El autor, recordando a los amantes de la Historia, y
consciente de la fugacidad del amor, pone fin a su idilio.
Como el amor, igual que nace acaba,
debemos acabar con él ahora,
antes de que él termine con nosotros.
Mejor es abrazarlo una mañana,
y olvidarlo, que convertirlo en llanto
porque domine nuestros corazones.
Aquí te dejo un beso, amada mía.
Pon otro tuyo sobre él y sean
nuestras bocas errantes, en el tiempo,
nuestra callada y peregrina historia.
Que mueran nuestros cuerpos, no su espíritu.
debemos acabar con él ahora,
antes de que él termine con nosotros.
Mejor es abrazarlo una mañana,
y olvidarlo, que convertirlo en llanto
porque domine nuestros corazones.
Aquí te dejo un beso, amada mía.
Pon otro tuyo sobre él y sean
nuestras bocas errantes, en el tiempo,
nuestra callada y peregrina historia.
Que mueran nuestros cuerpos, no su espíritu.
Wagner: Idilio
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