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lunes, 6 de junio de 2022

Quién supiera escribir!

  

                                                    Pachelbel

Para Ángel Luis Prieto de Paula

Querido Ángel: 

En un instante determinado creemos oportuno instalarnos en la vida y vivimos sin preguntarnos si acertamos. De repente descubrimos que fue un error y que es preciso, sin embargo, continuar. 

Te agradezco tus palabras y tu tentativa. Vienen a rubricar lo que dijiste, así como tu noble complexión moral. Ahora eres también mi albacea literario y mi juez decisorio. Yo, como tantos, solo pretendo salvarme, no sé si con menos imposturas que otros. 

La autenticidad y la sinceridad no garantizan la calidad, pero la impostura menos aún. Ni siquiera cuando se impone un lenguaje, una actitud, una mentira hermosa, un manierismo fascinante. No, si no son solamente un medio. Mientras exista una mentira hermosa no habrá poesía. Es tan difícil evitar la falsificación. Uno de los mayores defectos de los poetas -y no solo de ellos- es que casi todo lo que escriben son obras "literarias". 

Pocos son los autores que unifican al homo vivens con el moriens en el homo scriptor cuando se invisten de este. La mayoría de los escritos responden a la llamada insistente del artífice, y este escribe literaturas, poemas, no emblemas humanos tocados por la gracia de la esencialidad, la  perpetuidad, la carnalidad y la metafísica, la mística y la erótica, la oda y la elegía inherentes al animal quaerens. Responden a las éticas o poéticas más o menos efímeras, no a la estética humana, constante, sostenida por la supervivencia de las pulsiones universales. Sin embargo, estas son las que quedan y renacen, las que trazan una línea unitiva con las anteriores y posteriores, por muchos intervalos que las separen o lo pretendan, como un guadiana siempre amenazado y siempre renacido. Este es el río inmortal, el que baña el corazón del hombre sentidor y reflexivo, no solo el del homo scriptor. Toda actualización histórica devuelve al presente esos ejemplos, por mucho que la intelectualidad innovadora pretenda innovar con magníficos disfraces, tantas veces espurios y difícilmente desenmascarables por haber pasado a ser parte de la efigie oficial.

Ahora sé por qué solo me gustan unas pocas obras. Más de la mitad están escritas siguiendo el criterio del "escribo como hablo": mal, descuidada, frívolamente, para la muchedumbre inexigente. La otra mitad pretende ser "seria" y cae en la retórica, en la "literatura", buscando la estatua que inmortalice nombres. ¿Es que nadie ve que los siglos son un filtro y una orientación? ¿Cuándo una humanística fue desplazada por una poética? La vida y la escritura son paralelas, cómplices, no idénticas; no todos saben escribivir.

Los estudiosos de la palabra son quienes vigilan la línea recta y dorsal de los sentimientos y conceptos sembrados en las artes. Pero a veces esos guardianes de la verdad se desorientan y proponen como verdades algunas apariencias tan bienvestidas como si fueran distinguidas aristocracias. Eso ocurre, como en siglos anteriores, en los últimos años poéticos. "Los que parecen rostros son máscaras", y el mundo todo es máscaras, apuntaron Quevedo y Larra. Máscaras incluso valiosas, pero que no debieran enmascarar los auténticos rostros. Ni siquiera hace falta que el enmascaramiento sea adrede: basta con creer que se posee la verdad para que todo lo demás sea una emanación de la mentira.

Tú, que lees mejor que la mayoría, ayuda a devolver la pristinidad.


domingo, 5 de junio de 2022

Retrato

Strauss: Muerte y transfiguración

     “Nací cuando necesité pensar para combatir la muerte. Pensar es ordenarnos en palabras. Así que escribir es convertir al animal quaerens que somos en homo scriptor.
    Siempre he escrito para saber quién es Antonio Gracia: ¿soy el que quiero ser más que el que fui? La poesía es una filosofía liberada del silogismo. Mi divisa: oponer al tragicismo existencial la voluntad hímnica hasta convertir en himno la elegía. 

    Cuatro recopilaciones antologan mis libros: Fragmentos de identidad (1993) es la extroversión de mis infiernos; Fragmentos de inmensidad (2009) ayunta mis paraísos; El mausoleo y los pájaros y Devastaciones, sueños (2011) dan fe de mi biografía verbovital, el “escribivir" que es mi existencia. El título que mejor me identifica es La urdimbre luminosa

jueves, 2 de junio de 2022

Iconografía del infierno / Retorno desde el fuego



Hubo un tiempo en el que me asaltaban terremotos síquicos que me hacían creer que mi mente iba a abismarse por los precipicios en los que cayeron Schumann, Van Gogh y Nerval, por ejemplo. Entonces no hallaba más cauce para expresarme que el que aquel verdugo íntimo encontraba: un lenguaje al margen de mi voluntad, pues no es la palabra la que crea el texto, sino la sensación caótica la que precisa un determinado lenguaje. Mis sentimientos me asaeteaban y mis tentativas de comprenderlos acababan convirtiéndose en pensamientos no premeditados, transcritos en forma de poemas -o lo que fuesen- que dejaban traslucir su barroco dolor con extrañas estructuras y raros neologismos. Aquel caos condujo a Los ojos de la Metáfora, pasando por Iconografía del infierno, Palimpsesto y La estatura del ansia. Además de por quince años de afasia y desenvenenamiento.
     Reuní esos latigazos en Fragmentos de identidad, y escogí como portada a algunos de los autores citados. Tal vez lo que pretendo decir se entienda mejor leyendo la Poética para una poesía sin poetas. A falta de ella:

