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martes, 16 de julio de 2024

Poema para una infinitud.


Poema para una infinitud


Muñequita, en otros tiempos dúctil:

Si fueras un poema 

quisiera haberte escrito,

y si fueses un libro te estaría

leyendo a todas horas...

Pero estas y otras cosas semejantes 

las he dicho o escrito tantas veces

que nada significan. ¿Callaré?

No, que empiezo de nuevo y te reclamo

como hacedora de otro mundo herido

en el que ya no estamos tú y yo solos,

ajenos al vivir de los demás.

Por eso recomienzo: Amada mía, 

ven; hablemos

de nosotros, de todos, de este mundo

en el que tantos como tú y yo quieren

sobrevivir, hallar en el amor

el oasis sereno, el agua pura

que sacie solidariamente. Ven.

Abracémonos, démonos al otro

como un concierto en el que cada voz

se integra en una voz definitiva

y no se llama oboe ni violín,

ni otro instrumento, sino orquesta, un himno

concertado entre todos para todos.

El mundo es muchedumbre, pero sufre

porque la multitud también es vida,

aunque ajena a la sensibilidad

de las artes y de la inteligencia.

Cuando todo se muere alrededor

¿ya no es tiempo de amar o el mejor tiempo?

Abandonemos cuanto no es concordia.

Que en el nosotros no exista el ninguno

y en los demás también esté el nosotros,

la parte en la que el uno se hace todos, 

el todos se hace uno, y el jamás 

se transfigura en siempre. Trataremos 

de temas esenciales: de la vida,

de la que lo sabemos casi todo

aunque la hayamos comprendido mal,

no de la muerte, esa desconocida

de otro mundo y que se asoma a este.

Vayamos a un lugar en el que estén 

todos los sitios y a la vez ninguno.

Que el tiempo en el que estemos concordados

sea todos los tiempos; que la voz

perdure y no se acabe, que sea digna

de haber sido escuchada hace milenios

y dentro de otros mil porque le importe

a los hombres de ayer y de mañana,

hasta que melodiosamente sea

el rostro noble de la voluntad.


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