Visitas

Seguidores

domingo, 17 de septiembre de 2017

Abecedario amoroso

Chopin: Preludio op 28 nº 4


A) Pretender explicar qué es el amor es confesar no haberlo conocido.
                                            (No obstante, podemos afirmar algunas cosas:)

B) El enamoramiento es una fascinación irrefrenable provocada por la carnalidad.
C) La desfascinación es necesaria para ver con clara realidad al ser amado.
D) Es entonces cuando se produce -o puede producirse- el verdadero y perdurable amor: 1) al aceptar que ningún ser humano es idolatrable; 2) al asumir la reciprocidad afectiva de derechos y deberes cotidianos, que conducen a una vida dichosa mediante una convivencia comprensiva.
EEl primer principio universal de la naturaleza -y por lo tanto del amor- es la sexualidad, háyala modulado o modelado como quiera la moral social e individual: tierna, apasionada... 
F) Reprimir la sexualidad -otra cosa es controlarla- es una aberración.
G) Por lo tanto, la castidad es una perversión.
H) El amor sexual solamente se aprende en el libro del cuerpo.
 I) El sexo está en nuestra mente porque el cuerpo se lo exige, y si no se satisface provoca disturbios físicos y síquicos.
J) Enamoramiento, amor y genitalidad son más hermosos cuando van juntos; pero la naturaleza no los obliga a coincidir.
K) Dice el poema que "no hay más fiera belleza que dos cuerpos amándose".
Etcétera) Puesto que, contra la propia lógica de la vida, y sin más ni más, mañana moriremos insensatamente, ¿por qué no vivir sensatamente hoy, que significa que la razón vigile la pasión sin castrarla? 

sábado, 16 de septiembre de 2017

Presentaciones


Presentación del libro
LA CONSTRUCCIÓN DEL POEMA
de Antonio Gracia

Intervienen:
Antonio Díez Mediavilla, profesor universitario;
y el autor. 

Lugar: Casa Bardín
Día: 20 de Septiembre, a las 20 horas
Alicante

viernes, 15 de septiembre de 2017

El don de la docencia.





113

Pulsar para leer en el periódico:
Holts: Neptuno, el Místico

El mejor profesor es el que enseña que los límites del mundo están allí donde empieza la ignorancia, y que el libro es la única arma pacífica en la conquista de la felicidad.
     Tal vez, si el profesor no tuviese que luchar contra las instituciones educativas, que representan el Poder y no el Saber, el mundo avanzaría hacia el verdadero Estado de Bienestar, que es el del enriquecimiento de la noble personalidad.
     La mente es una pizarra magnética en blanco: absorbe y escribe en ella todo cuanto ocurre a su alrededor, y jamás lo olvida: aquello que no puede guardar en primer plano lo almacena en sus sótanos, en espera de tener que utilizarlo. Allí va lo que parece no interesarnos y lo que nos interesa demasiado pero nos daña. Ordenar bien o mal ese laberinto de emociones, sentimientos, impulsos y racionalizaciones es lo que hace a cada ser humano diferente. Ahora bien: en esa labor de creación de nuestro yo hay un sustrato: el que nos enseñan nuestros padres, vecinos, instituciones: ellos son nuestros verdaderos maestros y los auténticos responsables, puesto que la educación es un entramado en el que intervienen todos los agentes de la sociedad. De manera que somos producto de unos genes naturales y otros factores que actúan, con similar fortaleza, como genes sociales. No siempre están de acuerdo unos y otros, y su choque es lo que nos provoca generosidad, egoísmo, honestidad, desentendimiento, traumas, sociopatía… Basta con alimentar la capacidad infantil y adolescente (amar el conocimiento, cultivar la autoestima y la solidaridad, conocer los cimientos y engranajes de la Historia...) para que la escalera de la inteligencia nos suba más o menos en la comprensión del ser y estar en la existencia.
     ¿Qué puede hacer un profesor en ese laberinto?
     - Para enseñar bien hay que aprender mucho: principalmente, a transmitir lo que sabemos.
     - Enseñemos el amor por la lectura y cambiaremos el mundo: porque el libro es la palanca de Arquímedes del progreso.
     - Error es imponer el conocimiento; acierto, contagiar el amor que sentimos por él. 
     - Menos interesan los hechos aislados que deducir de ellos una sensata conclusión. 
     - Solo aprende quien se siente atraído por el saber: esa es la principal metodología del educador: mostrar vitalmente su amor por lo que enseña y por los enseñados. 
     - No olvides que si la libertad nos concede el derecho a ignorar, la responsabilidad nos exige la obligación de aprender. Quien trata a sus alumnos como a soldados que deben conquistar el bastión de la sabiduría, y no como a personas capaces de amar y odiar, está imponiendo, no enamorando; y todos odiamos a los déspotas y amamos, en mayor o menor medida, a quienes nos aman.
     - Solo hay un paso entre considerar que la educación es una dictadura y mostrar que es una amable consejera de la vida.
     - Antes de visitar un país hacemos acopio de cuanto le concierne: la cultura es la mejor guía turística del país de la existencia, su mejor cicerone.
     - Cualquier equipaje pesa demasiado, menos la maleta del conocimiento: que hace más liviano y agradable el viaje de la vida.
     - No enseñes chovinistamente que lo propio es lo mejor, sino que tal vez nuestra opinión puede mejorar el mundo.
- Enseña que tal vez para enriquecerse se necesite cierta inteligencia; pero que es de necios considerar que ser rico es una meta noble e inteligente.
     - Aceptemos que la relación entre los menores y los adultos tiene una consecuencia progresiva: son como los hacemos, y nos hacen como son. Y calculemos qué futuro estamos perpetrando entre todos.
Ir a

