Visitas

Seguidores

viernes, 12 de febrero de 2016

Anticipaciones

Mozart: Requiem


Vamos a conocer a una persona, afrontar una ruptura sentimental, dar una conferencia, ir al médico... y, en diferentes grados, nos invade el malestar, la inquietud, el miedo. ¿Por qué? Simplemente porque anticipamos la consecuencia de esa causa: tememos no dar la imagen adecuada, tememos la crítica, tememos el desafecto, tememos la enfermedad: anticipamos una pequeña o definitiva noticia de la muerte.
     ¿Por qué esa anticipación del dolor que tal vez llegue? Porque somos animales inteligentes y el instinto de supervivencia nos hace comprender que, puesto que todos pasan malos momentos, sufren y mueren, también sufriremos, moriremos. Porque, por ser inteligentes, deducimos que no podemos evitar la vergüenza, el dolor, el final del vivir. Y nos angustiamos, sentimos lo que aún no es tiempo de sentir puesto que aún no ha sucedido: pero nos sucede, nos está sucediendo. Y el hecho de que nos suceda íntimamente y fuera del tiempo, o prematuramente, convierte en realidad nuestra lo que aún no es real como hecho físico. ¿Cómo prevenirlo, si la prevención significa tenerlo presente continuamente: anticiparlo? Y ya hemos caído en la trampa: hemos convertido el remedio en prolongación anticipada de la enfermedad. 
     De nada vale ya decirnos que temer no soluciona nada porque nada impide, sino que añade el sufrimiento de la anticipación al de la realización: que esta será un sufrimiento breve y aquella una continuidad insufrible. Se necesita otro tipo de terapia más raigal.
     Sin embargo, pocas veces anticipamos la alegría, el bienestar, el gozo.
     Caigamos en la cuenta: solo somos seres humanos en un mundo inhumano. Y eso no lo puede evitar la inteligencia.