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lunes, 2 de febrero de 2026

José Ramón Giner: LA VIDA INTERIOR (Libro completo)

 

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LA VIDA INTERIOR


Cuadernos, 2006-2011





Ore perplesse, brividi | d'una vita che fugge | come acqua tra le dita

             Montale



Mis juicios varían como mi humor. Mis juicios no son más que impresiones.

                     Stendhal



Un poco de cada cosa y nada de todo, a la francesa.

                                    Montaigne




2006





1, noviembre

Esta fiesta de Halloween, ¿qué es para mí? Mis hijos la aceptan alborozados, sin preguntarse qué celebran: son puros y el hecho de disfrazarse les llena el corazón. Nosotros, en cambio, no hacemos más que expresar la confusión de nuestra época: una sopa de culturas que apenas ha comenzado a hervir y cuyo resultado no creo que lleguemos a ver. 





2, noviembre

A menudo, siento ante la vida la misma sensación que frente a un cuadro de Vermeer: un enigma que trato de descifrar sabiendo que la pretensión es inútil y regresaré a la casilla de salida.




3, noviembre

Paseo con N. por el Algayat, bajo una lluvia fina. Un velo de niebla se enreda entre los almendros y las viñas: muros de piedra seca, besanas; más allá, una alquería con las puertas cerradas; junto a ella, un pozo. Sigo el rastro de un caracol sobre la hierba. Colores del otoño: sanguinas, malvas, ocres, verdes que brillan bajo el agua. Llegamos a la ermita del caserío donde una placa recuerda la visita de un obispo. Desde la carretera llega, apagado, el rumor de los camiones que transportan los bloques de mármol a las fábricas de Novelda.




5, noviembre

¡Qué difícil me resulta mantener despierta la conciencia! Y sin ella, qué pronto caigo en la inanidad de la rutina… Nadie nos prepara para la vida y hemos de aprenderla por azar, a tropezones. ¡Cuánto dolor inútil!


Si me preguntaran de dónde soy, no sabría qué responder. ¿Valenciano? Tal vez, pero solo por una cuestión de hábito, de paisaje. ¿Español? Poco, casi nada, un accidente. Esa pasión con la que algunos se exaltan al escuchar la palabra patria no la he sentido nunca. Años atrás, cuando regresé, pensaba que pertenecía a este pueblo. A medida que desaparecen las personas con las que me crié, siento que ya no es el mío: no me reconozco en las caras con las que me cruzo por la calle, ni en esos campos abandonados que vi cultivar de niño.




7, noviembre

A pesar de la fatuitat il.lustrada que ho amera tot, escribe Enric Soria en su Dietari. Desde hace un tiempo no dejan de lloverles palos a los pobres ilustrados. En cuanto se nos presenta la ocasión, les atizamos con nuestros reproches por lo que hicieron o lo que dejaron de hacer. ¡Con qué facilidad juzgamos el ayer! Así nos juzgarán el día de mañana.




9, noviembre

Vuelvo a sumergirme en Montale. Después de tantos años, estos Ossi di sepia me resultan tan deslumbrantes como la primera vez que los leí. En sus versos uno siente el siroco, el salpique del agua de mar en la cara, la dureza de la roca. Un libro escrito en estado de gracia. ¡Ah, si fuéramos capaces de transmitir así lo que sentimos!




12, noviembre

Tras las últimas lluvias, la Tejera luce espléndida bajo el sol del domingo. Llego a este paraíso y se me quitan las ganas de cualquier cosa que no sea mirar hacia los pinos o perderme entre las oliveras. Busco el resguardo de una roca y allí permanezco tumbado al sol como un lagarto, hasta que escucho la voz de N. llamándome para la comida.





14, noviembre

Estos quince minutos que dedico a pensar al cabo del día, ¿a dónde me llevan? Pero siento que sin ellos me faltaría el aire. Abrazar el mundo para ordenarlo.

La filosofía los enemistó y ahora C. se desquita con el rechazo de la obra que su rival había presentado para publicar. En cuanto abrí el sobre del informe y me encontré con ocho folios de letra apretada, supe la respuesta: siete mil palabras sin una línea de compasión. Las disputas del conocimiento conducen con frecuencia a estos excesos.




18, noviembre

Comida familiar. Con la edad, el pequeño desorden que suele acompañar a estas celebraciones me provoca un estado de somnolencia del que no me recupero ni con la siesta ni con el café bien cargado que tomo al despertarme. Paso la tarde adormilado, vagando por la casa de una habitación a otra, sin decidirme por nada. Para distraerme, leo unas páginas de Noche en el Ritz que abandono al cabo de un rato: demasiada literatura.




19, noviembre

Durante toda la comida, no ha dejado de hablar de su compañero muerto meses atrás. Mientras estuvo con vida --padecía una extraña enfermedad-- se entregó en cuerpo y alma a su cuidado y ahora se consagra a su memoria incorporándolo de continuo a la conversación: “P. hubiera dicho…”, “En estos casos, P…”, “Si viera esto…”. Parecía recitar un poema que yo escuchaba con el respeto de quien asiste a una celebración. Ella hablaba para salvarse y yo leía una historia de amor.




21, noviembre

El uso de razón no me vino hasta los cuarenta o, tal vez, los cincuenta años; todo lo que hubo antes fueron intuiciones, caídas, balbuceos… Uno se agarra a la vida como puede, o trata de huir de ella, como hacen otros. ¿Qué certezas poseo ahora mismo? No sabría responder.


The Queen. El intento de Frears de mostrar a los reyes en su intimidad está muy logrado; personalmente, sin embargo, prefiero que sigan siendo reyes y ver que “el carácter de la divinidad está impreso en su semblante”. Cada uno, en su sitio.



22, noviembre

Durante veinte minutos, le he dicho lo que esperaba escuchar, y he disipado cualquier duda sobre su comportamiento en un asunto endemoniado. Se ha marchado contento, convencido de que había actuado correctamente, lo que era del todo cierto. Pero no me he atrevido a revelarle las razones últimas de mi deferencia: hace más de cuarenta años, su padre, un hombre tímido como él, de quien nos mofábamos en clase, me explicó las matemáticas con tanta claridad que estuve a punto de entenderlas. Hoy he querido saldar esa deuda.




23, noviembre

Aunque siento un rechazo instintivo por la burocracia, debo pasarme la mitad del día conviviendo con ella, lo que me provoca una desazón que procuro sobrellevar como puedo, es decir, mal. Mientras tanto, veo a mi lado personas que se mueven en ese laberinto como peces en el agua, mientras exigen continuamente normas y reglamentos que les eviten el esfuerzo de pensar.


En Montale, Proda di Versilia, encuentro: care ombre massagiare le murene / per respingerne in coda, e poi reciderle, y ahí está mi abuela, con un retal de arpillera entre las manos, pasándolo una y otra vez a lo largo del pescado que cuelga de la higuera sujeto por un lazo. Dentro de un rato, cuando acabe, lo cortará en cuatro o cinco trozos, desechará la cola y comenzará a preparar el arroz.




24 noviembre

Esta necesidad persistente de unirme a mis antepasados, de inventarme una historia y recrearla, de no aceptar, en el fondo, que soy un accidente que desaparecerá en unos años. ¡Cuánta vanidad! Pero, ¿qué sería de mí sin ella?


Ese misterio que se produce algunas mañanas, cuando el pensamiento encuentra cerradas las puertas y no halla la salida. Porfiamos, pero el empeño no se traduce en ningún resultado. Como burros de noria, damos vueltas alrededor de la idea que se resiste a ver la luz. Sentimos que podría emerger en cualquier momento, pero las neuronas se atropellan unas a otras y acabamos derrotados, con la mente y la hoja en blanco, vencidos por la química y los impulsos eléctricos.





27, noviembre

Durante media hora, me ha contado las malas relaciones que mantiene con su familia, los desaires de sus amantes, sus fracasos en el trabajo, sus enfermedades, las visitas a la cocina a medianoche para atracarse de comida que después vomitará. Mientras hablaba, yo miraba a aquella muchacha espléndida, llena de ilusión, que durante un verano hizo prácticas en el periódico.




30, noviembre

J., profesor en la facultad de Derecho, con quien coincido esta mañana durante el desayuno en la cafetería, me alaba mis artículos en el periódico, y dice que suele estar de acuerdo con ellos. Una de esas felicitaciones que preferiríamos no escuchar.




2, diciembre

Aprovechamos la mañana para pasear por el Molló. A media ladera, en una hondonada, descubro el madroño que visitaba con mi madre durante los veranos, cuando veníamos a recoger la almendra. Por la manera en que me hablaba de él, debía resultarle un recuerdo muy querido de la infancia. No supe advertirlo entonces y es ahora cuando su ausencia le da un significado. I miei morti que prego perché preghino per me. 




3, diciembre

Llamada a E. para felicitarle por su nombramiento. Del pequeño círculo de los amigos íntimos es el único que ha desarrollado una vida pública, quizá por exigencia de su carácter. Siendo un espíritu conservador, se afilió muy joven al Partido Socialista y a él ha permanecido fiel en cualquier circunstancia. Las provocaciones, los falsos ídolos, las monedas de oro con las que alguna vez lo tentaron no han logrado apartarlo de ese ideal. Esa lealtad ha acabado por darle a su vida un sentido y una cohesión.







7, diciembre

“La diferencia --le digo-- es que yo trato de seguir lo que dicen los libros; al menos, los de aquellos autores que han ganado mi amistad. Aplico sus recomendaciones y vuelvo sobre ellos cuando necesito que alguien me reconforte. La cultura como inventario nunca me ha interesado”. Asiente y sonríe: mis explicaciones no lo han convencido.




8, diciembre

No sintiéndome atraído por la política --soy un hombre de vuelo corto--, pensé en hacer algo por mi ciudad escribiendo en los periódicos. El fracaso ha sido absoluto. La vuelta atrás que vivimos desde hace unos años ha llevado las cosas al punto en que estaban, más o menos, en 1966. ¿Qué puedo hacer? Continuar escribiendo, está claro; pero cuando uno escribe sin fe, tarde o temprano el lector percibe esa desconfianza.


Alguna vez, leyendo un libro al que no prestaba atención porque la mente se había extraviado, he sentido a mi lado la sombra del autor reconviniéndome.




10, diciembre

Mañana fría, con un sol débil que anuncia el invierno. Enterramos a Mercedes en el pequeño cementerio del pueblo. Somos diez, doce personas, de las que apenas conozco a cuatro o cinco. Hasta los quince años estuve muy unido a Mercedes y a su marido, Enrique, para quienes fui un ahijado. Después, los estudios me llevaron fuera y el contacto se hizo más esporádico. Me casé, tuve hijos, y el tiempo y las circunstancias abrieron una distancia en la que el afecto ya no fluía con la facilidad de antaño. La edad impone un respeto que impide ciertas intimidades sin las que el cariño se debilita. Las últimas veces que nos vimos, ambos sentimos la incomodidad de no saber cómo tratarnos: nuestras lenguas se habían separado. Hoy, mientras nos despedimos de ella, me he emocionado al recordarla en aquel tiempo de la niñez.




11, diciembre

La poesía nunca ha despertado en mí la pasión necesaria para entregarme a ella con la dedicación que exige un arte tan difícil. Mis versos siempre fueron los de un diletante. Pienso en A., un verdadero poeta que ha hecho de la escritura su razón de vida. Así es como uno debe comportarse, sin que le importen los sacrificios a los que el arte nos obliga. Lo envidio porque la verdadera poesía permite una trabazón con el mundo que no obtenemos de ninguna otra manera.




12, diciembre

Con la edad, uno de mis temores es perder el asombro ante lo nuevo para refugiarme en el pasado. Por mucho que me esfuerce, bien lo sé, mi tiempo es distinto al de estos jóvenes con los que ahora me cruzo en el aulario mientras camino hacia el despacho. La experiencia es un lastre que se ignora a los veinte, cuando las puertas del mundo se entreabren y corremos, deslumbrados, hacia la luz.




14, diciembre

Quienes apenas lo conocen, califican a C. de vanidoso por el protagonismo que suele mostrar en las conversaciones. En su comportamiento hay una buena dosis de presunción, es cierto, pero también una demanda de cariño que busca en el asentimiento de los demás. La intimidad de C., a la que nunca he tenido acceso, siempre me ha parecido compleja, cargada de fantasías y supersticiones que, a menudo, me parecía que rozaban lo grotesco. Ayer, en la tertulia, volvió sobre el tema de su depresión y la imposibilidad de escribir como le gustaría. Ha fantaseado durante tantos años con convertirse en un escritor, ha fabulado tantas historias que nunca llegaron al papel, que, cuando se ha decidido a dar el paso, descubre que no puede hacerlo como querría. Un proceso muy natural.


La importancia de una obra de arte no deberíamos medirla por lo que nos da, sino por lo que nos exige.




15, diciembre

Debía hablar en público diez minutos y no he sabido cómo hacerlo. Las palabras se me atropellaban en la lengua y cuando escuchaba mis ideas revolotear por la sala me parecían banales. He salido a la calle con la impresión de haber hecho el ridículo y, sobre todo, de tenerlo merecido. ¿Por qué soy tan torpe delante de un auditorio? Tendría que reflexionar sobre ello.



18, diciembre

Los extranjeros que viven en el pueblo han formado una asociación, y publican un boletín donde recogen algunas noticias y avisos para su comunidad. En el de este mes de diciembre --cuatro hojas-- incluyen una pequeña historia de Aigües que deben de haber recopilado preguntando aquí y allá o fiándose de Internet. El resultado es una mezcla de sucesos y épocas que apenas se corresponde con la realidad pero que, en unos años, se convertirá en la historia oficial del pueblo.




