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viernes, 23 de enero de 2015

Inconnu: Melancolía gris, ¿de dónde vienes?

Inconnu


El huérfano senecto
                                                (Holografismo síquico)

Pronto te habrán abandonado todos
porque tienen sus vidas y tú estorbas:
cuando sientas su adiós definitivo
no maldigas el mundo, que agradece
tu esfuerzo y tu legado 
pagando tu existencia
con un dolor de huérfano senecto.
Tú sabes cuántas cosas recibiste
y también cuánto has dado y no te dan.
Trabajaste la vida con tu cuerpo
y el arte con tu espíritu.
Nunca podrán quitarte lo que has dado.
Has sido el alimento del presente
y eres semilla para quien te olvida.
Mira el árbol tullido y centenario
cómo acepta la muerte:
es la clarividencia de la edad
la que nos hace ver que todo es nada.
Contempla la mañana, siente el día,
inúndate de luz. No desesperes.
Pronto vendrá el crepúsculo a salvarte.

Böcklin: La isla de los muertos

Kokoschka: La novia del viento

Eduardo Lastres: La puerta del milenio

jueves, 22 de enero de 2015

Para ti, que no sé quién eres, de mí, que no sé quién soy

Origen de la lírica (55 segundos)

1.- Cuando me preguntan por qué escribo, o para qué y cuestiones similares, solo se me ocurre decir que para encontrar mi nombre verdadero: para identificarme y librarme de mí.
     El origen tal vez esté en que yo fui un niño triste y solitario que solo contaba sus indefensiones al papel y al lápiz, es decir -ahora lo sé-, a sí mismo -a mí mismo-, que era a su vez un otro que pudiera comprenderlo, abrazarlo, tal vez quererlo. Supongo que en buena medida sigue siendo aquel infante el que vive y escribe hoy y se mantiene lejos, sin interlocutores, dueño de su solitariedad, esclavo de ella. 
     Esa es la verdadera razón de la palabra: hallar la identidad, buscar una razón para seguir viviendo como debiéramos ser y no solo como somos; disculpar al demiurgo que nos dio la existencia, aceptar la orfandad de nuestro ser, el sinsentido del vivir, amar nuestra precariedad bajo el triste infinito prometido: amarnos a nosotros mismos, que es la más ardua tarea. No es extraño que ahora recuerde que Mozart confesaba componer para que lo quisieran, y que García Márquez decía escribir con el mismo fin... Lo cierto es que solo he sentido cierta redención y sosiego las escasas veces que he escrito algo que me parecía digno y consideraba de validez universal.

     2.- Las otras consideraciones sobre la escritura son racionalizaciones para entender o etiquetar el laberinto: éticas, poéticas, estéticas... Todo cuanto viene tras la escritura íntima y solitaria pertenece al oficio artesanal, necesario para que lo que se dice esté mejor dicho. Tras la escritura y publicatura de un libro llegan las poéticas a posteriori: lirismo, prosaísmo, hermetismo, sencillez... Y la repercusión social, el éxito o fracaso, y otras lindezas mundanales, son falsos resplandores que tal vez ayuden a la autoestima, aunque solo sean perspectivas analíticas. 
     Pero, como digo, el primer impulso -al menos para mí- es el del hallazgo del yo, su desentrañamiento, aunque se traten temas que en principio son o parecen tangenciales a esa búsqueda. Porque toda escritura -todo arte- es autobiografismo síquico. Supongo que lo mismo hace el lector, y yo como lector: leo para encontrar en los otros lo que mi yo necesita para reconocerse y construirse.  Por eso quien más lectores tiene a lo largo de los siglos es aquel que aúna en sus textos los rasgos distintivos del ser humano. Y por eso el libro más cabal es el que el lector siente que ha sido escrito para él, aunque sepa que el autor lo escribió para sí mismo.
     No es casualidad que mi dedicatoria durante años a quienes me la han pedido haya sido: "Para ti, que no sé quién eres, de mí, que no sé quién soy".
     Quien no escribe para sobrevivir íntimamente está muerto, o solo tiene la vida que los demás le prestan.

miércoles, 21 de enero de 2015

Libros recibidos (XXXIX): Ángel González Sánchez

El tiempo en la pared
Ángel González Sánchez
Aguaclara

No es usual que el primer libro de un autor se edite cuando este cuenta con siete décadas de vida. Y menos ahora que se publican libros de autores a los que, a fuerza de no leer y comer mucha telebasura, les salen antes los versos que los dientes.

