Voz: Carmen Gimeno
El trote de Clavileño
II, 61
Altas esferas que cantó Pitágoras,
cumbres del firmamento luminoso
y estrellas encendidas: el paisaje
sideral se convierte en el espejo
de una nueva llanura de la Mancha
del cielo constelado.
Tal vez algún cometa se transforme
en malandrín astral al que vencer
para que nunca más
la noche de los hombres
turbe su claridad.
Y Clavileño
avanza a su aventura alegre, altivo,
transformado en un fiero Rocinante
de los cielos.
Los astros, como antorchas
señalando el camino, prefiguran
la efigie victoriosa del laurel
en la esforzada frente del Hidalgo.
De pronto una tormenta
de aspas y remolinos, lumbres, rayos
y encantamientos lo sacude todo
en airada catástrofe.
Y cuanto parecía una victoria
sobre el mal es derrota y fingimiento,
imposible bondad del hombre bueno
entregado a la generosidad.
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