19, diciembre

Me contó la escena tantas veces que cada año, cuando llega el día, la evoco como un rito: ella tendida en la cama, asustada y quejándose; mi abuela, en la cocina, calentando agua; la casa sin luz eléctrica, iluminada por las velas, y el médico --un borrachín, como ella no se cansaba de repetir-- tirando de mí con los fórceps y dejándome una minúscula cicatriz en la mejilla que jamás he logrado descubrir, pero que ella nunca le perdonó. Todo sucedía ahí, en esa pequeña habitación de la entrada, donde seguramente fui concebido y que ellos remozaron para su matrimonio pintando las vigas de color azul.




20, diciembre

En 1916, a dinou anys [...] vaig proposar-me parlar i escriure amb tota l’amenitat de que pot ésser capaç un tipus qualsevol ¡Cómo envidio a esas personas que a los diecinueve años ya tenían un propósito claro en su vida. Acabo de cumplir sesenta y uno y todavía no sé hacia dónde me encamino. No hay la menor pose literaria en esta afirmación: los hechos son constatables.


M., que acaba de sacar la cátedra, viene al despacho para tratar la edición de su libro. Entre el M. de hace unas semanas, con quien cruzaba cuatro frases en la cafetería, y el de hoy, diría que ha transcurrido un siglo. La manera de arrellanarse en la silla, el gesto ligeramente displicente mientras se inclina sobre la mesa para hacer alguna observación, la voz…




22, diciembre

¡Cómo añoro el tedio de la juventud!



23, diciembre

Años atrás, no se me habría ocurrido asistir al concierto de Navidad que ofrece cada año la pequeña banda del pueblo. Y, sin embargo, allí estaba yo, sentado en la butaca, escuchando a unos muchachos que atacaban la Obertura 1812 con más voluntad que acierto y aplaudiendo, entusiasmado, como el resto de los padres.




2007






4, enero

Los años han debilitado mi capacidad de asombro. Ahora, cuando aparece, muy de tarde en tarde, obedece a un esfuerzo de la voluntad. Cuarenta años atrás era un descubrimiento que podía dejarme anonadado si alcanzaba al corazón. La sensibilidad se me ha ido a la cabeza, y bien que lo siento.




10, enero. Desierto de las Palmas

¡Qué poco aman la cocina estas hermanas! Hoy me he comido el plato de arroz que me habían servido como quien cumple una penitencia.




11, enero

Quiero decir que menos grande será un hombre, o más dificultades tendrá para serlo, cuanto mayor sea el dominio que sobre él ejerza la razón: porque pocos pueden ser grandes (y en las artes y en la poesía quizá nadie) sin estar dominados por las ilusiones. ¡Qué bien me retratan estas palabras de Leopardi! Siempre he sentido la razón como un lastre a la hora de escribir: hay mundos que intuyo pero cuya puerta no logro cruzar porque la razón me lo impide. A día de hoy, los esfuerzos que he hecho para desembarazarme de ella no han dado ningún resultado. 




12, enero

Alejarnos del mundo por unos días nos permite juzgar nuestra vida con alguna objetividad, si tal cosa es posible. La estancia en el convento lo facilita: uno tiene resueltos los problemas básicos y la única distracción es dar algún paseo que, en un lugar tan apartado y sin compañía, pronto se convierte en un nuevo ejercicio de introspección. El resultado es que, a los cuatro días, nos hemos analizado de arriba a abajo, formulado un sinfín de propósitos y hasta creemos ser otro diferente. De esta gran transformación apenas quedará nada en un par de semanas. Aunque, en ocasiones, un residuo es suficiente para encontrar nuevos caminos a la vida, y esa es la razón de venir aquí de tanto en tanto.




14, enero

El placer de vivir sin pena bien vale la pena de vivir sin placer. ¡Cuánto daño han provocado estos católicos! ¡Cuánta angustia hemos debido soportar! Culpa, condena, penitencia, castigo eterno… Todavía puedo ver al Dios de las barbas, enojado, fisgando debajo de las sábanas. Por fortuna, la vida tiró de nosotros con más fuerza y pudimos dejar atrás aquel valle de lágrimas.




18, enero. En Aigües

Después de pasar unos días aislado del mundo se hace cuesta arriba regresar a la realidad. La cabeza aún anda con sus cavilaciones y ya le exigimos que trote al ritmo del trabajo. Poseo una naturaleza tan delicada, que no encuentro el modo de sacarle partido. Cuando pienso en las condiciones en que mi padre o mis abuelos tuvieron que enfrentarse a la vida, me avergüenzo. Nunca aprenderé a vivir.




20, enero

J., tímido y encantador, por quien siento un afecto especial, me regala una selección del Diario de Renard, que le agradezco. Más tarde, al abrir el libro en casa, me doy cuenta de que está subrayado en algunas páginas: el descubrimiento me confunde y, por un momento, no sé qué pensar. Superada la sorpresa, comienzo a leer con curiosidad los pasajes marcados con la sensación de estar violando una intimidad.


Admiro el tesón con el que algunos artistas preparan su posteridad. ¡Qué fe en el futuro! G., de quien preparamos un libro con comentarios y estudios sobre su obra, me trae al despacho los textos de un par de entrevistas que le hicieron tiempo atrás en televisión. Mis esfuerzos para hacerle ver que el libro está compuesto, la maqueta cerrada y que las entrevistas aportan muy poco al contenido, se estrellan contra un muro. “Sin ellas --asegura G.-- el libro quedaría incompleto y no se entendería mi pensamiento”. ¡Qué gente, los artistas”.





21, enero

Vamos a la Tejera a recoger unas olivas que ahora pondré al sol antes de adobarlas con un polvo de orégano y un hilo de aceite. Bien conservadas, aguantarán hasta principios del verano. Me gustan estos pequeños trabajos que me recuerdan de dónde vengo: una manera de mantener viva la memoria de mis abuelos y compensarlos por todas las flores que he dejado de llevarles al cementerio. Cada uno crea sus propios ritos.




22, enero

“¡Hay que eternizar la expresión!”, me insiste A. mientras tomamos un café y hablamos de poesía. ¡Eternizar la expresión! ¡Cómo si no hubiera suficiente eternidad en el día de hoy y en el que seguirá mañana! Y, sin embargo, solo quienes creen firmemente en estas cosas encuentran la fuerza necesaria para crear una obra.


Cuando tengo una idea, mi primera preocupación es dudar y examinarla; si supera el examen, continuo adelante y me decido a emplearla. Meses después, cuando releo mis notas y vuelvo a dar con ella, descubro que estaba equivocado.




24, enero

Días apagados, reino del invierno. El frío congela mi sensibilidad y los esfuerzos que hago para entonarme no dan resultado. Paso la mañana descabalado, abriendo y cerrando libros, vagando por la casa. Pese a lo que algunos dicen, la voluntad no basta: llegados a este punto, solo queda esperar a que las células se reordenen y regrese la alegría: el cerebro dispone y estamos en sus manos.


P. es de una hipocresía verdaderamente sincera, pero me siento a gusto con él.




29, enero

Tomad cualquier tesis universitaria del mundo de las letras --en ciencia miden de otra manera--, contad los libros que el autor cita en la bibliografía y sumad el número de páginas de cada uno de ellos. Ahora, dividid esa cifra entre los cuatro o cinco años que el autor ha tardado en escribir la obra. ¿Qué nos dice el resultado?


4, febrero

Leo en la autobiografía de Chesterton --una nota a pie de página-- que, en la etapa final de su vida, dos eminentes científicos británicos defendían la posibilidad de comunicarse con los muertos. La ciencia no nos libra de nuestras supersticiones y está bien que así sea. El premio Nobel Linus Pauling recomendaba grandes dosis de vitamina C contra el resfriado. Sin algo de magia, el espíritu humano resulta excesivamente cartesiano.


P. ha comenzado a jubilarse. Su interés por el mundo ha menguado en estos últimos meses y nuestras conversaciones, antes tan amenas, han perdido aire. Aunque P. nunca ha sido un hombre apasionado --al menos a mis ojos-- tengo la impresión de que ya sólo aspira a verse en zapatillas. Pero, ¿qué sé yo de todo esto? ¿Por qué hago estas cábalas?




12, febrero

Noche de insomnio provocada por la nota de C. Me despierto pensando en ella y ya no logro conciliar el sueño. Sé que todo esto son menudencias, pero no dejo de darle vueltas al asunto: las injusticias de los amigos duelen más porque sentimos que no han estado a la altura de nuestra confianza. Vaivenes de la amistad: cambiamos a lo largo de los años y debemos reajustar los afectos y, sobre todo, la expresión de los afectos.


En el desvelo, leo unas páginas del Quadern venecià de Àlex Susana: la atmósfera gris de Venecia me ayuda a retomar el sueño.




13, febrero

Mi incapacidad para las relaciones sociales me ha causado no pocos contratiempos. Con la edad logré superarla, aplicando las enseñanzas de la experiencia; dentro de mí, sin embargo, el pensamiento sigue maniatado sin que consiga deshacer los nudos. ¿Cómo podría manifestar en cada respuesta todos los matices que me vienen a la cabeza sin aburrir a mis interlocutores? Para evitarlo, recurro a las respuestas convencionales que me hacen sentir estúpido y me descorazonan.





16, febrero

Me amamantó mientras mi madre se reponía del parto y hoy he ido a despedirme de ella. Tenía 93 años y, aunque las piernas ya no le respondían, su mente continuaba ágil y viva. La última vez que charlamos volvió a recordarme que fue mi nodriza durante unos días y contó, llena de buen humor, algunas anécdotas de mi familia. Ahora, mientras la acompaño hasta el cementerio, siento que con ella despido también a una parte del pueblo en el que me crié. Ya son pocas las caras que reconozco a mi alrededor.




18, febrero

Dice Cicerón que filosofar no es más que prepararse para la muerte, y aquí estoy, a medianoche, escribiendo estas notas que son, en cierto modo, mi manera de hacer filosofía. No temo la llegada de la muerte, pues de eso me libró, hace años, la lectura de Epicuro; pero el mal de vivir es otro.


Esos escritores de periódico que se pasan el día dando voces.




22, febrero

Para manejarse en la vida se necesitan ciertas cualidades que nos ayuden a encarar la tarea de la mejor manera posible. Algunos las tienen de forma natural y saben qué deben hacer y cómo hacerlo en cada momento. Otros, entre los que me encuentro, hemos necesitado aprenderlo todo. Descubro ahora, a mis sesenta años, cosas que debería haber puesto en práctica a los treinta. Vivo con retraso. 




1, marzo

Por primera vez en muchos años, decido no asistir a la fiesta de Información y permanezco en casa escribiendo estas notas. La elección me inquieta, pues la siento como una derrota causada por la edad. Me pregunto si envejecer será esta suma de pequeñas renuncias, un despojamiento en el que nos vamos quedando cada vez más desnudos, es decir, más solos. 






3, marzo

Este país fatiga. La discusión constante, la negación del otro, la mentira como arma política, provocan un cansancio que desgasta el ánimo y lo debilita. Las heridas que nos infligimos son tan profundas y continuas que no les damos tiempo a cicatrizar. Salimos de un lodazal y ya andamos en otro. La incapacidad para discutir de un modo sereno y buscar un acuerdo hace mella en cualquiera de nosotros. Y aquí estamos, arrojándonos las palabras a la cabeza como si fueran piedras.


Lichtenberg es de los autores a los que brindamos de inmediato nuestra amistad.




6, marzo

Es literatura menor, ya lo sé. Pero hay momentos en los que uno, como lector, no está para otra cosa y esas paginillas reconfortan y ayudan a mantener el hábito.




9, marzo

A mediodía, J. pasa por el despacho para despedirse. Deja la universidad y marcha a Barcelona para trabajar en una fundación. Charlamos sobre el MUA y los impedimentos que ha encontrado en los últimos meses para desarrollar su trabajo. Su partida no me sorprende: el museo era un espejismo sin recorrido en una universidad como la nuestra. Lo miro con un punto de envidia mientras habla: exhibe la alegría de quien se adentra en la vida con inconsciencia, pero repleto de ilusiones. Hubo un tiempo en el que yo también vivía así.


El pasado es un país extranjero al que regresamos de tanto en tanto para encontrarlo diferente a como lo recordábamos.




14, marzo

Un cuaderno de notas como este requiere hábito pero, sobre todo, necesita un estado de ánimo que mantenga alerta la sensibilidad. De otro modo, uno cae en la enumeración de anécdotas más o menos intrascendentes. Lo que me importa de la realidad son los matices y esas zonas de sombra que busco iluminar.


Los años me han vuelto reflexivo y ahora que me gustaría charlar despacio con los amigos, sin el atropello de la juventud, ninguno tiene tiempo, ni siquiera yo. Desde hace meses, la única conversación que mantengo es con los libros, lo que no deja de ser un soliloquio por mucho que me empeñe en ponerle voz a quien tengo frente a los ojos.




16, marzo

La poesía de Gil de Biedma no enuncia una revelación, sino que manifiesta una evidencia. Lo que la hace admirable es la forma en la que el poeta la expresa.


Cada época disfruta su banalidad.




20, marzo

Los libros bien editados muestran su cortesía con el lector: resultan amables, claros, discretos. Se esfuerzan por servirnos y procuran allanar el camino entre el autor y el lector. Por desgracia, son escasos.


Comprendo a los que escriben poesía como pasatiempo. He escrito de ese modo alguna vez, cuando hacía versos, pero no me satisface. La poesía que estimo es la que me arrastra más allá de la realidad que percibo y me conduce hasta el misterio de la vida. 




23, marzo

A algunos de estos poetas con los que me cruzo a menudo por el campus, habría que recordarles las palabras de Lichtenberg: No vayas a creer que tu arte es más importante que el del hombre que barniza mesas de café en Birmingham. Aunque no creo que se dieran por aludidos.


¡Ese esfuerzo constante para no aplicar a sus vidas nada de lo que estudian con tanto afán!







