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La pesadilla
La pluma planta esquejes de poemas
sobre tus ojos y tu corazón.
sobre tus ojos y tu corazón.
Se traducen en fuegos abrasivos.
Y la verdumbre enamorada prende
como creciente llama, inacabable.
El crepitar de todas las estrellas
crea un infierno celestial de amor,
y luzbeles y arcángeles disputan
la potestad de ese dolor gozoso
que da la vida mientras da la muerte.
Así tú, amada mía, hipnotizaste
mi amanecer, mi anochecer, mis días.
Y cuando el ascua de tu cuerpo y alma
ardió como una brasa en mi existencia
te sumergirte igual que un mar de olvido
en las estigias.
Y la verdumbre enamorada prende
como creciente llama, inacabable.
El crepitar de todas las estrellas
crea un infierno celestial de amor,
y luzbeles y arcángeles disputan
la potestad de ese dolor gozoso
que da la vida mientras da la muerte.
Así tú, amada mía, hipnotizaste
mi amanecer, mi anochecer, mis días.
Y cuando el ascua de tu cuerpo y alma
ardió como una brasa en mi existencia
te sumergirte igual que un mar de olvido
en las estigias.
Tu cuerpo se alejaba y yo sentía
tu ausencia. Quizás otro te esperaba:
y el infierno se apoderó de mí.
Grité liturgias, fabulé caminos
por los que uno hacia el otro vaiveníamos
el sendero de la felicidad.
Pero al fin me dejabas junto al mar
y te abrazabas al Neptuno aquel,
como un navío anclado a su destino.
Enloquecí y le disparé un arpón
trizando su cabeza de medusa.
Aquí te espero, junto al arrecife.
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