Strauss: Así habló Zaratustra
El Supersapiens
Era el atardecer del día séptimo
y sentí que ya había descansado
bastante, que debía retomar
la tarea de la creación perfecta.
Preciso era para ello concluir
lo creado, sellar y rubricar
su perfección. Miré cielos y tierra
y todo lo demás. Y vi, asombrado,
que yo, el eterno y bueno y generoso,
había concedido vida a un ser
dubitador de todo lo existente:
y sentí que ya había descansado
bastante, que debía retomar
la tarea de la creación perfecta.
Preciso era para ello concluir
lo creado, sellar y rubricar
su perfección. Miré cielos y tierra
y todo lo demás. Y vi, asombrado,
que yo, el eterno y bueno y generoso,
había concedido vida a un ser
dubitador de todo lo existente:
era la inteligencia: la conciencia
de que el amor es el motor inmóvil
que con la duda hace moverse al mundo.
Muté cánones, cólquidas, estruendos,
en una introspección libidinosa
que urdió su seminal creación de nuevo.
Llevas un dios oscuro en la mirada,
le dijo Adán a Eva
antes del exorcismo.
Y el hombre era mi hallazgo milagroso.
(1972)
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