25, marzo

Los anarquistas que he conocido estaban dominados por un vago ideal de libertad y fraternidad. A poco que conversaras con ellos y hurgaras en sus ideas, asomaban las contradicciones entre la vida que llevaban y los mandamientos de su doctrina. ¿Conocéis a alguien que viva sin esas incongruencias? Si salvo a los anarquistas es porque mostraban siempre una ingenua sinceridad.




29, marzo

Elegir un dictador como el hombre más importante del país en todo un siglo tiene su lógica. Salazar fue el hombre más importante para los portugueses hasta su muerte en 1970. Y lo propio cabe decir de Francisco Franco para nosotros, los españoles. Tanto para quienes lo aclamaban como para sus opositores, Franco fue una referencia que alcanza hasta nuestros días. El único consuelo es que nuestro tiempo no es el tiempo de la Historia y que, en cuanto desaparezcamos quienes padecimos su régimen, Franco habrá perdido todo su poder.


Inventamos el pasado para justificar el presente.




04, abril

Lo verdaderamente aterrador del totalitarismo no es que cometa atrocidades, sino que ataca el concepto de verdad, escribe Orwell. El capitalismo se comporta, más o menos, del mismo modo: la diferencia es que lo hace de una manera más discreta y mucho más inteligente.


La prosa de Orwell es la prosa de un escritor honesto que escribe de acuerdo con sus ideas. No busca la belleza sino la verdad, y esta le lleva a aquella. 




06, abril

Este modesto suplemento cultural que hacemos entre un grupo de amigos es una bendición para mí. Me obliga a seguir una actualidad de la que, de otro modo, me desentendería. El mundo cultural que suelen reflejar las páginas de la prensa nunca me ha interesado demasiado, menos ahora que está corrompido por la publicidad. Sé que nuestros escritos no cambiarán nada, pero espero que dejen acta de resistencia si alguien los lee algún día.

07, abril

Hace meses que no logro acabar una novela. Se diría que me desagrada leer para distraerme. En cuanto comienzo la lectura —diez, quince, veinte páginas— descubro de inmediato el artificio y no hay manera de suspender la incredulidad: todo me resulta falso, artificioso. Qué sensación tan extraña. Necesitaría reeducar mi sensibilidad, pero no sé cómo hacerlo. Me siento prisionero de mi mente y me pregunto si será así el futuro.




08, abril

Hoy no ha podido celebrarse la procesión del Encuentro, con la que concluye la Semana Santa en el pueblo. Llegada la hora de formar la comitiva, el cura se encontró sin hombres para cargar con las imágenes; las mujeres se ofrecieron para portar la Virgen, más liviana, pero el peso del Cristo era excesivo para ellas y hubo que desistir. Desaparecidos los hombres de una generación, envejecidos y sin fuerza los de la siguiente, ausentes los jóvenes, ya no quedan brazos para procesionar a los santos.


Una literatura compuesta por frases como esta de Hipócrates: “Existen y no existen los ochomesinos”.




10, abril

La vida de P., quien presume de ser uno de los catedráticos de Universidad más jóvenes del país, discurre sobre una serie de hábitos que sigue con estricta regularidad. Diría que P. es un hombre feliz: cuando por la noche nos vamos a la cama sin necesidad de pensar qué ropa nos pondremos al día siguiente tenemos mucho camino recorrido.


De creer a los diarios, en ninguna otra época se han publicado tantas obras maestras como en la actual.


El espíritu de la época ahoga la perspectiva.




13, abril

Durante la dictadura fuimos un país resignado que lo aceptaba todo sin rechistar. Cuántas humillaciones soportamos en aquellos años. La democracia nos ha vuelto exigentes y la mínima contrariedad nos lleva a reclamar a  voces nuestros derechos. Todas las ruidosas protestas que oigo esta mañana, mientras aguardo en el ambulatorio una extracción de sangre, se deben a que hemos de esperar unos pocos minutos. Las personas de mi edad son las más descontentas.




16, abril

Una semana de lluvias y el paisaje, habitualmente tan áspero, cambia por completo. Los humildes romeros, que ya se habían dado por vencidos, levantan la cabeza y comienzan a crecer, llenos de vida. Lo mismo hacen el esparto y los lentiscos; incluso la sabina, que hasta ayer no era más que un arbusto leñoso con las ramas retorcidas, presumía de verdor esta mañana.


La belleza entrevista por un instante --Le temps d’un sein nu / Entre deux chemises-- me provoca un estado de euforia al que sigue, de inmediato, una desazón.




19, abril

Hubiera deseado poseer una mejor disposición hacia las matemáticas, pero mi aptitud para el razonamiento abstracto es muy limitada. Tardé cuarenta años en entender qué era el cálculo diferencial y todavía no estoy seguro de haberlo comprendido. No culpo de ello a mis profesores, aunque no recuerdo a ninguno que me hiciera mirar sin temor la asignatura: su única preocupación era que resolviésemos unos ejercicios, pero jamás mostraron interés en que aprendiéramos  a pensar.


La conciencia de ser materia que un día deberá disgregarse y aceptar mi lugar en la cadena de la vida. Incluso sentirme feliz al pensar en ello. ¿No será esto otro embeleco estoico?




20, abril

Estas personas con las que me cruzo a diario cuando voy a la panadería o a comprar la prensa, ¿quiénes son? A los cinco años mis padres me llevaron a la ciudad y allí permanecí hasta cumplir los cuarenta. Todo cuanto me quedó de Aigües fue la memoria borrosa de unos veranos y los recuerdos, precarios, de la infancia. Con ellos y con lo que aprendí escuchando las conversaciones de mis padres y de mi abuela --para ellos la vida del pueblo no se interrumpió jamás-- levanté un mundo que ha desaparecido en la cuenta de los años.




24, abril

En cuestiones de arte la edad me lleva a desconfiar de lo nuevo, que solo acierto a mirar con los ojos de la experiencia. Cincuenta años atrás, habría aceptado sin vacilar cualquier novedad aun a riesgo de partirme la cabeza, como tantas veces sucedió. 




04, mayo

¿Por qué se abandona un diario? Nunca faltan los motivos. Un par de inconvenientes, por mínimos que sean, bastan para dejar de lado el trabajo en el que nos habíamos empeñado durante varios meses. La vida tira de nosotros en direcciones tan diferentes que se hace imposible permanecer en un lugar. Quizá el malestar que padecemos tenga su origen en esa fragmentación del vivir a la que no sabemos cómo enfrentarnos. 





Solo conozco una manera de leer: la que me ata al libro exigiéndome una entrega absoluta y no me suelta hasta haber apurado el tuétano, de modo que, al acabar la lectura, no soy el que la comenzó. Años atrás, era diferente.


No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia, dice Marx. De acuerdo, pero ya veremos.



13, mayo

Llegados a cierta edad, pertenecemos más al pasado que al futuro. Todo cuanto creemos comprender es fruto de nuestra memoria: sin ella, el paisaje que ahora tengo frente a mis ojos carecería de historia. Solo al niño se le concede el milagro de mirar con ojos de niño. Algunos poetas tratan de cruzar la línea, pocos lo logran.


Escribir es también un estado de ánimo: nuestro cuerpo piensa.







16, mayo

Vista al natural, la pintura de A. carece de cualquier interés salvo el decorativo. Sin embargo las veces que he visitado la sala donde se exhiben sus obras la he encontrado repleta de un público arrobado ante los cuadros. El mundo se ha llenado de prescriptores que nos evitan el trabajo de pensar.


¿Por qué ese texto que me encendió hace apenas unos días me resulta hoy un extraño? ¿Cuál de los dos ha cambiado?




20, mayo

En algunos de los profesores de universidad que he tratado suele darse un fenómeno curioso: en contra de lo que cabría esperar, la abundancia de lecturas produce en estas personas un pensamiento débil fuera de su materia. En cuanto dejan en el armario el birrete y la toga y aparecen en traje de calle, su interés humano decae.


Sé que no soy el único en escribir estas líneas, pero me cuesta encontrar a los otros y me quedo con el que me resulta más familiar. Actúo así por economía pero, sobre todo, por pereza.




25, junio

Años atrás bastaba con vivir y apenas sentía la necesidad de preguntarme: todo cuanto había que hacer era cruzar la calle y buscar a los amigos. La vida no exigía otro esfuerzo que vivirla y, si era posible, con intensidad. Ahora, en cambio, me paso los días pendientes de ella, temiendo equivocarme a cada paso.

No dejo de pensar en la tragedia de ese juez intachable, severo, a quien el hijo, juez también, se le corrompe. 




3, julio

Zen. Hay un modo de escribir en el que las palabras se vierten sin esfuerzo sobre el papel: pensamiento y escritura fluyen al compás, desaparece cualquier intención de estilo y la mano se limita a obedecer el impulso de la mente. A ese punto he llegado en ocasiones, pocas, por un estado de claridad mental.


Leo para no sentirme solo, para comprobar que quienes me precedieron --espíritus más grandes que el mío-- sintieron las mismas o parecidas cosas que ahora siento yo: la misma acedía, el mismo desaliento, la misma lucha de la voluntad para aferrarse a la vida…




10, julio

Después de leer Ossi di sepia el resto de la poesía de Montale sabe a poco. Sigue estando el poeta, incluso en ocasiones aparece el buen poeta, pero el fulgor ha desaparecido. ¡Qué inconstante es el lector!




20, julio

Mientras deba realizar el esfuerzo de acarrear las palabras hasta el papel, estoy condenado a que la mitad de las ideas se me caigan por el camino. Hay mañanas en las que me encuentro tan torpe que, cuando llego al folio, me he quedado sin nada que decir. 




26, octubre. 

Durante todo el día cae una lluvia mansa, constante, que se suma a la de los últimos días: la tierra está anegada. Al anochecer, salgo a dar un paseo por el pueblo y me cruzo con M., que camina bajo un paraguas. “Este año no nos quejaremos del agua”, le digo a modo de saludo. “Me recuerda al octubre del año de mi boda --responde--. No hizo más que llover. Llovió tanto que no podíamos trabajar la tierra y nuestra única ocupación era recoger caracoles, pero los pagaban tan mal que no nos alcanzaba para comer. Tuvimos que cerrar la casa y marcharnos, mi marido y yo, a Alicante en busca de trabajo”.




28, octubre

Envidio a quien es capaz de sentarse frente al papel e imaginar, de inmediato, vidas y percances. Yo, en cambio, necesito encerrarme en mí mismo durante horas para encontrar alguna veta. Solo cuando se produce ese milagro acierto a decir algo que merezca salvarse; el resto es oficio que expreso con mayor o peor fortuna. ¡Con qué facilidad confundo las voces con los ecos!


Picotear como una gallina. ¿No es eso lo que hago a diario con el arte, con la literatura, con la vida?




08, noviembre

El yo de Gombrowicz, siempre a punto de aplastarnos. Pero si logramos mantenerlo a raya, el combate de este hombre con todo lo que le ponga por delante, incluido él mismo, resulta extraordinario.




10, noviembre

En un descanso de la asamblea, mientras salimos al patio a fumar un cigarrillo, A. me dice: “Esas cosas tan modernas --refiriéndose a lo comentado en la reunión-- no están hechas para nosotros, los españoles. Nosotros necesitamos a alguien que nos mande, que nos diga lo que debemos hacer”. La nostalgia del padre aún se mantiene viva en el país.




12, diciembre

Los poetas se han contagiado de la retórica ambiental y, para expresar un sentimiento que exigiría un par de versos bien depurados, necesitan versificar toda una página. Y quedeme no sabiendo / toda ciencia trascendiendo. Claro que, para eso, hay que ser san Juan de la Cruz.


Mañanas en las que el pensamiento no está maduro y debo poner el cerebro al baño María.




19, diciembre

He llegado a esa edad en la que cumplo los años con indiferencia. 





2008







14, enero

Envejecer: alejarnos de las cosas, tomar distancia para evitar que nos dañen; mentirnos; mentirnos otra vez; formular deseos que no llegaremos a cumplir.


Una parte de los llamados artistas contemporáneos han asumido con naturalidad que su tarea es el entretenimiento; un número no inferior ha optado por la decoración.




29, enero 

Homenaje a P. en el paraninfo. Lleno absoluto. No encuentro una butaca libre y permanezco de pie junto a una de las puertas. Lo que me impresionó de los años en que P. dirigió la universidad no fueron sus logros, ni el clima de modernidad que, como un espejismo, creó en el campus, sino el fervor que despertó entre tantas personas. Contemplar desde primera línea la necesidad que siente la gente de entregarse a un líder pone, literalmente, los pelos de punta.




02, febrero

En ocasiones, tratando de poner sobre el papel una simple anécdota, he pasado media hora dudando de qué camino debía tomar la pluma. ¿Cuánto tiempo habría necesitado de haberme propuesto alguna vez escribir una novela? Para consolarme, pienso en aquel Wang Tsai sobre el que escribe Tu Fu: Pintando un único arroyo en cinco días / y una sola piedra en diez días / rehusando ceder al impulso y al apremio…


Busca en el alcohol ese punto de exaltación que daba la juventud. 






03, febrero

Al suprimir el Infierno, la Iglesia ha decepcionado a muchas personas. Hoy, en el grupo de whatsapp que formamos los amigos del colegio, hemos tenido una gran discusión sobre el tema. Los católicos eran los más empeñados en su restablecimiento.


Nuestra singularidad es pura contingencia. Cambiamos nuestras costumbres ante cualquier circunstancia y el yo nos sigue dócilmente para adaptarse a ellas. 




07, febrero

Tertulia en el Nick. J. regresa de Madrid tras exponer en una feria de arte en la que ha vendido dos cuadros. M. lo felicita por el éxito, pero J. le quita importancia al asunto: “Es una feria de segunda división”. Muy exigente con su arte, J. es un hombre orgulloso y modesto al tiempo, con todo ese cúmulo de rarezas que suele acompañar a los artistas.




