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lunes, 2 de marzo de 2026

Hablar para no entenderse

Los antiguos trovadores, juglares, minnesingers y etcéteras ... solían empezar sus cuentos así: "Estaban hechos -los protagonistas- el uno para el otro, y para siempre..."; y acababan sus trovas: ...: "... fueron los más felices de las Europas, Asias, Áfricas..."

Así debería empezar este cuentísimo ... salvo por una cosa, que es la más extraordinaria y, sin embargo, la más común del mundo: pasaban de la conversación a la discusión y de esta a la disputa en un tris, tres, cuatro. Se interrumpían el uno al otro y por tanto nunca exponían su pensamiento completo porque el afán ansioso de intervenir cortaba en breves trozos el diálogo, de modo que quedaban pequeñas salchichas crudas de la larga longaniza oral que parecía asomar por las fauces ... también se enviaban medio beso cada uno para que el otro lo completara y formase uno entero...

Anselma y Anselmo eran así, señores. Y es este comportamiento tan verdadero que me han contagiado su asaz veraz manera de comunicarse -incomunicarse-. Y no puedo sino mostrárselo callándome aquí mismo y dejándoles con la misma insatisfacción que ellos quedaban y quedarán...


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