
fecundas realidades, argonáuticas
lejanías. Las olas son caballos,
émulos del troyano, que me abisman
en torbellinos mientras me dirijo
a mi origen, la cruel constatación
de que ayer y mañana son otro hoy.
El tiempo es un camino inexorable
y el pasado regresa como un túmulo.
Yo soy un cinegético animal.
Busco el amor en cada singladura 
mientras Penélope en sus brazos
mi cárcel va tejiendo y destejiendo.

   

martes, 23 de junio de 2026

La búsqueda ancestral - Leído por Índigo Horizonte

 

La búsqueda ancestral


Hace un millón de años, el hombre contemplaba 

el crepúsculo, luego

de haber cazado el alce, o defendido

el cenagoso oasis bajo la gran caverna

del cielo; y descansaba

tallando en las paredes

animales y signos, metáforas y estrellas.


Pasaron los milenios. El ocaso seguía

admirando a los hombres 

que, a las puertas de Atenas,

reposaban después de la batalla,

soñando con la anchura 

del secreto universo 

entre urdimbres y brújulas.


Y los siglos corrieron tras el tiempo 

y levantaron pórfidos y torres

bajo el sol, que ocultaba 

su lumbre cada día 

a quienes lo miraban desangrarse

en púrpuras enjutas.


Legó el ansia su fábula.


Dentro del corazón hay una isla

con prados y palomas, almendros y granados.

Siguiendo los senderos del tilo y la retama, 

se llega a una alta roca, 

como un ciprés erguido

cerca de las estrellas; y desde su estatura

desciende el infinito hasta los ojos

y es todo transparente.

El mar bate sus olas y baña el cielo azul; 

el día se confunde con la noche

en una penumbrosa claridad,

y la brisa trasiega 

la luz como una espora

por todo el firmamento iluminado.


Allí quiero llegar para quedarme,

luz yo también,

contemplando la dicha, el color de los días,

la soledad fecunda.


Escucharlo en otra voz:  Á L P




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lunes, 22 de junio de 2026

El Laberinto

                                     
                                                Katchaturiam: Adagio de Spartacus

El laberinto

Triste es amar a aquel que no te ama
y no saber cómo dejar de amarlo 
porque anhelas que un día llegue a amarte:
el amor se transforma en sufrimiento
y el sufrimiento empuja a amarlo más.
De ese modo he caído en tal abismo
que cuanto más te alejas más me acerco
y cuanto menos me amas te amo más,
pues más amor espero cada día
sin causa ni esperanza ni razón.
Qué doliente pasión, qué oscura luz.
Qué triste que amor funda vida y muerte.
¿Cómo puede vivir un corazón 
que no ama?

domingo, 21 de junio de 2026

Un Trovadorius póstumo

                                     

Borodin: Adagio

Llorens Ferri

Cuando a los estudiosos les da por perseguir y exhumar a un autor no lo dejan en paz. A buen seguro que este poemilla elemental que sigue no nació de la pluma de Trovadorius -aunque bien pudiera ser-. Aquí lo copio, por si quizás, tal vez y acaso...

Si yo fuera un poeta
de la estirpe de Dante o de Petrarca,
y pudieras creerme, te diría:
Para mí son más bellas tus palabras
que todo el universo constelado,
y prefiero tu risa
al cascabel que irradian las estrellas.
No hay más materia que la de tu cuerpo
ni más alma que la de nuestro amor.
Ni siquiera los dioses
tuvieron tanta dicha.
Soy la felicidad cuando me abrazas.

viernes, 19 de junio de 2026

Poemas en Akra Leuka (XXIV) Nemesio Martín

Un homenaje y recordatorio de Nemesio Martín; y una lectura del propio autor.
Ante tanto testimoniazgo, me limitaré a decir que
"Los libros son los seres humanos que más amigos tienen".
(La construcción del poema)



1) 

Hay autores que trasvasan la escritura de otros a la propia, y autores que atribuyen su vida -y su escritura- a otros. A veces la literatura acaba colonizando la existencia y usurpándola. Aunque "la vida no la dictan las palabras", sino que, al revés, siempre acabamos autobiografiándonos: desnudos o con disfraces.

En Nemesio Martín Santamaría hay esas dos plumas que confluyen en una, dictadora o esclava de la otra, pero libres ambas como ejercicio de confesionalismo involuntario y de voluntaria devoción por los muchos poetas que en el mundo profesoril han sido. Ya el título de su primer libro, "Innumerable sonrisa", procede -o no- de un verso de Juan Ramón Jiménez: "... mar pleno, innumerable sonrisa", que a su vez procede -o no- del "Prometeo encadenado" de Esquilo: "... fuentes de los ríos, y sonrisa innumerable de las olas marinas...". ¿Sonríe innumerablemente la poesía de Nemesio? ¿Es elegiaco o hímnico? La vida es erotismo y óbito, fragmentos de fuego y de ceniza. Y la escritura es eco de esa dicotomía.