11, febrero

Elecciones en la universidad. J. repite su candidatura al rectorado y todo indica que volverá a ganar. Nos aguardan, pues, otros cuatro años de grisura. Cuando, en el desayuno, comento el asunto con M., me dice: “Mucho mejor. Estas cosas no hay que menearlas demasiado”.




14, febrero

En la librería que visito encuentro, en una revista, un poema de B. Es un poema bien escrito, incluso muy bien escrito, pero podríamos decir que ya lo hemos leído decenas de veces; incluso él mismo lo ha dicho mejor en otra ocasión. Si B. es un hombre inteligente, y me consta que lo es, ¿qué lo ha llevado a escribir este poema y publicarlo en la revista? Lo que me intriga de un artista son sus caídas, esa incapacidad de la mente para sucumbir ante la vanidad.


Charla con C. que, como buen crítico profesional, añora el orden literario de los viejos tiempos, es decir, el de su juventud. “Ahora todo está pervertido por el poder de las editoriales; son ellas quienes deciden”. Ese orden que C. tanto añora también existe en la actualidad, lo que sucede es que no somos capaces de verlo.




19, febrero

El arte actual ha estallado en mil pedazos y los fragmentos muestran una riqueza gigantesca: imposible adivinar qué sobrevivirá de todo ello. Lo importante, en todo caso, es el proceso: la libertad con que los jóvenes se acercan al arte y tantean su camino. La mayoría sigue una moda u otra, como es natural, pero, de tanto en tanto, descubrimos una mirada diferente que nos deja fascinados ante paisajes irreconocibles y, a menudo, incómodos.




20, febrero

Pasear de noche por las calles de Aigües, como hago ahora, es sumergirme en un mundo poblado de fantasmas. Tras la puerta de cada casa en la que no asoma una rendija de luz, hay unas vidas que evoco con mi mente. En veinte años ha desaparecido el mundo que conocí y me paseo entre sus ruinas. Queridos fantasmas, no os alteréis: sosegaos, dormid, soy uno de los vuestros.




21, febrero

M., que enseña latín en la universidad y pasa por ser una cabeza brillante, me envía el informe que le había pedido sobre la traducción de Bonifaz Nuño de los Carmina de Catulo. El informe es taxativo: “No le veo ningún interés a la publicación de esta obra”. Como M. presume de ser un hombre muy ocupado, me pregunto si la habrá leído.




23, febrero

¿Qué cosas que no sean verdades a medias, groseras simplificaciones o trivialidades, pueden, en realidad, ser comunicadas a ese público de masas semianalfabeto que la democracia consumista ha reunido en las plazas?. En este tiempo de elecciones, el pesimismo elitista de Steiner nos golpea. ¿Cómo conciliar nuestra fe en la democracia con esa realidad? Debemos vencer cualquier desánimo porque lo contrario supondría nuestro suicidio. Pero admitamos que la tarea es ardua.


27, febrero

Entiendo que se extasíen ante un Gauguin o un Van Gogh. Incluso que pongan los ojos en blanco ante un Cézanne. Pero, ¿qué hacen frente a un Kandisky? ¿Qué ven en un Mondrian, la “sensibilidad inobjetiva"?




29, febrero

T. escribe, asegura, porque siente la necesidad de comunicarse. ¿Qué impulso  siento yo? En esa falta de fe se encierran todos mis males: jamás he pensado que el mundo necesite una página mía. “Escribir --para conocerse-- y eso es todo”, dice Valéry, pero el autoconocimiento no puede llevarnos muy lejos, la cosa debe ir por otro lado. ¿Cómo explicarme, si no, que lleve aquí, ante la hoja de papel, desde las seis de la mañana?




02, marzo

“Debes ser tú mismo”. ¡Como si ser uno mismo fuera sencillo! ¿Quién soy? ¿El que escribe estas notas mientras reflexiona cada mañana? ¿El que se indigna al leer los periódicos? ¿El que se enreda en su infancia cuando ve a sus hijos crecer? Debe existir un denominador común para todo ello, pero no alcanzo a descubrirlo. Mientras tanto, estoy obligado a tantear, a caer, a levantarme, a ir trazando un camino, si es que tal camino existe. ¡Cómo envidio a esa gente que posee una idea cabal del mundo y sabe a qué atenerse en cada momento!


Siento que a estas conversaciones que mantengo conmigo mismo les falta una pizca de poesía.




04, marzo

Valéry aún podía creer en el alma como una facultad superior y dialogar con ella, pero esa compañía le ha sido vedada al hombre de hoy, que debe quedarse solo frente a sí mismo. Cada vez que, por cualquier motivo, tropiezo con el alma, una voz en mi interior me rectifica y dice: “cerebro”. El contratiempo me turba y siento rebajada mi humanidad.






05, marzo

La vanidad de B., que se presenta como candidato a las elecciones, le ha llevado a falsear los datos de su biografía. No hay grandes mentiras: solo pequeños detalles que añaden algo de brillo a sus acciones. Ese brillo, que a mí me parece insignificante, debe ser importante para B., pero ¿por qué embellecer precisamente lo accesorio?


Siempre que leo a Pla tengo la sensación de que se guarda un as en la manga.


Descubrir que compartimos los pequeños vicios con un gran escritor halaga nuestra mediocridad.


 


06, marzo

¡Quisiera sentir la necesidad de lo Absoluto! Quienes la disfrutan encaminan su vida y sus obras hacia la eternidad sin grandes dudas: los sacrificios que puedan reclamarles los encuentran justificados por la recompensa que un día obtendrán. En cambio, quienes aceptamos una temporalidad que acabará con la muerte, hemos de esforzarnos en vivir como si mantuviéramos la fe. Hemos hecho un mal negocio.


Las imágenes de la poesía han pasado de las manos de los poetas a las de los científicos: la ciencia necesita crear sus imágenes para colonizar los territorios que descubre la investigación. Los poetas edifican mirando hacia el pasado; los científicos, al futuro.


Prólogos que se despliegan como una cola de pavo real.




14, marzo

Si J. aplicara en sus diagnósticos la ligereza con la que juzga las obras literarias hace tiempo que se habría quedado sin pacientes. Sin embargo, en la tertulia, se permite se permite sentar cátedra sobre cualquier asunto y, cuando le interpelamos, se muestra orgulloso de su ignorancia.

Variación sobre Valéry: “Es un autor para inteligencias inferiores”.


Me asombra lo rápido que envejecen mis ideas.




10, abril

Visita de nuestro representante en los Estados Unidos. Es un hombre joven, de una energía desbordante que parece escapar por sus ojos que se mueven sin cesar. Habla con tal seguridad de su proyecto comercial que logra arrastrar a un descreído como yo. Diría que es el prototipo de catalán que todos tenemos en la cabeza: vigoroso, emprendedor, con una idea del mundo de los negocios muy asentada. Habla de su empresa como si fuera la única cosa en el mundo por la que mereciera la pena vivir. No imagina cómo lo envidio. No es difícil tener un ideal que nos empuje; la verdadera dificultad --que yo jamás he logrado superar-- es que ese ideal nos baste para llenar una vida.




16, abril

No logro sustraerme al pesimismo: cada día comienza con una mala noticia ante la que no sé cómo reaccionar si no es replegándome sobre mi mismo. Ayer, por ejemplo, fue la victoria de Berlusconi en Italia. ¡Medio país convencido de que ese sinvergüenza velará por sus intereses! Y, después, las inacabables explicaciones de los expertos en los diarios. ¡Cuánta palabrería! He necesitado leerme diez artículos para encontrar unas líneas que aportaran algo de luz.


Escucho los discursos de los candidatos a rector; leo sus programas: esos hombres no pretenden gobernar la universidad, se conforman con pastorearla.




23, abril. 

El único asunto que realmente importa es la vida, y apenas le prestamos atención. Dejamos que se nos escape a través de una serie de frases hechas, de acciones hechas, de pensamientos hechos que no son propiamente nuestros pero que vivimos como si lo fueran. Incluso en los rostros de los jóvenes con quienes me cruzo esta mañana soleada de abril veo reflejada esa ficción. Ellos lo ignoran y ríen o se abrazan impulsados por la fuerza de la sangre, inconscientes de que en unos años deberán enfrentarse a su destino.




27, abril

Cada muerte ajena nos acerca más a la propia, como si buscara nuestra intimidad. Hace algún tiempo que comenzó a llamar a las puertas de los conocidos, y ahora aguardamos el día en que llame a la nuestra. De nada nos sirve conjurarla, fingir que no sentimos su presencia: la única solución es convivir con ella, aceptarla como una más de nuestras amistades, ni muy íntima, ni muy extraña.




01, mayo

Información dedica varias páginas a Z., que abandona la política. Como sucede en estas ocasiones, abundan los elogios: algunos son de compromiso, pero la mayoría parecen sinceros. Sorprende la fascinación que individuos como Z. despiertan en tantas personas. Se diría que su cinismo, su falta de escrúpulos, la ausencia de moral, componen un modelo al que ansían parecerse. Deben de ver a Z. como un triunfador. ¿Cómo vivir sin zozobra en una sociedad que ensalza estos ejemplos?




06, mayo

¿Qué hace tan moderno a Stendhal? Quizá el uso de un lenguaje que parece dirigirse al lector en todo momento. Cuenta las cosas como lo haría en una conversación, pero sin caer en un exceso de confianza. ¿No era ese, más o menos, el consejo que Alexandre Planas daba al joven Pla? Pla coloca, sobre un lenguaje directo, la sutileza del adjetivo que hace vibrar la frase. El estilo de Pla es admirable, pero el de Stendhal, que se conforma con decir que un paisaje es bonito, lleva en pie casi dos siglos. No hay reglas.




10, mayo

Lo que echo a faltar en este país es esa zona templada donde la vida pública discurra sin aspavientos. Aquí todo es extremo: cualquier asunto menudo deriva en un griterío que nos arrastra, exigiéndonos que tomemos posición.


Conozco a personas que se embrutecen de tanto estudiar.



20, mayo

Despierto a las cuatro, leo para distraerme el Diario de Amiel. ¡Qué aburrido resulta este hombre! ¡Qué triste! Tengo que darle la razón a Pla. Da la impresión de que escribe auscultándose con el estetoscopio.



23, mayo

“Lo verdaderamente importante es que llegues a captar el sentir”, escribe Anthony de Mello en uno de sus libros. ¿No es ese el camino de toda verdadera poesía? Cuando el poeta no capta el sentir se queda en la superficie de la palabra. Esto, si está bien hecho, tiene su fascinación: con la música adecuada, la palabra puede embelesar. En el Juan Ramón de Dios deseado… la hondura de la palabra se nos impone a través del sentido, un sentido que trasciende el significado común para hacerse más hondo, inexplicable. En otra dirección, Montale. En Ossi di sepia asistimos al esfuerzo de un hombre para explicar con palabras el sentimiento que lo embarga. De esa tensión surge, de tanto en tanto, el relámpago que deslumbra y nos rinde ante la poesía.




24, mayo

¡Si fuera capaz de predicar a los peces! Eso querría decir que me habría convertido en un hombre sabio. Pero mi fe no logrará alcanzar esa cima.




06, junio

Para comulgar con un autor, hemos de estar en sintonía con él. Si piensa el cuerpo, ¿por qué no habría de pensar la lengua? Hay autores con los que nos entendemos de inmediato; con otros es poco menos que imposible. Llevo dos días peleándome con los artículos de Roth y no logro hacerme con ellos. No es solo una cuestión de lenguaje, sino de construcción del pensamiento: se me escapa la manera en que Roth desliza su mirada y la convierte en escritura; no alcanzo a percibir la realidad que él ve, toda una serie de sobreentendidos entre los que no consigo orientarme. ¿Defecto de la traducción? No, la traducción diría que es solvente y se esfuerza en seguir los vaivenes del escritor. Lo que me desconcierta es la velocidad que Roth imprime a su pensamiento, saltando nerviosamente de un asunto a otro. Recuerda el movimiento de una cámara cinematográfica que trata de abarcar la realidad y lo que muestra es un mosaico fragmentado. Su perspicacia para captar el clima de la época es admirable. ¡Qué cabeza!




07, junio

Hay algo en los viejos maestros de Hollywood que los mantiene permanentemente jóvenes. Incluso cuando los avances de la técnica dejan al descubierto algunas costuras, les perdonamos la ingenuidad porque su arte está por encima de ellas. He pasado la tarde viendo Hatari con la alegría de quien reencuentra a viejos amigos. Y allí estaban, contándome sus historias de siempre que me resultaban nuevas. La felicidad, en ocasiones, es una pantalla de cine en cualquier rincón de la casa.




12, junio

V. se jubila de la enseñanza y lo siento por sus alumnos, que se verán privados de un magnífico profesor. No es el hecho de que V. sea un buen pintor, algo que ahora, cuando ya casi nadie pinta, carece de importancia, sino porque siempre ha mantenido en sus clases un punto de ilusión y escepticismo que son las principales cualidades de un maestro para dejar alguna huella perdurable en los muchachos que pasan por sus manos.




13, junio

¡Qué extraña sensación la de vivir fuera de mí! Me entrego a las cosas sin pensar en ellas, paso de un asunto a otro, de una sensación a otra, hago esto y aquello y acabo el día agotado, con la impresión de haber malgastado el tiempo, de haber vivido para nada.


Mirar el mundo con perplejidad se convierte, al cabo de unos instantes, en asombro.




17, junio

A., que pasa por el despacho para tratar la edición de su libro, me dice que se siente cansado de dar clase. El esfuerzo de enfrentarse cada año a una nueva generación lo ha dejado exhausto. El fenómeno es común en la enseñanza, a poco que uno muestre sensibilidad: la fuerza de los jóvenes, que ven la vida de manera diferente a la nuestra, nos avasalla y, en lugar de esforzarnos por mirar el mundo de otra manera, nos refugiamos en nuestras ideas y hablamos de su ignorancia. Son ignorantes, claro está, como lo éramos nosotros a su edad, pero tienen la ventaja de que sus mentes aún pueden elegir, mientras que las nuestras solo saben caminar en una dirección.





