El Palimpsesto
¡Versos míos -y música y pintura-!
No los que yo escribí, tan imprecisos,
sino los que hice propio al leerlos,
pues sus identidades transmutaron
mi identidad en un ser ambicioso
de la divinidad.
¿Dónde estáis, y por qué me abandonasteis?
He hablado mil veces con los Clásicos;
millones y millones de lectores
han abrevado en ellos su conciencia;
y aunque todos los libros se quemaran
bastaría con que un lector urdiese
un solo verso para revivirlos,
pues todos somos ellos
porque viven en nuestro corazón
y nuestra mente; y somos sus espejos.
La escritura -la música y pintura-
es la exposición sabia de un carácter.
Me he convertido en un extraño códice
que anhela ser escrito por los dioses.
Pero estos ya no existen
y el hombre no será jamás un dios.
que anhela ser escrito por los dioses.
Pero estos ya no existen
y el hombre no será jamás un dios.
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