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sábado, 12 de noviembre de 2016

Más sobre Trovadorius

Borodin: Nocturno


Un nuevo manuscrito, encontrado por Cide Hamete en Barataria, sitúa a Trovadorius en Persia, latitud 3´1416. Allí se enamoró de la hija del Arzobispo de Constantinopla -dícese en letra golgótica-. A ella destinó estos versuelos que siguen. 
Unos consideran que son indicio de un amor libérrimo, concepto del que Trovadorius sería un primerizo defensor; otros juzgan, más sensatamente -como se deriva del cuarto versuelo-, que Trovadorius, simplemente, era tan natural como la Naturaleza. (*)

Cuánto glorioso amor me das, y cuánto
me esfuerzo para darte amor glorioso.
Esfuérzate, mi bien, devuélvele
a la Naturaleza lo que otorga:
pasión enamorada, calma y vértigo,
locura y lucidez, besos de sangre.
Otros dirán que quieren a su amada
límpida, virgen, casta, sin historia.
Yo, en cambio, te agradezco
que hayas amado tanto a tantos otros
con la furia del mar y de la carne,
pues con ellos, Amada, tú aprendiste
cuanta felicidad me das ahora.


(*) Llegados a este punto, ruego a los lectores (a quienes agradezco su interés y dedicación) que no envíen los textos que en su afanosa búsqueda atribuyen a Trovadorius sin haberlos contrastado antes con la veracidad: estilo, factor común, idiosincrasia, electroshock, carbono 14... Compréndase que no me es posible hacerlo yo con la energía que quisiera. Este poemoide, por ejemplo, no parece trovadoriusque. Adjúntolo aquí por si quizás). 

Los versos de Trovadorius (IV)

Los versos de Trovadorius (VII)

Los versos de Trovadorius (VIII)

                                   Los versos de Trovadorius (Final)

                                    Los versos de Trovadorius (Posdatas)

jueves, 10 de noviembre de 2016

Lecturas imprescindibles, 34: Cyrano


Versión 1950

Versión 1990


La palabra es el rostro de los hombres. Si es así, pocas obras encarnan ese criterio como Cyrano de Bergerac, el caballero feo que enamora con su decir hermoso. Su autor, Rostand, escribe una obra en la que se considera cuál es el mayor valor: la belleza del cuerpo o la del alma -y, por ello, la inteligencia o la frivolidad-. 
     Todos deseamos -necesitamos- ser amados. Por eso quien da o dice sentir amor, lo despierta. Es la palabra de Cyrano -la sensibilidad, la inteligencia, que es el mayor afrodisiaco- lo que ama Roxane, no al hermoso galán que la corteja sin el verbo). 
     El amor es ilusión, esperanza de que se cumpla el sueño. El amor es el verbo, la palabra que lo pronuncia. Esta dice lo que pretende hacer quien la formula y hace soñar a quien la escucha. La palabra es en sí una promesa que ejerce la fascinación de su cumplimiento con solo pronunciarse. Pero es también una distancia entre lo prometido y lo que se realiza. Quien domina en el arte de decir tiene el poder sobre el otro. Subyuga porque ofrece y da un misterio. Doña Inés dice que Don Juan posee la “palabra seductora”. Cyrano, por su fealdad física, se ve condenado a gozar con el cuerpo del otro lo que conquista con su espíritu verbal.
     El corazón se enamora más por el oído que por los ojos: no atrae tanto la belleza física como la verbalidad convertida en profecía de felicidad. Por eso los grandes amantes, más que hermosos, han sido grandes decidores, grandes magos de la palabra susurrante. 
     Es esta una obra que ensalza la palabra como poder conquistador. 


Cyrano de Bergerac. Completo

martes, 8 de noviembre de 2016

Visión del optimista

Britten: Sinfonía simple, 3


Desde que la política convirtió la enseñanza en una falta de educación y los centros docentes en epicentros de la deshumanización social -aunque todo viene de más lejos-, la ignorancia se empeña en considerar erratas en el historial de la Humanidad a Platón, Monteverdi, Magallanes, Rembrandt o Voltaire, en vez de lo que son: oxígeno para el espíritu. 
     La música tiene más ruido; la pintura, más manchas; la literatura, peor escritura; la cultura, más analfabetismo. El médico tiene más clientes; el abogado, más impacientes; el famoso, más autómatas incondicionales; el juez, más circunstancias eximentes; la justicia, más leyes incumplidas; las mujeres y los hombres, más noviazgos de una noche y matrimonios de unos meses; los hijos, varios padres y madres; el autonomista, más chovinismo, ciego ante el hecho de que, por la inmigración, las naciones son cada día más internacionales; las iglesias, más supersticiosos; el político, más sordos; el profesor, más enfermos de desafecto, agresividad y desidia. 
     La dieta intelectual del ciudadano medio se reduce a los resultados de las loterías y deportes y a una ración televisiva, como si persiguiese la desnutrición mental.
     Si Dios necesitó seis días para construir el mundo, hoy al hombre le bastarían unos segundos para destruirlo. 
     (La verdad: no se me ocurre nada más realista que decir que lo dicho, desgraciadamente, es irreversible: y que cada uno salve a cuantos pueda, que es la única manera de salvarse un poco a sí mismo).


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Una enseñanza deshumanizada

Educación 


lunes, 7 de noviembre de 2016

Biobibliografía


Mientras crece la noche

Contemplo el horizonte, las montañas 
azules bajo el cielo del ocaso.
A lo lejos el mar cuenta sus olas
y las gaviotas trazan despedidas. 
Matorrales, guijarros, esperanzas
en la quietud del páramo encendido.
Alrededor, mientras la noche crece,
yo me voy despidiendo de la vida.
Quisiera haber vivido la epopeya
de un héroe forjador de su utopía.
Pero soy solo un hombre sin más armas
que el sueño de sus versos: ellos son
mis frágiles hazañas, pues traté
de convertir en himno la elegía
como un breve consuelo.