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martes, 19 de noviembre de 2013

Iglesias

Miedo social

Verdi: Dies Irae

¿Por qué no funciona un sistema de justicia siendo tan sencillo aplicarlo? Consiste simplemente en esto: a quien no respeta la ley se le sanciona. Pero cuando las circunstancias atenuantes o eximentes son mayores que las sanciones empieza el estado de corrupción: la permisividad. ¿Por qué avisar de que al próximo salto de semáforo se quita el carné, si el conductor sabe que no debe saltárselo? ¿Habrá que decirle al que comete su primer asesinato que irá a la cárcel si comete otro? ¿Sabiendo esto, acaso quien delinque no está pidiendo que lo encierren? ¿Por qué se le niega ese derecho? ¿O es que la sociedad es tan carcelaria como la cárcel y basta con dejar en la calle al delincuente?

 Así es como crece la pirámide corrupta: ladrones encumbrados en la riqueza o abismados en la total pobreza, ministros sabihondos constructores de ruinas educativas antes que de edificios educadores, economistas y dignatarios de la salud que pretenden trasplantar dinero en vez de corazones... Lo peor de estas cosas -en expresión de J. Cantero- "solo legítimamente justas" es que la razón de la justicia se ve asfixiada por la razón de la realidad: y al ciudadano no le queda sino sucumbir ante la impotencia: que nada se puede contra el poder ni contra la impunidad del poderoso.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Traducción (IX): Nuno Júdice / Nuria P. Serrano


El sentido del azul

Buscamos el sentido. Trazamos círculos. A
veces, aparece un significado, pero todo es vago,
como si las palabras ya no dijesen lo que
dicen. Por ejemplo: quiero saber lo que significa
este azul en la pared. La casa está intacta,
ha resistido al tiempo; pero el azul lo ha desconchado
el sol del verano, la lluvia del invierno,
la humedad salada del salitre. Y lo que
significa este azul no es el azul del color de
una pared, tan solo. Hay quien ve en él
el paso de los años, la fragilidad de la vida;
pero hay quien señala los pedazos en que el color
desapareció, dejando a la vista el desconchón,
y hace referencia a un mundo en ruinas que
no es posible recuperar. Pero el pintor
llega, coloca la escalera en la pared, disuelve
el color en el balde, y aprovecha la semana
sin lluvia para igualar todo. Tal vez el nuevo
azul no sea igual al anterior; y cuando 
miro el azul del cielo y lo comparo al de la pared,
es como si uno fuese la sombra del otro. En
cierto modo, el azul de este cielo me parece
más artificial que el azul de la pared. Digo
entonces que el hombre perfecciona la imagen
que la naturaleza nos da como si ya no
fuese posible creer en el cielo. El
pintor ya se fue. Después, miro
para arriba: hay nubes aquí y allí, y unos 
pájaros lo pespuntan como insólitas
manchas en el infinito. Hace falta allí un pintor
para tapar los boquetes y volver a igualar
todo. Pero ¿dónde está la escalera para llegar
allí arriba? ¿Y cuántos baldes de tinta se
necesitarían? Y quedo a la espera de la noche para
no ver el azul con las imperfecciones del cielo.
Traducción e imagen: Índigo-2013 (nuria p. serrano)


Nuno Júdice: O sentido do azul

Procuramos o sentido. Andamos às voltas. Por
vezes, aparece um significado, mas tudo é vago,
como se as palavras já não dissessem o que
dizem. Por exemplo: quero saber o que significa
este azul na parede. A casa está direita,
resistiu ao tempo; mas o azul aparece desbotado
pelo sol do verão, pela chuva do inverno,
pela humidade salgada das maresias. E o que
significa este azul não é o azul da cor de 
uma parede, tão-só. Há quem veja nele
a passagem dos anos, a fragilidade da vida;
mas há quem aponte os pedaços em que a cor
desapareceu, deixando à vista o reboco,
e se refira a um mundo em ruínas, ao que
não é possível recuperar. Mas o pintor
chega, encosta a escada à parede, dissolve
a cor no balde, e aproveita a semana sem
chuva para pôr tudo igual. Talvez o novo
azul não seja igual ao anterior; e quando
olho o azul do céu, e o comparo ao da parede,
é como se um fosse a sombra do outro. De
certo modo, o azul deste céu parece-me
mais artificial do que o azul da parede. Digo
então que o homem aperfeiçoa a imagem
que a natureza nos dá, como se já não
fosse possível acreditar no céu. O
pintor, esse, foi-se embora. Depois, olho
para o alto: há nuvens aqui e ali, e alguns
pássaros pontuam-no, como insólitas
manchas no infinito. Faz ali falta um pintor
para tapar os buracos, e voltar a pôr tudo
igual. Mas onde está a escada para chegar
lá acima? E quantos baldes de tinta seriam
precisos? E fico à espera da note, para
não ver o azul com as imperfeições do céu.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Desde Elena Aguilera


Construir la identidad


 Asistí ayer a la exposición de pinturas de Elena Aguilera.

