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viernes, 9 de agosto de 2019

Madrigal en la noche.





Por las calles desiertas va mi amor.
La acompaña el cadáver de la luna.
Ella no sabe en realidad cuánto la amo.
Y yo tampoco sé cuánto me quiere.
No sabe que en su cuerpo yo no encuentro 
los surcos de la edad, sino las huellas
de todos los que fui y aún quiero ser;
no sabe que la amo como antes,
o quizá más que antes, pues resucito en ella.
En mis dedos perdura el tacto de su piel, 
y en mis ojos su rostro de sonrisa doliente.
Mi cuerpo se estremece al recordar 
el estremecimiento de su cuerpo.
Tal vez a ella le ocurrirá lo mismo.
Sin embargo, no cree mis palabras 
ni yo creo las suyas. Quizá es que ya sabemos 
que, aunque nos abracemos una vez y otra vez,
volverá el desamor inesperado,
la tristeza, el vacío y la desolación
en esta noche inmensa en que el amor no cabe. 
Algo pasa en el mundo que lo hace inhabitable 
para los corazones encendidos
y convierte sus llamas en ceniza.




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