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miércoles, 29 de abril de 2026

El canon

    

                                                           Pachelbel: Canon

 Para un amante de la verdad lírica pocos azares o determinaciones hay más tristes que los que llevan a hojear las antologías que durante años se han considerado definitivas y nucleares de lo que es la poesía y el poeta. Percibir que lo que ha sido enarbolado como bandera de la gran poesía -o música o pintura... - solo fue un criterio temporal que la ceguera ha elevado a la categoría de intemporal. Y, así, los libros, poemas, cuadros... y autores que habíamos tenido como mentores de la vida no son más que fragmentos de una identidad que no debimos admitir y debemos apresurarnos a delimitar. Todo canon es temporal. Seguir una estética y no admitir su temporalidad solamente es corroborar que nuestras percepciones son antojadizas y no definitivas. (En realidad las artes siguen el devenir de la ciencia, que progresa negando o constatando los anteriores cientifismos).

Cuando revisamos un libro que contiene autores de décadas o siglos concluimos que hay un tema principal que siempre renace como un Guadiana eterno. Y ese tema es el del hombre como sujeto de la historia: su aspiración a lo más elevado de su espíritu en el tiempo, en la vida, en cualquier vida. El hombre como predeterminador y demiurgo de su vida y el hombre como esclavo de la existencia. Esto es lo que permanece aunque se disuelva en diferentes metros, ritmos, estéticas, bellecismos, feísmos etc. Hay que revisar los cánones teniendo en cuenta que también el hombre es objeto de la historia y que quienes la establecen son ojeadores más y menos diestros, sensatos o contumaces -a los que les cuesta mucho echar a consagrados y admitir desestimados-. Y es que la tradición es un camino que anda. Lo repito:  La originalidad consiste en apropiarse de la tradición y renovarla. Pero revisar la subjetividad es otra subjetividad.

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