Holst , Los Planetas ,Saturno, el portador de la vejez
Biografía en la isla
Hoy se cumplen cien años de mi muerte.
Es cierto: hace un siglo que nací.
Cien siglos -en verdad- por cada año.
En ese tiempo he amado y desamado.
He escrito y enterrado borradores
de libros que quisieron ser auténticos
portadores de mágicas verdades,
portadores de luz y portadores
de sueños para el mundo mientras yo
me desangraba en cada verso insomne
por encontrar la bienaventuranza
definitiva que jamás hallé.
Viví entre mausoleos y entre pájaros.
Es terrible soñar y despertar
sabiendo que eres solamente un sueño
derrotado por las devastaciones:
que el anhelo de ir hacia la luz
fue solo una epopeya fracasada,
una reconstrucción de un diario errante
entre el ayer y el hoy, una elegía
pretenciosa de himnos, la estatura
de un ansia inagotable hacia la dicha
de conseguir ser más que unos fragmentos
de eternidad, una iconografía
de un infierno voraz, una entelequia
incandescente en nombre de la luz
apagada por una realidad
inexpugnable, triunfalista, frágil.
Tu cuerpo y su sonrisa me salvaron
el breve tiempo en el que tú me amaste.
Verdugo es este mundo y sus seudónimos.
El gran naufragio universal empieza
cuando se petrifica el corazón.
Cuántos hombres quisieron ser eternos:
ellos murieron, pero no sus obras.
Es tan hermoso el mar; y sin embargo
cada ola emborrona lo que escriben
en la arena las olas anteriores.
Quise tejer urdimbres luminosas.
¡Quise ser tantos héroes de la pluma!
Quise vivir en la palabra como
nunca vivimos en la vida, ser
la vida,
sentir el corazón de la existencia!
Adjuro de ser solo un trovador.
He perdonado a cuantos no me importan.
Cabe en un verso el mundo, pero
¿quién sabe escribirlo?
Recuerdos a las flores.
Y no soñéis. Vivid.
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