PúLSAme
Sísifo
¿Es mejor soportar una muerte sin fin
que ponerle final a la existencia?
¿Acopiar voluntad y decisión,
sufrir y convertir el sufrimiento
en ágil fortaleza o dejarse vencer
por el dolor innumerable?
No existe sufrimiento como el de la conciencia;
y el temor a sufrir anticipa el dolor.
¿Pero quién logrará trepanarse el pensamiento?
No hay dioses; y los hijos de los hombres
sufren y mueren porque yacen vivos
en los sepulcros de sus mentes trágicas.
¿No somos animales sujetos a las leyes
de la vida, que es el aprendizaje
y la preparación para la muerte?
Sin embargo, ¿rendirse es morir antes:
negar la voluntad de seguir vivo?
¿No es la muerte el mejor medicamento?
Vivir: ese horizonte sin final
cuyo principio es un desfiladero.
Mientras crece la noche
Contemplo el horizonte, las montañas
azules bajo el cielo del ocaso.
A lo lejos el mar cuenta sus olas
y las gaviotas trazan despedidas.
Matorrales, guijarros, esperanzas
en la quietud del páramo encendido.
Alrededor, mientras la noche crece,
yo me voy despidiendo de la vida.
Quisiera haber vivido la epopeya
de un héroe forjador de su utopía.
Pero soy solo un hombre sin más armas
que el sueño de sus versos: ellos son
mis frágiles hazañas, pues traté
de convertir en himno la elegía
como un breve consuelo.
Inicio de un discurso
Entonces por qué estoy aquí, se preguntarán vuesas mercedes. Pues no lo sé muy bien, diréles yo. Tal vez porque los retos son necios encuentros con uno mismo en los que siempre perdemos el miedo a lo que ya nunca vamos a hacer porque la existencia nos lo niega o impide. Y también, en este caso, porque yo inicié estos actos presenciales de poetas y relatores hace un cuarto de siglo, y por algún yoquesé más. Por ejemplo, que hace ya cuatro o cinco libros nuevos editados que han salido a pasear sin mí.
Así que, tras muchos rechazos, me puse a recolectar poemas para la ocasión. No tienen la factura de himno ni elegía, ni del himno en la elegía, aunque sigan siendo devastaciones, sueños. Todos debemos aceptar que la mente -y sus operaciones síquicas- es una tejedora de trayectos que empezamos hacia una cima que luego descendemos. Que somos más o menos sapiens hasta que la vida nos va convirtiendo en "presentes sucesiones de difunto", como anotó Quevedo. Que lo que parecen utopías devienen distopías y que "la muerte es el fin que hay en todo principio".
¿Son peores estos poemas que aquellos que me parecían dignos? Desde luego ni su presencia ni su ausencia alteran el mundo -porque no voy a mostrar ninguno-. Y eso es lo que debe tener un poema, cualquier arte o ciencia: debe alterar el mundo, o al menos a un individuo, dos, tres... Si no, la escritura ha sido un pasatiempo más que una comprensión del tiempo, de la vida, de la trascendencia. Que eso es lo que ocurre hoy: la trascendencia ha sido suplantada por la frivolidad. Y bien están el pasatiempo y la risa, pero no como solemne forma de vida, sino como entretenimiento del trabajo de vivir para mejorar el corazón y la muchedumbre.
Y me preguntarían vuesas mercedes -si no les hurtase yo la ocasión de que no me preguntaran lo que tal vez no sabría responder...
En fin: para no ser descortés les dejo aquí un verso que me regaló una fermosa musa:
la luz de la belleza es una hipnosis
31023
De raigambre clásica en su itinerario, estos dos poemas de Consuelo Jiménez de Cisneros rehúyen esa dicción -sin abandonar reminiscencias literarias- para servirse de un lenguaje más coloquial en su hímnica elegía por los libros y el mal de ausencia.
Ambos pertenecen a Campos de zafiro, un título intimista, de última publicación.
En el primer texto los libros, como seres antropomorfos hacinados en el tiempo, en los nichos de las estanterías o el recuerdo presencial, llaman con su fulgor de dueños y forjadores de nuestra identidad (ahora que el futuro parece que va a acabar con ellos). Un rumor de tactos y perfumes parece sensualizar al merodeador de bibliotecas.
En el segundo, la soledad nostálgica de lo que fue diaria compañía provoca en el recordador la resurrección -y regurgitación- del pasado, incluso aquel que, por rutina, inconscientes, sufrimos o gozamos. "Solo por ser pasado se convierten / en nostalgia las cosas".
Purcell: Funerales
La íntima mirada
Crusoe
Tantos años ansiando regresar
al mundo que perdí, y encuentro ahora
continentes de inepcia, verdaderos
piratas del honor disuelto en oro.
Era mi isla -aquella luz- un fuego
en el que la inocencia campeaba
como en un paraíso un mástil puro.
No es verdad
que la Naturaleza hostigue al hombre.
Son estos los que entierran en su entorno
la solidaridad y hacen de su alma
islas terribles, unas contra otras.
Qué paz allí. El solar del corazón
se regaba con dicha.
La soledad, primero impuesta y luego
dominada, y ahora deseada,
fue un soliloquio torrencial que halló
cauce sereno hacia el descubrimiento
del continuo fluir de la conciencia.
Nadie ha hablado consigo tanto tiempo,
tan ordenadamente; nadie ha dado
a los hombres la extrema relación
de sus penas y glorias,
la aventura interior de la existencia.
Todos los libros son
heraldos y estrategas del futuro,
la afirmación precisa
de que el destino es la voluntad.
Yo soy el argonauta de la mente,
el contador de todas las historias
porque todas son una: la del yo.
Soy el gran viaje hacia la mismidad.
Semejante a Noé, cabalgué el mar.
Llegué a la isla como un ser esclavo
del interés del mundo y aprendí
a conocer la libertad
de los desasimientos.
Si llegué, como Adán, desnudo, alcé
los hitos de la civilización;
y a ella me vuelvo, a la incontaminada,
purificado por la austeridad.
81124