... Naturalmente, mi escritura siempre ha tenido una fuerte apoyatura cultural, puesto que toda vida y todo arte son hijos de los libros y del arte, y solo en ellos podemos redimirnos. Bien claro queda en “Informe pericial" y en “Hijos de Homero”. Igual ocurre (como en una trilogía impremeditada) en “Lejos de toda furia” -en este caso, ochenta divagaciones sobre cuadros, esculturas, arquitecturas, fotografías-. Todo ello parece ser consecuencia de un inevitable y fragmentario autobiografismo síquico...
Hay quienes se ponen el listón demasiado alto y siempre están descontentos de sí mismos. También hay quienes apenas se exigen y son demasiado conformistas.
La felicidad no consiste en conseguir un gran éxito en un gran momento, sino en lograr el sosiego interior cada día. No es un gran estallido de euforia, no es una inmensa carcajada. Es una leve sonrisa sostenida.
Te sientes poca “cosa" porque quieres ser una gran “cosa”. En este mundo todos quieren ser el ganador. Y se sienten el primero o el último porque designan como jueces a los demás. ¿No es mejor sentirse bien consigo mismo y dejar que sean los otros los que ambicionen imposibilidades y utopías? ¿De verdad te importa la torpe opinión de los demás más que la tuya, hecha desde la nobleza?
Cuando alguien quiere abrazar a la multitud se da cuenta de que no puede abarcarla con sus brazos. ¿Dejará por eso de abrazar? No será mejor abrazar a una sola persona? ¿No es mejor tratar de abrazarse a sí mismo?
Ya has hecho lo posible por acertar. Empieza por aceptarte como eres y acabarás siendo aceptada y valorada por muchos.
Porque a los soberbios son los demás los que les quitan las medallas que ellos mismos, en su engreimiento, se ponen; y a los humildes también son los demás quienes les recuerdan las virtudes que, en su modestia, no creen merecer. En todo caso, valórate por las alegrías que das, no por las que te dan.
La felicidad consiste en vivir sin tener nada que reprocharnos.
Lo que importa -y es definitivo y decisorio- es saber si hay "causa suficiente" para todo cuanto hacemos: tomar una decisión, comprar una vivienda, tener un hijo, saber que nuestra conducta tiene una consecuencia para todos...
Solo esa operación mental nos hace responsables o irresponsables, justos o injustos con nosotros y con los demás.
Cuando algo nos roe la conciencia significa que antes o después un tsunami inconcreto devastará nuestro espíritu.
411.- Ama hasta convertirte en el ser que amas: solo así lo comprenderás; solo así conocerás cuánto daño o felicidad puedes causarle.
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412.- Durante muchos años viví creyendo que no tenía razones para seguir viviendo; después, voluntariosamente, consideré que tampoco tenía motivos para seguir muriendo.
*** 413.- Lo peor de la ceguera -síquica- es que impide ansiar la luz.
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414.- El instinto de supervivencia exige inmortalidad. ¿Por qué sentimos la conciencia de la mortalidad? ¿Qué ser supremo sería tan perverso como para incrustar un cadáver emergente en un cuerpo vivo?
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415.- Busquemos al que hubiéramos querido ser y convirtámonos en él; saquémoslo del calabozo al que lo desterramos.
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416.- Lo que precisa toda obra de arte es que sea creada por la inteligencia y que emocione la sensibilidad. Que, como en un buen soneto, el contenido no esté amarrado a la forma, sino ennoblecido por ella.
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417.- La valentía no consiste en luchar contra la necedad, sino en mantenerse al margen de ella. Deja que el necio se ofenda a sí mismo.
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418.- Hay un territorio en nuestra mismidad, pleno de misterios y revelaciones, al que apenas tenemos acceso y que es intraducible al pensamiento. La palabra no está capacitada para expresar todo lo que sentimos; la plenitud y la clarividencia están "allí donde la pluma se detiene" porque se sabe impotente para reflejar el pozo visionario al que se asoma.
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419.- Lucho para ser digno de mis sueños.
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420.- El hombre no es las cosas que consigue, sino aquellas con las que sueña.
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421.- El suicidio es la única pena de muerte aceptable: porque, más que una pena de muerte, resulta ser una muerte que mata la pena de vivir.
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422.- Un libro debe ser la efigie de su autor, la expresión de un mundo propio, la victoria de la razón sobre la pasión, el triunfo de la reescritura sobre el desbocamiento verbal.
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423.- Todo autor es un viaje hacia el hallazgo de una obra señera a través de tentativas que pocas veces son logros. Incluso los poetas más excelsos son autores de unos pocos poemas dignos de una selección universal.
Por eso las obras completas constituyen más una manera de encubrir sus virtudes que de mostrarlas.
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424.- Sí puedes salvar el mundo: concentra en un anhelo todo cuanto deseas para la humanidad y haz algo por una sola persona: sonríele, dale la esperanza que tú no tienes, muéstrate ante ella como si la tuvieras, dale la mano, conviértela en tu obra buena, en tu razón para seguir viviendo... Al final esa sonrisa solidariamente fingida acabará transformándote a ti, será tuya realmente, germinará en todo tu alrededor.
