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domingo, 26 de mayo de 2019

Respuestas para un lector.

Ives: Pregunta sin respuesta

¿Qué puedo decir de mí sino que me desconozco más que me conozco y que por eso escribo?
    No sé por qué escriben los demás. Yo empecé a escribir porque necesitaba hablar con alguien y no tenía con quién; así que hablaba conmigo mismo a través de la página en blanco, lo cual me suponía un sosiego, un consuelo, un autoconocimiento. 
     A través de mi escritura he sabido que el corazón es el centro del universo, que la carne tiende hacia la inmensidad, buscada o palpada en los cuerpos, las cosas, los libros, y que toda mi vida ha sido una persecución de la infinitud, sentida o inventada en la infancia, porque en ese tiempo sin tiempo anclado al corazón se desconoce el concepto de frontera y nada tiene límites. Allí crecen los sueños interminablemente, y germinan, también, los desengaños. Al salir de ella uno se siente hijo de la eternidad y padre de la propia muerte.
     Por eso podría escalonar mi vida en numerosos peldaños que a nadie interesarán si no son afines, siquiera mínimamente, a cualquier lector. Porque un poema publicado solo empieza a justificarse cuando encuentra un ser que se identifica o se reconoce en él. Es decir: cuando se consigue la universalidad de la intimidad. Lo demás es literatura, abracadabra del verbo.

viernes, 24 de mayo de 2019

Libros recibidos: El sueño de los vencejos




La infancia y primeros años de la adolescencia son las raíces y los arbotantes de la personalidad. Y un recorrido por ellas es lo que hace Antonio Moreno en estas páginas. 
     Desde el instante en que nacemos la mente va acumulando experiencias sonoras y visuales, como en una cinta de audiovídeo, que los años grabarán indeleblemente hasta componer el puzle de la identidad, bastión al que la sensibilidad acude para desenterrar lo que siendo pasado determinante se convierte en futuro. 
     Quiero decir: Si Rilke hablaba de la infancia como única patria, y Freud de la misma como irracional velero que traza nuestra ruta, estas memorias, inventadas o pulimentadas -o no- por el recuerdo, componen el tejido con el que se viste la escritura en prosa y verso del autor. Sin embargo, también es cierto que si (Goya:) "el sueño de la razón produce monstruos", igualmente el sueño de la razón infantil produce sueños, o arcángeles -aunque luego se conviertan en infiernos o diablos-. Por eso "siempre hay un niño que pierden / todos los poetas", que escribió García Lorca en el "Poema de la feria".
     La literatura nace de la vida y es otra vida: este es un buen ejemplo.



jueves, 23 de mayo de 2019

El abrazo incunable

Schubert: La muerte y la doncella.


"Soy como un libro que nadie sabe leer", decía.

Poco después se arrojó sobre la piedra de los claustros de Anaya.

Probablemente hubiera seguido escribiendo el libro de su muriente vida si alguien se hubiese esforzado en aprender a leerla y la hubiera abrazado como se abraza un incunable.

"Quiéreme como jamás nadie ha querido", susurra todavía el eco de su voz.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Poesía de la inexperiencia.



Guridi: Así cantan los niños

Algunas editoriales han resuelto publicar únicamente a poetas no mayores de 25 años. Bien está promocionar a quien empieza; pero ¿por qué negarse a editar lo bueno sin límites de edad?
     Seguramente no saben esos editores que todo arte necesita un aprendizaje de la vida: que una inteligencia sin experiencia es una inteligencia superflua. Esa es la razón por la que la inmensa mayoría de las grandes obras han sido creadas en la madurez de sus autores: cuando el desencanto ha enseñado a los sueños que tener ilusiones no debe convertir al soñador en un iluso.
     Claro está que hay grandes obras creadas en la juventud de sus autores: pero, en realidad, el joven prodigio es maduro en capacidad, aunque tenga pocos años, porque ha empezado muy pronto a acumular la experiencia del error y el acierto y a distinguir la sustancia que hay en la circunstancia. También es verdad que hay demasiados autores maduros que solo lo son en torpezas, verborreas y contumacias. 
     Quizá todo se deba a algo más simple: salvo excepcionales excepciones, el libro ya no es sinónimo de cultura, ni de buena escritura: ya no sensibiliza ni inteligentiza; solo mercantiliza, frivoliza, estupidiza: sirve para atrofiar las conciencias (quiero decir: que nos inconcienciza, carámbola!).   

martes, 21 de mayo de 2019

Del Arte que no es vida.

IERNES, 29 DE ABRIL DE 2016

Rachmaninov: Preludio




De poco ha de servirte llenar hermosamente tu vida con palabras, músicas o pinturas, si no transmiten estas la vida que has vivido o debiste vivir. 
     Estarás rodeado de terciopelos y artes, pero lejos de aquellos que padecen y gozan la existencia.
     Tus poemas y cuadros y músicas jamás serán tu yo, ni siquiera han de ser tus amigos, sino los intrusos que te impidieron la verdadera vida, los terribles testigos de tu vital fracaso.
     Y serás como un rey de un brillante desierto habitado tan solo por fantasmas y huesos, pero no por la carne, las risas y las lágrimas de aquellos que vivieron y murieron habiendo cultivado el arte de vivir.
    Sentirás el aplauso de las manos vacías y el pálpito estruendoso del corazón sin nombre.
    Y tu castillo de belleza inhóspita caerá sobre tu frente: será tu propia tumba.

lunes, 20 de mayo de 2019

El abrazo robado

Marcello: Adagio


Ella y él galopaban, corazones corriendo, por el andén del tren que se escapaba. Él se subió con ansias de quedarse, deseando permanecer prendido del fugaz abrazo. Durante el viaje recordó los rapidísimos besos en el rostro, y se entristeció por no haberse detenido entre las dos mejillas, sobre la boca, para sellar la despedida bilabial, tetralabial, como un acorde súbito. Probablemente ella se lo habría reprochado; pero ¿quién puede recuperar un beso sino dando otro en la misma boca que se lo robó y, así, sorber con él el que le fue robado? ¿Y no se iniciaría de esta manera un amoroso bucle interminable de hurto y devolución?