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La catedral sumergida


Bach: Cantata "Jesús, alegría de los hombres" (transcripción piano)

La Iglesia es el partido político actual que aún se rige por la rigidez militarista, y cuyo líder, Dios, no puede ser sustituido por ningunas elecciones. Un Dios que poco tiene que ver con el de los evangelios y que los obispos hacen cada día a imagen y semejanza de sus intereses. 
     Lo más curioso de ese partido es que Dios no puede votar, ni abdicar, ni dirigir a sus militantes, cosa que lo convierte en un ser raptado y moldeado por sus ministros. 
     Ocurre esto porque quienes se llaman a sí mismos cristianos no conocen el manifiesto revolucionario de su líder; no consultan las generosas, fantásticas y utópicas -como las de todos los manifiestos- páginas del evangelio; y por tanto no pueden ver la distancia que hay entre ellas y lo que predican los papas, sus curias y sus séquitos. Estos son los que votan dictatorialmente y convierten su voto en veto para el progreso de la sociedad y del espíritu. 
     Lo que dicen los evangelios es que todos pueden salvarse con la bondad nacida de la comprensión -es decir: con lo que representa Jesucristo-; y lo que dice la Iglesia es que nadie puede salvarse sin la Iglesia -o sea: sin la liturgia de la sumisión-; más grave aún: la Iglesia ya no habla de salvación religiosa o celestial, sino de condenación en esta vida para quien no obedece sus dictados. 
     Si hay alguien en este país que desconoce qué cosa es la democracia, ese alguien se llama Iglesia.



martes, 12 de septiembre de 2017

Cuando dos rucios se aman

Rimsky: El príncipe y la princesa

- ¡Asnalfabeta tú!
- ¡Tú sí que eres jitanjáforo!
- ¿Pero por qué eres tan émula?
- ¡Sepúlvedo y asnalfabeto, tú, invelós!
- ¡No me parles en galicio que soy feliz por las tardes!
- ¡Pues tú no me cataluñes que los martes no me rumio!
- ¡Andrajosamente infundes como si calcetinases!
- ¡Serás pancracio y zigótico, errátil y peristáltico!
- ¡No me chufles más la gaita que enarbolo cornucopias!
- ¡Oh qué lindo karaoke!
- ¡Almibárame los besos!
- ¡Pantúflame tú el azumbre!
- ¿Y cuándo me golgoteas?
- Por la mañana te amebo, y luego te sinestesio.
- ¡Fuera yo matusaleno!


lunes, 11 de septiembre de 2017

Metamorfosis




Decía La Mettrie que había que enseñar a los monos a hablar, y educarlos hasta convertirlos en hombres. 
Darwin mostró que algunos aprendieron por sí mismos y consiguieron la transformación. 
Hoy, a la vista de los logros y sueños del Progreso, parece que es el hombre el que va convirtiéndose en simio. 
Al fin y al cabo, Aristóteles y Linneo clasificaron al homo sapiens como un animal más.