18, junio

Vivere era ventura troppo nuova / ora pero ora, e ne batteva il cuore. Y lo veo en mis hijos que llegan jadeantes, felices, cubiertos de polvo y de sudor, reclamando con prisas su merienda porque la vida no puede esperar y deben continuar con sus juegos.




04, julio

P. tiene un carácter práctico envidiable. Ante un problema cualquiera, su pregunta es: ¿cómo puedo resolverlo? Entrevista la solución, se dirige hacia ella sin perder un instante y no descansa hasta acabar la tarea. Yo, en cambio, doy vueltas y vueltas al asunto: sopeso, tanteo, rechazo, acepto. Cuando finalmente decido acometerlo, descubro que ha pasado la ocasión o --lo que es más frecuente-- he perdido las ganas de hacerlo.


Durante la dictadura la mentira era parte del paisaje político y la aceptábamos como un mal inevitable. Puesto que contábamos con ella y habíamos descontado sus efectos, no influía demasiado en nuestras vidas. Ahora, en democracia, cada intento de nuestros gobernantes por engañarnos hace que nos sintamos traicionados.




11, julio

En cinco minutos nos hemos puesto de acuerdo, de modo que he debido guardarme todos los argumentos que acumulaba para el  momento de la discusión. Es la ventaja de tratar con funcionarios: en cuanto uno les facilita una percha donde colgar la ropa, el problema queda resuelto sin vacilaciones. En estos veinte años pasados en la universidad, he comprobado cómo el puesto de trabajo moldea la mente para ajustarla a una manera de pensar útil y, a la vez, muy pobre.


No logro tener las ideas claras: es un defecto que siempre me ha perseguido. Si bien hay momentos en que me siento seguro y en concierto con el mundo, la mayor parte del tiempo ni siquiera sé dónde estoy: vivo con la sensación de que otro vive por mí, me suplanta. Y debo conformarme con los restos. 






14, julio

Desearía ser un hombre práctico: como este que tengo ahora delante de mí y que me halaga sin disimulo para obtener el pequeño favor que pretende y que no vacila, hacia el final de la conversación, en descartarse y mostrar sus intenciones sin que le tiemble la voz.




15, julio

A media tarde ha caído una tormenta de verano. Primero se ha levantado el viento, obligándonos a cerrar las ventanas; tras él han llegado los relámpagos y los truenos: todo el horizonte, desde el mar hasta Aitana, se ha llenado de una luz gris, fosforescente, que daba al paisaje un aspecto irreal. Desde la ventana, N. y yo mirábamos la tormenta absortos, abrazados.




18, julio

Cada año, cuando llega esta fecha, me siento conmovido. Mi ingenuidad me llevó a pensar que el cainismo del país desaparecería con la llegada de la democracia, pero no ha sido así. Hemos dado algunos pasos en la buena dirección, pero todavía queda un poso de intolerancia empeñado en recordar el nosotros y el ellos.


E. me envía una fotografía de treinta años atrás, donde se me ve caminando por los montes de Sella. Como estoy irreconocible, no me reconozco. Ya sé que soy yo, pero no sé quién era ese hombre joven de pelo largo y barba, con un ligero aspecto de fauno, que trepa ladera arriba.



01, agosto

Despierto a las seis de la mañana, escucho el paso de los primeros tractores que marchan hacia el campo. Cincuenta años atrás, era el paso de las mulas, más agradable, el que me acompañaba. A esta hora, preparábamos los capazos, los sacos, las fiambreras con la comida y marchábamos al Aljebsar o al Motlló a recoger la almendra. De esa breve relación con la tierra, que se repetía cada verano, me queda una veta campesina, muy leve, a la que atribuyo la poca sensatez que poseo, la frugalidad y la moderación que fueron el legado de mi abuela y de quienes me precedieron. Una pobreza digna.




05, agosto

Vivo con la sensación de que mis artículos para el periódico son lo más parecido a un informe forense. Allá donde debería brotar una complicidad con el lector, una invitación amable a discutir mis ideas, solo encuentro la exposición de un pensamiento frío, plano, que me resulta desagradable. ¡Qué difícil es releerse!




12, agosto

Visita de B., que da clases en la facultad de Derecho. Impresión de que se ha afeitado a las cinco de la mañana. Durante una hora, conversamos sobre arte, picoteando aquí y allá, sin ponernos de acuerdo. Espectáculo fascinante de una mente consciente de que su tiempo ha pasado y no logra orientarse ante un presente que la sobrepasa. Condenado a vivir con desasosiego en un mundo irreconocible, acabará por convertirse en un reaccionario, como tal vez me suceda a mí en unos años.




15, agosto. La Virgen de agosto

¿Para qué escribo estas notas? Nunca he sabido qué me impulsaba a escribir: jamás he sentido esa necesidad que se impone a todo, sin la que es imposible un verdadero escritor. ¿Vanidad? Soy vanidoso, sí, pero la mía es una vanidad pequeña que no presta el impulso suficiente para acometer una obra de carácter. La insatisfacción ante lo exiguo de la vida no ha dejado de agobiarme y me ha llevado a refugiarme en estas notas: una manera de estar en el mundo y de dialogar con los muertos.




26, septiembre

M. cree en la gloria efímera de los periódicos y, durante media hora, discutimos sobre los artículos que publica en la prensa. Está decidido a convertirse en un humorista y no me escucha cuando le digo que debería caminar en otra dirección. ¡Cuánta sensibilidad desperdiciada!







6, octubre

Hay un momento que suele coincidir con la entrada en la madurez (en mi caso, se produjo entre los cuarenta y los cincuenta años), en el que advertimos que nuestro conocimiento será siempre limitado. Debemos aceptar que, por más horas que dediquemos al estudio, a la lectura, a la reflexión, nos quedarán vastos territorios por explorar. Se plantea entonces una cuestión que, en mi caso, ha resultado dolorosa: elegir, es decir, descartar. Hasta ese momento, uno había picoteado sin conciencia de lo que suponía la decisión, porque la vida tiraba de nosotros y nos impedía volver la vista atrás. Ahora se han invertido los términos y comenzamos, si no a tirar de la vida, a sentir su carga sobre los hombros. Para disimular, decimos que nos hemos vuelto reflexivos.




7, octubre

Un incidente banal y aquí estoy, a las cuatro de la madrugada, tratando de leer unas páginas de la Autobiografía de Chesterton, mientras mi subconsciente tira de mí en otra dirección.


F. se ha pasado la vida corriendo detrás de la fama, y ahora que por fin la tiene, se queja de que los compromisos le impiden trabajar. 




12, octubre

Me siento ante los Cuadernos de Valéry. ¿Qué busco en ellos? No medirme, desde luego, con la inteligencia de este hombre que considero superior a la mía: más bien mantener una conversación que me estimule y me arrastre a otros territorios. En cualquier caso, no me interesa mi yo actual pues a ese, mal que bien, lo conozco; el que me importa es el hacedero, con su principio de imprevisibilidad. Abrazar la contingencia como forma de vida.


Todos mis juicios son provisionales y sobre esa eventualidad debo fundar mi mundo.




22, octubre

La muerte y el tiempo rebajan los afectos. N. me cuenta que, en el homenaje que ha dedicado la Facultad de Letras a la memoria de E., apenas han acudido algunos de quienes, un par de años atrás, se decían sus alumnos y lo halagaban llamándolo sabio. Es probable que E., con toda una vida dedicada a la enseñanza, conociera la naturaleza de esos afectos y los aceptara como una de esas ficciones inevitables que exige vivir en sociedad.




5, noviembre

¡Qué ignorantes son algunos profesores! No es la insuficiencia de conocimiento lo que les reprocho, pues debería reprochármela a mí mismo y en mayor medida. Lo que critico es la falta de curiosidad, de apertura de horizontes, el deseo de nuevas experiencias intelectuales que los aproximen a sus alumnos. Veinte años atrás, se metieron en la hornachuela de su especialidad y la han convertido en el centro del universo, desentendiéndose de todo lo demás. 




7, noviembre

Para mí ha sido más importante sentir que expresar. Entre el hecho poético y su expresión escrita, he preferido el primero porque me ofrecía una mayor intensidad. Salvo que el trabajo de hacer versos se convierta él mismo en un sentimiento, el asunto se reduce a una habilidad de la inteligencia que no me entretiene. Cuando se cae en esto, solo nos salva la vanidad: la mayoría de los poetas que conozco son extremadamente vanidosos. Excepciones: aquellos para los que la poesía es un destino. Pero no abundan.


Propósito: aprender a vivir el fragmento como si se tratara de un todo; de otra manera, podríamos caer en un desequilibrio mental.





10, noviembre

El cuerpo se hace cada día más presente. Comienzan a asomar las limitaciones físicas, aún incipientes pero que irán ganando intensidad en los próximos años: se necesita una cierta entereza de ánimo para enfrentarse a ello y evitar que nos arrastre. O cerrar los ojos.


En la juventud, la percepción de la vastedad del mundo nos exalta; en la madurez, nos abruma.





17, noviembre

Ha bastado frecuentar durante unos días la compañía de otros para sentirme revivir. Aunque las circunstancias nos empujen en ocasiones a creer lo contrario, somos animales sociales que necesitan del grupo. Hay momentos en los que nos sentimos capaces de llevar una vida en solitario, pero en cuanto comenzamos a vivirla se nos atrofian las palabras y enfermamos del corazón. Necesitamos el trato con los demás, aunque solo sea por encontrar una resistencia a nuestro empuje.




18, noviembre

De lo que se trata, si no he entendido mal, es de restarle retórica a la vida. Debemos operar con cuidado para encontrar el punto de equilibrio: una vida desprovista por completo de retórica nos volvería insoportables; un exceso, como sucede en la actualidad, ahoga.




25, noviembre

No había manera de que apagara la luz. Allí estaba, con el libro entre las manos, embebida, sin pensar que al día siguiente debía madrugar y sin atender a mis razones de padre. ¡Cómo la envidiaba! Nada es comparable a las pasiones de la juventud cuando ni siquiera tenemos conciencia de ellas porque son la vida misma.





28, noviembre

He venido a despedirme de la casa. Cuando regrese, dentro de unos meses, será distinta aunque se levante sobre el mismo solar. Hasta ahora la habíamos transformado adaptándola a nuestras necesidades: primero, las de mis padres, cuando se casaron; más tarde, las mías. En cada reforma, sin embargo, sobrevivía el espíritu de la anterior, sus espacios, sus olores. Uno podía identificar cada rincón: la cocina había sido, con anterioridad, la cuadra; mi estudio, la despensa. En ese paisaje he crecido y he visto moverse a mi familia. En la nueva construcción hemos tratado de preservar algunos lugares: trampantojos para la memoria, un homenaje a aquel desconocido que un día trazó unas líneas en el suelo, tomó un pico y lo hundió en la tierra para abrir los cimientos. De ahí vengo.


6, diciembre

Ha dedicado los últimos diez años de su vida a escribir un libro y ahora se irrita porque nadie presta atención a cuanto ha ido exhumando, que es muy valioso. Lo trágico es que tiene razón y que el libro podría iluminarnos, pero quienes deberíamos leer en sus páginas para aprender de ellas caminamos demasiado apresurados tras una actualidad que se construye sin memoria.




14, diciembre

Compro unos libros para regalarlos a los amigos en mi cumpleaños y me entretengo en escribir unas décimas a modo de dedicatoria. Escribir poesía es entretenido: requiere paciencia, ingenio y algún oficio. Pero ¡qué lejos estoy de ser un verdadero poeta! Me falta esa hondura que otros alcanzan con un par de versos soltados como a vuelapluma.




19, diciembre. 

¡Qué secos somos los hombres de mi generación! No sé qué hicieron con nosotros, pero nos dejaron marcados para siempre. Nos cuesta darnos un abrazo, iniciar un gesto de cariño, pronunciar una palabra de afecto que vaya más allá de la convención. En cuanto rozamos el terreno de los sentimientos tensamos los músculos y nos ponemos a la defensiva bajo un velo de falso pudor. En los casos más extremos, la relación con las mujeres ha resultado imposible y se ha saldado con un fracaso tras otro. Esta falta de naturalidad me ha pesado como una losa, causándome no pocos problemas.




23, diciembre

¡Con qué ligereza hablamos del pasado para conformarlo a nuestro pensamiento! A partir de cuatro datos que hemos aprendido, levantamos el edificio sobre el cimiento de nuestras opiniones y lo proyectamos a nuestro gusto, que es el de nuestros intereses. Los historiadores profesionales van algunos pasos más allá, sus ideas están mejor fundadas que las nuestras, pero los archivos rara vez logran transmitir la temperatura moral de una época, ni esos hechos mínimos sobre los que se asienta la vida cotidiana. Si el hombre es insondable mientras vive, no imagino cómo podríamos conocerlo una vez muerto. 



25, diciembre

No logro acostumbrarme a la Navidad. Donde otros ven una fecha sagrada, un motivo para el amor, la reconciliación y la vida familiar, yo no alcanzo a ver absolutamente nada. Y bien que me gustaría. Creo que, en buena medida, la felicidad consiste en dejarse llevar por estas cosas, aceptar ser uno más y no empeñarse en nadar contracorriente. Por eso me esfuerzo cuanto puedo, finjo hasta donde me es posible: como, bebo, me encajo el gorro de Papá Noel pero en el fondo me siento como un actor que interpreta el papel de mala gana y temo que, en cualquier momento, el público me silbe y grite ¡fuera, fuera!





2009








8, enero

Los años nos apagan y hacen difícil el sentir. Dos horas con la belleza delante de los ojos y yo mirándola con mi mente, incapaz de abrirle el corazón. Sin ese sentimiento íntimo todo es teoría, aunque nos empeñemos en lo contrario.




