Argumento sinóptico
Quiero creer.
Creo racionalmente que existe una entelequia
superior, un Artífice Supremo
fundido en la materia y el espíritu,
intemporal, ubicuo -Quintaesencia-
en la inmensurabilidad.
Igual que el piano es un instrumento
y a la vez una orquesta, en el uno está el todos
y los instantes son eternidades.
El Dios es síquico y es físico,
cósmico y adyacente a cada objeto,
diminuto y gigante, aledaño y concéntrico.
Es y está. Y su ser es su estar.
Que la razón no alcance a inteligirlo
no es argumento en contra.
No es la fe una premisa
que se inserta en la mente.
Se nace aristotélico o platónico,
lógico o intuitivo.
No puedo -no podemos- más que querer creer
cuanto requiere fe y rechaza el silogismo;
no somos responsables de no alcanzar tal dicha.
La Perfección en la que creo debe
comprender -y si no no lo sería-
que hay otras entidades imperfectas
no responsables de su imperfección.
Por lo tanto: querer creer
significa creer. Soy un creyente.
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