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425.- La Poesía, la Música y la Pintura nos dicen qué siente el hombre; la Historia nos cuenta la biografía del tiempo; la Filosofía y Sicología nos dicen cómo mejorar la biografía íntima y universal; las Ciencias cómo vivir mejor físicamente...
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426.- Es verdad que hay más libros malos que buenos, y que el peor libro es el que nos impide leer otro bueno. Por eso hay que aprender a abandonar la lectura en cuanto detectamos la miseria que nos da. ***
427.- Si hubiera de salvar algunas obras porque se avecinara una catástrofe universal que acabase con el ser humano, no salvaría aquellas que suponen un hito artístico, sino las que potencian el conocimiento del hombre y ensalzan la bondad, generosidad y auto-supervivencia del ser humano: porque esos son los rasgos que las hicieron posibles y los que podrían hacer de este mundo renacido una estancia mejor.
*** 428.- Tal vez la forma más sutil y sabia -también impune- de ponerle límites al mundo sea la de estrechar la conciencia. Porque el mayor de los universos es la mente: y, amurallada esta y reducida a un pequeño recinto, todo cuanto quepa en ella será igualmente empequeñecido. Esa es la peor de las castraciones: la que nos enseña que solo podemos aprender determinadas cosas porque las otras son un peligro para las conciencias
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429.- La libertad es la única ideología que ordena justamente los problemas de la humanidad. *** 430.- Una gran inteligencia conlleva una gran soledad y, también, una inmensa pregunta que precisa infinitas respuestas. *** 431.- Don Quijote es la historia del soñador de un mejor mundo que, aunque desengañado una y otra vez, no quiere admitir que este mundo no se merece soñadores. ***
432.- La única solución para este mundo de ocho mil millones de criterios diferentes es emprender un viaje en el que se vaya desde el yo hasta el nosotros. ***
433.- Nuestra inteligencia tiene un techo que no podemos sobrepasar, y es de necios desesperarse porque la naturaleza no haya sido más generosa con nosotros. *** Ir a
Invitación al amor (Palabras de Lucrecia) Todos los días me propongo huir
de este bosque de piedra y mecanismos que me hacen desdichada.
Ven conmigo a la selva y a los montes, a la azucena, al pájaro y la ardilla. Desnúdate conmigo, entra en el río; librémonos del mandamiento. Arroja tu espíritu carnal sobre este prado
que cobija la sombra de los árboles aquí, donde estoy yo
rodeada de hierbas aromadas, manzanas y limones.
Cava en mi corazón hasta encontrar la semilla del cosmos
y brotará la dicha en nuestros brazos como un surtidor mágico que aguarda surgir de las estrellas y los túneles,
de nuestros propios cuerpos y sus ansias. Cuando se abrazan nuestros corazones es a la primavera a la que abrazo,
y parece que somos el origen
de cuanto existe.
No lo dudes ya más: trae las músicas, los trigos y la miel,
y olvidemos la obtusa geometría
de la infelicidad acomodada.
Es fascinante saber que estamos hechos de materia estelar, de estrellas y de simios, de pájaros y flores, que las infinitas partículas viajeras por el firmamento y yacentes en la piedra se conciliaron para configurarnos y bullen girando en nuestra carne, y que la música del cosmos dejó su ritmo en nuestra sangre, que llevamos un trovador íntimo que conmueve nuestras emociones y canta mediante el arte y la naturaleza.
“Esta armazón de huesos y pellejo” -como definió Bécquer al hombre sufriente- ya no basta para identificarlo, sino que hay que sentir al ser humano como la conciliación de todos esos fragmentos de inmensidad que conforman su identidad. Y por eso el corazón sigue latiendo a la espera de reunirse con su ancestral origen.
Si Aristóteles concibió un universo estático, Lucrecio lo necesitó expansivo. Ya San Agustín supuso, rozando, entonces, la herejía, que Dios tenía que estar “haciendo algo” antes de la creación, que había un tiempo antes de lo que cuenta el Génesis. Y así lo ve la ciencia. La memoria demostrable de nuestra sustancia se remonta a unos quince mil millones de años, cuando el Big Bang inició su estallido y la nada -que alguna cosa sería- se llenó de materia incandescente e implacable, que fue ordenándose desde el caos hasta un cosmos aún inacabado.
Son quince mil millones de años transcurridos desde el Big Bang. ¿Y antes? El individuo es un microtiempo en ese océano intemporal, en el que las estrellas nacen y agonizan a lo largo de millones de milenios. Y ante tal inmensidad no es extraño sentir que la vida es un lugar oscuro y solitario, un locus horribilis en el que transcurre la agonía de sabernos mortales. Por eso la necesidad de un Ser Garante nos empuja a creer en él, o a inventarlo.