Me pregunta su viuda qué poemas me envía, de qué tema, si largos, cortos, publicados, inéditos... No hay -no debería haber- más que poemas buenos: los que nacen regulares deben mejorarse hasta convertirse en buenos, o tienen que desecharse para que no existan los malos. ¿Juveniles, de madurez...? Ninguna circunstancia altera la esencia; y, al final, sobran todas: incluso el autor pasa a ser una circunstancia del poema. Porque un poema es la suma de todo lo vivido y lo leído, el goteo de todos los manantiales de los que hemos bebido: los milenios de historia humana y de escritura asoman en cada acto y en cada palabra unida a otras palabras. De modo que las obras -músicas, cuadros, versos...- que perduran son las que, independizadas de sus abalorios, fechas, datos... se salvan del naufragio del tiempo, ese invasor de la existencia que solo acepta en su lecho a quienes nunca fueron mestureros ni versópatas. 

2)

El poema aquí recogido, aunque brota como una estampa social, no se deja vencer por el social-realismo, la denuncia de la inmigración y sus hambrunas, sino que va abandonando el "cuadro de costumbres" y muestra con delicadeza y con ternura lírica crecientes un hecho de la vida cotidiana: la niña que "venía de la mano con mi hija"-. También, como poema-cuento más que como documento, ni el tema ni su expresión eluden las alusiones literarias, todas relatoras: Las mil y una noches ("Aladinos intrépidos / por los mágicos cielos ...") o el Rubén Darío de A Margarita Debayle ("en el palacio, malaquita y oro / de un visir de Bagdad..."). La inocencia de la niña echada al mundo y sufridora de sus infortunios estremece al poeta desde "sus ojos o ascuas / de diamante vivo", quien acaba, como al final de El pequeño príncipe, ("si alguien la encuentra..."), pidiendo a los lectores que agradezcan a la niña "tanto amor y miel / como ella nos dejó". Así, como tantas veces repito, lo que empieza en elegía termina convirtiéndose en himno.


Marién


Marién o el cutis
de azucena turbada.
Marién, sus ojos o ascuas
de diamante vivo
alzados sobre un tallo de lírico cristal.
Marién o aquel aroma
que olía sólo a alma.
Marién, siete años...;
      lo demás no era
Marién, sino la vida misma:
vino del norte de África
por detrás de una estela
de azules golondrinas;
vivía en un cuartucho
con cinco hermanos más;
todas las tardes
venía de la mano con mi hija,
veía en el tazón de leche tibia
el rostro de su Alá;
se arrebujaba luego en un silencio
tejido por las lunas profundas del desierto,
o se abrían sus ojos
como dalias de asombro
ante el grifo del agua
templada de la ducha
y la luz de las lámparas.
Una tarde al salir 
dejó por los pasillos un reguero 
          de indolentes camellos, 
colgó oasis de ensueños y dispuso 
alfombras voladoras 
de Aladinos intrépidos
por los mágicos cielos
de las mil y una noches.
No la hemos vuelto a ver, y no sabemos
si las mismas azules golondrinas
la devolvieron a su aldea de adobe 
y cabras en las dunas del desierto,
o si vive hacinada
en una miserable chabola de París.
Si a principios de agosto alguien la encuentra
en una furgoneta de tercera 
mano dirigiéndose al Sur
por alguna autopista,
o en el palacio, malaquita y oro,
de un visir de Bagdad,
le diga, por favor, que no sabemos
qué hacer con tantos dátiles,
tantos higos y pasas,
y tanto amor y miel
como ella nos dejó.


C)

Paralelo al anterior parece el siguiente, o un ensayo, o reiteración, del mismo. Indefensión de la infancia, miseria, ojos... Ambos son inéditos.


 De azul cobalto
   Tendría quince años, 
tal vez menos.
Su cabello pajizo, 
el dibujo afilado
del mentón y los pómulos
denunciaban su origen:
un país miserable, alguna ex
república soviética.
Clavado allí, 
en el cruce
de grandes avenidas
donde se hacen eternos los semáforos
al comerciante que regresa a comer,
al funcionario que ha estrenado un Volkswagen
con la última bajada de créditos.
Una pequeña niña
dormía en el parterre, 
bajo sucias adelfas:
una muñeca con el pelo de estopa
que fuera allí arrojada
desde uno de esos coches que rugían
en medio del asfalto,
en medio de un verano
de cemento y de plomo,
de derretida angustia.
Clavado allí, en el cruce,
extendiendo su mano
hacia las ventanillas, 
hacia los rostros 
de mirada de hierro, 
hacia el hermético,
divino receptáculo
de aire acondicionado
de pulcras y adorables secretarias
que exhibían sus uñas
de puma felicísimo.
      Nadie vio entre el vaho
vomitado por los tubos de escape
ni entre el estruendo de las explosiones
los ojos de cobalto de ese niño:
eran dos ríos de puro desamparo;
eran dos lanzas,
dos cristales agudos
acuchillando un cielo de vesania.
Recuerda: 
las monedas que le hemos entregado
no son el precio
al confortable lujo
de tu conciencia trémula; 
son la cadena con la que has atado
tu corazón al mundo:
una cadena azul,
                            azul cobalto.

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Poemas en Akra Leuka (XXII) - Ángel Luis Prieto de Paula