Pulsar para ver antes
y
Cap 5
Verso l’origine
Tutto è colmo di luce.
L’anima beve nell’ombra
sorgenti di quiete,
e vede se stessa, chiara
effigie della verità.
Non so come, la purezza
dell’acqua avvolge tutto
di trasparenze. Il corpo
si scioglie. Tutto ciò
ch’era oscuro è splendore.
Io non so come, scendono
i cieli fino alla mia fronte,
ed enigmi, sfingi, dubbi
smarriscono i loro segreti
non so come si rivelano
simile ad un mistero che illumina
l’eternità: l’attimo.
L’aria scoppia in fulgori
e una gelida fragranza
vesperale invade subito
il mondo, non so come,
mentre la notte illumina
gli occhi, il cuore.
Tutto si colma di stelle
e rinasce, non so come,
l’infanzia: la luce perpetua.
Hacia el origen
Todo está lleno de luz.
El alma bebe en la sombra
manantiales de sosiego,
y se ve a sí misma, clara
efigie de la verdad.
No sé cómo, la pureza
del agua todo lo envuelve
de transparencias. El cuerpo
se diluye. Todo cuanto
era oscuro es claridad.
Descienden, yo no sé cómo,
los cielos hasta mi frente,
y enigmas, esfinges, dudas
desvanecen sus secretos
no sé cómo, se revelan
como un misterio que alumbra
la eternidad: el instante.
El aire estalla en fulgores
y una gélida fragancia
vesperal invade el mundo
de repente, no sé cómo,
mientras la noche ilumina
los ojos, el corazón.
Todo se llena de estrellas
y renace, no sé cómo,
la infancia: la luz perpetua.
La breve eternidad
Nada existe que nunca se marchite:
la juventud, la rosa, la belleza, la vida
mueren y dejan solo el doliente recuerdo
de que fueron y somos fugaces apariencias
de eternidad, extrañas utopías.
La pasión de vivir, el impulso feroz
por devorar el tiempo antes de que nos mate,
nos empuja a bruñir una inmortalidad
llamada pentagrama, pincel, pluma... aceptando
que las obras creadas -las efigies
de nuestra identidad- van a vivir
inmortales, iguales
a los dioses que no pudimos ser.
Pero pasan los siglos y milenios;
y el caudal de poemas, partituras y cuadros
que pretenden salvarse
es tan grande que solo algunas obras
mantienen su vigencia, alcanzan plenitud
–pues el mundo es una íntima palabra
que muy pocos consiguen pronunciar–.
Y tú y yo,
héroes en el esfuerzo y no en la hazaña,
autores de una breve eternidad,
debemos afrontar el desengaño:
el leve orgullo de que lo intentamos
y el dolor de que no lo conseguimos.
Arcadia nebulosa
Si algún día el dolor te sedujera
para acabar con tu melancolía,
acude al mar, contempla su infinito
como un fulgor errante y solitario
que nada necesita y lo da todo.
Mira cómo se elevan las gaviotas
entre los arrecifes; deja allí
el suicidio que ansías y desprecias.
Escucha el mar: en él nada es oscuro.
Siente su voluntad de firmamento
aherrojado en amargo manantial.
Toca su eterna transfiguración.
Inmerso en su celeste transparencia,
quiere elevarse el alma, alzarse
sobre el dolor, cantar.
Regresa a tu existencia cotidiana
igual que si una ola retornase
al abisal secreto de la espuma.
Camina montes, siembra madrugadas
en el atardecer, corona el día
con flores y templanza. Rememora
la sigilosa forma de la luz.
En el propio naufragio está la isla
y en el dolor su misma redención.