14, enero. Desierto de las Palmas

Ha amanecido un día soleado, sin rastro de las nubes de ayer. A última hora de la mañana bajo al jardín mientras aguardo la hora de la comida. El encanto del lugar invita a la mansedumbre. Sentado en un banco, junto al muro de hiedra que me resguarda del viento, leo a Guillén. El primer Guillén, deslumbra; el último fatiga.


Por la tarde, paseo hasta Montserrate. Luz de invierno purísima, con el mar al fondo.




23, enero

Desde la ventana, observo el alborozo de mis hijos que marchan al colegio: sus gritos, sus carreras, ese nacimiento del mundo que se manifiesta en la alegría de estar vivos. No es la muerte la que nos robará todo esto, somos nosotros al olvidarnos de vivir.




25, enero

Durante todo el día sopla un viento furioso que comba los pinos y amenaza con llevarse los tejados. Los niños han hecho cachirulos que sujetan con un hilo al balcón y ríen asombrados cuando el viento los eleva en un torbellino para luego precipitarlos. Pasamos la jornada sin luz eléctrica, contrariados por la incomodidad, enfadados con la naturaleza que nos ha privado de nuestro confort.

29, enero

En el periódico, la fotografía de C. durante la ceremonia de su ingreso en el Consejo Valenciano de Cultura. Al contemplarla, me viene a la cabeza la frase de Courier sobre Napoleón, cuando deseó coronarse emperador: ¡Aspira a descender! Lo fascinante del hombre es su contradicción permanente, la diferencia tan inmensa que puede darse entre los actos de una misma persona.




05, febrero

El artículo que publiqué el lunes pasado ha tenido, según me dicen, alguna repercusión. Lo escribí a falta de un tema de mayor actualidad, pero ha venido a coincidir con lo que muchas personas pensaban sobre el asunto. Me alegra lo sucedido, pero, en un par de días, todo quedará olvidado. Lo que me gusta de la prensa es, precisamente, lo que desazona a tantos otros: su capacidad para enterrar en veinticuatro o cuarenta y ocho horas lo que acabamos de publicar. Fue una de las primeras lecciones que aprendí al entrar en una redacción.




07, febrero

Paso la tarde atormentado por la idea de no haber sido amable con R. Mi timidez me empuja a la torpeza. Como su libro no me había gustado demasiado, me sentí cohibido por temor a pronunciarme. Soy torpe para mentir, pero podría haber sido más atento y hablarle, con delicadeza, de las tres o cuatro cosas que me han interesado. Como no he sido capaz de hacerlo, debo cargar con mi remordimiento.




11, febrero

Desde hace semanas los periódicos pregonan un escándalo tras otro. La historia es la de siempre: ambición, codicia, el ansia de poder que acompaña a la política… Shakespeare escribía sus obras con estos materiales, pero sus protagonistas tenían, al menos, una cierta grandeza de espíritu. Aquí lo que encuentras es a un tipo vulgar que aspira a comprarse un chalet, un coche de gran cilindrada o viajar a algún país exótico.


Encuentro fugaz con A. con el intercambio de cuatro frases amables. Pese a conocerlo poco, es un hombre que tiene toda mi simpatía: cree en los asuntos públicos y se entrega con pasión a su defensa, sin que los desengaños hayan logrado desanimarle. Ahí continúa, ejerciendo de tábano un día tras otro: un trabajo que nadie le agradecerá.




13, febrero

La sensación de sentirnos mal gobernados se soporta peor en democracia que bajo la dictadura. Contra esta, uno podía protestar en la medida de sus fuerzas o de su carácter, y encontraba en ello una válvula de escape. En democracia ese desahogo es imposible, pues al que gobierna lo hemos elegido con nuestro voto, aunque se lo hayamos dado al contrario. Ni absteniéndonos tenemos escapatoria.


Mi generación ha decidido jubilarse y cada día son más los amigos que se despiden del trabajo. Observo en algunos de ellos que no solo abandonan las clases, sino que renuncian también a  las ilusiones que traían cuando llegaron a la universidad.




24, febrero

Los indignos dan lecciones de moral y se enojan cuando les recordamos su indignidad. No creo, sin embargo, que nuestro tiempo sea peor que los anteriores. Las sociedades cambian y con ellas sus costumbres, pero el fondo común de las personas se mantiene inalterable. El catálogo de las conductas humanas es limitado: podríamos establecer un repertorio de tipos básicos y a partir de ellos, mediante combinaciones, obtener el resto.




27, febrero

Largo paseo con C. por el campus. En los chopos, los primeros brotes anuncian el final del invierno. Durante la conversación, C. se muestra melancólico y, por momentos, perplejo. Se ha hecho mayor, ha descubierto que está solo y no sabe cómo remediarlo. A lo largo de los años ha mantenido diversas relaciones sin llegar a enamorarse, y ahora siente que la vida se le queda coja.


Estar atento al mundo: eso es todo. Pero ¡qué difícil es mantener esa atención!




5, marzo

Presentan la Fundación Ernest Lluch en la facultad de Económicas. El acto apenas congrega a una veintena de personas que escuchamos atentas las evocaciones y los parlamentos. B., uno de los organizadores, lamenta la escasa asistencia de público; para mí, sin embargo, ha sido suficiente: lo importante es dar fe.




16, marzo

Larga discusión con M., que lamenta haber perdido la confianza en los políticos. No creo que los políticos se comporten de un modo distinto al nuestro. Es cierto que las burbujas del poder se suben con facilidad a la cabeza, pero si su conducta nos resulta tan llamativa es porque están permanentemente sobre el escenario. Ahora mismo, en el departamento universitario donde trabaja M. podríamos encontrar varios casos semejantes al de esos políticos que critica.


La vida no es una sucesión de momentos memorables que estudiamos en los libros de Historia. La vida es ordinaria y estamos obligados a vivirla sobre esa repetición que a menudo llega a fatigarnos. El problema es que nadie nos prepara para ello y debemos aprenderlo por nosotros mismos y sobre la marcha, lo que no es fácil.


De tanto en tanto, uno necesita volver a los clásicos como quien se somete a una cura depurativa. El tiempo ha hecho en ellos esa labor de limpieza que un día deberemos aplicar en nuestros contemporáneos. Es, por decirlo así, disparar sobre seguro.




1, abril

Regreso a Alfonso Reyes con la alegría de quien reencuentra a un viejo amigo. Su salida de Francia, el pequeño infierno de Burdeos, los comienzos en Madrid… ¡Qué capacidad la de este hombre para interesarse por todo! Hace literatura con su vida como quien anda de paseo, salta de un asunto a otro con ligereza y siempre con la virtud de la proximidad, de la inmediatez, tomándose las cosas con seriedad y humor al tiempo. Qué grata compañía.





13, abril

Una consecuencia de mi educación católica: el concepto de fertilidad. Después de dos horas ante la hoja en blanco, sin haber escrito una línea, me invade la sensación de haber malgastado el tiempo. El efecto es tan fuerte que me provoca malestar en el estómago.




14, abril

Pienso en el drama, en el drama del liberalismo que muere. El liberalismo, atacado por el socialismo de un lado y por el fascismo de otro, entra en su agonía. Lo ve un liberal de toda la vida, un liberal instintivo. En estas frases de Azorín se recoge el drama de tantos intelectuales y del final de la República. Más allá de las razones de unos y las ambiciones de otros, de lo que afirmen o nieguen los historiadores, el drama está recogido en esas palabras. ¿Cómo juzgar a aquellos hombres? Conocer sus circunstancias, sí, pero ¿cómo llega uno a conocer las circunstancias íntimas del otro?





17, abril

Escribir encadena, debes conservar tu libertad, escribe Valéry. Lo mismo dicen Capote y tantos otros. Pero yo nunca he sabido cómo enfrentarlo. En mi juventud escribía a borbotones, impulsado por mis apetencias o el estímulo de los amigos. Nadie me explicó que se podía escribir de otra manera; tuve que aprenderlo todo por mí mismo y los resultados fueron, como era de esperar, lamentables. Ahora, cuando los años me han dado algo más de conciencia, sé que escribir exige una entrega que no estoy dispuesto a ofrecer. Hubiera deseado que la escritura fuera para mí un trabajo natural, pero quizá no existan los trabajos naturales.




22, abril

¿Por qué nos empeñamos en arruinar nuestras vidas? Miro a mi alrededor y por cada persona que sigue un camino propio, encuentro a cinco o seis abocadas a vivir de una manera que no desean, pero en la que se mantienen como si les obligara a ello una fuerza mayor. En cuanto alcanzas alguna intimidad con una de ellas y te entreabre el corazón, comienza a lamentarse. Si le sugieres que podría vivir de otra manera, se repliega y asegura que tal cosa es imposible y cambia de conversación. ¡Qué extraña es nuestra mente! En cuanto nos descuidamos nos aprisiona en nuestros hábitos.




27, abril

Todo el día dándole vueltas al artículo que he publicado hoy. No logro apartar de mi cabeza la sensación de haber sido demasiado duro en mis juicios sobre E. No he mentido, es cierto, pero he actuado como un juez falto de piedad. 




5, mayo

Ante el lenguaje administrativo quedo desarmado, con la sensación de adentrarme en un país inhóspito donde cualquier descuido puede suponer un error irremediable que me condenará. Esta mañana, a medida que L. exponía el asunto por el que había llamado a su despacho, yo me aturdía más y más; notaba que mis respuestas eran absurdas y que incomodaban a mi interlocutor. Hablábamos lenguas diferentes, pero mientras él mantenía la calma y se mostraba seguro en sus palabras, yo andaba perdido. He acabado por darle la razón, sin  saber realmente de qué asunto se trataba.




19, mayo

La evolución --dice Daniel Dennett-- no tiene un propósito, ni una dirección, ni un sentido claro. Aceptar esto y pretender encontrarle un sentido a la vida no es fácil. Si la evolución carece de un sentido claro, ¿por qué habría de tenerlo nuestra propia vida? Ahí es donde aparecemos nosotros y comienza la representación.




24, mayo

Sé que las convenciones son necesarias, incluso imprescindibles, para la vida social, pero ¡cómo las detesto! Acaba uno tan enredado en ellas que la propia vida se convierte en convención, y el alma se ahoga bajo tanta máscara.


A. es de los que no piensan por temor a equivocarse.




12, junio

“¡Dios mío, tengo ansias de ti!”. Me admira ese sentimiento capaz de embriagar el alma. Pienso en santa Teresa, en san Juan, movidos por ese anhelo que nacía de su fe y que los trascendía. Tener fe, qué cosa tan hermosa. Pero me temo que esa fe no esté a mi alcance, ni siquiera al de esos que dicen tenerla. Lo afirman y no debería dudar de sus palabras, pero presiento que se trata de una fe muy distinta a aquella capaz de mover montañas. La de hoy parece una fe más doméstica, a la altura de nuestras necesidades cotidianas.




17, junio

A las cuatro, despierto en la cama, ahogado por el calor de un verano que se ha presentado de repente para recordarnos que somos animales menesterosos, sometidos a los vaivenes de la física.




26, junio

Velada con J., desalentado tras su reciente jubilación. Se enfrenta al fin de un mundo y teme al que está por llegar. Formado en el periodismo de las linotipias, participó --desde el puente de mando-- en el nacimiento de la era digital y ahora asiste, perplejo, a sus convulsiones sin saber si son propias de un alumbramiento o el anuncio de su desaparición. Como recorrí a su lado parte de ese camino, entiendo cómo se siente: sus preguntas son, en buena medida, las mismas que yo me hago y para las que no tengo respuesta.





28, junio. San Pedro

En otro tiempo, una jornada como la de hoy, rodeado de familia en torno a una mesa, me habría provocado rechazo. La fama de desabrido que me ha acompañado durante buena parte de mi vida ha estado plenamente justificada, aunque la timidez tuviera un papel no desdeñable. Los años me han atemperado y ante una situación como esta no diré que me encuentro feliz, pero sí cómodo: las personas que me rodean despiertan mi interés, converso amigablemente con ellas, bromeo, incluso llego a leer alguna página del libro de sus vidas.




1, julio

Todo el día discutiendo sobre arte contemporáneo, pero en realidad solo había un debate entre lo viejo y lo nuevo. El ayer, bajo cuya sensibilidad me he formado, reclamaba reconocimiento, mientras que el hoy se imponía con la insolencia de la juventud, sin necesidad de justificarse y, me temo, sin mayores motivos. Si aceptamos que el arte es una convención, ¿quién necesita razones?


Esta necesidad de huir de nosotros, de viajar a otro lugar sin habernos tomado la molestia de explorarnos.




22, agosto

Con la edad, los amigos nos volvemos más extraños, y la convención desplaza a la confidencia. No nos atrevemos a desnudar el alma y, tras ese caparazón con el que nos defendemos de los años, la vida se va secando.




15, septiembre

De un plumazo, la borrasca se ha llevado el verano. Al atardecer, las calles del pueblo están vacías, con las gentes recluidas en sus casas. En la plaza, los bares han retirado sus terrazas, repletas hasta ayer. La vida se encamina hacia la confortable monotonía del otoño. Un olor profundo a tierra mojada lo inunda todo.




30, septiembre

Sensación de que comienza un tiempo diferente en mi vida al que deberé enfrentarme solo, sin contar con la piedra de toque de los amigos y ese punto de sensatez y calor que aportaban. La vejez impone estos peajes y nos obliga a plegarnos a un ritmo más insistente que nuestra experiencia. 




12, octubre

Esta casa que estoy construyendo acabará conmigo: cada día me trae un nuevo problema, una dificultad que debo resolver sin apenas tiempo para reflexionar. Pese a ello, y conforme el espacio toma forma, siento que saldo una deuda contraída con aquellos a quienes ni siquiera conocí. Hoy, cuando he decidido mantener el hogar donde había estado en la casa antigua, he creído recibir su aprobación.


