Tal vez este poema confirme cómo la magia del Enigma se asoma a la conciencia:
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jueves, 28 de mayo de 2026
LOS MÁGICOS INSTANTES. Revelación
Tal vez este poema confirme cómo la magia del Enigma se asoma a la conciencia:
miércoles, 27 de mayo de 2026
Los pálpitos de la infancia
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Los pálpitos del ansia
martes, 26 de mayo de 2026
Me olvidé de la vida al escribirla
lunes, 25 de mayo de 2026
La estructura del mundo.Traducción de Lucrecio

TITO LUCECIO CARO
LIBRO V (vv 1379-1435)
EL DESCUBRIMIENTO DE LA MÚSICA
armoniosas canciones y poemas,
los hombres imitaban con su voz
los deliciosos trinos de las aves.
Y la brisa, silbando suavemente
al entrar por los huecos de las cañas,
enseñó a aquellos bastos aldeanos
a soplar los primeros caramillos.
Poco a poco aprendieron a tocar
con sus dedos la flauta, a cuyo son,
siempre que los pastores descansaban,
empezaron a oírse por los bosques,
las selvas, los desiertos y collados
sus quejas transformadas en canciones:
lentamente va el tiempo dando a luz
las diferentes artes, que después
acaba de afinar la inteligencia.
Con músicas y cantos los pastores
se divertían y se consolaban
de todas las durezas de la vida
cuando habían acabado de comer,
echados casi siempre en el colchón
blando del césped, cerca de un riachuelo
y a la sombra de algún árbol frondoso.
Sin hacer gasto alguno disfrutaban,
y más si el sol lucía y el buen tiempo
en primavera hacía verdear
la hierba salpicada por las flores.
Se desataba la conversación
entre juegos y risas agradables,
pues, al llegar la musa campesina,
la voluptuosidad se despertaba,
incitando a cubrirse con guirnaldas
entretejidas de hojas y capullos
la cabeza y los hombros, y a danzar
moviéndose sin orden ni concierto,
dando patadas a la madre tierra.
Y cuando procedían de este modo
novedoso y extraño, al reparar
en su torpeza y sus traspiés, soltaban
carcajadas y risas divertidas.
Y para entretenerse en su reposo
los que velaban entonaban cánticos
modulando la voz con varios tonos
o, con el labio superior fruncido,
recorrían la caña de la flauta.
Incluso hoy distraemos las veladas
como en la antigüedad, aunque ajustamos
las canciones a reglas musicales;
pero no disfrutamos más por ello
que los antepasados, pues nosotros
tenemos muy a mano ya las cosas,
las conocemos bien, y la costumbre
disminuye el disfrute, mientras que ellos
gustaban de algo nuevo, sin haber
probado anteriormente algo mejor.
Y puesto que lo nuevo hace perder
su valor a lo antiguo, no nos gustan
ahora las bellotas, ni dormimos
ya en camas de hojarasca sobre el suelo,
ni vestimos con pieles de animales
(aunque yo me imagino que el primero
que curtió y se cubrió con esas pieles
sería asesinado por la envidia
de alguien que le robó su vestimenta,
que, ensangrentada y rota en la disputa,
no pudo serle ya de utilidad).
Igual que antiguamente por las pieles,
hoy los hombres pasamos nuestras vidas
luchando por el oro y por los lujos.
Pero actualmente somos más culpables,
porque sin pieles se padece el frío,
lo que explica el afán de conseguirlas,
pero no tener lujos, buena ropa
ricamente bordada con su púrpura
y no disponer de oro no nos daña,
mientras podamos evitar el frío
vistiendo austeramente, como muchos.
Los hombres trabajamos siempre en vano
y gastamos el tiempo en naderías,
porque a nuestros deseos de poseer
no les ponemos límite e ignoramos
totalmente hacia dónde dirigirnos
en busca del auténtico deleite.
Y esto ha llevado demasiado lejos
a nuestra sociedad muy poco a poco,
provocando las grandes conmociones
de las guerras que todo lo destruyen.
domingo, 24 de mayo de 2026
Lucrecio: De rerum natura

De la naturaleza de las cosas
(Para Luis y Ángel Luis, traductores de Lucrecio)
Cuando estaba la vida de los hombres
gobernada por las divinidades
y sometida por la religión,
se alzó un griego y dispuso que sería
la inteligencia el único principio
desde el que descifrar el universo.
