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miércoles, 18 de diciembre de 2024

La escritura exorcista.


Coro de las mil voces

Dícenme algunos lectores de este blog que el título es sombrío y hay muchas páginas ensaimadas en tristeza.
   Dígoles yo que son como la vida misma. Solo que yo no afirmo nunca que haya que ponerse a llorar porque hemos de morir, sino que algo positivo hay que hacer mientras la vida fluye hacia la muerte. 
   Por ejemplo: distraer el ensimismamiento, exorcizar esa obsesión fúnebre escribiendo sobre ella -pero también sobre la vida- para que sus propios temores los desplacen a mis escritos y crean que soy yo quien los incita a la tristeza en vez de aceptar que la melancolía es un gen más de nuestro organismo síquico y físico. 
   Por el contrario, la euforia irresponsable es un mal endémico que hay que erradicar tanto como el tedio de vivir. Y la realidad es que quien no trata de superar ambas cosas es el que sucumbe, incluso antes de morir. 
   El sosiego no se alcanza escondiendo el desasosiego, sino afrontándolo.
   También puede elevarse a la categoría de axioma que los grandes hitos del Arte y de la Humanidad han sido alcanzados por el sentimiento trágico de la vida, no por su carcajada. No por ello hay que santificar la tristeza; pero sí escuchar lo que nos dice: precisamente para verle el rostro y reconocer que es cosa de humanos, no de fantasmas. Y, como tal, vencible.
   (Por cierto: lo que el lector está oyendo es el mayor tributo e invitación a la alegría que hayan engendrado los siglos, y nació de una de las tristezas más grandes que haya sentido un ser humano).

martes, 17 de diciembre de 2024

El Castillo Dragonwyck


Suave intriga con Gene Tierney y Mankiewick

Á. L. Prieto de Paula: La gloria efímera

Voz del autor

LA GLORIA EFÍMERA


Bajo un cielo cansado que planea

sobre la espalda comba de la tarde,

en la estación de los estudios nobles,

el habitante del pasado vuelve

a esa ciudad donde vivió una vez. 

Fue allí la juventud, la gloria efímera.

Sueltas las riendas de la vida, porque

no se veía el fin de ese camino,

pronunciaba palabras aprendidas

que, una vez dichas, eran solo aire.

Desde las cresterías de poniente

dispensaba el otoño luz de miel

a los campos mullidos y a sus ojos

de pasmo. El que hoy regresa a aquella casa

de oro y de papel lleva consigo

vestigios sordos, mudos jaramagos.

Nadie sabía entonces el futuro,

pero ya estaba ahí, plagado de agujeros.


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domingo, 15 de diciembre de 2024

Ada Soriano: Línea continua



Espejos de una biografía

He aquí un conjunto de acuarelas verbales, intimistas y breves perfiladas por una nostalgia entre realista y visionaria, que dibujan la quintaesencia de una vida contemplativa; brevedad solo interrumpida por el último y más extenso texto.

Al menos en tres de ellos aparece la expresión que da título al libro: "línea continua". Podría significar el viaje de un vivir zozobrante, o sin zozobras. O el horizonte inalcanzable... Pero se deja sentir mejor como incógnita que como concreción de un estar entre las inclemencias y esperanzas de lo cotidiano. Por el contrario: la "línea continua" del conjunto es la mirada introspectiva y melancólica, en busca de una identidad (lo indica el bordón del "Soy..." en diferentes comienzos) solidaria en cuanto que se ofrece al lector. Este encuentra una sucesión de estampas anímicas, experiencias frente a realidades apenas apuntadas o sugeridas. La autora parece decir: heme aquí y hete aquí en lo que ves de mí. 

Hay autobiografismo, confesionalismo, simplicidad -no simpleza-, esquematismo poemático, acuarelismo estructural, adanismo que huye del saltimbanquismo retórico y solo expone la síntesis de la autocontemplación sanadora, egotista pero no egoísta ni ególatra. 

La ausencia de retórica -característica de la autora- y la presencia del adanismo, la sencillez del léxico y la llana estructura pueden interpretarse como aliteratura, o contraliteratura, rechazos de lo convencional o poesía al uso, sea novedosa o tradicional; más bien parece corresponder a un sentir personal arraigado en la consideración de que el ser humano ha sido despojado de su humanismo y aherrojado en una inhumanidad creciente. Un mundo regido y sufrido, por ejemplo, por esta trinidad: el Progreso es la fuga del trascendentalismo; el Progreso es la muerte del antropocentrismo; el Progreso es la regurgitación del epidermismo. Y la pluma se ha hecho eco de ese devenir.

De modo que, frente a la insensibilización y maquinización, la autora se decide por la huida de la máquina retórica, experimentalista, rupturista, y regresa a una dicción natural, espontánea, más sentenciosa que expositiva: a la semilla del verbo sin ungüentos superfluos. Expone su verdad doliente, nemorosa: porque ante la tristeza -y alegría- del existir basta la insinuación, y toda literaturización es un falseamiento, un oropel fungible. La poesía sustancial es la que, desprovista de abalorios, atañe al corazón de cualquier ser  humano de cualquier época, liberada de argumentos y filosofismas. Estos poemas son como esguinces líricos de un pensamiento trágico. 

Sé que no acierto en lo que acabo de decir, puesto que la misma Ada confirma que no vive en un mundo de hadas y cita algunos autores del territorio de la Literatura literaria, aunque también afirme que "Me debato entre la realidad / y el sueño". Sabe, en fin, que ningún poema -y menos si es "literario"- puede pronunciar el mundo y, todavía menos, salvarlo. 

Libro, pues -como un "aviso de caminantes"-, de quien sueña salvarse y sabe que al final del sueño continúa la realidad física y síquica como un monstruo acechante o un dios caprichoso en sus dádivas.

He aquí el fragmento final, que bien pudiera ser un poema en sí mismo, resumen ejemplar y poema ejemplar -lo diré en expresión muy próxima- de las devastaciones y los sueños que recorren -como una "línea continua"- el libro de la existencia, los espejos de una biografía resiliente:

Qué largo recorrido 
entre la caída de la noche
y la amanecida,
los sueños que se filtran
y el sueño que yo anhelo:
ser en mi ser superación
para sentir
                    translúcida
el impulso.


25523

sábado, 14 de diciembre de 2024

Antonio Gracia - La panacea - Ada Soriano


La panacea



Por las mañanas siento la tristeza

del mundo. El sol alumbra la ciudad

descubriendo sus tuétanos infestos,

y, si llueve, la lluvia no consigue

arrastrar el cadáver de la noche.

Entonces, para huir de tanta herida,

entro en mi corazón y me pregunto

si mi amada vendrá. Ella pone fin

a mi muerte diaria, pues con ella

vienen la única luz y el agua mansa

que iluminan y limpian la existencia.

Ella trae el amor recién nacido,

como un puro cristal arrebatado

al manantial de cuarzo del origen.

“Hoy nace el mundo”, digo cuando llega.