Una telaraña de amistades creaba el clima intelectual de aquel país.




29, octubre

Pocas veces he sentido el deseo de triunfar, aunque sí el de la obra bien hecha. He preferido la belleza de la jugada al gol de la victoria; la mejor carrera de mi vida fue un 4x400 que perdimos. Me domina un instinto gregario, de pertenencia a la especie. 




20, noviembre

Anoche, al acabar la tertulia, caminando con J. de vuelta a casa, me asaltó la impresión de regresar al Alicante de los años 60. Una sensación de grisura, de vacío, un apagamiento que me heló el alma: el ambiente despertó la memoria y me condujo medio siglo atrás. Me vi en un Alfonso el Sabio mal iluminado, sin apenas tráfico, aguardando el tranvía para regresar a casa: ¿Fue juventud la mía?




26, noviembre

En el periódico de hoy, la noticia de la muerte de Pepe Caballero a los noventa y un años. La última vez que lo vi fue en la puerta de L’Alba, acompañado de un amigo. Se apoyaba en el bastón y su cara sonriente mostraba esa felicidad que da haber rematado una buena comida con dos copas de aguardiente. De generaciones distintas, sin posibilidad de ser amigos, nos estimamos a distancia, sabiendo que caminábamos en la misma dirección.




29, noviembre

Nos empeñamos en buscar un sentido a nuestra vida, como si no bastara con vivirla. Deberíamos desterrar toda idea de trascendencia y aceptarnos tal cual somos: animales con algo de razón. El anhelo de trascendencia oculta un rechazo a la biología, mientras que la religión no hace más que adueñarse de ese empeño para dirigirlo a su conveniencia.


1, diciembre

Nunca he logrado interesarme por las novelas de intriga psicológica. Ni siquiera en mis épocas de lector compulsivo, cuando podía devorar un par de libros al día, llegué a soportarlas. Tengo la sensación de que el autor juega conmigo para obligarme a participar en su aventura y esa red con la que pretende atraparme me provoca una verdadera angustia física. El rechazo me ha llevado a perderme obras que debería haber leído.




7, diciembre

Habría necesitado algún desgarro interior para sentir el drama de la vida, pero mi carácter me ha llevado a vivir en un continuo baño maría. Es la misma tibieza que me empuja a escribir sin meta, picoteando aquí y allá, interesado por todo y por nada: una falta de determinación que acabará con mi paciencia.





2010








30, junio

Después de un año y medio de ocuparme únicamente de ladrillos y pavimentos, de discutir cada día con albañiles, fontaneros y electricistas, he acabado por no saber dónde me encuentro. Finalizada la tarea, me siento ante la mesa para descubrir que carezco de hábitos: abro un libro, lo cierro; leo unas líneas, me fatigo. Mi mente salta de un lugar a otro sin detenerse hasta que, llegadas las ocho, suena la alarma y marcho al trabajo con la impresión de vivir una vida ajena. 




23, agosto

Con los años el mundo se me ha vuelto inabarcable y, en buena medida, incomprensible. Los actos más simples de los hombres tienen para mí una profundidad que me turba y no acierto a manejar. ¡Cómo envidio a mi vecino, que se limita a seguir el camino que trazaron sus padres! Ahora está preparando el bancal donde plantará las hortalizas de invierno y para él, en este momento, no existe una ocupación más importante en la tierra.


Limpieza de armarios: tropiezo con algunas de aquellas malas novelas que despertaron en mí el amor por la lectura. Nunca le agradeceremos bastante a la mala literatura lo que hizo por nosotros.




25, septiembre

Estas notas son la única manera que he encontrado de darle una cohesión a la vida: me obligan a reparar en ella y a fijarla, evitando que se disgregue. No es mucho, pero, a menudo, es suficiente. Sé que este pensamiento se repite una y otra vez, pero es necesario que sea así.





10, octubre

No conozco un espectáculo tan reconfortante como el de contemplar los rostros de estos jóvenes que se asoman por vez primera a la universidad. Esta mañana me he cruzado con ellos de camino al despacho. Había en sus caras tanta ilusión, tantas expectativas, tantas ansias de vida que he acabado por contagiarme de esa vitalidad. No hay mejor medicina para enfrentar el otoño.




26, octubre

Primero, nos desprendimos de la religión, que nos atenazaba con sus inútiles reglas y su retórica; después, pusimos en solfa la idea de Dios y aprendimos --terrible tarea-- a vivir sin dioses. Ahora, acabamos de derribar el mito del progreso y nos vemos obligados a caminar sin muletas. Como la situación resulta incómoda, nos aferramos a cualquier sucedáneo que alivie la pesadez de vivir.




10, noviembre

En ocasiones, unas circunstancias que creíamos excepcionales se instalan en nuestra vida de modo permanente. Lo que habíamos juzgado como un periodo transitorio, tras el que regresaríamos a nuestros antiguos hábitos, persiste, desplazando a lo anterior. Nos transformamos continuamente, aunque nuestro yo, siempre atento a las nimiedades, nos convenza de que seguimos siendo los mismos.




20, noviembre

Cuarenta años atrás, nos preguntábamos por la utilidad de la literatura; hoy, la pregunta nos parece inútil. El problema no está en la respuesta que nos dimos entonces, sino en que la considerásemos definitiva y ya no sintamos la necesidad de formularnos pregunta alguna. Una digestión satisfecha.




30, noviembre

M.P., que aspira a ser el próximo rector, ha comenzado a comprar voluntades. No creo que, en conjunto, le salgamos caros. 



31, diciembre

No me tengo por una persona envidiosa. Los bienes ajenos, incluida la fama, me han sido indiferentes. Naturalmente, prefiero la estimación, pero ella no basta para renunciar a mis ideas o hipotecar mi manera de vivir. Alcanzar algunas cumbres no me hubiera reportado una mayor dicha de la que he tenido: los compromisos, las dificultades, las asperezas hubieran sido otras, pero no muy diferentes a las que he debido abordar. Ignoro si todo esto es vanidad o la conciencia de un yo que, por mucho que lo pretendiera, no sería muy diferente del que es. En cualquier caso, el tiempo de la historia no ha querido ponerme a prueba, por lo que todo esto es hablar en vano.





2011







9, febrero

Leer es preguntarnos. Cuanto más difíciles de responder sean las preguntas, más apasionante resulta esa lectura que nos empuja a escarbar dentro de nosotros mismos, en busca de ese filón que pocas veces encontramos. 

-- Y ¿no añora usted nada? 

-- La exaltación de los veinte años, cuando no tenía la necesidad de preguntarme.




14, febrero

Es probable que la felicidad no sea otra cosa que hacer, en cada momento, lo que consideramos nuestra obligación. La dificultad estriba en averiguar qué es lo que debemos hacer, porque el mundo cambia, nosotros cambiamos y, en ese desplazamiento permanente, perdemos el compás.


La lectura goza de un prestigio exagerado: conozco personas capaces de leer decenas de libros sin que sus convicciones experimenten alguna alteración.




17, febrero

Lonja del Pescado. Rodeado de sus cuadros, mientras conversa con un grupo de admiradores, S. da la impresión de ser un hombre feliz. Dotado para la pintura, eligió la enseñanza y una vida familiar que ocuparon todo su tiempo. Jubilado, ha vuelto a pintar y hoy expone sus obras. Dicho así, parece fácil, pero desde que dejó sus clases hasta regresar a la pintura, han pasado nueve años. Por la manera en que se expresa --un exceso de explicaciones--, no estoy seguro de que haya superado sus temores.





21, febrero

Una de esas mañanas en las que la gimnasia mental a la que me someto a diario no logra desentumecer mi mente. Y aquí estoy, dando vueltas a los mismos asuntos, abordados decenas de veces, sin saber hacia dónde tirar. Mientras, afuera amanece, sopla el viento, se agitan los árboles, maduran las últimas naranjas.


Las creencias más absurdas no impiden que uno pueda convertirse en un hombre de provecho ni, por supuesto, en un filósofo.




23, febrero

A medida que uno envejece --juzgo por mí-- toma las lecturas con moderación. El gusto se vuelve más delicado con la edad, tememos las malas digestiones y el paladar se resiste a probar nuevos sabores. No dejo de repetirme que esta manera de actuar es una equivocación, pero no logro salir del círculo.


La cita requiere un esfuerzo que el plagio no exige.




6, marzo

Una vida difícil. Primero, la muerte del padre siendo él muy joven, y las dificultades para la familia. La madre, de un malhumor permanente, alguien para quien las caricias y el afecto eran una debilidad de la que debía abstenerse. Cuando llegó la hora de casarse, escogió a la mujer equivocada que no aceptó tener hijos, y lo enviaba a la calle para que no ensuciara la casa mientras hacía la limpieza. Pagó con regalos el amor en su vejez. Murió el viernes en su casa, solo, sentado a la mesa camilla mientras buscaba el calor del brasero.




9, marzo

La mala política de este país lo envilece todo; nos impregna con su viscosidad hasta dejarnos inermes, incapaces de toda indignación. Y aquí estamos, oyendo redoblar el tambor de sus mentiras que nos llama a votarles una vez más.


Ante el temor a equivocarnos, abrazamos los viejos errores que nos evitan la incomodidad de enfrentar lo desconocido.

10, marzo. Miércoles

De niño, madrugaba en la mañana de este día para acudir a la iglesia y recibir en la frente la cruz de ceniza. La idea de ser polvo y volver al polvo resultaba incomprensible y atractiva en alguien de mi edad. Hace años que no frecuento la iglesia y me dicen que la celebración ha perdido popularidad. Temo que desaparezca algún día. Ahora son los gobiernos quienes nos recuerdan nuestra condición mortal.


¿Somos esclavos o disfrutamos del ocio? Hoy responderíamos que somos esclavos del ocio.




11, marzo

Los mejores libros suelen permitir una conversación educada, donde siempre asoma algún punto de provecho. Es la cortesía de los buenos escritores. En cambio, en nuestras conversaciones cotidianas rara vez sucede algo parecido: hablamos en voz alta, no escuchamos los argumentos del otro y repetimos los nuestros una y otra vez para cargarnos de razón. 


La ignorancia y un cierto atrevimiento --este, hijo de aquella-- han convertido a E. en un novelista de éxito.




12, marzo

Despierto desde las seis de la mañana, miro a través de la ventana el día que amanece: un paisaje de nubes bajas, agrisado por la lluvia que cayó durante la noche y que continúa a estas horas. Tras un intento de regresar a la mesa de trabajo, me obligo a poner más atención y reparo en las primeras flores que asoman en el albaricoquero del vecino, en el verde de las acelgas que brillan bajo la lluvia, en las varas de las habas, que muestran las primeras vainas, minúsculas, en los tallos de la rúcula, espigados tras el frío de los últimos días. Todo un mundo que no sabía ver.




13, marzo

La realidad que nos construimos resulta útil para comprar un kilo de arroz o para cambiar de traje, pero presenta mayores dificultades para hablar con los amigos. Hoy, por ejemplo, hemos pasado la tarde charlando, creyendo que lo hacíamos sobre los mismos temas, y ahora advierto lo lejos que estábamos de ese propósito. Por fortuna, los afectos son más fuertes que las filosofías y encuentran atajos para mantener la temperatura de la amistad.


Cuando un libro no acaba de gustarle, E. siempre echa la culpa al autor.




15, marzo

Escribo estas notas para justificar que el tiempo que me ofrezco tiene una finalidad. Una manera de conjurar el horror al vacío que he visto en otras vidas y del que trato de escapar. Pero ¿quién soy yo para juzgar ese vacío? ¿No peco de arrogancia al otorgarme ese poder? Al mismo tiempo, estas tentativas me permiten calibrar mi mediocridad; me ponen, por así decirlo, en mi sitio.




20, marzo

He necesitado cuarenta años para entender a Vico. Cuando lo estudié, no podía comprenderlo, pues me lo impedía mi mente, demasiado racional, empeñada en encontrar una lógica que explicara el mundo y le diera un orden. Ahora, cuando he puesto en solfa el racionalismo, creo acercarme al equilibrio que pretendía el italiano. ¡Cuántas vueltas nos hacen dar los malos profesores! 




23, marzo

Me siento desarmado ante la actualidad. Esta lluvia incesante de malas noticias, de advertencias, de amenazas figuradas o reales con que nos inundan los medios de comunicación, ¿a dónde nos conduce? Debería obligarme a leer cada mañana el periódico del año anterior, pero, en lugar de ello, me dejo arrastrar por el torbellino de la prensa diaria que agota mi capacidad de asombro y, lo que es más grave, de compasión. Sé que vuelvo una y otra vez sobre este punto, pero ¿cómo librarnos del mal de nuestro tiempo?




2, abril

¡Qué difícil es gobernar este país! Cada uno bogando en dirección distinta y todos empeñados en que su voz se escuche por encima de la del vecino. Si para ello es necesario hacer trampas, las hacemos sin pudor mientras proclamamos la inmoralidad del otro. Estos años de democracia nos habían hecho creer que éramos un país normal, y ahora descubrimos que no es así. Basta escarbar un poco en la corteza de la sociedad para encontrar la intransigencia de siempre, que tanto nos violentaba.


Hay periódicos en los que la inteligencia está mal vista.




5, abril

Breve encuentro con un J.C. siempre apresurado, al que felicito por su artículo de ayer en Información. Fue la única voz valiente que se escuchó en un campus fatigado, donde solo se piensa en los sexenios y en disfrutar de un año sabático. 


Como Rilke, necesitaría crearme un Dios para aliviar el peso de la vida.





16, abril

La tarde se me va en escribir cuarenta líneas que mañana, cuando se publiquen, cada uno leerá a su manera: algunos, sin comprenderlas; los más, con despreocupación. El consuelo es que, por esta vez, no las he escrito para ellos sino para entenderme a mí.




