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lunes, 8 de febrero de 2021

Miedo al amor (XIII) Góngora, Sor Juana Inés

Arriaga: Sinfonía


1.- Siendo el amor un "suave veneno", un dulce padecimiento, una flecha que hiere mientras cura, no es casual que haya menos entusiastas, entre quienes lo probaron, que condenadores. El amante vive su amor (Marqués de Santillana:) "pobre de gozo y rico de tristeza".

Se explica así que la represión del erotismo, junto al miedo al desengaño amoroso, vuelva sus adoraciones a la abstracción religiosa y que no pocos místicos sean reprimidos trovadores que escancian su sed sexofisiológica en aguas misticémicas, inteligibles solo si se acepta una esquizofrenia redentora de la condición mortal y se encarna "el íntimo lugar del regocijo" en los rostros crísticos y marianos. Pocas descripciones del salaz y feliz encuentro amoroso hay más pertinentes entre dos amantes que la "Noche oscura del alma" de Juan de Yepes, por ejemplo.

La concepción fatalista del amor tiene en Góngora un contundente defensor.  El soneto que sigue manifiesta cómo las mieles del beso son en realidad un bebedizo venenoso: 

Soneto.

        La dulce boca que a gustar convida

un humor entre perlas destilado

y a no envidiar aquel licor sagrado

que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

        amantes no toquéis, si queréis vida;

porque entre un labio y otro colorado

Amor está, de su veneno armado,

cual entre flor y flor sierpe escondida.

        No os engañen las rosas, que a la aurora

diréis que, aljofaradas y olorosas,

se le cayeron del purpúreo seno;

        manzanas son de Tántalo, y no rosas,

que después huyen del que incitan ahora,

y sólo del Amor queda el veneno.


2.- Semejante temor hay tras la escritura, entre retórica y misántropa, con razones históricas, del siguiente soneto sorjuanesco.
La lucha de contrarios, que es la manifestación amorosa más barroca, convierte la mente y el cuerpo en un campo de batalla en el que mueren o sobreviven los afectos más alambicados, retorciendo sentimientos y actos. Sor Juana Inés de la Cruz, tan defensora ella de los derechos de la mujer ("Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis..."), antes que monja mujer y antes que mujer hija de su tiempo, trabalengua empecinada y gongorinamente la visión del amor, teatralizando en un breve Jekyl y Hyde la expresión laberíntica de su personalidad:

Soneto: Cuál sea mejor, amar o aborrecer.
Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;

constante adoro a quien mi amor maltrata;

maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante

y soy diamante al que de amor me trata;

triunfante quiero ver al que me mata

y mato a quien me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;

si ruego a aquél, mi pundonor enojo:

de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo

de quien no quiero, ser violento empleo,

que de quien no me quiere, vil despojo.



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