En los infiernos 

Palimpsesto

     No sé cómo: pero sobreviví a aquella tortura. 
     Aquí dejo un testigo de aquellas hecatombes:

Ligeti: Lontano

"Cuando escribo traduzco desde un idioma que no conozco a otro que también desconozco".

Durante muchos años esa fue la frase que sustentaba mi escritura: me descubría en mi pluma, broca errátil por los abismos de mi mente; y huía de lo escrito porque me arredraba el yo que hacía emerger. Así fue hasta Los ojos de la metáfora. Tuvieron que pasar tres quinquenios de afasia para que las palabras comprendieran que, si no sabían desde dónde traducían, sí debían revisarse a sí mismas hasta formalizar y troquelar lo traducido. Liberado, entonces, un poco de mí mismo, empecé a mirar hacia la luz. Atrás quedaron monstruos como este "Palimpsesto", en el que, como teselas, se fueron hacinando escepticismos, autodestrucciones y agonías:

cabalgada en la noche la tristeza
solitaria aventura del poema
el hombre es la autocrítica de dios
centauros acosando tu cintura
el éxtasis del verso eyaculado
limítrofe de dios y de satán
yo soy una elegía de este verso
una espiral eterna socavándote
matusalén murió de un tal suicidio
facsímiles de adán somos facsímiles
la obstinación del beso irrepetible
tus pechos y tu pubis prepuciados
el hombre es la autosátira de dios
insomnes pentagramas evocándome
discípulo del viento soy a veces
tus labios y tus ojos amorítimos
el vandalismo fálico de un coito
sinestesias de dios y de satán
el vómito del alma sobre el verso
una trepanación de dios preciso
el sátiro obstinado de mis muslos
la vida es la ortodoxia del suicidio
facsímiles de adán somos facsímiles
matusalén se suicidó por eso
yo me suicido en cada verso insomne
solitaria aventura del poema
el hombre es la eutanasia de un tal dios

o esta abisal mirada a la Metáfora:


 I
con la mano de amianto trazo líneas
larvas esputos tanzas claves fuego
asomado al brocal de mi guarismo
y fulgentes latrías bruman niebla
dentro del lupanar de la memoria
ardiendo inexorable tiempo espacio
y yo dentro del cerco estatua altiva
cimbreada entelequia de la nada
errante contingencia del acoso





No leo mis libros una vez publicados: para qué, si ya los conozco; los escribí para liberarme, descubrirme, identificarme, saber cuál es mi nombre íntimo. Una vez desenmascarado el fragmento de identidad, qué menos que dignificarlo tratando de eliminar lo que se le escapó a la herrumbrosa pluma parlanchina. Pero hecho esto, releídas de mala gana las galeradas, y asumido que tampoco he conseguido librarme del que soy ni ser aquel que quise ser, para qué volver sobre ellos. Cuando pasan años, sí: para tachar o alterar en la antología presunta, alejarme más del que ya fui, acercarme al que anhelé. Para eso es preciso un ejercicio de introspección autocrítica en el que aceptar el fracaso vital y literario y sosegar el desbocamiento de los corceles de la inidentidad, como en este escribiviente "Sístole":

Preguntas por tu vida y no responde
ni el verso, ni la edad, ni la memoria.
Preguntas por tu vida y solo quedan
ruinas de identidad, fósiles vanos.
Nada has hecho que dé fulgor al hombre
y nada dignifica tu existencia.
Sentir que quien no ha escrito no ha vivido
es la sabia mentira en que viviste
y es la frágil verdad que no te basta.
Pretendes aceptar que la escritura
es la absoluta solidaridad.
Pero la vida es más que la palabra.
No es un libro este mundo. El corazón
quiere tacto, no pluma; es una página
donde la humanidad lee su misterio.
Preguntas por ti mismo y sólo escuchas
un olvido estridente que te acosa:
la voz de quienes aman, sufren, viven.

En fin: no es fácil asimilar que los sueños son, en realidad, devastaciones y que todo poema, como toda vida, es una derrota.

Poemas Propios:

Hombre anhelante

Beso sin boca

Audiopoemas

La túnica en el viento

Los muertos

La fuente en la ceniza

Madrigal en la noche

LA BÚSQUEDA ANCESTRAL

EL SUEÑO DE LA PLUMA