18, abril

En su momento, no le di las gracias por su amabilidad y esa pequeña falta me acompaña desde hace veinte años. Desde que supe de su muerte, no he logrado quitarme de encima aquella desatención, que acepto como una penitencia.


Los intelectuales tenemos siempre reacciones secundarias sobre la vida. La afirmación de Ferrater es de una exactitud matemática.




25, abril

Desde las siete de la mañana, llamando a las puertas del intelecto que no se abren. Un libro, y luego otro: signos indescifrables, ideas enmarañadas que no logro ordenar. La sensación de haber sido expulsado --espero que temporalmente-- del paraíso del conocimiento y obligado a vivir en la intemperie del desorden: asombro de sentirme un huésped de mi mente.




06, mayo

Dedico la mañana a revisar y ordenar las notas de lectura acumuladas en los últimos años, que andaban dispersas por los archivos del ordenador. A través de ellas, veo mi transformación hasta llegar a lo que soy, distinto a lo que seré mañana: me asombra cómo he cambiado. ¿Existe una aventura mejor para el espíritu? Lástima que la descubriera tan tarde.


A. se esfuerza en rebajar su inteligencia para que la sociedad lo acepte.




10, mayo

Han transcurrido treinta y cinco años y aún no nos hemos liberado del veneno que nos inoculó el dictador. Hubo un momento en que creímos haberlo superado y pensamos que nos asemejaríamos a otras naciones europeas. Está claro que fue un espejismo, y hemos vuelto a las andadas, es decir, a levantarnos la voz y faltarnos al respeto.




14, mayo

Nuestro canon artístico es consecuencia de haber mirado en determinada dirección: bastaría haberlo hecho en cualquier otra para que las cosas fueran completamente diferentes. Y, sin embargo, ¡cómo nos cuesta salir de ese círculo y dejar que vuele nuestra imaginación! Cuanto más intentamos librarnos de esa ligadura, más nos enviscamos en ella, y ahí estamos, sin levantar el vuelo.





22, mayo

Ayer se me fue el día pensando a quién votar esta mañana. Todavía no lo he decidido. La razón tira de mí hacia un lado y mis emociones, hacia el otro. No acabo de encontrar ese punto de equilibrio que me deje satisfecho: mal asunto. Ejercer la democracia debería ser un ejercicio de optimismo y no el cálculo medido de una partida de ajedrez.

23, mayo

J. me cuenta que, en el premio de poesía del que forma parte como jurado, los dos profesores de literatura incorporados este año a las deliberaciones se negaban a premiar una obra por considerarla pedante. "La gente no entiende esas referencias", alegaban. Hemos llegado a un punto en que mencionar en un poema a Bowles o a Ángel Vázquez resulta inconveniente para un profesor de literatura. Los excesos del igualitarismo nos abocan a la ignorancia.




26, mayo

Cada mes de mayo se produce el milagro y el campus se llena de cuerpos que cantan a la vida: una energía desbordante que da paso al galanteo. Los observo desde la ventana del despacho: ellas, pavoneándose, seguras de sus encantos; ellos, cacareando a su alrededor, torpes y cohibidos. ¡Cómo asoma aquí la especie humana! ¡Qué trabajo contener toda esa fuerza de la naturaleza, domesticarla, meterla en la cintura de la sociedad! Cioran temía la llegada de la primavera; supongo que en unos años pensaré lo mismo.




27, mayo

Por lo que observo, mi generación ha comenzado a retirarse. Algunos no solo se jubilan del trabajo, sino que también lo hacen de la vida. Donde hace un año había un hombre inquieto, cargado de proyectos, ahora encuentro a un individuo que solo piensa en cuidar a sus nietos, dar largos paseos o viajar sin pausa de un lugar a otro del mundo. Se diría que el cerebro ha reducido sus funciones al mínimo vital. Sin embargo, parecen felices; al menos, no diría que muestran pesadumbre. La capacidad de adaptación de nuestra naturaleza es admirable.




28, mayo

Nunca le agradeceré lo suficiente a mi madre que me obligara a acompañarla a la iglesia durante tantos años. Si su devoción no logró hacer de mí un creyente, como ella hubiera deseado, me permitió observar en primera línea el poder de la religión para modelar unas almas a las que atemorizaba un Dios perpetuamente enojado. No he olvidado la lección.




30, mayo

Muere P.R. y durante todo el día no consigo apartar de mi cabeza la imagen de aquel joven simpático, locuaz, un punto tarambana, que nos contaba, sentados frente a una mesa en la terraza de Peret, su breve estancia africana como profesor de literatura. Estrenábamos el mundo en esos días y cada mañana era una aventura lanzarnos a la calle sin saber qué nos aguardaba a la vuelta de la esquina. Si tropezábamos, nos levantábamos de inmediato sacudiéndonos la ropa y echábamos a correr: la vida era demasiado hermosa para perder un segundo colocándonos la venda.




01, junio

Hay emociones que no parecen tener fecha de caducidad. Levantas una piedra y aparecen tres o cuatro docenas de franquistas, nostálgicos de la dictadura, que vociferan cargados de razón. ¡Qué mal hemos cerrado las cuentas con el pasado! No hablo de revancha, sino de trazar una línea clara que delimite las conductas. Pero no acertamos a resolver el problema y debemos pagar por ello, con el agravante de que esos tipos se han crecido y, cuando la víctima exige justicia, la acusan de provocadora.




12, junio

El tiempo, al borrar su juventud, ha dejado al descubierto los rasgos de la vulgaridad. En esa mirada apagada están todas las humillaciones consentidas, las largas jornadas de aburrimiento, el ahogo de una vida doméstica en la que las lindes quedaron al descubierto demasiado pronto. Veinte años bastan para ahogar a un hombre.




13, julio

Me esfuerzo tanto por comprender los motivos que impulsan a los canallas a comportarse como lo hacen, que acabo olvidando la indignación que me provocaron sus fechorías. 







14, julio

Las palabras de mi infancia, las que oía en las conversaciones de mis padres, de mis abuelos, fueron valencianas; cuando se dirigían a mí, las cambiaban al castellano. Aprendí a pensar en castellano sobre el afecto del valenciano, y de ahí nace, tal vez, la sensación de no pertenecer ni a un lugar ni al otro. El extrañamiento me llevó a resguardar mi sensibilidad, sin saber hacia dónde dirigirla. La contradicción no supuso ningún drama, pero produjo una forma de ser incompleta, acentuada con los años.




15, julio

Para quienes crecimos con la idea del progreso, encontrarnos a las órdenes de una generación mediocre, que desconoce el espíritu crítico, nos desconcierta. Incapaces de pensar, estos hombres pretenden resolverlo todo con normas y reglamentos: su confianza en el valor imperativo de la palabra es infinita. Después, claro está, las cosas van como van.


Et je vois hélas aujourd’hui plus d’artistes que d’oeuvres d’art… Y todavía no habíamos llegado al día de hoy, monsieur Gide.




21, julio

Francisco Camps arroja la toalla. Ha dedicado su vida a la política y ahora sale de ella por la puerta falsa, empujado por sus mentiras y obligado por el auto de un juez que lo ha sentado en el banquillo. Se repite una vez más el drama del poder, de la ambición, los excesos de quien se cree elegido por los dioses y al que los dioses ciegan. La representación no se ha desarrollado en ningún teatro, sino a la vista de los ciudadanos y servida cada mañana por la prensa. Las últimas fotografías mostraban a un Camps espectador de su propia tragedia: cadavérico, transfigurado, con el gesto de asombro de quien no acaba de creer lo que está sucediendo.




05, agosto

¡Cómo pesan los muertos en nuestras vidas! Aquí estoy, de buena mañana, discutiendo con ellos, exponiéndoles mis razones, tratando de convencerlos porque necesito su bendición, mientras se hacen los distraídos, engolfados en sus asuntos.


Con la sencillez de quien habla de sus cosas: así es como desearía escribir.




12, septiembre

Las jubilaciones han dejado la universidad desierta de amigos y, prácticamente, sin conocidos, de modo que he acabado por refugiarme en el despacho del que ni siquiera salgo a desayunar. Sensación de abatimiento, de fin de una época, a la que logro sobreponerme a duras penas. Por fortuna, la seducción que los jóvenes ejercen sobre mi espíritu continúa intacta: no me canso de contemplar ese espectáculo fascinante que no tiene fin y me conforta.


De hacer caso a los obituarios que publica la prensa local, esta ciudad solo ha producido personas admirables.




22, septiembre

Comida en el campo, con los amigos. Un día agradable en las faldas de la Aitana. El arroz, excelente; la conversación, amable. Como el tiempo se ha ocupado de limar nuestras pasiones, todo toma un aire confiado y feliz. A grandes rasgos, un ejemplo de civilidad que me permite regresar contento a casa.




25, septiembre

A la luz del conocimiento actual sobre el cerebro, la afirmación de Descartes Todo lo que percibo de manera clara y distinta no puede dejar de ser verdad quizá nos parezca ridícula, pero nos equivocaríamos al juzgarla de una manera tan simple. Por desgracia, esa es, con frecuencia, nuestra manera de proceder.


De los centenares de libros que C. presume haber leído, ¿cuántos habrá digerido?




06, octubre

¿Qué lleva a un hombre como Eusebio Sempere a pasarse media vida trazando diminutas rayas sobre un papel para lograr un efecto estético? Hay ahí algo que no acabo de entender, una riqueza que se me veda y que, por ello mismo, no consigo apartar de mi pensamiento. Si juzgo por las obras que ahora contemplo, el efecto es, ciertamente, artístico, pero resulta tan minúsculo que no sabría cómo valorarlo. Una cuestión de fe, como buena parte del arte.





07, octubre

La admiración que C. parece sentir por mí es excesiva, lo que me provoca una gran incomodidad cuando coincidimos. Esta mañana, durante la conversación que hemos mantenido, me he sentido obligado a acentuar mis defectos, mientras él los negaba una y otra vez. Por fortuna, el aprecio que nos profesamos ayuda a restablecer el equilibrio.


En la universidad, uno tropieza a menudo con personas que, como el padre de Montaigne, adoran los libros sin entenderlos.




20, octubre

J. inaugura exposición. Durante el tiempo que paso en su compañía, escucho las felicitaciones de quienes se acercan a saludarle y le comentan su impresión ante las obras. Los juicios son tan candorosos que no podría discutirlos y, sin embargo, me incomodan. Me resisto a aceptar que una entrega y un trabajo de tantas horas sean despachado de una manera tan superficial. J., sin embargo, acepta los elogios con naturalidad, y esa postura, me digo, es la correcta.




01, noviembre

Durante el paseo, me cruzo con un grupo de mujeres que acuden al cementerio con sus ramos de flores. Su presencia me trae el recuerdo de E.: cada año solía plantar, en el bancal detrás de casa, unas filas de crisantemos que florecían por estas fechas. Hombre callado, desapareció con la misma discreción que lo acompañó en vida.


Por la tarde, releo el diario de Sciascia, una conversación que siempre me resulta sugestiva: una prosa funcional, a ratos áspera, que interroga al lector y lo obliga a permanecer atento y tomar partido. Sciascia es uno de esos autores que uno termina por estimar y con los que fragua una amistad que nos lleva a revisitarlo una y otra vez.



12, noviembre

A medida que envejezco, soy más consciente de mi ignorancia. Miro hacia atrás: ¡cuánto tiempo perdido! ¿Podrían haber sido las cosas de otra manera? Sinceramente, no lo sé. Si juzgo por mis circunstancias, es probable que no, aunque la respuesta no me consuela.




14, noviembre

Observo que, por lo general, nuestra mente no está preparada para seguirnos. La violencia de las solicitaciones que recibimos a diario es tan enorme que nos deja inermes. De ahí provienen, me parece, buena parte de las frustraciones que nos amargan cada día y a las que no sabemos cómo hacer frente.




20, noviembre

Otras elecciones en las que depositaré el voto sin convicción, obligado por un deber de ciudadanía. Nos obligan a vivir una política sin ideales.





22, noviembre

La vanidad de J.L. le impide agradeceros un elogio: considera que todos los tiene merecidos.




24, noviembre

Breve charla con M.A.. Durante media hora, repasamos encuentros, anécdotas, lecturas. Su incapacidad para enfrentarse a los pequeños inconvenientes de la vida resulta enternecedora. Cualquier minucia a la que apenas dedicaríamos unos minutos le supone una montaña que a punto está de asfixiarlo. Claro que esta disposición es también la fuente de su sensibilidad, tan envidiable, y que tanto admiramos sus amigos.





4, diciembre

Pese a que la historia nos da sobradas pruebas en sentido contrario, tendemos a considerar improbables las conductas que contradicen nuestra razón. No escarmentamos.




17, diciembre

Comida con los amigos, para celebrar mi cumpleaños. A media tarde, damos un paseo por la Canterella que J. aprovecha para tomar algunas fotografías. Durante el recorrido, breve charla con E. en la que asoma algún atisbo, muy leve, de intimidad. ¡Qué torpes somos para expresar los sentimientos! No encontramos las palabras, nos enredamos en ellas, las empleamos mal… Una desgracia que atribuyo, en mi caso, a la educación recibida durante la infancia. ¡Qué familia tan poco expresiva tuve, y cuántos errores se incubaron ahí! Todavía no puedo pensar con claridad sobre ello.




21, diciembre

N. me comenta que, en la reunión con sus compañeros de la facultad, S., feminista militante, ha exigido que se le proporcione un despacho individual. “Voy a ser la primera mujer catedrática de este departamento y tengo derecho a ello”.


En el libro que he comprado para regalarle a N., leo unas páginas sobre nuestra Guerra Civil: una pesadumbre que nunca me abandona.




30, diciembre

Tánger. Por unos días, me sumerjo en el Alicante de mi infancia: vida en la calle, gritos, olores, prodigalidad de los alimentos que se ofrecen bajo la luz del sol. La riqueza de un mundo pobre.


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