Lo primero que sentí fue una invasión de líneas de trazo grueso y firme caminando hacia la incertidumbre, hacia la búsqueda.

Luego pensé: “Bien: alguien que cuando pinta intenta crear, crearse, al margen de las imposiciones comerciales. Alguien que trabaja con lo elemental, como un descenso al origen de la personalidad: el elementalismo de quien sabe despojarse de todo lo que sobra”.

Después consideré: “Esta sala -estas líneas con su aparente dispersión y sus colores fuertes, con sus pinceladas chispeantes- me invade porque es como una cueva de Altamira persiguiendo lo primigenio, o haciendo un exorcismo de los fantasmas personales, o bocetando los ángeles informes que hacen posible que se realice un sueño. El cielo liberado del infierno puede estar detrás de estas pinturas, igual que los bisontes o los ciervos no eran tan solo ciervos y bisontes”.

¿Qué pretende decirse -y, al exponer, decir- la delgadez escueta de un suspiro que es Elena Aguilera? O sea: ¿por qué le interesa o debiera interesarle al ciudadano el arte? Porque todos tenemos un más allá interior, un otro yo al que aspiramos, libre de vicios y pleno de virtudes que  solo alcanzaremos con esfuerzo. Tal vez a eso se refería Rimbaud cuando afirma “Yo soy otro”. Y eso parece decir esta sentencia anónima: “Soy el que quiero ser más que el que fui”. Eso liberó a Beethoven del suicidio cuando empezó a quedarse sordo: antes de morir tenía que construir algo que lo dignificase y dignificase a los demás. Y esa misma búsqueda de sí mismo y entrega a los otros fue retrasando la muerte de Van Gogh.

Es el artista -pintor, escritor, compositor...- el que, siempre en actitud introspectiva, consigue dar forma a sus fantasmas o sus ángeles. El auténtico artista expresa su realidad -sea figurativa o abstracta- minimizando la distancia que hay entre su creación y el objeto -físico, síquico- de su interés. Pero incluso el menor objeto observado y recreado es trascendental, puesto que es un fragmento de identidad del yo que somos y del que queremos ser. El artista observa, imagina, especula, reflexiona, esboza, crea, recrea, tacha, añade... en un proceso semejante al de aquel que no quiere equivocarse en su diagnóstico, sea médico, arquitecto, banquero, negociante, soñador, rico, pobre... ciudadano, al fin.

Así que contemplar estas obras de Elena Aguilera -asistir a un museo, leer un buen libro, escuchar buena música...- es tanto como aprender un método de conocimiento o iniciar una beneficiosa autoterapia.    

sábado, 16 de noviembre de 2013

El abrazo distante

Purcel: Lamento de Dido

No podía olvidar su presencia y su tacto, tantas veces oyendo el rumor de su sangre, su sonrisa feliz, paralelos los dos. Solo por ser pasado se convierten en nostalgia las cosas. Pero no: era aquella criatura, no su piel o su pecho tan amado y mordido, era aquella criatura, su amor enamorado, su inocente lujuria, su entrega sin preguntas, era aquella criatura quien lo ataba al recuerdo.

¿Viviría también recordando los días, los momentos, la dicha, y luego la desdicha de haberse dicho adiós? ¿Seguirían los dos unidos a lo lejos, más fuertemente ahora que no se compartían? 

¿Tal vez si diera un paso y dijera te quiero, tal vez si regresara y diera un solo abrazo chocarían de nuevo sus turbios corazones y explotarían juntos como si nada hubiera sucedido?

Salió a la noche y caminó sin norte. De repente se halló frente a la verja, a punto de pulsar el timbre y de subir y dar el gran abrazo. Se detuvo y anduvo: igual que un oleaje milenario o una flor cuyos pétalos guardan el gran secreto tras su deshojamiento. Pulsó el timbre, por fin: pero nadie le abrió.

Más allá, al mismo tiempo, en el extremo opuesto de la urbe, alguien llegaba después de muchas dudas: y quedaba en la calle porque nadie le abría y no podía decir déjame que te abrace.



jueves, 14 de noviembre de 2013

Un poema de INÉS MARÍA LUNA (Antología, CLIII. Segunda Serie)


Schubert: Viaje de invierno (El tilo)

DÍA FERIADO
(Dos poemas)


            I

Yo también quise ser diciembre,
como tú,
quise ser diciembre,
cuando no era nada,
cuando diciembre no existía,
cuando el invierno era un mundo
que se quedaba aparte,
mundo que contemplábamos,
que después se iba,
cuando era la piedra
de aquella iglesia,
diciembre era la piedra de una iglesia,
y los libros que aún no habíamos leído.



            II

El hombre que soy
se ilusiona con la luz de los árboles,
presiente alegría
porque tiene voz,
porque su voz se inunda de palabras.
El hombre que soy
se queda con la luz.
Lo contemplan la oscuridad y el frío.
© Inés María Luna