
bautiza la mañana con sus gotas
de cielo diluido, y con esquirlas
de diamante y coral. Y sin embargo,
cuando los hombres construyeron
su identidad de grupo y de individuo,
establecieron leyes, rangos, líderes.
Y fue la astucia el más preciado bien
-como demostraría el gran Ulises-.
Precisa inteligencia, esclavizar
la mente de los otros a las propias
premisas, conducirlos
a una innegable conclusión que urdimbre
todos los elementos silogísticos
y los convierta en sátrapas
del sentipensamiento y la existencia.
La muchedumbre quiere soluciones
y cree en quien las da aunque sean inciertas
porque anhela respuestas, no preguntas.
¿Y cuál es el factor
común de la existencia?
¿Es la capacidad intelectiva,
el humanismo del conocimiento,
o la mentalidad contentadiza?
Lo efímero y banal sustituyó
a todo lo esencial y perdurable.
El avance de la Incultura es
el motor de la Historia,
el más fiero Progreso.
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