La editorial Aguaclara publica El tiempo en la pared, de Ángel González Sánchez. Y el autor, con la retrospección de la mirada otoñal, expone un presente en el que el pasado, acumulativo de remémoras, se ve y se disecciona entre nostalgias ausentes de euforia y cloroformadas con melancolía. Si bien, ya se advierte a sí mismo que 
                        ¿Será cierto el pasado 
                        o será solamente un sueño hueco? 
                                                                              (p. 27)
Así, este poemario es, en buena medida, una búsqueda de un amor y un tiempo perdidos, regidos por la conciencia de la irrecuperabilidad. Por lo tanto, meditativamente triste: 
             Han pasado los dioses sobre el mundo
             sembrando sal y tedio entre los árboles
             de los sueños dorados. 
                                                    (p.37)
Un libro de amor: a la vida, al pasado y a la amada. Un libro en el que se contempla la existencia como si fuera una sucesión de estampas, fotos o mariposas claveteadas en la pared. De ahí, tal vez, su título.
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Un poema de Ángel González Sánchez 


martes, 20 de enero de 2015

Un poema de Ángel González Sánchez (Antología, CLXVII)

Jueves 22 enero 2015
a las 20:00
Presentación del libro


El tiempo en la pared
de
Ángel Gónzález Sánchez

Intervienen:
Javier Carro
Luis Bonmatí
El Autor

Lugar:
Pinchon&Co Libros
Poeta Quintana, 37
Alicante

Agenda mágica

Tengo una agenda de papel de luna
donde escriben bolígrafos de sombra
palabras de horizonte y de silencio.

Una memoria fiel que, fecha a fecha,
va grabando los puntos del camino
donde se apoya el caminar cansado.

Gastada ya, memoria emborronada
que confunde las cosas más lejanas
con ojos de hipermétrope de anciano.  
                                                  ÁNGEL GONZÁLEZ SÁNCHEZ
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Libros recibidos (XXXIX): Ángel González Sánchez

Courbet: Y a pesar de la muerte, la invasión de la vida.


Courbet: Desnudo

Invasión de la vida

La tristeza es la luz que ensombrece a los hombres.
Sin embargo, les da clarividencia
y con ella descifran los enigmas del mundo.
Triste es reconocer que la alegría impide
comprender que la muerte es el crisol
de la existencia. Es la melancolía
la amniosis del espíritu: en él se gesta el rostro
del tiempo peregrino: la identidad de cuanto 
amamos y tememos del ayer al mañana.
Ella es nuestro demiurgo, nuestros ojos.
Vivir es el esfuerzo contra esa airada niebla.
Es asumir derrotas, y afrontrarlas.
Es intentar vencer los infortunios
para hacer realidad la nostalgia de un sueño
llamado paraíso, felicidad, templanza.
Espera el corazón redimirse a sí mismo.
Espera entre las sombras la armonía final.
Contempla los tatuajes del tiempo en la memoria,
el lúpulo del ansia, los limos de la sangre.
La muerte es el crisol de la existencia.
No obstante, el corazón espera siempre,
a pesar de la muerte, la invasión de la vida.

Böcklin: La isla de los muertos

Kokoschka: La novia del viento

Eduardo Lastres: La puerta del milenio

lunes, 19 de enero de 2015

Hiperestesia

Satie: Gymnopedie 3 (orquestación)


Como mi sensibilidad, quizá excesiva o enfermiza, me hacía sentir tristeza y dolor por casi todo, y se convirtió en imán de la melancolía, algún extraño gnomo de mi mente decidió construirme un escudo, o una cota de mallas, de modo que me impidiese sufrir la hiperestesia acorazándome contra las emociones. 
     Ese furtivo duende olvidó que si tal filtro o escudo impedía que me hiriesen los sentimientos dolorosos también rechazaba los luminosos; y, así, fui convirtiéndome en un adolescente ajeno a la alegría, en apariencia insensible e impertérrito, al que parecía no importarle el mundo y solo vigilaba su propio corazón.
     Hoy me he asomado a una red internética formada por más de 300 familiares -que desconozco y que me desconocen- y he sido consciente de que mi condición de prófugo, incluso de mí mismo, no solo me ha hecho ignorar el mundo ajeno próximo y lejano, sino distorsionar el mío; y que mi vida ha sido un islote erizado de arrecifes al que, por refugiarme del naufragio existencial, apenas ha llegado el oleaje de la existencia verdadera.
     Los cielos me confundan y me incinere el infierno. 

domingo, 18 de enero de 2015

Daguerrotipo: La irredención del artista

Daguerrotipo: Schumann

Ligeti: Lux aeterna


La irredención

Durante muchos años me salvó de la muerte
la fe en que el sufrimiento era el fiero tributo
que la existencia exige al auténtico artista.
El trágico heroísmo de soportar la vida
a fin de conseguir una obra indeleble
me concedió el valor y la tenacidad
de un sísifo orgulloso; y bajé a los infiernos
cuantas veces supuse que traería la llama
de inmortales verdades que legar a los hombres.
Yo buscaba la obra perfecta y memorable
en versos tan exactos en su ensimismamiento
que olvidaban al hombre y eran tan solo esfinges.
Después miré a los ojos de la palabra y supe
que la poesía es solo hallarle al corazón
la sustancia verbal que permite escucharlo,
y que dar nuestra voz a quienes no la tienen
es el acto mayor de solidaridad.
Hoy sé que nada he escrito sino mi propia fábula,
algunas elegías y un himno inacabado.
Aunque nada me duele tanto como saber
que el hombre cotidiano padece de otras ansias
y mi hambre metafísica no ha de saciar su sed.
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