Así nació la ciencia, una verdad
que acepta que, aunque efímera, pudiera
ser premisa de otras infinitas.
El principio causal fue que la muerte
convierte la existencia en un cadáver,
si bien sigue este siendo ágil materia.
Por tanto solo existe lo tangible
aunque adquiera distintas estructuras,
que van desde la simple a la compleja,
agrupando esta a aquellas, ordenadas
en diferentes cuerpos. Así el cosmos
es la suma de múltiples corpúsculos
visibles e invisibles: son los átomos.
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Visión del otro lado
La carne llama a la carne,
y de la carne se engendra
el espíritu, otra carne
transparente, hermosa, clara,
pero carne al fin, materia
indestructible, pulsión
y espasmo de la conciencia.
Bulle en la carne el sonido
de la piedra, el mar, la luz,
como si reverberase
el himno del universo
y sometiese a cadencias
melodiosas el fulgor
de la música escondida
en los anhelos. La lumbre
agazapada en la sombra
de los sentidos eleva
su armonía sideral
y se asoma por los ojos
hasta las cosas, que fulgen
como transfiguraciones
en la claridad del día.
Los cuerpos pierden su forma
y transparentan sus almas.
Todo se alumbra y convierte
en diafanidad. El ser
no tiene contornos, fluye
inmerso en los otros seres,
es río y mar, manantial.
Las palabras abandonan
su decir; ya no hay palabras:
tan sólo conocimiento.
Qué claro prodigio, el ansia
de trascender la materia,
y qué remoto el dolor
de sentirse atado al hueso.
Todos los cuerpos son almas
en peregrinar constante
hacia la clarividencia.
sábado, 23 de mayo de 2026
Sobre el haiku.
viernes, 22 de mayo de 2026
El imposible edén de la nostalgia
Elegía
Echado sobre el suelo, bajo la sombra azul
del árbol y el destello
de la tarde fulgente,
yo leía, abrazaba la existencia.
El rumor de los sueños caía entre las hojas
y el libro era un aroma de naranjos,
cigarras encendidas
y secretas estrellas que alumbraban
mi corazón de niño hacia la vida.
A lo lejos, un piano iba dejando
su seducción errante en mis oídos,
y el campo convertía sus paisajes
en cuadros que un pincel
armonioso pintaba en mi retina.
Qué inmensidad los ojos
descifraban, hendidos
en la página plena.
Nunca se ha repetido el tiempo aquel
de mi felicidad entre misterios:
todo era verde como
la primavera, el árbol y la dicha.
De tanta soledad hermoseada
solo quedan las ruinas del recuerdo
y el imposible edén de la nostalgia.
jueves, 21 de mayo de 2026
Media hora con Borges
MEDIA HORA CON BORGES
Antonio Gracia (Transcriptor)
El maestro contempla ciegamente un aleph diluvial, fantasma levitante en un maná invisible.
Usted es argentino, pero dicen algunos que no se preocupa por su tierra.
Importan las esencias universales, no las patrias físicas, las fechas y demás circunstancias... Yo soy oriundo de los libros, no de la arcilla. ¿Serían esencialmente distintos Homero o Virgilio, Shakespeare o Hugo..., si hubieran nacido en otra patria o en otro tiempo? ¿Son griegos, romanos, ingleses, franceses... o son universales y, por lo tanto, apátridas? Cuando pasan los siglos incluso el autor se convierte en una mera circunstancia de su obra. ¿Soy argentino? Yo solo soy de mis palabras y de aquellos que, por ellas, me sienten suyo. La mente no pertenece ni al polvus es ni al reverteris.
¿Qué me dice del Nobel, que tampoco entiende de nacionalidades? Se supone que es un premio a toda una vida escribiendo bien.
¿Escribir bien? Cualquiera puede escribir bien. Basta con empeñarse en aprender. ¿Pero sentir bien y convertir las emociones en un buen pensamiento emocional expresado idóneamente? Hay pocas cosas cuya dicción, buena o mala, sea imprescindible. Son las que apresan la sustancia humana y trazan el ADN de la identidad histórica, vigente en cada época. ¿Pero a quiénes y a cuántos les importa tal empresa?
A mí, a muchos lectores...
¿Escribir bien? ¿Ordenar las palabras certeramente para remitir al lector una buena prosa, unos versos rumiantes, tener éxito? ¡Claro! Hay que satisfacer también al homo ludens. Aunque eso es insatisfactorio para el homo sapiens. Este escribe para el lector que busca su íntimo rostro —llamémoslo la efigie trascendente— en lo que lee, el que sufre porque por sí solo no se basta para hallar esa efigie y necesita la ayuda de quienes la han visto y saben legarla. Hay un lector al final del horizonte que preserva esa escritura. Vive “en conversación con los difuntos”, en realidad siempre más vivos que los que presumen de estar vivos. Sabe que en algún lugar de un libro hay una frase esperando sus ojos para darle sentido a su existencia. ¿Pero cuántos empuñadores de la pluma prefieren ser malos escritores si ello les procura el pasaporte a la fama? ¿Cuántos se preguntan, antes de publicar, “se avergonzaría Montaigne, o Ronsard, o..., de firmar esto que acabo de escribir”? Repito: ¿escribir bien? El mundo es una gran palabra que solo unos pocos saben pronunciar. Escribir es descubrir. Así lo entiendo: sentipensar, sentivivir en la escritura, nombrar lo no nombrado, vislumbrar lo eviterno, donar la vida en la palabra exacta, inmortal por resurrecta. Crear un cuerpo y una mente humana: escribivir.
MEDIA HORA CON BORGES
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¿Le molesta que su poesía —como la de Cortázar— no sea tan egregia como su narrativa?
¿Egregia? Son los otros los que —tal vez— escriben peor que yo, no yo quien lo hace mejor que los otros. En cualquier caso: mis cuentos son mis poemas; mis versos, ludopatías estrábicas.
Nombre algunos autores en español.
No existen los autores; existen algunas obras de algunos autores. Las obras completas son el peor enemigo de las grandes obras porque esconden estas entre las de aprendizaje y las de decadencia. Diré dos títulos: El túnel, Informe sobre ciegos.
¿No quiere hablar del Nobel? ¿Discrepa de García Márquez o Vargas Llosa?
La coetaneidad es muy injusta. No premió en vida a Cervantes, ni a Gracián, ni a Dostoievski... y sin embargo sí a Echegaray, a Cela... El factor común de la humanidad sincrónica es la mediocridad... Por eso la muchedumbre, para la cual se urdió la democracia, imposibilita su buen ejercicio y la convierte en una disfrazada dictadura.
¿Se considera antidemócrata?
Solo digo que en democracia ya no sabes quién es tu enemigo porque lo son todos aquellos que conforman la muchedumbre... No se puede convencer a nadie con razones porque la multitud es esencialmente sinónimo de fanatismo. El mismo Beethoven compatibilizó su misantropía (“prefiero un árbol a un hombre”) con la solidaridad universal (Sinfonía coral); claro que con la mediación de la Oda de Schiller... Confieso que, por casualidad, topé con unos versos de un tal Goytisolo, un poeta de los que ustedes llaman sociales —¿qué plumidiestro no lo es?— que dicen: “Un hombre solo, una mujer, / así tomados de uno en uno, / son como polvo, no son nada”. ¿No son nada? Lo son todo. Quien niega la individualidad niega la identidad; y, por lo mismo, la libertad. Hay que reivindicar el “uno para todos”, pero también el “todos para uno”; y esto es lo que olvida o pierde la convivencia en la mala democracia. Ha inventado el todos contra todos, malinterpretando a Darwin. En Arte no hay democracia, sino individuo. Incluso las obras del pueblo, como Las mil y una noches o el Romancero, pertenecen al individuo, quien, uno tras otro, juglar tras trovador, miniaturista tras copista, las han pergeñado, pulimentado, salvaguardado, posteriorizado para la multitud... En fin: ¿no es el triunfo de la democracia el asesinato del yo?
Bueno, bueno... Sorprende oírle hablar de música. Solo recuerdo en su obra una alusión musical: al Réquiem alemán de Brahms.
La música es la única palabra que desmiente la inefabilidad. Y los músicos son los únicos autores contra los que no puedo nada. Yo me quedé en los tangos; y eso sí es Argentina pura.
Vírgula. Revista del Grado en Español: Lengua y Literaturas, 2-3 (2021)
Borges en vírgula
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